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sábado, 15 de abril de 2023

Los 4 pasos para la expresión de la ira


 



Culpar, gritar o golpear a alguien, son maneras de expresar nuestra ira. Sin embargo, es un modo muy superficial de manifestar lo que nos ocurre por dentro. ¿Habría una manera más plena de expresar nuestra ira? La CNV (Comunicación No Violenta), al contrario de lo que pudiera parecer, no nos propone reprimirla sino todo lo contrario, nos incita a expresarla de una manera plena. ¿ Os apetece saber cómo?

Lo primero que es útil conocer es la diferencia entre estímulo y causa. Las circunstancias, las personas y sus comportamientos pueden ser estímulos para que nosotros sintamos ira pero en ningún caso podemos decir que son la causa. Es decir, que el primer paso para poder expresar de un modo pleno la ira es reconocer nuestra responsabilidad sobre ella. Este planteamiento puede sonar un poco provocativo, pero en realidad no lo es. Mirémoslo a través de un ejemplo.

Supongamos que circulo por la carretera y en mi camino me encuentro un vehículo que circula bastante por debajo de la velocidad que yo acostumbro a circular. Trato de adelantarlo, pero en ese momento pasan vehículos en dirección contraria, lo cual impide la maniobra. ¿Qué es lo que me pasa? Pues que me enfado porque no puedo adelantar y el de delante va muy lento. ¿Acaso podría reaccionar de otro modo?

En este ejemplo está claro que el estímulo es el vehículo que circula lentamente, sin embargo, no puedo decir que sea la causa de mi enfado. ¿Porqué? La razón es que ha habido ocasiones en que, ante este mismo estímulo, he respondido de otra forma. Si ello fuera la causa, la respuesta SIEMPRE sería la misma, ¿no? El factor diferencial, lo que convierte el factor externo en un estímulo y no en una causa está en NOSOTROS. La pregunta que se nos plantea ahora es: ¿Qué es lo que hace que, ante una misma respuesta, respondamos de forma distinta?

Pues, aunque no seamos conscientes de ello, la causa de la ira radica en la manera en cómo nosotros pensamos. En palabras de M. Rosemberg “La ira surge cuando nos enfadamos y buscamos culpables; es decir, cuando optamos por hacer el papel de Dios y juzgar o culpar a otra persona por haberse equivocado o haber hecho algo que merece castigo.” Para ilustrarlo seguiremos con el mismo ejemplo anterior.

¿Qué es lo que pienso cuando me encuentro un vehículo circulando lentamente? El diálogo interno podría ser el siguiente: “Vaya, ya me ha tocado un lento. Qué mala suerte que tengo. Mira que podría ir un poco más rápido.! ¡Pero si va pisando huevos! !!¡¡Qué patata de conductor, Arjjjjjj!!”

Como pueden apreciar, este diálogo está lleno de juicios sobre el comportamiento de la otra persona. Observen que hay juicios sobre “cómo se debería” comportar esa persona. Como no lo hace, me enfado, no se comporta conforme “lo correcto”. Y esa vara de medir sobre lo correcto soy yo. Sin embargo, si hubiera pensado, por ejemplo, “Quizás haya una persona que está perdida o está buscando alguna cosa, si la presiono aún se sentirá más agobiada, y a mí no me gustaría que me lo hicieran…” entonces seguro que no sentiría enfado. Como ven, depende de lo que piense en ese momento, sentiré una cosa u otra. Por eso el comportamiento de los otros no es la causa de lo que sentimos, aunque pueda ser un estímulo.

Intención positiva de la ira.

Sin embargo, la ira busca algo bueno para nosotros. Lo que persigue es que nos demos cuenta que hay una necesidad que es muy importante y valiosa para nosotros y que no se está viendo satisfecha. Por lo tanto, hay que aprovechar ese mensaje que nos está queriendo enviar. Es algo parecido al comportamiento de un niño pequeño cuando hace una rabieta. Puede ser muy molesto, pero es muy probable que lo que en realidad busque es llamar la atención y no sepa hacerlo de otra forma. Mi reacción será muy diferente si pienso “Otra vez otra rabieta, lo hace para fastidiarme” que si pienso “quiere llamarme la atención y no sabe otra manera de hacerlo “. No queremos entrar si un juicio está más fundamentado que otro. Simplemente quiero haceros notar que, ante un mismo hecho, pensar una u otra cosa nos hace actuar de formas muy diferentes.

Por lo tanto, no se trata pues, de hacer desaparecer la ira, porque con ella nos perderíamos ese mensaje tan importante que nos quiere enviar. Sin embargo, eso no significa que nos debamos dejar llevar por ella. Escuchemos qué nos está tratando de decir la ira: ¿Qué necesidad importante y valiosa para nosotros no se está cumpliendo?

Los 4 pasos para expresar la ira.

Con todo lo que ya sabemos os paso a describir los pasos a seguir en el proceso que lleva a manifestar plenamente la ira.

1.- Detenerse y respirar profundamente. Esta es quizás la parte que a mí me resulta más difícil porque no hay que hacer nada. Sólo parar y respirar.

2.- Tomar conciencia de los pensamientos que nos asaltan en estos momentos. Una vez que hemos conseguido parar y respirar lo que toca es reconocer lo que estamos pensando. Como ya hemos visto antes, es muy probable que haya pensamientos de culpa y de castigo hacia alguien. Y también hemos visto que todos los juicios son en realidad formas de expresar necesidades no satisfechas

3. Transformar los juicios en necesidades y sentimientos. En esta fase se trata de pasar el foco que está mirando a los demás (ellos son culpables o causantes de lo que nos pasa) y centrarnos en nosotros: ¿qué es lo que estoy sintiendo y cuáles son las necesidades insatisfechas? En definitiva, qué es lo que me pasa a mí respecto a lo que está pasando. Tal y como nos recomienda M. Rosemberg en su libro “Comunicación no violenta, un lenguaje de vida” resulta muy útil transformar la frase “Estoy enfadado porque ellos…” por la frase” Estoy enfadado porque necesito …”.

4. Conectar con las necesidades y sentimientos de la otra persona. Si queremos que los demás empaticen con nosotros es necesario que antes seamos empáticos con ellos. Esta fase puede llegar a ser difícil porque lo que queremos seguramente es que nos den empatía. Sin embargo, en este tipo de cosas, si queremos algo y queremos ser efectivos lo que hay que hacer es precisamente lo contrario de lo que parece normal. Cuanto más empaticemos con la persona que ha actuado de una manera que no ha satisfecho nuestras necesidades, más probable es que entonces el empatice con las nuestras.

5.- Expresar nuestros sentimientos y necesidades no satisfechas. Ahora ya hemos conectado con la otra persona y sabemos lo que necesitamos por lo que podemos hacer una petición encaminada a satisfacer la necesidad que sea lo más concreta posible y que se pueda realizar en el momento presente. Si hemos escuchado antes a la otra parte entonces la otra parte será receptiva en tratar de encontrar una estrategia que sea adecuada para los dos.

Seamos pacientes con nosotros mismos.

Para finalizar deciros que este proceso no es sencillo, pero no por ello debemos renunciar a él. Lo que es importante es no hacerlo perfecto sino hacerlo un poco mejor cada vez. Sólo con eso ya avanzamos hacia una manera diferente de expresar de una manera plena nuestra ira.

Ánimo, desde luego es algo que vale la pena por nosotros mismos y para hacer nuestro mundo un poquito mejor.

Francesc Bonada

http://rumbointerior.com/los-4-pasos-para-la-expresion-de-la-ira/

domingo, 9 de abril de 2023

¿QUÉ HACER CON LOS SENTIMIENTOS DOLOROSOS?

 



Los sentimientos dolorosos van a surgir. No puedes detenerlos. Pero eso no significa que tengas que sufrir por ellos. ¿Cómo funciona esto? Digamos que surge un sentimiento, un sentimiento incómodo, una ansiedad sobre algo que ‘tú’ piensas que deseas o que necesitas en ‘tu’ vida. Es muy intenso y doloroso cuando surge, porque realmente crees que necesitas que esta cosa ocurra. Aun cuando sabes que ‘todo en el universo es como debería ser’, no puedes sacudirte el pensamiento de que tu vida necesita esta mejora adicional, o de que nunca serás capaz de renunciar a ella, y tu vida será una miseria y carecerá de lo más importante. Entonces, obviamente, el único modo de hacer que tu ansiedad desaparezca es, aparentemente, actuar sobre ese anhelo doloroso, obsesionarte lo suficiente como para hallar un plan que logre tu objetivo, el objetivo de tener esa cosa que deseas.

De manera que el deseo de ‘mejorar’ tu vida, de tener la cosa que estás anhelando tan ansiosamente, se convierte en obsesión. Podría ser útil en este momento recordar cómo han funcionado este tipo de cosas para ti en el pasado.


Cuando lograste alguna vez la cosa deseada, ¿te alivió de la ansiedad? Probablemente. ¿Te sentiste bien? Sí. ¿Por cuánto tiempo? ¿Por cuánto tiempo, antes de que otra ansiedad se volviera tan intensa como la primera? ¿O antes de que la cosa que anhelabas se volviera decepcionante, o al menos, no todo lo buena que pensabas que sería? (Sí, incluso ‘estar iluminado’ se volverá decepcionante, porque es un falso objetivo). O, si el deseo nunca fue satisfecho, ¿cuánto tiempo transcurrió antes de que olvidaras todo acerca de ese deseo? ¿Cuántas cosas has deseado en tu vida que ni siquiera recuerdas ahora?

¡Cientos! ¡Miles! Así, en medio de la agónica ansiedad en torno a algo que deseas, recuerda que NO NECESITAS ACTUAR en relación a ella. Que tenga o no lugar el resultado deseado no es el punto. El punto es que AHORA hay ansiedad. Hay una terrible incomodidad, un miedo mezclado con anhelo, un terror de que las cosas no salgan ‘bien’. Eso es lo que realmente deseas cambiar: el sentimiento EN CURSO. Y tus fantasías sobre ‘mejorar’ o ‘arreglar’ tu vida sólo empeoran las cosas.

Dar vueltas y vueltas obsesivamente en torno a lo que necesitas hacer parece la única manera de sacudirte el terror que ha aparecido. Así que, ¿qué puedes hacer? La clave es saber que no es necesario actuar en relación a ningún sentimiento. Desaparecerá por sí mismo.

Saber que nada hay que arreglar, nada que hacer; sólo observar.

Tan sólo observar el surgimiento de este sentimiento de ansiedad: notar que es visto claramente en la conciencia, y saber que pasará.

El dolor está en pensar que ‘tú tienes que actuar a su respecto’. El dolor empeora pensando que tienes que hacerlo desaparecer actuando a su respecto (dado que ‘tú’ eres responsable de hacer todo lo necesario para dar lugar a las perfectas circunstancias para que esa ansiedad desaparezca).

Lo gracioso del asunto es que esa ansiedad desaparecerá por sí misma.

Simplemente observa cómo va apagándose y es reemplazada por otro pensamiento.

Puede tomar un tiempo, y puede que sea dolorosa mientras esté aquí, pero igual se desvanecerá.

Así que, cuando un sentimiento incómodo está aquí, es importante ver que simplemente pasará. Eso es todo.

Pero mientras está aquí, tan sólo observa con asombro cuán claro es.

Hay una clara luz de la conciencia que brilla ‘sobre’ ese sentimiento, y lo ves con compasión, sin desear hacer nada a su respecto. No hay ninguna razón para hacer algo con el objeto de aliviar la ansiedad o cualquier otro sentimiento incómodo. No es necesario actuar a su respecto. Ninguna acción tendrá un efecto satisfactorio.

Y si no es necesario actuar a su respecto, entonces puede olvidarse. Pasa, y eso es todo.

Recuerda que tú eres la clara luz de la conciencia que brilla ‘sobre’ todos los sentimientos y pensamientos que surgen.

¡No hay nadie residiendo en esos pensamientos y sentimientos!

¡No hay ‘nadie en casa’ en esa historia!

Los sentimientos vienen y van; a ellos nos apegamos, pero no tiene que ser así.

Ante todo, nada de ese sin sentido de que es necesario actuar a su respecto.

¡No hay nadie allí para efectuar ninguna acción!

El único UNO en el universo ya está ocupándose de todo, por toda la eternidad, y ESE UNO ERES TÚ: la luz de la conciencia misma.


 Annette Nibley



Emociones que enferman tu estómago: transfórmalas en energía curativa



 

Si padeces de estómago débil o enfermo, y tienes problemas estomacales como dolores, gastritis, úlceras, intolerancia a alimentos, hernia de hiato, reflujo o hasta cáncer, es momento de empezar una cura profunda a través de la energía que emiten tus emociones.

Muchas personas notan que por más medicinas y remedios que toman, su estómago no acaba de curarse. A veces los síntomas incluso se agudizan o empeoran, o regresan después de un tiempo de que se han ido. En este caso, sin duda debes considerar el aspecto emocional.

El estómago, como todo el cuerpo, es susceptible a ciertas emociones. Debemos considerar que el estómago es el lugar donde se desmenuzan los alimentos después de haber sido masticados, y desmenuzar, en el aspecto emocional, equivale a analizar y aceptar lo que se vive y siente para después podernos nutrir de ello.

El estómago de tu cabeza

Cuando vives una experiencia, podemos decir que una parte de tu cabeza “mastica” lo que has vivido, es decir, tu forma de ver y entender las cosas trata de poner lo que has vivido apto para poder “tragarse o pasarse”. Una vez que has masticado y pasado la experiencia, esta llega al estómago de tu cabeza, que es la parte de tu razón que trata de analizar y aceptar lo que has vivido. Pero, si tu razón o comprensión encuentran demasiado “pesado” el alimento, es decir, la experiencia que has vivido, o si tu comprensión siente que es “un trozo muy grande”, es decir, piensas que es “mucho para ti”, que “no lo puedes tolerar”, o que “en verdad te causa desconcierto, irritación, dolor, incertidumbre o miedo”, lo que has vivido, entonces a tu comprensión le costara desmenuzar la experiencia, y esto afectara tu estómago, pues la mente no reconoce si lo que piensas es verdad o mentira, o si es cierto o no, la mente pasa información de que algo fue “cayó” a tu estómago y este empieza a resentirlo.

Tu piensas que es difícil, complicado y muy doloroso, y esta información pasa a tu estómago. Es como si hubieras comido un pedazo de plástico que tu estómago sin duda resentirá.

Asi que las emociones relacionadas con un estómago débil son:

  • La intolerancia: “Es demasiado para mí”, “No puede ser”, “No lo tolero o digiero”, “No es correcto, es injusto”.
  • La irritación: “Me enfurece, me quema”, “¿Cómo pudo hacerme eso?” “He sido engañado”, “Me siento bruscamente invadida y dañada”, “Es un imbécil, lo odio.”
  • La incertidumbre: “¿Qué pasara ahora?”, “¿Qué voy a hacer sin …?”, “¿Y si no se soluciona?” “¿Y si me peleo nuevamente?”, ¿Y si no resulta?“
  • El miedo: “Temo no poder controlarlo”, “No voy a poder con esto, me aterra”, “Todo esto es demasiado nuevo para mí”.
  • Insuficiencia: “No tengo amor, admiración o aceptación suficiente de quien amo, no recibo el alimento afectivo que necesito”, “Necesito desesperadamente más atención, más amor”.

 

Enfermedades del estómago y sus emociones relacionadas:

INTOLERANCIA Y ENFADO:

  • Alergias a los alimentos, enfermedad celiaca, infecciones estomacales, nauseas y vómitos (definitivamente no lo tolero).
  • Gastritis, reflujo gástrico: me enfurece, me quema, me hiere profundamente.
  • Acidez estomacal: problemas u conflictos sobre todo con la familia, aquí hay que revisar los conflictos que se han tenido, y estar esperando los que vienen (el caos se puede desatar en cualquier momento).
  • Infecciones estomacales: no me puedo defender o quitar de esto que tanto me afecta y me hiere. Me siento profundamente invadida y/o sometida.
  • Pólipos: emociones que se endurecen dentro y que no estoy dispuesto a ver de nuevas formas.
  • Cáncer y tumores: Cuando la intolerancia o el enfado son fuertes y frecuentes, el cuerpo recibirá la información de que se necesita “más estómago” para desmenuzar la experiencia, y entonces vienen los tumores y el cáncer de estómago, que son un crecimiento falso y desproporcionado. En el cáncer de estómago el cerebro registra “algo muy grande y complejo de digerir”, así que envía la información de generar más ácido estomacal para que esto pueda ser desmenuzado y digerido, y esto provoca demasiado ácido en el estómago o una proliferación de células (cáncer) para que se pueda digerir ese “gran pedazo” que no es posible digerir.

INCERTIDUMBRE E INSUFICIENCIA:

  • Hernia de hiato: necesito amor y reconocimiento profunda y desesperadamente. Hay que considerar que el amor y el afecto son el alimento espiritual, cuando faltan o están en duda, el hiato, que es la válvula que abre y cierra para dejar pasar el alimento, esta tensa constantemente a recibir ese alimento afectivo.
  • Gastritis: no se si tendré su amor, y esto me genera mucho estrés.
  • Dolores estomacales, inapetencia o comer demasiado: no me siento llena ni satisfecha (afectivamente).

MIEDO:

  • Calambres estomacales, diarrea, nauseas: temo no poder enfrentar esto.
  • Cáncer: necesito urgentemente digerir esto antes de que suceda algo peor. Sensación de poder morir, o de que algo que nos importa demasiado muera (apego fuertes, amarre).

¿Cómo transformar la energía de estas emociones en energía curativa?

La energía de nuestras emociones refleja la forma en cómo estamos enfrentando algo, como lo vemos y como lo pensamos. Hay que tener en cuenta la forma en cómo aprendimos a ver la vida, lo que nos enseñaron los padres, el entorno y las situaciones que vivimos.

Cuando aprendimos a desconfiar, a juzgar a pensar que los demás nos pueden hacer daño, irritarnos o molestarnos, entonces admitimos este tipo de verdades o información en nuestro cuerpo y vida.

Lo primero: cambia tu forma de ver las cosas

Algunas personas piensan: “Yo soy así” “Nadie me puede cambiar” “Así reacciono yo”. Pero estos pensamientos no ayudan a fluir nuestra energía, sino que la estancan y hacen lenta y, digamos, espesa. Realmente nosotros somos lo que elegimos ser. Aunque hayamos aprendido muchas cosas, llega un momento en la vida en que, por ley de crecimiento y evolución, hay que aprender y trascender aquellas cosas que no nos están ayudando a generar realidades más grandiosas y, sobre todo, salud.

Si padeces de estómago débil o enfermo, es momento de que observes tu forma de pensar y ver las cosas. Observa lo que piensas de ciertas personas que te enfadan, y cuantos juicios hay al respecto. Observa, sobre todo, cuanto esperas de los demás, que sean algo que tu crees, y trata de apuntar o escribir todo esto para que lo tengas más claro. Luego, observa de donde vienen estas creencias. Quizá las personas que te criaron veían la vida así, o tuviste o viste algo que reafirmó estas creencias.

Es muy importante que empieces a ver tu forma de comprender las cosas, y empieces a dejar atrás actitudes que te están enfermando. A veces nos enseñan a tolerar lo que no queremos, a aguantar situaciones que nos hacen infelices, a desconfiar de nuestra propia capacidad creativa. Y esto nos enferma tarde o temprano porque nuestra energía no está fluyendo hacia donde sinceramente queremos. La infelicidad, se puede decir, es la causa más profunda de prácticamente todas las enfermedades.

Cuando somos infelices nos irritamos, estamos soportando y no viviendo, tenemos miedos y falta de confianza en nosotros. Llegamos a odiar, porque necesitamos mucho de los demás.

Por ejemplo:

Roberto padecía fuerte gastritis y reflujo gástrico. Tomaba cuanta medicina le indicaran y no salía del doctor. El no creía que sus pensamientos afectaban su vida, porque era maestro de yoga y practicaba meditación diariamente, dos horas seguidas, haciendo no solo ejercicios sino meditación y respiración profunda. Pero la gastritis aumentaba. Cuando llegó conmigo su gastritis y reflujo eran severos. Me platicó algunas cosas de su vida. Tenía un trabajo donde lo trataban mal y además no le gustaba, se sentía muy poco realizado, a su edad sentía no había logrado “nada”.

Así que durante varios años había salido a trabajar sintiendo intolerancia, insatisfacción. Mucho enojo con su vida. Y en el fondo, había miedo, no se atrevía a cambiar de trabajo por miedo a no encontrar otro mejor, pero sobre todo, a no tener dinero un tiempo. El estrés subía, y trataba de calmarlo con meditación.

La gastritis avanzaba rápidamente. Al hablar le hice que tomara consciencia de que no importaba cuanto meditara, que la vida era la principal meditación, y si él no cambiaba de vida y de forma de ver las cosas, avanzaría su reflujo y debilidad estomacal. Me hizo ver su fuerte desilusión por no haber podido realizar el sueño de su vida: tener su propio hotel. Lo animé a que buscara su felicidad, y que si el lugar donde estaba no se la daba, entonces él debía buscar el lugar donde sintiera podría crecer, seguir sus sueños. Después de mucho pensarlo y meditarlo, por fin decidió dejar el trabajo que tenia. Tuvo que vencer el miedo al futuro (a no encontrar trabajo y una fuente de ingresos), y su sensación de no poder realizar lo que quería. Pero se animó pensando en que no tenía ya mucho que perder.

Cuando dejó el trabajo, su reflujo era tan severo que optó por la operación, cosa que le causó mucho estrés, el pago de doctores, médicos y demás. Yo lo animaba a que confiara, a que se enfocara en lo que quería atraer, que si quería atraer un trabajo no aceptara el que fuese, sino uno que le gustara. Pasó el momento del “caos”, es decir, del acomodo a lo nuevo. Y después de pocas semanas, llegó una propuesta en su vida: manejar un hotel.

Todo esto, mas una dieta propicia que desde el principio se le indico, ayudaron a que su estómago poco a poco fuese recuperándose.

Así que ya habrás notado como, cuando no estamos contentos con nuestras vidas, podemos caer en sentirnos víctimas de los demás, nos irritamos muy fácil, estamos viviendo en función de muchas creencias que ya no nos hacen crecer. Y esto, sin duda, enferma nuestro estómago y nuestra vida.

Aprende a transformar

Transformar significa “ir más allá de la forma”. Así que ve más allá de la forma en cómo piensas y ves la vida, enfócate en hacer crecer lo que realmente quieres. Puedes ir detectando las cosas que ya no te hacen feliz, aquellas experiencias que te hicieron sentir miedo e irritación: aprende de ellas, aprende a ver las cosas de forma diferente: si te irrita o enfada mucho alguien o algo, tú eres el único que puede cambiar las circunstancias. Pero te tienes que atrever, a entender a los demás, a que tu felicidad es tu responsabilidad, y que los demás hacen lo que pueden con su comprensión.

Confiar en ti y en lo que la vida trae requiere de que empieces sobre todo a formular pensamientos que te hagan sentir con más confianza y ánimo por crear tu vida. Si cada mañana empiezas a enfocarte en tu felicidad y confianza, aparecerán poco a poco las cosas que necesitas, y veras como la enfermedad empieza a irse por donde vino.

 

FUENTE: Laura Garcés