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viernes, 7 de abril de 2023

¿Qué sale de tu Interior? - por el Dr. Wayne Dyer



Texto traducido del inglés por Tahíta del sitio web del autor♥

 Traduje este texto hace muchos años.Lamentablemente muchos sitios se lo atribuyen y otros declaran que Wayne lo escribió el día antes de morir. Cosas del ego. Lo importante siempre es el mensaje, no el mensajero♥♥♥

 

Les comparto una de mis experiencias favoritas en Toronto con mi público. Ocurrió hace varios años cuando un joven inocente ayudó a ilustrar una verdad eterna que todos necesitamos que se nos recuerde:

 Me preparaba para hablar en una conferencia y decidí llevar una naranja al escenario conmigo, como  apoyo para mi conferencia. Entablé una conversación con un joven brillante de unos doce años, que estaba sentado en la primera fila.

 "Si tuvieras que exprimir esta naranja tan fuerte como puedas, ¿qué saldría de ella?" Le pregunté.

 Me miró como si yo fuera un poco loco y me dijo: "Jugo, por supuesto."

 "¿Crees que podría salir de ella  jugo de manzana?"

 "No", se rió.

 "¿Y jugo de  de pomelo?"

 "¡No!" 

"¿Qué jugo saldría de ella?"

 "Jugo de naranja, por supuesto."

 "¿Por qué? ¿Por qué cuando exprimes una naranja sale jugo de naranja? "

 Es posible que estuviera  ya un poco exasperado conmigo en este punto.

 "Bueno, es una naranja y eso es lo que hay dentro.", respondió.

 Asentí con la cabeza. "Vamos a suponer que esta naranja no es una naranja, sino que eres tú. Y alguien te aprieta, ejerce presión sobre ti, dice algo que no te gusta, te ofende. Y sale de ti  ira, odio, rencor, miedo.

¿Por qué sale todo eso?”

 La respuesta, como nuestro joven amigo dijo, es porque eso es lo que hay dentro.

 Es una de las grandes lecciones de la vida.

 ¿Qué sale cuando la vida te aprieta? ¿Cuando alguien te hace daño o te ofende? Si la ira, el dolor y el miedo salen de ti, es porque eso es lo que hay dentro. No importa si el que te exprime es tu padre, madre, tu hermano, tus hijos, tu jefe, el gobierno. Si alguien dice algo de ti que no te gusta, lo que sale de ti es lo que hay dentro. Y lo que hay dentro de ti, es tu creación y tu elección.

 Cuando alguien ejerce presión sobre ti y vuelcas en otros, todo menos amor, es porque eso es lo que has permitido que permanezca en tu  interior.

 Una vez que quitas todas esas cosas negativas que no quieres en tu vida y las reemplazas con amor, te encontrarás a ti mismo viviendo una vida más satisfactoria.

 

Wayne Dyer

DESVINCÚLATE DE LAS HERIDAS DE TU PASADO - por Wayne Dye


 


 La inclinación a vincularnos con nuestras heridas, en lugar de dejarlas atrás, hace que experimentemos constantemente la sensación de no ser dignos. Una persona que haya experimentado acontecimientos traumáticos en la vida, como una violación sexual, la muerte de seres queridos, enfermedades traumáticas, accidentes, rupturas familiares, drogadicciones y otras cosas similares, puede llegar a vincularse con los dolorosos acontecimientos del pasado y rememorarlos para llamar la atención o despertar lástima en los demás. Esas heridas de nuestras vidas parecen darnos una gran cantidad de poder sobre los demás. Cuanto más les hablamos a otros sobre nuestras heridas y sufrimientos, tanto más creamos un entorno de compasión por nosotros mismos. Nuestro espíritu creativo permanece tan conectado con los recuerdos de nuestras heridas que no puede dedicarse a transformar y manifestar. El resultado de ello es la sensación de desmerecimiento, de no ser digno de recibir todo aquello que se desea.

La tendencia a vincularnos con las heridas de nuestras vidas nos recuerda lo poco merecedores que somos de recibir nada de lo que realmente nos gustaría tener, debido a que permanecemos sumidos en un estado de sufrimiento. Cuanto más se recuerdan y se repiten estas historias dolorosas, tanto más tiene garantizado esa persona que no atraerá la materialización de sus deseos.

Quizá la frase más poderosa que puedas llegar a memorizar en este sentido sea: «Tu biografía se convierte en tu biología». A la que yo añadiría: «Tu biología se convierte en tu ausencia de realización espiritual». Al aferrarte a los traumas anteriores de tu vida, impactas literalmente sobre las células de tu cuerpo. Al examinar la biología de un individuo, es fácil descubrir en ella su biografía. Los pensamientos angustiosos, de autocompasión, temor, odio y otros similares, cobran un peaje sobre el cuerpo y el espíritu. Al cabo de un tiempo, el cuerpo es incapaz de curarse, debido en buena medida a la presencia de esos pensamientos.

 El apego al dolor sufrido en los primeros años de la vida procede de una percepción mitológica según la cual «tengo derecho a una infancia perfecta, libre de dolor. Utilizaré durante el resto de mi vida cualquier cosa que interfiera con esta percepción. Contar mi historia será mi poder». Lo que hace esta percepción es darle permiso al niño herido que llevas dentro para controlarte durante el resto de tu vida. Además, te proporciona una fuerte sensación de poder ilusorio.

Tenemos que ser muy cuidadosos para evitar explicar nuestra vida actual en términos de una historia traumática anterior. Los acontecimientos dolorosos de nuestras vidas son como una balsa que se utiliza para cruzar el río. Debes recordar bajarte una vez que hayas llegado a la otra orilla.

Observa tu cuerpo cuando has sufrido una herida. Una herida abierta se cierra en realidad con bastante rapidez. Imagina cómo serían las cosas si esa herida permaneciera abierta durante mucho tiempo. Se infectaría y, en último término, acabaría por matar a todo el organismo. El cerrar una herida y permitir que cure puede actuar del mismo modo en los pensamientos de tu mundo interior. Así pues, no lleves contigo tus heridas. Afróntalas y pide a la familia y a los amigos que sean compasivos mientras te recuperas. Luego, pídeles que te lo recuerden amablemente cuando se convierta en una respuesta predecible. Quizá en cuatro o cinco ocasiones tus amigos y personas queridas te dirán: «Sufriste una experiencia trágica y comprendo perfectamente tu necesidad de hablar de ello. Me importa, te escucho y te ofrezco mi ayuda si eso es lo que deseas». Después de varias situaciones de este tipo, pídeles que te recuerden amablemente que no debes repetir la historia con el propósito de obtener poder a través de la compasión de los demás.

Al retroceder en tu camino y reavivar continuamente tu dolor, incluyendo la descripción de ese dolor y la calificación de ti mismo (superviviente de un incesto, alcohólico, huérfano, abandonado), no lo haces para sentirte más fuerte. Lo haces debido a la amargura que estás experimentando. Esa amargura se pone de manifiesto en forma de odio y cólera al hablar de esos acontecimientos, con lo que no haces sino alimentar literalmente el tejido celular de tu vida a partir de tu cosecha de acontecimientos del pasado. Eso hace que se extienda la infección e impide la curación. Y lo mismo sucede con el espíritu. Esta cosecha de amargura te impide sentirte merecedor. Empiezas a cultivar entonces una imagen sucia, de criatura desafortunada, desmerecedora y difamada, y eso es lo que envías al universo, lo que inhibirá cualquier posibilidad de atraer el amor y la bendición a tu vida.

Aquello que te permitirá desvincularte de tus heridas es el perdón. El perdón es lo más poderoso que puedes hacer por tu fisiología y por tu espiritualidad, a pesar de lo cual sigue siendo una de las cosas menos atractivas para nosotros, debido en buena medida a que nuestros egos nos gobiernan de un modo inequívoco.

 

 




Perdonar se asocia de algún modo con decir que está bien, que aceptamos el hecho perverso. Pero eso no es perdón. Perdón significa llenarse de amor e irradiar ese amor hacia el exterior, negándose a transmitir el veneno o el odio engendrado por los comportamientos que causaron las heridas.

El perdón es un acto espiritual de amor por uno mismo, y envía a todo el mundo, incluido tú mismo, el mensaje de que eres un objeto de amor y que eso es lo que vas a impartir. En eso consiste el verdadero proceso de desvinculación de las heridas, de no seguir aferrándose a ellas como preciadas posesiones. Significa renunciar al lenguaje de la culpa y la autocompasión, y a no seguir adelante con las heridas del pasado. Significa perdonar íntimamente, sin esperar que nadie lo comprenda. Significa dejar atrás la actitud del ojo por ojo, que sólo causa más dolor y la necesidad de más venganza, sustituyéndola por una actitud de amor y perdón. Esta forma de actuar es alabada en la literatura espiritual de todas las religiones.

Sentirse digno es esencial para poder atraer aquello que se desea. Es, simplemente, una cuestión de sentido común. Si no tienes la sensación de merecer algo, ¿por qué te lo va a enviar la energía divina que está en todas las cosas? Así pues, tienes que cambiar y saber que tú y la energía divina sois una sola cosa, y que es tu ego el que se confabula para impedirte utilizar este poder en tu propia vida. A continuación se indican algunas de las grandes actitudes y comportamientos que puedes incorporar a tu conciencia para facilitar el crecimiento de tus sentimientos de merecimiento.

UN PLAN QUE TE AYUDARÁ A VER QUE ERES DIGNO DE RECIBIR Y ATRAER DESDE LA FUENTE DIVINA

Las siguientes sugerencias representan un plan paso a paso para intensificar tu receptividad al poder de la manifestación en tu vida. Si lo pones en práctica, no cabe la menor duda de que te sentirás digno de la bendición del espíritu divino que lo abarca todo.

 

* La palabra «inspiración» significa literalmente «estar infundido de espíritu», o en el espíritu, si se quiere.

* Practica hacer aquello que te guste, y procura que te guste lo que haces cada día. Si vas a hacer algo, concédete el beneficio de no quejarte y, en lugar de eso, muestra cariño por esa actividad. Tu lema aquí ha de ser: «Me gusta lo que hago, y hago lo que me gusta». Eso te sitúa «en el espíritu» y te proporciona literalmente el entusiasmo para ser un receptor digno de la gracia de Dios. La palabra entusiasmo procede de la raíz griega entheos, que significa, literalmente, «estar lleno de Dios».

* Haz todos los esfuerzos posibles por eliminar de tu vocabulario y de tu diálogo interior los hábitos internos de pesimismo, negatividad, juicio, quejas, murmuraciones, cinismo, resentimiento y crítica destructiva. Sustitúyelos con optimismo, amor, aceptación, amabilidad y paz como forma de procesar tu mundo y a las personas que hay en él.

* Al margen de lo mucho que te sientas tentado de retroceder hacia hábitos cínicos, recuerda que ésa es la energía que estás enviando al mundo, y que con ello transmites un mensaje que bloquea la energía que te devolverá lo que deseas. Si estás lleno de negatividad, te encuentras desequilibrado y tus resentimientos indican que no te sientes digno o preparado para aceptar la energía amorosa que deseas.

* Procura encontrar cada día un momento de tranquilidad para erradicar los sentimientos de indignidad. Ese tiempo de oración o meditación, o de experimentar simplemente el silencio, alimentará tu alma y eliminará finalmente todas las dudas que puedas abrigar acerca de no merecer el ser beneficiario de la abundancia del universo.

* Lee literatura espiritual y poesía, y escucha música clásica suave siempre que te sea posible. He descubierto que el simple hecho de leer la poesía de Walt Whitman, de Rabindranath Tagore o de Rumi, hace que todo se sitúe en una perspectiva más sagrada para mí.

* Leer las grandes enseñanzas de los maestros es como realizar una tarea espiritual en casa. Entre ellas se incluyen el Nuevo Testamento, Curso de milagros, la Torah, el Corán y el Bhagavad Gita. Estas grandes obras son una forma de estar en el espíritu (inspirado) y de disolver las dudas sobre si mereces o no materializar en tu vida aquello que deseas.

* Procura rodearte, en la medida de lo posible, de cosas bellas.

* Practica la amabilidad para contigo mismo y para con los demás, con toda la frecuencia que te sea posible.

* Abandona tu necesidad de tener razón y de ganar; en vez de eso, sé amable, y pronto conocerás la bendición de la paz interior. Recuerda que tu yo superior sólo desea paz. Al practicar la amabilidad, la paz aparece inmediatamente. Al estar en paz contigo mismo y con tu mundo, sabes que eres un digno receptor de todo lo que se cruza en tu camino. Empiezas a confiar entonces en la energía que aporta la realización de tus deseos.

* Sí te encuentras en un estado de confusión y, en consecuencia, te preocupa ganar o perder, te hallas a merced de tu propio ego, al que le encanta la confusión. Toda esa confusión interna hace que te cuestiones a ti mismo y tu valía en comparación con otros. Y eso trae consigo la duda acerca de si eres o no digno de recibir y manifestar.

* Ponte la meta de ser cada día amable con los demás, al menos una vez, y extiende ese mismo privilegio hacia ti mismo, tanto como te sea posible. Siempre tienes una alternativa acerca de cómo va a reaccionar tu espíritu. La alternativa de la culpabilidad, la preocupación, el temor o el juicio no es más que un pensamiento que se transfiere a tu fisiología. Cuando tu yo físico se ve desequilibrado por estas emociones, te sientes demasiado enfermo e infeliz como para pensar siquiera en participar en el acto de la co-creación de una vida bienaventurada. Te saboteas a ti mismo, y todo por la falta de voluntad para ser amable contigo mismo y con los demás.

* Empieza a considerar el universo como un lugar amistoso, antes que enemistoso. Sitúa en la categoría de «lecciones» todas las heridas de las fases anteriores de tu vida. Deja de verte condicionado por esas heridas y de convertirlas en un brazalete identificativo.

* Desvincúlate de la actitud de que este mundo es maligno, está lleno de gente mala, y empieza, hoy mismo, a buscar el bien en la gente con la que te encuentres. Recuerda que, por cada acto de maldad, hay millones de actos de amabilidad. Este universo funciona con la energía de la armonía y el equilibrio. Inspira para absorber esa energía y elimina de tu mente y tu corazón la idea de que eres una víctima. Toda vinculación con tus traumas crea una toxicidad celular en tu cuerpo y un envenenamiento espiritual de tu alma. Repítelo una y otra vez, hasta que quede bien grabado:

«Soy lo que soy, y soy digno de la abundancia que hay en el universo, y de todo lo que hay en él, incluido yo mismo”. Te encuentras ahora en el camino de saber que eres merecedor de atraer y manifestar en tu mundo. Eres consciente de tu yo superior. Confías en ti mismo y en la sabiduría divina que te ha creado. Sabes que no estás separado de tu entorno, y que dentro de ti existe el poder para atraer.

 

Wayne Dyer

9 Principios para vivir una vida más espiritual - Wayne Dyer



 

Traducidado del Inglés por Tahíta desde la web www.healyourlife.com

 

Cuando comenzamos nuestra experiencia como humanos, se nos enseñó a abandonar la mayor parte de nuestra identidad espiritual y a adoptar una nueva basada en la conciencia del ego, o una sensación de estar separados del Espíritu. En otras palabras, llegamos aquí desde un lugar de inspiración y con la intención de permanecer de esa manera, desafortunadamente, olvidamos hacerlo, y terminamos abandonando la mayor parte de nuestras ideas inspiradoras a favor de una noción de "realidad" que no incluyó al Espíritu. Elegimos al falso yo, y por eso nos sentimos tan inexplicablemente sin propósito.

Nos gustaría volver a conectar con el mundo del Espíritu, y al mismo tiempo no desechar el cuerpo familiar que hemos empleado durante toda la vida.

Aquí hay 9 principios que te ayudarán a conectar con el Espíritu:

1. Practica la risa

Todo lo que no es del Espíritu - como el miedo, la enfermedad, preocupación, vergüenza, ira, y similares - es digno de tu risa.

Practica la risa ante la importancia que tú y tanta gente da a las circunstancias cotidianas. Verlo desde una perspectiva eterna aligerará esa carga pesada.

Tu ego quiere que vivas en un estado de autoimportancia, pero el Espíritu Santo sabe que la única cosa que es verdaderamente importante es estar alineados con el Espíritu.

2. Mira el mundo como una ilusión

Al ver este mundo físico como una ilusión, irónicamente, te permites disfrutarlo más y mantenerte inspirado.

Hemos comprado la idea de que estamos limitados en nuestra capacidad de crear una vida que todo lo abarca, y estábamos seguros de que no teníamos otra opción que nuestro propio destino. Defendimos nuestra necesidad de adquirir más y vivir en una conciencia escasez en la que competimos con todos los demás por una exigua porción del total  del pastel. Todos estos pensamientos nos aprisionan cuando no estamos siendo guiados por el Espíritu.

3. Sé un observador:  practica paso a paso salirte fuera de ti

Cuando otros tratan de hacerte sentir mal, culpable, preocupado, temeroso, o cualquier cosa que no es del Espíritu, repite “Esto no es mío", "Rechazo a apropiármelo," o “Esto no me sacará de mi alineación con el Espíritu “. En cualquier momento de Tu vida, puedes practicar esta técnica de observación:

Da mentalmente un paso fuera de tu cuerpo y observa lo que está tratando de sacarte de tu centro. A continuación, acepta volver al Espíritu mediante la repetición de las afirmaciones anteriores.

4. Recuerda que todo es Espíritu - la muerte es una ilusión

No hay nada en el Universo que carezca de Espíritu.

Todo es Espíritu antes, durante y después de su manifestación en forma física. Te insto a buscar a este Espíritu aun cuando tu ego te convenza de que está ausente.

5. Busca el bien de lo que está sucediendo

En todos los momentos menos inspiradores, practica detener la charla del ego y buscar el bien, o una razón para lo que está sucediendo. Incluso en casos de desastres naturales devastadores como huracanes, tsunamis, inundaciones, incendios, y similares, buscar el bien. No hay muerte desde la perspectiva del infinito, así que una vez que hayas eliminado el terror de cualquier muerte a causa de la situación, tendrás una perspectiva diferente.

6. Ayuda a otros – muéstrate más cooperativo

Tal vez hemos sido criados en una conciencia egoica en la que se hizo hincapié en la necesidad de "mirar hacia fuera siendo el número uno" y "conseguir lo que se pueda antes de que lo hagan otros." Pero les aseguro que cuando nos transformamos y compartimos, estas prioridades desaparecen. Así que cada vez que nos encontramos "con ganas de más," la solución es hacer algo más por la sociedad, por la humanidad o por el medio ambiente.

7. No tengas límites

Repite este mantra "No tengo absolutamente ningún límite en lo que intento crear”.

Repitiendo estas palabras, encontrarás que te mueves en el mundo del Espíritu, donde lo ilimitado define toda la realidad.

8. Muere mientras estés todavía vivo

Imagínate a ti mismo sin un cuerpo.

Has el intento de pasar algún tiempo cada día en estado de meditación, en el que te sueltes de todas las ideas sobre el tiempo, el espacio y la direccionalidad lineal. Imagínate sin un cuerpo, sin ninguna posesión o apego. Al verte a tí mismo de esta manera, comenzarás a conectar con el mundo del Espíritu.

9. Espera un milagro

Recuerda que tienes fuerzas latentes esperando ayudarte.

Visualízate a ti mismo como un ser que puede manejar estas fuerzas para que trabajen contigo. Desarrolla el poder de negociar con tu capacidad de activar y atraer esas fuerzas latentes. Recuérdate esta verdad: Si permanezco en armonía con el Espíritu, con esa invisible fuerza que todo lo ha creado, ella obrará en mi nombre.

A continuación, comienza a buscar el más mínimo indicio de que esas fuerzas en hibernación están despertando de su aparente letargo para trabajar contigo. En realidad, estas fuerzas nunca duermen; más bien, sólo trabajan contigo cuando estás en concordancia vibratoria con ellas. Así que cambia tus expectativas para ti mismo –espera lo mejor, espera orientación, espera que tu fortuna cambie, ¡espera un milagro!

Cuando estabas en el Espíritu, antes de tu materialización, tu objetivo era alto y tus expectativas eran semejantes a las de Dios. Reencuéntrate con esa visión y comienza a vivir una vida inspirada por Dios en la actualidad

http://www.healyourlife.com/9-principles-for-living-a-more-spiritual-life

NUESTRAS MULTIPLES EXISTENCIAS - Dr Wayne Dyer

 



El yo físico que podemos ver y tocar está hecho del mismo material del que está hecho todo lo demás. Sin embargo, usted es diferente de las cosas externas a usted mismo. Para comprender esto, considere las cuatro categorías que describen el mundo: mineral, vegetal, animal y humana.

Si tomáramos una muestra de cada una de estas categorías, las pulverizáramos y colocáramos el polvo en cuatro recipientes separados para analizarlas, el informe no presentaría ninguna diferencia discernible. Las muestras mineral, vegetal, animal y humana comprenderían todas las mismas materias primas.

Y sin embargo, todas estas muestras difieren entre sí de un modo invisible, que está más allá de lo material. Las diferencias, no obstante, no se encuentran en la conformación física de las cosas. Se hallan en lo que llamaremos conciencia’. Cada categoría tiene un nivel distinto de conciencia.

Nosotros estamos conformados por los mismos elementos que las otras categorías, pero tenemos niveles de conciencia todavía más elevados.

Tenemos poder para comunicarnos con la inteligencia organizadora y para crear una vida placentera. Podemos conocer la inteligencia organizadora divina que forma parte de nosotros, aunque haya estado durmiendo desde que tenemos memoria.

Usted necesita comenzar a mirar hacia su interior para ver quién es y por qué está aquí.

USTED ESTÁ AQUÍ POR UNA RAZÓN

Existió un instante del tiempo en el cual usted estuvo en «ninguna parte». En el momento anterior a la concepción estaba «ahí». Luego, en un instante glorioso, pasó de ninguna parte al aquí y ahora.

Habrá otro instante glorioso en el que pasará del aquí y ahora a ninguna parte. A ese momento lo llamamos muerte.

Pero usted —ese usted inspirado, inmutable, eterno, indivisible— continuará viviendo.

Si es verdad que formamos parte de un sistema inteligente, podemos suponer que ese paso desde ninguna parte al aquí y ahora tiene un propósito. Al darse cuenta de esto puede dejar de plantearse si es una creación divina con un propósito, y sencillamente aceptar que lo es. Forma parte de este sistema inteligente, y está aquí por alguna razón divina.

Esa razón tiene que ver con la energía espiritual sobre la que estoy escribiendo. El conocer su yo espiritual constituye su búsqueda sagrada y el reto de su vida.

Muchísimos de nosotros hemos crecido en la creencia de que somos el cuerpo que los alberga, el trabajo que realizamos y la religión que practicamos. Nuestras vidas participan de las realidades exteriores al mismo tiempo que vemos que siempre cambian. Sin embargo, en alguna parte de nuestro interior, nos sentimos iguales.

Puede que nunca le haya dedicado mucho tiempo a ese aspecto del yo, pero si lo hace descubrirá un yo interno que nunca cambia, sino que se encuentra inmerso en un mundo cambiante.

Es probable que algún día su yo físico descanse bajo una lápida que dé cuenta de la fecha de su nacimiento y de la de su muerte. Pero su alma interior sabe que usted es eterno. En esa faceta de su yo carece de forma, no tiene límites. Sin límites no hay nacimiento ni muerte. Lo que ha nacido morirá, lo que nunca ha nacido nunca puede morir.

¡Su yo espiritual nunca nació! ¡Su yo espiritual nunca morirá!

El saber esto de una forma que no deje lugar para la duda le capacitará en gran manera para su búsqueda sagrada.

Cuando llegue a ese estado, sabiendo que quien es usted es el yo inmutable, tendrá un propósito en su vida. Sogyal Rinpoche, en The Tibetan Book of Living and Dying {El libro tibetano del vivir y del morir), dice esto con unas palabras que merecen ser enmarcadas:

… Aun en el caso de que pudiéramos pensar en la posibilidad de una iluminación, una sola mirada a lo que compone nuestra mente —enojo, codicia, celos, desprecio, crueldad, lujuria, miedo, ansiedad y agitación— minaría para siempre la esperanza de conseguirla.

… La iluminación… es real; y cada uno de nosotros puede, quienquiera que seamos, en las circunstancias correctas y con la preparación apropiada, comprender la naturaleza de la mente y conocer por tanto lo que es inmortal y eternamente puro en nosotros. Ésta es la promesa de todas las tradiciones místicas del mundo, y ha sido cumplida y está siendo cumplida en incontables millares de vidas humanas.

Usted puede ser uno de esos millares de seres humanos iluminados. Esto sucederá cuando descubra la naturaleza de su verdadero yo, y relegue a un segundo plano, donde le corresponde, la parte de usted que está centrada en lo físico.

Desde allí podrá animarse a continuar y mantener su yo elevado, en lugar de actuar de forma que minen su esencia espiritual.

Todo este asunto de la búsqueda sagrada es real, y puede conocerlo, amarlo y atesorarlo. Una vez que lo haga, ya no querrá volver a vivir de ninguna manera que sea inconsecuente con su yo divino e invisible.

Usted no es ese nombre, ni esa ocupación, ni ese número de la seguridad social, ni ese cuerpo.

Usted es luz eterna y un don divino, con independencia de lo que haya hecho o dejado de hacer. Con independencia de su familia, o de la etiqueta que le hayan colgado. En la inteligencia de Dios usted es sagrado, y tiene un propósito para estar aquí.

Ese propósito no lo encontrará en el mundo físico. Cuando deje de buscar la satisfacción en el mundo externo, la totalidad de su ser, incluido su mundo material, reflejará su divinidad.

La verdadera definición de la propia conciencia es el descubrimiento del yo superior y la jubilosa vida. Es la conciencia de su energía interior y lo más elevado de usted mismo. Es una conexión con lo divino y todo lo inmutable. La propia conciencia está en la génesis de su yo.

 

Extracto del libro Tus Zonas Sagradas

domingo, 9 de enero de 2022

“El virus es el portador de un mensaje severo que hemos de saber escuchar”

 


 

Javier Melloni: “No estamos ante el fin del mundo, sino ante el fin de un  mundo”

 

Se considera miembro de una generación que ha crecido entre las ruinas de las antiguas certezas, por eso Javier Melloni se ha dedicado a explorar una nueva espiritualidad entre los fragmentos de las viejas creencias. Su formación como antropólogo y teólogo ha ayudado al italo-catalán a adentrarse en la fenomenología de las religiones, que define como una forma de aproximarse al hecho sagrado no desde la fría observación, sino desde el interior de la propia experiencia religiosa. Entró en la orden de los jesuitas a los 18 años, pero tanto como las enseñanzas cristinas le han influido diversas estancias en la India. Ahora vive en el centro espiritual La Cueva de San Ignacio, en Manresa, y no tiene móvil. Se comunica por correo electrónico porque le permite modular mejor sus tiempos de comunicación y silencio. Ello no le impide llevar una vida intensa de conferencias, clases y publicaciones, entre las que destaca Voces de la mística (2009), El Cristo interior (2010) y su obra más importante: Hacia un tiempo de síntesis (Fragmenta Editorial, 2011).

Pregunta. ¿Cómo emprendió el camino de la espiritualidad?

Respuesta. Todos tenemos una experiencia fundante, que marca un antes y un después, y yo tuve mi momento místico a los 14 años. He tenido otras, pero esa es la que determinó el rumbo de mi vida y es una presencia permanente que me empuja siempre hacia delante.

P. ¿Por qué eligió a los jesuitas?

Si R. Entré a los 18 años, pero me lo pensé mucho porque a mí me gustaba más san Francisco. Lo que me decantó es que los jesuitas no tienen nostalgia del pasado, sino del futuro: consideran que el ser humano aún ha de realizarse y hay que acompañarlo.

P. Esa fe, ¿se ha tambaleado en algún momento en este mundo en llamas del que habla?

R. Este mundo en llamas a mí me inflama aún más. El reto es mayor, porque hay llamas destructoras y llamas transformadoras. Que sean una cosa u otra depende de la forma en que lo miremos. Al coronavirus podemos verlo como una fuerza destructora, aniquiladora, que paraliza el sistema, o lo contrario, como una prueba iniciática.

P. ¿Por qué iniciática?

R. Llega en el momento adecuado para que hagamos un cambio cualitativo de conciencia y tiene algo inédito: es planetaria. No habíamos tenido nunca una experiencia de este tipo. Ni siquiera la II Guerra Mundial llegó a serlo. Y como toda prueba iniciática, es una travesía que nos lleva al límite. Pero no hemos de ver el virus como un enemigo, sino como un adversario portador de un mensaje severo que hemos de saber interpretar.

P. ¿Cuál cree que es el mensaje?

R. “Parad y reflexionad hacia dónde queréis ir. Todavía estáis a tiempo. Vais en un tren a toda velocidad, estáis a punto de tomar una curva y, si no frenáis, saltaréis por los aires”. El riesgo ecológico es el más visible, pero la advertencia se refiere también a nuestra actividad frenética, a un modo de vida que nos exige producir cada vez más y nos hace adictos al consumo.

P. ¿No teme que cuando el virus se vaya volvamos al viejo paradigma?

R. Por eso el virus no nos deja. Solo se irá cuando hayamos aprendido. Y si se va este, vendrá otro. Vivimos un tiempo difícil, pero extraordinario. Cada vez somos más conscientes de que nuestra propia autoconciencia afecta a la realidad en la que vivimos. Y eso nos permite ser cocreadores de la realidad. Pero para ello necesitamos autoconocimiento. El coronavirus nos confronta con asuntos pendientes que pensábamos que deberían resolver nuestros hijos y ahora vemos que hemos de resolver nosotros. Lo hermoso es que podemos hacerlo de una forma más solidaria a nivel planetario que en otros momentos.

P. ¿Por qué ahora más?

R. Porque estamos más conectados. Y porque por primera vez compartimos una conciencia planetaria. Estamos en la misma tempestad, aunque no vayamos en el mismo barco, pues unos van en transatlántico y otros en cayuco. La crisis de 2008 fue provocada por la insolencia y el egoísmo de cuatro depredadores, lo que difícilmente suscita solidaridad. Ahora, esta indefensión colectiva produce ternura y solidaridad. Toda crisis es un acelerador de procesos. La cuestión es si seremos capaces de vivir trabajando y consumiendo menos y de forma más igualitaria. En condiciones normales, difícilmente elegiríamos renunciar. Pero esta crisis puede suscitar nuevas formas de solidaridad que nos lleven a vivir con mayor austeridad, a saber, disfrutar con menos cantidad y más ­calidad.

P. ¿Defiende el decrecimiento?

R. Sí, pero con una dimensión espiritual, de lo contrario es insostenible. Pensamos que teniendo más seremos más, cuando teniendo más somos menos. Este giro solo puede hacerse desde la espiritualidad.

P. El filósofo Com­te-Sponville habla de la necesidad de comunión que todo ser humano tiene, incluso el más ateo. Pero la espiritualidad estuvo monopolizada por unas religiones que durante mucho tiempo practicaron la imposición. Luego vino la negación de Dios y la secularización. ¿En qué punto estamos?

R. En un tiempo posreligioso y postsecular. Las religiones institucionales, si siguen funcionando bajo el registro de la obediencia, acabarán siendo residuales. Pero tampoco el secularismo tiene recorrido si vive bajo un narcisismo sin autocuestionamiento. Entre ambos colapsos surge la idea de que formamos parte de una totalidad. En la postsecularidad se admite que pueda haber una relación con la trascendencia. Se trata de descubrir esa dimensión espiritual, interior, constitutiva de la persona y de la realidad. A eso solo podemos llegar escuchando. Necesitamos el silencio como práctica espiritual. En la sociedad futura, los arquitectos diseñarán las casas con un espacio para la meditación.

P. Cuando preconiza un diálogo entre religiones no se refiere a un diálogo entre las iglesias, ¿verdad?

R. Me refiero al diálogo entre las diferentes experiencias de lo sagrado. El encuentro entre religiones es la oportunidad de complementarnos. Ha llegado el momento de abrazar la totalidad del legado espiritual de la humanidad.

 

https://elpais.com/ideas/2020-12-23/el-virus-es-el-portador-de-un-mensaje-severo-que-hemos-de-saber-escuchar.html

 

jueves, 11 de noviembre de 2021

EL FIN DE LA ESPIRITUALIDAD -Jeff Foster

 



Mi alfombra de yoga ha desaparecido en el suelo bajo mis pies.

Mi ashram se ha convertido en el mostrador de café, un mal chiste intercambiado con el camarero, una sonrisa amistosa arrastrándose sobre una cara congelada, y todo el mundo dispuesto a acompañarnos.

Mi templo es el centro comercial, la sala de espera del dentista, el prado vacío por la mañana con su suave luz amarilla y aire virginal.

Mi gurú es el rugido incubador en el vientre, la melancolía de la noche y la esperanza y desesperación de la existencia misma.

No hay que añadir nada.

Mi iluminación es el momento ordinario, esta experiencia mundana empapada en el dulce néctar de mi propia atención.

Mi origen es la respiración y la respiración es mi destino.

Mi linaje es el gato hambriento saludándome en mi caminata nocturna, amblando a mi lado un rato, frotando su piel contra mi espinilla, su piel suave como la manta de cachemira que la abuela solía envolver alrededor de nosotros como las noches llegaban temprano, la piel convirtiéndose en piel, y el gato avanzando despacio para revisar un envoltorio de sándwich desechado, y yo caminando.

Mi espiritualidad está en lo profundo de la tierra; está en el barro, el calor, las entrañas, lo incómodo y lo inconveniente, el grito de madre y el valor de penetrar regiones inexploradas de la psique. Es el anhelo de casa y el regreso felizmente agotado.

Mi felicidad no es nada que la mente pueda captar, ni en mil millones de años de búsqueda.

Mi alegría es simple, como aquellos que han vivido una vida plena y están listos para morir.

Me acuesto en el prado, mi mochila mi almohada, mis manos entrando en la hierba sedosa y pegajosa, toda mi vida reducida a un solo pensamiento y memoria y visión momentánea, y entonces eso se ha ido también, y me he ido con todo, reemplazado por el prado mismo, su suave luz amarilla y su aire limpio y estimulante, su esperanza y su promesa, su plenitud y su misericordia.

No me busques.

 No me encontrarás aquí, ni me reconocerás si lo haces.

Soy invisible porque me he convertido en todo lo que se ve y todo lo que se conoce y desconoce todavía.

No practico la espiritualidad.

He sido destruido, deconstruido, deshuesado y nacido de nuevo, reconstituido como hombre, informe como forma.

He sido recreado inseparable de esta ordinariedad, resucitado con el vientre de los pájaros riendo en los cables eléctricos al amanecer.

⁃ Jeff Foster



martes, 12 de octubre de 2021

LIGEROS DE EQUIPAJE- Enrique Martínez Lozano

Cuando alguien se vive en profundidad, comprende que todo es gracia; esa comprensión se transforma en gratitud y se manifiesta en gratuidad.

Quien sabe que todo lo ha recibido gratis, deja que todo fluya a través de él.

 Esto no significa demonizar el dinero ni renunciar a una remuneración adecuada, aunque impide hacer “negocio”, particularmente con todo lo que tenga que ver con la espiritualidad.

 La vivencia espiritual hace posible vivir la experiencia de estar siendo recibido y regalado en permanencia. De ahí brotan una actitud y un comportamiento caracterizados por la desapropiación -en la que insiste el texto que estoy comentando y que han recalcado todos los maestros y maestras espirituales-, un rasgo diametralmente opuesto a la pulsión acaparadora que rige en nuestra cultura.

 La espiritualidad permite pasar del tener al compartir, del poder al servir, del tener al ser. Y todo ello, no en virtud de un imperativo ético, sino como fruto de la comprensión.

 La comprensión profunda -otro sinónimo de la espiritualidad- se despliega en una triple dirección, que puede resumirse en tres palabras: plenitud, fluir y fraternidad.

 Regala una vivencia de plenitud, porque permite comprender y saborear lo que realmente somos, más allá del yo en el que temporalmente nos experimentamos.

Somos pura presencia consciente -plenitud de presencia-, y lo saboreamos en el silencio de la mente.

Espiritualidad es experiencia de plenitud.

  A partir de ahí, comprendemos que la vida fluye a través de nuestra “forma” o persona concreta.

No tenemos la vida ni nos la apropiamos, sino que permitimos que fluya en nosotros, a la vez que aprendemos y agradecemos el hecho de vivirnos como cauce, que busca ser cada vez más limpio y desapropiado.

Espiritualidad es vivir diciendo sí a lo que la vida nos trae.

 En paralelo, la misma comprensión que nos ancla en el centro donde experimentamos la plenitud nos hace ver que ese centro es compartido con todos los seres, que la identidad es común.

La consecuencia es clara: todo otro soy yo; más allá de nuestras diferencias, somos lo mismo.

Por tanto, si todo otro es no-otro de mí, la fraternidad constituye una dimensión constitutiva de lo que somos.

Espiritualidad es fraternidad.

 Plenitud, fluir, fraternidad: brotan de la comprensión y vivencia de lo que somos, implican un proceso de desidentificación del ego y dejan en la persona un sabor de gratuidad.

 

¿Qué produce en mí la vivencia espiritual?

 

 Enrique Martínez Lozano

Enrique Martínez Lozano (Guadalaviar, Teruel, 1950) es psicoterapeuta, sociólogo y teólogo. Es autor de varios libros y se halla comprometido en la tarea de articular psicología y espiritualidad, abriendo nuevas perspectivas que favorezcan el crecimiento integral de la persona. Su trabajo asume y desarrolla la teoría transpersonal y el modelo no-dual de cognición. 

domingo, 10 de octubre de 2021

LA ESPIRITUALIDAD NO TE SALVARÁ - Amoda Maa

Traducido con Amor desde...https://www.amodamaa.com

 

Esta cosa de lo "espiritual" necesita ser desempaquetada.

 Eso de trascender el mundo, ser inmune al sufrimiento del mundo, alejarse del mundo para entrar y contemplar tu ombligo, lograr un estado superior de conciencia en el que nada te toca. Todo esto ... ya no es relevante hoy.

Para empezar, no puedes trascender el mundo. No puedes hacer eso. No tiene sentido. La cruda realidad es que estás aquí. Simplemente no puedes escapar de estar aquí en esta experiencia. Convertirse en espiritual no es una ruta de escape viable ... excepto en la imaginación. Te imaginas que puedes hacer cosas espirituales, puedes volverte más espiritual, puedes progresar en el camino espiritual ... y que estarás en un capullo contra el dolor y el horror del mundo. 

Amigo, la espiritualidad no te salvará. Simplemente te encarcelará. Serás aprisionado por tu imaginación, aprisionado por tus expectativas y tu esfuerzo y tu esperanza de salvación. 

Amigo mío, solo hay una respuesta a tu dolor y a tus problemas. Estar absolutamente presente y absolutamente abierto en medio de la condición humana. No solo a veces cuando estás en el cojín meditando. No solo a veces cuando estás sentado con un maestro espiritual. No solo a veces cuando te sientes feliz y tienes ganas de estar presente y abierto. Sino siempre, siempre, siempre. 

Cuando dejas que el sufrimiento te penetre por completo, cuando dejas que la injusticia traspase tu corazón ... esto es gracia. La gracia no es un estado que te eleva por encima de la experiencia humana. Es simplemente la ausencia de resistencia a lo que hay aquí. Cuando dejas que el mundo te destruya, cuando dejas que el mundo te aniquile, es posible que tengas la suerte de convertirte en un amante de lo que es. No tiene nada que ver con que te guste o no te guste tu experiencia. Tiene todo que ver con la ternura y la más profunda aceptación. 

La cuestión es que la naturaleza de la existencia es la dualidad. No hay nada que puedas hacer al respecto. Hay nacimiento, hay muerte. Hay arriba, hay abajo. Hay luz, hay oscuridad. Y así sucesivamente y así sucesivamente y así sucesivamente. Las olas de la vida continúan… desde el principio de los tiempos hasta el final de los tiempos. No hay nada que puedas hacer al respecto. La aceptación más profunda de esta dualidad es la libertad. 

Cuanto más aceptas, más permites, más te inclinas ante la vida tal como aparece en tu experiencia, más caerás en un estado de tal bondad, tal ternura, tal belleza, tal riqueza y profundidad, que todo intento de despertar para escapar de la realidad será visto como infantil e inútil. Y todos los intentos de ser más espirituales serán vistos como inútiles.

Amigo mío, la única salvación está aquí y ahora. No hay escapatoria, solo esto.

 Solo esta presencia sin adulterar y una apertura inquebrantable.

 

Amoda Maa es maestra espiritual y autora, Ella ha estado compartiendo sus enseñanzas desde 2012, inicialmente en pequeñas reuniones en el Reino Unido. Desde 2016, ha estado viviendo en los EE. UU. Y sus enseñanzas son seguidas por un número creciente de buscadores en todo el mundo.

Amoda aporta a sus enseñanzas una comprensión profunda y amplia del viaje humano, nacida de su propia inmersión en el horno de la transformación personal. En 2002, en las profundidades de la soledad existencial, experimentó un profundo despertar en el que hubo una liberación del yo del nudo del ego y un desarrollo continuo hacia el silencio interior. Después de un largo período de integración, en el que cesaron todas las búsquedas y todos los métodos, empezó a hablar en público. Sus enseñanzas están libres de cualquier ideología y no están afiliadas a ningún linaje o tradición. Si bien a menudo se la conoce como una 'maestra no dual', prefiere enfatizar la aceptación total de la experiencia humana como un camino hacia la liberación.

 

https://www.amodamaa.com/words-1/2020/1/22/spirituality-wont-save-you

jueves, 30 de septiembre de 2021

La psicología y la espiritualidad se complementan- Mariana Caplan

Solemos entrar en alguna práctica espiritual porque queremos ser más felices, sufrir menos, tener más poder o ser especiales. Pero la práctica en sí misma es inteligente y acaba mostrándote las verdaderas razones. Y te acaba transformando. A ti y al mundo en el que vives.

 

 

Entrevista realizada por: Marié Morales.

 

¿Qué es eso de "la iluminación"? ¿De qué hablamos cuando hablamos de maestros, maestras, gurus o personas iluminadas? ¿Existe ese estado que en la literatura espiritual o filosófica se da en llamar el "despertar" o la "iluminación"?

Si haces una pequeña encuesta por la calle, la mayoría de personas se imaginan a una especie de buda, una santo o santa, tal vez un "pirado" que vive en la Inopia, en otro mundo, medio dormido (o dormido entero) a las emociones, a las sensaciones, lo cual comúnmente se considera un auténtico desperdicio de la experiencia y la magnífica oportunidad de vivir. Y sin embargo, por definición, se trata de un estado de "despertar" del sueño de la ignorancia, de "iluminación" de una vida sombría. Sabiduría, pues, luz e intensidad.

 

¿En qué consiste la iluminación? 

Es un término que se ha utilizado demasiado y supongo que ha acabado perdiendo su sentido. Mucha gente imagina algo transcendental, aparte o fuera del mundo. Pero, en realidad, las personas iluminadas (y no hay muchas que yo haya conocido) son gente de gran compasión, dedicación y servicio, que utilizan su vida para ayudar a las demás. Aunque no necesariamente ayudarlas en sus objetivos más materialistas, sino a ser más felices. Pero son personas que continúan enfrentando los desafíos humanos (enfados, dolor, tristeza), sólo que han aprendido a afrontarlos de una manera especial. Con madurez espiritual, que no es lo mismo que la madurez humana.

 

¿Cuál es la diferencia?

En la madurez humana (el crecimiento personal), yo tengo aspiraciones de ser una buena persona, de superarme. En el crecimiento espiritual, podemos llegar a percibir aspectos del espíritu muy profundos. Son realidades que no se pueden entender completamente sólo a través de la mente, si  no tienes una experiencia personal. Por ejemplo, comprendes que nuestra percepción de lo que es un ser humano está muy limitada, que la realidad humana es mucho más grande y profunda. Te conecta con un cierto tipo de sabiduría (no mental ni intelectual) que te permite no sólo disfrutar de la vida a un nivel más intenso sino también hacer un trabajo interno de transformación.

 

¿Disfrutar más, dices? La imagen de la persona iluminada que no siente ni padece, ¿es entonces un tópico?

Pues sí: no es que dejes de sentir sino que desarrollas una capacidad de sentir más cosas; tus percepciones son muchas más, más diversas y más intensas. El mundo que te envuelve se transforma por el mero hecho de que ha tenido lugar una transformación en ti.

 

¿Cómo se traduce esto en la práctica? ¿Qué le aporta a la vida cotidiana?

Uno de los retos más importantes a los que se enfrenta el ser humano a lo largo de su vida consiste en cómo manejar las emociones. Aplicándote  en las prácticas espirituales, poco a poco aprendes a manejar esta realidad; a percibir más y, al mismo tiempo, a manejar el mundo emocional que normalmente te domina. A mi manera de ver, ésta es la aportación más valiosa, mucho más que experimentar "viajes místicos", que suele tener lugar al principio, pero cuidado, porque se puede convertir en una trampa. Yo creo que los frutos del camino espiritual tienen mucho más que ver con la capacidad de servir al mundo de una manera efectiva que con cualquier estado de alteración de la conciencia, por atractivo y placentero que resulte.

 

¿Cuál debería ser, pues, la motivación para iniciarse en la práctica espiritual? ¿Existen motivaciones egoístas o equivocadas?

Normalmente, al principio las motivaciones no son muy puras, pero no importa. Solemos entrar en alguna práctica espiritual, la que sea, porque queremos ser más felices, sufrir menos, tener más poder o ser especiales. Sobre todo, porque queremos salir del sufrimiento. Lo bonito del camino es que la práctica en sí misma es inteligente y acaba mostrándote las verdaderas razones. Sólo tienes que meterte, con cualquier motivación, quedarte en una practica concreta (rechazando la tentación de ir de aquí allá, picoteando en una escuela y en otra) y la práctica en sí misma te acaba transformando. Pero atención, el proceso puede requerir años.

 

Incluso la mejor motivación, de servicio a las demás personas, puede esconder algo de vanidad, de deseo de poder. ¿Cómo detectarlo?

Es bastante probable. Si una persona es vanidosa, aparecerá la vanidad en cualquier cosa que haga, incluida la práctica espiritual; si es insegura, lo mismo. Y lo mismo si es egocéntrica, feliz, depresiva, etc. Pero no pasa nada, el camino te enseñará a detectarlo y a trabajarlo. En general, casi siempre empezamos de una forma ingenua, insegura y arrogante. Escuchamos esos conceptos de humildad, servicio, desapego, etc. y nos parece que los entendemos, al menos intelectualmente. Pero en la práctica nos salen mezclados con todas nuestras tendencias personales.

 

¿Cómo detectarlas, trabajarlas?

 En primer lugar, con valentía, honestidad y humildad, porque si no, no vamos a poder verlas. Y, no menos importante, ojalá que cuentes con buenos amigos y amigas espirituales que te ayuden, lo que en budismo se conoce como la Sangha. Siempre recordaré que en los primeros años de mi práctica (debía tener unos 26 años) compartía una habitación con una monja de 65 años, que llevaba años de experiencias y retiros; para mí era una maestra. Al final de la semana me preguntó qué de negativo había visto en ella durante la convivencia. Me impactó: con su edad y su experiencia aún estaba abierta a las percepciones de una chica de 26 años, prácticamente recién llegada. Para hacer una pregunta así hay que ser valiente y arriesgarse a oír cosas que no te van a gustar. Pero es la única manera de afrontarlas y trabajarlas.

 

¿Tan importante es la atención y la autoindagación? ¿No corres el peligro de deprimirte?

Seguro. En el camino espiritual hay mucho espacio y ocasiones para la autodecepción, porque somos seres inseguros e inflados a la vez. Pero hacerse las preguntas adecuadas y vivir con ellas es muy conveniente. El autoconocimiento es imprescindible, y para ello se requiere mucha humildad y la voluntad de pedir la opinión de quienes te rodean. Eso es lo que te ayuda a mantenerte centrada, porque si no, hay muchos riesgos de perderse en el camino. A mí me interesa mucho la Psicología y nunca he abandonado ese campo de estudio, que fue con el que empecé. Creo que la psicología y la espiritualidad se complementan.

 

¿Qué diferencia hay entre las experiencias místicas y la iluminación?

Las experiencias místicas son una especie de estados alterados de la conciencia, una experiencia de conexión con una realidad no material y que interpretamos como sagrada, de conexión con Dios o la Unidad o como quieras llamarlo. La iluminación es un estado de comprensión de las cosas más allá de su apariencia, un tipo de comprensión que te transforma.

 

¿Qué le aportan las experiencias místicas a la vida cotidiana?

Nos despiertan a una realidad más amplia. Este tipo de experiencias es lo que normalmente conduce a la gente al camino espiritual, ya sea por una tragedia personal, la muerte de un ser querido, una pérdida importante o cualquier cosa que resulte tan dolorosa que acabas traspasando la barrera del dolor y conectando con algo más profundo. Pero hay otras formas de alcanzar experiencias místicas: a través del sexo, las drogas, etc. Lo importante es no engancharte con esto, como quiera que haya llegado a tu vida. La conciencia se abre y está bien, puede servir de inspiración, de motivación. Pero lo importante es si esa experiencia te ha transformado o no. Si te sirve para funcionar mejor en tu vida cotidiana; para amar mejor y servir mejor.

 

La práctica, el crecimiento o la inteligencia espiritual, ¿sirven de algo si no sirven para funcionar mejor en nuestra vida cotidiana? ¿Cómo puede una persona "iluminada" o "despierta" enfadarse, frustrarse o deprimirse cuando las cosas  personas que le rodean no son "como deberían ser"?

Porque esa persona no está "iluminada" completamente, es muy raro que esto ocurra. Es más fácil que se haya "iluminado" una parte; por ejemplo, que comprenda la realidad de que las cosas son como son y las emociones no son más que tus preferencias (la alegría de que sean como quieres o la tristeza de que no lo sean), o la no-dualidad, o la vacuidad del ego, etc. Pueden haber tenido una realización o iluminación, pero otras partes de su comprensión siguen oscuras, lo que les permite enfadarse, o hacer uso y abuso de poder, etc. Un gran maestro como Claudio Naranjo me explicó una vez que se mantuvo en un estado de iluminación durante tres años y de repente desapareció durante diez años. Hasta que comprendió que esa "luz" tenía que ser sacrificada para percibir todo lo que todavía estaba a oscuras. No se desmotivó, supo seguir en el camino.

 

Y eso le puede pasar a cualquiera...

Por supuesto. También a tu maestro, a tu maestra. Suele ocurrir que, si tu guía cae en depresión o enferma, o se separa de su pareja, te desilusiona. Te dices: "¡Pero si es un guía espiritual!" ¿Y qué? También es un ser humano en el proceso. Hay que vivir con esa paradoja. Quédate con lo que te transmite, con lo que aprendes y creces a su lado. Lo demás forma parte de su propio proceso de crecimiento espiritual. Y quizás tú puedes usarlo también para el tuyo propio, si lo miras con sabiduría y compasión. Recuerda: el camino espiritual es un trabajo de toda una vida; no sólo para ti, también para tu guía.

 

En este trabajo de toda una vida, ¿cómo nos ayuda la disciplina moral? ¿Y cómo nos obstaculiza? ¿Cómo utilizarla?

Efectivamente, tiene sus ventajas y sus riesgos. Pero, sobre todo al principio, es muy necesaria. La disciplina moral consiste en unas normas básicas de comportamiento y al principio, cuando la persona está perdida y a merced de la tiranía de sus emociones, es muy conveniente contar con unas herramientas que nos permitan desarrollar la energía del sacrificio y el esfuerzo, por ejemplo, para no correr detrás de cualquier deseo, emoción, etc. La disciplina moral nos ayuda a mantener unos hábitos que previamente hemos adoptado y, a través de ellos, desarrollar la conciencia.

 

¿Cuáles son sus riesgos?

 Caer en la rigidez, por ejemplo, en la excesiva autoexigencia, en la auto decepción; o bien creernos especiales y superiores porque nuestra conducta moral es "superior" a la del ser humano común y corriente. En este caso, también es muy importante la humildad. Por ejemplo, si te comprometes a "no mentir", ya vale con que te preocupes de mentir menos, o que seas consciente de cuándo lo estás haciendo, o cuándo no estás diciendo la verdad aun cuando aparentemente no dices mentiras. Y lo mismo con "no matar", etc. Sé consciente de las formas sutiles en que traicionas tus compromisos, pero sigue utilizándolos para alumbrar tu camino.

 

¿Hay algún momento en que ya no necesitas hacer uso de la disciplina moral?

Sólo cuando esos valores ya están tan interiorizados que no necesitas recurrir a ellos porque forman parte de ti y actúan de manera natural. Mientras no ocurra así, hay que recurrir a la ayuda de la disciplina moral. Pero hazlo de una forma generosa y amable contigo misma y con las demás personas. Sin caer en la autoindulgencia. Como en todo, siempre hay dos lados (o trampas) en los que puedes caer: por una parte y por su opuesta.

 

Las trampas del camino espiritual.

Hay muchas trampas y muchas ocasiones, cada día y prácticamente en cada situación.

El supermercado espiritual.

una tentación andar de sitio en sitio, de escuela en escuela, de grupo en grupo, buscando experiencias fuertes y sin establecer un compromiso de autoinvestigación y práctica profunda en una disciplina concreta.

Usarlo como hobby. Un entretenimiento placentero o intelectual, con escasa implicación personal. Como decía la antropóloga y maestra zen Joan Halifax, "hay aficiones peores" (y sabía bien lo que decía, ella que trabajaba en las cárceles). Pero si te lo tomas como un mero entretenimiento, no es fácil que se dé la transformación personal profunda.

Autodecepción. Leemos libros y escuchamos a maestros y maestras que nos transmiten conceptos como el desapego, la compasión, la humildad. Por un momento nos engañamos pensando que hemos alcanzado una comprensión de esas cosas, pero más adelante observamos en nuestra experiencia que no, que no está integrado, que cuesta. Puede que te desmotives por un momento, pero tienes que aprender a aceptarlo (aceptarte) y seguir avanzando.

La adicción a las experiencias místicas. Durante la meditación puedes llegar a experimentar estados alterados de conciencia de gran gozo, intensidad y felicidad profunda. No te obsesiones con volver a alcanzar esos estados porque es impredecible. Ábrete a ellos pero no los persigas demasiado porque podría ser causa de decepción y desmotivación -especialmente porque cuanto más los persigues más te rehúyen.

La inflación del ego.

 Incluso puede parecerte que has alcanzado la realización (comprensión profunda) del sentido de la vida y cosas así. Puede que hasta te creas que has alcanzado la iluminación o el despertar. No te entusiasmes demasiado y sigue practicando. Lo que importa es como aplicas todo eso a tu vida cotidiana y a tus relaciones con las demás personas.

 Abandonar tus responsabilidades.  A veces, ciertas experiencias místicas o "realizaciones" (como la experiencia de la vacuidad o que la realidad no existe tal como interpretas) pueden conducirte a observar el mundo de una manera "pasota", como si no fuera contigo, como si tú ya estuvieras más allá, y abandonar tus responsabilidades. Te equivocas, eso no te acerca más al camino espiritual, sino que te aleja de él. Practicar la sabiduría en los conflictos cotidianos muchas veces es más difícil que retirarse a una cueva a meditar, fuera del mundanal ruido.

Mariana Caplan es doctora en Filosofía, Psicología, y Antropología; colaboradora habitual en radio y televisión, escritora y consejera. Nacida en Washington, ha estudiado y vivido en varias comunidades de Centroamérica, Estados Unidos, la India y Europa. Profesora universitaria, imparte clases en el Instituto de Estudios Integrales de California. Es autora de "¿Necesitas un guru?" (Hara press) y "A medio camino" (Kairós), entre otros. Su página web es www.realspirituality.com

http://crecejoven.com/espiritualidad--mariana_caplan