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sábado, 9 de octubre de 2021

Por qué los árboles y el bosque favorecen nuestra salud - Manuel Núñez

En su libro Shinrin-yoku (Roca Editorial), el doctor Quin Li, explica todo lo que sabe sobre el poder terapéutico de los árboles y de los baños de bosque. "Hay quien estudia los bosques. Hay quien estudia medicina. Yo estudio la medicina de los bosques para descubrir todos los modos posibles en que un simple paseo puede mejorar nuestro bienestar".

El doctor Qing Li estudió medicina y quiso saber por qué los bosques favorecen nuestra salud. Actualmente es el experto mundial más destacado en la materia, preside la Sociedad Japonesa de Medicina del Bosque y da clases en la Universidad de Tokyo.

Para Qing Li, "cuando estamos en armonía con el mundo natural, podemos empezar a curarnos".

Sin embargo, la vida de la inmensa mayoría de nosotros está desconectada del entorno natural. Vivimos en ciudades y pasamos el 90% de nuestro tiempo entre cuatro paredes y mirando a las pantallas unas 11 horas diarias. Las consecuencias son que aumenta el riesgo de sufrir tecnoestrés, ansiedad, depresión, obesidad, diabetes, infartos, hipertensión, cáncer, cansancio o infecciones.

La buena noticia es que solo pasar una pequeña cantidad de tiempo en la naturaleza puede tener un gran efecto en nuestra salud. Un baño de bosque de dos horas te desconecta de la tecnología y te hace bajar el ritmo, te devuelve al presente y refuerza tu salud.

Propiedades terapéuticas de los bosques

La naturaleza nos hace sentir bien. El olor de los árboles, la luz filtrándose entre las hojas agitadas por la brisa, los cantos de los pájaros que nos rodean... mientras disfrutamos y sin ser conscientes de ello, nuestro cuerpo y nuestra mente están siendo traspasados por una variedad de estímulos físicos y químicos que nos equilibran y fortalecen. ¿Por qué se da este beneficio?

El doctor Qing Li participó en 2004 en la fundación del Grupo de Estudios de Terapias del Bosque con el objetivo de descubrir por qué los árboles nos hacen sentir mejor. Sus primeros trabajos demostraron los efectos de los baños de bosque:

  • Bajan los niveles de hormonas del estrés, cortisol y adrenalina.
  • Inhiben la respuesta de "lucha o huida", propia del sistema nervioso simpático.
  • Estimulan la reacción de "reposo y recuperación" del sistema parasimpático.
  • Reducen la tensión arterial y la variabilidad de la frecuencia cardiaca, lo que disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular.

¿Por qué el bosque cura?

La magia curativa del bosque tiene nombres y apellidos. Diferentes agentes que se encuentran en el bosque actúan sobre nosotros:

Liberan terpenos beneficios

Las fitoncidas se hallan en los aceites de los árboles y forman parte de su sistema de defensa (phyton significa planta y cida, matar). La concentración de fitoncidas en el aire de un bosque aumenta con el calor y alcanza su máximo a los 30 ºC. Pinos, cedros, abetos y otras coníferas son los mayores productores.

Los terpenos son los principales componentes de los fitoncidas. Los más destacados son d-limoneno, alfa-pineno, beta-pineno y canfeno. Estimulan las células inmunitarias, reducen el estrés, favorecen el sueño y mejoran el humor. Puedes llevarlos a casa vaporizando aceites esenciales de cedro, eucalipto y pino.

La bacteria Mycobacterium vaccae activa las neuronas

Es una bacteria inocua que se halla en el aire del bosque. Al respirarla, activa las neuronas, que producen más serotonina, neurotransmisor del bienestar. Aclara el pensamiento, mejora el humor y estimula la inmunidad. Reconocerás su presencia porque huele a geosmina: el olor a tierra húmeda.

Los árboles desintoxican el aire

Los árboles retienen las partículas contaminantes que se hallan en suspensión en el aire. Estas partículas se relacionan con problemas respiratorios y cardiovasculares, asma y muerte prematura.

Si se plantan abedules en una calle se puede reducir a la mitad la cantidad de micropartículas que se encuentran en el aire y que entran en las casas.

El silencio del bosque proporciona bienestar

En el bosque solo se rompe por el canto de los pájaros, el rumor de las hojas o del agua. Como el ruido es una gran causa de estrés en la ciudad, el silencio forma parte de la fórmula para favorecer el bienestar. El silencio del bosque es eficaz para deshacerte de pensamientos obsesivos.

Las luces y los colores de la naturaleza relajan

También tienen un efecto sobre nuestro organismo. La luz de las pantallas led y los grises de la ciudad nos irritan. En cambio, el bosque iluminado por el sol muestra infinidad de verdes y marrones cambiantes que relajan. El azul del cielo también produce una acción tranquilizante.

Las formas fractales inducen tranquilidad

En la naturaleza las formas siguen una infinidad de patrones fractales que nos inducen tranquilidad, como ha probado el profesor Richard Taylor, del Instituto de Ciencias de los Materiales de Oregón. Descubre los fractales en las cortezas y las hojas de los árboles, en la disposición de las ramas o en las flores.

Los iones negativos del bosque son revitalizantes

Las partículas en supensión en el aire tienen carga eléctrica positiva o negativa. Las positivas, que abundan en la ciudad y espacios interiores, estresan. Las negativas te hacen sentir revitalizado y ligero. El bosque está lleno de iones negativos, sobre todo cerca de cascadas y cursos de agua. Respira profundamente para absorberlos.

Beneficios físicos y mentales del baño de bosque

Qing Li ha profundizado en las propiedades terapéuticas del bosque experimentando con diferentes grupos de personas. En un estudio reunió a oficinistas con problemas para dormir y los llevó al bosque. Concluyó que un simple paseo de dos horas por la tarde alarga el sueño una media de 54 minutos.

El bosque mejora incluso tus sentimientos. Si se realizan tests antes y después de una caminata se comprueba que se reduce la puntuación de la ansiedad, la depresión, la rabia y la confusión.

Uno de los efectos más espectaculares de los bosques tiene lugar sobre el sistema inmunitario. Después de pasar tres días y dos noches en el bosque la cantidad de células encargadas de combatir las infecciones y que eliminan células precancerígenas aumenta un 50%, y su actividad, un 52,6%. Y el efecto se mantiene hasta 30 días. Qing Li se pregunta, si esto lo consigue un simple paseo por la naturaleza, "¿Qué efecto tendría vivir cerca de los árboles todo el tiempo?"

Cómo tomar un baño de bosque paso a paso

"El arte de los baños de bosque es el arte de conectar con la naturaleza", explica el doctor Qing Li. Estas son sus recomendaciones.

  • Encuentra un lugar. Busca un bosque donde te sientas cómodo. Uno donde lo hayas pasado bien de niño o uno donde los árboles sean grandes o que tenga musgo para pisar, si eso es lo que te gusta.
  • Activa los 5 sentidos. Olvida teléfonos, cámaras y metas. Camina despacio durante dos horas atento a sonidos, aromas, colores, formas y texturas. Observa cómo se filtra la luz entre las ramas, respira hondo, toca hojas, troncos y piedras. Camina descalzo, mete los pies en los arroyos. Medita, haz yoga o taichí durante el paseo.
  • Tómate el bosque. Si sabes reconocer las bayas, puedes detenerte a degustarlas. Si te llevas un termo, al finalizar te puedes tomar una infusión con agujas de pino. O llevarte tu té verde.
  • Recurre a un guía. No es imprescindible, pero puedes utilizar los servicios de un experto en baños de bosque. Los encontrarás en institutodebañosdebosque.com

 

Manuel Núñez

 

https://www.cuerpomente.com/salud-natural/efectos-saludables-bosque

Conecta con la sabiduría de los árboles - Mayra Paterson

 

Vivimos gracias a ellos, pero cada vez más especies desaparecen y somos los responsables

. En su propia sabiduría podría anidar la solución.

 

Durante unas semanas al año, en el parque que veo desde casa, un grupo de tipuanas cubre el suelo de florecitas amarillas. Nosotros hemos pasado este año varias semanas o meses sin podernos mover apenas de casa, y es posible que nos toque, al menos en algún momento, volver a hacerlo este otoño. Pero los árboles se pasan la vida anclados al mismo lugar, adaptándose a los elementos, viviendo con lo esencial.

Los árboles no piensan, no sienten, se me dirá. ¿Seguro? Aunque estén sujetas al suelo, las plantas son un ejemplo de resiliencia. Así lo expresó Francis Halle, especialista en bosques tropicales, en una visita al Jardín Botánico de Barcelona. Como explica Halle, a diferencia de nosotros, las plantas han logrado desarrollarse de tal forma que ninguno de sus órganos les es vital, ni las hojas, ni los tallos, ni las raíces. Por eso, si pierden un fragmento, pueden recomponerse a partir de otro, como las estrellas de mar o las lagartijas.

Las plantas no dejan de crecer y evolucionar

Salvo que algo grave se lo impida, mientras viven, cuando no crecen hacia arriba o producen hojas, lo hacen bajo el suelo buscando sobrevivir o haciendo acopio para aguantar hasta mejores tiempos. En sintonía con los ciclos de luz y oscuridad, con el devenir de las estaciones, sacando partido a las inclemencias del tiempo. Si los recursos escasean, son incluso capaces de volverse más pequeñas, de crecer "hacia dentro".

Al vivir arraigadas en el suelo, explica el experto en neurobiología vegetal Stefano Mancuso en La nación de las plantas (ed. Galaxia Gutenberg), las plantas "han aprendido a convivir con la finitud de los recursos y a adaptar su desarrollo en consecuencia". Ante la escasez de recursos, lo primero que hacen es reducir su tamaño: se vuelven más densas, se enrollan… Los animales no tenemos esa maleabilidad o plasticidad fenotípica, pero podemos tomar nota. "Las plantas hacen cuanto sea necesario para que su equilibrio con el entorno permanezca lo más estable posible. Algo que también deberíamos empezar a hacer nosotros cuanto antes", advierte Mancuso.

El bosque es un superorganismo

Al contrario de lo que podría parecer, las plantas no actúan individualmente, sino colaborando entre sí de múltiples formas y estableciendo relaciones simbióticas con otras especies.

Los árboles "hablan"

Que los árboles no se toquen no quiere decir que no se preocupen por los de su especie o no necesiten de ellos. El mundo vegetal está lleno de ejemplos de que también las plantas tienen vida social. Se comunican entre ellas emitiendo compuestos volátiles al aire o señales eléctricas a través de sus raíces y se ponen de acuerdo para protegerse y prosperar. Incluso cuidan de sus enfermos y alimentan a sus "muertos", proporcionando azúcares a los viejos tocones de árboles caídos o talados.

Esto es posible gracias a que unen sus raíces para colaborar entre sí y alimentarse en caso de necesidad, lo que convierte a los bosques en superorganismos. Así lo explica Peter Wohlleben en La Vida Secreta de los Árboles (Ed. Obelisco), que nos recuerda que lo hacen por las mismas razones que la sociedad humana: porque juntos funcionan mejor y un solo árbol no hace un bosque.

Los árboles se necesitan entre sí para contribuir a un ecosistema sano en el que poder vivir y hacerse viejos. "Su bienestar depende de la comunidad y cuando los supuestamente más débiles desaparecen, los demás también pierden", dice Wohlleben.

¿Quién necesita a quién?

¿Y si sintieran? Los seres humanos no somos plantas. Tenemos ahora que guardar esa distancia social, pero necesitamos el contacto físico. En parte, por eso nos está costando tanto no poder abrazarnos. Pero eso no significa que las plantas no sean seres sensibles. Además de ese instinto de protección de los suyos y los ejemplos de comunicación entre ellas, son capaces de percibir la luz, la gravedad, los campos eléctricos, el contacto, el sonido…

Nuestra vida está unida a la de los árboles y la sabiduría que anida en ellos es inmensa. No deberíamos tratarlos como si pudiéramos vivir sin ellos, porque es justamente al revés. Y no es posible cuidar de uno mismo sin cuidar de la vida que nos envuelve.

Convendría tener esto último muy presente. Porque nosotros necesitamos a los árboles para vivir, pero ellos podrían vivir perfectamente sin nosotros. De hecho, en la gran mayoría de casos vivirían mejor. La sobreexplotación, la deforestación y el cambio climático del que somos responsables están poniendo en peligro la supervivencia de miles de especies.

Una vez más los árboles pueden marcarnos aquí el buen camino. Como apunta Stefano Mancuso, en lugar de deteriorar el suelo, el agua y la atmósfera del planeta que nos da cobijo, producen "energía limpia" y ayudan a descontaminarlo. "Las plantas pueden ayudarnos. Solo ellas son capaces de rebajar la concentración de CO2 hasta niveles inofensivos", dice este experto en neurobiología vegetal. "La regla debería ser bien sencilla: allá donde pueda vivir una planta, debería haber una. Defendamos los bosques y cubramos de plantas nuestras ciudades".

Conecta con la sabiduría de las plantas

Vuelvo a pensar en las tipuanas que veo desde casa. Después de que sus pétalos amarillos coloreen el asfalto de nuestras ciudades, en las ramas quedan sus semillas aladas, listas para volar lejos en el momento propicio. Es su manera de desplazarse. Se mueven, pero despacio. Aunque los árboles nos parezcan estáticos, se desplazan en grupo.

Se mueven y no lo hacen solo por su pulsión de expandirse. También como mecanismo de supervivencia, "emigrando" como nosotros cuando las cosas se ponen feas. Es conocido que en nuestro país hayas y encinas se han desplazado a cotas más altas en las últimas décadas debido al calentamiento global. El problema es que el cambio climático avance más rápido de lo que puedan "caminar" los bosques para garantizar su supervivencia.

Nosotros nos movemos más fácilmente, en nuestro día a día. Pero en nuestro movernos de aquí para allá olvidamos a menudo la importancia de esa forma de vivir más pausada, más conectada con el entorno. Tengamos o no que volver a pasar tiempo en casa, vale la pena parar de vez en cuando. Hacer una pausa para cuidar nuestras raíces y extender nuestras ramas, para reconectar con nuestras necesidades y con la sabiduría de la naturaleza que nos rodea.

Cada vez más árboles están en peligro de extinción

Según el Global Tree Assessment, un proyecto internacional para evaluar la vulnerabilidad de todas las especies de árboles conocidas del planeta, 13.751 de las 36.189 analizadas hasta ahora (se conocen 60,010) están en peligro de extinción.

Es un 38% de los árboles analizados. Detrás de esta amenaza a la biodiversidad están la deforestación, la sobreexplotación, la agricultura intensiva, la sequía y el cambio climático. Pero los árboles son solo una parte de la pérdida de biodiversidad vegetal.

Según el último informe Planeta Vivo de WWF, de septiembre, el número de plantas extinguidas documentadas dobla al de mamíferos, aves y anfibios juntos. Además, 1 de cada 5 especies vegetales está amenazada, en su mayoría en zonas tropicales.

En 2017, un grupo de 15.364 científicos de 184 países alertaba de que estamos desatando una extinción masiva de especies, la sexta en 540 millones de años. Para Mancuso, el mayor peligro es que creamos que esto no afectará a la supervivencia de nuestra especie. "Ser conscientes de los desastres que provoca nuestro consumo debería hacer que nuestra conducta se volviera más precavida y que nos indignásemos ante un modelo de desarrollo que destruye nuestra casa común a cambio del beneficio de unos pocos", advierte.

 

https://www.cuerpomente.com/ecologia/conectar-sabiduria-arboles