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domingo, 10 de octubre de 2021

Abrazando la oscuridad: como alimentar a tus demonios - Jessica Davidson

Traducido con Amor desde… https://jessicadavidson.co.uk

 

Recientemente me di cuenta de que había pasado toda mi vida luchando contra la oscuridad. Pero mis demonios no morirán, no importa cuántas veces los golpee en la cabeza. Es agotador. Así que estaba dispuesta a probar cualquier cosa que pudiera ayudar cuando encontré la práctica de Feeding Your Demons en el libro de ese nombre de Tsultrim Allione.

A primera vista, alimentar a los demonios no parece una buena idea. Seguramente solo llenarán sus rostros y luego harán un alboroto alimentados por pasteles. Pero esta práctica tiene que ver con la compasión y la amistad con tu sombra. Al parecer, los demonios solo quieren un abrazo.

Alimentar a tus demonios no los hace más fuertes, pero luchar contra ellos sí. Cuando niegas partes de ti mismo y caen en la sombra, se necesita mucha energía para mantenerlas allí. A los demonios no les gusta que los descuiden y por eso rechazan tu represión. Tienes que mantenerte firme para evitar que estallen. De ahí el agotamiento.

Cuando alimentas a tus demonios, estás alimentando partes de ti mismo que han caído en la sombra. Esto puede tener un efecto transformador y desbloqueará la energía que ha estado usando para mantenerlos reprimidos para que pueda canalizarla hacia algo más positivo.

Los demonios pueden ser cualquier cosa que socave o sabotee tus mejores intenciones: como obsesión, miedo, enfermedad crónica, depresión, ansiedad y adicción. Estos comportamientos y emociones negativas tienden a operar desde el inconsciente. O eres consciente de ellos y luchas contra ellos, o no eres consciente de ellos y terminas sorprendido cuando las cosas siguen saliendo mal.

La práctica de alimentar a tus demonios es una forma de hacerte amigo de algo que preferirías evitar. Puedes pasar del miedo y el odio a la tolerancia, la aceptación y la integración utilizando la compasión, el diálogo y la comprensión. Existen prácticas similares en la psicología occidental, pero esta es más profunda porque se basa en la práctica espiritual de reconocer la vacuidad y ver a través de la naturaleza del yo.

Chöd: las raíces de la práctica

 

El proceso de alimentar a tus demonios descrito en el libro de Tsultrim Allione es una versión simplificada de la antigua práctica de Chöd que proviene de la tradición budista tibetana. Hay varios linajes de estas prácticas, pero la que se usa en el libro proviene de Machig Labdron, una maestra del siglo XI y la Madre de Chöd.

Chöd se pronuncia "chuh" y significa "cortar". También se lo conoce como "Cortar a través del ego" y se basa en los sutras del Prajnaparamita, que incluye el conocido sutra del corazón. El Prajñaparamita es una enseñanza sobre la vacuidad y la interdependencia y el hecho de que nada existe de forma inherente. Esto nos da una pista de cómo funciona la práctica. Es una forma de meditación que atraviesa el conflicto entre opuestos. Si puedes ver a través de la naturaleza ilusoria de la batalla entre enemigos aparentes, como tú y tus demonios molestos, puedes resolver el conflicto y descansar en paz interior.

"Considerar la adversidad como un amigo es la instrucción de Chöd".

Cómo alimentar a tus demonios

Las prácticas originales de Chöd son ligeramente diferentes a la meditación dada en el libro de Tsultrim Allione. Ella ha simplificado el proceso en cinco pasos que puede hacer por su cuenta o con un compañero, y no tienes que saber nada sobre el budismo. Es una práctica que puedes incorporar a tu vida y utilizar para superar tus miedos y bloqueos.

Personificar tus miedos como demonios los enfoca más claramente y puede revelar nueva información sobre lo que acecha en tu subconsciente. Los demonios no siempre se comportan como esperas y los resultados pueden ser sorprendentes. A veces, estos resultados son instantáneos, pero generalmente es gradual y requiere muchas sesiones. Los demonios cambiarán con el tiempo y tal vez surjan diferentes demonios a medida que trabajes a través de las capas de condicionamiento.

Machig Labdron identificó cuatro tipos de demonios que describí en otro artículo. Pero por ahora, cualquier cosa que te impida alcanzar la liberación y la iluminación es un demonio. Incluso las cosas positivas pueden convertirse en un problema si te impiden soltar tu ego. Entonces, el demonio supremo es el ego mismo, tu sensación de ser un yo separado.

Puede haber muchos demonios dando vueltas causando problemas en tu vida, así que lo primero que debes hacer es decidir a cuál quieres alimentar. Puede ser aconsejable comenzar con uno de los demonios más pequeños y trabajar con los grandes miedos, o si te sientes valiente, puedes apuntar al jefe principal y ver qué sucede.

Antes de comenzar, siéntate cómodamente, cierra los ojos y medita unos momentos. El libro te alienta a tomar nueve respiraciones de relajación para soltar cualquier tensión en tu cuerpo, emociones y mente. A continuación, puedes dedicar la práctica en beneficio de todos los seres. Luego comienzas los pasos:

  1. Primero elige un demonio y encuentra dónde se encuentra en tu cuerpo.
  2. Luego personificas al demonio y lo ves tomar forma frente a ti. Cuando esté claro, puede hacer tres preguntas: ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que realmente necesitas? ¿Cómo te sentirás cuando obtengas lo que necesitas?
  3. Cambia de lugar y conviértete en el demonio para que puedas sentir lo que es ser él o ella. Luego responde las preguntas como demonio.
  4. Regresa a tu asiento y ve al demonio frente a ti nuevamente. Ahora que sabes lo que necesita el demonio, disuelves tu cuerpo en un néctar que tiene esa cualidad y lo alimentas al demonio hasta que esté totalmente satisfecho. En este punto, puedes notar que el demonio se transforma en otra cosa o puede que llegue otro ser. Este podría ser el aliado que te ayudará de alguna manera. Puedes intercambiar lugares con el aliado y pasar por el proceso de interrogatorio nuevamente para descubrir exactamente cómo te ayudará. Luego regresa a tu asiento nuevamente y siente cómo la energía del aliado fluye hacia ti e imagina que se disuelve en luz. Permítete disolverte también en la luz.
  5. Finalmente, simplemente descansa en la conciencia y permítete regresar lentamente a tu cuerpo.

Hay mucho más de lo que he incluido aquí, ya que es un proceso bastante complejo, pero vale la pena tomarse el tiempo para aprender los pasos y probarlo.

Una bola de fuego

 

 

Cuando hice esto por primera vez, no estaba segura de lo que pasaría. Parecía complicado y no estaba segura de que funcionaría, pero liberó un estallido de energía emocional del que no había sido consciente hasta entonces. Había estado luchando con problemas autoinmunes y tenía mucha inflamación en mi cuerpo y me estaba causando problemas, así que decidí trabajar con eso.

Ubiqué al demonio de la inflamación en mi lado derecho donde tenía un dolor particularmente agudo. El problema era que, cuando hube hecho las nueve respiraciones y me relajé y dediqué la práctica a todos los seres, me sentí bien. Así que tuve que retorcerme un poco y ponerme incómoda para poder sentir el dolor y luego visualizar cómo se veía.

Obtuve la imagen de una lanza roja que seguía apuntándome. La mano que sostenía la lanza era amorfa, como si estuviera hecha de fuego, así que me di cuenta de que el demonio era una bola de fuego. Hice las tres preguntas y luego cambié de lugar con el demonio.

En este punto me sorprendió que quisiera llorar. Esperaba que el demonio estuviera enojado, y lo estaba, pero también estaba increíblemente triste. Dijo que quería que me quemase. Entonces todo empezó a desmoronarse y luché por seguir los pasos porque no podía dejar de llorar. Finalmente, el demonio dijo: “Quiero que seas mi amigo”. Mi demonio estaba solo. En respuesta a la tercera pregunta dijo que si yo fuera su amigo se sentiría aceptado y comprendido. También gritó un poco sobre que nadie le escuchaba.

Cambié de lugar de nuevo y convertí mis lágrimas en néctar e imaginé que era lluvia. El néctar hizo llover amistad y aceptación sobre la bola de fuego. Al principio, el agua chisporroteó y se convirtió en vapor, pero luego comenzó a hacer contacto con las llamas. El demonio volvió su rostro hacia la lluvia y sonrió, luego abrió la boca y sacó la lengua para beber el néctar. Comenzó a reír, brincar y jugar bajo la lluvia, y poco a poco se transformó en una niña con trenzas de coleta (yo usaba mi cabello así cuando era niña). Le pregunté si ella era la aliada y ella negó solemnemente con la cabeza.

Fue entonces cuando todo se volvió confuso. Esperé a que apareciera el aliado y sentí que algo venía hacia mí, pero entonces fue como si una pared de polvo y tierra se levantara y no pudiera ver. Obviamente, hay otro demonio detrás de ese al que necesito dirigir mi atención, y creo que sé qué es. Podría necesitar mucha alimentación.

Recomiendo encarecidamente Feeding Your Demons de Tsultrim Allione. El libro contiene muchos ejemplos de demonios y muestra cómo otros se han transformado usando esta práctica. 

Jessica Davidson

Escritora, mística, budista zen, ingeniera de sonido, música, astróloga

 

https://jessicadavidson.co.uk/2016/04/18/embracing-

sábado, 9 de octubre de 2021

ERES DIOS PARA TU MUNDO - Dora Gil

 

"Muchos de nosotros anhelamos un cambio en el mundo y, de un modo u otro, deseamos participar en esa transformación global que vemos tan necesaria. Lo que yo voy comprendiendo es que la pretensión de cumplir un propósito significativo en el mundo no puede estar desvinculada de nuestra vida en este instante, de la inmediatez de lo que hay aquí y de cómo nos situamos ante ello.

Sucede a veces que, buscando un mundo mejor o un papel que jugar en él, nos pasamos por alto que nuestro mundo empieza aquí, en nuestro ambiente interior, en la actitud con la que abordamos cada detalle de nuestro presente. Es la perspectiva en la que nos situamos con respecto a estas sensaciones, estas personas, esta situación, este dolor, esta comida o esta emoción que nos embarga.

Mi mundo es lo que aparece aquí y ahora ante mí. ¿Cómo me sitúo ante él? ¿Lo estoy honrando o inconscientemente lo catalogo como algo de poca importancia que me impide acceder a lo que busco de verdad?

Estas personas que ahora mismo veo, ¿puedo considerarlas las personas adecuadas para mi vida? ¿O creo que no encajan en mi propósito y trato de eludirlas para acceder a otras más preparadas o capaces de entenderme? ¿Cómo me siento en su presencia? ¿Quiero irme lo antes posible? ¿Cómo respiro?

Estos pequeños detalles me informan directamente de cómo me estoy considerando: un pequeño personaje inquieto y buscador o una amplia consciencia que abraza la existencia en cada instante.

Las mejores lecciones que recibo en mi vida no se me revelan en lugares muy brillantes o en situaciones interesantes por su prestigio. Muy al contrario de lo que mi personaje podría esperar, aprendo de verdad al asumir conscientemente las relaciones de menor relevancia para el ego y los lugares que sus conceptos desacreditan y considera insignificantes. Ahí es donde mi corazón va comprendiendo las más profundas verdades de la existencia. En situaciones anónimas, junto a personas simples, la vida hace aflorar el poder del amor en mí y la serena comprensión del ser que nos une a todos. La profunda paz que destilan en mi alma esos momentos, descansa en mí como el criterio de la autenticidad que me revelan.

En realidad, sólo hay dos posibilidades: honrar este instante y estar con él o despreciarlo (casi siempre de forma inconsciente) por no servir a los fines de un personaje que se aferra a su historia.

Si me estoy yendo de este instante, si tengo prisa por salir de él y no le presto atención, puedo estar segura de que estoy en “modo ego”. Es decir, estoy abordando mi vida desde una perspectiva de pequeñez, buscando algo más grande que esto; buscando fuera de mí, lejos de mi hogar.

Si ahora mismo hay espacio en mí para lo que está apareciendo, sea de mi agrado o no, y estoy dispuesta a detenerme si fuera necesario, para contemplar desde ahí lo que experimento, puedo estar seguro de que, naturalmente, me he situado en la amplitud de mi ser, que no necesita otra cosa más allá, porque ya se siente inmenso y lo incluye todo.

 

¿Dónde no queremos estar?

¿Cuáles son las áreas perdidas de nuestra vida?

¿Dónde duele?

¿Dónde nos sentimos indignos, pequeños, olvidados? ¿Dónde preferimos no mirar?

¿Dónde hay pobreza, vacío, dolor, necesidad?

¿Dónde experimentamos miedo, culpa, ansiedad, ganas de salir corriendo?

 

Aquí es donde se nos ofrece la oportunidad, aquí es donde nuestra consciencia puede abrirse. Aquí, en lo escondido, es donde puede despertar nuestro ser más profundo. Ahí es donde nuestra verdadera naturaleza tiene la oportunidad de expresarse.

Cuando aprendemos a permanecer, en lugar de evitar, nos estamos conociendo como luz, como liberadores de nuestro mundo. “Vosotros sois la luz del mundo”, decía Jesús.

En realidad, esto es lo único que necesitamos: iluminar y llenar de amor todo aquello que aflora en nuestra experiencia presente: sensaciones, emociones, pensamientos. Contemplar en la luz de la consciencia y permanecer, no asustarnos. Acoger, abrazar y así permitir que ese mundo amenazador que creamos y en el que creímos se disuelva.

Sí, que se disuelva lo ilusorio. Nuestro sufrimiento es el efecto de haber creído en algo que no es verdad. En haber dado crédito a la idea de separación y haberla cultivado hasta el punto de habernos identificado como seres aislados de la vida. Eso duele, eso genera tanto malestar que no lo soportamos. Pero si seguimos evitándolo, rehuyéndolo, resistiéndonos, lo que hacemos es darle entidad y seguir inmersos en la ilusión.

Nuestro hogar es el momento presente. Nuestro reino, nuestra función, todo nuestro mundo está aquí. Subyaciendo al discurrir normal de la superficie de nuestra vida, muchas criaturas exiliadas, doloridas, avergonzadas, reprimidas, hambrientas, solas, recluidas en las sórdidas y frías estancias de nuestra inconsciencia, esperan su liberación.

Nosotros somos su dios. Dios se expresa a través de cada ser humano que nace con la misión de rescatar del olvido a tantas criaturas rechazadas, de iluminar su propio mundo interno, el único al que tenemos acceso: nuestras emociones, pensamientos y percepciones moviéndose en el espacio interior y generando todo tipo de sensaciones en nuestro pueblo de células.

Para ello se nos ofrecen las imágenes perfectas que ilustran nuestra tarea: las personas y situaciones que, como en una película, desfilan ante nosotros representando a la perfección nuestro mundo interior. Escenas de temor, de amor, de alegría, de dolor, de rencor, de necesidad…van despertando en nosotros todas las emociones necesarias para permitirnos mirar profundamente. Si las atendemos, nos ponen en contacto con la fuente de esa representación proyectada: nuestra percepción de la realidad, nuestra comprensión sesgada de la vida.

Curiosamente, todas estas áreas son las más próximas a nosotros (el prójimo). Lo más íntimo y cercano es, con frecuencia, lo que tiene más poder para mostrarnos lo que necesitamos mirar. Sin embargo, es lo más despreciado por el ego, que busca siempre más lejos lo que cree que es mejor para sentirse especial.

 

Si aprovechamos cada instante para disolver el velo de la ilusión que nos oculta lo real, mirando profundamente, nos podemos reconocer como lo que realmente somos: Dios para nuestro mundo, libertadores de un pueblo adormecido en el olvido de su verdadera naturaleza.

Necesitamos perder el miedo a sentir. Permanecer abierta y amorosamente en medio del sufrimiento es la mejor manera de demostrarnos lo que somos. Eso fue lo que Jesús hizo. Desoyendo la necesidad de escapar de lo que parecía amenazarle, permaneció afirmando su verdadera identidad, inviolable. Abrazando el dolor más intenso, le privó de su imaginaria capacidad de destruir lo indestructible: lo que somos de verdad.

Para esto hemos nacido. Para acoger en nuestro hogar interior todo lo que hemos dejado de lado por creernos separados de ello, por interpretarlo como una amenaza para nuestra identidad. Necesitamos demostrarnos que somos amor para todo, incluyendo incluso lo que nuestra pequeña mente no comprende y evita. Permaneciendo en este instante, en esta respiración, en este paso, en este encuentro, en esta sensación que se nos presenta tan temible... Permaneciendo y amando. Sin separarnos de nada. Quedándonos y ofreciendo espacio a todo. Por pequeño, insignificante o doloroso que nos parezca.

 

Sólo necesitamos entrar completamente en la experiencia de este momento."

 

Extraído del libro "Del hacer al ser" , de Dora Gil,Editorial Sirio.

Capítulo 5 "La luz del ahora".