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sábado, 15 de abril de 2023

La Compasión: Universalmente Malentendida - Paul Gilbert



Cuando las personas escuchan la palabra compasión, suelen pensar en la amabilidad. Pero su estudio científico ha encontrado que el núcleo de la compasión es el coraje.

La amabilidad, en vez de ser lo que define completamente la compasión, es una forma específica de ser compasivo. Imagínate a un bombero que constantemente pone su vida en riesgo para salvar a otros. Ese acto en sí mismo es compasivo, pero fuera del trabajo, puede que el bombero sea una persona distante, o que tenga un temperamento irritable o que se le olviden una y otra vez los cumpleaños. El punto es que la gente amable no siempre tiene el coraje de comportarse compasivamente.

Una definición de diccionario de la compasión diría algo así como: “una sensibilidad hacia el sufrimiento de uno mismo y de los otros junto al compromiso de intentar aliviarlo”. Esta frase sintetiza dos procesos. El primero es el coraje de volverse hacia, relacionarse y entrar en contacto con el dolor y el distrés, en vez de optar por evadirlo o ignorarlo. El segundo es la disposición a adquirir la sabiduría que necesitamos para responder adecuadamente frente al sufrimiento.

El coraje de ser compasivo yace en la disposición y voluntad de ver la naturaleza y las causas del sufrimiento – ya sea en nosotros mismos, en los demás o, más ampliamente, en la humanidad. Estamos hechos a partir de genes que han evolucionado por millones de años y esos genes construyen nuestros cuerpos y nuestros cerebros —no los elegimos. Y estos cuerpos y cerebros son frágiles, susceptibles a las heridas, a una multiplicidad de enfermedades, al deterioro y la muerte.

Las motivaciones básicas que han evolucionado en nuestros cerebros tales como la búsqueda de status y poder, el sexo y el cuidado de la familia (compartidas con otros mamíferos), pueden llevarnos a quedar atrapados en la ambición auto centrada y la mentalidad tribal, haciéndonos capaces de llevar a cabo crueldades terribles. Los humanos han sido fuente de sufrimiento unos de otros y de los animales por miles de años. La mente humana inventó la tortura y puede sentir placer en la venganza sádica. Y tal como otros animales, somos vulnerables a una amplia gama de sufrimientos mentales como el miedo, la depresión y la paranoia. Toma bastante coraje comenzar a comprender nuestra especie de esta manera.

Lo que también sabemos es que somos socialmente construidos. Si hubiese sido raptado a los tres años de edad por una banda de traficantes de drogas, entonces la versión de Paul Gilbert escribiendo este blog no existiría. En cambio, podría existir una versión potencialmente fría, agresiva y defensiva de mí mismo. Puede ser una gran lección de humildad comprender que no somos más que una versión posible de nosotros mismos, la cual fue el resultado de nuestra crianza y nuestros contextos sociales.

También toma coraje ser consciente de que somos seres biológicos, construidos a partir de genes que nunca elegimos; tironeados por motivaciones y emociones que están predeterminadas y socialmente formados por los contextos y ambientes en los cuales de pronto nos encontramos. Tener todo esto en cuenta es la base de la sabiduría compasiva.

En pocas palabras, la forma en que somos no es nuestra culpa. Como elegimos comprender y trabajar con nuestros cerebros —para el bien de nosotros mismos y de los otros— es, sin embargo, completamente nuestra responsabilidad. Tal como hemos llegado a comprender la importancia de la higiene para reducir el riesgo de enfermedades, debemos aprender cómo construir ambientes socialmente justos y apoyadores que nutran lo mejor en nosotros. Hay muchas fuerzas que irán en contra de estos esfuerzos, y por eso el esfuerzo y el coraje son necesarios.

La gente puede tener miedo a la compasión creyendo que es una debilidad o simplemente indulgencia. Esto se debe principalmente a que no la comprenden y no reconocen el enorme valor de comprender las causas del sufrimiento y nuestra propia fragilidad. Sin embargo, investigadores de todo el mundo están descubriendo que al cultivar la compasión estimulamos varios sistemas fisiológicos que son excelentes para nuestra salud y felicidad, promoviendo también conductas éticas y prosociales de las que nos podemos beneficiar todos.

Podemos comenzar por nosotros mismos, pasando algunos momentos cada día pensando en cómo sería si viviésemos desde la versión más compasiva de nosotros mismos —cómo pensaríamos y actuaríamos. Luego podemos imaginar una dificultad en nuestra vida, respirar lenta y profundamente, crear un tono de voz interno amistoso, e imaginar de qué manera esta parte compasiva de nosotros enfrentaría ese problema. Uno no se tarda mucho en darse cuenta de que sería una forma bastante distinta a la forma en que una parte furiosa o ansiosa de uno mismo respondería, ese lado de uno que simplemente surge y se toma todo el control sobre nosotros mismos. Mientras más nos damos la oportunidad de imaginarnos en nuestra versión más compasiva, más probabilidades hay de que nos vayamos pareciendo a esta versión- más centrada, amable y asertiva.

La compasión no se trata solo de ser amable o suave y ciertamente no es una debilidad. Es una de las declaraciones de fortaleza y coraje más importantes entre los seres humanos. La compasión es difícil y poderosa, es contagiosa e influyente. Y de manera crucial, quizás sea el único lenguaje universalmente reconocido con la capacidad de transformar el mundo.

 


Paul Raymond Gilbert OBE (nacido el 20 de julio de 1951) es un psicólogo clínico británico. Gilbert es el fundador de la terapia centrada en la compasión (CFT), el entrenamiento mental compasivo (CMT) y el autor de libros como The Mind Compassionate: Un nuevo enfoque de los desafíos de la vida y la superación de la depresión.


miércoles, 12 de abril de 2023

La ilusión del ser irreal en otras personas - Tara Brach

 

Es muy posible que nuestra sensibilidad hacia las noticias mundiales vaya disminuyendo a medida que el número de ellas aumente. En el periódico y en el Internet cada día aparecen tantos reportajes de personas que están en paro, huelgas de hambre, perdida de familiares, noticias de muertes, guerras, y desastres naturales. A medida que nuestra sensibilidad disminuye, nos vamos separando de las otras personas en nuestro mundo y de sus historias. De esta manera empezamos a ver a las otras personas como seres diferentes, “personas irreales.” Al menos que estemos despiertos en un estado de compasión, nos olvidamos de ver a las personas en las noticias como los seres humanos que realmente son. Aunque son exactamente como nosotros, no reconocemos al otro como “una persona quien mira por sus ojos o siente con su corazón.” Cuando las personas no nos parecen reales, nuestros corazones no pueden responder con auténtica compasión.

Al valorar a otras personas como seres humanos, vamos reconociendo lo que en realidad pasa en sus vidas; reconocemos sus historias. Sólo con ese reconocimiento, nosotros mismos nos abrimos hacia la compasión y podemos recibirlas con un corazón abierto.

¿Cómo nos hacemos conscientes de que estas personas son “reales”?

Una manera es hablar con los que no tienen mucho en común con nosotros. Así empezamos a reconocer el hecho de que detrás de nuestras máscaras, la persona delante nuestro también tiene los mismos miedos, los mismos sueños, el mismo deseo de dar y recibir amor. Al estar en un estado de presencia y escuchar profundamente, reconocemos su humanidad. ¿Qué pasa cuando estamos en un estado de presencia al escuchar? Cuando estamos en ese estado de presencia al escuchar, experimentamos un sentido de receptividad y apertura, mediante el cual formamos parte de aquella presencia. Sea lo que sea que llamemos a aquella presencia: Dios, conciencia pura, nuestra naturaleza o estado de ser puro, los límites entre lo interior y lo exterior se disuelven. Cuando estamos en esa presencia abierta, el otro llega a ser parte de nuestro corazón. Nuestro corazón se abre, se transforma, y el otro se transforma a una persona “real.”

La compasión puede ser descrita como el acto de sentir la vulnerabilidad y sufrimiento que forma parte de nosotros y todos los seres vivientes.

El florecer a la compasión también incluye la acción de sintonizarnos con la presencia del sufrimiento y respondiendo conscientemente.

Debido a nuestro condicionamiento social, rehusamos sentirnos vulnerables.

El camino de la compasión requiere nuestro valor y enfoque.

A medida que despertamos a la realidad de nuestra conexión con los demás, nuestros corazones se van llenando de ternura y nuestras acciones sirven para sanar al mundo.

Tara Brach

 

Las enseñanzas de Tara Brach combinan la psicología occidental y las prácticas espirituales orientales, la atención consciente a nuestra vida interior y un compromiso pleno y compasivo con nuestro mundo. El resultado es una voz distintiva en el budismo occidental, que ofrece un enfoque sabio y afectuoso para liberarnos a nosotros mismos y a la sociedad del sufrimiento.


viernes, 5 de agosto de 2022

FELICIDAD, PACIENCIA Y AGRADECIMIENTO




La felicidad es aquella condición cuando ya no sientes la necesidad de esforzarte por conseguir la felicidad.

En otras palabras, el camino hacia la felicidad paradójicamente consiste en dejar de intentar ser feliz; dejar de creer que deberías ser feliz; dejar de creer que tengas el derecho a ser feliz… porque estas maneras de abordarlo te harán infeliz.

El problema que afrontamos es que estamos intentando emplear un sistema de supervivencia (nuestra mente racional, es decir, nuestros pensamientos) para ser felices – una tarea por la que nunca se evolucionó y por lo que  decididamente no está hecho. La parte observadora de nuestra mente y nuestros cuerpos son mucho más útiles.


 

La felicidad es un fenómeno emergente.  Esto significa que no puedes hacer algo para que ocurra; sólo puedes crear las condiciones en las que puedes aumentar las probabilidades de que surja. Piensa en el fenómeno de los murmullos de estorninos – los hermosos patrones cautivantes espontáneamente formados,  creados cuando se congregan miles de estorninos. El estornino individual sólo puede poner de su parte lo mejor que pueda. Los resultados sin embargo cortan la respiración.

La paz y la felicidad siempre están ahí, dentro de nosotros, como el agua profunda y tranquila que yace pocos metros por debajo de la superficie atormentada del mar. Sin embargo, si tu punto de vista está limitado al barco en la superficie del mar, no puedes ver, ni experimentar la tranquilidad que siempre está ahí – constante, inmutable y no afectado por las perturbaciones efímeras de la superficie.

El estado natural de nuestra mente es de paz y ecuanimidad. Las perturbaciones de esta tranquilidad están creadas no por los eventos de la vida, sino por nuestros pensamientos sobre tales eventos.

Nuestra tarea principal consiste en “quitarnos a nosotros mismos del medio” de manera de que podamos experimentar la paz y la conexión que llevamos dentro de nosotros – siempre. Cuando digo “quitarnos del medio” me refiero a tranquilizar nuestra mente racional, ver nuestros pensamientos por lo que son – simplemente eventos mentales que surgen, existen durante un tiempo y luego desvanecen – calmar el parloteo mental constante que agita la superficie de nuestra mente lo que hace invisible la tranquilidad.

La felicidad no se encuentra en la compra ni en el acúmulo de cosas. El sentimiento agradable que tenemos cuando compramos un coche nuevo no es más que sentirnos momentáneamente libres del deseo – un deseo irónicamente creado por las personas que fabrican el coche en los principios.

A todos nos encanta recibir instrucciones claras – una guía del tipo 1),2),3)… a),b),c) . Cada persona es diferente y por tanto la felicidad tendrá una pinta diferente para cada persona. Sin embargo, la esencia es la misma. Comparto lo siguiente:

La norma “sagrada”, la base, es conocer y aceptarte a ti mismo tal cómo eres.

Vamos a dejarlo claro, esto es un proyecto que te llevará más o menos… el resto de tu vida, así que empieza por aceptar esto. No hay atajo. Pero no pierdas la esperanza. Empezamos a fijarnos en cambios beneficiosos nada más demos el primer paso en “el camino”. La mayoría de las personas sobrestiman lo que pueden conseguir en un año pero seriamente subestiman lo que pueden lograr en diez años. Así que permite que la paciencia y la humildad sean tus compañeros de viaje.

La práctica diaria de la meditación con una actitud de curiosidad abierta, cariño hacia ti mismo y sentido del humor, proporciona una plataforma y un punto de vista diferente y mucho más útil – un ancla en el momento presente, es decir, en la realidad tal como es. Cuando respondemos a la realidad a medida que se despliega en el presente (en vez de responder a nuestros conceptos/pensamientos inconscientes sobre la realidad), salimos de nuestro “piloto automático” normal y abrimos la puerta a hacer las cosas de manera diferente. Permite que la paciencia y la humildad sean tus guías.

Dos cosas más: El agradecimiento y la compasión:

El agradecimiento: La evolución nos equipó para sobrevivir  y no para ser felices. Esto significa que tenemos una tendencia natural a encontrarnos atraídos por las experiencias negativas. Si durante tu día te ocurren nueve cosas buenas y una cosa no muy agradable, normalmente te acordarás de la cosa desagradable. Esto es una distorsión que ya sabemos que existe y tiene sentido corregirlo. El hábito del agradecimiento nos ayuda a estar más presentes en nuestras vidas. También llena nuestro corazón de alegría cuando apreciamos por ejemplo, el simple pero milagroso hecho de estar vivos y de tener el regalo de la consciencia.

La Compasión – compasión por los demás y por nosotros mismos. La compasión en este sentido no tiene nada que ver con la lástima; es simplemente el reconocimiento de una verdad, es decir: todos quieren ser felices y todos quieren evitar el sufrimiento. La compasión es reconocer el sufrimiento que compartimos con todos (producido por la ignorancia)  y el deseo de aliviarlo. La autoestima sin la autocompasión es arrogancia – algo esencialmente vacío que normalmente esconde una profunda inseguridad o vergüenza. Con la autocompasión, la autoestima verdadera surgirá como consecuencia natural.

Geoffrey Molloy


 

sábado, 5 de febrero de 2022

Considérate un turista - Dalai Lama

 


Traducido con Amor desde… https://tricycle.org

 

Dentro de menos de cincuenta años, yo, Tenzin Gyatso, el monje budista, no seré más que un recuerdo. De hecho, es dudoso que una sola persona que lea estas palabras viva dentro de un siglo. El tiempo pasa sin obstáculos. Cuando cometemos errores, no podemos hacer retroceder el reloj e intentarlo de nuevo. Todo lo que podemos hacer es usar bien el presente. Por lo tanto, si cuando llegue nuestro último día podemos mirar hacia atrás y ver que hemos vivido vidas plenas, productivas y significativas, eso al menos será de algún consuelo. Si no podemos, podemos estar muy tristes. Pero cuál de estas experiencias depende de nosotros.

La mejor forma de asegurarnos de que cuando nos acercamos a la muerte lo hagamos sin remordimientos es procurar que en el momento presente nos comportemos con responsabilidad y compasión para otros. En realidad, esto es en nuestro propio interés, y no solo porque nos beneficiará en el futuro. Como hemos visto, la compasión es una de las principales cosas que hacen que nuestras vidas tengan sentido. Es la fuente de toda felicidad y gozo duraderos. Y es el fundamento de un buen corazón, el corazón de quien actúa por el deseo de ayudar a los demás. A través de la bondad, del afecto, de la honestidad, de la verdad y la justicia hacia todos los demás, aseguramos nuestro propio beneficio. Este no es un asunto para teorizar complicadamente. Es una cuestión de sentido común. No se puede negar que la consideración de los demás vale la pena. No se puede negar que nuestra felicidad está indisolublemente ligada a la felicidad de los demás. No se puede negar que, si la sociedad sufre, nosotros mismos sufrimos. Tampoco se puede negar que cuanto más nuestros corazones y mentes están afligidos por la mala voluntad, más miserables nos volvemos. Así podemos rechazar todo lo demás: religión, ideología, toda la sabiduría recibida. Pero no podemos escapar de la necesidad del amor y la compasión.

Ésta es, pues, mi verdadera religión, mi fe sencilla. En este sentido, no hay necesidad de templo o iglesia, de mezquita o sinagoga, no hay necesidad de complicada filosofía, doctrina o dogma. Nuestro propio corazón, nuestra propia mente, es el templo. La doctrina es la compasión. Amor por los demás y respeto por sus derechos y dignidad, sin importar quiénes o qué sean: en última instancia, esto es todo lo que necesitamos. Mientras los practiquemos en nuestra vida diaria, no importa si somos eruditos o ignorantes, si creemos en Buda o en Dios, si seguimos alguna otra religión o ninguna, mientras tengamos compasión por los demás y nos comportemos con moderación por sentido de la responsabilidad, no hay duda de que seremos felices.

¿Por qué, entonces, si es tan sencillo ser feliz, nos resulta tan difícil? Desafortunadamente, aunque la mayoría de nosotros nos consideramos compasivos, tendemos a ignorar estas verdades de sentido común. Nos negamos a confrontar nuestros pensamientos y emociones negativas. A diferencia del agricultor que sigue las estaciones y no duda en cultivar la tierra cuando llega el momento, perdemos gran parte de nuestro tiempo en actividades sin sentido. Sentimos un profundo arrepentimiento por asuntos triviales como perder dinero y dejar de hacer lo que es genuinamente importante sin el más mínimo sentimiento de remordimiento. En lugar de regocijarnos en la oportunidad que tenemos de contribuir al bienestar de los demás, simplemente tomamos nuestros placeres donde podemos. Evitamos considerar a los demás porque estamos demasiado ocupados. Corremos de derecha a izquierda, haciendo cálculos y llamadas telefónicas y pensando que esto sería mejor que eso. Hacemos una cosa, pero nos preocupamos de que, si surge otra, será mejor que hagamos otra. Pero en esto nos ocupamos sólo en los niveles más toscos y elementales del espíritu humano. Además, al no estar atentos a las necesidades de los demás, inevitablemente terminamos perjudicándolos.

 Nos creemos muy inteligentes, pero ¿cómo usamos nuestras habilidades? Con demasiada frecuencia los usamos para engañar a nuestros vecinos, para aprovecharnos de ellos y mejorarnos a su costa. Y cuando las cosas no funcionan, llenos de fariseísmo, los culpamos de nuestras dificultades. Al ser desatentos a las necesidades de los demás, inevitablemente terminamos perjudicándolos. Nos creemos muy inteligentes, pero ¿cómo usamos nuestras habilidades? Con demasiada frecuencia los usamos para engañar a nuestros vecinos, para aprovecharnos de ellos y mejorarnos a su costa. Y cuando las cosas no funcionan, llenos de fariseísmo, los culpamos de nuestras dificultades. 

Sin embargo, la satisfacción duradera no puede derivarse de la adquisición de objetos. No importa cuántos amigos adquiramos, no pueden hacernos felices. Y la indulgencia en el placer sensual no es más que una puerta de entrada al sufrimiento. Es como miel untada a lo largo del filo de una espada. Por supuesto, eso no quiere decir que debamos despreciar nuestros cuerpos. Por el contrario, no podemos ayudar a otros sin un cuerpo. Pero debemos evitar los extremos que pueden causar daño.

Al centrarnos en lo mundano, lo esencial permanece oculto para nosotros. Por supuesto, si pudiéramos ser realmente felices haciéndolo, entonces sería completamente razonable vivir así. Sin embargo, no podemos. En el mejor de los casos, pasamos por la vida sin demasiados problemas. Pero luego, cuando los problemas nos asaltan, como deben hacerlo, no estamos preparados. Nos damos cuenta de que no podemos hacerles frente. Nos quedamos desesperados e infelices.

Por lo tanto, con mis dos manos unidas, le pido a usted, lector, que se asegure de que el resto de su vida tenga el mayor sentido posible. Haz esto participando en la práctica espiritual si puedes. Como espero haber dejado claro, no hay nada misterioso en esto. Consiste nada más que en actuar en favor de los demás. Y siempre que emprenda esta práctica con sinceridad y persistencia, poco a poco, paso a paso, podrá reordenar gradualmente sus hábitos y actitudes para que piense menos en sus propias preocupaciones estrechas y más en las de los demás. Al hacerlo, encontrará que usted mismo disfruta de la paz y la felicidad.

Renuncia a tu envidia, deja ir tu deseo de triunfar sobre los demás. En su lugar, trata de beneficiarlos. Con amabilidad, con coraje y confiando en que al hacerlo seguro que alcanzarás el éxito, recibe a los demás con una sonrisa. Se directo. Y trata de ser imparcial. Trata a todos como si fueran amigos cercanos. No digo esto como Dalai Lama ni como alguien que tiene poderes o habilidades especiales. De estos no tengo ninguno. Hablo como un ser humano: uno que, como tú, desea ser feliz y no sufrir.

Si no puedes, por la razón que sea, ayudar a los demás, al menos no les hagas daño. Considérate un turista. Piensa en el mundo tal como se ve desde el espacio, tan pequeño e insignificante pero tan hermoso. ¿Realmente podríamos ganar algo dañando a otros durante nuestra estadía aquí? ¿No es preferible, y más razonable, relajarse y disfrutar tranquilamente, como si visitáramos otro barrio? Por lo tanto, si en medio de su disfrute del mundo tienen un momento, traten de ayudar, aunque sea mínimamente, a aquellos que están oprimidos y aquellos que, por cualquier razón, no pueden o no pueden ayudarse a sí mismos. Traten de no alejarse de aquellos cuya apariencia es inquietante, de los harapientos y enfermos. Traten de nunca pensar en ellos como inferiores.

Para cerrar, me gustaría compartir una breve oración que me da una gran inspiración en mi búsqueda para beneficiar a los demás:

Que me convierta en todo momento, ahora y para siempre,
en un protector para los que no tienen protección,
en una guía para los que se han extraviado, en
un barco para los que tienen que cruzar océanos, en
un puente para los que tienen que cruzar ríos, en
un santuario para los que están en peligro, en
una lámpara. para los que no tienen luz
Un lugar de refugio para los que carecen de techo
Y un servidor para todos los necesitados.

♦

Este es un extracto de Ética para el Nuevo Milenio del Dalai Lama.

https://tricycle.org/magazine/consider-yourself-tourist/

 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Desplegando las Alas de la Aceptación - Tara Brach

 



 

Cuando nos vemos atrapados en el trance de no sentirnos válidos, no reconocemos claramente lo que está pasando dentro de nosotros, ni tampoco sentimos bondad hacia nosotros mismos. Nuestra auto-percepción está distorsionada y limitada, y nuestro corazón se siente endurecido hacia la vida. Al apoyarnos en la experiencia del momento presente—soltando nuestras historias y suavemente abrazando nuestro dolor o deseo—la Aceptación Radical empieza a desplegarse.

Las dos partes de la auténtica aceptación—ver claramente y abrazar nuestra experiencia con compasión—son tan interdependientes como las dos alas de un gran pájaro. Juntas, nos permiten volar y ser libres.

El ala de la visión clara se describe a menudo en la práctica budista como atención plena o mindfulness. Esta es la cualidad de conciencia que reconoce exactamente qué está ocurriendo en este momento. Cuando somos conscientes del miedo, nos damos cuenta de la velocidad con la cual tenemos pensamientos. Empezamos a notar que sentimos nuestro cuerpo rígido y tembloroso, el impulso a huir de nosotros mismos. La clave es reconocer todas estas experiencias sin tratar de manipularlas de ninguna manera, sin alejarnos sino observarlas con compasión.

La atención plena es incondicional y abierta. Nos permite estar con lo que surja, sea lo que sea, incluso si deseamos que el dolor se acabe o estar hacienda otra cosa. Este deseo y este pensamiento se vuelven parte de lo que estamos aceptando. Como no estamos tratando de manipular nuestra experiencia, la atención plena nos permite ver la vida “tal como es”.  Este reconocimiento de la realidad es intrínseco a la Aceptación Radical: No podemos aceptar honestamente una experiencia a menos que veamos claramente qué estamos aceptando.

La segunda ala de la Aceptación Radical, la compasión, es nuestra capacidad de relacionarnos de una manera tierna y comprensiva con lo que percibimos. En lugar de resistirnos a nuestras sensaciones de miedo o dolor, abrazamos nuestro dolor con la dulzura de una madre sosteniendo a su hijo. Más que juzgar o complacer nuestro deseo de atención, sexo o chocolate, vemos nuestro desespero con dulzura y cuidado. La compasión honra nuestra experiencia, nos permite tener una relación íntima, profunda, con la vida de este momento tal como es.

Las dos alas de la visión clara y de la compasión son inseparables; ambas son esenciales para liberarnos del trance. Las dos alas trabajan juntas, apoyándose mutuamente. Si somos rechazados por alguien que amamos, el trance de que “no valgo nada” o “no soy digno” puede atraparnos en un pensamiento obsesivo, culpando al que nos ha hecho daño, creyendo que nos dejaron plantados porque no valemos. Puede que nos sintamos atrapados en una alternancia incansable entre una ira explosiva, un dolor desgarrador y vergüenza. Las dos alas de la Aceptación Radical nos liberan de este remolino de reacción. Nos ayudan a encontrar el equilibrio y la claridad que pueden ayudarnos a elegir que decimos o hacemos.

Si solo nos enfocáramos en el ala de la atención plena en nuestro proceso de Aceptación Radical, tendríamos una consciencia clara del dolor en nuestro corazón, del calor de la rabia en nuestra cara; podríamos ver claramente las historias que nos contamos a nosotros mismos-( que somos una víctima, que siempre estaremos solos y sin amor, etc.).

Quizás también estaríamos agravando nuestro sufrimiento al enfadarnos con nosotros mismos por haber llegado a esta situación. Aquí es donde el ala de la compasión se une con la atención plena para crear una auténtica presencia sanadora. En lugar de rechazar o juzgar nuestra ira o nuestro abatimiento, la compasión nos permite estar presentes de manera suave y amable con nuestras heridas abiertas. De la misma manera, la atención plena equilibra la compasión. Si nuestra actitud de cuidado sentida desde el corazón empieza a convertirse en sentir lástima por uno mismo, dando lugar a otra historia– “lo hemos intentado con tanto esfuerzo, pero no hemos conseguido lo que tanto queríamos” – la atención plena nos permite ver la trampa en la que estamos cayendo. Ambas alas juntas nos ayudan a permanecer en la experiencia del momento, tal como es.

Cuando hacemos esto, lo que empieza a suceder es que nos sentimos más libres, notamos que hay más de una opción, vemos con más claridad cómo queremos proceder. La Aceptación Radical nos ayuda a sanarnos y a continuar, libres de los hábitos inconscientes de autodesprecio y culpa.
Gradualmente, a medida que dejamos ir nuestras historias sobre “qué está mal con nosotros”, podemos empezar a sentir lo que realmente está ocurriendo con una atención clara y amable.

Soltamos nuestros planes o fantasías y llegamos con las manos abiertas a la experiencia de este momento.

Ya sea que sintamos placer o dolor, las alas de la aceptación nos permiten honrar y apreciar esta vida en constante cambio, tal como es.

-Traducido del libro Aceptación Radical-

Tara Brach