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martes, 12 de octubre de 2021

Microbiota inmunidad y alimentación- Dra.África Villaroel

 

En las últimas décadas hemos asistido a la aparición de nuevas enfermedades que se añaden a otras bien conocidas, algunas de las cuales (como la diabetes tipo 2, el sobrepeso etc), están experimentando un crecimiento exponencial, y todo ello tiene relación en gran parte con los cambios en nuestros hábitos de alimentación y con el nexo de unión existente entre microbiota e inmunidad.

Alimentación o Nutrición

25 siglos atrás, Hipócrates nos decía “Deja que la comida sea tu medicina y la medicina, tu comida”, es decir, que este concepto no es nuevo: hace siglos que se sabe que nuestra salud depende directamente de nuestros hábitos de alimentación (y de otro tipo de hábitos en los que no voy a centrarme).

Hoy sabemos que esto es debido en gran parte a su influencia sobre la microbiota humana: a través de la alimentación podemos cuidar y mejorar nuestra microbiota…o, todo lo contrario, lo que incidirá de forma directa en nuestra salud.

En primer lugar, vamos a diferenciar alimentación de nutrición:

La ALIMENTACIÓN es el acto voluntario por el cual las personas consiguen, eligen, preparan e ingieren alimentos para satisfacer el hambre o, más bien, en nuestros días y en nuestro medio, las ganas de comer (el hambre es otra cosa). Es, por tanto, un proceso educable y consciente.

La NUTRICIÓN es el proceso fisiológico, involuntario e inconsciente, que nuestro organismo realiza mediante la digestión, absorción y transporte de nutrientes, para capturarlos y asimilarlos, con el fin de mantenerse con vida.

Pues bien, la alimentación moderna, plagada de errores nutricionales (como el exceso de azúcares, el abuso de alimentos precocinados y altamente procesados, los métodos de cocción poco adecuados, la adición de conservantes y colorantes artificiales…) supone una agresión constante a nuestra microbiota, favoreciendo junto con otros factores que aparezca lo que conocemos como disbiosis intestinal.

La microbiota y sus funciones: un breve recordatorio

El ser humano es, entre otras muchas cosas, el hogar de una gran colonia de bacterias amigas: la microbiota humana.

Billones de bacterias, conviven con nosotros en una relación de simbiosis, es decir, nosotros les damos alimento y cobijo, y ellas nos aportan grandes beneficios. Se localizan en el tracto gastrointestinal, genitourinario, la cavidad oral, la nasofaringe, el tracto respiratorio y la piel. Constituyen un gran órgano metabólico cuyas funciones van más allá de la digestión…mucho más allá. Así, estas bacterias ejercen funciones indispensables para nosotros:

1.- Regulación de la inmunidad, colaborando en el desarrollo del sistema inmune desde el nacimiento, a la vez que ejerce una función defensiva, de barrera, evitando que otros patógenos se adhieran a la mucosa y causen enfermedades.

2.- Nutrición: participando en el metabolismo de algunos nutrientes (lactosa, proteínas y grasas), facilitando su digestión y absorción, sintetizando vitaminas (K, B6, B12, ácido fólico, ácido nicotínico…), aumentando la disponibilidad de minerales como el calcio, cobre, zinc o hierro…

3.- Modulación del crecimiento y diferenciación celular (factor protector frente a algunos tipos de cáncer)

4.- Modulación del sistema nervioso central: la microbiota, el intestino y el cerebro están ampliamente conectados y relacionados. Se sabe que la microbiota es responsable de la producción y almacenamiento de sustancias químicas como la serotonina y la dopamina, que son moduladores del sistema nervioso indispensables en nuestro rendimiento y estado de ánimo. Así, se ha visto como alteraciones en la microbiota, pueden influir en la percepción del dolor, la reacción al estrés, la aparición de depresión, síndrome de fatiga crónica…

5.- Regulación de la inflamación sistémica mediante la producción de sustancias anti y pro inflamatorias cuyo equilibrio es indispensable para evitar la aparición de enfermedades.

Factores que influyen en la microbiota humana

Cada persona presenta una microbiota única, con gran variabilidad en su composición que estará determinada por factores genéticos y ambientales, y que irá cambiando a lo largo de la vida bajo la influencia de distintas circunstancias.

Dentro del útero materno el feto dispone de su propia microbiota fetal (localizada en la placenta, líquido amniótico, cordón umbilical y meconio), y en el momento del nacimiento el tracto gastrointestinal del bebé es colonizado por las bacterias de la madre, así:

  • El medio ambiente y la microbiota materna durante el parto
  • La vía de nacimiento (vaginal o cesárea)
  • El tipo de alimentación recibida en la primera infancia (lactancia materna o artificial),

son factores decisivos que determinarán nuestra microbiota futura.

Cambios a lo largo de la vida

Con el paso de los años la composición microbiana ira cambiando, así, en los primeros 2 años de vida, la microbiota está dominada por las bifidobacterias, pero posteriormente la composición microbiana se diversifica influenciada por factores como:

  1. Lugar de residencia,
  2. Ingesta de ciertos fármacos
  3. Padecimiento de distintas enfermedades
  4. Exceso de grasa corporal
  5. Tipo de alimentación y hábitos que mantengamos

Composición de la microbiota

La composición de la microbiota alcanzará su máxima complejidad en el adulto, con cientos de filotipos pertenecientes a tres grandes familias: Firmicutes (gram-positivos), Bacteroidetes (gram-negativos) y Actinobacterias (gram-positivos).

Una vez establecida sufrirá escasas variaciones a lo largo del tiempo, a no ser que nos dediquemos a agredirla o existan circunstancias que la modifiquen: eso podrá provocar o favorecer una alteración en su equilibrio.

Un desbalance, una modificación en la proporción de bacterias “buenas y malas” a favor de estas últimas, podría producir respuestas adversas en el individuo que las hospeda, apareciendo lo que conocemos como disbiosis, y, con ella, la enfermedad.

Causas de disbiosis

La disbiosis ha sido asociada con afecciones tan diversas como el asma, las enfermedades inflamatorias crónicas, las enfermedades autoinmunes, las alergias, las migrañas, la obesidad, la diabetes y la esteatohepatitis no alcohólica (EHNA) entre otras…merece la pena cuidar nuestras bacterias, ¿no?

El uso de ciertos medicamentos (como los antibióticos, antiinflamatorios, antiácidos o los laxantes), el estrés, el exceso de proteínas y azúcares simples en la dieta, la ingesta escasa de fibra, el consumo de alimentos procesados…hábitos muy frecuentes en la población occidental, pueden ser algunos de los factores causantes de la disbiosis intestinal.

Pero también puede aparecer disbiosis en pacientes con enfermedad celíaca, sensibilidad al gluten, infecciones, enfermedades intestinales (pancreatitis, diverticulitis, enfermedad inflamatoria intestinal…), en el post operatorio de ciertas cirugías etc.

Alteración de la microbiota y de la inmunidad

He comentado más arriba que una de las múltiples funciones de la microbiota es la de la regulación de la inmunidad.

El sistema inmune lo conforman un conjunto de órganos, tejidos, células y productos derivados de estas células que se encuentra distribuido por todo el organismo y que, en condiciones normales y de forma muy resumida, se encarga de protegernos. Para ello, realiza dos procesos fundamentales: el reconocimiento y la defensa.

Así, el sistema inmune reconoce de forma permanente aquello que forma parte del organismo (tejidos, células), y nos defiende de lo que es extraño a él y que potencialmente puede agredirnos, bien desde el exterior (virus, bacterias, otros patógenos) o bien desde el interior (células degeneradas o tumorales).

Del adecuado funcionamiento del sistema inmune y su integridad dependerá nuestra supervivencia, y si el sistema inmune se altera, podremos tener una mayor predisposición a presentar infecciones, disfunciones autoinmunes, alergias etc.

La microbiota como modulador del sistema inmunitario

La microbiota ejerce una función moduladora del sistema inmune a través del reconocimiento de elementos agresores por parte de componentes intestinales, la promoción de la producción de mediadores y la generación de respuestas para mantener la homeostasis intestinal inmunológica.

Además, induce el desarrollo de la inmunidad innata y específica o adquirida, estimulando y coordinando la respuesta inmune del tracto gastrointestinal, lo que implica la existencia de un equilibrio entre el sistema inmune, la microbiota y la mucosa intestinal.

La microbiota como sistema de defensa de nuestra inmunidad

Pero también ejerce una función defensiva, por un lado, su amplia superficie funciona como una gran “barrera” que evita que los microorganismos patógenos se adhieran a la mucosa intestinal y causen enfermedades, y por otro lado, es capaz de secretar sustancias antimicrobianas y de acidificar el medio al segregar ácidos orgánicos que pueden eliminar algunos microorganismos indeseables.

Por último, la microbiota mantiene sanas a las células epiteliales favoreciendo y regulando el proceso de renovación constante y, de esta forma, fortaleciendo la defensa.

De modo que, si la composición de nuestra microbiota se altera, podrá aparecer un desequilibrio en la inmunidad que nos hará más propensos a padecer distintas enfermedades.

¿Cómo podemos mejorar la microbiota, y por tanto la inmunidad, a través de la alimentación?

Los factores genéticos, la alimentación de nuestras madres durante el embarazo, o el haber sido alimentados en la infancia de una u otra forma…ya no lo podemos cambiar, pero SÍ podemos optar por unos hábitos más saludables, que cuiden nuestras bacterias, que mantengan el equilibrio adecuado y, por tanto, prevengan la aparición de enfermedades relacionadas con la disbiosis…pero sobre todo, y más importante que esto, al cuidar nuestra alimentación, estaremos dejando a nuestros hijos una herencia preciosa, de un valor incalculable…unos hábitos de alimentación que les proporcionen y mantengan nuestro bien más preciado: la salud.

Algunas reglas para mejorar nuestra inmunidad a través de la microbiota y la alimentación

Así que, para cuidar nuestras bacterias, deberíamos cambiar, educar y mejorar nuestra alimentación (recordad que no es lo mismo que nutrición), y eso pasa por:

Vegetales

1-Consumir verduras a diario y en todas las comidas principales, preferentemente enteras (no en puré) para preservar la fibra (prebiótico), y cocinadas, para disminuir el efecto flatulento, las verduras deberían ser la base de nuestra alimentación.

2-Aumentar el consumo de setas comestibles, cuyos polisacáridos, generalmente pertenecientes a la familia de los betaglucanos, parecen tener un efecto estimulante sobre el sistema inmune e inmunomodulador.

3-Consumir regularmente tubérculos, que poseen efecto prebiótico, es decir, incluyen en su composición ingredientes no digeribles que estimulan el crecimiento o la actividad de un número ilimitado de bacterias del colon.

4-Consumir fruta con moderación. Dada la cantidad de fructosa (azúcar) que contienen, no debemos excedernos en su consumo, pero son indudables sus propiedades beneficiosas (efecto prebiótico), así, se aconseja dar preferencia a frutas con fibra soluble (manzana, membrillo, higo, plátano, pera, ciruela…)

Almidones

Consumir fuentes naturales de almidón resistente, con efecto prebiótico; ejemplos de ello son la fécula de patata, el plátano macho, boniato, yuca, lentejas, guisantes, castañas, trigo sarraceno y el arroz y patata cocinados y consumidos después de enfriarse.

Grasas

Aumentar el consumo de grasas saludables ricas en ácidos grasos Omega 3: aceite de oliva virgen extra, frutos secos, pescado azul (evitando los de gran tamaño, por su elevado contenido en mercurio)

Proteína

Consumir una cantidad adecuada de proteínas de calidad y de origen animal (a no se r que, por motivos éticos, se decida evitar su consumo), dando preferencia al pescados, huevos y carnes de ave.

Microbiota

Sabemos que existen cepas específicas que pueden ayudar a modular y reforzar el sistema inmune, como Lactobacillus plantarum, Lactobacillus reuteri, Lactobacillus casei, Lactobacillus paracasei u otros, así que esta parece una opción interesante como coadyuvante para evitar y prevenir la disbiosis y para ayudar al sistema inmune a protegernos de microorganismos agresores, algo fundamental en estos momentos, y sí, también en personas sanas.

Otros consejos

Consumir fibra insoluble, que ayuda a la formación del bolo fecal y favorece el tránsito intestinal, dando preferencia a la procedente de vegetales en lugar de hidratos de carbono acelulares como los cereales.

Evitar la toma de antibióticos cuando no sean necesarios: los antibióticos no son útiles en las infecciones víricas, que son la mayoría.

Abandonar para siempre el azúcar puro y refinado, los productos altamente procesados, precocinados, conservantes, colorantes…para siempre.

Promover una alimentación sana de la madre durante el embarazo y lactancia, así como favorecer la lactancia materna…será un seguro de salud para nuestros hijos.

Comer comida y no productos, así de simple.

Conclusiones

La microbiota humana ejerce funciones indispensables para el mantenimiento de la salud, entre ellas, la regulación de nuestro sistema inmune.

La composición de nuestra microbiota depende de múltiples factores, unos no modificables, como la herencia, y otros modificables como la alimentación.

El sistema inmune se encarga de protegernos, y dada la influencia de nuestra microbiota sobre el adecuado funcionamiento del sistema inmune, si la composición de la misma se altera, podrá aparecer un desequilibrio en la inmunidad que nos hará más propensos a padecer distintas enfermedades.

Podemos modular y mejorar la composición de la microbiota a través de la alimentación y la Microbioterapia: nuestra salud depende en gran medida de nuestros hábitos de alimentación.

 

Bibliografía

  • Hill DA, Artis D. Intestinal Bacteria and the Regulation of Immune Cell Homeostasis. Annu Rev Immunol. 2010;28(1):623-67.
  • Kau A. L., Ahern P. P., Griffin N. W., Goodman A. L., Gordon J. I. «Human nutrition, the gut microbiome and the immune system», Nature. 2011; 474:327-360
  • Nova, E., Montero, A. y Marcos, S. G. A. «La estrecha relación entre la nutrición y el sistema inmunitario», Soporte Nutricional en el Paciente Oncologico. 2012; 1(1): 9-21.
  • Maynard CL, Elson CO, Hatton RD, Weaver CT. Reciprocal interactions of the intestinal microbiota and immune system. Nature. 2012 Sep 13;489(7415):231-41.
  • M.E. Icaza-Chávez. Microbiota intestinal en la salud y la enfermedad. Rev Gastroenterol México. 2013;78(4):240-8.
  • Lynch SV, Pedersen O. The Human Intestinal Microbiome in Health and Disease. N Engl J Med. 2016;375(24):2369-2379.
  • Le Doare, K., Munblit, D., Todryk, S. M., Prentice, S. «They Are what You eat: Can Nutritional Factors during Gestation and early infancy Modulate the Neonatal immune Response?», Immunol. 2017; 8(8): 16413389-1641.
  • José María Esteban Fernández. Probióticos: ¿Terapias con el microbioma humano? Revista profesional de formación continuada Aula de la Farmacia. Abril de 2018;14(25);44-56.

Dra. África Villaroel

Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca (2000). Médico Especialista en Endocrinología y Nutrición formada en Hospital Universitario La Paz de Madrid (2005).

Volcada en una labor constante de divulgación, es la creadora del blog «Cómo entender a tu endocrino.

 

martes, 26 de febrero de 2019

¿Las bacterias en el intestino afectan el humor y el comportamiento?- John Staughton

Traducido con Amor desde https://www.scienceabc.com/

 Si está involucrado o interesado en su salud, entonces ya sabe la importancia del sistema gastrointestinal. No solo es el lugar donde se producen la absorción y la digestión de los nutrientes, sino que también es un área clave para nuestro sistema inmunológico. Probablemente también sepa que nuestro intestino está lleno de billones  de células bacterianas, tanto buenas como malas, que pueden tener un gran impacto en nuestro metabolismo, peso y bienestar general.

Sin embargo, muchas personas argumentan que el intestino también tiene una influencia seria en nuestro comportamiento y estado de ánimo, lo que es un poco más difícil de entender. Después de todo, el comportamiento y el estado de ánimo son aspectos psicológicos de nuestra vida, mientras que las bacterias en nuestro intestino se asocian más a menudo con aspectos físicos como el hambre y la fuerza del sistema inmunológico.

Aunque puede parecer increíble que las bacterias en el intestino puedan influir en cómo se comportan, piensan e interactúan los humanos, ¡es absolutamente cierto!

El lado secreto de las bacterias

Los seres humanos son organismos multicelulares extremadamente complejos, pero ha habido una cosa que ha permanecido igual durante cientos de millones de años de evolución gradual: la presencia de bacterias en nuestros cuerpos. De hecho, el cuerpo humano promedio contiene aproximadamente 100 billones de bacterias, lo que representa una biomasa total de 1 a 3 libras en la mayoría de las personas. Con más de mil especies diferentes de bacterias en nuestros cuerpos en un momento dado, no debería sorprender que muchas de esas especies tengan efectos que vayan más allá de los conceptos básicos del metabolismo, la digestión y la respuesta inmunológica.

De hecho, la investigación ha relacionado recientemente a las bacterias con varios aspectos diferentes de la química de nuestro cerebro, incluidos los trastornos neuronales y los trastornos psicológicos como el autismo, la depresión y la ansiedad.

Bacterias y depresión

La investigación ha revelado recientemente que ciertas bacterias también pueden ayudar a nuestros cuerpos a modular los niveles de hormonas del estrés en el cuerpo. Un estudio demostró que tener niveles más altos de dos cepas particulares de bacterias, bifidobacterias y lactobacilos,  está vinculado a una liberación reducida de hormonas del estrés en el torrente sanguíneo. Esta prueba tiene su base en ratas de laboratorio, pero los primeros experimentos en humanos con estas dos cepas de bacterias han producido niveles de ansiedad similarmente bajos en respuesta a las actividades que normalmente inducen ansiedad.

La investigación ha revelado que aproximadamente el 50% de los neuroquímicos están realmente comprometidos con la función intestinal, regulando así el apetito, la tasa digestiva y el metabolismo. Estos neuroquímicos incluyen una cantidad significativa de dopamina y serotonina en nuestros cuerpos, que la mayoría de las personas asumen que se produce y utiliza en el cerebro mismo. En verdad, la mayoría de esos neuroquímicos se manejan y producen directamente en el intestino.

Las "buenas" bacterias en el estómago deben ser maximizadas, y una de las mejores maneras de garantizar un microbioma equilibrado es "alimentar" a esas bacterias con lo que necesitan, como prebióticos, carbohidratos concentrados que ayudan a que esas bacterias crezcan. Al mejorar la salud bacteriana del intestino, se midió una disminución mensurable de la ansiedad en pacientes humanos, porque las bacterias funcionaban correctamente y liberaban sustancias químicas para aliviar el estrés.

Bacterias y autismo

El reciente aumento en el interés relacionado con la gastroenterología y las condiciones psiquiátricas ha resultado en una gran cantidad de investigaciones realizadas sobre el tema. Una revelación interesante ha sido los niveles elevados de un químico particular, el 4-etilfenilsulfato, también conocido como 4EPS, que parece ser producido por bacterias intestinales. Los niños con autismo demuestran niveles estadísticamente más altos de 4EPS que los que no lo tienen, y los estudios de laboratorio han demostrado que los ratones inyectados con dosis concentradas de este químico también comenzaron a mostrar síntomas austísticos.

La razón por la que esta conexión intestinal-cerebral es tan importante es que, para muchas afecciones neurológicas, no se conoce ninguna cura, pero puede deberse a que los investigadores han estado buscando en el lugar equivocado. Los neurotransmisores, como su nombre lo indica, se consideran en gran parte como si estuvieran en el cerebro, pero resulta que el intestino también produce importantes neurotransmisores que pueden afectar el comportamiento social y la química cerebral. Al limitar los candidatos para un vínculo entre las bacterias intestinales y el autismo, los investigadores podrían eliminar teóricamente esas bacterias y la sustancia química que producen, minimizando o incluso revirtiendo los síntomas del autismo.

Otras investigaciones incluso han vinculado nuestra respuesta psicológica a los estímulos emocionales con la presencia o ausencia de bacterias intestinales. En un estudio controlado, dos grupos recibieron un probiótico y un placebo, respectivamente. Cuando más tarde se mostraron imágenes de personas con expresiones faciales emocionales, las personas a las que se les había administrado el probiótico eran más conscientes y respondían mejor a las emociones, algo con lo que a menudo luchan las personas con un trastorno del espectro autista.

¿Qué significa todo esto?

Si podemos entender qué tipos de bacterias intestinales controlan qué estados de ánimo, emociones y señales químicas dentro del cuerpo que afectan la función cerebral, teóricamente podríamos adaptar un equilibrio bacteriano saludable en el estómago. Esencialmente, podría ser posible revertir o incluso inhibir ciertos trastornos mentales o psicológicos crónicos. Todo lo que necesitamos son algunos científicos locos para hacerlo realidad...

Dicho esto, los mecanismos exactos detrás de gran parte de esta interacción cerebro-intestino no se entienden. Las teorías incluyen una conexión clave entre las bacterias y el nervio vago (que controla la contracción digestiva y la entrada sensorial al cerebro), pero esto aún no se ha demostrado. La investigación más reciente se ha centrado en la amplia gama de metabolitos, los productos químicos similares a los medicamentos producidos por la microflora que potencialmente podrían imitar, contrarrestar o complementar los neurotransmisores tradicionales.

Es importante recordar que la evolución suele ser extremadamente eficiente, durante un período de tiempo suficientemente largo. Por lo tanto, para mejorar su capacidad para reproducirse, propagarse y sobrevivir, las bacterias probablemente han alterado la química de nuestro cerebro en innumerables formas a lo largo del tiempo, ¡tal vez incluso impulsando nuestro comportamiento social para formar comunidades y establecerse en estrecha proximidad con otros anfitriones potenciales!

Cuanto más aprendemos sobre las bacterias, más nos damos cuenta de que hacen mucho más que digerir nuestros alimentos: ¡dictan la forma en que experimentamos, pensamos y nos acercamos al mundo que nos rodea!

Sobre el autor :

John Staughton es un escritor, editor y editor viajero que obtuvo sus títulos de inglés y biología integradora en la Universidad de Illinois en Champaign, Urbana. Es el co-fundador de una revista literaria, el Sheriff Nottingham, y llama a los lugares más bellos del mundo su oficina. En un viaje perpetuo hacia la idea del hogar, usa palabras para educar, inspirar, elevar y evolucionar.

https://www.scienceabc.com/humans/does-bacteria-in-the-gut-stomach-affect-mood-and-behavior.html

jueves, 7 de febrero de 2019

Psicobiótica: ¿Bacterias para tu cerebro? - Kelly Brogan

Traducido con Amor desde… https://wakeup-world.com

4 de febrero de 2019

Todos los psiquiatras de medicina funcional tienen historias de casos sobre la cura de un paciente con síntomas debilitantes, a menudo obsesivo y compulsivo, cuyos síntomas remiten completamente con cambios en la dieta y suplementos de probióticos. ¿Es esto vudú o se basa en una creciente comprensión del papel del  microbioma en la salud mental y el comportamiento?

Durante dos décadas, los  investigadores pioneros  han estado probando modelos inflamatorios de enfermedades mentales como la depresión, el trastorno bipolar y la esquizofrenia. La investigación se ha centrado en los marcadores que indican problemas de inmunidad en un subconjunto importante de pacientes, muchos de los cuales están etiquetados como "resistentes al tratamiento". A través de este cuerpo de literatura, hemos identificado que la depresión puede inducirse, en  animales  y en  humanos, a través de agentes inflamatorios, lo que se correlaciona con los niveles en sangre de marcadores inflamatorios, de   manera lineal (más marcadores = peor depresión), y que los síntomas pueden revertirse a través de antiinflamatorios farmacéuticos.

Modelos inflamatorios de la enfermedad mental: el papel del intestino

Trabajando con esta premisa, ¿dónde es el mejor lugar para comenzar cuando consideramos cómo modificar los estados inflamatorios en el cuerpo, naturalmente? Lo has adivinado, es en el intestino. Con más del 70% de nuestro sistema inmunológico, la intuición es nuestra interfaz entre el mundo exterior e interior, separados por el grosor de una celda. Los microorganismos residentes, que superan en número a las células de nuestro cuerpo humano por 10: 1, desarrollan un ecosistema a través de  exposiciones postnatales, en el canal vaginal, a través de la lactancia materna, y del entorno inmediato. La interrupción del equilibrio de las bacterias a través de la exposición a medicamentos, el gluten, los herbicidas, el estrés y las infecciones puede sentar las bases para que el sistema inmunitario innato se prepare para el ataque. La depresión, asociada con la integridad comprometida de esta barrera intestinal, se convierte en la tormenta de la inflamación, el deterioro de la maquinaria celular (es decir, las mitocondrias), el estrés oxidativo y la inflamación en una rotación hacia adelante tipo carrusel. Específicamente, la depresión está asociada con niveles elevados de lipopolisacárido (LPS), una toxina inflamatoria que se une a los nutrientes y es producida por bacterias que están destinadas a permanecer en el intestino.

Si la depresión es un conjunto de síntomas en sentido descendente, y la inflamación, el estrés oxidativo y la disfunción mitocondrial están impulsando estos síntomas, ¿cuál es la fuente? Parece, a partir de datos en animales y humanos, que la alteración de nuestra ecología intestinal puede ser un factor importante, y el microbioma se ha colocado a la vanguardia de la investigación psiquiátrica de vanguardia.

La psicobiótica abarca el uso de probióticos en salud mental con referencia a estudios en animales en los que los cambios de comportamiento resultaron de la exposición a cepas bacterianas como  bifidobacterium  y  lactobacillus . En ensayos controlados con placebo en humanos, medidas de ansiedad, fatiga crónica y depresión y ansiedad se muestran asociadas con el síndrome del intestino irritable.

Sabiduría antigua

Dado lo poco que se sabe acerca de las aplicaciones terapéuticas de diferentes cepas, puede tener sentido diferir a las prácticas ancestrales que confirman la importancia de las exposiciones a los probióticos. En estos alimentos, como el kimchi lactofermentado, los pepinillos, el chucrut y otras verduras tradicionales, los microbios actúan sobre los alimentos, y los alimentos actúan sobre nuestro microbioma.

¿Qué hacen las bacterias en el intestino? ¿Sólo ayudan con la digestión?

Según los estudios realizados, tienen un gran papel en:

  • Protección directa de la barrera intestinal
  • Influencia en el estado antioxidante local y sistémico, reducción de la peroxidación lipídica
  • Producción neuroquímica directa producida por microbios, por ejemplo, ácido gammaaminobutírico (GABA) 
  • Influencia indirecta en la producción de neurotransmisores o neuropéptidos
  • Prevención de alteraciones inducidas por el estrés en la microbiota intestinal general
  • Activación directa de vías neurales entre el intestino y el cerebro
  • Limitación de la producción de citoquinas inflamatorias
  • Modulación de sustancias químicas neurotróficas, incluido el factor neurotrófico derivado del cerebro
  • Limitación de la malabsorción de carbohidratos
  • Mejora del estado nutricional, por ejemplo, ácidos grasos omega-3, minerales, fitoquímicos de la dieta 
  • Limitación del sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado
  • Reducción de la carga de aminas o toxinas urémicas
  • Limitación de patógenos gástricos o intestinales (por ejemplo, Helicobacter pylori)
  • Propiedades analgésicas

Dadas las prácticas de fermentación generalizadas en las culturas tradicionales, parece que esta sabiduría dietética puede servir para mejorar la inflamación intestinal y promover la asimilación óptima de nutrientes.

Además de aumentar la biodisponibilidad y la producción de minerales, neuroquímicos y ácidos grasos, los alimentos fermentados en  realidad producen metilfolato , una forma activada de folato necesaria para la  metilación : síntesis química cerebral, desintoxicación y expresión génica.

Tenemos la oportunidad de utilizar alimentos terapéuticos para reeducar un sistema inmunológico que ha sido descarrilado. La psicobiótica tiene el potencial de modular múltiples factores relevantes diferentes a la vez.

Por lo tanto, es convincente considerar el poder de reconectarse con el mundo natural a través de nuestros alimentos, comunicándoles a través de nuestras entrañas a nuestros cerebros que  los nutrientes son abundantes, que  nuestros cuerpos son seguros y que nuestros sistemas inflamatorios pueden tranquilizarse. Es bajo estas circunstancias que la complejidad infinita de los sistemas endocrino, inmune y gastrointestinal puede desarrollarse, sin impedimentos para apoyar la salud mental y el bienestar.

Sobre el Autor:

Kelly Brogan, MD, es un psiquiatra holística, autora del libro más vendido del NY Times,  A Mind of Your Own , el libro para niños  A Time For Rain y coeditor del libro de texto de referencia,  Integrative Therapies for Depression. Completó su entrenamiento psiquiátrico y su beca en el Centro Médico de NYU después de graduarse de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell, y tiene un BS del MIT en Sistemas de Neurociencia

https://wakeup-world.com/2019/02/04/psychobiotics-bacteria-for-your-brain/