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viernes, 2 de abril de 2021

Una pregunta sobre el lenguaje cristiano del Curso. – (FACIM Q #1) ~

 

Pregunta # 1: “Parece que en algún momento todas las teologías convergen, y al hacerlo, dejan atrás sus formas individuales y se convierten en Verdad pura. Tengo problemas para lidiar con esto porque – implica que las formas cristianas del Curso son … (perdónenme) … desechables y temporales. Sabiendo esto, a veces me vuelvo impaciente con el continuo antropomorfismo del texto y deseo que sea más directo. Huelga decir que esto interfiere con mi progreso personal, aunque no con mi reverencia. En su experiencia, ¿es este un fenómeno común? ¿Pasa con el tiempo? ¿Es solo una estrategia del ego? ¿Cómo debo manejarlo?

 

Respuesta: “El contexto cristiano del Curso ha sido un problema para los estudiantes desde el principio, y han planteado la misma pregunta importante que usted tiene. Para replantear y expandir ligeramente su pregunta, ¿por qué un mensaje universal tiene que venir en un marco religioso tan específico? ¿Acaso esto no genera inevitablemente una mayor separación, al mismo tiempo que niega la universalidad de la religión específica?

De hecho, el lenguaje cristiano de Un Curso de Milagros, por no hablar de la presencia de Jesús en todo el material, puede representar un gran desafío para muchos estudiantes. Si su ego está buscando una manera de invalidar el material, o de poner obstáculos al aprendizaje, entonces Jesús y el cristianismo pueden ser aliados útiles en esta batalla contra la verdad. Por otro lado, pedir ayuda al Espíritu Santo puede introducir otra aula de aprendizaje en la cual el perdón de nuestro especialismo puede ser felizmente aprendido.

Si bien uno nunca querría restringir Un Curso de Milagros a un grupo cultural en particular, no obstante, se puede decir que, en general, está dirigido a un público occidental. Su lenguaje, sus expresiones culturales y sus elementos freudianos, platónicos y shakespearianos le hablan a un lector cómodo dentro de la tradición occidental. Y ciertamente se puede decir que la influencia predominante en el mundo occidental durante los últimos 2000 años ha sido el cristianismo, con Jesús claramente siendo la figura dominante, ya sea como símbolo del amor del Cielo, o del amor (y odio) especial del ego. Y entonces no podría haber un estudiante occidental -cristiano, judío, agnóstico o ateo- que de una forma u otra no haya sido afectado por Jesús o las religiones que se han desarrollado en su nombre. Por lo tanto, el marco cristiano de Un Curso de Milagros brinda una oportunidad natural para que los estudiantes practiquen el perdón de sus experiencias pasadas.

Al final, por supuesto, todos los símbolos específicos desaparecen en la Unicidad de Dios. Pero hasta que llegue ese día, necesitamos que los especifícos sean los pequeños pasos de perdón que tomamos para alcanzar la realidad no dualista que yace más allá de todos los conceptos dualistas y más allá de todos los símbolos. Como dice el libro de ejercicios: “Dios Mismo dará este paso final. No te niegues a dar los pequeños pasos que te pide para que puedas llegar hasta Él.” (W. p.193.13: 6,7). Por lo tanto, los antropomorfismos cristianos reflejan nuestra propia visión antropomórfica de nosotros mismos, ya que en verdad no somos cuerpos o personas específicas, sino pensamientos no humanos en la mente. Sin embargo, mientras nos identifiquemos con la persona específica cuya imagen vemos todas las mañanas en el espejo del baño, necesitamos un currículo de aprendizaje que use símbolos específicos que nos encuentren en la «condición en que la que creemos encontrarnos» (T. 25.I.7: 4). El cristianismo nos proporciona uno de esos conjuntos de símbolos, y por la oportunidad que ofrece todos debemos estar agradecidos.”

 

~ Dr. Kenneth Wapnick

 

domingo, 24 de enero de 2021

El perdón aplicado a diferentes formas de ataque- Kenneth Wapnick

Pregunta: "Mientras leía sobre el virus del SARS el otro día y cómo ataca a las células, mis pensamientos fueron al ataque en Irak y luego a mi historia personal de víctima de ataques de mis vecinos (y mi posterior ataque / defensa). ¿Podría comentar por favor sobre el perdón en relación con cualquiera de estas situaciones y la relación entre ellas?"

 

Respuesta: "Tiene razón al asociar las tres formas diferentes de ataque que menciona. El perdón se aplica a cada situación por igual, porque todas tienen el mismo contenido. En cada caso, hay víctimas aparentemente inocentes atacadas por fuerzas externas (victimarios), que causan sufrimiento. (T.27.I.4: 6).

El perdón, como se enseña en Un Curso de Milagros, nos pide que tomemos conciencia de los sentimientos y juicios que surgen cuando consideramos cada uno de estos escenarios de ataque. Nuestras reacciones nos muestran las creencias que albergamos sobre nosotros mismos como víctimas inocentes, y nuestros juicios contra los victimarios.

Primero se nos pide que reconozcamos estas creencias y luego que aprendamos a mirar más allá de las apariencias externas a la fuente real de sufrimiento, que es una decisión en la mente de hacer que la separación sea real.

El perdón comienza asumiendo la responsabilidad de esta elección y sus efectos (sentirse atacado y victimizado), sin culpar a nadie ni a nada externo a la mente. Esto es lo que el Curso quiere decir con: "... perdona al Hijo de Dios por lo que él no hizo" (T.17.III.1: 5). Cualquier ataque percibido, cualquiera que sea la forma que adopte, es siempre un reflejo del ataque previo contra nuestra identidad como Hijo de Dios al elegir la separación en la mente. Esto es cierto para nosotros mismos, y para cualquier otra persona que percibimos como sufriendo a manos de otros. Los "otros" incluyen fuerzas militares, virus, vecinos, desastres naturales, etc.

Nuestra responsabilidad como estudiantes del Curso es reconocer en nosotros mismos y en los demás el poder de la mente para elegir. Una vez que hemos hecho esto, entonces reconocemos que todos podemos usar este mismo poder de la mente para hacer otra elección.

Mientras tanto, no negamos los pensamientos, sentimientos y juicios sobre la situación tal como la percibimos, y llevándolos al Espíritu Santo, nuestras mentes son libres para ser guiadas a actuar de la manera más amorosa."

~ Dr. Kenneth Wapnick

domingo, 10 de enero de 2021

¿Existe una única guía clara para estudiar y comprender el Curso?

 "Me cuesta entender la simplicidad de Un Curso de Milagros, ya que cada vez que leo un fragmento del texto u otro material, escucho diferentes instrucciones sobre cómo debo 'hacerlo' y ayudarme en mi viaje a casa. ¿Habría una sola línea o instrucción definitiva que pudiera colocar en mis entornos diarios (trabajo/casa/coche) a la que pudiera atenerme y que me asegurara que estoy "haciendo lo correcto" por el Curso? Estoy desesperado por algo de claridad."

Respuesta-

"Primero, lo más útil que puede hacer por usted mismo es dejar de preocuparse sobre "hacer lo correcto".

Si hay una cosa que destaca en el Curso es que el Espìritu sólo está interesado en el contenido en nuestras mentes, no en lo que hacemos o cuán perfectamente llevamos a cabo sus instrucciones. Es sólo nuestra «voluntad» de hacer lo que él dice lo que influye en nuestro progreso espiritual -- que «queramos» hacer lo que él dice. Por lo tanto, dice “confía implícitamente en tu buena voluntad, independientemente de lo que pueda presentarse. Concéntrate sólo en ella y no dejes que el hecho de que esté rodeada de sombras te perturbe. Ésa es la razón por la que viniste. Si hubieses podido venir sin ellas no tendrías necesidad del instante santo.”(T.18.IV.2: 3,4,5,6).

Las "sombras" serían nuestra resistencia y toda la preocupación, confusión y complejidad en nuestras mentes; y debido a estas sombras en «nuestras» mentes,el curso debe decir lo mismo de muchas maneras diferentes. Pero, como nos enseña en las Lecciones 79 y 80, sólo hay «un» problema -- la separación -- y ya ha sido resuelto (W.pI.79, 80). La preocupación y la confusión surgen sólo porque aún no hemos aceptado esto. Por lo tanto, se nos aconseja: “Asegúrate únicamente de no olvidarte que todos los problemas son uno solo. Sus múltiples formas no te podrán engañar, mientras te acuerdes de esto. Un solo problema, una sola solución. Acepta la paz que te brinda esta sencilla afirmación.” (W.pI.80.3: 3,4,5,6). Por lo tanto, lo que le ayudaría es aprender a ver el «contenido» común detrás de las diferentes «formas» de las instrucciones en el Curso.

En segundo lugar, es importante darse cuenta de que al esforzarse tanto y al intentar "hacerlo de forma correcta", está haciendo real el error y, en ese sentido, trabajando en contra de su deseo de regresar a casa.

Aunque es una paradoja para nosotros, debemos recordar que realmente estamos deshaciendo algo que nunca ocurrió. De eso se trata el viaje a casa: simplemente darnos cuenta de que nunca hicimos nada que debamos deshacer; sólo pensamos que lo hicimos. Entonces, siempre que se sienta presionado sobre este viaje, ha soltado la mano del Espíritu y está permitiendo que el ego le acompañe en su lugar.

De acuerdo, debemos aprender cuál es cuál, pero una cosa es segura, el Espìritu (maestro interno, Yo superior,)es muy amoroso y muy paciente, y nunca nos presionaría para "hacerlo de la forma correcta".

En vista de todo esto, su única línea definitiva podría ser algo así como: recuerde sonreír cuando se encuentre tratando con todas sus fuerzas de ser serio."

~ Dr. Kenneth Wapnick

 

domingo, 3 de enero de 2021

EL SISTEMA DE PENSAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO – El significado de los milagros-Parte 3 de 3 y Final

El significado de los milagros

 Debo decir algo acerca de los milagros, puesto que ese es el nombre del libro. Esa es otra de las palabras que se utilizan de manera diferente. El Curso utiliza la palabra "milagro" simplemente para significar corrección, el suprimir una percepción falsa. Es un cambio de percepción, es perdón, es el medio para la sanación. Todas esas palabras son básicamente lo mismo. No tiene que ver con nada externo. Un llamado milagro en términos de algo externo, como caminar sobre el agua o una sanación externa, es sólo un reflejo del milagro interno. Un milagro es un cambio interno. Una de las líneas más hermosas en el Curso que te dice exactamente lo que es un milagro, como lo define el Curso, es: "El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente" (T-26.1X.6: 1). Eso es un milagro. Cuando repentinamente cambias de una percepción de odio hacia alguien a mirarlo con amor, eso es un milagro. Es un cambio en la percepción; es una corrección de la forma cómo el ego mira a cómo mira el Espíritu Santo.

 Es por esto que éste es un Curso de Milagros; nos dice cómo hacer esto. Habla acerca de cómo cambiar nuestro pensamiento: no cambiamos al mundo, cambiamos nuestro pensamiento acerca del mundo. No buscamos cambiar a otra persona; cambiamos la forma cómo miramos a esa persona. Entonces, el Espíritu Santo trabajará a través de nosotros para hacer lo que Él piense que es mejor. Es un cambio en la mente con el cambio de la percepción. Eso es lo que es un milagro, y esa es la meta del Curso.

Permítanme ahora hablar un poquito acerca del papel de Dios y del Espíritu Santo en esto. Una de las cualidades importantes de Un curso en milagros es que es un libro religioso. No es simplemente un libro de auto-ayuda, o un sólido sistema psicológico, que desde luego también lo es. Además es un libro profundamente religioso. Sus aspectos religiosos están centrados en dos puntos de vista. El primero es que sin Dios no nos queda más que el ego. A menos que sepamos que hay un Dios que nos creó, cuyos Hijos somos nosotros, no podremos deshacemos de cualquier imagen o percepción que tengamos sobre nosotros mismos, la cual siempre será algún vástago del ego. El verdadero perdón es imposible a menos que primero se nutra con la creencia de que somos invulnerables. En otras palabras, no podemos ser heridos por nadie o nada en el mundo; tal creencia es imposible a menos que sepamos que hay un Dios que nos creó y que nos ama. Así que ésta es la base de todo el sistema de pensamiento que nos está ofreciendo el Espíritu Santo, tal como lo expresa el Curso.

La segunda parte de la importancia de Dios en todo esto es un poco más práctica. El verdadero perdón es imposible sin el Espíritu Santo. Esto es cierto desde dos puntos de vista. Primero es que no somos nosotros quienes perdonamos; no somos quienes deshacemos la culpa. Estrictamente hablando, cuando Un curso en milagros habla de perdón está realmente hablando de la decisión que tomamos de permitir que el perdón del Espíritu Santo ocurra a través de nosotros. En y por nosotros mismos nunca podemos perdonar porque en y por nosotros mismos, al menos en este  mundo, somos el ego. No podemos cambiar un sistema de pensamiento desde el mismo sistema  de pensamiento. Necesitamos ayuda de fuera de ese sistema de pensamiento; ayuda que entre en el sistema de pensamiento y luego lo transforme. Esa ayuda de fuera del sistema de pensamiento del ego es el Espíritu Santo. Así que Él es Quien perdona a través de nosotros.

 Lo segundo es aún más importante y contestará un número de preguntas que se ha hecho la gente. Este proceso del perdón es la cosa más difícil en el mundo por lo que casi nadie lo hace y por lo que todo el concepto de perdón que dio Jesús fue tan amargamente mal comprendido. La razón es que cuando verdaderamente perdonamos, tal como lo expone el Curso, estamos realmente soltando nuestra propia culpa. Nadie que se identifique con el ego quiere hacer esto. Sin la ayuda de Dios no hay forma cómo podamos superar algunos de los problemas de culpa más profundos que enfrentamos.

 Si piensas en el tiempo como un continuo, una alfombra sería una imagen muy útil para describir este proceso. Cuando ocurrió la separación, esta alfombra del tiempo se desenrolló y desde entonces hemos estado caminando sobre ella alejándonos de Dios. Mientras más nos alejamos de Dios, más profundamente nos envolvemos con el mundo y los problemas de culpa y pecado. En algún punto, cuando le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude empezamos a invertir este proceso y empezamos a caminar hacia Dios. Varias de las secciones más interesantes del Curso hablan acerca del tiempo. Estas son bastante difíciles de comprender porque todavía estamos atascados en él. En un punto dice que el tiempo parece que va hacia adelante pero realmente está yendo hacia atrás al punto donde comenzó el tiempo (T-2.II.6; M-2.3; 4:1-2). Aquí es cuando ocurrió la separación. Todo el propósito de la Expiación es el plan del Espíritu Santo de deshacer el ego. Este plan está enrollado en esa alfombra del tiempo. El ego quiere que la desenrollemos más y más, mientras que el Espíritu Santo quiere que la enrollemos hacia el principio.

A medida que la enrollamos, que es lo que hacen el perdón y el milagro, nos acercamos a la base misma del sistema del ego. El puro comienzo de la alfombra es el nacimiento del ego, que es el hogar del pecado y la culpa. Esta es la parte más profunda del sistema del ego. Si piensan en la imagen del témpano de hielo que mencioné antes, el puro fondo del témpano es el núcleo de la culpa que todos sentimos.

 A medida que nos acercamos a la culpa y al miedo, de los cuales hemos estado escapando toda una vida nos vamos aterrorizando. Esta culpa es la cosa más devastadora y aterradora en el mundo. Es por esto que el proceso es lento y por qué debemos ser pacientes mientras lo practicamos. Si vamos demasiado rápido no estaremos preparados para la avalancha de culpa que nos caerá encima. Si miramos los dos últimos párrafos del primer capítulo del texto (T 1.Vll.4-5), leemos sobre la necesidad de ir muy lenta y cuidadosamente a través del material, incluyendo los primeros cuatro capítulos. Si no lo hacemos, no estaremos preparados para lo que vendrá más tarde, y le cogeremos miedo. Aquí es donde la gente tira el libro.

 Tenemos que trabajar lentamente con este material en nosotros mismos, por no mencionar el Curso mismo, porque de lo contrario nuestro miedo aumentará a un grado mayor del que podemos manejar. Así que cuando nos acercamos a la base del sistema del ego nos irá dando más miedo de la culpa que está enterrada allí.

Un curso en milagros enseña que la meta de este proceso de deshacer nuestra culpa no es despertar totalmente del sueño sino vivir en el "mundo real" Así, a medida que nuevamente se enrolla la alfombra, alcanzamos eventualmente un estado mental donde no hay culpa alguna que proyectar, y por lo tanto nos mantenemos en paz todo el tiempo, no importa lo que esté sucediendo en el mundo externo. El "mundo real" es este estado mental, y es un concepto que refleja la gentileza del camino del Curso. El texto lo dice, "Dios quiso que él despertara suave y felizmente, y le dio los medios para despertar sin temor" (T-27.V11. 113:5).

 Una de las cosas que me preguntan frecuentemente es cómo yo hablo sobre el perdón a personas que no creen en Dios. Tuve ocasión justo en esta semana de dirigirme a personas mayores en un hogar para ancianos donde mi madre presta trabajo voluntario. Esta es una organización judía, pero la mayoría de la gente allí no es realmente religiosa como diríamos nosotros. Hablé sobre el perdón, que es de lo que siempre hablo. Fue un reto interesante. Traté de no mencionar demasiado a Dios, puesto que hubiera alejado aún más a la gente. Pero es muy difícil hablar sobre el perdón sin traer a Dios al tema, porque sin Dios no se puede lograr el verdadero perdón.

 Las etapas tempranas del proceso del perdón pueden ser logradas por todos, porque siempre se nos puede enseñar a ver la gente en forma distinta. Pero a medida que penetramos en algunos  los problemas realmente difíciles en nuestra vida, que en esencia son problemas de perdón, tenemos que saber que hay Alguien con nosotros que nos ama. Pero esa Persona no es nosotros mismos. Esa Persona es el Espíritu Santo, o Jesús, o cual fuere el nombre que escojamos darle. Sin Su ayuda tendríamos demasiado miedo para seguir adelante el resto del camino; estaríamos dispuestos a ir hasta cierto punto solamente. Así que el Espíritu Santo no es sólo nuestro Guía y nuestro Maestro, sino también nuestro Consolador.

 El ego nos atacará y se pondrá vicioso justo cuando seguimos al Espíritu Santo. Recuerden que para el ego los no culpables son culpables. Cuando traicionamos al ego y empezamos a escoger la no culpabilidad en vez de la culpa, el ego nos lo dejará saber con espadas. Es por esto que el Curso dice que las emociones del ego varían desde la suspicacia hasta la perversidad (T-9.VII.4:7).Cuando realmente empezamos a tomar al Espíritu Santo en serio el ego se torna absolutamente vicioso. Aquí es cuando las cosas parece que se ponen difíciles.

 Estoy hablando sobre esto como un principio abstracto pero a medida que lo experimentamos  no se hace abstracto. Puede ser la cosa más devastadora, poderosa y dolorosa que jamás  experimentemos. Repito, no podremos superarlo a menos que sepamos que hay Alguien con  nosotros que nos habla de la verdad y el amor y que nos ve en forma distinta. Simplemente botaremos el libro, nos esconderemos bajo la cama y no saldremos de allí. O correremos en dirección contraria. Es por esto que el proceso tiene que hacerse despacio y por qué somos guiados cuidadosamente. El plan de la Expiación ha sido esmeradamente elaborado para cada uno de nosotros, lo que explica los tiempos variables que nos toma completarlo. Un curso de milagros explica que el currículo de la Expiación es individualizado (M-29.2:6), lo que quiere decir que el Espíritu Santo corrige todas las formas específicas en las que nosotros como individuos hemos manifestado nuestro error compartido de la separación. No somos nosotros quienes hacemos este plan de estudios. Ni siquiera comprendemos lo que es el plan en verdad. Definitivamente no lo ejecutamos por nosotros mismos. Por lo tanto, es importante que no nos confundamos con Dios, porque si lo hacemos no habrá a quien recurrir cuando el trayecto se ponga duro.

 Aunque es verdad que el Curso dice que el Espíritu Santo siempre "enviará" gente para ayudarnos, el propósito último de estas personas es guiamos para que sepamos que la Persona que más nos puede ayudar está dentro. Gracias a Dios que hay personas que pueden tomar nuestra mano y darnos sostén; sin embargo, la Fuente fundamental de consuelo siempre emanará de adentro, pues es allí donde Dios ha puesto la Respuesta. Debo hacer énfasis nuevamente en que este es un proceso lento. Si vamos demasiado rápido el miedo se tomará abrumador antes de que hayamos desarrollado suficiente confianza en nosotros o en Dios. La confianza en nosotros está realmente en saber que el Espíritu Santo está allí para prestarnos su apoyo. A medida que progresamos y practicamos todas nuestras lecciones diarias empezamos a reconocer que todos los milagros y cambios que están ocurriendo no los hacemos nosotros. Ocurren a través de nosotros, pero no los hacemos nosotros. Hay Alguien que nos está ayudando a lograrlo.

 Una de las cosas que Un curso en milagros hace bien clara es la importancia de  desarrollar una relación personal con Jesús o con el Espíritu Santo. Desde el punto de vista funcional no importa a quien escojas. Ambos operan como nuestros Maestros internos, y el Curso Los usa a ambos alternadamente. Cuando el Curso hace énfasis en la necesidad de esta relación personal con nuestro Maestro interno no habla del Espíritu Santo como un Ser abstracto. Habla de El como una Persona y utiliza el pronombre "Él". También con frecuencia habla de Él como una expresión del

Amor de Dios por nosotros. Esto también es verdad cuando Jesús habla sobre su propio papel. Por

lo tanto, el Curso quiere que desarrollemos el sentido de que hay Alguien dentro de nosotros, no una  fuerza abstracta, sino una persona real que nos ama y que nos ayudará. Si no tenemos este sentimiento de seguridad nos detendremos de pronto en la búsqueda de nuestra meta porque el miedo será demasiado abrumador. Si no tienes aún esta experiencia personal del Espíritu Santo no  te aterrorices. Sólo ten paciencia y aparecerá de por Sí. Es suficiente saber que hay Alguien ayudándote, ya sea que lo sientas o que simplemente lo sepas intelectualmente Él se te presentará  en la forma que mejor puedas aceptarlo. La forma no es importante. Lo que importa, sin embargo, es el conocimiento de que hay Alguien contigo que no eres tú. Él está en ti pero no es Tú, viene de una parte tuya que no es tu ser egoico.

Así que repito, si vamos bien y algo empieza a martillamos en la cabeza, probablemente sea una buena señal. Indica que el ego se ha asustado. Entonces el ego tratará de hacemos dudar de la Voz que hemos estado escuchando. Tratará de hacemos dudar del Curso y tratará de hacemos dudar de todo lo que hemos estado aprendiendo y que ha estado funcionando. Por lo tanto, debemos esperarlo pero no tratar de forzarlo. Pero cuando ocurra el ataque del ego sabremos lo que es y resulta muy útil poder reconocer al ego por lo que es. Repito, el ataque del ego viene justo cuando pensamos que nos estamos librando de él, así que recuerden esto cuando las cosas se pongan duras. Esto no quiere decir, en modo alguno, que todo sea una farsa. Significa que nos hemos asustado, lo que quiere decir que nuestro ego se ha asustado. En ese momento debemos hacernos a un lado y pedir ayuda al Espíritu Santo para mirar nuestro miedo. Entonces podemos mirar el ataque del ego y darnos cuenta de que esto no es lo que parece.

 Hay una sección importante llamada "Por encima del campo de batalla" (T -23.1V) en la que se nos pide que nos elevemos por encima de nosotros mismos, por encima del campo de batalla, y miremos lo que está sucediendo. Desde esa perspectiva veremos las cosas en forma distinta. Pero si permanecemos en el medio, todo lo que veremos será una gran cantidad de dolor, muerte y culpa. Si podemos elevar nuestro punto de vista para mirar el campo de batalla del ego entonces lo veremos en forma distinta. Veremos que es sólo nuestro ego saltando para arriba y para abajo, y veremos que esto realmente no tiene importancia. Este proceso toma tiempo. No debemos esperar que suceda de la noche a la mañana. Pero cuando suceda al menos reconoceremos que se trata sólo de nuestro ego causándonos dificultades. Esta no es la realidad. La realidad es que hay un Dios que nos ama.

No luches contra ello. Cuando luchas contra ello estás haciendo el problema real. Así que lo que tienes que hacer es hacerte a un lado, mirarlo y reírte. Hay varios lugares en el Curso donde nos dice que debemos reímos del ego. En un lugar dice que este sueño que creemos que es el mundo es un sueño que empezó cuando el Hijo de Dios se olvidó de reír (T 27.VIII.6:2-3).

Si podemos reírnos del mundo y del ego éste desaparecerá como problema. Lo peor que podemos hacer es luchar contra el problema puesto que lo hace real. Sin embargo, ciertamente esta risa no es burlona, ni tampoco debe pensarse que la misma fomenta la indiferencia hacia el problema básico de la separación.

 Kenneth Wapnick

 

Del libro Una Introducción Básica a Un Curso de Milagros de Kenneth Wapnick

EL SISTEMA DE PENSAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO – Parte2 de 3

 

Un curso en milagros habla mucho acerca de economizar tiempo. En realidad, muchas veces habla de economizar mil años si sigues lo que te dice. En la ilusión de tiempo del mundo, aún estamos hablando de una gran cantidad de tiempo. La razón por la cual hago énfasis sobre esto es porque no quiero que se sientan culpables si tienen problemas mientras trabajan con el Curso. En el nivel práctico del Curso la verdadera meta no es que lleguemos a estar libres de problemas, sino que lleguemos a reconocer lo que son, y que luego reconozcamos dentro de nosotros mismos los medios para deshacerlos.

 Repito, el propósito de Un curso en milagros es plantear muy claramente el sistema de  pensamiento del ego, el sistema de pensamiento del Espíritu Santo-nuestra mente errada y  nuestra mente correcta--y capacitamos para que elijamos contra la mente errada a favor del perdón y del Espíritu Santo. Repito, este es un proceso lento y tenemos que ser pacientes. Nadie se libera de la culpa de la noche a la mañana. La gente que dice que trascendió el ego probablemente no lo ha hecho. Si realmente lo hubiera hecho no te lo contaría porque estaría por encima de ello.

 Permítanme ahora hablar específicamente de cómo es que funciona esto. Digamos que estoy aquí sentado tal como estoy, tratando de atender los asuntos de mi Padre (Lc 2:49), y alguien entra y me insulta o me lanza algo. Asumamos por ahora que mientras estoy aquí sentado, no estoy en mi mente correcta. En otras palabras, creo que soy un ego. Me siento temeroso y culpable y no creo que Dios esté conmigo; realmente no me estoy sintiendo muy bien conmigo mismo. Ahora tú entras y empiezas a gritarme, a enfurecerte conmigo, acusándome de todo tipo de cosas. En cierto nivel, puesto que soy culpable, creeré que tu ataque contra mí está justificado. Esto no tiene nada que ver con lo que digas o no digas, o si lo que estás diciendo es verdad. El hecho de que ya soy culpable demanda que yo crea que debo ser castigado y atacado. Tú entras y haces justamente lo que creo que me merezco. Esto hará dos cosas.

 Primero, tu ataque contra mí reforzará toda la culpa que ya siento. Segundo, reforzará la culpa que tú ya sientes porque no me estarías atacando si no fueras culpable. Y el mismo hecho de que me atacas reforzará tu culpa.

 En esta situación no voy a quedarme aquí sentado a recibir tu ataque sin ofrecer resistencia. Haré una de dos cosas, las cuales son lo mismo. Una es que me iré a un rincón y lloraré y te diré que mires lo mal que me has tratado, que mires todo el sufrimiento que me has ocasionado, que mires lo miserable que me siento; y que deberías sentirte responsable de esto. El mensaje que estaría dando es: debido al daño que me has hecho ahora estoy sufriendo. Es mi forma de decirte que deberías sentirte bien culpable por lo que has hecho. La otra forma es contra-atacándote. Simplemente te insultaré llamándote todos los nombres del libro y te diré: "Y tú de donde sales insultándome en esa forma; tú eres realmente el malvado, etc."

 Estas dos defensas de mi parte son realmente formas de hacer que te sientas culpable por lo que me hiciste. El hecho mismo de hacerte eso constituye un ataque del cual me siento culpable; el hecho mismo de imponerte culpa  a ti que ya estás sintiéndote culpable, va a reforzar tu culpa. Así que lo que sucede en el momento en que tu culpa se encuentra con la mía es que ambos la reforzamos el uno en el otro, y entonces ambos estamos aún más condenados a esta prisión de culpa en la cual vivimos.

 Esta vez asumamos que tú entras aquí y me insultas, pero ahora estoy en mi mente correcta y me siento bien conmigo mismo. Sé que Dios está conmigo, que Dios me ama y debido a eso nada puede hacerme daño. No importa lo que tú me hagas, sé que Dios está conmigo, sé que estoy a salvo y seguro. Sé que no importa lo que digas, aun cuando pueda ser verdad en un nivel, en un nivel más profundo no puede ser verdad porque sé que soy un Hijo de Dios y, por lo tanto, soy perfectamente amado por mi Padre. No hay nada que puedas hacer o decir que me pueda quitar eso.

 Si asumimos que esta es la posición en la que estoy aquí sentado y tú entras y me insultas, entonces estoy libre para mirar en forma distinta lo que has hecho. Hay una línea maravillosa en la primera epístola de Juan en el Nuevo Testamento que dice, "El amor perfecto expulsa el temor" Lo que significa no sólo que el amor perfecto deshace el miedo,  sino que también deshace el pecado, la culpa y cualquier forma de sufrimiento e ira. No hay  manera de que alguien que esté lleno del Amor de Dios (e identificado con él) pueda tener miedo,  ira, culpa o querer hacerle daño a alguien. Es absolutamente imposible sentir el Amor de Dios y tratar de hacerle daño a otra persona. Simplemente no lo puedes hacer.

Esto significa que si estás tratando de hacerme daño, en ese momento específico no crees que estás lleno del Amor de Dios. En ese momento específico no te identificas a ti mismo como un Hijo de Dios. No crees que Dios sea tu Padre y, debido a que estás en tu estado de ego, te sentirás amenazado y culpable. Crees que Dios te va a atrapar. Y la única forma cómo puedes manejar toda esta culpa es atacando a un hermano tuyo. Esto es lo que hará la culpa siempre. Por lo tanto, tus insultos o ataques están diciendo realmente: "Por favor enséñame que estoy equivocado; por favor enséñame que hay un Dios Que me ama, y que soy Su Hijo. Por favor demuéstrame que el amor que considero imposible para mí está realmente ahí." En consecuencia, cada ataque es un pedido de ayuda o un llamado al amor.

 La primera sección del capítulo 12 del texto, "El juicio del Espíritu Santo" (T-12.1), es una aseveración muy clara de esto. Ante los ojos del Espíritu Santo cada ataque es un pedido de ayuda o un pedido de amor, porque si la persona sintiera amor nunca podría atacar. El ataque es una expresión de que la persona no se siente amada y, por lo tanto, es un pedido de amor. Está diciendo: "Por favor demuéstrame que estoy equivocado, que realmente hay un Dios que me ama, que soy Su Hijo y no un hijo del ego." Si estoy aquí sentado en mi mente correcta, esto es lo que escucharé. Escucharé en el ataque un pedido de amor. Y puesto que en ese momento estoy identificado con el Amor de Dios, ¿cómo podría responder en otra forma que no fuera tratar de extender ese Amor?

 La forma específica cómo yo responda al ataque depende del Espíritu Santo. Si estoy en mi mente correcta, pediré su ayuda. El me mostrará cómo debo responder. La forma cómo yo actúe no importa. Este no es un curso en acción o conducta, sino en cambio de nuestro pensamiento. Tal como lo dice Un curso en milagros, "No trates de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar tu parecer acerca de él" (T-2 1.in.1:7). Si pensamos de acuerdo con el Espíritu Santo entonces todo lo que hagamos será correcto. San Agustín dijo, "Ama y haz lo que quieras." Si el amor está en nuestro corazón todo lo que hagamos será correcto; si no está en nuestro corazón todo lo que hagamos estará equivocado, no importa lo que sea. Por lo tanto, mi preocupación o interés no está en lo que haga cuando me ataques; mi interés está en cómo puedo permanecer en mi mente correcta de modo que pueda consultar al Espíritu Santo sobre lo que debo hacer. Repito, si estoy en mi mente correcta veré tu ataque como un pedido de ayuda y nunca como un ataque.

 Esta idea sobre el juicio es extremadamente importante. De acuerdo con el Espíritu Santo,  sólo existen dos juicios que podemos hacer acerca de alguien o de algo en este mundo. Es, o una  expresión del amor, o un pedido de amor. No existe otra alternativa posible, lo que hace el vivir en este  mundo muy sencillo, tan pronto se piense en esta forma. ¿Si alguien me expresa amor, cómo puedo  responder en cualquier otra forma excepto devolviendo amor? ¿Si un hermano o hermana está  pidiendo amor, cómo puedo reaccionar en cualquier otra forma que no sea dar amor? Repito, esto hace el vivir en este mundo algo muy sencillo. Esto quiere decir que no importa lo que hagamos, no importa lo que el mundo aparente que nos hace, nuestra respuesta será siempre una de amor, lo que verdaderamente hace que todo sea muy, muy sencillo.

Como dice el Curso, "la complejidad es cosa del ego" (T 15.IV 6:2), mientras que la simplicidad es de Dios. Mientras sigamos los principios de Dios todo lo que hagamos siempre será lo mismo. Si ves que todo es, o una expresión del amor o un pedido de amor, entonces siempre reaccionarás en la misma forma: con amor.

 El perdón es mirar más allá de la oscuridad de tu ataque y verlo como un pedido de luz. Esta es la visión de Cristo. La meta de Un curso en milagros es ayudarnos a tener esa visión para enfrentarnos a toda situación y a cada persona en nuestra vida, sin excepción.

 Lo que esto significa en términos de cómo vivimos nuestras vidas es que podemos ver cada cosa que sucede-desde el momento en que nacemos hasta el momento en que morimos, desde el momento en que despertamos cada día hasta el momento en que nos vamos a dormir cada noche-como una oportunidad que puede utilizar el Espíritu Santo para ayudarnos a vernos sin culpa. La forma cómo miramos a las personas en nuestras vidas es la forma cómo nos miramos a nosotros mismos. Por lo tanto, aquellas personas que son las más difíciles y problemáticas son los mejores regalos para nosotros porque si podemos sanar nuestra relación con ellos, lo que verdaderamente estamos haciendo es sanando nuestra relación con Dios.

Cada problema que vemos en otro, que queremos excluir de nuestras vidas, es verdaderamente el deseo secreto de excluir de nosotros mismos alguna parte de nuestra culpa y así no tener que soltarla. Esa es la atracción de la culpa del ego. La mejor forma para retener nuestra culpa es darle duro en la cabeza a alguien. Cada vez que estamos tentados a hacerlo, el Curso nos dice que hay Alguien con nosotros que nos tocará el hombro y dirá: "Hermano mío, elige de nuevo."

Y la elección siempre es si perdonamos o no perdonamos. Lo que escogemos en términos de perdonar a alguien es lo mismo que escogemos en términos de perdonarnos a nosotros mismos. No hay diferencia entre lo interno y lo externo; todo es una proyección de lo que sentimos internamente. Si sentimos culpa internamente entonces eso es lo que proyectaremos hacia fuera. Si sentimos el Amor de Dios dentro, entonces eso es lo que extenderemos hacia fuera. Cada persona y circunstancia en nuestras vidas nos ofrece la oportunidad de ver lo que está dentro del proyector de nuestras propias mentes; nos ofrece la oportunidad de escoger otra vez.

Cuando parece que estás en una situación en la cual lo que haces está equivocado, la fe te dice que esto no sucede accidentalmente. Esto forma parte de alguna lección importante para ti y para la otra persona.  Lo que tienes que hacer es ir dentro de ti, orar en la forma que acostumbras y decir: "Mira, no quiero ver a esta persona como un estorbo, sino como mi hermano o hermana. ¡Ayuda!" Si esa es tu verdadera meta, no hacer daño mientras haces lo que crees que tienes que hacer, en alguna forma todo funcionará.

 Eso es lo que es un milagro: un milagro no es nada mágico que sucede en lo externo; es algo que sucede en tu interior que permite que esta situación se elabore en su totalidad. Ese es el principio que debes seguir toda y cada una de las veces que tengas una situación que parezca no tener solución; es cuando sinceramente no quieres herir a nadie, pero quieres hacer lo que tienes que hacer, y no sabes cómo hacerlo. Es el planteamiento más honrado que podemos hacer, porque de por sí no sabemos qué hacer, aun cuando nos sintamos absolutamente seguros. Pero hay Alguien dentro de nosotros que sabe, y Él es a Quien podemos recurrir. Esa es verdaderamente la respuesta a nuestro problema. Y esa será la respuesta a todos nuestros problemas.

 Ahora quiero hablarles sobre "Jesús en el Templo". Esta es una pregunta que surge cada vez que hablo sobre la ira, especialmente si me estoy dirigiendo a un grupo cristiano. Todos ustedes conocen la escena de Jesús en el templo. Probablemente sucedió; de lo contrario no aparecería en los cuatro evangelios . Quizá no siempre sucedió como está escrito, pero las posibilidades son que sucedió.

 La escena aparece en Mateo, Marcos y Lucas al final de la vida de Jesús, justo antes de que lo arrestaran. En Juan ocurre justo al inicio de su ministerio. Jesús está en el templo en Jerusalén, el lugar más sagrado del judaísmo. La gente está cobrando dinero por toda clase de cosas; realmente están utilizando el templo para sus propios fines. Y Jesús dice: "Estáis tratando la casa de mi Padre como cueva de ladrones." Luego voltea las mesas de los mercaderes a quienes lanza fuera del templo. Ese es el incidente que utiliza la gente para justificar lo que llaman ira justificada. Después de todo, dicen, Jesús se puso furioso, ¿por qué no puedo hacerlo yo? Es interesante ver que se olvidan de todo lo que está en los evangelios donde Jesús expone su punto de vista respecto a la ira. Sólo tienes que leer el Sermón de la Montaña donde dijo: "Habéis leído en la Ley, no matarás. Os digo que ni siquiera te enojarás con tu hermano" (Mt 5:21-22). Esa es una aseveración muy clara que describe exactamente lo que hizo al final de su vida, cuando aparentemente nadie hubiera estado más justificadamente furioso que él. Pero él no se puso furioso.

 Es muy interesante ver cómo la gente toma un incidente y olvida todo lo demás. Sin embargo,  creo que hay tres formas básicas de interpretar esta escena. Una es que no sucedió en la forma  como la escribieron. Eso podría interpretarse como una evasiva, pero existe suficiente evidencia de eruditos contemporáneos de las escrituras que indican que gran cantidad de palabras airadas que le atribuyeron a Jesús no eran suyas, sino que la iglesia primitiva cristiana se las atribuyó para tratar de justificar su propia posición. Hay una línea donde se cita a Jesús: "No he venido a traer paz sino espada" (Mt 10:34), que incidentalmente el reinterpreta en el Curso (T-6.I. 15:2). El Comentario Bíblico de San Jerónimo, versado y autorizado libro católico, pregunta cómo el Príncipe de la Paz pudo haber dicho  eso. Concluye que esto vino de la iglesia primitiva y no de Jesús. Así que una clara posibilidad es que  él no hizo tal cosa en la forma cómo la describen.

 Pero dejando eso a un lado por un momento, asumiendo que lo hizo, la forma cómo yo escogería entenderlo es ésta. Como cualquier buen maestro Jesús sabía cómo hacerse entender en la forma más eficaz posible. Esta es una escena muy dramática, a plena vista de toda la gente en Jerusalén que está allí para la Pascua cuando todos debían estar en el templo en Jerusalén. Esto sucedía justo antes de la Pascua así que el lugar estaba lleno de gente. Este era el lugar más sagrado en la tierra para un judío, y es aquí donde Jesús escoge demostrar claramente cómo el templo de su Padre debía ser tratado. Por lo tanto, una forma de ver esto es que él no estaba personalmente colérico sino más bien estaba tratando de demostrar su enseñanza en la forma más dramática y convincente posible.

 Cuando hablamos de ira existen tres cualidades principales. Una es que la persona que está furiosa no está en paz. La gente no trataría de aseverar que en el momento que están furiosos también están en paz. Los dos estados se excluyen mutuamente. La segunda es que en el momento cuando estás furioso Dios está bien apartado de tu mente. Tú no estás pensando en Dios; estás pensando en lo que te ha hecho esa persona terrible. La tercera cualidad de ira incluye a la persona con quién estás bravo; no la estás viendo como tu hermano o hermana en ese momento. Obviamente estás viendo a esa persona como tu enemigo, de lo contrario no la estarías atacando.

 Personalmente encuentro difícil creer que en ese momento en la vida de Jesús nada de este mundo le hubiera podido robar su paz, hubiera podido hacerle olvidar a su Padre, o le hubiera permitido ver a alguien en el mundo no como su hermano o hermana. Por consiguiente, creo que lo que Jesús estaba haciendo en el templo no era ponerse furioso como nos ponemos nosotros sino que estaba haciendo una presentación impactante y enseñando una lección para que la gente captara su mensaje. Hay muchos ejemplos en los evangelios donde se ve claramente cómo Jesús enseña en una forma cuando enseña a las multitudes, y en otra forma muy distinta cuando enseña a sus apóstoles, y aun una tercera forma con los apóstoles con quienes tenía mayor intimidad- Juan, Santiago o Pedro. Existen distintos niveles de enseñanza, como lo sabe cualquier maestro. El templo era un lugar público donde él trataba de captar la atención de la gente para lograr su mensaje. Por lo tanto, no estaba personalmente furioso con las personas que estaba lanzando fuera.

Existe aún una tercera forma de explicar todo esto y esta sería decir que Jesús tenía un ataque de ego. Simplemente se hartó, se impacientó y se puso furioso; gritó y bramó. Personalmente no puedo creer que esto pudiera sucederle en ese momento en su vida. Pero si tú dices que eso fue lo que hizo, la pregunta sería, por qué tú quieres identificarte con su ego en vez del Cristo en él y todas las otras cosas que él enseño, dijo y ejemplarizó.

 Así que las tres explicaciones son: (1) No sucedió así, (2) sencillamente estaba tratando de enseñar en un nivel distinto y no estaba airado, o (3) simplemente tenía un ataque de ego, y ¿por qué quieres identificarte con eso cuando hay formas mucho mejores de manejar ese problema?

Entonces… ¿Por qué es que la ira se utiliza tanto en la psicoterapia como terapéutica, trabajándola y ese tipo de cosas?

 Gran parte de la psicoterapia es del ego. Es desafortunado que la psicología de los últimos veinte o treinta años haya descubierto la ira y la haya convertido en ídolo. Déjenme hablarles un poco acerca de la ira, que es uno de los problemas más grandes en el mundo. El folleto Psicoterapia: su propósito, proceso y práctica habla del problema de la psicoterapia realmente como un problema de ira. La razón de esto es que la ira es la defensa prominente contra la culpa. La ira nos mantiene afianzados fuera  de nosotros mismos.

 Es interesante considerar la ira en términos de su historia a través de este siglo, especialmente en términos de cómo los psicólogos la han visto. Eso nos ofrece el trasfondo para ver cómo la gente la considera ahora. Durante los primeros cincuenta años de este siglo la psicología estuvo dominada por Freud y el psicoanálisis. Cuando leemos a Freud y vemos la influencia que ejerció, es útil recordar que hizo todo su trabajo en una atmósfera muy victoriana. A principios de siglo Viena estaba bajo la influencia de los valores victorianos y Freud era sólo un hijo de su tiempo. Esto significa que tenía prejuicios y temores muy marcados acerca de los sentimientos y por consiguiente, de la expresión de los mismos. Lo interesante es que toda su teoría está encaminada a liberarnos de la represión, pero la actitud que tenía personalmente y la cual proyectaba en sus teorías era que no debíamos expresar nuestros sentimientos. Podemos analizarlos, sublimarlos o desplazarlos, pero no debemos expresarlos.

Ciertamente ésta era, igualmente, una virtud predominantemente cristiana. Un cristiano "verdadero" pone la otra mejilla, lo que quiere decir que se nos abofetea dos veces, según nos enseñaron y según lo comprendimos. Incidentalmente, esta no fue la forma cómo Jesús lo enseñó-que somos víctimas que sufrimos en su nombre. Todo esto se reforzó con la idea de que la ira era algo a lo cual había que temerle. Se consideraba algo malo que debía taparse y reprimirse. Después de la segunda guerra mundial hubo una revolución en la psicología. Repentinamente la gente descubrió que tenía sentimientos. Surgieron los movimientos de "grupos-T", grupos de sensibilidad, entrenamientos de sensibilidad, grupos de encuentro, grupos maratónicos, etc. Entonces la gente se hizo experta en romper las defensas contra la ira y en vivir todos sus sentimientos y emociones, especialmente la ira.

 El péndulo se columpió de un extremo al otro. En vez de enseñarle a la gente a reprimir la ira y a analizarla, el criterio para la salud mental se convirtió en sacar todos los sentimientos. La gente se tomó experta en expresar sus sentimientos. Así que, se establecieron dos alternativas básicas, una era reprimir la ira y la otra era expresarla. Si reprimimos la ira continuamente nos van a dar úlceras y problemas gastrointestinales. Por el contrario, si expresamos nuestra ira siempre, estaremos haciendo exactamente lo que mencionaba antes: sólo estaremos reforzando la culpa misma que sustenta la ira. Así que parece que no hay salida.

La clave para comprender el problema es ver la premisa que sirve de apoyo a estas dos alternativas, y lo interesante es observar que la premisa es la misma. Las soluciones parecen ser totalmente diferentes-la una es represión y la otra expresión-pero la premisa es la misma. Es realmente cara y cruz de la misma moneda. La premisa es que la ira es una emoción humana básica que es inherente a la especie humana. Por lo tanto, cuando se discute la ira se describe casi como si fuera una masa de energía cuantificable. Hay algo inherente en nosotros que nos hace humanos lo cual incluye la ira, y tenemos que hacer algo con ella. Si la tapamos y la reprimimos entonces explota dentro de nosotros y nos dan úlceras. Alternativamente, podemos sacar esta masa de energía de nosotros y fuera de nuestro sistema, y parece que nos sentimos muy bien al quitamos esta carga terrible de ira. La verdadera razón por la cual una expresión de ira hace que nos sintamos tan bien no tiene nada que ver con sacar la ira. En vez de esto, lo que parece que sucede es que por primera vez creemos que finalmente nos hemos librado de esta carga de culpa.

 Entonces la emoción humana básica no es la ira; es la culpa. Esta es la falacia que sirve de base a todo el enfoque que le ha dado el mundo a la ira. Un curso en milagros tiene una sección muy hermosa  llamada "Las dos emociones" (T 13.V) en la que dice que tenemos sólo dos emociones. Una  nos fue dada y la otra la hicimos nosotros. La que nos fue dada es el amor, dada por Dios. Y la  que hicimos como substituto del amor es el miedo. Repito, siempre podemos substituir la culpa por el miedo.

 La emoción humana básica, que es la emoción básica del ego, es el miedo o la culpa. No es la ira. La ira es una proyección de la culpa y jamás es el problema. El problema real siempre es la culpa subyacente. La razón por la cual nos sentimos tan bien cuando lanzamos nuestra ira hacia alguien es que en ese instante creemos que finalmente nos hemos librado de nuestra culpa. El problema surge a la mañana siguiente o varias mañanas más tarde cuando nos despertamos y nos sentimos miserables. Entonces experimentamos el malestar psicológico conocido como depresión.

No sabemos de dónde viene la depresión. Le echamos la culpa a cualquier cosa. No nos damos cuenta de que la verdadera razón de nuestra depresión es que nos sentimos culpables por lo que le hicimos a esa otra persona. Cada vez que nos enfurecemos o atacamos nos sentimos culpables más tarde. La gente habla de la depresión como ira no expresada. A un nivel esto es verdad, pero por debajo de la ira, hay culpabilidad. El verdadero significado de la depresión es la culpa o el odio a sí mismo.

 Ya que les he hablado de todas estas cosas terribles sobre la ira déjenme decirles que existe una circunstancia en la cual una expresión de ira puede ser positiva, y de esto se trata la pregunta. Se trata de mirar la ira desde un punto de vista terapéutico. Si se nos ha enseñado a través de nuestra vida que la ira es mala, como posiblemente nos ha pasado a todos en esta sala, entonces lo que se nos ha enseñado realmente es que a la ira hay que tenerle miedo. Creemos que si expresamos nuestra ira algo terrible le sucederá a la otra persona, o aun peor, que algo terrible nos sucederá a nosotros. Puede ser, pues, muy útil terapéuticamente como parte del proceso de liberarse totalmente de la ira y la culpa, pasar por un período en que expresemos la ira y experimentemos que no es gran cosa. Podemos ponernos furiosos con la gente y nadie caerá muerto a nuestros pies. Podemos ponernos furiosos con alguien y Dios no nos castigará matándonos por la cosa terrible que hemos hecho. En realidad nada terrible sucederá. No es gran cosa. En ese punto podemos mirar la ira más objetivamente y reconocer que el problema no es la ira como tal. El problema real es la ira que estamos dirigiendo hacia nosotros mismos por nuestra culpa.

 El peligro está en que no veamos esto como un paso temporal. Gracias a las recientes enseñanzas de la psicología, vamos a ver esto como un fin. Lo que sucede entonces es que se le va a rendir culto a la ira como a un ídolo, porque nos hace sentir bien regañar y ponerse furioso con otra persona. La psicología nunca nos enseñará (puesto que la psicología es realmente un sistema muy secular) que el problema verdadero es la culpa, y que la culpa es una defensa contra Dios.

Entonces lo que pasa es que la expresión de la ira se convierte en la meta y nos sentimos tan bien que no queremos soltarla. Sin embargo, nuestra meta debe ser ponernos en contacto con nuestra culpa subyacente y manejarla. Necesitamos expresar nuestra ira sólo como una fase que nos lleve a trascenderla plenamente. Así que si pasamos por un período en que sentimos la necesidad de ponemos violentos, debemos verlo como una etapa temporal y tratar de no ver la ira como la gran cosa. Entonces podemos llegar al problema verdadero que es la culpa. Cuando realmente manejemos la culpa y la soltemos no necesitaremos volver a ponemos furiosos.

 Según el Curso, todo esto puede terminar en un instante. Pero luego hay otros lugares donde dice que esto tomará mucho tiempo y que debes ser paciente. Al principio del texto hay una línea que estoy seguro ha molestado a mucha, mucha gente. La misma habla sobre el Juicio Final, el cual es realmente el deshacer el ego colectivo o el completar la Expiación. Dice que "Del mismo modo que la separación abarcó un período de millones de años, así el Juicio Final se extenderá por un período igualmente largo, o tal vez aún más largo" (T 2.VIl1.2:5).

 Sin embargo, dice justo después de eso que el tiempo puede acortarse considerablemente con los milagros. Pero muy posiblemente no va a suceder de la noche a la mañana. Si piensas sobre cómo está constituido nuestro mundo, existe una tremenda cantidad de miedo que sustenta y motiva cada sencillo aspecto del mismo. Cada institución, cada sistema de pensamiento dentro de este mundo está motivado por el miedo y la culpa. Simplemente no puedes cambiar eso justo ahora. Creo que el plan de la Expiación, y la parte del Curso en él, es cambiar los pensamientos individuales más rápidamente de lo que sucedería de otro modo. Esto es el "apuro celestial", pero el mismo está ocurriendo dentro del marco de un período de tiempo considerable.

 

Continúa...

 

Del libro Una Introducción Básica a Un Curso de Milagros de Kenneth Wapnick

LA MENTE CORRECTA- EL SISTEMA DE PENSAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO - Parte 1 de 3- Kenneth Wapnick

 

Ahora hablaré de cómo el Espíritu Santo nos da un camino perfecto para soltar toda nuestra culpa.

La ira - El perdón

 El Espíritu Santo es muy astuto. Con todo lo astuto que el ego cree que es, el Espíritu Santo le lleva ventaja. Utiliza la misma dinámica de proyección que ha utilizado el ego para crucificarnos y mantenernos en la prisión de la culpa, y le voltea las cartas. Si imaginas la proyección como un proyector de cine, imagina que voy a ser el proyector y que tengo mi propia película de culpa que siempre estoy pasando. Lo que esto significa es que yo proyecto sobre toda la gente de mi mundo mi propia culpa. Proyecto la culpa de mi película hacia las pantallas de estas personas y veo mi propio pecado y culpa en todos los demás.

 La razón por la cual hago eso, repito, es porque estoy siguiendo la lógica del ego que asevera que ésta es la forma para zafarme de mi culpa. Ahora, no hay forma como yo pueda manejar mi propia culpa solo. No hay forma de mirar la culpa a la cara y vivir; sería un pensamiento demasiado  devastador. Pero la misma cosa que el ego ha utilizado para atacarme reforzando mi culpa con  la apariencia de que la suelta-este mismo mecanismo de ubicar mi culpa fuera de mí-me da la oportunidad de soltarla. Ver en ti la culpa a la cual no puedo enfrentarme me da la oportunidad de soltarla. Y eso es el perdón, simple y llanamente. Perdón es deshacer la proyección de la culpa.

 Repito, proyectar la culpa que no puedo manejar y soltarla hacia la pantalla que eres tú, me da la oportunidad de mirarla y decir, ahora la puedo ver en forma diferente. Los pecados y culpa que paso por alto y perdono en ti son realmente los mismos pecados y culpa de los cuales me considero responsable. Esto, entre paréntesis, tiene que ver con el contenido del pecado, no la forma, lo que puede ser bastante diferente. Al perdonarlo en ti lo que estoy haciendo, en efecto, es perdonándolo en mí. Esta es la idea clave de todo el Curso. De esto es realmente de lo que tratan todas estas palabras: proyectamos nuestra culpa hacia otras personas, así que cuando escogemos mirar a esa persona como el Espíritu Santo nos indica que la miremos-a través de la visión de Cristo-eso nos permite cambiar nuestro pensamiento sobre nosotros mismos.

 Lo que he hecho es proyectar mi propia obscuridad en ti para que la luz de Cristo en ti se obscurezca. Al tomar la decisión de decir que no estás en la obscuridad-verdaderamente estás en la luz, que es la decisión de soltar la obscuridad que he colocado en ti-estoy realmente tomando la misma decisión acerca de mí. Estoy diciendo que la luz de Cristo brilla no sólo en ti sino también en mí, y en realidad, es la misma luz. Esto es el perdón.

 Entonces, lo que esto quiere decir es que debemos estar agradecidos por cada persona en nuestras vidas, especialmente aquellas con quienes tenemos más problemas. Las que más odiamos, las que encontramos más desagradables, con quienes nos sentimos más incómodos, son aquellas que el Espíritu Santo nos ha "enviado" y que puede usar para demostramos que podemos escoger otra cosa respecto a aquellos a quienes estábamos tentados de proyectarles muestra culpa. Si esas personas no hubieran estado en la película y en la pantalla de nuestras vidas, no sabríamos que esta culpa está verdaderamente en nosotros. Por lo tanto, no tendríamos la oportunidad de soltarla. La única oportunidad que tenemos de perdonar nuestra culpa y de liberamos de ella es viéndola en alguien más y perdonándola allí. Al perdonarla en esa otra persona la estamos perdonando en nosotros mismos.  Lo que  esto significa es que yo proyecto sobre toda la gente de mi mundo mi propia culpa. Proyecto la culpa de mi película hacia las pantallas de estas personas y veo mi propio pecado y culpa en todos los demás. Repito, en esas  pocas líneas está la suma y substancia de Un curso en milagros.

 Entonces, el perdón puede ser resumido brevemente en tres pasos básicos. El primer paso está en reconocer que el problema no está allá fuera en mi pantalla. El problema está dentro, en mi película. El primer paso dice que mi furia no está justificada, aun cuando siempre me dice que el problema está fuera de mí en ti, y que tú debes cambiar para que yo no tenga que cambiar. Así, el primer paso dice que el problema no está fuera, que más bien está dentro de mí. La razón por la cual este paso es tan importante se debe a que Dios colocó la Respuesta al problema de la separación dentro de nosotros; el Espíritu Santo no está fuera de nosotros, el Espíritu Santo está dentro de nosotros, en nuestra mente. Al sostener que el problema está fuera de nosotros, lo que hace la proyección, estamos manteniendo el problema alejado de la respuesta; esto es exactamente lo que quiere el ego, porque si el problema del ego lo resuelve el Espíritu Santo entonces no hay más ego.

 El ego es muy engañoso y sutil al hacernos creer que el problema está fuera de nosotros, bien sea en otra persona-nuestros padres, maestros, amigos, esposos, hijos, el presidente-o en la bolsa de valores, el clima, hasta en Dios Mismo. Somos muy buenos para ver el problema donde no está, de manera que su solución se mantenga alejada. Pero el primer paso hacia el perdón, repito, es admitir que el problema no está en ti, el problema está en mí. La culpa no está en ti, está en mí mismo. El problema no está en esa pantalla donde lo proyecté; más bien está en la película que está dentro de mí, la cual es una película de culpa.

Ahora el segundo paso, que es el más difícil, el paso que todos en el mundo quisiéramos evitar, consiste en manejar esta película, nuestra propia culpa. Eso, repito, es por qué tenemos una inversión tan fuerte en justificar y nutrir esta ira y ataque, y en ver al mundo dividido en buenos y malos. Mientras hagamos eso no tendremos que manejar este segundo paso, que es mirar nuestra propia culpa y todos los sentimientos de odio que tenemos hacia nosotros mismos.

 En el primer paso digo que mi furia es una decisión que tomé para proyectar mi culpa. Ahora en el segundo paso digo que esta misma culpa también representa una decisión. Representa la decisión de verme culpable en vez de libre de culpa. Más bien, debo reconocer que soy un Hijo de Dios en vez de un hijo del ego, que mi verdadero hogar no está en este mundo sino en Dios. No podemos hacer esto en tanto no miremos nuestra culpa y admitamos que esto no es lo que realmente somos. No podemos decir esto mientras no miremos a alguien más y digamos, "Tú no eres lo que hice de ti; tú eres realmente lo que Dios creó."

 El Curso tiene pasajes muy poderosos que tratan justamente sobre lo aterrador que es este paso. Un falso concepto que tiene la gente, especialmente cuando ve Un curso en milagros por primera vez, es que piensa que todo esto es lindo y fácil. El Curso te confunde si no tienes cuidado. En un nivel habla acerca de lo sencillo que es; cómo realmente todos estamos en casa con Dios "soñando con el exilio" (T-10.1.2:1); cómo todo esto terminará en un instante si simplemente cambiamos nuestras pensamientos, etc. Entonces lo que sucede es que vemos estos pasajes y  olvidamos los otros que hablan sobre el terror que acarrea este proceso; la incomodidad, resistencia y conflicto que surgirán cuando empecemos a dar estos pasos para manejar nuestra culpa.

 Nadie puede soltar al ego sin manejar su culpa y su miedo, porque eso es el ego. Jesús dijo en el evangelio: "El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío" (Lc 14:27) A esto es a lo que él se refiere. Tomar la cruz es manejar nuestra propia culpa y miedo para trascender el ego. No hay forma de que uno pueda pasar por este proceso sin la dificultad y el dolor que esto implica. Ahora, esta no es la Voluntad de Dios para nosotros; es nuestra propia voluntad puesto que nosotros la forjamos. Fuimos nosotros quienes hicimos la culpa, por consiguiente, antes que podamos soltarla primero tenemos que verla, y esto puede ser muy doloroso.

 Así que el segundo paso es estar dispuesto a mirar nuestra culpa y admitir que nosotros la hicimos, que la culpa no representa el regalo de Dios para nosotros sino nuestra decisión de vernos como Dios no nos creó. Esto es vemos como hijos de la culpa en vez de hijos del Amor. Un curso en  milagros es bien claro al hacer énfasis en que debido a que hicimos la culpa no somos nosotros quienes  la podemos deshacer. Necesitamos ayuda externa al ego para poder deshacerla. Esta ayuda es el  Espíritu Santo. Y lo único que podemos escoger es invitar al Espíritu Santo para que corrija el sistema de pensamiento del ego y que nos quite la culpa. Este es el tercer paso. El segundo p;paso, en realidad, le dice al Espíritu Santo: "Ya no quiero verme culpable; por favor quítame la culpa."

 El tercer paso le pertenece al Espíritu Santo y El sencillamente quita la culpa porque, en realidad, ya la ha quitado. El único problema es que nosotros lo aceptemos.

 Así, replanteando los tres pasos: El primer paso deshace la ira proyectada al admitir que el problema no está fuera de mí; el problema está dentro de mí. El segundo paso dice que el problema que está dentro de mí es uno que yo forjé y que ya no quiero. El tercer paso se toma cuando se lo entregamos al Espíritu Santo y Él se hace cargo del mismo. Estos pasos suenan muy lindos y sencillos, pero si tienes suerte los darás en una vida. No debes creer que esto se hará de la noche a la mañana. Algunas personas tienen una esperanza mágica de que una vez terminan el libro de ejercicios para estudiantes en un año estarán en el Reino.

 Bueno, eso está bien hasta que llegas al final del libro de ejercicios para estudiantes y lees: “Este curso es un comienzo y no un final" (L-pl.ep.1:1). El propósito del libro de ejercicios para  estudiantes es encaminarnos por el camino correcto, ponernos en contacto con el Espíritu Santo, y de ahí en adelante operar con El. Es trabajo de toda una vida deshacer nuestra culpa, y la razón de ellos es  que la culpa en nosotros es tan enorme que si nos enfrentáramos a ella de una vez sería tan abrumador que creeríamos que vamos a caer muertos, o a enloquecer. Por lo tanto, tenemos que  manejarla por partes. Las distintas experiencias y situaciones que comprenden nuestras vidas se pueden utilizar como parte del plan del Espíritu Santo para llevarnos de la culpa a ser libres de culpa.

 

Continúa...

 

Del libro Una Introducción Básica a Un Curso de Milagros de Kenneth Wapnick

sábado, 2 de enero de 2021

PEDIR GUÍA - Kenneth Wapnick

 Por qué deberíamos pedir la guía de Dios en un mundo del cual Él no sabe nada? 

Pregunta"Mi pregunta es si inventamos este mundo y Dios no sabe sobre él, ¿por qué estamos pidiendo Su guía?"

Respusta: "Buscamos guía porque hemos olvidado Quiénes somos y necesitamos ayuda para recordar. En la clarificación de términos se nos dice: “No necesitas ayuda para entrar en el Cielo, pues jamás te ausentaste de él. Pero sí necesitas una ayuda que proceda de más allá de ti, pues te encuentras limitado por falsas creencias con respecto a tu Identidad, la cual sólo Dios estableció en la realidad.” (C.5.1: 1,2). La ayuda no proviene de Dios porque, como menciona, Dios no nos conoce como cuerpos y, por lo tanto, no escucha oraciones ni nos guía: “Dios no guía porque lo único que puede hacer es compartir Su perfecto conocimiento.” (T.5 .II.5: 1), “Dios no provee ayuda, pues no sabe de necesidades.” (C.5.1: 7).

El ego, por otro lado, nos hace creer que el mundo es real, lo que implica la creencia de que Dios lo hizo a él y al cuerpo, y por lo tanto está en comunicación con él. Esto no puede ser, porque Dios, Quien es real, no puede conocer un cuerpo que no existe: “No hay ni un solo instante en el que el cuerpo exista en absoluto.” (T.18.VII.3: 1). Sin embargo, a nosotros, que estamos profundamente apegados a nuestra creencia en el cuerpo, nos resulta difícil entender que Dios no conoce los cuerpos y no escucha nuestras oraciones. De hecho, no podemos evitar identificar a Dios con el cuerpo. Como  el curso nos dice en el texto: “Identificas todo lo que reconoces con cosas externas, con algo externo a ello mismo. Ni siquiera puedes pensar en Dios sin imaginártelo en un cuerpo, o en alguna forma que creas reconocer.” (T.18.VIII.1: 6,7).

Por lo tanto, él usa lenguaje, términos e imágenes que nos son familiares para enseñarnos gentilmente que somos mentes, no cuerpos. Por lo tanto, la forma tiene en cuenta nuestro miedo y nuestras creencias erróneas, mientras que el contenido nos lleva gradualmente más allá de nuestro miedo. Al habernos disociado de nuestra identidad como mentes, nos hemos vuelto ajenos al poder de la mente y le tememos. Es por eso que, por ejemplo, las hermosas oraciones en la segunda mitad del libro de ejercicios están dirigidas a Dios, aunque se nos dice que Él no entiende de palabras (M.21.1: 7). En realidad nos estamos dirigiendo a la parte de nuestras mentes que alberga el recuerdo de Dios. Las palabras inspiradoras reflejan los principios enseñados en Un Curso de Milagros, y rezarlas nos ayuda a unirnos con la parte de nuestras mentes que los cree.

Este mismo proceso es válido para todas las formas en que buscamos guía. Si bien todavía tenemos miedo de nuestra verdadera Identidad, necesitamos un símbolo que percibamos como "fuera" de nosotros mismos que representa nuestra mente correcta.

Consultar con alguien cuya sabiduría y ejemplo respetamos, rezarle palabras a Dios, o meditar, refleja la elección de la mente de regresar al Maestro/Espíritu Santo dentro, Quien nos habla desde más allá de la locura del ego. Podemos hacer las preguntas equivocadas e incluso buscar guía para cosas relacionadas con el ego que nos harían daño si las alcanzáramos, sin embargo, el simple reconocimiento de que hay un Maestro que no es el ego a Quien podemos recurrir, fortalece nuestra creencia en Él.

Es importante, por lo tanto, que continuemos pidiendo ayuda para cada necesidad que creemos que tenemos, hasta que aprendamos que “...solamente necesito la verdad. Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin” (W.P.II.251.1: 5,6)."

~ Dr. Kenneth Wapnick

 

Cuanto más trato de encontrar la paz, más parece que sufro dificultades económicas-Kenneth Wapnick

Pregunta"Me gustaría saber por qué el mundo de la forma se vuelve tan difícil de manejar cuando uno comienza a comprender los conceptos de Un Curso de Milagros, practicar el perdón y ponerse en contacto con la Luz Interior, el Espíritu Santo. He pasado por tiempos difíciles en el mundo material externo (no existente), mientras que el mundo interno y pacífico se manifiesta. ¿Qué podría hacer para encontrar la paz de Dios y seguir actuando en este mundo? ¿Cómo podemos ver este mundo con los ojos del Espíritu Santo y evitar tratar con un ego tan vicioso y sus ataques? En mi caso, estos ataques vienen en forma de dificultades económicas que nunca antes había pasado."

Respusta: "La mayoría de nosotros, cuando llegamos al Curso, no entendemos a qué estamos abriendo la puerta -- ¡las bóvedas cerradas de pecado y culpa en nuestra propia mente (T.31.V.6: 6)! Creemos que simplemente estamos pidiendo tener una experiencia más pacífica y amorosa en el mundo poniéndonos en contacto con el Maestro del Amor y la paz interior. En cierto nivel, eso es cierto, pero el proceso para llegar a esa experiencia de paz implica el perdón, que ninguno de nosotros realmente comprende al principio (S.2.I.1). Porque creemos que vamos a aprender a perdonar a todos los bastardos de nuestra vida, sin darnos cuenta de que en realidad solo hay un bastardo para perdonar -- ¡nosotros mismos!

La razón por la que nunca estamos en paz no tiene nada que ver con las circunstancias de nuestra vida externa, sino sólo con la elección que hemos hecho de identificarnos con el ego y su sistema de pensamiento de pecado, culpa, miedo y escasez dentro. Pero para la mayoría de nosotros, es demasiado temeroso mirar directamente hacia adentro, por lo que el proceso del Curso es uno indirecto (T.14.I.4,5) -- miramos las proyecciones del ego desde nuestra mente hacia la pantalla que llamamos el mundo, que parece estar fuera de nosotros. Por reales que parezcan los problemas externos fuera de nosotros, el Curso nos está llevando a reconocer que el problema es sólo nuestra «interpretación» de esas situaciones (M.17.4: 2), que proviene de nuestra creencia en nuestro propio pecado y culpa, por lo cual creemos que merecemos castigo.

Y así comienzan las lecciones - no orquestadas por el Espíritu Santo, sino traídas por nuestra propia mente a nuestra conciencia, de modo que los lugares de culpa en nuestro interior puedan ahora ser sanados, en lugar de continuar enconándose, ocultos y no reconocidos en los oscuros recovecos de nuestra propia mente. El objetivo no es evitar el ego y sus ataques, sino aprender a dar la bienvenida a la oportunidad de curación que cada situación desafiante nos ofrece.

Y así, una relación puede parecer repentinamente más difícil, o puede surgir algún cambio en las circunstancias de nuestra vida -- salud, finanzas, carrera, etc. Ahora bien, una interpretación inicial de tales desafíos es que el ego está tratando de sabotearnos en nuestros esfuerzos para hacer una elección diferente, y ciertamente estos problemas pueden tener el efecto inicial de llamar nuestra atención aún más en el mundo. Pero con el Espíritu Santo como nuestro Maestro, podemos comenzar a reconocer que estas son solo las oportunidades para practicar el perdón de nosotros mismos a las que hemos invitado en algún nivel.

En su propio caso, los nuevos problemas económicos pueden verse como oportunidades para descubrir sus creencias sobre usted mismo en términos de escasez, falta e indignidad. Y a medida que pueda llegar a compartir la percepción que el Espíritu Santo tiene de usted, comenzará a abrirse a una interpretación diferente de esos desafíos financieros. A medida que se libera su propia culpa, las circunstancias externas serán meramente situaciones a tratar, pero no acusaciones de usted mismo. Y si la situación externa cambia o no será irrelevante para su propia paz mental. Ahora bien, este es el proceso, descrito muy brevemente, y puede encontrar una fuerte resistencia a aceptar la interpretación del Espíritu Santo, especialmente al principio. Pero es por eso que el Curso presenta el perdón como un proceso, que requiere práctica con el tiempo.

 

~ Dr. Kenneth Wapnick

¿Por qué me cuesta tanto estudiar UCDM? - Kenneth Wapnick

Traducido con Amor desde...https://medium.com

 

“Un Curso de Milagros es difícil, como lo es revertir nuestra identificación con el cuerpo, porque es inevitable que lo leamos como cuerpo. Somos cuerpos, eso creemos, pero un día caeremos en la cuenta de que hemos estado leyendo mal el Curso.

Reconoceremos que tenemos que volver al comienzo y leerlo de nuevo. Lo hemos estado leyendo como si fuésemos cuerpos, creyendo que Jesús es un cuerpo que nos está hablando como cuerpos acerca de qué debemos y no debemos hacer con otros cuerpos.

Seguro, admitiremos, él habla de la mente y dice que el cuerpo no es real, pero no lo dice en serio. Tomamos esa información, la dejamos a un lado (disociación) y cándidamente continuamos haciendo nuestro trabajo espiritual, creyendo que somos cuerpos y que regresaremos a casa como cuerpo, como persona.

Desde esa perspectiva crasamente errónea de quienes somos, es obvio y natural que surja la pregunta: «¿Qué ocurre cuando morimos?» Pero, si no somos cuerpos, no morimos; si el cuerpo no está vivo, ¿cómo puede morir? No sucede nada cuando morimos, porque no sucede nada cuando creemos que vivimos. Esa pregunta se le puede ocurrir únicamente a los que creen ser cuerpos. Esta dinámica de reprensión, disociación y proyección demuestra las astutas bromas que nos gasta el ego.

Leemos este curso que tan claramente enseña — desde el principio — que solo se concentrará en la mente y nosotros hacemos caso omiso; creemos que Jesús es una persona (cuerpo) que se dirige a otra persona (cuerpo).

Nuevamente, Jesús, o el símbolo del amor que su cuerpo representa, solo se está comunicando con el tomador de decisiones en todos nosotros.

Lo que es más, puesto que Jesús no habla ni tiene necesidad de palabras, en verdad nos estamos comunicando solamente con nosotros mismos.

Dr. Kenneth Wapnick
Extraído del Libro “Cuando 2 + 2 = 5”

https://medium.com/@santiago.guerrero/por-qu%C3%A9-me-cuesta-tanto-estudiar-ucdm-1c7c97db4231

LA MENTE ERRADA, EL SISTEMA DE PENSAMIENTO DEL EGO - Kenneth Wapnick

Los dos sistemas de pensamiento que son críticos para entender Un curso en milagros son los que se conocen como mente errada y mente correcta. La mente errada puede equipararse con el ego. La mente correcta puede equipararse con el sistema de pensamiento del Espíritu Santo, que es el perdón. El sistema de pensamiento del ego no es un sistema muy feliz. Tal como el Curso lo plantea, tanto el sistema de pensamiento del ego como el del Espíritu Santo son perfectamente lógicos y consistentes de por sí. También son mutuamente excluyentes. Es muy útil comprender exactamente cuál es la lógica del sistema del ego, puesto que la misma es muy lógica. Una vez captas esa secuencia lógica se aclararán muchas cosas en el texto, que de lo contrario parecerían obscuras.

 Una de las dificultades al estudiar Un curso en milagros es que éste no es como otros sistemas de pensamiento. La mayoría de los sistemas de pensamiento proceden en forma lineal donde empiezas con ideas sencillas que se van elaborando y se van haciendo más complejas. El Curso no es así. Su sistema de pensamiento está presentado en forma circular. Parece ir girando sobre el mismo material, una vez tras otra. Imagínense un pozo: vas girando alrededor del pozo y vas profundizando y profundizando hasta llegar al fondo. El fondo de este pozo sería Dios. Pero te mantienes alrededor del mismo círculo. Así es cómo, a medida que profundizas, te acercas más al fundamento del sistema del ego. Pero siempre es la misma cosa. Y es por esto que el Curso dice la misma cosa una vez tras otra. Porque es casi imposible captarlo la primera vez o centésima vez, necesitas de las seiscientas veintidós páginas. Es un proceso y ésta es una de las cosas que distingue a Un curso en milagros de cualquier otro sistema espiritual. A pesar de que es un sistema de pensamiento muy intelectualizado en su presentación, es un proceso empírico.

 Está escrito deliberadamente en la forma que está, desde el punto de vista pedagógico, para que no lo estudiemos como cualquier otro sistema, sino más bien para que se nos conduzca alrededor de este pozo. En el proceso de ir trabajando con el material del Curso, y con el material de nuestra vida personal, iremos comprendiendo progresivamente lo que dice el Curso. Sin embargo, creo que es útil examinar el sistema de pensamiento del ego, desde un punto de vista lineal, para poder comprender cómo se ha erigido este sistema. Esto facilitará la lectura del texto.

El pecado, la culpa y el miedo

 Hay tres ideas claves para comprender el sistema de pensamiento del ego. Son las piedras angulares de todo el sistema y estas son: pecado, culpa y miedo. Cuando veas la palabra "pecado" en el Curso siempre la podrás substituir por la palabra "separación" porque las dos palabras son lo mismo. El pecado del cual nos sentimos más culpables, y que es la fuente de toda nuestra culpa, es el pecado de nuestra creencia en una separación de Dios, de lo cual hablé hace un minuto. Esto es aproximadamente lo mismo que enseñan las iglesias como "pecado original". El tercer capítulo del Génesis da perfecta cuenta de cómo nació el ego. El Curso hace referencia a ello en la primera parte del capítulo dos del texto (T-213-4).

 Así que el inicio del ego es la creencia de que nos hemos separado de Dios, y esto es lo  que es el pecado: la creencia de que nos hemos separado de nuestro Creador y hemos establecido un yo que está separado de nuestro verdadero Ser. El Ser es sinónimo de Cristo. Cada vez que veas la palabra en mayúsculas "Ser" la puedes substituir por la palabra "Cristo".

Falta de…; odio o rechazo a uno mismo; sentimientos de incompetencia, fracaso, vacío; sentimientos de que nos falta algo o de que carecemos de algo o de que algo está incompleto.

 La mayor parte de esta culpa es inconsciente; es por esto que el ejemplo de un témpano de hielo es tan útil. La mayoría de estas experiencias de cuán podridos realmente creemos que estamos están debajo de la superficie de nuestra mente consciente que, por supuesto, las hace virtualmente inaccesibles a nosotros. La fuente fundamental de toda esta culpa es la creencia de que hemos pecado contra Dios al separarnos de El. Como resultado, nos vemos separados de todos los demás y de nuestro Ser.

 Tan pronto nos sentimos culpables es imposible no creer que seremos castigados por las cosas terribles que creemos haber hecho y lo terrible que creemos que somos. Tal como enseña el Curso, la culpa siempre exigirá castigo. Una vez que nos sentimos culpables creemos que debemos ser castigados por nuestros pecados. Psicológicamente no hay forma de evitar ese paso. Entonces nos da miedo. Todo miedo, no importa lo que nos parezca que es su causa en el mundo, surge de la creencia que debo ser castigado por lo que he hecho o no he hecho. Entonces me da miedo de lo que será el castigo.

 Puesto que creemos que el objeto final de nuestro pecado es Dios, contra Quien hemos pecado al separarnos de Él, entonces creemos que será Dios Mismo Quien nos castigará. Cuando lees la Biblia y te encuentras con todos esos terribles pasajes donde se menciona la ira y venganza de Dios, de aquí es de donde surgen. No tiene nada que ver con Dios como Él es, puesto que Dios es solo Amor. Sin embargo, todo tiene que ver con las proyecciones de nuestra propia culpa hacia Él. No fue Dios Quien expulsó a Adán y Eva del Jardín del Edén; fueron Adán y Eva quienes se expulsaron a ellos mismos del Jardín del Edén.

 Tan pronto creemos que hemos pecado contra Dios, cosa que todos creemos, también tenemos que creer que Dios nos castigará. El Curso habla sobre los cuatro obstáculos hacia la paz, y el último obstáculo es el miedo a Dios (T 19.IV D). Lo que hemos hecho, desde luego, es que al tenerle miedo a Dios hemos cambiado al Dios de Amor en un Dios de miedo: un Dios de odio, castigo y venganza. Y esto es justamente lo que el ego quiere que hagamos. Una vez que nos sentimos culpables, no importa de dónde creamos que proviene la culpa, también estamos creyendo no sólo que somos culpables sino que Dios nos va a matar. Así Dios, Quien es nuestro Padre amoroso y nuestro único Amigo, se convierte en nuestro enemigo. Y vaya enemigo, sobra decirlo.

 Repito, este es el origen de las creencias que se encuentran en la Biblia, o en cualquier otro lugar, de que Dios es un Padre castigador. Creer que Él lo es, es atribuirle las mismas cualidades del ego que tenemos. Como dijo Voltaire, "Dios creó al hombre a Su propia imagen, y luego el hombre le devolvió el cumplido." El Dios que creamos es realmente la imagen de nuestro propio ego.

 Nadie puede existir en este mundo con tal grado de miedo y terror, ni con ese grado de auto-odio y culpa en su mente consciente. Sería absolutamente imposible para nosotros vivir con esa cantidad de ansiedad y terror; simplemente nos devastaría, por lo tanto, tiene que haber alguna forma para salir adelante. Puesto que no podemos acudir a Dios por ayuda, considerando que dentro del sistema del ego hemos convertido a Dios en enemigo, el único recurso disponible que tenemos es el ego mismo. Vamos al ego por ayuda y le decimos: "Mira, tú tienes que hacer algo; no puedo tolerar toda esta ansiedad y terror que siento. ¡Ayúdame!" El ego, fiel a su forma, nos ofrece una ayuda que en verdad no lo es aunque aparente serlo. La "ayuda" llega en dos formas básicas, y es realmente aquí donde se pueden comprender y apreciar verdaderamente las contribuciones hechas por Freud.

La negación y la proyección

Creo que aquí debo ofrecerle cierto reconocimiento a Freud, quien está recibiendo mala publicidad en estos días. La gente es generosa con Jung, lo mismo que con otros psicólogos no tradicionales, y eso está bien, pero a Freud lo están empujando hacia el fondo. Sin embargo, la comprensión básica del ego en el Curso se basa directamente en las enseñanzas de Freud. Fue un hombre muy brillante, y si no hubiera sido por Freud no habría Un curso en milagros. Jung mismo  dijo, a pesar de todos los problemas que tuvo con Freud, que él simplemente estaba parado  sobre los hombros de Freud. Y eso se aplica a cualquiera que haya venido después de Freud.  Freud describió en forma muy sistemática y lógica exactamente cómo funciona el ego.

 Déjenme mencionar únicamente que Freud utiliza la palabra "ego" en forma distinta a como lo hace el Curso. En el Curso, "ego" se utiliza como un equivalente aproximado al uso que se le da en el

Oriente. En otras palabras, el ego es el ser con "s" minúscula. Para Freud el ego es sólo una parte de la psiquis la cual consiste del id (el inconsciente), el superego (el consciente) y el ego, que es la parte de la mente que integra todo esto. Las formas en que el Curso utiliza la palabra "ego" equivaldrían aproximadamente al total de la psiquis freudiana. Simplemente tienes que hacer la transición para trabajar con el Curso.

 Dicho sea de paso, el único error de Freud fue ¡uno bien grande! No reconoció que la psiquis entera era una defensa contra nuestro verdadero Ser, nuestra verdadera realidad. Freud le temía tanto a su propia espiritualidad que tuvo que construir un sistema de pensamiento que fuera virtualmente impenetrable a la amenaza del espíritu. Y eso fue realmente lo que hizo. Pero fue absolutamente brillante al describir cómo funciona la psiquis o el ego. Repito, su error estuvo en no reconocer que toda la cosa era una defensa contra Dios. Básicamente de lo que hablamos hoy, en términos del ego, está basado en lo que Freud dijo. Todos tenemos una gran deuda de gratitud con él. Las contribuciones de Freud en cuanto a los mecanismos de defensa fueron particularmente notables; esto nos ayuda a comprender cómo nos defendemos contra toda la culpa y el miedo que tenemos.

 Cuando recurrimos al ego para que nos auxilie abrimos uno de los libros de Freud y encontramos dos cosas que ayudarán mucho. La primera es represión, o negación. (El Curso nunca utiliza la palabra "represión"; utiliza la palabra "negación". Pero puedes utilizar cualquiera de las dos.) Lo que hacemos con esta culpa, este sentimiento de pecado, y con  todo el terror que sentimos, es simular que no está allí. Lo empujamos fuera de nuestra  conciencia, y este empujar es lo que se conoce como represión o negación. Simplemente nos  negamos su existencia. Por ejemplo, si somos demasiado perezosos para barrer nuestro piso,  barremos la mugre bajo la alfombra y fingimos que no está allí; o como un avestruz que cuando tiene miedo hunde la cabeza en la arena para no tener que manejar o mirar aquello que lo amenaza.

 Bueno, esto no funciona por razones obvias. Si seguimos barriendo bajo la alfombra, ésta se llenará de protuberancias y eventualmente tropezaremos, mientras que el avestruz podría ser herido si permanece con la cabeza en esa postura.

 Pero en cierto nivel sabemos que nuestra culpa está ahí. Así que nuevamente recurrimos al ego y decimos: "La negación está muy bien, pero tendrás que hacer alguna otra cosa. Este asunto se va a acumular y entonces explotaré. Por favor ayúdame." Y entonces el ego dice: "Tengo justo la cosa para ti." Nos pide que busquemos cierta página de la "Interpretación de los Sueños" de Freud, o algo similar, y allí encontraremos lo que se conoce como proyección. Probablemente en Un curso en milagros no haya una idea más esencial para la comprensión que ésta. Si no comprendes la proyección no entenderás una sola palabra del Curso, o cómo funciona el ego, o cómo el Espíritu Santo anulará lo que ha hecho el ego. Proyección sencillamente significa que tomas algo de tu interior y dices que realmente no está allí; está fuera de ti en alguna otra persona. La palabra misma literalmente significa expeler, o lanzar desde o hacia otra cosa, y esto es lo que todos hacemos al proyectar. Tomamos la culpa, o el pecado que creemos está dentro de nosotros y decimos: no está en mí, está en ti. No soy la persona culpable, tú eres el culpable. No soy responsable de lo miserable e infeliz que soy; tú eres el culpable. Desde el punto de vista del ego no importa quién sea el "tú". Al ego no le importa hacia quien proyecte mientras encuentre a alguien sobre quien descargar su culpa. Así es como el ego nos enseña a zafamos de la culpa.

 Quizá la mejor descripción de este proceso de proyección que conozco se encuentra en el Antiguo Testamento, en el Capítulo 16 del libro de Levítico, donde a los Hijos de Israel se les dice lo que deben hacer en el Día de la Expiación, Yom Kippur. Se les dice que se reúnan, y en el centro del campamento está Aaron, quien como el Sumo Sacerdote, es el mediador entre la gente y Dios. Junto a Aaron hay un chivo. Aaron coloca su mano sobre el chivo transfiriendo simbólicamente a este pobre chivo todos los pecados que la gente ha acumulado durante el año. Luego arrojan al chivo fuera del campamento. Ese es un recuento perfecto y gráfico sobre lo que es la proyección y, desde luego, de allí sacamos la expresión "chivo expiatorio".

 Así, tomamos nuestros pecados y decimos que no están en nosotros; están en ti. Y luego ponemos una distancia entre nosotros y nuestros pecados. Nadie quiere estar cerca de su pecado, así que lo sacamos de dentro de nosotros y lo colocamos en alguna otra persona y luego desterramos a esa persona de nuestra vida. Hay dos formas de hacer esto. Una es separarnos físicamente de la otra persona; la otra es hacerlo psicológicamente. La separación psicológica es la más devastadora y también la más sutil.

 La forma cómo nos separamos de alguien, una vez que le hemos adjudicado nuestros pecados, es atacándolo o poniéndonos furiosos con él. Cualquier expresión de nuestra ira, ya sea, una leve molestia o furia intensa, (no hay ninguna diferencia: son lo mismo [L-pI.21.2:3-51) -es siempre un esfuerzo para justificar la proyección de nuestra culpa, no importa cuál parezca ser la causa de nuestra ira. Esta necesidad de proyectar nuestra culpa es la causa básica de toda ira. Tú no tienes que estar de acuerdo con lo que dice o hace otra gente pero en el minuto que experimentes una respuesta personal de ira, juicio o crítica, siempre se debe a que has visto en la otra persona algo que has negado en ti. En otras palabras, estás proyectando tu pecado y culpa a esa persona y lo estás atacando allí. Pero esta vez no lo estás atacando en ti mismo; lo estás atacando en esa otra persona y quieres tener a esa persona lo más lejana de ti posible. Lo que realmente quieres hacer es poner tu pecado tan lejos de ti como sea posible.

 Algo interesante cuando se lee el Antiguo Testamento, especialmente los Capítulos 11 a 15 del libro de Levítico, el tercer libro del Tora, es ver cómo en forma tan detallada los hijos de Israel trataban de identificar la suciedad que los rodeaba y cómo debían mantenerse apartados de ella. Hay algunos pasajes bastante detallados que describen lo que es la suciedad, ya sea en las cualidades de la gente, formas de desaseo, o ciertas personas en sí mismas. Luego explica cómo los hijos de Israel deberían mantenerse separados de aquellas formas de desaseo. Sean cuales fueran las razones envueltas, el significado básico de estas enseñanzas era la necesidad psicológica de sacar la suciedad de tu interior, y ponerla fuera, en alguien más, y luego separarte de esa persona.

 Es interesante, cuando lo has comprendido, leer el Nuevo Testamento y ver cómo Jesús actuó contra eso. El abrazó todas las formas de suciedad que la gente había considerado y visto como parte esencial de su religión para mantenerse separada. Se empeñaba en abrazar a aquellos a quienes la Ley Judía había identificado como proscritos como si quisiera decirles: "Tú no puedes proyectar tu culpa en otras personas. Debes identificarla en ti mismo y sanarla allí." Es por esto que el evangelio dice cosas tales como limpia el interior de tu vaso, no el exterior (Lc 11:39); no te preocupes de la paja en el ojo de tu hermano, preocúpate de la viga en el tuyo (Lc 6:4142); y no es lo que llega al hombre lo que lo hace sucio, sino lo que procede de su interior (Mt 15:11). El punto es exactamente el mismo que el del Curso: la fuente de nuestro pecado no está afuera sino adentro. Pero la proyección busca hacemos ver nuestro pecado fuera de nosotros y luego tratar de resolverlo allí, por tanto nunca vemos que el problema está adentro.

 Cuando acudimos a pedir ayuda al ego y decimos: "Ayúdame a zafarme de mi culpa", el ego dice:

"Muy bien, la forma de zafarte de tu culpa es que la reprimas primero y luego la proyectes hacia otras personas. Así es cómo te zafarás de tu culpa." Lo que el ego no nos dice es que la culpa que proyectamos es un ataque y que es la mejor forma de aferrarnos a ella. El ego no es ningún tonto; quiere mantenemos culpables. Déjenme explicar esta idea por un momento porque también es una de las ideas claves si vamos a entender cómo el ego nos aconseja.

 Un curso en milagros habla de "la atracción de la culpa" (T 19.IV A.10-17). Al ego le atrae mucho sentirse culpable; su razón es obvia una vez recuerden lo que es el ego. La razón fundamental del ego para aconsejarnos que neguemos y proyectemos se basa en lo siguiente: el ego no es más que una creencia, y es una creencia en la realidad de la separación. El ego es el falso ser que aparentemente surgió cuando nos separamos de Dios. Por lo tanto, mientras creamos que la separación es real el ego está a sus anchas.

 Una vez creamos que no hay separación el ego está terminado. Como lo diría el Curso, el ego, y el mundo que éste hizo, desaparecerán en la nada de donde provinieron (M-13.1:2). El ego es realmente nada. Mientras creamos que el pecado original ocurrió, que el pecado de la separación es real, estaremos diciendo que el ego es real. La culpa es la que nos enseña que el pecado es real. Cualquier sentimiento de culpa es siempre una frase que dice, "He pecado." Y el significado fundamental del pecado es que me he separado de Dios. Por lo tanto, mientras crea que mi pecado es real, seré culpable. Ya sea que vea la culpa en mí o en otra persona, estoy diciendo que el pecado es real y que el ego es real. Así que el ego tiene absoluto interés en mantenemos culpables.

 Cuando el ego se enfrenta al ser libre de culpa, ataca; porque el mayor pecado contra el sistema de pensamiento del ego es el ser libre de culpa. Si eres libre de culpa también eres  impecable, y si eres impecable no hay ego. Hay una línea en el texto que dice: "para el ego los inocentes son culpables" (T-13.11.4:2), porque ser libre de culpa es pecar contra el mandamiento del ego: "Serás culpable." Si eres libre de culpa entonces eres culpable de ser libre de culpa. Por ejemplo, es por esto que el mundo mató a Jesús. El nos enseñó que somos libres de culpa y el mundo lo mató porque estaba blasfemando contra el ego.

 Por lo tanto, el ego siempre tiene como propósito fundamental mantenemos culpables. Pero él no puede decírnoslo porque si lo hiciera no le prestaríamos atención. Así que el ego nos dice, si atiendes lo que digo veré que te liberes de tu culpa. Y la forma como lo haces, repito, es negar su presencia en ti, verla en alguien más, y luego atacar a esa persona. En esa forma estarás libre de tu culpa. Pero no nos dice que el ataque es la mejor forma de mantenernos culpables. Esto es verdad porque existe otro axioma psicológico que dice que cuando atacas a alguien, ya sea mental o directamente, te sentirás culpable. No hay manera de hacer daño a alguien, ya sea en pensamiento o en obra, sin que te sientas culpable. Puede que no experimentes la culpa-por ejemplo los psicópatas no experimentan la culpa pero eso no significa que en un nivel más profundo no te sientas culpable.

 Entonces lo que el ego hace, muy astutamente, es establecer un ciclo de culpa y ataque, según el cual mientras más culpables nos sintamos mayor es nuestra necesidad de negarlo en nosotros y de atacar a otra persona. Pero mientras más ataquemos a alguien, mayor será nuestra culpa por lo que hemos hecho, porque en algún nivel reconoceremos que hemos atacado falsamente a esa persona.

Eso sólo nos hará sentir culpables, y esto mantendrá el asunto repitiéndose una vez tras otra. Es este ciclo de culpa y ataque lo que hace funcionar este mundo; no es el amor. Si alguien te dice que el amor hace funcionar al mundo entonces no conoce mucho acerca del ego. El amor es del mundo de Dios y es posible reflejar ese amor en este mundo. Sin embargo, el amor no tiene lugar en este mundo. Lo que sí tiene lugar es la culpa y el ataque, y ésta es la dinámica que está tan presente en nuestras vidas, tanto individual como colectivamente.

El ciclo de ataque-defensa

 Un ciclo secundario que se establece es el ciclo de ataque-defensa: una vez que creo que soy culpable y proyecto mi culpa hacia ti y te ataco, creeré (debido al principio que mencioné anteriormente) que mi culpa exigirá castigo. Puesto que te he atacado creeré que merezco que me ataquen. Ya sea que tú ataques o no, no importa, yo creeré que lo vas a hacer debido a mi culpa. Al creer que me vas a atacar creo que debo defenderme contra tu ataque. Y puesto que estoy tratando de negar el hecho de que soy culpable, sentiré que tu ataque contra mí es injustificado. En el momento en que yo te ataque, mi miedo inconsciente es a que tú me vayas a atacar en respuesta y lo mejor es prepararme para eso. Así que tengo que erigir una defensa contra tu ataque. Todo esto lo que hará es causarte miedo y entonces llegamos a un consorcio en que mientras más te ataque, más te tienes que defender contra mí y devolverme el ataque, y yo tendré que defenderme contra ti y atacarte nuevamente. Y así iremos de un lado a otro (L-pI.153.2-3).

 Esta dinámica, desde luego, es lo que explica la locura de la carrera armamentista. También explica la locura que todos sentimos. Mientras más grande sea mi necesidad de defenderme más estoy  reforzando el hecho mismo de que soy culpable. Este es también un principio el cual es muy  importante que entendamos en términos del ego y probablemente se explica más claramente en una  línea del texto que dice, "las defensas dan lugar a lo que quieren defender" (T-17.IV7:1). El propósito de todas las defensas es proteger o defendernos contra nuestro miedo. Si no tuviera miedo no tendría que tener una defensa, pero el hecho mismo de que necesito una defensa me dice que debo tener miedo, porque si no tuviera miedo no tendría que molestarme defendiéndome. El hecho mismo de estar defendiéndome está reforzando el hecho de que debo tener miedo y debo tener miedo porque soy culpable. Así que aquello de lo cual se supone que mis defensas me protegen, mi miedo de ellas lo están reforzando. Por lo tanto, mientras más me defiendo más me percato de que soy un ego: pecaminoso, culpable y miedoso.

 El ego no es ningún tonto. Nos convence de que tenemos que defendernos, pero mientras más lo hagamos más culpables nos sentimos. Nos dice en muchas formas diferentes cómo debemos defendernos de nuestra culpa. Pero la misma protección que nos ofrece refuerza esa culpa. Es por esto que damos vueltas y más vueltas. Hay una lección maravillosa en el libro de ejercicios para estudiantes que dice, "En mi indefensión radica mi seguridad" (L-pl. 153). Si voy a aprender que en verdad estoy en seguro y que mi verdadera protección es Dios, lo mejor que puedo hacer es no defenderme. Es por esto que leemos en los evangelios sobre los últimos días de Jesús en que el no se defendió (véase, por ejemplo, Mt 26:52-53 y Mt 27:14). Desde el momento en que lo arrestaron, durante todo el tiempo en que lo escarnecieron, azotaron, persiguieron y hasta lo asesina- ron, él no se defendió. Y lo que estaba diciendo con eso era, "No necesito defensa", pues como dice el libro de ejercicios para estudiantes, "El Hijo de Dios no necesita defensa contra la verdad de su realidad" (L-pI.135.26:8). Cuando verdaderamente conocemos quienes somos y Quién es nuestro Padre, nuestro Padre en el Cielo, no tenemos que protegernos porque la verdad no necesita defensa. Sin embargo, dentro del sistema del ego sentiremos que necesitamos protección y siempre estaremos defendiéndonos. De este modo actúan realmente estos dos ciclos para mantener funcionando todo el asunto del ego. Mientras más culpables nos sintamos, más atacaremos.

Mientras más ataquemos, más culpables nos sentiremos. Mientras más ataquemos, más sentiremos la necesidad de defendemos del castigo esperado o del contra-ataque que es en sí mismo un ataque.

 El segundo capítulo del Génesis termina con Adán y Eva parados uno frente al otro, desnudos, sin vergüenza. Vergüenza es realmente otra palabra para culpa, y la no-vergüenza es una expresión de la condición de pre-separación. En otras palabras, no había culpa porque no había habido pecado. Es en el tercer capítulo donde se habla del pecado original y éste empieza con Adán y Eva comiendo del fruto prohibido. Hacer eso constituye su desobediencia a Dios, y ese es realmente el pecado. En otras palabras, se ven a sí mismos con una voluntad separada de la de Dios y que puede escoger algo distinto de lo que Dios ha creado. Y eso, repito, es el nacimiento del ego, la creencia de que el pecado es posible. Así que ellos comen del fruto, y lo primero que hacen después de eso es mirarse uno al otro, y esta vez sienten vergüenza y se cubren. Se ponen hojas de parra sobre sus órganos sexuales y eso se convierte entonces en una expresión de su culpa, pues se dan cuenta de que han hecho algo pecaminoso y la desnudez de sus cuerpos se convierte en el símbolo de su pecado; y contra eso hay que defenderse, lo cual expresa su culpa.

 Lo siguiente es que Adán y Eva escuchan la voz de Dios Que los está buscando y tienen miedo de lo que El hará si los captura; así que se esconden en los arbustos para que Dios no los vea. Justo ahí se ve la conexión de la creencia en el pecado-que puedes separarte de Dios-con el sentimiento de culpa por haberlo hecho; y, como consecuencia, el temor de lo que sucederá cuando Dios nos aprehenda y nos castigue. A medida que continúa el tercer capítulo, Adán y Eva ciertamente tienen toda la razón, porque Dios sí los castiga. La cosa interesante es que cuando Dios se enfrenta finalmente a Adán, éste proyecta la culpa hacia Eva y dice, "No fui yo quien lo hizo, fue Eva quien me hizo hacerlo." (Es siempre la mujer quien tiene la culpa.) Y así Dios mira a Eva, quien hace la misma cosa y dice, "Yo no lo hice. No me culpe a mí, fue la serpiente." Así vemos exactamente lo que hacemos para defendernos de nuestro miedo y culpa: proyectarnos la culpa hacia algún otro.

 Recuerden lo que dije antes: la culpa siempre exige castigo. El ego exige que Adán y Eva sean castigados por su pecado, así que cuando Dios los alcanza los castiga con una vida llena de dolor y sufrimiento, desde el momento del nacimiento hasta el fin, la muerte. Al final del día hablaré acerca de cómo Jesús deshace todo este proceso. De todas maneras, ese capítulo del Génesis es un resumen perfecto de toda la estructura del ego: la relación entre el pecado, la culpa y el miedo.

 Una de las formas principales contra las que se defenderá el ego de nuestra culpa es atacando a otras personas, y eso es lo que siempre parece que hace nuestra ira: justificar la proyección de nuestra culpa hacia otros. Es extremadamente importante reconocer cuán fuerte es la inversión que tiene el mundo y la que cada uno de nosotros tiene como parte del mundo, en justificar el hecho de que estamos furiosos, porque todos necesitamos tener un enemigo. No hay nadie en este mundo que en un nivel u otro no le atribuya al mundo propiedades de bueno y malo. Y así separamos al mundo y ponemos algunos en la categoría de buenos, y a otros en la de malos. Esto se debe a nuestra tremenda necesidad de tener a alguien sobre quien podamos proyectar nuestra culpa. Necesitamos por lo menos una persona, o una idea o grupo, que podamos convertir en el malo, en el chivo expiatorio. Esta es la fuente de todo prejuicio y discriminación. Esta es la tremenda necesidad que tenemos, la cual es generalmente inconsciente, de encontrar a alguien que podamos convertir en chivo expiatorio de modo que podamos escapar de la carga de nuestra culpa. Este ha sido el caso desde el comienzo de la historia, ha sido el caso de los principales sistemas de pensamiento, o sistemas de vida que hayan existido en el mundo. Siempre se ha predicado sobre la  base de buenos y malos.

Ciertamente puedes ver esto en la historia del cristianismo en sí. Desde el mismo principio existió el proceso de segregar lo bueno de lo malo: los judíos que creían en Jesús contra los judíos que no creían en Jesús, y luego aquellos quienes creían en Jesús separaban a los seguidores de San Pedro, San Pablo, Santiago, etc., y la iglesia se ha estado subdividiendo desde entonces. Esto se debe a la misma necesidad inconsciente de encontrar a alguien que podamos ver distinto y no tan  bueno como nosotros. Repito, es extremadamente útil para nosotros reconocer la fuerte inversión que hemos hecho en ese proceso. Esto explica porqué en el cine, todo el mundo aplaude al final cuando el bueno gana y el malo pierden. Compartimos la misma inversión en ver al malo  castigado, porque en ese punto creemos que nos hemos escapado de nuestros pecados.

Las relaciones especiales

 Lo que he estado describiendo hasta ahora en términos de la ira o el ataque es realmente una sola de las formas que toma la proyección. De las dos formas que asume la proyección ésta es la que más se destaca. Es la más destacada de las dos formas de ataque a las cuales el Curso se refiere como relaciones especiales. El concepto más difícil de entender en el Curso y más difícil aún de vivir y de poner en práctica realmente, es la idea del especialismo9 y el convertir nuestras relaciones especiales en relaciones santas.

 Las relaciones especiales vienen en dos formas. Las primeras son las relaciones especiales  de odio de las cuales hemos estado hablando-donde encontramos a alguien a quien hacemos objeto de nuestro odio para poder escapar del verdadero objeto de ese odio, nosotros mismos. La segunda  forma es a lo que el Curso se refiere como relaciones especiales de amor. Estas son las más  poderosas e insidiosas puesto que son las más sutiles. Repito, no existe en el Curso un concepto más difícil de comprender o de aplicar en uno mismo que éste. Las relaciones especiales no se  mencionan en el libro de ejercicios para estudiantes, ni en el manual para maestros, y no aparecen  en el texto sino hasta el capítulo 15, y de allí en adelante, y en cerca de los nueve capítulos siguientes, es lo que más se lee.

La razón por la cual es tan difícil reconocer el amor especial y poder hacer algo al respecto es porque éste aparenta ser lo que no es. Es muy difícil esconder de ti mismo el hecho de que estás disgustado con alguien. Lo puedes hacer por un rato, pero es realmente difícil mantener esa ilusión por mucho tiempo. El amor especial es algo diferente. Siempre parecerá que es lo que no es. Realmente es el fenómeno más tentador y engañador en este mundo. Básicamente sigue los mismos principios del odio especial, pero lo hace en forma diferente. El principio básico es que tratamos de liberamos de nuestra culpa viéndola en alguna otra persona. Por lo tanto, es realmente un velo finamente disfrazado sobre el odio. El odio, repito, es sólo un intento de odiar a alguien para no tener que experimentar el verdadero odio que sentimos por nosotros mismos. Lo que quisiera hacer ahora es mostrarles básicamente cómo funciona esto en tres formas distintas-cómo bajo la apariencia de salvamos de la culpa a través del "amor" el ego está reforzando realmente su culpa a través del odio.

 Primero déjenme describir qué es el amor especial y luego hablaremos de cómo opera. Si ustedes recuerdan, al principio cuando yo hablaba acerca de la culpa y examinaba la lista de palabras que comprenden la culpa, una de las expresiones que utilicé fue la creencia de que nos falta algo, de que tenemos cierta carencia. Esto es a lo que el Curso se refiere como el principio de escasez y es lo que sustenta toda la dinámica del amor especial.

 El principio de escasez dice que dentro de nosotros falta algo. Hay algo que no está lleno, que está incompleto. Debido a esta carencia tenemos ciertas necesidades. Y esto es parte importante de toda la experiencia de culpa. Así que nuevamente recurrimos al ego y decimos, "¡Socorro! Este sentimiento de ser nada, o mi vacuidad, o este sentimiento de que falta algo es absolutamente intolerable; tú tienes que hacer algo." El ego dice, "Muy bien, esto es lo que haremos." Y primero nos abofetea diciendo, "Sí, tú tienes toda la razón, eres una criatura miserable y no se puede hacer absolutamente nada para cambiar el hecho de que careces y te hace falta algo que es vitalmente importante para ti." Desde luego que el ego no nos dice que lo que nos hace falta es Dios, porque si nos dijera eso, escogeríamos a Dios y el ego dejaría de existir. El ego dice que inherentemente falta algo en nosotros y no se puede hacer nada para remediarlo. Pero luego dice que hay algo que podemos hacer respecto al dolor que nos causa esta carencia. Ya que es cierto que no se puede hacer nada para cambiar esta carencia inherente en nosotros, podemos buscar fuera de nosotros a alguien o algo que pueda compensar lo que nos falta.

 Básicamente el amor especial dice que yo tengo ciertas necesidades especiales que Dios no puede atender porque, repito, inconscientemente he hecho de Dios un enemigo, así que no acudo a pedir ayuda al verdadero Dios dentro del sistema del ego. Pero cuando te encuentro a ti, una persona especial con ciertos atributos o cualidades especiales, decido que tú llenarás mis necesidades especiales. De ahí es que surge la expresión "relaciones especiales". Mis necesidades especiales serán satisfechas por ciertas cualidades especiales en ti, lo cual te hace una persona especial. Y en la medida en que tú satisfagas mis necesidades especiales, tal como yo las he organizado, en esa misma medida yo te amaré. Y entonces, cuando tú tengas ciertas necesidades especiales que yo pueda llenar, tú me amarás. Desde el punto de vista del ego este es un matrimonio hecho en el Cielo.

 Por lo tanto, lo que este mundo llama amor es realmente especialismo, una burda distorsión  del amor, desde el punto de vista del Espíritu Santo. Otra palabra que describiría el mismo tipo de dinámica sería la palabra "dependencia". Dependo de ti para que atiendas mis necesidades y te haré dependiente de mí para yo atender las tuyas. Mientras ambos hagamos esto todo irá bien.

 Eso es básicamente el especialismo. Su propósito es compensar la carencia que percibimos en nosotros utilizando a alguien para que llene el vacío. Esto lo hacemos muy clara y destructivamente con la gente. Sin embargo, también lo podemos hacer con substancias y cosas. Por ejemplo, un alcohólico está tratando de llenar su vacío a través de una relación especial con una botella. Las personas que comen en exceso hacen lo mismo. Gente que tiene alguna manía como comprar mucha ropa, hacer mucho dinero, comprar cosas o tener un "status" en el mundo-todo es lo mismo. Es un esfuerzo por compensar lo mal que nos sentimos con nosotros mismos haciendo algo externo que nos haga sentir bien. Hay una sección muy hermosa y poderosa casi al final del texto,

 "No busques fuera de ti mismo" (T-29.VII). Cuando buscamos fuera de nosotros siempre estamos buscando un ídolo, lo cual se define como substituto de Dios. Realmente, sólo Dios puede satisfacer esta necesidad. Esto es el especialismo, pues: sirve el propósito del ego querer aparentar que nos protege de nuestra culpa, cuando lo que hace todo el tiempo es reafirmarla. Lo hace en tres formas básicas que ahora resumiré.

 La primera es que tengo esta necesidad especial y tú te presentas y la satisfaces para mí, entonces lo que realmente he hecho es convertirte en un símbolo de mi culpa. (Estoy hablando ahora en términos del sistema del ego únicamente; no nos preocupemos por ahora del Espíritu Santo.) Lo que he hecho es asociarte con mi culpa porque el único propósito que le he dado a mi relación y amor por ti es que sirva para llenar mis necesidades. Por lo tanto, mientras que en el nivel consciente te he hecho símbolo del amor, en el nivel inconsciente lo que realmente he hecho es hacerte símbolo de mi culpa. Si no tuviera esta culpa no tendría necesidad de ti. El hecho de que tengo esta necesidad de ti me está recordando, inconscientemente, que realmente soy culpable. Así que esa es la primera forma cómo el amor especial refuerza la misma culpa contra la cual su amor está tratando de defenderse: mientras más importante seas en mi vida, más me recordarás que el propósito real que cumples en ella es protegerme de mi culpa, lo cual refuerza el hecho de que soy culpable.

Un ejemplo útil de este proceso es imaginar a nuestra mente como un pote de vidrio dentro del cual está toda nuestra culpa. Lo que más queremos en este mundo es mantener esta culpa asegurada dentro del pote; no queremos saber nada de ella. Cuando buscamos un socio especial estamos buscando a alguien que sirva de tapa para este pote. Queremos que esa tapa esté herméticamente cerrada. Mientras la tapa permanezca bien apretada al pote mi culpa no podrá salir al consciente y por lo tanto no sabré nada acerca de ella; permanece en mi inconsciente. El hecho mismo de que necesito que tú seas la tapa de mi pote me recuerda que hay algo terrible en ese pote que no quiero que escape o se salga. Repito, el hecho mismo de que te necesito me recuerda, inconscientemente, que tengo toda esta culpa.

 La segunda forma como el amor especial refuerza la culpa es el "síndrome de la madre judía". ¿Qué sucede cuando esta persona que ha surgido para satisfacer todas mis necesidades de repente empieza a cambiar y ya no quiere hacerlo en la misma forma como lo hacía al principio? Los seres humanos tienen la desafortunada cualidad de cambiar y crecer; no se quedan estáticos como quisiéramos. Lo que esto significa, entonces, a medida que la persona empieza a cambiar,(quizá ya no me necesita en la forma como me necesitaba al principio) es que la tapa en este pote empezará a aflojarse. Mis necesidades especiales ya no serán atendidas en la forma como había yo exigido. A medida que esta tapa comienza a aflojarse, repentinamente mi culpa empieza a amenazar con salir a la superficie y escapar. El escape de la culpa significaría hacerme consciente de lo terrible que creo que soy. Haría cualquier cosa en el mundo para evitar esa experiencia.

 En un punto en el Éxodo Dios dice a Moisés, "Mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme  el hombre y seguir viviendo" (Ex 33:20), y lo mismo podemos decir nosotros acerca de la culpa: nadie puede mirar la culpa a la cara y vivir. La experiencia de afrontar lo terrible que creemos que somos es tan sobrecogedora que haríamos cualquier cosa en el mundo, excepto ocuparnos de eso. Así que cuando esta tapa empieza a aflojarse y mi culpa empieza a burbujear hacia la superficie, me aterrorizo porque de pronto me encuentro frente a todos estos sentimientos terribles que tengo acerca de mí mismo. Entonces mi meta es bien sencilla: volver a apretar esa tapa firmemente lo más pronto posible. Esto significa que quiero que vuelvas a ser como antes. No hay forma más poderosa en este mundo para hacer que alguien haga lo que tú quieras que haciéndole sentir culpable. Si quieres que alguien haga algo haces que se sienta bien culpable y hará lo que tú quieras. A nadie le gusta sentirse culpable.

 La manipulación por medio de la culpa es la marca de fábrica de la madre judía. Cualquiera que no sea judío también conoce esto. Puedes ser italiano, irlandés, polaco, o lo que sea; es la misma cosa porque el síndrome es universal. Lo que haré es tratar de hacer que te sientas culpable y diré algo así como "¿Qué te sucedió? Eras una persona tan decente, amable, amorosa, considerada, sensitiva, gentil, comprensiva. ¡Ahora, mírate! ¡Mira cómo has cambiado! ¡Ahora, te importo un bledo! Eres egoísta, egocéntrico, e insensible...." Y dale que dale y dale. Lo que realmente estoy tratando de hacer es que te sientas bien culpable para que vuelvas a ser como eras. Todos conocemos esto, ¿verdad?

 Ahora, si tú estás jugando el mismo juego de culpa, harás lo que yo quiero y la tapa se ajustará bien otra vez y yo te amaré como antes. Si no lo haces, y no sigues mi juego, me pondré furioso y mi amor se convertirá en odio (lo que era todo el tiempo). Tú siempre odias a aquel de quién dependes por las razones que di en el primer ejemplo, porque la persona de quien tanto dependes te está recordando tu culpa, la cual odias. Por lo tanto, por asociación, también odiarás a la persona a quien profesas amar. Este segundo ejemplo demuestra lo que es esto realmente: cuando ya no satisfagas mis necesidades como yo quiero, empezaré a odiarte. Y la razón por la cual te odiaré, es que no tolero bregar con mi culpa. Esto es lo que se conoce como el fin de la luna de miel. En estos días parece que esto pasa cada vez más pronto. Cuando las necesidades especiales no se atienden en la misma forma como se atendían antes el amor se convierte en odio.

Lo que sucede cuando la otra persona dice que no será más la tapa del pote es muy obvio. Entonces encuentro a alguien más. Como lo dice una de las lecciones del libro de ejercicios para estudiantes: "Se puede encontrar otra" (L-pI.170.8:7), y fácilmente. Entonces simplemente trasladas la dinámica de una persona a otra. Puedes hacer esto repetidamente, una vez tras otra, hasta tanto no hagas algo con tu verdadero problema, tu propia culpa.

 Cuando realmente sueltes esa culpa estarás listo para una relación que será diferente. Esto será amor como lo ve el Espíritu Santo. Pero en tanto no lo hagas, y tu única meta sea mantener tu culpa oculta, entonces simplemente buscas otra tapa para el pote. El mundo es siempre muy colaborador para que encontremos personas que llenen esta necesidad. Simplemente entramos en toda una serie de relaciones especiales, una tras otra, las cuales el Curso describe minuciosamente.

 La tercera forma en la cual el especialismo es un disfraz de odio y culpa en vez de amor sirve tanto para el odio especial como para el amor especial. Cada vez que utilizamos a las personas como un medio para atender nuestras necesidades no las estamos viendo como realmente son; no estamos viendo al Cristo en ellas. Más bien, sólo estamos interesados en manipularlas en forma tal que atiendan nuestras necesidades. Realmente no estamos viendo la luz que brilla en ellas; las estamos viendo en la forma particular de oscuridad que corresponde a la nuestra. Y cada vez que utilizamos o manipulamos a alguien para que atienda nuestras necesidades, realmente lo estamos atacando puesto que estamos atacando su verdadera identidad como Cristo, viéndolo como a un ego que refuerza al ego en nosotros. El ataque siempre es odio, por lo tanto siempre que ataquemos nos sentiremos culpables.

 Por consiguiente, estas tres formas son exactamente cómo el ego reforzará la culpa, aun cuando nos diga que está haciendo otra cosa. Es por esto que el Curso describe la relación especial como el hogar de la culpa.

 Repito, lo que hace al amor especial la defensa más devastadora y eficaz desde el punto de vista del ego es que aparenta ser lo que no es. Parece ser una cosa tan maravillosa, amorosa y santa cuando por primera vez surge el amor especial. Sin embargo, cuán rápidamente puede cambiar, a menos que seamos capaces de ir más allá de lo que parece ser hasta llegar al problema básico que es nuestra culpa.

 Hay una sección importante en el texto llamada, "Los dos cuadros" (T -17.1V) que describe la diferencia entre el cuadro del ego y el del Espíritu Santo. El del ego es amor especial y es un cuadro de culpa, sufrimiento y finalmente muerte. Este no es un cuadro que el ego quiere que veamos porque, repito, si realmente supiéramos qué es lo que pretende el ego no le prestaríamos atención. Así que él pone su cuadro dentro de un marco muy hermoso y adornado, que brilla con diamantes, rubíes y todo tipo de joyería fina. Somos seducidos por el marco, o por los aparentes sentimientos buenos que nos dará el especialismo, y no reconocemos el verdadero regalo de culpa y muerte. Únicamente cuando nos acercamos al marco y lo miramos cuidadosamente, vemos que los diamantes son lágrimas y los rubíes gotas de sangre. De esto se trata el ego. Esta es una sección muy poderosa. Por el contrario, el cuadro del Espíritu Santo es muy distinto; el marco del Espíritu Santo está muy suelto, se cae y nos permite ver el verdadero regalo, que es el Amor de Dios.

 Existe otra cualidad que es muy importante y la cual siempre nos indica si estamos envueltos en una relación especial o en una relación santa. Siempre podemos darnos cuenta por nuestra actitud hacia otras personas. Si estamos envueltos en una relación especial, esa relación será exclusiva. No habrá cabida en ella para nadie más. La razón de esto es obvia, una vez que reconozcas cómo está realmente trabajando el ego. Si te he convertido en mi salvador, y de lo que me estás salvando es de la culpa, eso significa que tu amor por mí y la atención que me das me salvará de esta culpa que estoy tratando de ocultar. Pero si empiezas a tener un interés que no sea yo-bien sea otra persona u otra actividad-no me prestarás 100% de tu atención. En la medida en que empieces a cambiar tu interés o atención hacia algo o alguien, en esa medida tendré menos de ti. Esto significa que si no tengo el 100%, la tapa en mi pote empezará a aflojarse. Esta es la fuente de todos los celos. La razón por la cual la gente es celosa es porque siente que sus necesidades especiales ya no son atendidas como se supone que deben serlo.

 Por lo tanto, si tú amas a alguna otra persona además de mí, eso significa que voy a recibir menos amor. Para el ego el amor es cuantitativo. Sólo existe determinada cantidad disponible así que si amo a éste no puedo amar a aquel otro en la misma medida. Para el Espíritu Santo el amor es cualitativo y abarca a todos. Esto no significa que amemos a todo el mundo de la misma manera; eso no es posible en este mundo. Lo que significa, sin embargo, es que la fuente del amor es la misma; el amor es el mismo, pero los medios de expresión serán distintos.

 "Amaré" a mis padres "más" de lo que amaré a los padres de cualquiera en esta sala, no en calidad, sino en cantidad. El amor será básicamente el mismo pero, obviamente, se expresará en forma distinta. No significa que debido a que amo a mis padres ame menos a los tuyos, o que mis padres son mejor que los tuyos. Todo lo que eso quiere decir es que estas son las personas que he escogido, porque en mi relación con ellos aprenderé el perdón que me permite recordar el Amor de Dios. No significa que debes sentirte culpable si tienes una relación más profunda con unos que con otros. Existen ejemplos muy claros sobre esto en los evangelios, donde Jesús estaba más cercano a ciertos discípulos que a otros y estaba más cercano a sus discípulos que a otros de sus seguidores. No significa que amara menos a algunos, sino que la expresión del amor era más íntima y profunda con unos que con otros (véase, por ejemplo, Mt 7:1-2 y Jn 13:23-25).

 Una relación santa significa que cuando amas a alguien no excluye el que ames a alguien más; no se hace a expensas de otro. El amor especial siempre será a expensas de otro. Siempre será un amor comparativo donde comparas a ciertas personas con otras; encuentras a algunas deficientes y a otras aceptables. El amor en este mundo no es así. Simplemente reconoces que ciertas personas te han sido "dadas" y han sido escogidas por ti para que puedas aprender y enseñar ciertas lecciones; pero eso no hace a esa persona mejor o peor que ninguna otra. Es así, repito, cómo puedes determinar cuándo una relación es especial o santa, según el grado en que excluyes  a otras personas.

 

Capítulo 3 del libro “Un Introducción Básica a Un Curso de Milagros” de Kenneth Wapnick