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martes, 30 de noviembre de 2021

6 pilares de la psiquiatría nutricional

 


Traducido con Amor desde… https://umanaidoomd.com

 

La psiquiatría nutricional sigue seis pilares del uso de los alimentos como medicina para la salud mental. Comprender estos es su primer paso para mejorar su dieta y su salud metabólica y lograr un bienestar óptimo.

Sea entero, coma entero: Hacemos hincapié en seguir la regla 80/20. Con esto, el 80% de su dieta debe concentrarse en alimentos enteros y reales con mucha fibra (¡el mejor amigo de su intestino y cerebro!). Esto incluye verduras, frutas, nueces, semillas, legumbres, cereales integrales y proteínas. El 20% restante del tiempo le permite cierta flexibilidad.

Come el arcoíris: los alimentos vegetales de diferentes colores contienen diferentes nutrientes que estimulan el cerebro, así que para optimizar la calidad de los nutrientes de tu dieta, ¡asegúrate de comer el arcoíris! Con cada comida, esfuérzate por llenar el 75% de tu plato con verduras enteras, ricas en fibra y de bajo índice glucémico, como verduras de hoja verde, pepinos, rábanos, berenjenas, champiñones y tomates. El resto de tu comida debe incluir grasas saludables como aceite de oliva o coco, nueces o semillas, carbohidratos de bajo índice glucémico como coliflor o quinua, y fuentes de proteínas de calidad como salmón, carne de res de animales alimentados con pastura, sardinas, garbanzos y lentejas. ¡Estos alimentos son importantes para mantener los tejidos, mantener baja la inflamación y aumentar el buen humor!

1-Cuanto más verde, mejor: ¡Todos sabemos que las verduras le hacen bien al cuerpo, y en psiquiatría nutricional sabemos que las verduras también le hacen bien a la mente! Las verduras de hoja incluyen espinacas, acelgas, col, rúcula, lechuga romana y hojas de diente de león, y le recomendamos que coma de 2 a 3 tazas al día. Los verdes contienen folato , una vitamina importante que mantiene la función de nuestros neurotransmisores. Su consumo se ha asociado con una disminución de los síntomas depresivos y una mejor cognición.

2-Aprovecha la inteligencia de tu cuerpo: un aspecto importante del bienestar mental es la atención plena y la capacidad de reconocer cómo te hacen sentir las cosas, incluida la comida, y actuar en consecuencia. Si te sientes malhumorado o agotado y necesitas una siesta horas después de un desayuno azucarado de panqueques y jarabe de arce, tenlo en cuenta la próxima vez que elijas tu comida de la mañana. Si algo no te hace sentir bien después de comerlo, probablemente no sea bueno para ti. Presta atención a tus síntomas de salud mental en respuesta a varios alimentos y usa esta inteligencia corporal para guiarte.

3-¡La consistencia y el equilibrio son la clave! Nuestras mentes están con nosotros por el resto de nuestras vidas. Para optimizar nuestra salud mental de manera duradera, es importante crear cambios sostenibles en la dieta y el estilo de vida en lugar de caer en soluciones rápidas o dietas milagrosas. Seguir la regla 80/20 descrita en el Pilar 1 es una excelente manera de lograr el equilibrio, es una manera sostenible.

4-Evita los alimentos que provocan ansiedad: el pilar final es muy importante para que todos los pilares anteriores sean significativos. Acepta los cambios positivos que has realizado en tu dieta y su relación con la comida y evita los alimentos que socavarán sus esfuerzos. Los alimentos inflamatorios que inducen ansiedad, como los azúcares agregados y refinados en los alimentos, los aceites de semillas industriales (soja, maíz y semilla de uva), los alimentos procesados ​​que contienen nitrato y las carnes no son favorables para la salud mental. Escucha a tu cuerpo después de comerlos y considera qué alimentos coloridos y ricos en fibra te harían sentir mejor.

 

El chef David Bouley, galardonado con una estrella Michelin, describió a la Dra. Uma Naidoo como la primera "triple amenaza" del mundo en el ámbito de la alimentación y la medicina: una psiquiatra capacitada en Harvard, una chef profesional que se graduó con el premio más codiciado de sus escuelas culinarias y una especialista en nutrición capacitada. Su nexo de intereses ha encontrado su nicho en la Psiquiatría Nutricional.

La Dra. Naidoo fundó y dirige el primer Servicio de Psiquiatría Nutricional en un hospital en los Estados Unidos. Es directora de Psiquiatría Nutricional y de Estilo de Vida en el Hospital General de Massachusetts (MGH) y directora de Psiquiatría Nutricional en MGH Academy mientras se desempeña en la facultad de la Facultad de Medicina de Harvard.

Es considerada la experta en alimentos del estado de ánimo de Harvard.

https://umanaidoomd.com/6-pillars-of-nutritional-psychiatry/



viernes, 8 de octubre de 2021

"La relación entre cerebro e intestino es fascinante"

La médico y divulgadora Giulia Enders 

Acaba de publicar "La digestión es la cuestión", donde explica de forma clara y amena cómo funciona el intestino, "el órgano más infravalorado del cuerpo humano"

  • La médico y divulgadora Giulia Enders se ha convertido en un fenómeno viral en la red con sus monólogos sobre el intestino

 

Cuando tenía 17 años, un buen día le apareció una pequeña herida en la pierna derecha que no había manera de que se curara. Después de visitar varias veces al médico, de probar pomadas y tratamientos, y de que el cuerpo entero se le llenara de aquellas heridas, topó con un informe sobre un hombre al que le había sucedido algo parecido después de tomar antibióticos. ¡Y ella también los había tomado un par de semana antes de que empezara su calvario! Entonces empezó a investigar porque quería entender qué relación había entre sus problemas de piel, su intestino y los millones de micro ocupas que lo habitan, la microbiota.

Así fue como Giulia Enders decidió estudiar medicina y especializarse en gastroenterología y ahondar más en todo lo que ocurría en su aparato digestivo. Sus compañeros de piso, explica, solían avasallarla a preguntas -¿cómo se hace la caca?- y se encontraba en muchas fiestas hablando sobre las curiosidades del intestino.

Tras presentarse hace tres años a un concurso de ciencia para jóvenes – al estilo de los monólogos científicos que organiza la Fecyt- y ganarlo, su charla se convirtió en un fenómeno viral en YouTube. Y decidió escribir un libro, “La digestión es la cuestión” (Ed. Urano, 2015), sobre el que seguramente es el órgano más infravalorado del cuerpo, el intestino.

El cerebro está de moda, se publican muchos libros de neurociencia. También sobre el corazón. Pero, ¿sobre el intestino?

[Ríe] ¡Para mí es muy sexy, mucho más que el cerebro! Entiendo que ir al lavabo no es lo más fascinante del mundo cuando no se sabe mucho acerca de este increíble órgano. Pero simplemente saber un poquito más sobre él, sobre cómo nos cuida y todo lo que hace por nosotros, nos haría caer a sus pies.

¿Como por ejemplo qué?

¿Sabías que tienes dos esfínteres en el ano, uno exterior y otro interior, que trabajan de manera coordinada? El de dentro se encarga de supervisar el estado del intestino, de ver cuándo hace falta evacuar, ya sea caca o pedos. Entonces avisa al de fuera, que se comunica constantemente con el cerebro y recibe órdenes de él: “Aquí no podemos, es un lavabo público” o “¡No! Que te pueden oír u oler!”. Cuando el cerebro dice no, este esfínter se cierra en banda y no hay nada que hacer. Yo soy muy fan del musculito interior, que sólo se preocupa por mi bienestar. ¡Es una de mis partes del cuerpo preferidas! Ahora cuando él me avisa y me dice ‘Eps, hay que ir al baño’, ¡yo lo apoyo! Y hay más cosas fascinantes sobre el intestino. ¿Sigo?

Adelante…

El cerebro está ahí arriba, aislado, y necesita para funcionar bien información, que le llega de los oídos, de los ojos, de la piel pero también del intestino que sabe qué comemos, cómo nos sentimos. Además el sistema inmune alberga muchas células del sistema inmunitario. Cuando enfermamos, son sentimos emocionalmente chafados. O cuando tenemos mucha hambre, estamos de un humor de perros. Me parece fascinante esa relación entre neuronas e intestino, que es aún más evidente en algunas enfermedades. Por ejemplo, las personas que padecen colon irritable o Crohn o síndrome inflamatorio del intestino tienen un riesgo incrementado de padecer depresión. O el estrés.

Mal moderno.

Cuando hay estrés, el cerebro le manda al intestino un mensaje: ‘Necesito energía extra’, y el intestino, solidario, reduce sus funciones. Hay menos flujo de sangre en el intestino, y también menos mucosa protectora recubriendo sus paredes. Cuando la situación de estrés se mantiene durante mucho tiempo y deja de ser excepcional para convertirse en habitual, esa barrea protectora se hace más finas, y las bacterias se acercan a la pared del intestino y las sustancias químicas que producen inflaman el intestino y también pueden pasar a la sangre. Y como el intestino y el cerebro está conectados, eso puede hacerme sentir aún más estresada.

¿Qué papel ejerce la microbiota?

Está conectada a un sinfín de cosas, como el peso. En estudios con ratones, cuando le damos a los ratones con la dieta unas determinadas bacterias, por ejemplo, que suelen ser frecuentes en los intestinos de la gente obesa y los roedores engordaban. Y cuando les das bacterias de las tripas de gente delgada, adelgazan, aunque coman la misma comida. Estudios recientes sugieren que la microbiota influencia nuestro estado de humor. Piensa que tenemos 23.000 genes humanos y más de dos millones de genes microbianos. Tenemos más ADN de bacteria que humano. La bacterias que tenemos en nuestro organismo nos ayudan a adaptarnos a cambios en el entorno. Llevamos conviviendo con ellas millones de años.

En su libro dice que la bacteria Helicobacter Pylori, que a tantas personas les provoca problemas de estómago, es una de “las mascotas más antiguas que tenemos”.

¡Así es! Y no es tan mala como la pintan. De hecho, ejerce un papel protector contra enfermedades autoinmunes, porque es capaz de enseñar a nuestras defensas a ser algo más tolerantes ante sustancias inocuas, como el polen o el gluten. Pero es cierto que algunos Helicobacter tienen genes distintos y entonces pueden atacarnos. Por eso la OMS dice que hay que erradicarlo sólo si tienes problemas. Si no, mejor conserva a tu mascota.

¿Hay alguna dieta mejor que otra para el aparato digestivo?

No me gusta recomendar dietas, creo que cada uno debe encontrar aquello que le funciona. Porque si sigues consejos de unos y de otros, al final hay tantos y algunos contradictorios, que es para volverse majareta. En mi caso, yo dejé de comer gluten porque tenía un problema en la piel y a mí me fue bien. Pero si alguien no tiene problemas, ¿por qué no comerlo? Cada uno debe experimentar qué le sienta mejor. Eso sí, podemos mimar a nuestras mascotas, las miles de millones de bacterias que viven en el intestino y nos ayudan a digerir los alimentos y también entrenan nuestro sistema inmunitario, con prebióticos: espárragos, alcachofas, plátanos, cebolla, centeno, avena, puerro, trigo integral.. El que más le guste a cada uno.

¿Lo tiene en cuenta cuando cocina?

¡Qué va! Lo que pasa es que hay algunos prebióticos que me chiflan y los pongo en todas partes. A la hora de cocinar y de comer, me dejo llevar por mi apetito. El único momento en que escojo a conciencia y desde el cerebro mi dieta es en épocas de mucho trabajo, o de exámenes, en las que vivo mucho aquí arriba [se señala la cabeza]. La vida se ha vuelto muy estresante; antes la gente se enfrentaba a una tarea estresante pero luego se relajaba. Ahora siempre estamos estresados. Hemos perdido por completo la conexión con nuestro cuerpo, todo el día centrados en la pantalla del ordenador, dejando de lado el resto. No puede ser, hay que reconectarnos, ver cómo nos sentimos en cada momento. Por eso, cuando estoy super estresada decidido parar de manera consciente y cuidar un poco a mis bacterias, que tanto hacen por mí. Y darles prebióticos. Les encanta la fibra. Yo las cuido, ellas me cuidan.

Por cierto, ¿tiene lavabo turco en casa?

¿Me preguntas si hago caca en cuclillas? ¿Es eso? [Ríe a carcajadas] No, no, qué va. Vivo en un apartamento compartido con otros cinco estudiantes en un edificio muy viejo de Fráncfort. Y tenemos un baño tradicional. En el libro recomiendo que aquellas personas que tienen problemas prueben a hacer caca agachados, va muy bien. Si no se puede, pueden probar a ponerse una caja o algo que les levante las piernas cuando están sentados en el retrete; y que echen el cuerpo hacia delante, de manera que quede en la misma postura que si estuvieran en cuclillas. Mano de santo. Si no tienes problemas, puedes hacer caca como quieras y donde quieras.

http://www.lavanguardia.com/ciencia/quien/20150724/54433591348/giulia-enders-la-digestion-es-la-cuestion.html

viernes, 23 de abril de 2021

"La relación entre cerebro e intestino es fascinante"

 




La médico y divulgadora Giulia Enders 

Acaba de publicar "La digestión es la cuestión", donde explica de forma clara y amena cómo funciona el intestino, "el órgano más infravalorado del cuerpo humano"

  • La médico y divulgadora Giulia Enders se ha convertido en un fenómeno viral en la red con sus monólogos sobre el intestino

Cuando tenía 17 años, un buen día le apareció una pequeña herida en la pierna derecha que no había manera de que se curara. Después de visitar varias veces al médico, de probar pomadas y tratamientos, y de que el cuerpo entero se le llenara de aquellas heridas, topó con un informe sobre un hombre al que le había sucedido algo parecido después de tomar antibióticos. ¡Y ella también los había tomado un par de semana antes de que empezara su calvario! Entonces empezó a investigar porque quería entender qué relación había entre sus problemas de piel, su intestino y los millones de micro ocupas que lo habitan, la microbiota.

Así fue como Giulia Enders decidió estudiar medicina y especializarse en gastroenterología y ahondar más en todo lo que ocurría en su aparato digestivo. Sus compañeros de piso, explica, solían avasallarla a preguntas -¿cómo se hace la caca?- y se encontraba en muchas fiestas hablando sobre las curiosidades del intestino.

Tras presentarse hace tres años a un concurso de ciencia para jóvenes – al estilo de los monólogos científicos que organiza la Fecyt- y ganarlo, su charla se convirtió en un fenómeno viral en YouTube. Y decidió escribir un libro, “La digestión es la cuestión” (Ed. Urano, 2015), sobre el que seguramente es el órgano más infravalorado del cuerpo, el intestino.

El cerebro está de moda, se publican muchos libros de neurociencia. También sobre el corazón. Pero, ¿sobre el intestino?

[Ríe] ¡Para mí es muy sexy, mucho más que el cerebro! Entiendo que ir al lavabo no es lo más fascinante del mundo cuando no se sabe mucho acerca de este increíble órgano. Pero simplemente saber un poquito más sobre él, sobre cómo nos cuida y todo lo que hace por nosotros, nos haría caer a sus pies.

¿Como por ejemplo qué?

¿Sabías que tienes dos esfínteres en el ano, uno exterior y otro interior, que trabajan de manera coordinada? El de dentro se encarga de supervisar el estado del intestino, de ver cuándo hace falta evacuar, ya sea caca o pedos. Entonces avisa al de fuera, que se comunica constantemente con el cerebro y recibe órdenes de él: “Aquí no podemos, es un lavabo público” o “¡No! Que te pueden oír u oler!”. Cuando el cerebro dice no, este esfínter se cierra en banda y no hay nada que hacer. Yo soy muy fan del musculito interior, que sólo se preocupa por mi bienestar. ¡Es una de mis partes del cuerpo preferidas! Ahora cuando él me avisa y me dice ‘Eps, hay que ir al baño’, ¡yo lo apoyo! Y hay más cosas fascinantes sobre el intestino. ¿Sigo?

Adelante…

El cerebro está ahí arriba, aislado, y necesita para funcionar bien información, que le llega de los oídos, de los ojos, de la piel pero también del intestino que sabe qué comemos, cómo nos sentimos. Además el sistema inmune alberga muchas células del sistema inmunitario. Cuando enfermamos, son sentimos emocionalmente chafados. O cuando tenemos mucha hambre, estamos de un humor de perros. Me parece fascinante esa relación entre neuronas e intestino, que es aún más evidente en algunas enfermedades. Por ejemplo, las personas que padecen colon irritable o Crohn o síndrome inflamatorio del intestino tienen un riesgo incrementado de padecer depresión. O el estrés.

Mal moderno.

Cuando hay estrés, el cerebro le manda al intestino un mensaje: ‘Necesito energía extra’, y el intestino, solidario, reduce sus funciones. Hay menos flujo de sangre en el intestino, y también menos mucosa protectora recubriendo sus paredes. Cuando la situación de estrés se mantiene durante mucho tiempo y deja de ser excepcional para convertirse en habitual, esa barrea protectora se hace más finas, y las bacterias se acercan a la pared del intestino y las sustancias químicas que producen inflaman el intestino y también pueden pasar a la sangre. Y como el intestino y el cerebro está conectados, eso puede hacerme sentir aún más estresada.

¿Qué papel ejerce la microbiota?

Está conectada a un sinfín de cosas, como el peso. En estudios con ratones, cuando le damos a los ratones con la dieta unas determinadas bacterias, por ejemplo, que suelen ser frecuentes en los intestinos de la gente obesa y los roedores engordaban. Y cuando les das bacterias de las tripas de gente delgada, adelgazan, aunque coman la misma comida. Estudios recientes sugieren que la microbiota influencia nuestro estado de humor. Piensa que tenemos 23.000 genes humanos y más de dos millones de genes microbianos. Tenemos más ADN de bacteria que humano. La bacterias que tenemos en nuestro organismo nos ayudan a adaptarnos a cambios en el entorno. Llevamos conviviendo con ellas millones de años.

En su libro dice que la bacteria Helicobacter Pylori, que a tantas personas les provoca problemas de estómago, es una de “las mascotas más antiguas que tenemos”.

¡Así es! Y no es tan mala como la pintan. De hecho, ejerce un papel protector contra enfermedades autoinmunes, porque es capaz de enseñar a nuestras defensas a ser algo más tolerantes ante sustancias inocuas, como el polen o el gluten. Pero es cierto que algunos Helicobacter tienen genes distintos y entonces pueden atacarnos. Por eso la OMS dice que hay que erradicarlo sólo si tienes problemas. Si no, mejor conserva a tu mascota.

¿Hay alguna dieta mejor que otra para el aparato digestivo?

No me gusta recomendar dietas, creo que cada uno debe encontrar aquello que le funciona. Porque si sigues consejos de unos y de otros, al final hay tantos y algunos contradictorios, que es para volverse majareta. En mi caso, yo dejé de comer gluten porque tenía un problema en la piel y a mí me fue bien. Pero si alguien no tiene problemas, ¿por qué no comerlo? Cada uno debe experimentar qué le sienta mejor. Eso sí, podemos mimar a nuestras mascotas, las miles de millones de bacterias que viven en el intestino y nos ayudan a digerir los alimentos y también entrenan nuestro sistema inmunitario, con prebióticos: espárragos, alcachofas, plátanos, cebolla, centeno, avena, puerro, trigo integral.. El que más le guste a cada uno.

¿Lo tiene en cuenta cuando cocina?

¡Qué va! Lo que pasa es que hay algunos prebióticos que me chiflan y los pongo en todas partes. A la hora de cocinar y de comer, me dejo llevar por mi apetito. El único momento en que escojo a conciencia y desde el cerebro mi dieta es en épocas de mucho trabajo, o de exámenes, en las que vivo mucho aquí arriba [se señala la cabeza]. La vida se ha vuelto muy estresante; antes la gente se enfrentaba a una tarea estresante pero luego se relajaba. Ahora siempre estamos estresados. Hemos perdido por completo la conexión con nuestro cuerpo, todo el día centrados en la pantalla del ordenador, dejando de lado el resto. No puede ser, hay que reconectarnos, ver cómo nos sentimos en cada momento. Por eso, cuando estoy super estresada decidido parar de manera consciente y cuidar un poco a mis bacterias, que tanto hacen por mí. Y darles prebióticos. Les encanta la fibra. Yo las cuido, ellas me cuidan.

Por cierto, ¿tiene lavabo turco en casa?

¿Me preguntas si hago caca en cuclillas? ¿Es eso? [Ríe a carcajadas] No, no, qué va. Vivo en un apartamento compartido con otros cinco estudiantes en un edificio muy viejo de Fráncfort. Y tenemos un baño tradicional. En el libro recomiendo que aquellas personas que tienen problemas prueben a hacer caca agachados, va muy bien. Si no se puede, pueden probar a ponerse una caja o algo que les levante las piernas cuando están sentados en el retrete; y que echen el cuerpo hacia delante, de manera que quede en la misma postura que si estuvieran en cuclillas. Mano de santo. Si no tienes problemas, puedes hacer caca como quieras y donde quieras.

http://www.lavanguardia.com/ciencia/quien/20150724/54433591348/giulia-enders-la-digestion-es-la-cuestion.html


sábado, 10 de abril de 2021

Siete Suplementos que Estimularán tu Cerebro. Por el Dr. David Perlmutter

“el hombre sagrado no efectúa el tratamiento cuando la enfermedad ya está formada, sino que la previene; no trata el desorden, sino que lo evita. Tratar a un paciente cuando ya está enfermo es como remediar un desorden en un país, cuando ya está creado. Las dos cosas son como cavar un pozo cuando se tiene sed, o fabricar armas cuando se está en plena batalla. ¿No es demasiado tarde?”.-El Huang di Nei Jing, siglo II A.C.

David Perlmutter es reconocido internacionalmente como un experto en el campo de las influencias nutricionales sobre los trastornos neurológicos. Es neurólogo, miembro del American College of Nutrition. Graduado en medicina por la universidad de Miami, donde fue galardonado con el premio de investigación G. Leonard a la mejor investigación de un estudiante de medicina. Después de completar la residencia en Neurología, ejerció la práctica privada. Actualmente es profesor asociado de la universidad de Miami y conferenciante en simposios patrocinados por instituciones médicas, la Universidad de Harvard, la Universidad de Arizona, el Instituto Scripps de la Universidad de Nueva York y la Universidad de Columbia. En su libro “Brain Grain” (Cerebro de Pan), nos habla de los efectos nocivos de los carbohidratos sobre nuestros cerebros y de siete alimentos que ayudan a que éste funcione mejor.

“Me encanta cuando las tiras cómicas exponen una cruda verdad apenas en un parpadeo, tiempo suficiente para absorber el dibujo y el texto al pie de la imagen. Esta me llamó la atención hace ya varios años, pues desde entonces he pensado que ojalá más médicos fueran tan inteligentes como el caricaturista Randy Glasbergen. Tomando en cuenta todos los datos científicos que he acumulado desde que se publicó este dibujo en 2004, podríamos agregar a la leyenda: “…Y le preparó para padecer una enfermedad neurológica”. David Perlmutter

 

La triste realidad del mundo de los médicos de nuestro tiempo es que es difícil obtener información útil, sobre cómo prevenir los trastornos cerebrales durante una consulta con un internista. Hoy en día, las consultas médicas duran a lo sumo 15 minutos y son atendidas por médicos que puede que estén al día o no, de los nuevos descubrimientos o los datos más recientes sobre cómo preservar las facultades mentales. Lo más perturbador es que muchos de los médicos actuales, que estudiaron la especialidad hace décadas, no tienen nociones sólidas de nutrición y de sus efectos sobre la salud.

No lo digo para echar tierra a la industria de la que vivo, sino que sólo estoy señalando una verdad que en general es consecuencia de la economía. Tengo la esperanza de que la siguiente generación de doctores estará más equipada para inclinar la balanza hacia el lado de la prevención, en lugar de enfocarse tanto en el tratamiento.

Esto me lleva a los suplementos alimenticios que, recomiendo, para subsanar posibles problemas, relacionados con un buen funcionamiento cerebral:

 

DHA: El ácido docosahexaenoico (DHA) es una estrella en el reino de los suplementos. El DHA es un ácido graso omega 3 que representa más de 90% de las grasas omega 3presentes en el cerebro. La mitad del peso de la membrana de plasma de las neuronas está compuesta de DHA. Además, es un componente clave del tejido cardiaco.

La fuente más rica en DHA en la naturaleza es la leche materna humana. Eso explica por qué suele reiterarse la importancia de amamantar para la salud neurológica y el desempeño futuro del infante. La segunda fuente más importante es el aceite procedente del pescado o las algas marinas. En realidad, no importa si compras DHA derivado de aceite de pescado o de algas, aunque sugiero que optes por el segundo si eres vegetariano.

 

 

RESVERATROL: La magia detrás de los beneficios para la salud, de beber una copa de vino tinto al día, tiene mucho que ver con este componente natural que se encuentra en las uvas, el cual no sólo desacelera el envejecimiento, mejora el flujo de sangre al cerebro y promueve la salud del corazón, sino que también refrena las células grasas al inhibir su desarrollo. Ahora bien, no obtendrás suficiente resveratrol de una copa de vino, de ahí la posibilidad de tomar un suplemento con dosis mayores para cosechar sus beneficios.

Dado que esta “molécula milagro” protege a las células contra un rango notable de enfermedades, con frecuencia se le publicita como asistente del sistema inmunológico en la defensa del cuerpo. En la última década, hemos descifrado cómo es posible esto, gracias, en gran medida, al trabajo del doctor David Sinclair, de Harvard, quien descubrió la capacidad que tiene este suplemento de activar ciertos genes llamados sirtuinas, los cuales promueven la longevidad.

En 2010, un equipo de científicos de la Universidad de Northumbria, en el Reino Unido, publicó un estudio en el American Journal of Clinical Nutrition que justamente discutía por qué el resveratrol puede ser tan efectivo para optimizar la función cerebral. En él explicaban un experimento que consistía en dar resveratrol a 24 estudiantes. Tras él resultado se registró un incremento en la irrigación cerebral mientras realizaban distintas tareas mentales. Cuanto más difícil era la tarea, mejor el efecto del resveratrol.

Independientemente de otras muchas cuestiones, por ahora sabemos que podemos hacer un bien a nuestro cerebro si agregamos una dosis modesta de este compuesto al día.

 

CÚRCUMA: La cúrcuma (Cúrcuma longa), miembro de la familia del jengibre, es sujeto de intensas investigaciones científicas, muchas de las cuales evalúan las actividades antiinflamatorias y antioxidantes que derivan de su ingrediente activo, la curcumina. La cúrcuma es el condimento que le da al curry su color amarillo, y se ha usado durante miles de años en la medicina china e india como remedio natural para una serie de afecciones. En un reporte publicado en el American Journal of Epidemiology, los investigadores estudiaron la asociación entre el nivel de consumo de curry y la función cognitiva de ancianos asiáticos. Quienes consumían curry “de manera ocasional” y “con frecuencia o con mucha frecuencia” obtuvieron evaluaciones mucho mejores en pruebas específicas diseñadas para medir la función cognitiva que quienes “nunca o rara vez” la consumían.

Una de las armas secretas de la curcumina es su capacidad para activar genes que producen una amplia gama de antioxidantes, los cuales sirven para proteger nuestras preciadas mitocondrias. Asimismo, mejora el metabolismo de la glucosa. Todas estas propiedades ayudan a reducir los riesgos de desarrollar trastornos neurológicos.


PROBIÓTICOS: Las impresionantes investigaciones realizadas en los últimos años han demostrado que consumir alimentos ricos en probióticos, microorganismos que ayudan a la flora intestinal, puede influir en el comportamiento del cerebro y ayudar a aliviar el estrés, la ansiedad y la depresión. Los probióticos nutren y fortalecen a estas tribus de “buenas bacterias” que viven en los intestinos y ayudan a la digestión.

Asimismo, influyen en la producción, absorción y transporte de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el factor de crecimiento nervioso, que son esenciales para la salud cerebral y la función neuronal. Para entender cómo es posible esto se requiere que hagamos un repaso breve de los fundamentos científicos de la comunicación entre flora, intestino y cerebro. El intestino es conocido también como “segundo cerebro”, es un área de investigación fascinante y activa, que ha demostrado, después de extensos estudios realizados en años recientes, que hay una carretera de comunicación íntima entre el cerebro y el sistema digestivo.

A través de esta conexión de dos vías, el cerebro recibe información sobre lo que está ocurriendo en el intestino, mientras que el sistema nervioso central envía la información de vuelta a él para garantizar su óptimo funcionamiento. Esta ida y vuelta de información nos ayuda a controlar nuestro comportamiento alimenticio y nuestra digestión, e incluso a dormir bien durante las noches. El intestino también envía señales hormonales que transmiten al cerebro sensaciones de satisfacción, hambreo hasta dolor por inflamación intestinal.

En el caso de enfermedades y padecimientos que afectan el sistema digestivo, como una celiaquía no controlada, síndrome de colon irritable o enfermedad de Crohn, el intestino puede tener una gran influencia en nuestro bienestar, en la manera en que nos sentimos, en qué tan bien dormimos, en cuánto dolor sentimos e, incluso, en cómo pensamos. Los investigadores están buscando cuál es el papel que desempeñan algunas cepas de bacterias intestinales en la obesidad, en los trastornos gastrointestinales inflamatorios y funcionales, en el dolor crónico y en el autismo y la depresión, así como la influencia que tienen en nuestras emociones.

Este sistema es tan intrincado e influyente que la salud intestinal podría tener más injerencia en nuestra percepción de la salud general de lo que hemos imaginado. La información que se procesa ahí y se envía al cerebro tiene todo que ver con la sensación de bienestar. Por lo tanto, si podemos dar apoyo a este sistema consumiendo las principales sustancias que colaboran con él, es decir, bacterias intestinales saludables, ¿por qué no hacerlo? Aunque muchos alimentos, como yogurts y varias bebidas, han sido suplementadas con probióticos, por lo regular también vienen cargadas de azúcar en exceso. (Los alimentos fermentados en casa, kéfir, Kimchi, chucrut… son portadores de estos millones de bacterias beneficiosas).

 

 

ACEITE DE COCO: Como ya he dicho, el aceite de coco puede ayudar a prevenir y a tratar algunos estados de trastornos neurodegenerativos. Es un supercombustible para el cerebro que además reduce la inflamación. Basta con beber una cucharadita o usarlo para la preparación de alimentos. Este aceite es termosensible, así que puedes cocinarlo a altas temperaturas.   

 

ÁCIDO ALFA-LIPOICO: Este ácido graso se encuentra en todas las células del cuerpo, donde es necesario para producir energía para las funciones normales del cuerpo. Es capaz de cruzar la barrera hematoencefálica y funciona como un antioxidante poderoso para el cerebro, tanto en tejidos grasos como acuosos. En la actualidad los científicos lo están investigando como tratamiento potencial para prevenir las apoplejías y otros padecimientos del cerebro que involucran el daño ocasionado por los radicales libres, como la demencia.

Aunque el cuerpo puede producir cantidades adecuadas de este ácido graso, nuestro estilo de vida moderno y la prevalencia de una dieta inadecuada hacen que podamos necesitar consumirlo en forma de suplemento. (El brócoli es una muy buena fuente de ácido alfa-lipoico).

VITAMINA D: Se ha hecho mal en darle ese nombre, porque en realidad no es una “vitamina”, sino una hormona esteroidea soluble en grasa. Aunque la mayoría de la gente la asocia sólo con la salud ósea y con los niveles de calcio, de ahí que suela añadirse a la leche, ésta tiene efectos mucho más extensos en el cuerpo, sobre todo en el cerebro. Ahora sabemos que en todo el sistema nervioso central hay receptores de vitamina D, y también que ayuda a regular las enzimas en el cerebro y en el líquido cefalorraquídeo implicadas en la producción de neurotransmisores, además de que estimula el crecimiento de los nervios. Tanto los estudios de laboratorio como los realizados en animales han indicado que la vitamina D protege las neuronas del daño causado por los radicales libres y reduce la inflamación. Permíteme compartirte algunos hallazgos claves:

a) Los reportes demuestran que el riesgo de deterioro cognitivo se reduce un 25% en individuos con niveles más elevados de vitamina D (individuos con una deficiencia grave en uno de estos estudios demostraron tener 60% más probabilidades de padecer un deterioro cognitivo en los seis años durante los cuales se les dio seguimiento).

b) Un estudio realizado durante siete años entre 498 mujeres demostró que quienes tenían una ingesta mayor de vitamina D enfrentaban un riesgo 77% menor de desarrollar Alzheimer.

c)Cuando se evaluó el estado mental de 858adultos, entre 1998 y 2006, se encontró un deterioro sustancial de las funciones cerebrales en individuos con una deficiencia grave de vitamina D.

d) Múltiples estudios vinculan los niveles bajos de vitamina D con el riesgo de desarrollar Parkinson y de una recaída en pacientes con esclerosis múltiple. (Además, hay investigaciones que demuestran que un incremento de 5 ng/ml en los niveles de vitamina D en la sangre se correlaciona con una disminución de 16% de recaídas en pacientes con esclerosis múltiple).

e) Desde hace mucho se ha demostrado en la literatura médica que los niveles bajos de vitamina D contribuyen a la depresión y hasta la fatiga crónica. Se requieren cantidades adecuadas de esta hormona para que las glándulas suprarrenales ayuden a regular una enzima necesaria para la producción de dopamina, epinefrina y norepinefrina, hormonas cerebrales fundamentales que influyen en el estado de ánimo, el manejo del estrés y la energía. Se sabe que algunas personas con depresión leve a grave han experimentado mejorías radicales sólo con ayuda del suplemento de vitamina D. (Los peces de agua fría y los champiñones son buenas fuentes de vitamina D, pero la mejor fuente, sin duda, es el sol).

En este blog no somos partidarios de los suplementos de laboratorio. No obstante, sugerimos una dieta de la que alimentos y hábitos saludables formen parte. Por otro lado, no es lo que añades a tu nutrición sino lo que quitas, para proporcionarte una mejor calidad de vida. ¡Que tu alimento sea tu medicina!

 

Extraído de: Libro: “Cerebro de pan” Autor: Dr. David Perlmutter y Kristin Loberg. 3ª edición. Buenos Aires: Grijalbo 2014.

 

domingo, 19 de mayo de 2019

Cómo impacta el estrés en tu cerebro intestinal

El cuerpo ante una situación estresante genera reacciones a nivel hormonal que provocan cambios fisiológicos como el aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, inhibición del sistema digestivo y la alteración del sistema inmunitario. Esto expresado en un modo muy genérico, por supuesto.

Sabiendo entonces que todos los sentimientos crean cambios emocionales, pero ocurre sobre todo en la vida moderna que las personas se acostumbran a vivir bajo presiones constantes, y cuando el estrés se convierte en crónico puede provocar estragos en la salud intestinal y digestiva.

Resulta que así como el estrés provoca reacciones a nivel del cerebro, también actúa a nivel del intestino provocando disminución en la absorción de nutrientes, en la oxigenación, restringe cuatro veces el flujo sanguíneo en el sistema digestivo afectando así el metabolismo.

¿Cómo funciona esta relación cerebro-intestinal? Lo primero es saber que estos dos órganos están creados del mismo tejido, porque durante el desarrollo fetal, una parte se va hacia el sistema nervioso central mientras que la otra se desarrolla en su sistema nervioso entérico.

Estos dos sistemas están conectados por medio del nervio vago, el nervio craneal que va desde el tronco cerebral hasta su abdomen. Este “eje cerebro-intestino” es lo que conecta a sus dos cerebros y lo que explica el por qué siente mariposas en el estómago cuando se pone nervioso, por mencionar un ejemplo.

En la antigüedad clásica, Hipócrates ya había sentenciado que “todas las enfermedades comienzan en el intestino”, de modo que el daño que el estrés puede provocar en el intestino es causal de múltiples enfermedades inflamatorias como:

  • Esclerosis múltiple
    •Diabetes tipo 1
    •Artritis reumatoide
    •Osteoartritis
    •Lupus
    •Enfermedades Crohn
    •Colitis ulcerosa
    •Enfermedades crónicas de la piel
    •Problemas renales
    •Enfermedades urinarias
    •Enfermedades alérgicas y utópicas
    •Enfermedades degenerativas
    •Síndrome de fatiga crónica
    •Fibromialgia
    •Encefalomielitis Miálgica (ME)
    •Enfermedad intestinal inflamatoria

Toda esta lista es consecuencia de emociones negativas, de los estados de enojo, de ansiedad, de tristeza y de rencores y dolores viejos no resueltos.

El tracto gastrointestinal sufre el impacto de estas emociones provocando inflamación o haciéndolo más susceptible a infecciones, por lo que quienes sufren estos síntomas perciben dolores más agudos porque sus cerebros no regulan correctamente las señales de dolor desde sus intestinos. A la inversa, los problemas intestinales también pueden provocar problemas emocionales.

Para contrarrestar esta situación es necesario nutrir su flora intestinal con “bacterias amigables”, es decir, alimentos fermentados o probióticos, importantes para el funcionamiento adecuado del cerebro lo cual genera un bienestar psicológico y control del estado de ánimo, combatiendo la ansiedad o la depresión.

Para reducir el estrés y mejorar la salud intestinal es muy útil el ejercicio, para alivio y despeje de la mente. Está probado que contribuyen con alta tasa de éxito la oración, la meditación, la risa y el yoga, por ejemplo. En ese menú es importante agregar el aprendizaje de técnicas de relajación y visualización positiva.

En cuanto a la alimentación, es conveniente evitar el azúcar y la fructosa. Ingerir alimentos fermentados hechos de manera tradicional y sin pasteurizar porque son una fuente rica en probióticos. Tomar suplementos de probióticos. Dormir en completa oscuridad para una apropiada producción de melatonina que es un importante mediador del eje cerebro-intestino.

FUENTE:  Paradigma Terrestre

lunes, 6 de mayo de 2019

¿Quieres sentirte mejor? Comienza con tu Intestino

Traducido con Amor desde… https://www.pursuit-of-happiness.org

Hasta el momento, las implicaciones psicológicas de la salud intestinal y el papel del microbioma en el bienestar emocional han recibido más atención de los medios. A medida que aprendemos más sobre la forma en que un entorno intestinal saludable influye en el estado de ánimo, la inmunidad y las respuestas inflamatorias, podemos esperar avances en la forma en que se tratan una serie de dolencias, como la depresión y la ansiedad. Por esta razón, la publicación de esta semana es de Andrew Farretta, un médico licenciado en acupuntura que se especializa en la conexión cerebro-intestino.

Se llama sistema nervioso entérico y, al igual que el sistema nervioso parasimpático, funciona por sí solo. Regula una serie de actividades en las que nunca piensas: digestión, producción de hormonas, tiroides y suprarrenales. Y produce el 95% de la serotonina en tu cuerpo.

Y no está en tu cabeza. El sistema nervioso entérico está en tus entrañas.

Los medicamentos psiquiátricos, como los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), fueron diseñados para trabajar con los neuroquímicos en tu cerebro. Lo que ahora están entendiendo los especialistas en el área es que no solo casi toda la serotonina en tu cuerpo se produce en el intestino, sino que también es una vía en un solo sentido.

Ya no pensamos que es el cerebro el que regula el intestino. Según Michael Gershan, presidente del Departamento de Anatomía y Biología Celular en el New York – Presbyterian Hospital / Columbia University Medical Center, y experto en el campo naciente de neurogastroenterología, los científicos se sorprendieron al descubrir que el nervio visceral, el vago, transporta información desde el intestino hasta el cerebro y no al revés. "Parte de esa información es decididamente desagradable", dice Gershon.

Michael Gershan, quien también es autor del libro The Second Brain (HarperCollins) de 1998, continúa: "El segundo cerebro contiene unos 100 millones de neuronas, más que en la médula espinal o en el sistema nervioso periférico".

¿Dónde nos deja esto? ¿Y dónde deja esto la psiquiatría?

Según Emily Deans, un psiquiatra que se especializa en la conexión cerebro-intestino: "El estómago y el cerebro tienen una capacidad constante para comunicarse a través del sistema nervioso, las hormonas y el sistema inmunológico. Algunos de los microbiomas pueden liberar neurotransmisores, tal como lo hacen nuestras propias neuronas y hablar al cerebro en su propio idioma a través del nervio vago".

Deans no está solo, los hallazgos de un estudio del cerebro intestinal de 2012 se presentaron en la Conferencia de la Semana de Enfermedades Digestivas en San Diego. Según la directora del estudio, Kirsten Tillisch MD, de la Universidad de California en Los Ángeles, "Al cambiar lo que sucede dentro del intestino, esperamos poder cambiar la forma en que el cerebro responde al medio ambiente".

Los hallazgos son prometedores para quienes luchan contra la depresión, la ansiedad y otros trastornos del estado de ánimo, ya que una queja común de todas estas afecciones es la angustia digestiva. Por esta razón, investigaciones recientes también han analizado el papel de la suplementación con probióticos en niños con autismo.

En un artículo de 2012 en Evolutionary Psychiatry, Deans escribió: “Hay un número creciente de informes de que las anomalías en el sistema inmunológico pueden desempeñar un papel en el autismo. Esto se ha encontrado a nivel molecular, patológico y epidemiológico.”.

Según Deans, sentirse mejor, tanto para los niños autistas como para todos los demás, comienza con el control de la neuroinflamación. Y la forma en que lo hacemos, es mejorando la salud de nuestro intestino.

"Cambiar la dieta tendrá efectos inmediatos, ya que las personas que consumen dietas altamente refinadas tienen una composición intestinal diferente a las que comen más alimentos integrales, frutas y verduras", nos dice Deans. Ella también sugiere probióticos. Pero una vez más, nos advierte que hagamos nuestra tarea. Los probióticos a base de lácteos, como el yogur fermentado y el kéfir, solo ayudarán mientras los tomemos. Para un efecto a más largo plazo, dice Deans, necesitamos tomar formulas probióticas basadas o buscar más específicamente cepas de bacterias que afectan el cerebro o el comportamiento, que se denominan psicobióticos.

Cuando pensamos en sentirnos mejor, comenzar con el intestino no es un mal lugar, ya que es prometedor para una serie de enfermedades que incluyen enfermedades autoinmunes, artritis, asma, obesidad y trastornos del estado de ánimo.

Andrew Farretta es un médico de acupuntura y terapeuta con licencia en el sur de Florida. Centrándose en mantener a sus clientes informados de las últimas investigaciones, y capacitándolos para mejorar el bienestar a través de un retorno a una dieta y estilo de vida ancestral, utiliza la acupuntura y otras formas de medicina natural para prevenir enfermedades y devolver a los clientes la buena salud que la naturaleza tiene para la salud. Para obtener más información sobre Andrew visite www.centerformassagetherapycoopercity.

 El artículo fue publicado originalmente en Psych Central .

https://www.pursuit-of-happiness.org/want-to-feel-better-start-with-your-gut/