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jueves, 27 de abril de 2023

Tú No Eres Responsable – por Annette Nibley

 

 


 


Tú no eres responsable por nada de esto. Tú no lo hiciste. Tú no puedes hacerlo mejor. Tú no eres el creador de lo que está pasando aquí, y no puedes mejorarlo. Respecto a ello, simplemente puedes relajarte. Tú no eres la parte responsable. No está sobre tus hombros. Nunca lo estuvo.

Todas las cosas en el universo están funcionando a la perfección. El universo funciona por sí mismo, y nada está errado o fuera de lugar jamás. Tú únicamente puedes estar aquí [en Él], vivo, sorprendido por lo que ocurra luego. Tú eres una criatura con conciencia (o así lo parece), y eso es todo lo que has ‘conseguido’: conciencia. La conciencia no tiene el poder de cambiar nada. Es meramente consciente. Es consciente de ‘LO QUE ES’, pero no modifica ‘lo que es’. Todo aquello aparte de esta simple conciencia presente ocurriendo, puede ser descartado como irrelevante.

Así que TODO es irrelevante, realmente. Todo, excepto la simple conciencia que estás experimentando ahora mismo. Incluso la idea de que esta conciencia es ‘personal’ —de que hay una ‘persona’ consciente— es irrelevante. Innecesaria.

La conciencia es perfecta en Sí Misma. No te necesita. No te necesita a ti ni necesita ningún otro objeto. No es lo que está EN la conciencia lo que cuenta. Lo que cuenta es la conciencia misma.

Estamos mirando para ver que ESTO es lo que somos: esta simple conciencia. Ninguna otra cosa. Y también estamos mirando para ver lo que NO SOMOS: no somos un individuo autopropulsado, una entidad separada que debe luchar para controlar su mundo y ‘arreglarlo’ bien. Estamos mirando para ver que YA somos libres, porque nunca hubo un centro personal de nuestra experiencia aparte de aquel que imaginamos.

Simplemente permite que esta indagación se ponga en movimiento. Tú no tienes que tratar, o trabajar, o emplear esfuerzo en esta indagación. La pelota está corriendo, y continuará bajo su propio poder. Cualquier cosa que haya de ser descubierta será descubierta. ESTO es todo ‘lo que es’, contenido siempre EN la conciencia. Nada que hacer al respecto, nada que mejorar al respecto. Esta conciencia es tu único ser, y no requiere nada para ser. No hay ninguna otra cosa ocurriendo aparte de ésta.

No tienes que ser diligente. Ni valeroso. No tienes que ser fuerte. La vida está cuidando de ti, y cualquier esfuerzo de tu parte será simplemente nadar contra la corriente. No hay necesidad de nadar contra la corriente. El río es seguro, y no dejará que algo te dañe. Permítete recordar la verdad de estas palabras, del tiempo anterior a que la ‘historia’ comenzara, cuando esta conciencia era, y era ‘TÚ’. Es lo que tú has conocido todo el tiempo.

Lo que NO ERES está separado. Lo que ERES es la Totalidad.

Déjalo todo, incluso "¿Qué es la verdad?"


Anette Nibley

 

 No-dualidad Artículos | Lo Que Nunca Cambia (2.0), por Annette Nibley

domingo, 5 de febrero de 2023

La mirada del amor es diferente a la mirada del pensamiento. Por J. Krishnamurti

 



Traducido con Amor desde...https://www.scienceandnonduality.com

Extracto de La única revolución 


Si pasas por los prados con sus miles de flores de todos los colores imaginables, desde el rojo brillante hasta el amarillo y el púrpura, y su hierba verde brillante lavada por la lluvia de anoche, rica y verde, nuevamente sin un solo movimiento de la maquinaria del pensamiento. – entonces sabrás lo que es el amor.

 Mirar el cielo azul, las nubes altas y abiertas, las colinas verdes con sus líneas claras contra el cielo, la rica hierba y la flor marchita, mirar sin una palabra del ayer; entonces, cuando la mente está completamente quieta, en silencio y sin que ningún pensamiento la perturbe, cuando el observador está completamente ausente, entonces hay unidad. No es que estéis unidos con la flor, o con la nube, o con esas colinas arrebatadoras; más bien, hay un sentimiento de completo no-ser en el que cesa la división entre tú y el otro.

La mujer que llevaba las provisiones que compró en el mercado, el gran perro alsaciano negro, los dos niños jugando con la pelota: si puedes mirar todo esto sin una palabra, sin una medida, sin ninguna asociación, entonces la pelea entre tú y otro cesa. Este estado, sin la palabra, sin el pensamiento, es la expansión de la mente que no tiene límites, ni fronteras dentro de las cuales elYo  y el no-yo podemos existir.

 No creas que esto es imaginación, o algún vuelo de la fantasía, o alguna experiencia mística deseada; No lo es. Es tan real como la abeja en esa flor, o la niña en su bicicleta, o el hombre que sube una escalera para pintar la casa: todo el conflicto de la mente en su separación ha llegado a su fin.

Miras sin la mirada del observador; miras sin el valor de la palabra y la medida del ayer.

La mirada del amor es diferente de la mirada del pensamiento.

Uno lleva en una dirección donde el pensamiento no puede seguir, y el otro conduce a la separación, el conflicto y el dolor.

De este dolor, no puedes ir al otro.

La distancia entre los dos está hecha por el pensamiento, y el pensamiento no puede alcanzar al otro de ninguna manera. 

Al volver caminando por los caseríos, los prados y la vía del tren, verás que el ayer ha llegado a su fin: la vida comienza donde termina el pensamiento.

https://www.scienceandnonduality.com/article/the-look-of-love-is-different-from-the-look-of-thought

sábado, 24 de septiembre de 2022

Lo malo del pensamiento es cuando te identificas con él.-entrevista a Consuelo Martín

 




Es necesario hacer silencios en la mente y en las emociones para contemplar y experimentar directamente la vida.


Entender es intelectualizar, teorizar; comprender es experimentar la Unidad.


Consuelo Martín nos ayuda a comprender los planos y caminos que pueden conducirnos a experimentar la Unidad.

 

¿Qué tienen en común la filosofía y la meditación?

 

Meditación es un término que se aplica a muchas prácticas mentales diferentes, algunas muy superficiales. La meditación a la que acostumbro a llamar “contemplación”, para evitar esa ambigüedad, consiste en profundizar en la mente y en el corazón.
La dirección ha de ser clara: hacia lo Real, más allá de las apariencias. Si no se hace una investigación filosófica sobre esa diferencia, no es posible tomar la dirección correcta. Por eso, ambas cosas, investigación y contemplación, han de ir juntas. En los dos casos se ha de traspasar la zona del pensamiento mecánico.

 

¿Qué tiene de malo el pensamiento?

 

No es malo ni bueno, simplemente es un instrumento psicofísico mecánico, no creativo, que, habitual e inconscientemente, se identifica con la propia identidad. En esa identificación está el problema.

 

El pensamiento nos puede ofrecer soluciones en los conflictos, tranquilidad, felicidad incluso ¿O no es así?

 

La visión de la Verdad es lo único que ofrece eso. Por no haber observado el funcionamiento de la mente se puede confundir una intuición o visión verdadera con el pensamiento que la formula.

 

¿Qué nos aporta el silencio (la meditación, la contemplación) que no puede aportarnos el pensamiento?

 

Es necesario hacer silencio en los pensamientos y en las emociones que ocasionan para poder observar el funcionamiento de la mente. Al hacerlo, y no antes, se descubre que la realidad no es lo que parecía mientras estábamos identificados con los pensamientos, es decir, con las sensaciones interpretadas, con teorías o doctrinas acumuladas en la memoria y luego repetidas de mente en mente.

 

¿Qué significa que en el silencio están todas las respuestas?

 

El silencio da entrada a una visión directa de la Realidad. Desde él se percibe ya la brisa de algo verdadero; y se descubre allí también algo de la plenitud del Ser a distintos niveles de percepción.

 

¿De dónde surge la paz mental, la felicidad?

 

La paz y felicidad que anhelamos están en lo profundo de nosotros mismos y únicamente desde allí la recibe la persona. Creemos que la persona la obtiene desde fuera y la buscamos inútilmente en experiencias exteriores. Ese es un error de graves consecuencias. Nos falta lucidez.


¿En qué consiste vivir con lucidez?

 

Atravesadas las zonas condicionadas por creencias y emociones de todas clases, la Luz de la conciencia que eres se manifiesta en un vivir sereno, armonioso y creativo. La claridad de la conciencia ilumina nuestra vida. Esto quiere decir que lo que vivimos es siempre expresión del lugar interno de la conciencia en que nos encontramos.

 

¿Cómo me puede ayudar la contemplación a vivir con lucidez?

 

Contemplar es profundizar más y más en la conciencia. Al hacerlo, veo todo más claro y, por consiguiente, me muevo de manera más inteligente y armoniosa. Al hacerlo, lo descubriré. Pensar sobre ello, mantenerlo en la memoria como una teoría más, no servirá de nada.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de contemplación?

 

Nos estamos refiriendo aquí a una nueva manera de colocar la mente mirando hacia el origen de la Luz. Esto no es un ejercicio que se aprende por repetición y se hace para conseguir algo ajeno al meditar mismo, pues el mismo deseo de conseguir algo obstaculiza esa colocación mental. La contemplación se realiza por amor a la Verdad, a la Libertad, a la Belleza o al Amor mismo.

 

Dada nuestra cultura occidental, con tendencia a la actividad y hasta a la hiperactividad, ¿resulta factible o puede resultar contraproducente forzarnos a la quietud de la contemplación?   

 

No puede tratarse de forzar nada en la contemplación. Sin la verdadera vocación por contemplar no tiene sentido intentarlo pues la intención sería falsa y los resultados engañosos. Antes de contemplar, o meditar, ha de darse en la persona un “des-engaño” por buscar la felicidad y realización en lo externo, en las apariencias. Y aquí, volvemos a la necesidad de la reflexión e investigación filosófica vivencial.

 

¿Qué le aporta la contemplación a nuestra vida?

 

No se medita para conseguir mejores cosas o situaciones en la vida. Se hace, en realidad, cuando hay un anhelo intenso por descubrir la vida verdadera. Si ese anhelo está tapado con evasiones, no se emprenderá un camino contemplativo hasta haberlo puesto al descubierto. Intentarlo por mera curiosidad no llevará a ninguna parte. Las vicisitudes de la vida pueden parecer que van abriendo paso a esa sincera necesidad, pero no sucede así necesariamente.

 

¿Qué le aporta la belleza a nuestra vida? ¿Dónde buscarla?

 

Si lo que anhelamos es la Belleza verdadera hemos de ir a buscarla donde se encuentra, en el origen de nuestro anhelo. Eso requiere silencio de emociones y deseos. Contemplar la Belleza traerá belleza a nuestra vida.

 

¿Qué le aporta el silencio a nuestra vida? ¿Cómo conseguir situaciones de silencio?    
   

El silencio está siempre detrás del ruido de los pensamientos y emociones, detrás de la distracción con las sensaciones y actividades. El silencio está siempre ahí. Habría que hacer una parada del aturdimiento y volvernos a nuestro interior. ¿Cómo conseguir el silencio? Mejor tendríamos que preguntarnos como conseguimos ahogar con nuestras distracciones la bella melodía del silencio. En contacto con la naturaleza es más fácil percibir esa bella melodía.

 

En un reportaje, en una revista dominical, se contaba que en algunos retiros de aislamiento y silencio un importante porcentaje de gente “huye” el segundo día, ¿por qué? ¿Qué transmite el silencio que puede producir esta sensación de pánico y huida hacia la actividad y el ruido?

 

Si eso es así, tal como dices -pues nunca lo he comprobado en mi trabajo-, debe haber un error en la oferta y en la demanda de esos “retiros”. La comprensión y el desengaño de lo falso tienen que ir, repito, a la par de la meditación y el silencio. Forzar disciplinas o ejercicios sin la comprensión necesaria no tiene sentido.

 

¿Cómo nos conduce el silencio al autoconocimiento y la paz mental?

 

El silencio no es utilizable para nada. Aquello que es nuevo y creativo en cada instante no se puede manipular. La paz y el autoconocimiento brotan de la mirada serena de una mente silenciosa. Sin embargo, la actitud de querer conseguir algo impide esa mirada límpida.

 

¿Qué le aporta el sufrimiento a nuestra vida? ¿Cómo utilizarlo para el crecimiento personal?

 

El sufrimiento, no el físico sino el psicológico, sobreviene por no comprender la vida. Y mientras no haya comprensión, el sufrimiento no aportará nada positivo. Si al sufrir comprendo que he tomado un camino equivocado en mi interior, entonces lo vivido es un aprender.

 

¿A qué se refiere cuando habla de la “unidad”, de que “no hay separación”? ¿Qué le aporta esa experiencia a nuestra vida?

 

Al hablar de la unidad hago referencia a la Conciencia única. Es el origen de todo, lo Real tras las apariencias sensoriales, emocionales y mentales que sí son múltiples. Al intuir la unidad a pesar de las experiencias psicofísicas de separación descubro el Amor, la Belleza y la Libertad incondicionados.

 

La investigación versus la obediencia.

Obedecer significa decir: “No investigo más”, me dejo llevar por otro, sigo algo sin haberlo visto”. Esto, es obvio, no puede ser el camino de la verdad. Vamos a ponernos en el extremo: ¿Y si obedecemos a una persona con sabiduría? El hecho de obedecer es funesto; ni tan siquiera a una persona sabia debemos obedecer. Podemos estar con ella o mirar desde donde ella mira. Pero no hay que seguir a ningún maestro o maestra cualificada de cualquier religión, ni tan siquiera a Buda o a una persona tan libre como Krishnamurti. No hay que seguir a nadie, porque obedecer es ya el obstáculo. De hecho, ninguna persona con sabiduría incitaría a nadie a que le obedeciese, y si alguien lo hace, es un síntoma claro de que no es sabio.


Sobre el amor.

Sin sabiduría no hay verdadero amor. Sin sabiduría, el amor que existe es el amor convencional, con apegos: amo lo mío, lo que me gusta, lo que me apoya, etc. O también el amor biológico, que me produce una satisfacción física. O el amor afectivo, con dependencias psicológicas. O el amor mental: mis ideas, mis opiniones, etc. Pero no el amor que viene de la comprensión de la unidad. 

 

Comprender versus entender.

Has de distinguir muy bien lo que significa comprender para no confundirte creyendo que estás comprendiendo cuando solamente entiendes cosas. Entender cosas es descifrar símbolos: descifras símbolos del lenguaje o descifras símbolos matemáticos, símbolos técnicos u otros. Entonces entiendes. También hay a quien le interesa descifrar símbolos religiosos. Entonces entiende de eso, de descifrar símbolos. Pero eso no es comprensión; comprender es integrar cada una y todas las cosas en una totalidad.

Entender es intelectualizar, teorizar; comprender es experimentar la Unidad.


Comprender para amar.

No es posible comprender (experimentar) cuando estás entretenido con tus pensamientos y sus emociones: “¿Por qué me pasa esto a mí?” “Qué haré en tal situación?” “Tengo que conseguir esto” “Tengo que convencer a esta persona para que haga esto otro” ... De esa manera, con todas esas preocupaciones e inquietudes, no es posible comprender. Y si no comprendes no amas. Por tanto, no es posible el amor.


 

Otras frases de Consuelo Martín:

Hay sabiduría cuando podemos ver el paso del tiempo serenamente, cuando podemos verlo tal y como es.

El pensamiento, en sí mismo, no tiene por qué crear ninguna emoción. Eso sólo sucede cuando un pensamiento se convierte en creencia.

Cuando hablamos de silencio nos referimos al silencio de lo sensorial, de las emociones, del pensamiento. Sólo en ese silencio es posible despertar a lo real. Después de que hayamos despertado y aprendido a vivir en silencio, podremos vivir lo real despiertos, lúcidos, incluso con pensamientos y emociones.

 

 

De sus investigaciones sobre “ser consciente en la vida”. 

  • He visto que todos los problemas que aparecen fuera, en mi vida, se ocasionan por los nudos psicológicos que llevo dentro; que, si no deshago los nudos, no va a desaparecer el problema.
  • ¿Qué hago queriendo cambiar la situación, a las personas, a mí misma?
  • ¿Cómo me entretengo con el sueño cuando ya he visto que es sólo un sueño?
    Cómo es que no me dedico únicamente a estar más despierta? Es fuerte la hipnosis. He debido tomar una droga muy fuerte.
    Y la única salida de ello es contemplar y contemplar y contemplar.
    Y en este camino, la paciencia tiene que ser infinita.
  • No hay inteligencia cuando tomo en cuenta los pensamientos, cualesquiera que sean. En el pensar no está la Unidad.
  • Los deseos, cuando vienen del pensamiento, no hacen más que ofuscarnos más y más.
  • También cuando deseo se está manifestando la voluntad divina.
  • ¿En qué consiste exactamente eso del deseo?
    Algo me falta y tengo que conseguirlo por encima de todo.
    Quizás eso que me falta no es lo que creo que me falta.
    Lo que me falta es ser lo que soy, saber lo que soy, que es pleno.
  • Cuando voy detrás de mis deseos (lo que creo que deseo) estoy añadiendo cosas ilusorias a un paisaje ilusorio.
    Si anhelo la plenitud, ¿no será que ya soy eso que anhelo? ¿No será que me he alejado de mi verdadero ser, de mi plenitud?
  • Los deseos pueden ser una pista de qué aspectos de mi verdadero ser está clamando ser reconocido.
    Si es el amor, la mayoría de mis deseos serán de tipo afectivo.
    Por qué no me quedo quieta (en vez de salir a buscar) y contemplo ese amor que está empujando?
    Lo tangible es lo más irreal: aparece y desaparece.
    Cuando contemplo el Amor soy el Amor.
  • Observa el deseo y quita el veneno del deseo, la compulsión, lo que te arrastra, la dependencia.
  • Nada deshace la ilusión excepto darme cuenta de ello.



 


La autora.

Consuelo Martín es doctora en Filosofía, especialista en filosofía vedanta advaita (de la India) y directora de “Viveka”, revista de meditación. Dirige retiros y seminarios de meditación contemplativa. Es autora de “La vida como inspiración” (Obelisco), “La revolución del silencio” (Gaia) y “La libertad y el amor” (Obelisco), entre otros.

 

                                               http://crecejoven.com/espiritualidad--consuelo-martin

viernes, 27 de mayo de 2022

Más allá de las creencias- Joan Tollifson

Traducido con Amor desde...https://www.joantollifson.com/


 Es tan fácil aferrarse a creencias e ideas que escuchamos de otros y adoptarlas como la verdad simplemente porque suenan lógicas, o porque admiramos a la persona que las dijo, o porque estamos desesperados por encontrar una solución a nuestra incomodidad e incertidumbre También es muy fácil convertir algo que comienza como una experiencia directa (genuina, inmediata, de primera mano) en una creencia.


Por ejemplo, alguien a quien admiramos nos dice que no existe el yo ni el libre albedrío, por lo que adoptamos esto como una nueva creencia, una nueva ideología. O tal vez descubrimos esta ausencia de uno mismo y libre albedrío directamente nosotros mismos. Esto lo vemos muy claro. 

Pero debido a que habitualmente queremos apoderarnos de algo, y debido a que tenemos un impulso natural de comunicar nuestros descubrimientos, la tentación de formular y conceptualizar este descubrimiento y convertirlo en una idea es muy fuerte (y quizás en gran medida inevitable). Y no hay nada intrínsecamente malo en formular ideas, especialmente si somos conscientes de que toda conceptualización es sólo una representación abstracta y simbólica. Pero muy a menudo, perdemos de vista esto. Y luego, en poco tiempo, una idea se convierte en una creencia. 

¿Es posible ser consciente de todo esto a medida que sucede? 

No estamos tratando de eliminar nada de esto, sino simplemente de ser conscientes de ello, de verlo claramente a medida que se desarrolla. Para comunicarnos, necesitamos formular cosas en conceptos y usar palabras. Esto es funcional. Pero, ¿podemos participar en esta actividad y al mismo tiempo ser conscientes de los peligros inherentes a conceptualizar, formular y verbalizar? 

Si somos de los que damos charlas y escribimos libros, es especialmente fácil identificarse con las cosas que hemos dicho y empezar a pensar que debemos mantener nuestras posiciones y defender nuestro mapa. Después de todo, queremos dar la impresión de tener el tipo de confianza y certeza que la gente busca en las figuras de autoridad espiritual. Queremos creer que nuestro mapa es preciso y confiable. No queremos parecer inseguros o inquietos.

Pero, ¿de qué estamos verdaderamente seguros? ¿Qué significa estar asentado? ¿Acomodarse significa adherirse a un sistema de creencias o significa despertarse de un momento a otro? ¿En qué se basa realmente la confianza real? ¿Es confianza en una ideología, o es confianza profunda en la talidad de este momento y en la vida siendo tal como es? ¿La verdadera autoridad espiritual se basa en tener La Respuesta Correcta, o se trata de confiar en el espacio abierto de no saber? ¿La certeza real se basa en una acumulación de información y conocimiento o se basa en el vacío (y la vitalidad) de estar completamente presente y despierto Aquí / Ahora?

¿Qué pasa si alguien dice algo que parece contradecir nuestras ideas sobre la vida? ¿Estamos abiertos a escuchar y mirar de nuevo, o ya hemos cerrado la puerta a eso?

¿Proporcionan el pensamiento y la memoria instantáneamente “la respuesta correcta” y luego están listos para defender esa respuesta? ¿O las preguntas abren un espacio de interrogación, un espacio que deshace todas las respuestas? Si en este momento todas nuestras respuestas, filosofías, ideologías y creencias se derrumban, ¿qué queda?

¿Estamos buscando una respuesta?

 ¿O es lo que permanece completamente sin palabras y más allá de creencias y formulaciones?

Las palabras pueden abrir la mente, pero también pueden apagarla. ¿Podemos volvernos sensibles a cuándo las palabras y las historias nos despiertan y cuándo nos arrullan en algún tipo de trance hipnótico?

La no dualidad no se trata de creer en algo. Se trata de ver a través de todas las creencias y darse cuenta de la naturaleza inconcebible de la realidad, el vacío (o sin forma, o la naturaleza siempre cambiante) de todo. Sí, hay punteros y conceptos que se usan, pero lo que están señalando no es un concepto o una fórmula. No es algo en lo que necesites creer, ni es algo de lo que se pueda dudar. Entonces, si tiene dudas, se trata de un concepto, una idea.

 ¿Qué sucede si dejas ir esa idea y simplemente estás despierto a este momento presente, exactamente como es? 

La no dualidad no se puede descifrar ni explicar. Solo puede reconocerse y relajarse (y eso no significa sentirse siempre relajado o nunca tenso). Incluye todo, incluso la tensión, la contracción y la ilusión. Podríamos incluso decir que es estar a gusto estando tenso, o darse cuenta de la apertura que no tiene problema con la contracción. 

La no dualidad es ser solo este momento, ser esto que no puedes no ser. 

Y es el descubrimiento de que esto es nada y todo. Esto está más allá de la creencia.

 


Joan Tollifson 

Joan Tollifson escribe y habla sobre la siempre cambiante y siempre presente realidad viviente aquí y ahora. Su enfoque es abierto, directo, no conceptual y pragmático. Joan está interesada en ver a través de los problemas imaginarios que creemos nuestros, las historias de carencia e imperfección. Nos invita a despertar a la vitalidad y la libertad de la presencia consciente y abierta, y descubrir la sencillez de ser este momento, tal y como es. Joan tiene una afinidad con el budismo, el Advaita y otras formas de no-dualidad y la investigación meditativa, pero no pertenece a ninguna tradición o linaje particular. En sus libros y reuniones, Joan se basa en sus propias experiencias con la adicción y otros problemas humanos comunes.

Es autora de varios libros: Bare-Bones Meditation: Waking Up from the Story of My Life (1996), Awake in the Heartland: The Ecstasy of What Is (2003), Painting the Sidewalk with Water: Talks and Dialogs about Nonduality (2010), Nothing to Grasp (2012), y un libro de próxima aparición sobre la vejez, la muerte y la imperfección



viernes, 18 de marzo de 2022

La raíz del sufrimiento - Adyashanti

 


El gran maestro espiritual Krishnamurti dijo: "Cuando a un niño le enseñas que un pajaro se llama 'pájaro', el niño no volverá a ver el pájaro nunca más". Lo que verá será la palabra "pájaro". Eso es lo que verá y sentirá; y cuando alce los ojos al cielo y vea que ese ser extraño y alado echa a volar, ya no se acordará de que lo que hay allí es, verdaderamente, un gran misterio. Ya no se acordará de que en realidad no sabe lo que es. Ya no se acordará de que esa cosa que vuela por el cielo está por encima de todas las palabras, de que es una expresión de la inmensidad de la vida. Es, en realidad, una cosa extraordinaria y maravillosa que vuela por el cielo. Pero en cuanto le asignamos un nombre, ya nos creemos que sabemos lo que es. Vemos "pájaro", y casi lo damos por descontado. Un "pájaro", un "gato", un "perro", una "persona", una "taza", una "silla", una "casa", un "bosque"... A todas estas cosas se les han atribuido nombres, y todas ellas pierden una parte de su vida natural en cuanto las nombramos. Está claro que debemos aprender estos nombres y debemos asociarlos a determinados conceptos; pero si empezamos a creer que los nombres y que todos los conceptos que les asociamos son reales, entonces habremos emprendido ya el viaje que nos conducirá a quedarnos sumidos en un trance por el mundo de las ideas.

La capacidad de pensar y de utilizar el lenguaje tiene un lado oscuro que, si se descuida y se emplea de manera imprudente, puede hacernos sufrir y tener conflictos innecesarios unos con otros. Porque al fin y al cabo eso es lo que hace el pensamiento. Separa. Clasifica. Nombra. Divide. Explica. Es verdad que el pensamiento y el lenguaje tienen aspectos muy útiles y que, por tanto, es muy necesario desarrollarlos. La evolución se ha esforzado mucho para que tengamos la capacidad de pensar de manera coherente y racional, o, dicho de otro modo, de desarrollar un pensamiento que nos permita sobrevivir. Pero cuando observamos el mundo vemos que esto mismo que ha evolucionado para ayudarnos a sobrevivir se ha convertido también en una especie de prisión para nosotros. Nos hemos quedado atrapados en un mundo de sueños, en un mundo en el que vivimos principalmente en nuestras mentes.

Este es el mundo de los sueños del que hablan muchas enseñanzas espirituales antiguas. Cuando muchos sabios y santos antiguos dicen: "Tu mundo es un sueño; estás viviendo en una ilusión", se refieren a este mundo de la mente y al modo en que nos creemos nuestros pensamientos acerca de la realidad. Cuando vemos el mundo a través de nuestros pensamientos, dejamos de conocer la vida tal como es y de conocer a los demás tal como son. Cuando yo tengo un pensamiento acerca de ti, es una cosa que he creado. Te he convertido en una idea. Si tengo una idea acerca de ti y me la creo, te he degradado en cierto modo. Te he convertido en una cosa muy pequeña. Así nos comportamos los seres humanos; esto es lo que nos hacemos los unos a los otros.

Para entender de verdad la causa del sufrimiento y nuestra posibilidad de dejarlo y quedar libres de él, tenemos que observar muy de cerca esta raíz del sufrimiento humano: cuando nos creemos lo que pensamos, cuando tomamos nuestros pensamientos por la realidad, sufrimos. Esto no resulta evidente hasta que no nos lo planteamos; pero el caso es que cuando nos creemos nuestros pensamientos, en ese instante mismo empezamos a vivir en el mundo de los sueños, donde la mente conceptualiza un mundo entero que en realidad no existe en ninguna parte más que en la mente misma. En ese momento empezamos a conocer una sensación de aislamiento, dejamos de sentirnos conectados unos con otros de manera humana, y, por el contrario, nos retraemos cada vez más en el mundo de nuestras mentes, en ese mundo creado por nosotros mismos.

Salir del patrón del sufrimiento

¿Cómo salir de esto, entonces? ¿Cómo evitaremos perdernos en nuestros propios pensamientos, proyecciones, creencias y opiniones? ¿Cómo empezamos a buscar una salida de este patrón del sufrimiento?

Para empezar, tenemos que hacer una observación, que es sencilla pero muy reveladora. Todos los pensamientos (los pensamientos buenos, los pensamientos malos, los pensamientos cariñosos, los pensamientos malignos) se producen dentro de algo. Todos los pensamientos surgen y desaparecen dentro de un vasto espacio. Si observas tu mente, advertirás que cada pensamiento se produce por sí mismo sin más, que surge sin ninguna intención por tu parte. Nuestra reacción aprendida es aferrarnos a ellos e identificarnos con ellos. Pero si somos capaces de renunciar, aunque sólo sea por un momento, a esta tendencia angustiosa a aferrarnos a nuestros pensamientos, empezamos a advertir una cosa muy profunda: que los pensamientos surgen y se agotan de manera espontánea y por sí mismos dentro de un espacio inmenso; que el ruido de la mente se produce, en realidad, dentro de un sentido muy profundo de silencio.

Puede que esto no resulte evidente a primera vista, porque estamos acostumbrados a concebir el silencio y la quietud en términos del entorno exterior. ¿Es silenciosa mi casa? ¿Ha dejado de ladrar el perro del vecino? ¿Está apagado el televisor? O bien, tendemos a concebir el silencio en términos internos. ¿Es ruidosa mi mente? ¿Se han tranquilizado mis emociones? ¿Me siento tranquilo? Pero el silencio o la quietud de que estoy hablando no es un silencio relativo. No es una ausencia de ruido, ni siquiera una ausencia de ruido mental. Es, más bien, una cuestión de empezar a advertir que existe un silencio que está siempre presente, y que el ruido se produce dentro de este silencio, incluso el ruido de la mente. Puedes empezar a darte cuenta de que todo pensamiento surge sobre el telón de fondo de un silencio absoluto. El pensamiento surge literalmente dentro de un mundo sin pensamientos; cada idea aparece dentro de un vasto espacio.

Cuando seguimos observando la naturaleza del pensamiento y, más concretamente, quién o qué es consciente de que se produce el pensamiento, la mayoría de las personas estamos bastante seguras: "Bueno, yo soy el que observa el pensamiento". Eso es lo que nos han enseñado y lo que nosotros suponemos de manera natural, que "tú" y "yo", como individuos separados, somos los que "pensamos" nuestros pensamientos. ¿Quién los iba a pensar, si no? Pero si lo observas con atención te darás cuenta de que en realidad no es cierto que seas tú el que piensa. El pensamiento es una cosa que sucede, sin más. Sucede, lo quieras tú o no, y se detiene, lo quieras tú o no. Cuando empiezas a observar este proceso, te puede impresionar bastante el descubrimiento de que tu mente piensa por sí sola y deja de pensar por sí sola, sin más. Si dejas de intentar controlar tu mente, comienzas a advertir que el pensamiento se produce dentro de un espacio muy vasto. Este descubrimiento es extraordinario, porque empieza a mostrarnos la presencia de algo distinto del pensamiento, y que nosotros somos algo más que el primer pensamiento que nos viene a la mente.

Cuando nos creemos nuestros pensamientos, cuando creemos muy dentro de nosotros que, de hecho, equivalen a la realidad, podemos empezar a ver que esto nos conduce directamente a la frustración, al descontento y, en último extremo, al sufrimiento, a muchos niveles. Este descubrimiento es el primer paso para desenmarañar nuestro sufrimiento. Pero también hay que ver algo más, una cosa más fundamental todavía. Este descubrimiento más profundo se produce mucho después de que hayamos formado nuestras opiniones, nuestras creencias y nuestra capacidad de conceptualizar. ¿A qué se debe que, a pesar de que hemos empezado a advertir que son nuestras mentes las que nos hacen sufrir, seguimos asiéndonos tan profundamente y con tanta vehemencia a ellas? ¿Por qué nos seguimos aferrando a esta identificación, hasta el punto de que a veces parece que es nuestra mente la que se aferra a nosotros? Uno de los motivos por los que hacemos esto es que creemos que nosotros somos, en realidad, el contenido de nuestras mentes: nuestras creencias, nuestras ideas, nuestras opiniones. Esta es la ilusión primordial: que yo soy lo que pienso, que yo soy lo que creo, que yo soy mi punto de vista particular. Pero, para ver más allá de esta ilusión, resulta útil observar con mayor profundidad todavía qué es lo que nos impulsa a ver el mundo de esta manera.

Imaginarnos a nosotros mismos y a los demás

Vamos a estudiar cómo formamos una imagen de nosotros mismos a partir de la nada, pues esto es precisamente lo que hacemos. A partir de este vasto espacio interior de consciencia y de quietud, formamos una imagen de nosotros mismos, una idea de nosotros mismos, una colección de pensamientos sobre nosotros mismos; esto es una cosa que nos enseñan a hacer cuando somos muy pequeños. Nos asignan un nombre, nos asignan un sexo. Vamos adquiriendo experiencia a medida que vivimos la vida, al ir pasando por los altibajos de lo que supone ser un ser humano; a cada hecho que nos sucede, cambian las ideas que tenemos acerca de nosotros mismos. Vamos acumulando poco a poco ideas acerca de ese que nos imaginamos que somos. Al cabo de no mucho tiempo, cuando tenemos cinco o seis años, ya tenemos los rudimentos de una autoimagen. La imagen es una cosa que valoramos mucho en nuestra cultura. Mimamos nuestra imagen; vestimos nuestra imagen; procuramos imaginarnos que somos más, o mejores, o incluso menos de lo que somos en realidad. En suma, vivimos en una cultura en la que se atribuye un gran valor a la imagen que nos proyectamos a nosotros mismos y que proyectamos a los demás. [...]

Así pues, en la práctica, todos andamos por la vida presentándonos unos a otros nuestras imágenes, y nos relacionamos los unos con los otros como imágenes. Sea quien sea quien creamos que es otra persona, no será más que una imagen que tenemos en la mente. Cuando nos relacionamos unos con otros desde el punto de vista de la imagen, no nos relacionamos con quien es el otro; sólo nos relacionamos con quien nos imaginamos que es el otro. Y después nos extraña que no nos relacionemos bien, que tengamos discusiones y que nos entendamos tan radicalmente mal unos con otros. [...]

Pero si queremos saber de verdad quiénes somos, si queremos llegar hasta el fondo de esta manera determinada nuestra de sufrir, que surge de que nos creemos que somos lo que no somos, entonces tenemos que estar dispuestos a mirar debajo de la imagen, debajo de la idea que tenemos unos de otros y, más concretamente, debajo de la idea que tenemos de nosotros mismos. [...]

Porque, cuando miramos dentro de lo que somos de verdad (por debajo de nuestras ideas, por debajo de nuestras imágenes), no hay nada. No hay ninguna imagen en absoluto.

Hay un koan zen (un koan es un acertijo que no se puede responder con la mente, sino sólo mirando directamente por uno mismo) que dice: "¿Cuál era tu rostro verdadero antes de que nacieran tus padres?". Naturalmente, si tus padres no habían nacido todavía, tampoco habías nacido tú; y si no habías nacido, no tenías ni cuerpo ni mente. Así pues, si no habías nacido, no podías concebir una imagen propia. Es una manera de preguntar, por medio de un acertijo: "¿Qué eres tú, en realidad, cuando miras más allá de todas las imágenes y de todas las ideas acerca de ti mismo; cuando miras de manera absolutamente directa aquí y ahora, cuando te basas completamente en ti mismo y miras por debajo de la mente, por debajo de las ideas, por debajo de las imágenes? ¿Estás dispuesto a entrar en ese espacio, en el lugar donde no se arroja ninguna imagen, ninguna idea? ¿Estás verdaderamente dispuesto y preparado para ser así de libre y así de abierto?".

(Extracto de El Fin del Sufrimiento)