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jueves, 30 de septiembre de 2021

LA TRAMPA DE LA ILUMINACIÓN - Stephen Levine

A veces estamos tan ocupados meditando que no podemos ver la verdad. Estamos tan llenos de buenas estrategias, de maneras de captar la Luz, que obstruimos nuestra sabiduría natural con todas nuestras acciones.

La iluminación es sinónimo de la capacidad de estar simplemente presentes, de estar en este momento sin apegarnos a ningún otro sitio, con toda nuestra vida aquí mismo y ahora mismo.

Nos sentamos para meditar durante una hora, pero ¿qué parte de esa hora nos limitamos a permanecer sentados? ¿Cuánto tiempo pasamos en pensar en la manera de sentarnos, en vez de sentarnos simplemente? ¿Qué parte de ese tiempo estamos perdidos en la mente que piensa.

 Ser capaces de estar simplemente sentados, o simplemente de ser, suele ser muy difícil. La mayor parte de nuestra vida nos han estado estimulando para estar en otra parte, usando planes y estrategias.

 Tal vez tengamos que librarnos de todos los medios eficaces y de todas las respuestas a nuestras preguntas si queremos seguir con nuestro trabajo.

 Los medios eficaces no van a aclararnos nada, como tampoco lo hará pensar que alguien o que algo externo a nosotros vaya a hacerlo, porque nos daremos cuenta que lo que estamos buscando está ya aquí.

 Incluso la mente errante, si la observamos sin desear que cambie, es la clave de una gran sabiduría porque es exactamente quienes  somos en ese momento. No necesitamos ser nadie más.

 Cuando experimentamos el momento, conocemos la verdad, y esa verdad es aplicable y útil en ese momento. Pero no nos aferremos a ella porque esa verdad es la verdad de ese momento. En otro momento podría ser un obstáculo. Igualmente también los métodos son verdades de un momento, herramientas para usar y tirar. Los métodos pueden ser medios para ir más allá del condicionamiento o pueden convertirse simplemente en una carga adicional. Los métodos son como una espina que se usa para quitar otra espina. Cuando se extrae la primera espina de la carne, hay que tirar las dos espinas juntas. Todos los métodos, todas las respuestas profundas, son reflejos del momento que hay que mirar y abandonar.

 Podemos mantener un compromiso con una sola práctica sin mostrar rigidez ni tener prejuicios. Confiando en el sentido interno de lo que necesitamos, podemos mantener una relación profunda con la fuente que buscamos.

 La confianza en la naturaleza búddhica, en el corazón de Cristo, en la esencia de cualquier linaje que sigamos, nos permite incluso equivocarnos a veces. Nuestra adicción a "tener razón " siempre es un gran obstáculo para la verdad. Nos mantiene alejados de ese tipo de apertura que proviene de la confianza en nuestra sabiduría natural.

 El maestro zen Suzuki Roshi hablaba de la "iluminación previa a la iluminación" que es el estado de la mente en el que hay atención, cuando no estamos interesados en que las cosas sean de una determinada manera distinta a lo que son. Se trata de ver simplemente el momento presente, con paciencia y una visión clara.

 Cuando usamos algún método para ayudarnos, muchas veces pensamos en el concepto de una mente iluminada o no iluminada. Y así, continuamos separados de nuestra globalidad, seguimos sin estar en el momento presente.

 La iluminación no es la iluminación. La iluminación es una palabra.

 Una de las causas que nos separa de lo que podría ser la iluminación son nuestras ansias de lo que imaginamos que es la iluminación. La iluminación puede convertirse en nuestra mayor causa de sufrimiento, porque es nuestro mayor anhelo. En nuestro mayor anhelo por "estar en otra parte", está nuestro mayor vacío.

 La iluminación es la libertad, la idea de la iluminación es una cárcel.

 La verdad existe en el momento. Si estamos en cualquier otra parte buscando algo, fuera de “ese” momento, estamos encarcelados.

 Yo pensaba antes que las experiencias intensas eran una indicación de haber conseguido algo. Tenía una experiencia nueva y poco después tenía otra visión, y pensaba "¡Oh!, realmente voy avanzando, ¡cada vez estoy más cerca!", y después había una experiencia vaga y después una experiencia intensa...y,( cada vez la misma idea), " Oh, aquí está!"... Y después estaba el "mundo de la sabiduría insuperable", y, luego el "ningún tipo de yo, en ninguna parte", y después otra experiencia, y otra, y yo decía, "bueno, ¡ ya, no puede estar demasiado lejos"!...

 Y cada vez más experiencias. Después, empecé a darme cuenta de que lo que pensaba era que habría unas cuantas docenas de experiencias, y que ya estaba todo terminado; una realización pura veinticuatro horas al día.

 Pero resulta que hay cientos y cientos de lo que llamamos "experiencias intensas" Y no son más que experiencias...

 Un amigo cuyo maestro de meditación había hablado mucho de él en la India, por varias experiencias extraordinarias que había tenido, regresó a su país. Poco después de regresar fue a visitar a un célebre maestro del Zen coreano. El maestro Zen le preguntó cómo iba su práctica. Con cierto orgullo mi amigo le habló de sus visiones extraordinarias y de sus experiencias y de la profundidad de ciertos momentos de su meditación. El maestro coreano miró despistadamente por la habitación hizo una pausa y le preguntó: " ¿y donde están esas experiencias ahora?”

 El valor de las experiencias profundas es la purificación. La penetración en lo que es, lo que ocurre en el momento. Pero aferrarse a cualquier experiencia como una consecución o como una verdad capturada aparta la atención de la realidad del momento siguiente.

 Entonces, ¿cómo podemos trabajar hacia la iluminación sin aferrarnos al deseo?

 Desgraciadamente, en inglés usamos la palabra "deseo" para definir dos actitudes mentales muy distintas.

 Existe el "deseo" que busca la iluminación, tal vez en pos de la satisfacción de una vida más fácil, y existe el "deseo" de que todos los seres estén libres del sufrimiento, de que el mundo tenga paz. Puede existir el deseo de la purificación, que es esencialmente una "motivación" hacia la plenitud. Es un abrir las manos, es estar dispuesto a recibir, antes que un deseo de ser el primero de nuestro bloque de pisos en haber atrapado la sabiduría universal.

 El deseo de libertad, cuando nos empuja a ir hacia nuestro estado natural, es un gran júbilo. El deseo de ser libres de las cosas tal como son es un gran sufrimiento.

 Nadie que desee estar iluminado estará nunca iluminado, porque aquello de lo que nos liberamos con la iluminación es de querer estar iluminados. Desear la iluminación es como el ego deseando estar presente en su propio funeral.

 El yo imaginado, al tratar de poseer la iluminación, .no se da cuenta de que está cometiendo suicidio, porque es la destrucción de este "yo" separado lo que permite la experiencia de nuestra naturaleza universal.

 Es un despertar gradual, pero, aun sabiéndolo, podemos a veces ver cómo nuestro condicionamiento desaparece en un momento de gran paz o de clara visión, muy parecido al pez que salta del agua para coger un insecto.

 Podemos decirnos, no busques experiencias intensas porque sabemos que no son sino parte del espectáculo transitorio, pero sin embargo a veces nos fijamos en la mente condicionada que quiere ser algo distinto a lo que es. Pero no es más que este apego, este constante convertirse, lo que hace que la mente parezca no estar iluminada.

 Cuando no hay ningún apego en ningún punto, ya está; esa es la mente original, la esencia de la mente original, la esencia de la mente. Ya es pura. Ya es luminosa. Cuando experimentamos eso durante una milésima de segundo, el mundo se detiene y podemos desapegarnos de cualquier necesidad de estar en ninguna parte excepto en la perfección del momento.

 Todos sabemos más de lo que creemos saber. La sabiduría es más accesible para nosotros de lo que nos damos cuenta. No confiamos en nuestra visión porque creemos que no estamos iluminados. Un amigo mío decía "sal a la calle y finge estar iluminado. Si sigues actuando así, lo estarás. Pues bueno, ¿por qué no?".

 En lugar de eso, fingimos no estar iluminados. Pero "no iluminados" e "iluminados" no son más que ideas.

 Cuando observamos la mente, vemos lo débil que es el pensamiento, porque el movimiento del pensamiento consiste sobre todo en palabras. Pero a un nivel más profundo hay un movimiento de la mente que puede experimentarse cuando ya no nos basamos en palabras, cuando no nos limitamos a experimentar.

 A ese nivel experimentamos una urgencia que podríamos llamar casi "una añoranza de Dios", un anhelo estático de regresar a Casa, de volver al origen, de ser completos.

 Este es el infinito incondicionamiento que está más allá de la mente, el ser puro e indiferenciado.

Stephen Levine (17 de julio de 1937 - 17 de enero de 2016) fue un poeta, autor y maestro estadounidense mejor conocido por su trabajo sobre la muerte y el morir. Es uno de una generación de maestros pioneros que, junto con Jack Kornfield, Joseph Goldstein  y Sharon Salzberg, han hecho que las enseñanzas del budismo estén más ampliamente disponibles para los estudiantes en Occidente. 

 (Extracto del libro “A Gradual Awakening”, .Cap. 14 )

domingo, 3 de enero de 2021

Placer, dolor y felicidad - Stephen Levine

 

Traducido del libro en inglés…”A Gradual Awakening” de Stephen Levine

 

Hay varias formas de lidiar hábilmente con el dolor que permiten una visión de cómo la mente y el cuerpo se interpenetran. 

Cuando hay un dolor en el cuerpo, podemos ver cómo causa un estado mental. Alienta ciertos pensamientos. El cuerpo afecta la mente de la misma manera que la mente afecta al cuerpo: así como la postura de tu cuerpo refleja el estado de ánimo, también las condiciones corporales crean condiciones mentales

Cuando observamos el dolor, lo primero evidente es la resistencia al dolor. 

Nosotros notamos la sensación física llamada dolor y una respuesta mental que es aversión al malestar, repulsión. Es un deseo de estar en un estado que no sea el estado en el que estamos, que es en sí misma la definición más clara podría ser: desear estar en otro lugar. Desear que  las cosas sean de otra manera es la esencia misma del sufrimiento.

Casi nunca experimentamos directamente qué es el dolor porque nuestra reacción es tan inmediata que la mayor parte de lo que llamamos dolor es en realidad nuestra experiencia de resistencia a ese fenómeno. Y la resistencia es generalmente mucho más dolorosa que la sensación original. 

Del mismo modo, no experimentamos nuestro cansancio, nuestro aburrimiento, nuestro miedo;  experimentamos nuestra resistencia a ellos.Nuestra experiencia de estos estados mentales se cubre con nuestro  condicionamiento. Nunca probamos las cosas en sí mismas porque nuestra resistencia condicionada a ellos se interpone e intensifica la aversión con aún más desagrado. Por lo tanto, estos estados mentales rara vez son incorporados  a nuestra totalidad y se vuelven constantes interrupciones en el flujo.

 A menudo experimentamos estados mentales que nos distraen de la rendición, y abruptamente nos vuelven  a dormir causando una reacción automática de aversión. Lidiar con el dolor en el cuerpo es un excelente forma de comenzar a desconectar esa reactividad habitual a los estados desagradables.

Cuando dejamos de lado esa resistencia, todos los pensamientos que surgen, nos instan a escapar, entonces podemos simplemente observarlos, lo que les permite funcionar desde un mente espaciosa y suave.  

Mirando profundamente, sanando (Ejercicio)

    1. Consciente de mi cuerpo, inhalo./Sonriendo a mi cuerpo, exhalo.
    2. Experimentando el dolor de mi cuerpo, inhalo/ Sonriendo al dolor en mi cuerpo,exhalo
    3. Reconociendo que este es un dolor físico, inhalo / Sabiendo que esto no es más que un dolor físico, exhalo
    4. Consciente de los contenidos de mi mente, inhalo / Sonriendo a los contenido de mi mente, exhalo
    5. Experimentando el dolor en mi mente, inhalo /Sonriendo al dolor en mi mente, exhalo
    6. Experimentando el dolor del miedo en mí, inhalo / Sonriendo al dolor del miedo en mí, exhalo
    7. Experimentando el miedo a la inseguridad en mí, inhalo / Sonriendo ante la sensación de inseguridad, exhalo
    8. Experimentando el sentimiento de tristeza en mí, inhalo / Sonriendo al sentimiento de tristeza en mí, exhalo

           9).Experimentando el sentimiento de ira en mí, inhalo / Sonriendo al sentimiento de ira en mí, exhalo

    1. Experimentando el sentimiento de celos en mí, inhalo / Sonriendo ante la sensación de celos en mí, exhalo
    2. Experimentando el sentimiento de apego en mí, inhalo / Sonriendo al sentimiento de apego en mí, exhalo
    3. Experimentando el sentimiento de alegría en mí, inhalo / Sonriendo al sentimiento de alegría en mí, exhalo
    4. Experimentando la alegría de la libertad en mí, inhalo / Sonriendo a la alegría de la libertad en mí, exhalo
    5. Experimentando la alegría de la liberación en mí, inhalo / Sonriendo a la alegría de la liberación en mí, exhalo
    6. Experimentando la alegría de la rendición en mí, inhalo / Sonriendo a la alegría de la rendición en mí, exhalo.
    7. Experimentando el sentimiento de neutralidad en mí, inhalo / Sonriendo al sentimiento de neutralidad en mí, exhalo.

 

Este ejercicio es para ayudarnos a estar en contacto con todos los sentimientos que surgen en nuestras  mentes, sean  agradables, desagradables o neutrales. Debemos aprender a reconocer y dar la bienvenida a cada uno, y después de eso examinar su impermanencia: surge un sentimiento o una emoción, persiste y luego desaparece.

La atención plena nos permite estar tranquilos durante toda la aparición  y desaparición de sentimientos.Reconocer los sentimientos con una mente abierta es la mejor manera; mientras estamos reconociéndolos en atención plena, lentamente llegamos a una profunda realización de su naturaleza. Es esa idea la que nos permitirá ser libres y estar a gusto mientras enfrentamos cada sentimiento.

Los sentimientos de miedo, ansiedad, ira, celos y apego a menudo son desagradables o dolorosos.  La práctica constante de la atención plena nos ayudará a reconocer la sensación dolorosa cada vez que aparece. De esta manera, podemos evitar ahogarnos en oleadas de sentimientos, por muy poderosos que sean. Sentados relajados, deberíamos llevar nuestra atención a  la parte del abdomen justo debajo del ombligo. Notar la subida y bajada del abdomen, tomando conciencia de nuestra respiración, inhalando y exhalando, durante diez o quince minutos. En ese tiempo, la paz mental se restaurará gradualmente, y no nos dejará  ser movidos por los vientos de la emoción. A medida que continuamos reconociendo y observando profundamente, veremos la esencia de cada sentimiento y emoción a medida que surja.

Debemos reconocer y mirar profundamente los sentimientos agradables y los dolorosos, ya que los estados mentales nacidos de la libertad, la liberación y el dejar ir son saludables y nutritivos. Reconocidos en la atención plena, estos estados mentales pueden desarrollarse y durar. La respiración consciente es el alimento saludable para estos sentimientos, que son tan necesarios en nuestras vidas.

Un sentimiento neutral no es agradable ni doloroso. Pero cuando tales sentimientos se reconocen con atención plena, generalmente se convierten en sentimientos agradables. Este es uno de los beneficios de la meditación perspicaz. Cuando tiene dolor de muelas, la sensación es muy desagradable, y cuando no tiene dolor de muelas, generalmente tiene un sentimiento neutral. Sin embargo, si puede tener en cuenta el no dolor de muelas, el no dolor de muelas se convertirá en un sentimiento de paz y alegría. La atención plena da lugar y nutre la felicidad.

Mantener la mente suave para que pueda acunar esos pensamientos de resistencia permite que toda el área alrededor del dolor también se suavice. Si tenemos un dolor en la rodilla, permitimos suavemente toda el área del dolor. Dirigimos la atención relajadamente alrededor del dolor. El dolor corporal crea un estado mental que tensa, rechazando la incomodidad, y luego la aversión refuerza la tensión en el cuerpo. Obtenemos un efecto de rebote, de ida y vuelta entre el cuerpo y la mente, creando tensión mental que causa tensión física, que a su vez intensifica el dolor y continúa tensando la mente. La tensión retiene el dolor, lo que aumenta el dolor al tiempo que aumenta la resistencia al dolor. Hay dolor y dolor rodeando el dolor.

Pero cuando nos relajamos alrededor de la sensación, nos relajamos alrededor de los pensamientos asociados. Dejamos que ese dolor esté allí. Lo reconocemos y hacemos casi exactamente lo contrario de lo que normalmente hacemos. En lugar de evadir el dolor, lo penetramos. Entramos directamente en el área donde está el dolor con una mente concentrada e investigadora. Y, cuando penetramos en el dolor, dejando ir la resistencia, vemos que el dolor no es un solo rayo de sentimiento, sino, en cambio, una masa amorfa de sensaciones en movimiento. No se trata solo de un nudo central, sino que se mueve alrededor del área, no se queda realmente en un solo lugar. Se compone de múltiples sensaciones.

A medida que la conciencia concentrada ingresa al área y permite que sea como es, comenzamos a ver esas múltiples sensaciones separadas. Las vemos moverse momento a momento, primero una aquí, luego otra allá. A medida que la resistencia abandona la mente, junto con ella va el concepto de "dolor" y podemos experimentarlo simplemente como una sensación pura. A menudo podemos penetrar en un lugar en el que surgen y desaparecen múltiples sensaciones, tal vez experimentadas como un hormigueo, cuya observación puede ser realmente placentera.
Por supuesto, todos los dolores no nos permitirán tanta amplitud. Algunos dolores serán tan intensos que seguirán capturando la mente. Cuando esto ocurre, vemos que la atención desaparece una vez más en la identificación con el dolor y observamos la aversión como  respuesta condicionada. Nuestra reacción al dolor en la rodilla, por ejemplo, es simbólica de nuestra reacción a la mayoría de las cosas que causan dolor en nuestras vidas. Deseamos escapar de ellas, distraernos, no lidiar con lo desagradable. Y, por lo tanto, reforzamos su poder sobre la mente para distraernos en otro momento. Cuando los estados desagradables no pueden sacarnos del momento consciente, estamos en el camino hacia la libertad.

 La mayoría de nosotros hemos llegado a confundir el placer con la felicidad. Usualmente buscamos placer y evitamos el dolor. Pero si observamos de cerca, notamos que el placer no nos hace felices. El placer es placer, una gratificación temporal del deseo. La felicidad es una satisfacción más profunda, un sentimiento de integridad, de no necesidad. La esencia de la búsqueda del placer es la necesidad, el anhelo de satisfacción, la sensación de vivir en el vacío siempre moviéndonos hacia objetos que brindan placer, siempre tomando migajas. La búsqueda del placer es probablemente la mayor causa de sufrimiento. Cuando observamos atentamente la mente, notamos que si hay un objeto que deseamos y no tenemos, surge  un sentimiento de insatisfacción, rigidez e incomodidad. Es interesante notar que incluso en la satisfacción del deseo, la satisfacción ocurre solo en el proceso de pasar de no tener a tener. Al tener, ya no hay satisfacción. El proceso de satisfacer el deseo no se produce en la posesión del objeto deseado, sino en la cesación de lo doloroso del deseo. En posesión de esa cosa, no hay satisfacción. Gran parte de nuestra experiencia de placer es superar la incomodidad del deseo. Cuando el deseo ha cesado y tenemos el objeto, surge el dolor de querer conservarlo, no querer que nada lo estropee, lo rompa.

Pasar de no tener a tener es la experiencia predominante de satisfacción que  nuestro  sistema de deseo permite. Es en el cambio, no en el objeto, que la satisfacción ocurre.

Pero buscar placer no es buscar felicidad. Estamos buscando la felicidad en el descubrimiento de la mente del deseo mismo. A veces puede que ni siquiera sea agradable meditar, pero nutre nuestra felicidad al descubrir nuestra naturaleza esencial, lo que nos permite residir en la integridad.  Esa amplitud del no-deseo  es la felicidad.

Sin embargo, es importante reconocer que incluso en lo que llamamos caminos espirituales, existen los mismos elementos que nos distraen en nuestra vida mundana: nuestra adición y atracción a las experiencias agradables y nuestra repulsión y aversión a las desagradables. Observar estados pacíficos es mucho más agradable que observar nuestra codicia y egoísmo. De hecho, una de las razones por las que la concentración es tan placentera es porque la quietud suprime el anhelo de los obstáculos. La tranquilidad es a menudo demasiado seductora para la mente inquieta. El poder, la fuerza mental que crea la concentración, no les permite a los obstáculos mucha actividad. El apego a esta tranquilidad puede convertirse en un problema. Ya que muy rara vez descansa, la mente capta el profundo placer de esta quietud. La tranquilidad es a menudo demasiado seductora para que la mente inquieta quiera continuar con su trabajo. Es maravilloso encender las luces y salir del cuerpo, salir de todo el dolor en el cuerpo y en la mente, y simplemente pasar el rato en la dicha o la quietud. Pero el apego a estos estados es una forma sutil de descontento. Si nada se mueve en la mente, no se presenta la oportunidad de comprender lo que nos une.

A veces parece que las cosas dolorosas pueden despertarnos más fácilmente que toda la luz y la dicha. Es fácil conciliar el sueño por placer, pero no es fácil con el dolor de una rodilla adolorida o nuestro odio o nuestra codicia o ignorancia. Cuando aprendemos a utilizar nuestro dolor vemos nuestras dificultades muy claramente: nos despiertan y nos recuerdan cuán fácilmente nos perdemos en nuestro condicionamiento. Entonces aprendemos a no aferrarnos incluso a nuestro dolor.

Curiosamente, a menudo es más fácil para nosotros renunciar a nuestro placer que a nuestro dolor. Es más fácil renunciar a nuestra vida sexual, nuestros helados de chocolate o las palmaditas en la espalda y que dejar de lado nuestro dolor, miedo e inseguridad. Nos identificamos con ellos, realmente nos aferramos a esos condicionamientos.
Cuando dejamos de lado la resistencia, penetramos en la experiencia directa de la distracción, y su calidad de distracción, su incomodidad, se disuelve al verla con claridad.
Cuando vamos más allá del apego al placer y al dolor, permitiendo que las respuestas condicionadas durante mucho tiempo sean atendidas por la conciencia en lugar de actuar compulsivamente, experimentamos una felicidad más profunda. Se produce una apertura del corazón y la mente, un sentimiento de satisfacción en el momento presente.

 

Traducido del libro en inglés…”A Gradual Awakening” de Stephen Levine

Stephen Levine (17 de julio de 1937 - 17 de enero de 2016) fue un poeta, autor y maestro estadounidense mejor conocido por su trabajo sobre la muerte y el morir. Es uno de una generación de maestros pioneros que, junto con Jack Kornfield, Joseph Goldstein  y Sharon Salzberg, han hecho que las enseñanzas del budismo estén más ampliamente disponibles para los estudiantes en Occidente. 

LA TRAMPA DE LA ILUMINACIÓN - Stephen Levine

 

A veces estamos tan ocupados meditando que no podemos ver la verdad. Estamos tan llenos de buenas estrategias, de maneras de captar la Luz, que obstruimos nuestra sabiduría natural con todas nuestras acciones.

La iluminación es sinónimo de la capacidad de estar simplemente presentes, de estar en este momento sin apegarnos a ningún otro sitio, con toda nuestra vida aquí mismo y ahora mismo.

Nos sentamos para meditar durante una hora, pero ¿qué parte de esa hora nos limitamos a permanecer sentados? ¿Cuánto tiempo pasamos en pensar en la manera de sentarnos, en vez de sentarnos simplemente? ¿Qué parte de ese tiempo estamos perdidos en la mente que piensa.

 Ser capaces de estar simplemente sentados, o simplemente de ser, suele ser muy difícil. La mayor parte de nuestra vida nos han estado estimulando para estar en otra parte, usando planes y estrategias.

 Tal vez tengamos que librarnos de todos los medios eficaces y de todas las respuestas a nuestras preguntas si queremos seguir con nuestro trabajo.

 Los medios eficaces no van a aclararnos nada, como tampoco lo hará pensar que alguien o que algo externo a nosotros vaya a hacerlo, porque nos daremos cuenta que lo que estamos buscando está ya aquí.

 Incluso la mente errante, si la observamos sin desear que cambie, es la clave de una gran sabiduría porque es exactamente quienes  somos en ese momento. No necesitamos ser nadie más.

 Cuando experimentamos el momento, conocemos la verdad, y esa verdad es aplicable y útil en ese momento. Pero no nos aferremos a ella porque esa verdad es la verdad de ese momento. En otro momento podría ser un obstáculo. Igualmente también los métodos son verdades de un momento, herramientas para usar y tirar. Los métodos pueden ser medios para ir más allá del condicionamiento o pueden convertirse simplemente en una carga adicional. Los métodos son como una espina que se usa para quitar otra espina. Cuando se extrae la primera espina de la carne, hay que tirar las dos espinas juntas. Todos los métodos, todas las respuestas profundas, son reflejos del momento que hay que mirar y abandonar.

 Podemos mantener un compromiso con una sola práctica sin mostrar rigidez ni tener prejuicios. Confiando en el sentido interno de lo que necesitamos, podemos mantener una relación profunda con la fuente que buscamos.

 La confianza en la naturaleza búddhica, en el corazón de Cristo, en la esencia de cualquier linaje que sigamos, nos permite incluso equivocarnos a veces. Nuestra adicción a "tener razón " siempre es un gran obstáculo para la verdad. Nos mantiene alejados de ese tipo de apertura que proviene de la confianza en nuestra sabiduría natural.

 El maestro zen Suzuki Roshi hablaba de la "iluminación previa a la iluminación" que es el estado de la mente en el que hay atención, cuando no estamos interesados en que las cosas sean de una determinada manera distinta a lo que son. Se trata de ver simplemente el momento presente, con paciencia y una visión clara.

 Cuando usamos algún método para ayudarnos, muchas veces pensamos en el concepto de una mente iluminada o no iluminada. Y así, continuamos separados de nuestra globalidad, seguimos sin estar en el momento presente.

 La iluminación no es la iluminación. La iluminación es una palabra.

 Una de las causas que nos separa de lo que podría ser la iluminación son nuestras ansias de lo que imaginamos que es la iluminación. La iluminación puede convertirse en nuestra mayor causa de sufrimiento, porque es nuestro mayor anhelo. En nuestro mayor anhelo por "estar en otra parte", está nuestro mayor vacío.

 La iluminación es la libertad, la idea de la iluminación es una cárcel.

 La verdad existe en el momento. Si estamos en cualquier otra parte buscando algo, fuera de “ese” momento, estamos encarcelados.

 Yo pensaba antes que las experiencias intensas eran una indicación de haber conseguido algo. Tenía una experiencia nueva y poco después tenía otra visión, y pensaba "¡Oh!, realmente voy avanzando, ¡cada vez estoy más cerca!", y después había una experiencia vaga y después una experiencia intensa...y,( cada vez la misma idea), " Oh, aquí está!"... Y después estaba el "mundo de la sabiduría insuperable", y, luego el "ningún tipo de yo, en ninguna parte", y después otra experiencia, y otra, y yo decía, "bueno, ¡ ya, no puede estar demasiado lejos"!...

 Y cada vez más experiencias. Después, empecé a darme cuenta de que lo que pensaba era que habría unas cuantas docenas de experiencias, y que ya estaba todo terminado; una realización pura veinticuatro horas al día.

 Pero resulta que hay cientos y cientos de lo que llamamos "experiencias intensas" Y no son más que experiencias...

 Un amigo cuyo maestro de meditación había hablado mucho de él en la India, por varias experiencias extraordinarias que había tenido, regresó a su país. Poco después de regresar fue a visitar a un célebre maestro del Zen coreano. El maestro Zen le preguntó cómo iba su práctica. Con cierto orgullo mi amigo le habló de sus visiones extraordinarias y de sus experiencias y de la profundidad de ciertos momentos de su meditación. El maestro coreano miró despistadamente por la habitación hizo una pausa y le preguntó: " ¿y donde están esas experiencias ahora?”

 El valor de las experiencias profundas es la purificación. La penetración en lo que es, lo que ocurre en el momento. Pero aferrarse a cualquier experiencia como una consecución o como una verdad capturada aparta la atención de la realidad del momento siguiente.

 Entonces, ¿cómo podemos trabajar hacia la iluminación sin aferrarnos al deseo?

 Desgraciadamente, en inglés usamos la palabra "deseo" para definir dos actitudes mentales muy distintas.

 Existe el "deseo" que busca la iluminación, tal vez en pos de la satisfacción de una vida más fácil, y existe el "deseo" de que todos los seres estén libres del sufrimiento, de que el mundo tenga paz. Puede existir el deseo de la purificación, que es esencialmente una "motivación" hacia la plenitud. Es un abrir las manos, es estar dispuesto a recibir, antes que un deseo de ser el primero de nuestro bloque de pisos en haber atrapado la sabiduría universal.

 El deseo de libertad, cuando nos empuja a ir hacia nuestro estado natural, es un gran júbilo. El deseo de ser libres de las cosas tal como son es un gran sufrimiento.

 Nadie que desee estar iluminado estará nunca iluminado, porque aquello de lo que nos liberamos con la iluminación es de querer estar iluminados. Desear la iluminación es como el ego deseando estar presente en su propio funeral.

 El yo imaginado, al tratar de poseer la iluminación, .no se da cuenta de que está cometiendo suicidio, porque es la destrucción de este "yo" separado lo que permite la experiencia de nuestra naturaleza universal.

 Es un despertar gradual, pero, aun sabiéndolo, podemos a veces ver cómo nuestro condicionamiento desaparece en un momento de gran paz o de clara visión, muy parecido al pez que salta del agua para coger un insecto.

 Podemos decirnos, no busques experiencias intensas porque sabemos que no son sino parte del espectáculo transitorio, pero sin embargo a veces nos fijamos en la mente condicionada que quiere ser algo distinto a lo que es. Pero no es más que este apego, este constante convertirse, lo que hace que la mente parezca no estar iluminada.

 Cuando no hay ningún apego en ningún punto, ya está; esa es la mente original, la esencia de la mente original, la esencia de la mente. Ya es pura. Ya es luminosa. Cuando experimentamos eso durante una milésima de segundo, el mundo se detiene y podemos desapegarnos de cualquier necesidad de estar en ninguna parte excepto en la perfección del momento.

 Todos sabemos más de lo que creemos saber. La sabiduría es más accesible para nosotros de lo que nos damos cuenta. No confiamos en nuestra visión porque creemos que no estamos iluminados. Un amigo mío decía "sal a la calle y finge estar iluminado. Si sigues actuando así, lo estarás. Pues bueno, ¿por qué no?".

 En lugar de eso, fingimos no estar iluminados. Pero "no iluminados" e "iluminados" no son más que ideas.

 Cuando observamos la mente, vemos lo débil que es el pensamiento, porque el movimiento del pensamiento consiste sobre todo en palabras. Pero a un nivel más profundo hay un movimiento de la mente que puede experimentarse cuando ya no nos basamos en palabras, cuando no nos limitamos a experimentar.

 A ese nivel experimentamos una urgencia que podríamos llamar casi "una añoranza de Dios", un anhelo estático de regresar a Casa, de volver al origen, de ser completos.

 Este es el infinito incondicionamiento que está más allá de la mente, el ser puro e indiferenciado.

Stephen Levine (17 de julio de 1937 - 17 de enero de 2016) fue un poeta, autor y maestro estadounidense mejor conocido por su trabajo sobre la muerte y el morir. Es uno de una generación de maestros pioneros que, junto con Jack Kornfield, Joseph Goldstein  y Sharon Salzberg, han hecho que las enseñanzas del budismo estén más ampliamente disponibles para los estudiantes en Occidente. 

 (Extracto del libro “A Gradual Awakening”, .Cap. 14 )