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jueves, 27 de enero de 2022

Las enseñanzas profundas de la naturaleza

 



Abrirse a la sabiduría de la naturaleza, como hacían antes los pueblos más conectados con ella, permite aprender de grandes maestros como son los árboles y las plantas. Pero además permite sentir que se forma parte de algo más grande que uno mismo.

Hubo un tiempo en que el ser humano poseía la capacidad de leer los versos más prodigiosos que se han escrito nunca, versos existenciales diseminados por todo el universo, donde suceden las obras de la naturaleza. Signos, ecos visuales, sonoros, símbolos escritos en el horizonte y en el corazón de quien se abría a recibirlos.

El asombro, esa cualidad de la inteligencia que sucumbe ante la belleza de un mensaje de la naturaleza y se convierte en una pregunta sobre la maravilla, permitía a los pueblos originarios, naturalmente contemplativos, alcanzar la visión real de un cosmos conforme a una ley basada en la armonía entre las partes y el todo.

Contemplar la naturaleza es devolver la dimensión sagrada a la sabiduría de la tierra y aprender a escucharla. Una sabiduría que se expande como un libro abierto en la infinitud de un mar todo horizonte y despeja en el corazón de quien la contempla la incógnita de la infinitud que somos, que explica sin palabras el anhelo del alma de ser plena, inabarcable, eterna.

Vivir conscientes en una naturaleza que se expresa

La naturaleza es benéfica cuando su lluvia fertiliza y es terrible cuando lo anega todo en cenizas tras un incendio provocado por un rayo. Su enseñanza suprema es revelarnos que en esa naturaleza dual de creación y destrucción hay un eje que armoniza los opuestos, que une el cielo y la tierra, el espíritu y la materia.

Es posible vivir conscientes en medio de esta paradoja divina, porque la naturaleza no está muda. Tiene significado y sentido, es un lenguaje vivo y espejo del espíritu que podemos recuperar si cambiamos nuestra mirada.

Me gustaría dejar aquí unas pinceladas de esa sabiduría que permite a algunos pueblos llevar una vida buena, aprendiendo a cada instante a leer y ejecutar sus enseñanzas. Transmitir que para poder ver hay que apaciguar el estrépito de nuestra mente acelerada e hiperestimulada.

En la naturaleza todo repercute en mi fuero interno si voy abierto y despierto.

Hay que adentrarse en la naturaleza con el silencio del que peregrina hacia su centro y soltar los relatos agitados que se vuelcan hacia el pasado o hacia el futuro, abrir ese tiempo eterno del presente en el que un tumultuoso arroyo de montaña puede dejarnos ver la fuerza del cielo cuando se derrama para fecundar la tierra entera.

Toda la creación es un lenguaje secreto a voces, una escritura preñada de símbolos. Todo en la naturaleza puede ser un maestro circunstancial, todo me habla y repercute en mi fuero interno si voy abierto y despierto.

Entre esos maestros destacan nuestros «hermanos de pie», los árboles, y por eso muchos pueblos obtenían su saber del bosque, y sabían, como ahora sabe la ciencia, que acumulan experiencia de lo vivido.

Su memoria les permite ser resi­lientes y resistentes y sus troncos son un poema legible de vientos huracanados, sequías imposibles, rayos que hienden su corteza para revivir por otro costado.

Todo es enseñanza en un bosque. La inteligencia vegetal es una escuela diaria a la que podemos acudir para obtener inspiración.

La semilla, que como nosotros brota y crece sin que se sepa cómo, es una potencia latente que se realiza cuando muere en la oscuridad de la tierra; por eso, desde el origen de los tiempos el hombre ha visto en ella un símbolo de su propio renacimiento espiritual; solo en la oscuridad de la negación de lo que no se es, llegamos a ser quienes realmente somos y este llegar a ser es circular, semilla, fruto y semilla, como los ciclos cósmicos, como la vida misma.

Sus raíces son miles de cerebros coordinados en sus ápices. Buscan la dirección más adecuada en lo profundo de la tierra para alcanzar los nutrientes necesarios y redistribuirlos en la red del bosque, en esa unidad mayor que trasciende a cada uno de los individuos.

Son la enseñanza primordial del arraigo fundamental necesario para estar bien plantados en la tierra y alcanzar el cielo con sus ramas, tal como enseña el chikung, pues un árbol sin raíces, en su doble acepción energética y de los ancestros, cae ante cualquier viento huracanado.

La inteligencia vegetal es una escuela diaria a la que acudir para obtener inspiración.

Aprender, también, de su maestría en el bien común. Los ejemplares sanos llevan alimento a los más envejecidos y a los jóvenes, pues no se conciben como entes separados sino como un interser. Aprender la caridad que en la sociedad actual hemos perdido de nutrir a los más viejos, pues su memoria es única. Son las raíces con nuestro pasado y la oportunidad de ejercer el sagrado agradecimiento a los dones recibidos.

Recuperar la relación sagrada con la naturaleza

Recuperar la relación sagrada con la naturaleza requiere una segunda inocencia que haga brotar el asombro y el amor. Solo si miramos con amor el puente aparece, porque entonces esta Tierra se abre como un libro abierto, como el cuerpo de un amante al acercarte con anhelo de unión. Afinar la percepción para que el infinito se dé luz a sí mismo.

La desaparición paulatina de los hermanos del bosque, los árboles, de especies enteras de anfibios, de aves, precipita una cascada de consecuencias que nos afecta. Con cada especie que se pierde, desaparece un modo de conciencia, y el oído del corazón se duele.

Desaparece el gorrión, con sus saltitos infantiles y esa ligereza de pluma que alegraba la vista a quien la alzaba a los cielos. Y desaparece la golondrina, cuya llegada anunciaba esa verdad que la primavera imprime, en nuestros corazones, de que todo resucita.

Solo si amamos protegeremos y realizaremos el sacrificio que la tierra nos demanda, una simplicidad radical que confía, erradicando el ansia que corrompe la tierra.

Todo fenómeno, por diminuto que sea, nace de una noche, de un vacío o una matriz, madre de todo. Un grillo que estridula será, para un campesino, el aviso del tiempo de mañana y organizará las faenas de la tierra gracias a su sabio oráculo. Para un biólogo será el canto alegre que atrae a su pareja. Y para un místico será el recuerdo del misterio insondable que todo lo penetra.

Viendo más allá de lo invisible

Tras la apabullante belleza de las flores de loto, se esconde el lodo. Lo secreto, lo oscuro, la noche es también necesaria para que se exprese la belleza que nos conmueve. El lado en sombra de la montaña nos fortalece, hay un secreto en el frío y no debe ser rechazado por el desagrado primero que nos produce.

Un incendio en un bosque libera un nuevo ciclo de vida por atroces que nos parezcan las llamas. El sufrimiento por la pérdida de un amigo abre una herida en el alma por la que la luz de la comprensión pasa, produciendo cambios en la forma de entender y vivir la vida que hubieran sido imposibles sin ese dolor de la pérdida.

El destino se va desenvolviendo ante nosotros, como se desenvuelven las estaciones, emergiendo circunstancias sucesivas como olas poderosas llenas de invierno u olas mansas como pétalos de rosa. Olas que aparecen y desaparecen, muertes y nacimientos continuos, pero desde nuestra atalaya, desde el ojo de nuestro corazón podemos entrever que es el océano el que orquesta sus idas y venidas.

Al posar, entonces, nuestra atención en el océano, en el silencio, en la matriz de la vida, una cascada de dicha y lucidez extrema nos libera de las consecuencias que siguen a las causas y nos volvemos espectadores privilegiados de su danza, tan ecuánimes como dichosos. Ante el milagro del equilibrio entre los opuestos, entre las dos orillas de nuestra doble naturaleza.

 

 https://www.cuerpomente.com/nos-inspiran/ensenanzas-naturaleza_9476?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=trafico&utm_term=enlace_modulos

 

martes, 12 de octubre de 2021

Terapia de la naturaleza: cómo la naturaleza puede ayudar a curar y expandir su conciencia - Adam Brady

 Traducido desde...https://chopra.com

Los seres humanos se han convertido en una especie de interior. Comenzando con la domesticación del fuego, pasando a la Revolución Industrial y hasta la actualidad, pasamos cada vez más la mayor parte de nuestras vidas en interiores. Según un estudio, el estadounidense promedio pasa el 93 por ciento del tiempo en edificios y vehículos cerrados. ¡Esto deja solo el siete por ciento del tiempo en el exterior!

Este es un gran cambio del estilo de vida de nuestros antepasados ​​no tan lejanos que vivían en el desierto, caminaban descalzos sobre la tierra y dormían bajo las estrellas cada noche. En este mundo impulsado por la tecnología, comemos, dormimos, trabajamos y jugamos de muchas maneras aislados del mundo natural justo afuera de nuestras ventanas. Sin embargo, esta separación a menudo pasa desapercibida.

Pasar demasiado tiempo en interiores y no hacer excursiones regulares al aire libre y a la naturaleza puede tener un efecto negativo en su salud, bienestar y estado de conciencia . Tus raíces ancestrales están en la naturaleza. Es donde la especie humana creció y evolucionó hasta su estado actual; divorciarse de su esencia más profunda y ligada a la naturaleza puede conllevar un gran riesgo.

Afortunadamente, puede tomar la decisión consciente de pasar más tiempo en la naturaleza y aprovechar una serie de beneficios para su cuerpo, mente y espíritu. De esta manera, la naturaleza puede desempeñar un papel importante para ayudarlo a sanar su mente y cuerpo mientras lo une con su verdadera identidad como ser espiritual. También conocida como ecoterapia o terapia verde, pasar tiempo en la naturaleza cultiva un estado de equilibrio y crecimiento holístico a través de una interacción nutritiva con la tierra.

Considere algunos de los siguientes beneficios de pasar tiempo en la naturaleza.

Estar en la naturaleza reduce el estrés

Se ha demostrado que pasar tiempo en la naturaleza reduce los niveles de cortisol, una hormona clave del estrés. Las imágenes, los sonidos y las experiencias asociadas con estar en la naturaleza pueden tener un efecto calmante en su sistema nervioso, disminuyendo la frecuencia cardíaca y normalizando la respiración, la presión arterial y varios otros marcadores clave de estrés asociados con la respuesta de lucha o huida. Además, los entornos naturales son ricos en sonidos primordiales, o los sonidos más básicos y fundamentales de la naturaleza. Estos sonidos son intrínsecamente calmantes y nutritivos, y ayudan a su mente y cuerpo a entrar en un estado más saludable y equilibrado.

La naturaleza proporciona un impulso de prana

El entorno natural es rico en prana o la fuerza vital primordial que sustenta toda la vida. Absorbes prana más directamente a través de la respiración; El aire fresco, natural y limpio proporciona el suministro más abundante. Respirar profundamente en la naturaleza ayuda a purificar y energizar su sistema, pero también atrae prana a través de la vegetación, árboles, montañas, lagos y un cielo lleno de estrellas por la noche. Pasar tiempo al aire libre lo coloca directamente en las corrientes y los remolinos de prana mientras circula y fluye a través de toda la naturaleza.

El mundo natural cultiva un sentido de asombro y conexión

Cuando estás inmerso en la naturaleza, es imposible no sorprenderte por el tamaño, la magnificencia, el poder y la belleza del mundo natural. Esta experiencia a menudo hace que su perspectiva cambie poderosamente a medida que se da cuenta de lo pequeña que puede parecer su vida individual a la luz de millones de años de evolución, innumerables cantidades de especies y la infinita variedad de paisajes, contornos, océanos y continentes.

Al mismo tiempo te sientes humillado por tanta vitalidad e inteligencia, pero empoderado sabiendo que eres un afloramiento de este campo de la naturaleza. El aliento de los árboles llena tus pulmones, las aguas de los océanos corren por tus venas y la electricidad de una tormenta eléctrica destella en tu cerebro con cada pensamiento. Comprender esta relación es la esencia del yoga; la unidad de cuerpo, mente, espíritu y medio ambiente.

La naturaleza te vuelve a poner en contacto con el suelo

La puesta a tierra o toma a tierra es un campo de estudio emergente que explora los efectos beneficiosos en su sistema de conectarse a la tierra. Cuando haces contacto físico directo con la tierra a través de tus pies descalzos o recostado en la hierba, te vuelves a conectar eléctricamente a la batería del planeta. Este contacto ayuda a equilibrar el flujo de energía en su fisiología y se ha demostrado que reduce la inflamación, reduce el estrés y la ansiedad, así como mejora la función circulatoria, los ritmos de sueño y el estado de ánimo . Estos beneficios parecen ser indicadores claros de que el cuerpo humano está diseñado para estar en contacto directo con la tierra.

Se conecta al campo de la potencialidad pura o del espíritu

Cuando pasas tiempo en comunión con la naturaleza, te conectas con el campo de la conciencia que encarna toda la creación. La conexión con el espíritu es de naturaleza mucho más directa que en entornos urbanos o espacios cerrados. Esto se debe a las cualidades de la conciencia pura que están incorporadas en el mundo natural. En la naturaleza usted entra en contacto directo con:

  1. Pura creatividad: el mundo natural es increíblemente creativo, innovador e ingenioso en su expresión. Fluye espontáneamente hacia formas de ser nuevas y novedosas.
  2. Quietud, serenidad y paz: la naturaleza puede ser asombrosamente tranquila. Aunque contiene un poder inimaginable y una energía destructiva, la esencia del mundo natural es tranquila, centrada y tranquila.
  3. Sin fronteras: no hay límites para lo que el mundo natural es capaz de hacer. Sus posibilidades están más allá de tu imaginación más salvaje.
  4. Evolución y adaptación: la naturaleza siempre está creciendo y expandiéndose en su complejidad. Fluye y cambia de rumbo según lo requiera el entorno en constante cambio.
  5. Bienaventuranza: el estado estable e imperturbable del mundo natural es uno de dicha y abundante felicidad. En otras palabras, simplemente se siente bien.

Cuando estás en comunión con el mundo natural, estas cualidades del espíritu puro se vuelven parte de ti y las encarnas en el nivel más profundo de tu ser.
Ahora que ha visto algunos de los beneficios de pasar tiempo en la naturaleza, pruebe las siguientes estrategias para practicar la ecoterapia de forma regular.

Haga un compromiso consciente de salir al aire libre todos los días

Para aprovechar al máximo el estar al aire libre y en la naturaleza, debe convertirlo en un acto consciente e intencional. Más que simplemente caminar de un lugar a otro, realmente tómate el tiempo para estar presente en el mundo natural. Observe la naturaleza en todas sus formas asombrosas. Toma toda la información sensorial del mundo que te rodea. Mantente despierto y atento a todos los matices sutiles del mundo natural que tantas veces pasan desapercibidos. Tómese el tiempo para apreciar la interacción entre su cuerpo, el planeta y el cosmos.

Encarne los arquetipos de la naturaleza

Busque oportunidades para invocar las cualidades del mundo natural en su conciencia. Por ejemplo, puede visualizar los cinco elementos del Ayurveda y evocar esas cualidades a medida que se expresan en la naturaleza:

  1. Para el espacio, encarna la inmensidad de todo el cosmos e imagina tu mente, cuerpo y conciencia llenando todo el universo.
  2. Para el aire, personifique los vientos y las corrientes planetarias que impulsan el clima de la tierra. Imagina tu esencia girando y dando vueltas a través de bosques , valles y cadenas montañosas.
  3. Para el fuego, invoca el calor y la energía de un volcán o campo de lava mientras se agita y agita su poderosa energía. Imagínese poseer esta fuerza desenfrenada de creación y destrucción.
  4. Para el agua, conviértase en un río que fluye o en olas rompiendo en la orilla. Ábrete camino sin esfuerzo con poder y gracia a través de la superficie de la tierra.
  5. Para la tierra, encarna la estructura y estabilidad de una montaña o una secuoya antigua, poderosamente arraigada profundamente en la tierra. Visualiza la fuerza y ​​la estabilidad fortaleciéndote con fuerza.

Camine descalzo; Siéntese o recuéstese en la tierra

Tómese el tiempo para conectar regularmente su cuerpo al campo electromagnético del planeta. Permitir que su piel desnuda toque la tierra durante aproximadamente 30 minutos cada día es una cantidad de tiempo ideal para comenzar a experimentar los beneficios de la conexión a tierra y restaurar su conexión con la tierra.

Siéntese o medite en la gran naturaleza

La gran naturaleza es exactamente lo que parece: estar al aire libre en espacios grandes y abiertos. Si bien estar al aire libre en cualquier entorno natural (como un parque o un sendero boscoso) puede ser curativo, trate de hacer tiempo para experimentar regularmente la grandeza de los lugares más grandes que puede visitar. Los parques nacionales o estatales, las reservas naturales, el océano, un bosque o una cadena montañosa permiten una inmersión profunda en el poder curativo del mundo natural.

Reflexione sobre los escritos de John Muir

El naturalista, autor y filósofo ambiental escocés-estadounidense John Muir fue un influyente activista para la preservación de la naturaleza y defensor de la conexión de la humanidad con la tierra. Sus escritos sirven como un poderoso recordatorio del valor y la importancia que juega el mundo natural en el sustento de la vida en la tierra. Sus palabras contienen una cualidad similar a un Sutra capaz de cambiar tu conciencia cuando las lees:

Un toque de la naturaleza hace que todo el mundo sea familia.

Solo salí a caminar y finalmente decidí quedarme fuera hasta la puesta del sol, porque descubrí que salir, realmente era entrar.

Este gran espectáculo es eterno. Siempre amanece en alguna parte; el rocío nunca se seca de una vez; una lluvia cae para siempre; el vapor siempre está subiendo. Eterno amanecer y crepúsculo eterno, sobre el mar y los continentes y las islas, mientras la tierra rueda.

Aléjate en silencio en cualquier dirección y prueba la libertad del alpinista. Acampa entre la hierba y las gencianas de los prados glaciares, en los escarpados recovecos del jardín llenos de los amados seres de la naturaleza. Sube a las montañas y recibe sus buenas nuevas, la paz de la naturaleza fluirá hacia ti como la luz del sol fluye hacia los árboles. Los vientos soplarán su propia frescura en ti y las tormentas su energía, mientras que las preocupaciones caerán como hojas de otoño. A medida que avanza la edad, una fuente de disfrute tras otra se cierra, pero las fuentes de la naturaleza nunca fallan.

Todo el mundo necesita belleza además de pan, lugares para jugar y rezar, donde la naturaleza pueda sanar y fortalecer el cuerpo y el alma por igual.

El camino más claro hacia el Universo es a través de un bosque salvaje.

Ven al bosque, porque aquí hay descanso. No hay reposo como el de los frondosos bosques verdes. Aquí crecen el alhelí y la violeta. La ardilla vendrá y se sentará sobre tus rodillas, la gallina te despertará por la mañana. Duerme en el olvido de todos los males. De toda la belleza accesible a los mortales, no hay nada comparable a las montañas.

El hombre debe tomar conciencia de su origen como hijo de la naturaleza. Llevado a una relación correcta con la tierra, vería que no era una entidad separada dotada del derecho divino de someter a sus semejantes y destruir la herencia común, sino más bien una parte integral de un todo armonioso. Vería que su apropiación de los recursos de la tierra más allá de sus necesidades personales solo traería desequilibrio y engendraría la pérdida y la pobreza final para todos.

Se ha dicho que los árboles son hombres imperfectos y parecen lamentar su encarcelamiento arraigado en la tierra. Pero nunca me lo parecen. Nunca vi un árbol descontento. Se agarran al suelo como si les gustara y, aunque están arraigados, viajan tan lejos como nosotros. Van y vienen en todas direcciones con cada viento, yendo y viniendo como nosotros, viajando con nosotros alrededor del sol a tres millones de kilómetros al día, ¡y a través del espacio el cielo sabe cuán rápido y lejos!

Los escabrosos y viejos escandinavos hablaban de la muerte como Heimgang: "volver a casa". Así que las flores de la nieve se van a casa cuando se derriten y fluyen hacia el mar, y los helechos rocosos, después de desenrollar sus hojas a la luz y embellecer las rocas, las enrollan de nuevo en otoño y se mezclan con la tierra. Miríadas de criaturas vivientes regocijadas, cada día, cada hora, quizás cada momento, se hunden en los brazos de la muerte, polvo a polvo, espíritu a espíritu, atendidos, vigilados, percibidos solo por su Creador, cada uno llegando a su propio destino celestial. Todos los alegres habitantes de los árboles y arroyos, y la miríada de enjambres del aire, revividos por el rayo de sol de una mañana de verano, regresan a casa a través de la muerte, con las alas dobladas tal vez en los últimos rayos rojos del ocaso del día en que fueron los primeros. intentó. Árboles que se elevan en el cielo desafiando tormentas de siglos, flores girando rostros hacia la luz durante un solo día u hora, habiendo disfrutado de su parte de la fiesta de la vida, todos pasan y se alejan bajo la ley de la muerte y el amor. Sin embargo, todos son nuestros hermanos y disfrutan de la vida como nosotros, comparten las bendiciones del cielo con nosotros, mueren y son enterrados en tierra sagrada, vienen con nosotros de la eternidad y regresan a la eternidad.

 

Adam Brady es profesor de yoga, autor y artista marcial. Adam Brady ha estado afiliado al Centro Chopra durante casi 20 años. Es un Educador Védico certificado capacitado en Meditación con Sonido Primordial, Siete Leyes Espirituales del Yoga y Salud Perfecta: Estilo de Vida Ayurvédico, y enseña regularmente en el área de Orlando, Florida. Es autor de más de 50 artículos y su último libro, The Path To Stillness, A Meditator's Guide , es un manual fundamental para la práctica de la meditación,

https://chopra.com/articles/nature-therapy-how-nature-can-help-heal-and-expand-your-awareness

sábado, 9 de octubre de 2021

Por qué los árboles y el bosque favorecen nuestra salud - Manuel Núñez

En su libro Shinrin-yoku (Roca Editorial), el doctor Quin Li, explica todo lo que sabe sobre el poder terapéutico de los árboles y de los baños de bosque. "Hay quien estudia los bosques. Hay quien estudia medicina. Yo estudio la medicina de los bosques para descubrir todos los modos posibles en que un simple paseo puede mejorar nuestro bienestar".

El doctor Qing Li estudió medicina y quiso saber por qué los bosques favorecen nuestra salud. Actualmente es el experto mundial más destacado en la materia, preside la Sociedad Japonesa de Medicina del Bosque y da clases en la Universidad de Tokyo.

Para Qing Li, "cuando estamos en armonía con el mundo natural, podemos empezar a curarnos".

Sin embargo, la vida de la inmensa mayoría de nosotros está desconectada del entorno natural. Vivimos en ciudades y pasamos el 90% de nuestro tiempo entre cuatro paredes y mirando a las pantallas unas 11 horas diarias. Las consecuencias son que aumenta el riesgo de sufrir tecnoestrés, ansiedad, depresión, obesidad, diabetes, infartos, hipertensión, cáncer, cansancio o infecciones.

La buena noticia es que solo pasar una pequeña cantidad de tiempo en la naturaleza puede tener un gran efecto en nuestra salud. Un baño de bosque de dos horas te desconecta de la tecnología y te hace bajar el ritmo, te devuelve al presente y refuerza tu salud.

Propiedades terapéuticas de los bosques

La naturaleza nos hace sentir bien. El olor de los árboles, la luz filtrándose entre las hojas agitadas por la brisa, los cantos de los pájaros que nos rodean... mientras disfrutamos y sin ser conscientes de ello, nuestro cuerpo y nuestra mente están siendo traspasados por una variedad de estímulos físicos y químicos que nos equilibran y fortalecen. ¿Por qué se da este beneficio?

El doctor Qing Li participó en 2004 en la fundación del Grupo de Estudios de Terapias del Bosque con el objetivo de descubrir por qué los árboles nos hacen sentir mejor. Sus primeros trabajos demostraron los efectos de los baños de bosque:

  • Bajan los niveles de hormonas del estrés, cortisol y adrenalina.
  • Inhiben la respuesta de "lucha o huida", propia del sistema nervioso simpático.
  • Estimulan la reacción de "reposo y recuperación" del sistema parasimpático.
  • Reducen la tensión arterial y la variabilidad de la frecuencia cardiaca, lo que disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular.

¿Por qué el bosque cura?

La magia curativa del bosque tiene nombres y apellidos. Diferentes agentes que se encuentran en el bosque actúan sobre nosotros:

Liberan terpenos beneficios

Las fitoncidas se hallan en los aceites de los árboles y forman parte de su sistema de defensa (phyton significa planta y cida, matar). La concentración de fitoncidas en el aire de un bosque aumenta con el calor y alcanza su máximo a los 30 ºC. Pinos, cedros, abetos y otras coníferas son los mayores productores.

Los terpenos son los principales componentes de los fitoncidas. Los más destacados son d-limoneno, alfa-pineno, beta-pineno y canfeno. Estimulan las células inmunitarias, reducen el estrés, favorecen el sueño y mejoran el humor. Puedes llevarlos a casa vaporizando aceites esenciales de cedro, eucalipto y pino.

La bacteria Mycobacterium vaccae activa las neuronas

Es una bacteria inocua que se halla en el aire del bosque. Al respirarla, activa las neuronas, que producen más serotonina, neurotransmisor del bienestar. Aclara el pensamiento, mejora el humor y estimula la inmunidad. Reconocerás su presencia porque huele a geosmina: el olor a tierra húmeda.

Los árboles desintoxican el aire

Los árboles retienen las partículas contaminantes que se hallan en suspensión en el aire. Estas partículas se relacionan con problemas respiratorios y cardiovasculares, asma y muerte prematura.

Si se plantan abedules en una calle se puede reducir a la mitad la cantidad de micropartículas que se encuentran en el aire y que entran en las casas.

El silencio del bosque proporciona bienestar

En el bosque solo se rompe por el canto de los pájaros, el rumor de las hojas o del agua. Como el ruido es una gran causa de estrés en la ciudad, el silencio forma parte de la fórmula para favorecer el bienestar. El silencio del bosque es eficaz para deshacerte de pensamientos obsesivos.

Las luces y los colores de la naturaleza relajan

También tienen un efecto sobre nuestro organismo. La luz de las pantallas led y los grises de la ciudad nos irritan. En cambio, el bosque iluminado por el sol muestra infinidad de verdes y marrones cambiantes que relajan. El azul del cielo también produce una acción tranquilizante.

Las formas fractales inducen tranquilidad

En la naturaleza las formas siguen una infinidad de patrones fractales que nos inducen tranquilidad, como ha probado el profesor Richard Taylor, del Instituto de Ciencias de los Materiales de Oregón. Descubre los fractales en las cortezas y las hojas de los árboles, en la disposición de las ramas o en las flores.

Los iones negativos del bosque son revitalizantes

Las partículas en supensión en el aire tienen carga eléctrica positiva o negativa. Las positivas, que abundan en la ciudad y espacios interiores, estresan. Las negativas te hacen sentir revitalizado y ligero. El bosque está lleno de iones negativos, sobre todo cerca de cascadas y cursos de agua. Respira profundamente para absorberlos.

Beneficios físicos y mentales del baño de bosque

Qing Li ha profundizado en las propiedades terapéuticas del bosque experimentando con diferentes grupos de personas. En un estudio reunió a oficinistas con problemas para dormir y los llevó al bosque. Concluyó que un simple paseo de dos horas por la tarde alarga el sueño una media de 54 minutos.

El bosque mejora incluso tus sentimientos. Si se realizan tests antes y después de una caminata se comprueba que se reduce la puntuación de la ansiedad, la depresión, la rabia y la confusión.

Uno de los efectos más espectaculares de los bosques tiene lugar sobre el sistema inmunitario. Después de pasar tres días y dos noches en el bosque la cantidad de células encargadas de combatir las infecciones y que eliminan células precancerígenas aumenta un 50%, y su actividad, un 52,6%. Y el efecto se mantiene hasta 30 días. Qing Li se pregunta, si esto lo consigue un simple paseo por la naturaleza, "¿Qué efecto tendría vivir cerca de los árboles todo el tiempo?"

Cómo tomar un baño de bosque paso a paso

"El arte de los baños de bosque es el arte de conectar con la naturaleza", explica el doctor Qing Li. Estas son sus recomendaciones.

  • Encuentra un lugar. Busca un bosque donde te sientas cómodo. Uno donde lo hayas pasado bien de niño o uno donde los árboles sean grandes o que tenga musgo para pisar, si eso es lo que te gusta.
  • Activa los 5 sentidos. Olvida teléfonos, cámaras y metas. Camina despacio durante dos horas atento a sonidos, aromas, colores, formas y texturas. Observa cómo se filtra la luz entre las ramas, respira hondo, toca hojas, troncos y piedras. Camina descalzo, mete los pies en los arroyos. Medita, haz yoga o taichí durante el paseo.
  • Tómate el bosque. Si sabes reconocer las bayas, puedes detenerte a degustarlas. Si te llevas un termo, al finalizar te puedes tomar una infusión con agujas de pino. O llevarte tu té verde.
  • Recurre a un guía. No es imprescindible, pero puedes utilizar los servicios de un experto en baños de bosque. Los encontrarás en institutodebañosdebosque.com

 

Manuel Núñez

 

https://www.cuerpomente.com/salud-natural/efectos-saludables-bosque

Conecta con la sabiduría de los árboles - Mayra Paterson

 

Vivimos gracias a ellos, pero cada vez más especies desaparecen y somos los responsables

. En su propia sabiduría podría anidar la solución.

 

Durante unas semanas al año, en el parque que veo desde casa, un grupo de tipuanas cubre el suelo de florecitas amarillas. Nosotros hemos pasado este año varias semanas o meses sin podernos mover apenas de casa, y es posible que nos toque, al menos en algún momento, volver a hacerlo este otoño. Pero los árboles se pasan la vida anclados al mismo lugar, adaptándose a los elementos, viviendo con lo esencial.

Los árboles no piensan, no sienten, se me dirá. ¿Seguro? Aunque estén sujetas al suelo, las plantas son un ejemplo de resiliencia. Así lo expresó Francis Halle, especialista en bosques tropicales, en una visita al Jardín Botánico de Barcelona. Como explica Halle, a diferencia de nosotros, las plantas han logrado desarrollarse de tal forma que ninguno de sus órganos les es vital, ni las hojas, ni los tallos, ni las raíces. Por eso, si pierden un fragmento, pueden recomponerse a partir de otro, como las estrellas de mar o las lagartijas.

Las plantas no dejan de crecer y evolucionar

Salvo que algo grave se lo impida, mientras viven, cuando no crecen hacia arriba o producen hojas, lo hacen bajo el suelo buscando sobrevivir o haciendo acopio para aguantar hasta mejores tiempos. En sintonía con los ciclos de luz y oscuridad, con el devenir de las estaciones, sacando partido a las inclemencias del tiempo. Si los recursos escasean, son incluso capaces de volverse más pequeñas, de crecer "hacia dentro".

Al vivir arraigadas en el suelo, explica el experto en neurobiología vegetal Stefano Mancuso en La nación de las plantas (ed. Galaxia Gutenberg), las plantas "han aprendido a convivir con la finitud de los recursos y a adaptar su desarrollo en consecuencia". Ante la escasez de recursos, lo primero que hacen es reducir su tamaño: se vuelven más densas, se enrollan… Los animales no tenemos esa maleabilidad o plasticidad fenotípica, pero podemos tomar nota. "Las plantas hacen cuanto sea necesario para que su equilibrio con el entorno permanezca lo más estable posible. Algo que también deberíamos empezar a hacer nosotros cuanto antes", advierte Mancuso.

El bosque es un superorganismo

Al contrario de lo que podría parecer, las plantas no actúan individualmente, sino colaborando entre sí de múltiples formas y estableciendo relaciones simbióticas con otras especies.

Los árboles "hablan"

Que los árboles no se toquen no quiere decir que no se preocupen por los de su especie o no necesiten de ellos. El mundo vegetal está lleno de ejemplos de que también las plantas tienen vida social. Se comunican entre ellas emitiendo compuestos volátiles al aire o señales eléctricas a través de sus raíces y se ponen de acuerdo para protegerse y prosperar. Incluso cuidan de sus enfermos y alimentan a sus "muertos", proporcionando azúcares a los viejos tocones de árboles caídos o talados.

Esto es posible gracias a que unen sus raíces para colaborar entre sí y alimentarse en caso de necesidad, lo que convierte a los bosques en superorganismos. Así lo explica Peter Wohlleben en La Vida Secreta de los Árboles (Ed. Obelisco), que nos recuerda que lo hacen por las mismas razones que la sociedad humana: porque juntos funcionan mejor y un solo árbol no hace un bosque.

Los árboles se necesitan entre sí para contribuir a un ecosistema sano en el que poder vivir y hacerse viejos. "Su bienestar depende de la comunidad y cuando los supuestamente más débiles desaparecen, los demás también pierden", dice Wohlleben.

¿Quién necesita a quién?

¿Y si sintieran? Los seres humanos no somos plantas. Tenemos ahora que guardar esa distancia social, pero necesitamos el contacto físico. En parte, por eso nos está costando tanto no poder abrazarnos. Pero eso no significa que las plantas no sean seres sensibles. Además de ese instinto de protección de los suyos y los ejemplos de comunicación entre ellas, son capaces de percibir la luz, la gravedad, los campos eléctricos, el contacto, el sonido…

Nuestra vida está unida a la de los árboles y la sabiduría que anida en ellos es inmensa. No deberíamos tratarlos como si pudiéramos vivir sin ellos, porque es justamente al revés. Y no es posible cuidar de uno mismo sin cuidar de la vida que nos envuelve.

Convendría tener esto último muy presente. Porque nosotros necesitamos a los árboles para vivir, pero ellos podrían vivir perfectamente sin nosotros. De hecho, en la gran mayoría de casos vivirían mejor. La sobreexplotación, la deforestación y el cambio climático del que somos responsables están poniendo en peligro la supervivencia de miles de especies.

Una vez más los árboles pueden marcarnos aquí el buen camino. Como apunta Stefano Mancuso, en lugar de deteriorar el suelo, el agua y la atmósfera del planeta que nos da cobijo, producen "energía limpia" y ayudan a descontaminarlo. "Las plantas pueden ayudarnos. Solo ellas son capaces de rebajar la concentración de CO2 hasta niveles inofensivos", dice este experto en neurobiología vegetal. "La regla debería ser bien sencilla: allá donde pueda vivir una planta, debería haber una. Defendamos los bosques y cubramos de plantas nuestras ciudades".

Conecta con la sabiduría de las plantas

Vuelvo a pensar en las tipuanas que veo desde casa. Después de que sus pétalos amarillos coloreen el asfalto de nuestras ciudades, en las ramas quedan sus semillas aladas, listas para volar lejos en el momento propicio. Es su manera de desplazarse. Se mueven, pero despacio. Aunque los árboles nos parezcan estáticos, se desplazan en grupo.

Se mueven y no lo hacen solo por su pulsión de expandirse. También como mecanismo de supervivencia, "emigrando" como nosotros cuando las cosas se ponen feas. Es conocido que en nuestro país hayas y encinas se han desplazado a cotas más altas en las últimas décadas debido al calentamiento global. El problema es que el cambio climático avance más rápido de lo que puedan "caminar" los bosques para garantizar su supervivencia.

Nosotros nos movemos más fácilmente, en nuestro día a día. Pero en nuestro movernos de aquí para allá olvidamos a menudo la importancia de esa forma de vivir más pausada, más conectada con el entorno. Tengamos o no que volver a pasar tiempo en casa, vale la pena parar de vez en cuando. Hacer una pausa para cuidar nuestras raíces y extender nuestras ramas, para reconectar con nuestras necesidades y con la sabiduría de la naturaleza que nos rodea.

Cada vez más árboles están en peligro de extinción

Según el Global Tree Assessment, un proyecto internacional para evaluar la vulnerabilidad de todas las especies de árboles conocidas del planeta, 13.751 de las 36.189 analizadas hasta ahora (se conocen 60,010) están en peligro de extinción.

Es un 38% de los árboles analizados. Detrás de esta amenaza a la biodiversidad están la deforestación, la sobreexplotación, la agricultura intensiva, la sequía y el cambio climático. Pero los árboles son solo una parte de la pérdida de biodiversidad vegetal.

Según el último informe Planeta Vivo de WWF, de septiembre, el número de plantas extinguidas documentadas dobla al de mamíferos, aves y anfibios juntos. Además, 1 de cada 5 especies vegetales está amenazada, en su mayoría en zonas tropicales.

En 2017, un grupo de 15.364 científicos de 184 países alertaba de que estamos desatando una extinción masiva de especies, la sexta en 540 millones de años. Para Mancuso, el mayor peligro es que creamos que esto no afectará a la supervivencia de nuestra especie. "Ser conscientes de los desastres que provoca nuestro consumo debería hacer que nuestra conducta se volviera más precavida y que nos indignásemos ante un modelo de desarrollo que destruye nuestra casa común a cambio del beneficio de unos pocos", advierte.

 

https://www.cuerpomente.com/ecologia/conectar-sabiduria-arboles

viernes, 8 de octubre de 2021

Reencontrándome en el jardín – Valerie Brown

Traducido con Amor desde...https://www.lionsroar.com

 


“Háblame sobre el paisaje en el que vives y te diré quién eres”.
—José Ortega y Gasset

Cultivar un jardín es un acto de amor y esperanza. No se puede plantar un jardín sin ellos. Son tan esenciales como el suelo, el aire y el agua para que el jardín crezca.

Mi amor por cultivar cosas comenzó hace décadas en el norte de Nuevo México, cuando trabajaba en una granja de investigación en el desierto. Allí planté cuarenta libras de ajo, un diente a la vez, rodeado de mesetas, cañones de colores pastel, acantilados, praderas y arroyos. Me enamoré profundamente del suelo, el aire, el agua y el cielo. Fue allí donde comencé a darme cuenta de que cultivar un jardín, plantar un diente de ajo o una semilla, o un árbol, es la teología viva del amor. Es regar las semillas del amor, la paz y la compasión.

La construcción de este jardín me enseñó a cavar profundo.

Toda mi vida, he sido una fanática de la belleza. Prefiero estar sin comida que sin belleza. Pero durante años estuve enterrada bajo los escombros de una vida de demasiada dureza y poca ternura. Había perdido de vista el amor y la esperanza, después de haber pasado gran parte de mi vida tratando de convertirme en algo y alguien. Corrí de Brooklyn a la universidad, luego a la escuela de posgrado, la facultad de derecho y finalmente a un gran e importante trabajo como abogada. Solo había un problema: el trabajo estaba matando mi espíritu.

En unas vacaciones en Nuevo México, finalmente me di cuenta de que estaba hambrienta de belleza, o al menos, no podía ver la belleza que me rodeaba. Un punto de inflexión llegó en el alto desierto de Nuevo México. Subí a la cima de una gran colina, me quité la mochila y miré hacia el cielo. Por primera vez, vi verdaderamente las nubes. Vi el cielo azul y noté cómo las nubes se movían a través de él. En ese momento asombroso, me di cuenta de que estaba alienada no solo con el mundo natural sino también conmigo misma. Décadas de intentar asimilarme como mujer negra a la cultura dominante blanca me habían dejado alienada de mí misma, de mi cuerpo, de relaciones más profundas y del mundo natural.

La primera base de la atención plena es la conciencia del cuerpo. La conciencia plena invita al practicante a ver, tocar, saborear y oler, a estar plenamente vivo en el momento presente al gran regalo de la vida. La atención plena es una cualidad innata en cada persona que apoya el despertar a la naturaleza no recurrente de todos y cada uno de los momentos de la vida diaria. Para mí, la jardinería se convirtió en una teología del amor que me invitó a volver a mis sentidos, que estaban amortiguados por el exceso, la prisa y la estructuración.

Hace doce años, cuando mi esposo David y yo nos mudamos a un granero en las afueras de Filadelfia, comencé a soñar con el jardín que plantaría. Pero el matrimonio fue ahogado por la tristeza, el aislamiento y un amor ambiguo. David se mudó durante una ola de enojo excesivo en julio, y mientras se alejaba, mi corazón se hizo añicos, activando las emociones como semillas de vergüenza, desesperación y aislamiento. Como abogada, no sabía nada sobre el divorcio compasivo y amoroso. Tenía una mentalidad de adversario bien cuidada que contribuyó al final del matrimonio. Una voz molesta en el fondo de mi cabeza decía: Los maestros de Dharma no se divorcian. Viven una vida familiar feliz, satisfecha y equilibrada. 

El divorcio fue un final necesario cargado de potencial. Me propuse recuperar mi jardinero interior, regar las semillas de la paz, la comprensión y el amor dentro de mí. Reemplacé la madera podrida y pinté mi granero. Saqué montones de basura y árboles enfermos que amenazaban con caer sobre la casa. Reemplacé el techo de la cabaña y pinté grafiti. Luego me volví hacia un pequeño estanque de koi que alguna vez había sido una fuente de alegría, pero que con los años se había estancado, como mi matrimonio, con agua fangosa, cubierto de espadañas y puntas de flecha, y sin peces. Palada tras palada, trabajé con un par de amigos y ayudantes para mover plantas y rocas, quitar las malas hierbas crecidas y recuperar el suelo con materia orgánica.

Cada mes traía un nuevo desafío en el jardín: marmotas, abejas carpinteras, avispas y tierra arcillosa dura como una roca. Y mientras el jardín renacía, mi hermano moría. Murió en febrero del año pasado, y esto fue seguido por meses desesperados de cuarentena, aislamiento y distancia física, por el impacto desproporcionado de Covid-19 en comunidades negras, latinas, inmigrantes y de bajos ingresos.

Era un día soleado de julio y había pasado casi un año sin mi pareja. Salí y miré el lugar que no hacía mucho había sido un agujero en el suelo con agua estancada. Ahora se oía el sonido del agua corriendo de una fuente cristalina. Había colibríes, mariposas y jilgueros en mi alimentador de semillas. Había Echinacea purpurea rosa , Artemisia schmidtiana blanca como una pluma, híbrida de Crocosmia rojo vivo y Coreropsis verticilata amarillo limón .. Me acerqué al helecho cuerno de ciervo gigante y lo bajé para regarlo bien. Días antes, había notado que un pequeño gorrión cantor había construido un nido de agujas de pino detrás de la planta. Mientras metía la boquilla profundamente en la cavidad del helecho, me detuve. Allí, amontonados, había puesto cinco huevos diminutos con manchas marrones.

En la tradición de Plum Village de Thich Nhat Hanh, nos invita a despertar al sufrimiento dentro y alrededor de nosotros, a mantener el sufrimiento con cuidado, llegar a conocerlo y transformarlo en compasión, paz y amor. Estamos invitados a cultivar un refugio seguro con cada respiración para nosotros y para todos los seres vivos. La construcción de este jardín me enseñó a cavar profundo, aún más profundo, a saber que el amor es un gran cavador.

Valerie Brown es profesora de dharma en la tradición de Plum Village fundada por Thich Nhat Hanh. 

https://www.lionsroar.com/finding-myself-in-the-garden/?goal=0_1988ee44b2-8f165e160e-22673481&mc_cid=8f165e160e&mc_eid=3f231f604d

 

Realineándonos con la naturaleza: usando el reloj circadiano para maximizar nuestra salud y bienestar.

Traducido con Amor desde...https://www.elephantjournal.com

 

El año pasado fue la primera vez en más de una década que no pude volar de regreso a casa para visitar a mis padres.

El anhelo por el hogar me llevó a una ola de nostalgia y, a menudo, me encontraba pensando en mi infancia: recuerdos dorados de espacios compartidos con abuelos y la importancia de la familia, las relaciones, las tradiciones y los rituales.

Una de las muchas cosas por las que los admiraba era su aprecio, su estricta adhesión y su valor del tiempo, de cada minuto que pasaba.

Eso sí, en ese entonces, eso era algo que no me impresionó particularmente: sus rígidos horarios. Comían a horas fijas día tras día: un desayuno temprano después de la oración de la mañana, algo de fruta en el medio como bocadillo, almuerzo, una taza de té después de una breve siesta por la tarde y una cena temprana.

Llueva o haga sol, esta rutina se seguiría estrictamente, independientemente de cualquier interrupción en el plan, incluso si un invitado especial se unía a nosotros para cenar. Si llega a tiempo, podrá disfrutar del placer de la compañía de mis abuelas. Si te retenían por alguna razón, te decían en tono de disculpa que habían comido y ahora se habían retirado.

Lo encontré desesperadamente rígido en ese momento, pero en retrospectiva, simplemente honraron la conexión con la naturaleza y siempre estuvieron en sintonía con sus ciclos, optimizando así su bienestar físico y mental.

La falta de atención a estos ciclos durante un largo período de tiempo puede crear serios desequilibrios que, a su vez, pueden afectar negativamente a nuestra salud. Anteriormente había hablado del reloj ayurvédico con sus seis períodos de tiempo distintos y cómo se refiere a los tres doshas y los cinco elementos para explicar nuestros cambios biológicos durante el día.

El enfoque de este artículo es el reloj circadiano y el ritmo, que es nuestro reloj interno, que refleja los cambios en nuestros órganos y hormonas durante un ciclo de 24 horas. En el quid de todo está el momento de todo, porque no es solo lo que comemos, sino también cuándo comemos. Del mismo modo, no se trata solo de cuánto dormimos, sino también de cuándo dormimos, lo cual es crucial.

En medio de toda la incertidumbre que nos rodea, lo único que sabemos con certeza es que el sol saldrá y se pondrá todos los días, y volverá a salir para repetir el ciclo interminable. Es a través de este ciclo de luz y oscuridad que los árboles y las flores que nos rodean dan frutos y flores y el clima y las estaciones cambian.

La ciencia moderna ha demostrado que existe una gran conexión entre el ciclo de luz / oscuridad y nuestra fisiología humana. Un ritmo o ciclo circadiano describe nuestro reloj interno de 24 horas, que, influenciado principalmente por la luz solar, afecta nuestros patrones físicos, mentales y de comportamiento. Nos brinda los momentos ideales para dormir, comer, hacer ejercicio e incluso para pensar seriamente.

Si comemos en horarios irregulares, disfrutamos de muchos bocadillos intermedios o dormimos de manera errática en diferentes momentos y por diferentes cantidades, puede llevar a varios desequilibrios que influyen no solo en nuestro bienestar físico sino también en nuestro bienestar mental.

Aunque los relojes ayurvédicos y circadianos no se superponen exactamente, se complementan entre sí.

En comparación con los seis períodos de cuatro horas del reloj ayurvédico, el reloj circadiano se divide en cuatro períodos de seis horas:

6 a. M. A 12 p. M.

La hormona del estrés cortisol se libera naturalmente temprano en la mañana durante este período de tiempo. En este momento, la presión arterial también aumenta y la testosterona es la más alta; como resultado, hay un pico en nuestra fuerza, energía y estado de alerta. Es el mejor momento para ejercitarse y emprender proyectos que requieran concentración y energía. Siempre he descubierto que podía hacer mi lectura más densa y desafiante temprano en la mañana.

Una nota de precaución aquí: tomar café antes de las 8 am puede agravar los efectos del cortisol liberado naturalmente, transmitiendo una señal al cuerpo de que está bajo un estrés extremo, enviándolo al modo de supervivencia. Para evitar esto, los estimulantes no deben consumirse temprano en la mañana o, si se consumen, al menos solo en pequeñas dosis.

En lugar de tomar esa dosis de cafeína de la madrugada, intente optar por una taza de agua caliente, ya sea sola o con un poco de miel y limón recién exprimido.

12 p. M. A 6 p. M.

Nuestra función pulmonar está en su mejor momento y nuestra temperatura corporal es más alta por la tarde. Uno es rápido, agudo y tiene la mejor coordinación mano-ojo posible y el tiempo de reacción más rápido. Esto quizás explique por qué siempre se nos aconseja cubrir los recorridos de larga distancia durante el día. La conducción nocturna conduce naturalmente a muchos más descuidos y, por tanto, accidentes. Sin embargo, este es también el momento en que el cuerpo puede estresarse, cansarse y, en la mayoría de los casos, puede necesitar un alivio del estrés. Un breve descanso, ejercicios de respiración consciente o un breve paseo al aire libre, o incluso 10 minutos de estiramiento suave harían maravillas para restaurar la energía.

6 p. M. A 12 a. M.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la melatonina, la hormona que regula nuestro ciclo de sueño. La melatonina se libera naturalmente en nuestro cuerpo entre las 9 y las 10 pm, lo que nos indica que es hora de prepararse para dormir, así como también para reparar y restaurar.

Y este es el meollo del problema que enfrentamos hoy: según un estudio patrocinado por la Agencia de Protección Ambiental, el estadounidense promedio pasa más del 90 por ciento de su tiempo en interiores. Entonces, durante el día, no hay suficiente exposición a la luz brillante, y luego, por la noche, estamos recibiendo demasiada exposición a la luz artificial. La luz azul de la electrónica suprime la liberación natural de melatonina porque le indica artificialmente a nuestro cuerpo que todavía es de día.

Ambos tienen la consecuencia de hacer que los ritmos naturales de nuestro cuerpo se desincronicen, lo que tiene serias repercusiones en nuestra salud física, mental y emocional. Los suplementos de melatonina pueden ayudar (muchas personas los toman para contrarrestar el desfase horario cuando viajan o para contrarrestar el insomnio), pero es mejor tener mucha exposición a la luz solar natural durante el día y limitar el uso de dispositivos por la noche, al menos un par de horas antes de acostarse. Cenar temprano, idealmente antes de las 8 pm, también ayuda al cuerpo a relajarse y prepararse para un descanso y sueño oportunos.

12 a. M. A 6 a. M.

El cuerpo se repara, restaura y se recarga naturalmente mientras dormimos por la noche. Es un sistema de limpieza incorporado y autorregulado con la función de erradicar desechos y toxinas. El hígado neutraliza sustancias nocivas como el alcohol, los medicamentos o las sustancias químicas que se encuentran en nuestros alimentos. La función del hígado cambia de producir bilis para ayudar en la digestión a eliminar toxinas de 10 p.m. a 3 a.m. A esta hora de la noche, nuestras células cerebrales también se reparan y recargan, eliminando cualquier acumulación inútil de las células cerebrales.

Este trabajo de restauración ayuda en la formulación adecuada de la memoria y nuestra capacidad de pensar con claridad a la mañana siguiente. Como resultado, nos despertamos renovados y recargados, listos para afrontar otro día.

Trate de inculcar el hábito de dormir antes de la medianoche, lo que le dará al cuerpo el descanso necesario que requiere para desintoxicarse adecuadamente y recargarse para el día siguiente. Resista ese impulso de quedarse despierto hasta altas horas de la madrugada.

El problema al que nos enfrentamos hoy como sociedad es que los ritmos naturales de nuestro cuerpo no están sincronizados debido a un total desprecio por los relojes naturales. Existe una necesidad imperiosa de aprovechar el poder del ritual y la rutina, reconociendo que las prácticas sagradas de nuestras generaciones pasadas deben ser honradas.

Debemos diseñar nuestro día de acuerdo con el reloj ayurvédico o circadiano, o mejor aún, con ambos relojes. Quizás para que parezca menos abrumador, comience con pequeños pasos como intentar irse a la cama un poco más temprano, levantarse más temprano y luego agregar pequeños cambios progresivamente: unos minutos de soledad, meditación y estiramientos de yoga al principio o al final de la sesión. día y tener una comida abundante en algún lugar intermedio.

Miro a mis hijos hoy, que comen cuando les da la gana, duermen tarde y se despiertan tarde, y gracias al estilo de vida COVID-19, han perdido cualquier apariencia de rutina de su mundo en línea.

Y, sin embargo, tengo la esperanza de que, en algún lugar de lo más recóndito de su mente, se esté registrando la rutina de su madre. Y así como llegué a apreciar la sabiduría detrás de las prácticas diarias de mis abuelas y mi madre, con el tiempo ellos también lo harán.

 

Mahein Kazi  

Mahein nació y se crio principalmente en Pakistán y se mudó a Alemania después del matrimonio. Su interés por los idiomas extranjeros la llevó a estudiar alemán, que luego enseñó como lengua extranjera. Verdaderamente una ciudadana global, ha vivido en Pakistán, Estados Unidos, Alemania y los Países Bajos, antes de establecerse en Canadá con su esposo y sus tres hijos. Completó su título de honor en Ciencias Cognitivas.

 

https://www.elephantjournal.com/2021/03/realigning-ourselves-with-nature-using-the-circadian-clock-to-maximize-our-health-well-being-mahein-kazi/