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jueves, 27 de enero de 2022

Las enseñanzas profundas de la naturaleza

 



Abrirse a la sabiduría de la naturaleza, como hacían antes los pueblos más conectados con ella, permite aprender de grandes maestros como son los árboles y las plantas. Pero además permite sentir que se forma parte de algo más grande que uno mismo.

Hubo un tiempo en que el ser humano poseía la capacidad de leer los versos más prodigiosos que se han escrito nunca, versos existenciales diseminados por todo el universo, donde suceden las obras de la naturaleza. Signos, ecos visuales, sonoros, símbolos escritos en el horizonte y en el corazón de quien se abría a recibirlos.

El asombro, esa cualidad de la inteligencia que sucumbe ante la belleza de un mensaje de la naturaleza y se convierte en una pregunta sobre la maravilla, permitía a los pueblos originarios, naturalmente contemplativos, alcanzar la visión real de un cosmos conforme a una ley basada en la armonía entre las partes y el todo.

Contemplar la naturaleza es devolver la dimensión sagrada a la sabiduría de la tierra y aprender a escucharla. Una sabiduría que se expande como un libro abierto en la infinitud de un mar todo horizonte y despeja en el corazón de quien la contempla la incógnita de la infinitud que somos, que explica sin palabras el anhelo del alma de ser plena, inabarcable, eterna.

Vivir conscientes en una naturaleza que se expresa

La naturaleza es benéfica cuando su lluvia fertiliza y es terrible cuando lo anega todo en cenizas tras un incendio provocado por un rayo. Su enseñanza suprema es revelarnos que en esa naturaleza dual de creación y destrucción hay un eje que armoniza los opuestos, que une el cielo y la tierra, el espíritu y la materia.

Es posible vivir conscientes en medio de esta paradoja divina, porque la naturaleza no está muda. Tiene significado y sentido, es un lenguaje vivo y espejo del espíritu que podemos recuperar si cambiamos nuestra mirada.

Me gustaría dejar aquí unas pinceladas de esa sabiduría que permite a algunos pueblos llevar una vida buena, aprendiendo a cada instante a leer y ejecutar sus enseñanzas. Transmitir que para poder ver hay que apaciguar el estrépito de nuestra mente acelerada e hiperestimulada.

En la naturaleza todo repercute en mi fuero interno si voy abierto y despierto.

Hay que adentrarse en la naturaleza con el silencio del que peregrina hacia su centro y soltar los relatos agitados que se vuelcan hacia el pasado o hacia el futuro, abrir ese tiempo eterno del presente en el que un tumultuoso arroyo de montaña puede dejarnos ver la fuerza del cielo cuando se derrama para fecundar la tierra entera.

Toda la creación es un lenguaje secreto a voces, una escritura preñada de símbolos. Todo en la naturaleza puede ser un maestro circunstancial, todo me habla y repercute en mi fuero interno si voy abierto y despierto.

Entre esos maestros destacan nuestros «hermanos de pie», los árboles, y por eso muchos pueblos obtenían su saber del bosque, y sabían, como ahora sabe la ciencia, que acumulan experiencia de lo vivido.

Su memoria les permite ser resi­lientes y resistentes y sus troncos son un poema legible de vientos huracanados, sequías imposibles, rayos que hienden su corteza para revivir por otro costado.

Todo es enseñanza en un bosque. La inteligencia vegetal es una escuela diaria a la que podemos acudir para obtener inspiración.

La semilla, que como nosotros brota y crece sin que se sepa cómo, es una potencia latente que se realiza cuando muere en la oscuridad de la tierra; por eso, desde el origen de los tiempos el hombre ha visto en ella un símbolo de su propio renacimiento espiritual; solo en la oscuridad de la negación de lo que no se es, llegamos a ser quienes realmente somos y este llegar a ser es circular, semilla, fruto y semilla, como los ciclos cósmicos, como la vida misma.

Sus raíces son miles de cerebros coordinados en sus ápices. Buscan la dirección más adecuada en lo profundo de la tierra para alcanzar los nutrientes necesarios y redistribuirlos en la red del bosque, en esa unidad mayor que trasciende a cada uno de los individuos.

Son la enseñanza primordial del arraigo fundamental necesario para estar bien plantados en la tierra y alcanzar el cielo con sus ramas, tal como enseña el chikung, pues un árbol sin raíces, en su doble acepción energética y de los ancestros, cae ante cualquier viento huracanado.

La inteligencia vegetal es una escuela diaria a la que acudir para obtener inspiración.

Aprender, también, de su maestría en el bien común. Los ejemplares sanos llevan alimento a los más envejecidos y a los jóvenes, pues no se conciben como entes separados sino como un interser. Aprender la caridad que en la sociedad actual hemos perdido de nutrir a los más viejos, pues su memoria es única. Son las raíces con nuestro pasado y la oportunidad de ejercer el sagrado agradecimiento a los dones recibidos.

Recuperar la relación sagrada con la naturaleza

Recuperar la relación sagrada con la naturaleza requiere una segunda inocencia que haga brotar el asombro y el amor. Solo si miramos con amor el puente aparece, porque entonces esta Tierra se abre como un libro abierto, como el cuerpo de un amante al acercarte con anhelo de unión. Afinar la percepción para que el infinito se dé luz a sí mismo.

La desaparición paulatina de los hermanos del bosque, los árboles, de especies enteras de anfibios, de aves, precipita una cascada de consecuencias que nos afecta. Con cada especie que se pierde, desaparece un modo de conciencia, y el oído del corazón se duele.

Desaparece el gorrión, con sus saltitos infantiles y esa ligereza de pluma que alegraba la vista a quien la alzaba a los cielos. Y desaparece la golondrina, cuya llegada anunciaba esa verdad que la primavera imprime, en nuestros corazones, de que todo resucita.

Solo si amamos protegeremos y realizaremos el sacrificio que la tierra nos demanda, una simplicidad radical que confía, erradicando el ansia que corrompe la tierra.

Todo fenómeno, por diminuto que sea, nace de una noche, de un vacío o una matriz, madre de todo. Un grillo que estridula será, para un campesino, el aviso del tiempo de mañana y organizará las faenas de la tierra gracias a su sabio oráculo. Para un biólogo será el canto alegre que atrae a su pareja. Y para un místico será el recuerdo del misterio insondable que todo lo penetra.

Viendo más allá de lo invisible

Tras la apabullante belleza de las flores de loto, se esconde el lodo. Lo secreto, lo oscuro, la noche es también necesaria para que se exprese la belleza que nos conmueve. El lado en sombra de la montaña nos fortalece, hay un secreto en el frío y no debe ser rechazado por el desagrado primero que nos produce.

Un incendio en un bosque libera un nuevo ciclo de vida por atroces que nos parezcan las llamas. El sufrimiento por la pérdida de un amigo abre una herida en el alma por la que la luz de la comprensión pasa, produciendo cambios en la forma de entender y vivir la vida que hubieran sido imposibles sin ese dolor de la pérdida.

El destino se va desenvolviendo ante nosotros, como se desenvuelven las estaciones, emergiendo circunstancias sucesivas como olas poderosas llenas de invierno u olas mansas como pétalos de rosa. Olas que aparecen y desaparecen, muertes y nacimientos continuos, pero desde nuestra atalaya, desde el ojo de nuestro corazón podemos entrever que es el océano el que orquesta sus idas y venidas.

Al posar, entonces, nuestra atención en el océano, en el silencio, en la matriz de la vida, una cascada de dicha y lucidez extrema nos libera de las consecuencias que siguen a las causas y nos volvemos espectadores privilegiados de su danza, tan ecuánimes como dichosos. Ante el milagro del equilibrio entre los opuestos, entre las dos orillas de nuestra doble naturaleza.

 

 https://www.cuerpomente.com/nos-inspiran/ensenanzas-naturaleza_9476?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=trafico&utm_term=enlace_modulos

 

viernes, 8 de octubre de 2021

Reencontrándome en el jardín – Valerie Brown

Traducido con Amor desde...https://www.lionsroar.com

 


“Háblame sobre el paisaje en el que vives y te diré quién eres”.
—José Ortega y Gasset

Cultivar un jardín es un acto de amor y esperanza. No se puede plantar un jardín sin ellos. Son tan esenciales como el suelo, el aire y el agua para que el jardín crezca.

Mi amor por cultivar cosas comenzó hace décadas en el norte de Nuevo México, cuando trabajaba en una granja de investigación en el desierto. Allí planté cuarenta libras de ajo, un diente a la vez, rodeado de mesetas, cañones de colores pastel, acantilados, praderas y arroyos. Me enamoré profundamente del suelo, el aire, el agua y el cielo. Fue allí donde comencé a darme cuenta de que cultivar un jardín, plantar un diente de ajo o una semilla, o un árbol, es la teología viva del amor. Es regar las semillas del amor, la paz y la compasión.

La construcción de este jardín me enseñó a cavar profundo.

Toda mi vida, he sido una fanática de la belleza. Prefiero estar sin comida que sin belleza. Pero durante años estuve enterrada bajo los escombros de una vida de demasiada dureza y poca ternura. Había perdido de vista el amor y la esperanza, después de haber pasado gran parte de mi vida tratando de convertirme en algo y alguien. Corrí de Brooklyn a la universidad, luego a la escuela de posgrado, la facultad de derecho y finalmente a un gran e importante trabajo como abogada. Solo había un problema: el trabajo estaba matando mi espíritu.

En unas vacaciones en Nuevo México, finalmente me di cuenta de que estaba hambrienta de belleza, o al menos, no podía ver la belleza que me rodeaba. Un punto de inflexión llegó en el alto desierto de Nuevo México. Subí a la cima de una gran colina, me quité la mochila y miré hacia el cielo. Por primera vez, vi verdaderamente las nubes. Vi el cielo azul y noté cómo las nubes se movían a través de él. En ese momento asombroso, me di cuenta de que estaba alienada no solo con el mundo natural sino también conmigo misma. Décadas de intentar asimilarme como mujer negra a la cultura dominante blanca me habían dejado alienada de mí misma, de mi cuerpo, de relaciones más profundas y del mundo natural.

La primera base de la atención plena es la conciencia del cuerpo. La conciencia plena invita al practicante a ver, tocar, saborear y oler, a estar plenamente vivo en el momento presente al gran regalo de la vida. La atención plena es una cualidad innata en cada persona que apoya el despertar a la naturaleza no recurrente de todos y cada uno de los momentos de la vida diaria. Para mí, la jardinería se convirtió en una teología del amor que me invitó a volver a mis sentidos, que estaban amortiguados por el exceso, la prisa y la estructuración.

Hace doce años, cuando mi esposo David y yo nos mudamos a un granero en las afueras de Filadelfia, comencé a soñar con el jardín que plantaría. Pero el matrimonio fue ahogado por la tristeza, el aislamiento y un amor ambiguo. David se mudó durante una ola de enojo excesivo en julio, y mientras se alejaba, mi corazón se hizo añicos, activando las emociones como semillas de vergüenza, desesperación y aislamiento. Como abogada, no sabía nada sobre el divorcio compasivo y amoroso. Tenía una mentalidad de adversario bien cuidada que contribuyó al final del matrimonio. Una voz molesta en el fondo de mi cabeza decía: Los maestros de Dharma no se divorcian. Viven una vida familiar feliz, satisfecha y equilibrada. 

El divorcio fue un final necesario cargado de potencial. Me propuse recuperar mi jardinero interior, regar las semillas de la paz, la comprensión y el amor dentro de mí. Reemplacé la madera podrida y pinté mi granero. Saqué montones de basura y árboles enfermos que amenazaban con caer sobre la casa. Reemplacé el techo de la cabaña y pinté grafiti. Luego me volví hacia un pequeño estanque de koi que alguna vez había sido una fuente de alegría, pero que con los años se había estancado, como mi matrimonio, con agua fangosa, cubierto de espadañas y puntas de flecha, y sin peces. Palada tras palada, trabajé con un par de amigos y ayudantes para mover plantas y rocas, quitar las malas hierbas crecidas y recuperar el suelo con materia orgánica.

Cada mes traía un nuevo desafío en el jardín: marmotas, abejas carpinteras, avispas y tierra arcillosa dura como una roca. Y mientras el jardín renacía, mi hermano moría. Murió en febrero del año pasado, y esto fue seguido por meses desesperados de cuarentena, aislamiento y distancia física, por el impacto desproporcionado de Covid-19 en comunidades negras, latinas, inmigrantes y de bajos ingresos.

Era un día soleado de julio y había pasado casi un año sin mi pareja. Salí y miré el lugar que no hacía mucho había sido un agujero en el suelo con agua estancada. Ahora se oía el sonido del agua corriendo de una fuente cristalina. Había colibríes, mariposas y jilgueros en mi alimentador de semillas. Había Echinacea purpurea rosa , Artemisia schmidtiana blanca como una pluma, híbrida de Crocosmia rojo vivo y Coreropsis verticilata amarillo limón .. Me acerqué al helecho cuerno de ciervo gigante y lo bajé para regarlo bien. Días antes, había notado que un pequeño gorrión cantor había construido un nido de agujas de pino detrás de la planta. Mientras metía la boquilla profundamente en la cavidad del helecho, me detuve. Allí, amontonados, había puesto cinco huevos diminutos con manchas marrones.

En la tradición de Plum Village de Thich Nhat Hanh, nos invita a despertar al sufrimiento dentro y alrededor de nosotros, a mantener el sufrimiento con cuidado, llegar a conocerlo y transformarlo en compasión, paz y amor. Estamos invitados a cultivar un refugio seguro con cada respiración para nosotros y para todos los seres vivos. La construcción de este jardín me enseñó a cavar profundo, aún más profundo, a saber que el amor es un gran cavador.

Valerie Brown es profesora de dharma en la tradición de Plum Village fundada por Thich Nhat Hanh. 

https://www.lionsroar.com/finding-myself-in-the-garden/?goal=0_1988ee44b2-8f165e160e-22673481&mc_cid=8f165e160e&mc_eid=3f231f604d

 

Realineándonos con la naturaleza: usando el reloj circadiano para maximizar nuestra salud y bienestar.

Traducido con Amor desde...https://www.elephantjournal.com

 

El año pasado fue la primera vez en más de una década que no pude volar de regreso a casa para visitar a mis padres.

El anhelo por el hogar me llevó a una ola de nostalgia y, a menudo, me encontraba pensando en mi infancia: recuerdos dorados de espacios compartidos con abuelos y la importancia de la familia, las relaciones, las tradiciones y los rituales.

Una de las muchas cosas por las que los admiraba era su aprecio, su estricta adhesión y su valor del tiempo, de cada minuto que pasaba.

Eso sí, en ese entonces, eso era algo que no me impresionó particularmente: sus rígidos horarios. Comían a horas fijas día tras día: un desayuno temprano después de la oración de la mañana, algo de fruta en el medio como bocadillo, almuerzo, una taza de té después de una breve siesta por la tarde y una cena temprana.

Llueva o haga sol, esta rutina se seguiría estrictamente, independientemente de cualquier interrupción en el plan, incluso si un invitado especial se unía a nosotros para cenar. Si llega a tiempo, podrá disfrutar del placer de la compañía de mis abuelas. Si te retenían por alguna razón, te decían en tono de disculpa que habían comido y ahora se habían retirado.

Lo encontré desesperadamente rígido en ese momento, pero en retrospectiva, simplemente honraron la conexión con la naturaleza y siempre estuvieron en sintonía con sus ciclos, optimizando así su bienestar físico y mental.

La falta de atención a estos ciclos durante un largo período de tiempo puede crear serios desequilibrios que, a su vez, pueden afectar negativamente a nuestra salud. Anteriormente había hablado del reloj ayurvédico con sus seis períodos de tiempo distintos y cómo se refiere a los tres doshas y los cinco elementos para explicar nuestros cambios biológicos durante el día.

El enfoque de este artículo es el reloj circadiano y el ritmo, que es nuestro reloj interno, que refleja los cambios en nuestros órganos y hormonas durante un ciclo de 24 horas. En el quid de todo está el momento de todo, porque no es solo lo que comemos, sino también cuándo comemos. Del mismo modo, no se trata solo de cuánto dormimos, sino también de cuándo dormimos, lo cual es crucial.

En medio de toda la incertidumbre que nos rodea, lo único que sabemos con certeza es que el sol saldrá y se pondrá todos los días, y volverá a salir para repetir el ciclo interminable. Es a través de este ciclo de luz y oscuridad que los árboles y las flores que nos rodean dan frutos y flores y el clima y las estaciones cambian.

La ciencia moderna ha demostrado que existe una gran conexión entre el ciclo de luz / oscuridad y nuestra fisiología humana. Un ritmo o ciclo circadiano describe nuestro reloj interno de 24 horas, que, influenciado principalmente por la luz solar, afecta nuestros patrones físicos, mentales y de comportamiento. Nos brinda los momentos ideales para dormir, comer, hacer ejercicio e incluso para pensar seriamente.

Si comemos en horarios irregulares, disfrutamos de muchos bocadillos intermedios o dormimos de manera errática en diferentes momentos y por diferentes cantidades, puede llevar a varios desequilibrios que influyen no solo en nuestro bienestar físico sino también en nuestro bienestar mental.

Aunque los relojes ayurvédicos y circadianos no se superponen exactamente, se complementan entre sí.

En comparación con los seis períodos de cuatro horas del reloj ayurvédico, el reloj circadiano se divide en cuatro períodos de seis horas:

6 a. M. A 12 p. M.

La hormona del estrés cortisol se libera naturalmente temprano en la mañana durante este período de tiempo. En este momento, la presión arterial también aumenta y la testosterona es la más alta; como resultado, hay un pico en nuestra fuerza, energía y estado de alerta. Es el mejor momento para ejercitarse y emprender proyectos que requieran concentración y energía. Siempre he descubierto que podía hacer mi lectura más densa y desafiante temprano en la mañana.

Una nota de precaución aquí: tomar café antes de las 8 am puede agravar los efectos del cortisol liberado naturalmente, transmitiendo una señal al cuerpo de que está bajo un estrés extremo, enviándolo al modo de supervivencia. Para evitar esto, los estimulantes no deben consumirse temprano en la mañana o, si se consumen, al menos solo en pequeñas dosis.

En lugar de tomar esa dosis de cafeína de la madrugada, intente optar por una taza de agua caliente, ya sea sola o con un poco de miel y limón recién exprimido.

12 p. M. A 6 p. M.

Nuestra función pulmonar está en su mejor momento y nuestra temperatura corporal es más alta por la tarde. Uno es rápido, agudo y tiene la mejor coordinación mano-ojo posible y el tiempo de reacción más rápido. Esto quizás explique por qué siempre se nos aconseja cubrir los recorridos de larga distancia durante el día. La conducción nocturna conduce naturalmente a muchos más descuidos y, por tanto, accidentes. Sin embargo, este es también el momento en que el cuerpo puede estresarse, cansarse y, en la mayoría de los casos, puede necesitar un alivio del estrés. Un breve descanso, ejercicios de respiración consciente o un breve paseo al aire libre, o incluso 10 minutos de estiramiento suave harían maravillas para restaurar la energía.

6 p. M. A 12 a. M.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la melatonina, la hormona que regula nuestro ciclo de sueño. La melatonina se libera naturalmente en nuestro cuerpo entre las 9 y las 10 pm, lo que nos indica que es hora de prepararse para dormir, así como también para reparar y restaurar.

Y este es el meollo del problema que enfrentamos hoy: según un estudio patrocinado por la Agencia de Protección Ambiental, el estadounidense promedio pasa más del 90 por ciento de su tiempo en interiores. Entonces, durante el día, no hay suficiente exposición a la luz brillante, y luego, por la noche, estamos recibiendo demasiada exposición a la luz artificial. La luz azul de la electrónica suprime la liberación natural de melatonina porque le indica artificialmente a nuestro cuerpo que todavía es de día.

Ambos tienen la consecuencia de hacer que los ritmos naturales de nuestro cuerpo se desincronicen, lo que tiene serias repercusiones en nuestra salud física, mental y emocional. Los suplementos de melatonina pueden ayudar (muchas personas los toman para contrarrestar el desfase horario cuando viajan o para contrarrestar el insomnio), pero es mejor tener mucha exposición a la luz solar natural durante el día y limitar el uso de dispositivos por la noche, al menos un par de horas antes de acostarse. Cenar temprano, idealmente antes de las 8 pm, también ayuda al cuerpo a relajarse y prepararse para un descanso y sueño oportunos.

12 a. M. A 6 a. M.

El cuerpo se repara, restaura y se recarga naturalmente mientras dormimos por la noche. Es un sistema de limpieza incorporado y autorregulado con la función de erradicar desechos y toxinas. El hígado neutraliza sustancias nocivas como el alcohol, los medicamentos o las sustancias químicas que se encuentran en nuestros alimentos. La función del hígado cambia de producir bilis para ayudar en la digestión a eliminar toxinas de 10 p.m. a 3 a.m. A esta hora de la noche, nuestras células cerebrales también se reparan y recargan, eliminando cualquier acumulación inútil de las células cerebrales.

Este trabajo de restauración ayuda en la formulación adecuada de la memoria y nuestra capacidad de pensar con claridad a la mañana siguiente. Como resultado, nos despertamos renovados y recargados, listos para afrontar otro día.

Trate de inculcar el hábito de dormir antes de la medianoche, lo que le dará al cuerpo el descanso necesario que requiere para desintoxicarse adecuadamente y recargarse para el día siguiente. Resista ese impulso de quedarse despierto hasta altas horas de la madrugada.

El problema al que nos enfrentamos hoy como sociedad es que los ritmos naturales de nuestro cuerpo no están sincronizados debido a un total desprecio por los relojes naturales. Existe una necesidad imperiosa de aprovechar el poder del ritual y la rutina, reconociendo que las prácticas sagradas de nuestras generaciones pasadas deben ser honradas.

Debemos diseñar nuestro día de acuerdo con el reloj ayurvédico o circadiano, o mejor aún, con ambos relojes. Quizás para que parezca menos abrumador, comience con pequeños pasos como intentar irse a la cama un poco más temprano, levantarse más temprano y luego agregar pequeños cambios progresivamente: unos minutos de soledad, meditación y estiramientos de yoga al principio o al final de la sesión. día y tener una comida abundante en algún lugar intermedio.

Miro a mis hijos hoy, que comen cuando les da la gana, duermen tarde y se despiertan tarde, y gracias al estilo de vida COVID-19, han perdido cualquier apariencia de rutina de su mundo en línea.

Y, sin embargo, tengo la esperanza de que, en algún lugar de lo más recóndito de su mente, se esté registrando la rutina de su madre. Y así como llegué a apreciar la sabiduría detrás de las prácticas diarias de mis abuelas y mi madre, con el tiempo ellos también lo harán.

 

Mahein Kazi  

Mahein nació y se crio principalmente en Pakistán y se mudó a Alemania después del matrimonio. Su interés por los idiomas extranjeros la llevó a estudiar alemán, que luego enseñó como lengua extranjera. Verdaderamente una ciudadana global, ha vivido en Pakistán, Estados Unidos, Alemania y los Países Bajos, antes de establecerse en Canadá con su esposo y sus tres hijos. Completó su título de honor en Ciencias Cognitivas.

 

https://www.elephantjournal.com/2021/03/realigning-ourselves-with-nature-using-the-circadian-clock-to-maximize-our-health-well-being-mahein-kazi/

domingo, 3 de octubre de 2021

Amor a los Reinos -Trigueirinho


La naturaleza es el aspecto femenino de la Creación. Los reinos se relacionan con distintos aspectos de la naturaleza. Esta gran Madre, es el manto que nos cubre, nos sana, alimenta y protege.
Poco sabemos sobre los reinos. Ellos son escaleras y puentes de indivisible tarea en común con el reino humano. Tenemos que tener una actitud más elevada, más devota con los reinos y comenzar a tener una relación adulta de amor y servicio como haría un responsable y amoroso hermano mayor y no una actitud de abuso y desprecio; pues esas cargas vuelven a nosotros en forma de situaciones de violentas catástrofes. El reino vegetal es una vida única, ella está para servicio y se dona como principio de manifestación de amor.

Son evidentes las colaboraciones ínter reinos sólo los humanos quebramos esa línea del Plan, debido al obsceno usufructo del que hacemos objeto a los demás reinos, debemos entrar en la sintonía del servicio.

 El reino vegetal es el reino que más ha cumplido su parte del plan evolutivo. Este reino tiene en sí mismo la capacidad de curar por ley, toda enfermedad que surja en el plano terrestre, nuestro reino tiene veladas algunas llaves de ese conocimiento debido a su torpe relación y al abuso y comercio planteado antes.

El manto verde que cubre la Tierra es de una colaboración inmensa para la armonía del planeta, armonía reflejada en el firmamento y en la tierra. Ese orden planetario nos está diciendo cual debe ser la búsqueda de armonía y servicio a través de la donación y el servicio y finalmente olvido de sí en la entrega al Todo. El camino de humildad nos sugiere ver la perfección en los movimientos y leyes del Cosmos. Sin esa primera lectura de aceptación, de armonía universal, la puerta de la humildad aún se encuentra cerrada para comenzar siquiera a recorrerla.

Sólo el respeto y la devoción nos darán las indicaciones para la que correcta relación se plasme en el plano físico. El humano ha prostituido a los reinos, comercializando y abusando permanentemente. El respeto y devoción restablecen la relación entre los reinos y nos aporta la consciencia de que hacer y como colaborar. Si maduramos encontramos las llaves que nos conectan con la verdad y por consiguiente con el plan a realizar.

Unión con los reinos

Debemos ver las situaciones con nuestros sentidos internos, ver las cosas a través del Espíritu, a través de nuestra alma. El reino animal posee un alma grupal, a la cual el reino humano debería guiar para su manifestación superior. El reino humano sería el canal para su espiritualización, debe ser el puente, el canal, el transmisor del reino espiritual hacia los otros reinos. Podemos observar que poco que realizamos de modo correcto nuestra tarea.

Tenemos las herramientas "más cerca que nuestras manos o nuestros pies". El reino humano ha producido santos; tal vez, los más sublimes de estos sean desconocidos para la humanidad toda, ellos manifestaron ese nivel de santidad en silencio. Los santos son vehículos hacia el reino espiritual, pueden oficiar de puentes. El ser humano como grupo tomo la decisión del libre albedrío, por lo cual para que el acercamiento del mundo espiritual se dé, la personalidad debe ser entregada y ser expresamente buscado el acercamiento al mundo invisible; esa es una decisión que debe tomar como individuo y encaminarse hacia allí con perseverancia y esfuerzo constante, valiéndose de las herramientas que haya conocido.

Los animales nos enseñan con muchas actitudes su generosidad, su falta de rencor, su tolerancia su amor incondicional y además de ello trasmutan las vibraciones del ambiente y las nuestras; por ellos nos libramos de muchas energías inferiores, algunas de ellas nos podrían impedir vivir. Ellos transmutan las emociones bajas, absorben las emociones instintivas que ya deberíamos haber trascendido al dejar atrás la vibración animal, más debido a la alimentación y a violencias ejercidas contra los reinos aún seguimos vibrando demasiado abajo del nivel que nuestro potencial nos permitiría. Ellos nos liberan de fuerzas y energías que no son actuales para el trabajo y nosotros somos los encargados de llevarles la energía espiritual. Dentro del reino animal hay al menos cuatro especies que ya cuentan con conciencia de individuo, esto es acercamiento al núcleo anímico, el elefante, el caballo, los gatos y los perros son por eso los mayores exponentes de la interacción ínter reinos y de la evolución realizada, esta evolución esta demorada por nuestra demora a avanzar. Demora que se podría dar por el miedo a lo desconocido que tiene aún gran parte de la humanidad. Un modo de actualizar la relación es en función al trato que le damos, deberíamos tratar al reino animal como humanos ya que corresponde ver al reino humano como almas en manifestación corpórea.

Somos santos en potencial, de hecho, esa sería la verdadera etapa a vivir hoy. Santifiquemos la vida, los reinos son hermanos de camino, en cuanto perjudiquemos los demás reinos creamos karma violento, somos nosotros los responsables por los mal llamados reinos menores. Debemos reconocer que lo espiritual es la próxima etapa, más sin entregar en sacrificio aquello que somos, no se manifestará aquello es debe ser. Lamentablemente, la mayoría de nosotros no sabemos qué es lo que hacemos en el planeta, o no tenemos consciencia o bien no aplicamos aquello que por la información dada a esta humanidad debería plasmarse como conocimiento mediante la experiencia fáctica cotidiana.

El trabajo de los santos es ejercer de puentes entre el nivel espiritual y los niveles de la personalidad, ellos renunciando al actual estado alcanzado descienden de plano para donarse en servicio,  olvidados de sí, para acercarnos sus manos como puentes, estos puentes son activados por Gracia Divina.

¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Dónde voy? ¿Qué hago aquí? No son sólo preguntas, son también indicadores que podríamos seguir para despertar para el camino correcto, para entrar dentro del espíritu y del plan evolutivo que integra a nuestra Tierra. Debemos tomar una decisión en cuanto a la posición que debemos tener y actuar con consciencia en consecuencia. Debemos encender en el ámbito humano el camino de la fraternidad.

Si tenemos la Gracia de ayudar al reino animal a acercar las llaves de ese puente hacemos un gran servicio planetario, servicio a la Creación (-Idea Reino Espiritual = son aquellas consciencias que comprendieron los fundamentos de la evolución y se donaron a eso.)
Ese nivel, esa energía espiritual proveniente desde otro nivel de consciencia debe impregnar la materia terrestre. Este momento presente nos impone una gran responsabilidad y es una gran oportunidad de corregir muchas cosas hechas en el pasado por nosotros mismos, debemos tener gratitud por tener la oportunidad de servir en estos tiempos y así poder ordenar nuestros débitos kármicos

Tenemos libre albedrío, debemos escoger la meta superior a seguir. Sin esa determinación, sin esa decisión consciente y correctamente asumida seguiremos girando en círculos. Éste es el momento de decidir.


Notas y apuntes propios tomados en el marco del estudio de Trigueirinho del día 16 de Junio de 2013

domingo, 24 de mayo de 2020

Meditando sobre la belleza y la devastación de nuestro mundo natural

Traducido con Amor desde...https://www.mindful.org

 

Mientras me siento junto al océano, puedo deleitarme con la superficie sedosa del agua, la luz que atrapa la cresta de las olas, y quedar hipnotizado por su inquieta belleza y su vasto poder. Sin embargo, tampoco puedo evitar pensar en las criaturas que se encuentran en su interior: los bancos de atún en disminución y las poblaciones de marsopas en disminución.

Cada vez que mi corazón se siente desgarrado de esta manera, recuerdo que donde habitualmente ponemos nuestro corazón y nuestra mente se convierte en nuestra inclinación natural. En lo que nos enfocamos determina hasta cierto punto nuestra sensación de bienestar. No podemos ignorar la crisis ecológica. Estamos aquí porque la sociedad se ha negado a mirar directamente a este complejo problema. Sin embargo, ¿sirve al bien mayor detenerse solo en el catálogo de datos sobre el cambio climático? Tal enfoque en un solo punto puede conducir a la desesperación, la desesperanza y cosas peores.

En mi caminata puedo detenerme en el humo, el olor acre, la visibilidad disminuida y la destrucción que traen esos incendios. O puedo cambiar mi atención a lo que no se está quemando. A las flores de pincel indias a mis pies en mi camino, o a la ola de pelícanos que vuelan en una formación exquisita a lo largo de la costa. Puedo ver los elegantes árboles que alcanzan sus ramas hacia el cielo y la hermosa corteza del eucalipto que se renueva como la piel, mientras que sus hojas proyectan una luz de ensueño y sombra sobre la exuberante maleza.

Las enseñanzas de la atención plena nos indican que debemos encontrarnos con el momento presente tal como es: contemplamos tanto la belleza de la naturaleza como la devastación que está ocurriendo. Vemos la locura de romantizar demasiado el pasado o ahogarnos en los escenarios del fin del mundo de lo que está por venir. Sostenemos a la ligera las predicciones sobre el futuro, por cierto que aparecerán, ya que nunca podemos saber con certeza lo que puede desarrollarse.

Al aprender el poder de inclinar nuestra mente, también podemos centrar nuestra atención en la enorme cantidad de soluciones constructivas en las que millones de personas en todo el planeta están trabajando. Organizaciones de todo el mundo están descubriendo cómo eliminar los plásticos del océano , extraer carbono del aire, restaurar el hábitat para los tigres en Nepal y limpiar el río Ganges. La lista de empresas, municipios y organizaciones sin fines de lucro que elaboran soluciones creativas para la crisis climática es amplia y aumenta cada día.

Estos tiempos requieren nuestra práctica de atención plena para mantener una visión amplia. Pide que mantengamos la dura realidad de la crisis ecológica, la belleza de lo que todavía está aquí y prosperando, y al mismo tiempo el levantamiento de la gente común que trabaja en todo el planeta para administrar, proteger y preservar la tierra de manera sostenible. He caminado por bosques chamuscados. Puedo mirar los troncos ennegrecidos y sentir un tierno dolor. Y también puedo concentrarme en los brotes de color verde esmeralda que se levantan de las cenizas. Ambas son cosas ciertas. Ambas exigen nuestra atención.

Estar despierto hoy es aprender a mantener la paradoja en tu mente y vivir en la ambigüedad. De hecho, la pregunta que escucho de muchas personas es: ¿Cómo sostenemos el dolor de la tierra en este momento? Mi respuesta es simplemente llorar. Para permitirse sentir la profundidad del dolor y dejar que las lágrimas fluyan. Dejar que el dolor se mueva permite que el movimiento y la capacidad de respuesta surjan de esas cenizas con lágrimas. Ayuda a derretir el entumecimiento que frustra la acción efectiva.

Este es un extracto de Duelo y amor a nuestro planeta en la edición de abril de Mindful Magazine.

 

Mark Coleman

Mark Coleman es el autor de Make Peace with Your Mind y Awake in the Wild . Es el fundador del Mindfulness Institute y tiene una maestría en psicología clínica.Vive en California.

 

https://www.mindful.org/meditating-on-the-beauty-and-the-devastation-of-our-natural-world/

 

sábado, 9 de noviembre de 2019

HABLAR CON LA NATURALEZA, entrevista a Michael Roads

Michael Roads mantiene un contacto muy especial con la naturaleza: a partir de una práctica perseverante y de un poderoso despertar espiritual la experimenta desde un inusual ámbito de experiencia metafísica. Su mensaje y su ejemplo es muy pertinente en estos tiempos de osado materialismo, en que el hombre necesita con urgencia restablecer su vínculo con lo Natural y lo Sagrado.

UNA REALIDAD METAFÍSICA

  

¿Qué es la naturaleza para Ud.?

La naturaleza significa muchas cosas para mí. De niño, era lo que usaba para alejarme de las personas; no confiaba en ellas pero sí en la naturaleza. A medida que crecía me fui dando cuenta de que no tenía por qué escapar de las personas, pero a su vez se mantuvo la relación que había desarrollado con la naturaleza, la cual era distinta a la de la mayoría de las personas, las cuales simplemente la miran con los ojos.

¿Qué hacía Ud. cuando era niño y se hallaba en la naturaleza?

Me sentaba con los ojos cerrados; era relativamente fácil para mí dejar mi cuerpo y conectar con la naturaleza a un nivel más profundo, con su esencia. Llamaba a esa experiencia ‘soñar despierto’. Descubría cosas sobre la naturaleza que la mayoría de las personas desconocían. “Dejé la escuela siendo muy joven para trabajar en la granja de mi padre. En ese contexto la naturaleza era algo que controlábamos y esa visión no me gustaba. Mi sentimiento siempre ha sido que la naturaleza es nuestro maestro: la granja o el jardín deberían ser el lugar de encuentro entre el granjero o el jardinero, que es el estudiante, y la naturaleza, que es el maestro. “Con los años mi relación con la naturaleza se detuvo, aunque después volví a retomarla y continuó desarrollándose. Tuve experiencias con lo que yo llamo el ‘espíritu de la naturaleza’, al cual en la literatura esotérica o en la mitología se le denomina Pan (el dios de la naturaleza). Yo no estoy muy de acuerdo con esta denominación, porque no lo experimento como un dios, sino como inteligencia consciente pura.

¿Puede ahondar un poco en esto?

He aprendido que básicamente todo en la naturaleza es un campo de energía. Más allá de lo físico, Ud. y todas las formas de vida son cada cual un campo de energía. Todos estos campos de energía se conectan, y finalmente son Uno. No hay nada fuera del Ser. Cuando miramos un árbol lo que estamos viendo es el reflejo físico de una realidad metafísica mayor, pero nadie se da cuenta. De hecho esta gran realidad metafísica es la causa, y la naturaleza física que nosotros experimentamos es el efecto. Y toda nuestra relación con la naturaleza es con el efecto. Las personas se ven separadas de la naturaleza; ven un árbol y lo abrazan, y esto está bien, pero se trata de una persona física abrazando un árbol físico. A veces nos volvemos muy emocionales con la naturaleza y con los árboles, pero hay un tipo de relación que va más allá de esto. En esta relación básicamente dejas tu cuerpo físico y vives la naturaleza a un nivel mucho más profundo. Pero esta profundidad también se puede vivir en el nivel físico; cuando comprendes la naturaleza, puedes cambiar las reglas.

¿A qué se refiere?

Por ejemplo, yo tengo un jardín en la zona subtropical de Australia, donde en el año 2000 hubo una gran sequía. Todas mis plantas eran de hoja verde perenne y sabía que morirían: estaba próxima una gran sequía y yo uso el agua de la lluvia para regar. Así que me senté en mi jardín y transmití a las plantas una imagen de cómo son las plantas en Europa durante el invierno. Les dije que en Europa el invierno era frío y húmedo y que nada crecía, y que ahora ellas se iban a encontrar con el mismo efecto, pero motivado por un clima muy seco y caluroso. Y les dije: “Si os desprendéis de las hojas, podréis sobrevivir, pero si las mantenéis probablemente moriréis.” Así que todas las especies del jardín se desprendieron de sus hojas y estuvieron dormidas durante los 18 meses que duró la sequía. Cuando llegó la lluvia sus hojas brotaron de nuevo. Pude observar que en otros jardines el mismo tipo de plantas murieron. “También dije a las plantas que si necesitaban energía podían tomarla de mí; que ya me la devolverían cuando volviesen las lluvias, si querían. Siendo honesto no puedo decir que recuerde que las plantas tomasen energía de mí, pero cuando llegaron las lluvias las hojas y flores del jardín brotaron de manera radiante. Cuando las personas pasaban por allí se asombraban de la energía tan especial que se sentía. Este es el tipo de relación con la naturaleza que muy poca gente tiene.

¿Qué es lo que hace posible este tipo de relación?

Lo que la hace posible es que la naturaleza no está fuera de la persona. Como ser metafísico que soy (con el término ‘metafísico’ quiero indicar ‘más allá de lo físico’) puedo expandirme tanto como desee. Se trata, simplemente, de un estado de consciencia. Un ser metafísico no es una persona con las limitaciones físicas del cuerpo, sino alguien que tiene un sentido ilimitado de sí mismo, es decir una consciencia expandida. Cuando estoy en relación con la naturaleza lo que hago es traerla dentro de mí, lo cual no tiene nada que ver con lo físico; el cuerpo físico lo dejo a un lado. Ello me permite relacionarme con seres de la naturaleza, y el espíritu de la naturaleza en muchas ocasiones me ha guiado en viajes para aprender lo que es la naturaleza a un nivel más profundo.

¿Cómo le guía la naturaleza?

Digamos que si desplazo mi foco (mi atención) de mi identidad física y dejo que el sentido de mí mismo se mueva más allá de mi cuerpo físico, entonces me hallo en una realidad totalmente diferente, mayor, donde no existen las limitaciones de la realidad física. En esta realidad mayor, por ejemplo, cuando miro un árbol lo veo en el nivel energético. Y me doy cuenta de que todo crece, de que toda vida consiste en el crecimiento de la consciencia. Cuando miro un árbol encuentro lo mismo que en el cuerpo humano, y es una dinámica presente en cada célula. Pero no tenemos un lenguaje para describir esto; al menos yo no lo conozco.

Aun así, le agradecería que lo pudiese explicar un poco más.

En cada célula hay una energía que percibo gris, con miles de tonalidades grises. Esta energía es caos; pero no me refiero a lo que comúnmente indicamos con la palabra ‘caos’, sino que en este contexto ‘caos’ es el motor que mueve, que dirige la vida. Junto a esta energía gris también hay una energía negra, que a su vez contiene otros miles de tonalidades. A esta energía la llamo ‘orden’; es la estabilidad de la estructura. Estas dos energías giran, una en un sentido y la otra en el sentido opuesto, creando de esta forma una torsión. Y es exactamente en el espacio de torsión entre estas dos energías donde tiene lugar el crecimiento. Cuando la torsión es equitativa entre el caos y el orden hay equilibrio, el cual contiene el mayor potencial. “En nuestros cuerpos cada célula está siguiendo esta dinámica, y nuestros pensamientos y emociones determinan un resultado: cuando hay demasiado caos y falta orden, las personas enferman; y en el caso de las personas que son muy sedentarias y se mueven muy poco hay mucho orden y poco caos. Lo óptimo para el crecimiento de la consciencia (de cada planta, cada árbol, cada ser humano, etc.) es que exista un equilibrio perfecto entre el motor que mueve (el caos) y la estabilidad de la estructura (el orden). Cuando cada tonalidad de las miles de tonalidades de gris y cada tonalidad de las miles de tonalidades de negro están en equilibrio obtienes el blanco, la luz blanca pura. Y este blanco emite destellos entre el caos y el orden.

Todo esto ¿cómo se siente?

El origen de las emociones es puramente metafísico. El cuerpo emocional metafísico tiene una relación con el caos, el orden y el equilibrio en un gran abanico de emociones, que es imposible nombrar. Cuando estoy en caos puedo sentir si es un caos maligno, pesado y destructivo, o por lo contrario si es un caos elevado, refinado e increíblemente creativo. Porque ambos, caos y orden, no entran dentro del espectro de lo que llamamos ‘bueno’ o ‘malo’, y otras diferenciaciones que hemos creado. Tenemos muchas palabras que no significan nada para la naturaleza, que solo tienen sentido para nosotros; una de ellas es la palabra ‘cruel’. La naturaleza no ve nada cruel; somos nosotros quienes vemos crueldad, porque generalmente miramos a través de los ojos del juicio, del intelecto, del cerebro izquierdo. Con el intelecto nunca se llega realmente a comprender, sino que es yendo más allá del entendimiento como uno se une a lo que quiere comprender. Explicar con palabras mi experiencia con la naturaleza es lo mismo que sacar una fotografía del Gran Cañón del Colorado y mostrarla diciendo:

“Este es el Gran Cañón del Colorado.” El Gran Cañón va mucho más allá de esa foto. En mis libros describo mis viajes y experiencias, pero mis palabras solo son señales que muestran el camino.

“Este tipo de experiencias metafísicas no suceden dentro del tiempo lineal en el que vivimos. El ser metafísico que eres no vive en un tiempo lineal sino que vive en un tiempo esférico, todo el cual ocupa el mismo espacio. Cuando vives desde ese espacio ves las cosas de una forma que sobrepasa la comprensión del cerebro; es un espacio de conocimiento místico, donde sabes directamente lo que estás experimentando.

PREPARARSE EN SILENCIO

Ud. acudió a escuchar en silencio un río durante años; ¿qué nos puede contar de esa experiencia?

Esta práctica, que hacía sentado al lado del río, consistía en aprender a escuchar. Cuando escuchas te encuentras en el momento. Escuchar significa que vas a tu corazón y dejas a un lado los pensamientos. Pero muy pocas personas saben dejarlos de lado. Cuando escuchas te sitúas en el momento presente, que es donde está la vida, Dios, el amor, el gozo, la paz, la libertad y la inteligencia consciente. El intelecto sin embargo nunca está en el momento, sino que está siempre pendiente del tiempo, pensando y hablándose a sí mismo; esto precisamente le saca del momento presente.

“Pasaron seis años hasta que llegué al punto de escuchar sin pensamientos. La mayoría del tiempo escuchaba el río físico; el gorgoteo, la corriente, los pájaros, la carretera en la distancia, etc. Pero llega un momento en el que sigues escuchando todos estos sonidos mientras a su vez percibes un nivel de vida más profundo; la escucha te lleva más allá de lo físico a lo metafísico. Un día el río me dijo: “¿Me ves cada vez como nuevo?” Me sorprendí porque todos los días era el mismo río, pero a su vez me di cuenta de que fluía continuamente, así que no podía ser el mismo río, sino que cambiaba a cada momento. La vida también es como un río que fluye constantemente; si nos quedamos atascados en una visión de la vida, dejamos de fluir con ella, mientras ella continúa su camino. “Decidí entonces practicar ver el río como algo nuevo a cada momento. También empecé a practicar con mis hijos: ¿podía verles como nuevos aunque siguieran siendo iguales que el día anterior? Me di cuenta de que les veía como el día anterior, y que el día de hoy era el día de ayer repetido. Pasaron seis meses y seguí practicando el ver a las personas y las cosas como nuevas. Un día me levanté por la mañana y tuve una clara comprensión de que era mi yo de ayer el que veía la realidad de ayer. Si realmente quería ver lo nuevo a cada momento tenía que hacerlo desde lo nuevo en mí. “Asimismo, cuando miramos la naturaleza debemos hacerlo con los ojos de lo nuevo que hay en nosotros a cada momento, y no con los ojos del intelecto, porque estos no nos llevan a ver lo que realmente hay, sino lo que el cerebro ha sido entrenado para ver. Creemos que lo que el cerebro ve es tal como lo ve; sin embargo, eso que vemos es solo una pequeña fracción de lo que realmente es.

¿Qué ocurrió cuando empezó a mirar así?

Cuando por fin me relacioné con el río viéndolo como nuevo, ya no estaba fuera de mí, sino que pasó a fluir a través de mí, y yo era uno con él. A partir de ese momento el río se convirtió en mi maestro. “Un día fui a escuchar el río, pero había mucho ruido proveniente de un motor de una granja cercana. Me senté e intenté, aun con el ruido, escuchar el río, pero el ruido del motor era muy fuerte y no podía. Así que decidí ir río abajo y sentarme en un lugar más silencioso. Pero cuando lo hice el río me preguntó: “¿Así que crees que aquí hay más silencio?” Le respondí que al menos era un espacio más silencioso que donde estaba antes. Entonces el río me dijo: “Ese motor que escuchas no es nada más que tus propios pensamientos. Así que si has podido eludir el motor seguro que también puedes hacer lo mismo con tus propios pensamientos.” Tomé aquello como un reto y regresé al mismo lugar, y me senté nuevamente. Poco a poco fui capaz de seguir oyendo el motor pero no escuchándolo, sino que escuchaba un espacio interior donde el río fluía, y aunque el sonido del motor seguía ahí ya no me distraía.

Más fácil de decir que de hacer…

Enseño a las personas sobre todo esto de lo que estoy hablando… pero veo que todas me oyen pero que ninguna realmente me escucha; todas esperan no tener que superar grandes pruebas para ir más allá, porque la mayoría lo dejarían rápidamente. Yo me encontré en un viaje interior en que tuve que superar todas estas cosas, y cuando las vencí me di cuenta de que no había nada que superar excepto a mí mismo. Ese motor que hacía tanto ruido no era nada más que yo siendo ruidoso. Algo que he aprendido es que si realmente miras la vida y la naturaleza observas que no existe nada fuera del Ser, el cual va más allá del cuerpo, de la identidad e incluso del mundo físico.

Ud. ha dicho que el río le habló; otras personas afirman que la naturaleza les habla… ¿Es algo fácil de discernir?

He leído un buen número de comunicaciones con la naturaleza de otra gente, y he sabido que eran falsas. Del mismo modo, he leído muchas otras, y he sabido que la comunicación era auténtica. Ciertamente, tuve tiempo de discernir la diferencia entre la mente sutil y la sutilidad de la comunicación interior. Con mucha práctica y con mucha confianza en uno mismo se llega a buen puerto.

¿Qué otras pautas puede darnos?

La mayor parte de la gente habla a sus gatos y perros, incluso a sus pollos y loros, pero muy pocas personas hablan con ellos. Para que ello ocurra, necesitan estar abiertos a que les respondan… ¡y la mayoría de la gente no lo está! Incluso aunque estés abierto a recibir una respuesta, es improbable que estés escuchando. “¿De qué se trata entonces? Esencialmente, la naturaleza vive y se expresa en el momento y desde el momento. Nosotros, las personas, muy, muy raramente lo hacemos. La naturaleza no tiene elección respecto a esto; no puede abandonar el momento consciente. En cambio, nosotros tenemos muchas elecciones; ¡lo llamamos libre albedrío! Si alguna vez he escuchado un equívoco, este es la denominación ‘libre albedrío’: si dispones de libre albedrío, intenta permanecer conscientemente en el momento durante un minuto… Para estar conscientemente en el momento debes estar sin pensamientos. Porque puedes pensar para salir del momento, pero no puedes pensar para entrar en el momento.

Los pensamientos te llevan al pasado o al futuro, pero no pueden llevarte al momento. Así pues, hablar con la naturaleza es mucho más de lo que aparenta ser. Es una habilidad, un arte natural, un potencial interno inherente a toda la humanidad.

Si es algo natural para nosotros ¿por qué es tan raramente usado?

Porque para hablar con la naturaleza necesitas usar tu conexión entre el corazón y la totalidad de tu cerebro. La mayoría de la gente raramente hace esto; usan tan solo la conexión con el lado izquierdo de su cerebro. Esto significa que intentan tener una relación intelectual con la naturaleza, lo cual no es posible. La naturaleza no es una expresión intelectual, sino una expresión de inteligencia consciente… ¡y nosotros también lo somos!, solo que ya no vivimos así. Hemos perdido nuestra conexión fundamental con la naturaleza y con ello la capacidad de vivir auténticamente la vida y, tristemente, la de vivir con nuestro Ser esencial.

“Si tienes ganas de hablar con la naturaleza, no puedes obviar el hecho de que necesitas una conexión consciente con ella. Y, lo siento, ¡aún hay otro obstáculo! La naturaleza vive en el momento consciente… conscientemente. Se ha estimado que nosotros vivimos el 95% de cada día, y por lo tanto de nuestras vidas, subconscientemente, ¡y uno no puede ser subconscientemente consciente! Vivimos una continua repetición de cada día, cada año, cada década… con apenas variaciones suficientes como para que nos demos cuenta de nuestra adicción al ‘más de lo mismo’. Los habituales conflictos diarios nacen del conflicto interno, del que no somos conscientes.

“Para hablar con la naturaleza en primer lugar, y sobre todo, necesitamos paciencia. También necesitamos aprender el arte de escuchar. Al cabo de unos tres años de sentarme junto al río empecé a oír sonidos interiores, inaudibles. Fui consciente de que este oír interior (este escuchar) procedía de una parte de mí mucho más profunda y silenciosa: la conexión entre la totalidad del cerebro y el corazón – alma.

“Cuando no hay pensamientos sobreviene el Silencio… y en este Silencio hay una canción de poder. No se trata de tu poder, o del poder de la naturaleza, sino que se trata simplemente de poder. Pero tú puedes conectar con este poder y usarlo, siempre y cuando no lo personalices. Hacer esto requiere confianza. ¡Y no es fácil confiar en uno mismo! Hablar con la naturaleza significa que este poder es el conducto entre tú, la confianza y la naturaleza. Las cuatro cosas son necesarias. Se necesita un gran salto de consciencia para escuchar que un árbol se comunica contigo y saber que esto no es un producto de la mente.

¿Qué nos puede decir de la comunicación con los árboles?

Cuando te sientas, haces el silencio interior y te conectas conscientemente con un árbol, tú y el árbol establecéis una conexión energética. Compartís Un campo de energía. El árbol no está fuera del Ser; aquí es donde la comunicación con la naturaleza empieza verdaderamente. Mientras percibas al árbol y a ti mismo como separados (‘tú’ hablas con ‘el árbol’) estás jugando juegos mentales. Y, créame, la mente tiene un repertorio ilimitado. No hay árboles tales como el Abuelo árbol, o el Hermano árbol, o la Madre árbol, etc., tal como comúnmente se habla de ello; esto es solamente la mente jugando a un juego con las emociones humanas. Los árboles no piensan y tampoco hablan. Los árboles son almacenes vivos de un inmenso caudal de experiencia consciente. Esta no es necesariamente la experiencia del árbol; es experiencia de la Tierra, o de la vida. Como ya he dicho, los árboles son una expresión de inteligencia consciente, pero no tienen intelecto. Los árboles son totalmente impersonales, pero están siempre conectados conscientemente con nosotros. Experimentan la Unidad; la separación no existe en la naturaleza. “Los árboles se comunican con nosotros en su expresión consciente de crecimiento, pero nadie está escuchando. Ni tan siquiera nos escuchamos los unos a los otros; tan solo oímos las palabras de los demás… Para hablar con la naturaleza, todo esto tiene que cambiar dentro de nosotros. Si decides aprender a comunicarte conscientemente con la naturaleza no serás capaz de hacerlo y continuar siendo la misma persona; habrá un cambio dentro de ti. Serás empujado a crecer, a expandirte, a ser más flexible; el mismo proceso lo exigirá. Descubrirás que una vez sales de la caja en la que la mayoría de la gente vive… hay una realidad inmensa y maravillosa esperando a darte la bienvenida.

¿Cree Ud. que el ser humano va a retomar el contacto profundo con el mundo natural?

Le contaré una experiencia, que tuve antes de aprender a escuchar. Cuando era un joven granjero en Tasmania (Australia) un día estaba cortando hierba y paré para el almuerzo. Había un silencio total. Me tumbé en la hierba mirando el cielo y poco a poco mis pensamientos empezaron a acallarse; era como si algo los silenciase. Al mirar hacia arriba vi un águila volando en espiral unos cientos de metros por encima de mí. Me quedé mirándola y pensé cómo debería ser volar como un águila. De repente tuvo lugar un movimiento interno y me encontré mirando por los ojos del águila; me pude ver a mí allá abajo tumbado mirando hacia arriba. En ese momento me sentí un poco perdido; era difícil mantenerme siendo los dos. Poco después comencé a ver huellas en el bosque; tenía la visión increíble que tiene un águila. Después, aunque continuaba mirando a través de los ojos del águila se abrió delante de mí, en el aire, un gran abismo, a un lado del cual estaba yo, y en el otro lado estaba toda la naturaleza. Comprendí instantáneamente que esa visión simbolizaba la humanidad y la naturaleza, y que existe un abismo de separación entre ambos. En ese momento decidí que iba a cruzar ese abismo, pero de repente el águila bajó un poco en el aire y me encontré nuevamente tumbado abajo, mirando al águila y preguntándome qué había pasado. Poco después comenzó mi viaje hacia conectar de forma más profunda con la naturaleza. “Con el tiempo llegué a cruzar ese abismo, y me di cuenta de que realmente no existía. Nunca ha existido un abismo de separación entre la humanidad y la naturaleza; esta separación es una ilusión, pero hay que cruzar el abismo para saber que nunca ha existido. No se puede cruzar de una forma intelectual; es imposible, porque es la mente a través del intelecto la que ha creado esa ilusión. Cruzar el abismo también me llevó a dejar la vida de granjero; mi vida cambió completamente.

¿Cómo logró cruzar el abismo?

El día en que desperté espiritualmente sabiendo quién soy realmente es el día en que crucé ese abismo. Porque ese abismo no solo separa a la humanidad de la naturaleza, sino que también separa a la humanidad de su propia naturaleza. “Para mí esa separación terminó. El espacio tiene lugar en el mundo físico, y el mundo físico nunca conecta, porque no puede hacerlo. Solo podemos hacer la conexión como seres metafísicos, en el mundo metafísico. La conexión es darse cuenta de que nunca ha existido la desconexión. Todo es un campo unificado de energía y nosotros somos parte de él.

JARDINERÍA CONSCIENTE

Ud. escribió el libro Conscious Garnering (Jardinería Consciente). ¿Qué pautas da en él?

Hay muchos jardineros en el mundo, pero pocos son excepcionales. ¿Qué es lo que hace que un jardinero en particular destaque entre tantos otros? En primer lugar y sobre todo, es la relación que tiene con su jardín. Vamos a ser claros: puedes ser un muy buen jardinero si sigues las instrucciones que se dan en los libros de jardinería. La repetición (aprender el oficio) puede hacer que una persona llegue a ser un buen jardinero. No es en absoluto difícil ser un buen jardinero, pero ¿sobresaliente? Esto requiere algo extra; algo que está más allá de la técnica, más allá de los conocimientos, más allá de seguir un programa subconsciente de tener éxito en la jardinería.

¿Un programa subconsciente?

Si pretendemos la excelencia, la relación con el jardín tiene que pasar al primer plano. Amar el jardín, amar la tierra, amar las plantas, realmente amar la naturaleza; esto da lugar a una relación consciente con la naturaleza. En esta gran relación, el jardín es el punto de encuentro de la persona con la naturaleza. Pero se requiere algo más. Como ya he dicho, mientras toda la vida natural está conscientemente en el momento, la humanidad está tan ocupada pensando que vive subconscientemente. Y, lo siento: la plena consciencia y la subconsciencia nunca se pueden encontrar; tampoco en el jardín. ¡No puedes ser subconscientemente consciente! No puedes amar la naturaleza subconscientemente. De hecho, no puedes amar subconscientemente. El amor, el amor verdadero, requiere plena consciencia.

“No puedes ser un jardinero subconsciente y amar el jardín. Como jardinero, puedes reñir o discutir con tu mujer, pero nunca con el jardín. Para este tipo de jardinero, el jardín es un retiro, un refugio donde guarecerse de las situaciones tormentosas. ¡Lo siento, pero este jardinero no va a ser excelente! Puedes ser un jardinero que quiera, y que consiga, el jardín más florido de la calle. Muy bonito, eres un buen jardinero; pero, lo siento, no eres sobresaliente. No se puede ser un jardinero excepcional y usar el jardín como una vía de escape de las frustraciones o para dar salida a las ambiciones; esta energía no es la correcta. Cuando uno entra en un jardín pensando en sus problemas, o preocupado, o enfadado, o poseído por otras distracciones negativas, su campo de energía cambia; baja la intensidad y calidad de su energía de luz. Esto, a su vez, tiene un efecto negativo sobre el campo de energía del jardín.

Un jardinero sobresaliente está completamente implicado con el jardín todo el tiempo que está en él. ¿Por qué es esto tan importante? Un jardín es un gran campo de energía; tú también eres un campo de energía. Si esta energía pudiese percibirse físicamente se vería como luz. Cuando, de adolescente, vivía en Inglaterra, conocí a una mujer nonagenaria. Me mostró su jardín. Era un jardín pequeño en medio de una hilera de casas adosadas, y cada jardín estaba separado de los demás por paredes muy altas hechas de ladrillos. La luz del sol luchaba para encontrar su jardín, pero aun así durante la mayor parte del año estaba lleno de plantas en flor. Yo era un jardinero aficionado, y sabía que no había suficiente luz solar para que esas plantas floreciesen. Pero al observarla y ver el amor que sentía por su jardín, me di cuenta de que ella era el sol de su jardín. Aprendí que cuando amas el jardín y sus plantas, como ella hacía, puedes deshacerte de tu libro de instrucciones. Esa mujer fue el primer jardinero excepcional que conocí. Jamás olvidé lo que me enseñó. “Una de las grandes lecciones que he aprendido conscientemente de la naturaleza respecto al jardín tiene que ver con ‘estar con’ mientras ‘haces’. Si estás arrancando malas hierbas, sé consciente de lo que estás haciendo; está con ello, y gradualmente te harás consciente de una mayor conexión con la naturaleza. La jardinería consciente significa que estás aprendiendo a ser consciente en la vida, y tu profesor es la naturaleza. La naturaleza te ofrece la relación más maravillosa posible; te lleva más allá de lo mundano hacia lo espléndido. “El espíritu de la naturaleza es una elevada energía que se encuentra en los jardines de los verdaderos amantes de los jardines. Estos sí que tienen buena mano para las plantas. Sus jardines pueden ser enormes y hermosos, o bien pueden ser una extensión aparentemente desordenada de plantas, pero en cualquier caso gozan, energéticamente, del factor ‘X’. O bien puede tratarse de jardines diminutos, como el de la mujer que mencionaba antes, pero la relación con el jardín puede ser enorme. Cuando puedas seguir los ‘sentimientos’ intuitivos que tienes como jardinero y pongas las plantas en la tierra donde ‘ellas’ quieren crecer, serás capaz de desarrollar esta preciosa relación entre tú como hombre y la naturaleza hasta su pleno potencial. Entonces te harás consciente de los claros paralelismos existentes entre la vida y el jardín.

¿Qué paralelismos?

Por ejemplo, podar los tallos viejos y espinosos de los rosales equivale a quitarse de encima la maraña de actitudes espinosas que hemos desarrollado, que dificultan nuestro crecimiento. O bien si somos conscientes mientras arrancamos malas hierbas del jardín, permitiendo así que nuestras plantas tengan el espacio que necesitan para crecer, podemos a la vez arrancar las hierbas de nuestros viejos hábitos de pensamiento, dando así espacio para la expansión y el crecimiento de nuestro propio potencial. Entrevista por Francesc Prims, realizada en el contexto del Congreso Ciencia y Consciencia celebrado en Toulouse (Francia) en mayo de 2012, convocado por Ariane Editions. Michael Roads es autor de quince libros sobre sus experiencias metafísicas, las cuales constituyen también la base de sus charlas y talleres. Asimismo, ofrece asesoramiento telefónico.

Entrevista por Francesc Prims


http://www.girosalut.org/es/comunicacion/girosalut/blog/hablar-con-la-naturaleza/21464.html