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martes, 12 de octubre de 2021

LIGEROS DE EQUIPAJE- Enrique Martínez Lozano

Cuando alguien se vive en profundidad, comprende que todo es gracia; esa comprensión se transforma en gratitud y se manifiesta en gratuidad.

Quien sabe que todo lo ha recibido gratis, deja que todo fluya a través de él.

 Esto no significa demonizar el dinero ni renunciar a una remuneración adecuada, aunque impide hacer “negocio”, particularmente con todo lo que tenga que ver con la espiritualidad.

 La vivencia espiritual hace posible vivir la experiencia de estar siendo recibido y regalado en permanencia. De ahí brotan una actitud y un comportamiento caracterizados por la desapropiación -en la que insiste el texto que estoy comentando y que han recalcado todos los maestros y maestras espirituales-, un rasgo diametralmente opuesto a la pulsión acaparadora que rige en nuestra cultura.

 La espiritualidad permite pasar del tener al compartir, del poder al servir, del tener al ser. Y todo ello, no en virtud de un imperativo ético, sino como fruto de la comprensión.

 La comprensión profunda -otro sinónimo de la espiritualidad- se despliega en una triple dirección, que puede resumirse en tres palabras: plenitud, fluir y fraternidad.

 Regala una vivencia de plenitud, porque permite comprender y saborear lo que realmente somos, más allá del yo en el que temporalmente nos experimentamos.

Somos pura presencia consciente -plenitud de presencia-, y lo saboreamos en el silencio de la mente.

Espiritualidad es experiencia de plenitud.

  A partir de ahí, comprendemos que la vida fluye a través de nuestra “forma” o persona concreta.

No tenemos la vida ni nos la apropiamos, sino que permitimos que fluya en nosotros, a la vez que aprendemos y agradecemos el hecho de vivirnos como cauce, que busca ser cada vez más limpio y desapropiado.

Espiritualidad es vivir diciendo sí a lo que la vida nos trae.

 En paralelo, la misma comprensión que nos ancla en el centro donde experimentamos la plenitud nos hace ver que ese centro es compartido con todos los seres, que la identidad es común.

La consecuencia es clara: todo otro soy yo; más allá de nuestras diferencias, somos lo mismo.

Por tanto, si todo otro es no-otro de mí, la fraternidad constituye una dimensión constitutiva de lo que somos.

Espiritualidad es fraternidad.

 Plenitud, fluir, fraternidad: brotan de la comprensión y vivencia de lo que somos, implican un proceso de desidentificación del ego y dejan en la persona un sabor de gratuidad.

 

¿Qué produce en mí la vivencia espiritual?

 

 Enrique Martínez Lozano

Enrique Martínez Lozano (Guadalaviar, Teruel, 1950) es psicoterapeuta, sociólogo y teólogo. Es autor de varios libros y se halla comprometido en la tarea de articular psicología y espiritualidad, abriendo nuevas perspectivas que favorezcan el crecimiento integral de la persona. Su trabajo asume y desarrolla la teoría transpersonal y el modelo no-dual de cognición. 

martes, 28 de septiembre de 2021

No sigas negando tu Luz...

Pareciera que dos fuerzas opuestas tiraran de ti
y te sientes atascado en una especie de desierto,
en una profunda indecisión,
en una noche oscura que parece durar demasiado.
No quieres volver atrás y no te atreves a seguir caminando.
No sabes qué es peor... si considerarte el dios de este mundo,
o una simple sombra sin poder.
 
Quizá sea el momento de poner tu atención
en lo que hace saltar de alegría a tu corazón
en lugar de lo que lo hace palpitar de miedo.
 
 
 
Quizá te ayude evocar
lo que trae lágrimas de gratitud a tus ojos
en lugar de aquello que provoca lágrimas de desconsuelo.
Quizá te convenga recordar que
no estás solo en este desierto.
 
Algo en ti ni se ha inmutado
por todas las fantasías que fabrican el tiempo.
¿Cómo iba a ser tu Ser algo temible para ti?
De verdad ¿existe la oscuridad
o más bien es la ausencia de luz la que le da realidad?
 
No sigas negando tu Identidad.
No sigas negando tu Luz.
Es hora de salir de ese limbo nebuloso
al que solo tu negación da consistencia.
 
Confía en el Amor que te alumbró.
Él Mismo es tu guía en este camino.
Aunque solo sea por un instante... vacíate,
confíale tu indecisión,
vuélcate en Él.
 
Deja que la Gracia toque tu corazón
 y ya no quedarán argumentos
que te tienten a seguir ignorando
lo que no necesita razón alguna para Ser lo que ya Es.
 
Teresa Cañal

sábado, 2 de enero de 2021

Cultive la gracia - Donna-Eden

 

Las enseñanzas de todas las tradiciones espirituales nos permiten vislumbrar el poder y la compasión de Dios y la dimensión de los milagros. Las verdades universales pueden ayudarle a contemplar la vida como un río eterno y un poder infinito.

Cuando tratamos de tocar la energía de lo Divino, ascendemos simbólicamente a la cima de una montaña, como Abraham cuando llevó a Isaac a la cima del monte Moriah, Moisés en el monte Sinaí, o Jesús durante su Transfiguración en el monte Tabor. El significado simbólico de ascender por una montaña es el de emprender un viaje con el fin de contemplar un mundo mayor que nosotros, ver más allá de lo que nunca antes hemos visto. Al llegar a la cima de la montaña, preguntamos: «¿Puedo recibir la plena magnitud del poder que llevo dentro? ¿Podré conservar la intensidad de mi concentración y mi visión de la curación una vez que haya abandonado la cima de la montaña, desde la que distingo el paisaje del alma y la eternidad?»

El espíritu necesita alimento para regenerarse, al igual que la mente y el cuerpo. Reúna el valor necesario para actuar inspirándose con las historias de sabiduría de quienes modificaron sus vidas para siempre por medio de la acción, penetrando sin miedo en la noche oscura del alma. Deléitese con la sabiduría de las tradiciones que no le son familiares: lea las leyendas del hasidismo o explore la cabala; entreténgase con las parábolas sufí o la poesía de Rumi; estudie los sermones de Buda o las sencillas enseñanzas de Thich Nhat Hahn; examine los escritos de místicos, desde los Padres Cristianos del Desierto hasta los textos de Upanisad, muchos de los cuales están disponibles.

Estas historias no siempre tienen un sentido lógico; es más, probablemente son más eficaces debido a ello, porque poseen una belleza y un poder interior que trasciende el pensamiento racional.

A medida que usted asimila verdades e historias que alimentan el espíritu, sentirá que en su interior se libera una energía. Es una energía que resuena con la verdad universal y le guiará hacia la unidad con su mundo. Esta energía sólo puede llamarse «gracia». Es una fuerza vibratoria de tal potencia que es capaz de, en un instante, arrancarle de sus presentes circunstancias. Le transmitirá la percepción de que no existe nada que usted no sea capaz de afrontar y que todo se resolverá favorablemente, al margen de resultados particulares. El Yehudi, un rabino hasídico que murió en el siglo XIX, relató la historia de un ladrón que al hacerse viejo y no poder seguir practicando su «profesión» se moría de hambre. Un hombre rico supo de sus cuitas y le envió comida. Tanto el hombre rico como el ladrón fallecieron el mismo día. En la corte celestial juzgaron en primer lugar al hombre rico, quien fue considerado culpable de numerosas faltas y enviado al purgatorio. Pero cuando se disponía a entrar en él, apareció un ángel y le llevó de nuevo ante el tribunal, el cual informó al hombre rico que su sentencia había sido revisada. El ladrón a quien él había ayudado en la Tierra había robado la lista de sus pecados.

Por supuesto, la gracia no siempre es una fuerza obvia. Se presenta de muchas formas, algunas sutiles y mundanas, otras poderosas y transfiguradoras. En ocasiones la gracia se manifiesta como sincronía: su energía une a la gente o a los acontecimientos de una forma tranquilizadora, eficaz o espectacular cuando más se necesita y menos se espera. En otras, la gracia es la energía que de pronto nos ilumina, dotándonos de comprensión y permitiendo que vislumbremos lo que antes no habíamos percibido. La gracia también puede transportarnos a un estado de conciencia alterada en la que nos sentimos llenos de una insólita energía: una combinación indescriptible de amor, esperanza y valor. La gracia, que también es protectora, puede convertirse en un escudo que nos rodea en ciertas situaciones peligrosas: nos permite sobrevivir a un accidente de carretera en el que pudimos habernos matado; nos conmina a regresar apresuradamente a casa para descubrir que nos habíamos dejado la estufa encendida; nos hace encontrarnos con un «extraño» que nos ofrece ayuda en el momento que más la necesitamos. La gracia no opera según las leyes del tiempo lineal; por este motivo una enfermedad o una crisis vital que llevaría años curar o resolver sana en un tiempo extraordinariamente breve.

Si cree usted que los milagros no les ocurren a las personas comunes y corrientes, o que estas historias son exageradas, permita que le relate un caso que me ocurrió a mí. Satya Sai Baba fue un santo viviente de la India que, según dicen, era capaz, entre muchas otras cosas, de hacer que se materialicen objetos, desde cenizas sagradas hasta piedras preciosas, de forma inesperada y misteriosa. Esta facultad se conoce con el término sánscrito de vibkuti, que significa «revelación» o «poder». Hace unos años, en Findhorn, comprobé que me costaba mantener el equilibrio. La situación empeoró hasta el extremo de que, un día, desesperada, recé antes de acostarme una oración a Sai Baba: «Necesito vibhuti, urgentemente. Tengo un problema grave.» A la mañana siguiente, recibí un paquete de una persona en Copenhague a la que había conocido hacía cinco años y de quien no había vuelto a tener noticias; el paquete contenía un tubito lleno de cenizas, con una etiqueta que decía: «De Satya Sai Baba.» Dado que el correo desde Dinamarca hasta Escocia suele tardar varios días, la respuesta a mi oración debía estar de camino antes de que yo pronunciara la oración. Yo no sabía qué hacer con las cenizas, de modo que saqué una pizca y, como soy ex católica, me la apliqué en la frente. Al cabo de unas horas de haber recibido el vibhuti, recuperé el equilibrio y no he vuelto a tener ese problema.

A menudo la gente me pregunta si creo que la gracia puede salvar la vida de una persona. Es imposible demostrarlo, pero yo he llegado a convencerme de ello debido a los numerosos relatos de personas que han presenciado la intervención de la energía divina en sus vidas. Uno de esos relatos se refiere a un hombre llamado Steven. Había contraído un caso agudo de urticaria interna y externa debido a una medicación que había usado sin saber que era alérgico. La urticaria comenzó como una pequeña irritación cutánea y se extendió por todo su cuerpo. Al cabo de unos días, Steven sospechó que era alérgico a algún producto, pero no se le ocurrió pensar que fuera la medicación. Revisó la comida, el jabón que utilizaba y los tejidos de sus prendas. Mientras la urticaria seguía extendiéndose por su cuerpo, Steven desarrolló otros síntomas. Cada noche le subía la fiebre y, durante el día, se sentía muy débil. Estaba hinchado, debido a la retención de líquidos. Unos días más tarde la fiebre persistía y Steven se sentía tan postrado que no podía caminar. Los pies se le hincharon hasta el punto de no poder calzarse.

Una mañana, durante la fase más aguda de su dolencia, Steven oyó una voz que le despertó y le dijo que acudiera al hospital porque se moría. Luego la voz le dijo que respirara lenta y profundamente, llenándose los pulmones de aire. Steven visualizó la imagen de un maestro de yoga dirigiéndole durante un ejercicio. Steven era cristiano, y aunque sabía lo que era el yoga, nunca había aprendido ni practicado esa disciplina. Llamó a un amigo y le pidió que lo llevara al hospital de inmediato. Durante el camino, Steven siguió respirando como le había ordenado la voz y cada vez que cerraba los ojos visualizaba al maestro de yoga.

Steven llegó al hospital semiconsciente. Lo trasladaron a la sala de urgencias, donde le administraron una inyección de esteroides. El médico le dijo que había contraído un caso casi terminal de urticaria interna y externa, y que todos los órganos de su cuerpo y la piel estaban hinchados. También le informó que, si no hubiera acudido al hospital, a las pocas horas probablemente habría muerto.

—Yo nunca me había interesado por el yoga, ni por ninguna enseñanza o práctica de la tradición hindú —me explicó Steven posteriormente—. Yo creía que el yoga era un ejercicio físico, no una práctica espiritual. Y jamás pensé que la respiración fuera otra cosa que un medio para mantenernos vivos. Ahora practico el yoga de forma regular, aunque ya no veo al maestro cuando cierro los ojos. Tengo un maestro «normal», pero todos los días me pregunto:

«¿Por qué vi a un yogi? Yo ni siquiera creía en esa tradición. ¿Cómo es posible ? Jamás olvidaré esa experiencia. Cambió mi vida, más que esto, me la salvó.»

Comprendo que muchas personas se muestren un tanto escépticas ante historias como la de Steven; durante un tiempo ni yo misma las creía. Pero me han ocurrido tantas cosas inexplicables, que mi escepticismo se ha desvanecido.

La gracia también puede considerarse como una energía que nos envuelve como una suave manta cuando necesitamos consuelo, y nos infunde la sensación de que sean cuales fueren los obstáculos que nos rodean, éstos desaparecerán en el momento preciso. La gracia es una fuerza irrazonable; no tiene en cuenta lo que nosotros consideramos dificultades. Tiene el poder de transportarnos más allá de nuestras facultades y ofrecernos apoyo en el momento en que lo precisamos. Cuando se produzcan esos momentos, pregúntese, mientras da gracias por lo que ha recibido, si el poder que propicia la aparición de las personas idóneas o las fuerzas idóneas es la energía de la gracia. Yo creo que sí.

Cada situación en su vida ha sido creada con la energía de la gracia. Preste atención, no sólo a los momentos extraordinarios sino también a los ordinarios, y reconozca que detrás de esos acontecimientos se encuentra la energía divina. A menudo nos resulta tan difícil tener fe en lo que experimentamos como creer en una fuerza invisible.

 

Del libro Medicina-Energética de Donna-Eden    

lunes, 15 de junio de 2020

La fuerza y la gracia de la enfermedad física - Miranda Macpherson

Traducido con Amor desde...https://www.mirandamacpherson.com

 

La vida contiene todo el espectro de experiencias que van desde las más exquisitas hasta las más difíciles. Sin embargo, cada experiencia tiene el potencial de generar una sabiduría más profunda, si la incluimos como parte del camino del despertar.

Tres años después de un poderoso despertar que cambió el curso de mi vida, me arrodillé con una grave lesión en la columna vertebral, que parece no responder a un tratamiento alopático o alternativo. Sentí que, de alguna manera, esta era una etapa importante del proceso de integración, sin embargo, me tomó toda mi fuerza y ​​determinación aprovechar esto como parte de mi pedido para vivir la Gracia.

Rendirse a las invitaciones la vida nos trae sonidos muy fáciles, pero el dolor físico, del tipo que te despierta en medio de la noche, drena tu energía día tras día, dura años y parece no responder a ningún tratamiento, puede ser muy difícil, no importa cuán espiritualmente maduro seas. Tuve que aprender a abrirme al dolor y practicar la relajación del ego de manera más sustancial con los temores y la resistencia que surgían de mi mente cuando el dolor era más de lo que podía soportar. La marea tardó cerca de un año en cambiar, pero recuerdo el día en que mi postura comenzó a abrirse, estaba de pie sin tratar de hacerlo, y había un nuevo vigor, un vivo temblor en el interior. De repente, quería movimiento, más respiración y la satisfacción felina de un estiramiento profundo.

En todo esto, llegué a reconocer lo que significa dejar que la Gracia encarne, se actualice y viva en la carne de nuestro vehículo humano que es mucho más de lo que parece. Sintiendo mi pelvis estable pero ya no fusionada, mi espalda media respirando como si hubiera un pie extra de espacio dentro de mi corazón, y una fluidez de presencia fluyendo desde mis pies, a través de mi torso hasta la parte superior de mi cabeza, comencé a reflexionar sobre lo que había ayudado a esta transformación que me permitió una encarnación más profunda.

 Rendirse a lo que es:

En mi viaje de curación, claramente estaba siendo invitada a rendirme al dolor, permanecer presente con la impotencia que rodeaba el dolor, estar realmente con la incertidumbre de si esto mejoraría alguna vez. De alguna manera, tuve que renunciar a mi apego a cualquier resultado en particular, sin embargo, sin darme por vencida, aceptando donde sea que terminara y confiando en que de alguna manera todo se estaba desarrollando en una dirección beneficiosa ... incluso si eso significaba que mi condición no cambiara. Tuve que escuchar mi propia brújula interna, siguiendo los consejos a menudo contradictorios de médicos, osteópatas, quiroprácticos, sanadores, sin pensamientos de miedo.

En silencio, podía escuchar susurros desde dentro, una voz de sabiduría que me recordaba confiar en el proceso. Esto hizo eco de la guía que escuché al comienzo de ese gran cambio en mi vida, en los meses posteriores al despertar que vino en la cueva de Ramana Maharshi que requirió una rendición total de todo lo que sabía, incluido mi propio sentido de identidad. Comencé a ver este viaje físico a través de una lesión de la columna vertebral como parte de ese continuo, una integración visceral para que la comprensión de este profundo cambio de identidad pudiera aterrizar más plenamente en esta vida humana.

Apertura con todo nuestro ser:

Como una serpiente que necesita deshacerse de una piel vieja, mi estructura física misma necesitaba liberarse de los grilletes obsoletos, abrirse y reconstruirse para permitir que la sabiduría fluya por todo el mundo. ¿Qué aprendí? Principalmente, la importancia de una escucha profunda y humilde con todo nuestro ser, y una nueva apreciación de cómo nuestro cuerpo mantiene inconsciente a la mente. El dolor de espalda me invitó a explorar la dimensión de nuestro ego que no es solo la percepción de separación, no solo pensamientos de miedo, falta, culpa, sino también patrones de estrés y contracción en los cuerpos físico y sutil. Aprendí más sobre el agarre físico y energético de nuestro ego, y la amabilidad con que realmente se necesita dejar ir. Aprender a manejar el dolor agudo y abrirme a sus misterios, me llevó a un contacto más profundo con los momentos más vulnerables de mi vida, invitándome a practicar la relajación del ego hasta mis huesos. Simplemente ablandando, abriendo, permitiendo, escuchando, confiando ... sin abandonarme, no importa cuán intenso fuera el dolor.

'¿Qué quiere que se cumpla?'

En el camino conocí capas sutiles de mi propia estructura del ego que se contrajeron a una edad muy temprana. Experiencias que había perdonado y entendido espiritual y psicológicamente, pero de alguna manera mi cuerpo no se había descomprimido por completo. Tuve que sumergirme en mi propia carne y enfrentar el impacto celular de los recuerdos más jóvenes en los que me había sentido tan sola.

No es suficiente solo ver a través de nuestros patrones de ego, tuve que dejar que la gracia penetrara a través de ellos. De la misma manera que no puedes convencer lógicamente a un animal asustado de que está a salvo contigo, descubrí la importancia de sentir y permanecer con lo que es. Sentir los patrones de dolor requería una paciencia más profunda, abriéndose a esa aparente brecha entre el refinamiento de los reinos ilimitados de la conciencia mientras se aprende a incluir y habitar este imperfecto cuerpo humano.

Sentir la conciencia de mi dolor de espalda me mostró la importancia de no abandonarme en el reino vertical, sino de abrazar verdaderamente mi propia humanidad animal y apreciarla.

Despertar en los lugares más vulnerables:

Un momento decisivo llegó cuando vi la sutileza de mi propio abandono.

Había tomado una actitud tan buena ante todo este proceso, indagando diligentemente a través de las capas de cierre que el dolor me llamó la atención, mientras me sometía físicamente a varios tratamientos, ninguno de los cuales parecía hacer mella en mi situación. Sin embargo, en cierto nivel, todavía suponía que tenía que curarme. Al reflexionar sobre las opciones de tratamiento que aún no se han probado, encontré una ola de ira que surgía dentro de mí. No se proyectó en nada ni a nadie. No es una historia de víctima o un rechazo de la experiencia actual. Había cruzado algún umbral y mi conciencia gritaba 'arrggggggghhhhhhhh, ¡suficiente!'

Practiqué todo lo que comparto con otros en esto: enfrentar los fenómenos de la ira con curiosidad, con la respiración, con la confianza en el proceso más profundo, el amor a la verdad y la voluntad de ver la realidad más profunda de esto. La ira estalló 48 horas más tarde, dando paso a una admisión muy vulnerable de mi propia necesidad de ser humano de alguien con suficiente conocimiento para guiar mi proceso de tratamiento. Finalmente le dije esto a mi osteópata. Mientras estaba acostada en su mesa, las lágrimas corrían y mi cuerpo temblaba, dije: ' ¿Sostendrás mi proceso de curación? No puedo navegar esto sola '. Ella no dijo una respuesta, y no necesitaba un sí o un no. Necesitaba ponerme en contacto con mi propia necesidad de apoyo humano y hablarle a alguien en quien confiaba que tenía suficiente comprensión. Deje espacio para ello.    

Encarnando la Gracia dentro de lo ordinario:

Desde ese momento, comencé a sanar. Ahora, parece que literalmente hay más espacio en mi columna vertebral. Sorprendentemente, he crecido media pulgada de alto. Ya no tengo dolor. Estoy más completamente aquí, más profundamente en mis huesos, con la apreciación de la espiritualidad inherente de los asuntos cotidianos. Estoy aprendiendo a responder correos electrónicos como si la gracia misma estuviera leyendo y respondiendo, equilibrando mi talonario de cheques en agradecimiento por el acto de amor, realmente es reunir apoyo al nivel de supervivencia básica. Cómo cada acción ordinaria es una invitación a una realización más completa, y podemos aprender a relacionarnos con ella como tal. He aprendido a hacerme amiga de este cuerpo. A amarlo como es. A aceptarlo. A tratarlo con amabilidad.

Ya no me importa si este cuerpo encaja en mis viejos jeans, estoy tan feliz de que este dolor se fuera sin haber sido rechazado y pueda disfrutar el regalo de la vida ordinaria. Mi cuerpo se siente claro y abierto, y soy plenamente consciente de que no es el esfuerzo de mi ego lo que provocó la curación. Alguna inteligencia más profunda que vive en esta nave simplemente sabe qué hacer, y estoy agradecida.

Ahora, mientras veo a una anciana luchando por cruzar la calle en su andar, hay tanta compasión, empatía por cosas que antes no entendía directamente. Apreciación por lo vulnerables que somos al recuperarnos de una enfermedad o simplemente por el envejecimiento. Qué increíbles maestros pueden ser nuestros propios cuerpos. Cómo podemos ser tan bellamente enseñados por nuestro sufrimiento. Cómo incluso en lo más difícil de nuestras vidas está realmente la mano de la gracia, que nos conduce a una humildad más profunda, para que nuestras vidas puedan generar la sabiduría de la que todos nos beneficiamos.

Nacida en Australia, Miranda Macpherson es una maestra espiritual, mística moderna y autora. Es reconocida internacionalmente por su profundidad de presencia y su capacidad

como guía hacia la experiencia directa de lo Sagrado

https://www.mirandamacpherson.com/articles/the-grit-and-grace-of-physical-illness/

lunes, 25 de mayo de 2020

La Gracia y los Milagros en el Nuevo Pradigma

La Gracia


El proceso de desarrollo espiritual no puede tener lugar sin la ayuda de la Gracia. El ser humano es ayudado desde las dimensiones de más alta vibración para que sea capaz de disolver su ignorancia (ego). No se puede trascender el ego sólo desde el ego. Es la verdad la que disuelve la ignorancia, ésta no se trasciende a sí misma.

Si una persona tiene fe religiosa, entenderá la Gracia como un don divino que emana hacia ella con asistencia redentora. Si no la tiene, podrá entender la Gracia como la “atracción energética” que las dimensiones superiores —de más alta vibración— ejercen sobre las de más baja vibración para el cumplimiento del propósito del Universo. Se entienda como se entienda, la Gracia existe.

Esta nueva información produce beneficios a los dos tipos de personas. A la primera, la persona con fe, la ayuda a verificar externamente su creencia y a poder ofrecer información a más tipos de mentes cuando es solicitada. A la persona sin fe la ayuda a “espiritualizar” su pensamiento y a empezar a utilizar esa ayuda.

La Gracia es una atracción constante y permanente, disponible para todos. Su fuerza no está limitada por quien la transmite, sino por los bloqueos de sus receptores. Imagínese un globo aerostático: una vez que se llena de gas caliente, tiende a elevarse; se impide atándolo al suelo con estacas. La Gracia sería como el gas caliente, una “fuerza” que impulsa a los seres humanos a elevarse. Los apegos y limitaciones mentales serían como las estacas.


La experiencia personal del milagro.

¿Qué es un milagro? san Agustín decía: «No hay milagros contra las leyes de la naturaleza, sino contra lo que conocemos de las leyes de la naturaleza». Tenía razón. Para precisar más, se puede decir que los milagros parecen estar fuera de las leyes conocidas de la naturaleza; pero no están fuera de las leyes del Universo, o no ocurrirían.

En el Evangelio, Jesús hizo estas dos afirmaciones: «Cosas más grandes haréis vosotros» y «Si tuvierais fe, moveríais montañas». Otros Maestros Espirituales han dicho y dicen cosas parecidas. Cualquier ser de la dimensión decimonovena en adelante, según el modelo o “mapa” anterior —se les puede llamar “ángeles”, “arcángeles” o “maestros inmortales”, o como se quiera, porque el nombre no va a cambiar lo que son y a ellos no les importa— puede realizar, en el mundo de la materia, acciones mucho más grandes que convertir el agua en vino o mover una montaña. En definitiva, que sea agua o vino depende de cómo se “colapse” la función de onda del electrón.

La evolución del alma en el reino humano no termina hasta que se aprende a manipular la materia. Eso ocurre aproximadamente en el sexto nivel de consciencia humana, según la escala de Schmedling. En ese nivel vibratorio ya se posee suficiente energía e información para manipular la materia. Hasta entonces, la Consciencia colapsa el electrón por la persona, para que ésta pueda tener las experiencias adecuadas de destino. No se manipula la materia desde la materia, sino desde lo sutil. Lograr “hacer” milagros, como todo lo demás, depende del nivel de consciencia y de su correspondiente frecuencia vibratoria.

Los milagros no se hacen desde el ego, y no son personales. Ocurren cuando el inductor se funde con la energía de la fuente universal y se convierte en el instrumento perfecto para que esa energía transforme la materia. Los milagros provienen de esa fuente, no del instrumento. Ocurren “fuera” de la percepción de los sentidos y, por ello, no son reconocidos, o bien son descartados como “suerte” o como algo accidental.

Sin embargo, hay investigaciones científicas acerca de milagros como los de Lourdes, los estigmas, la incorruptibilidad de los cuerpos de algunos santos y místicos, etc. Hasta ahora no se disponía del contexto para reconocerlos y comprenderlos mejor. Carl Jung propuso el término “sincronía” para referirse a ellos. La certeza en su existencia y la rendición a la Fuente parece facilitar su manifestación (Lynne Mctaggart, “The Intention Experiment”).

Se describirá a continuación un posible contexto desde el que lo dicho puede comprenderse mejor: cuando el nivel de consciencia se aproxima a los niveles de 570 en la escala de Hawkins —por intentar situarlo en algún punto aproximado que la mente humana pueda entender—, muchos fenómenos, inexplicables mediante la lógica o el análisis causa-efecto, empiezan a ocurrir. Acompañan de alguna forma al campo espiritual personal, y ocurren más por causa del campo mismo que por volición. En la literatura sánscrita se les llama siddhis, y se refieren a poderes místicos o sobrenaturales inexplicables mediante la lógica lineal.

Estos siddhis empiezan a aparecer de forma esporádica, pero se vuelven más frecuentes según aumenta el desarrollo espiritual, hasta acabar siendo continuos. Pueden producir transformaciones inexplicables, sanaciones físicas y otros fenómenos semejantes. Los siddhis no están bajo un control “personal”; son emanaciones del campo espiritual; son la manifestación del poder no lineal más la intención, que activa la potencialidad lineal.

Con el aumento del nivel de consciencia, lo milagroso se convierte en una nueva realidad en la cual lo que en apariencia es imposible se manifiesta sin esfuerzo, como si estuviese orquestado. Esto permite a las personas llevar a cabo un cambio mental respecto a sus actuaciones. Aprenden de este modo a actuar concentrándose en el proceso y “soltando” los resultados, lo cual contribuye enormemente a mantener la paz. Al actuar, sólo se puede controlar el proceso: « ¿He dado lo mejor de mí? ¿Ha sido pura la intención? ¿Me he preparado bien? ¿He utilizado herramientas de sabiduría?». Eso es todo lo que se puede hacer, y lo que determina si las propias acciones están dentro de la Ley —y, por lo tanto, ayudan a la persona a evolucionar— o no.

En definitiva, los resultados siempre quedan en manos de Dios. Puede ocurrir que el individuo actúe con la intención de conseguir un cambio evolutivo en algún lugar; pero el Universo puede necesitar retrasar ese cambio para facilitar procesos de evolución no completados. La comprensión de esta idea libera a la persona de la frustración. Por lo tanto, es necesario aprender a actuar “soltando el resultado”, es decir, a actuar en paz. Siempre que exista alguna intención de controlar el resultado de la   acción, ésta irá acompañada de un cierto grado de ansiedad.

Otro aspecto que ayuda en el crecimiento es actuar “como si”; si se quiere ser luz, se debe comenzar a actuar como lo hace la luz. Aunque todavía no se haya alcanzado internamente el nivel al que se aspira, actuar “como si” se hubiera llegado a él facilitará mucho la labor. Ante la
duda de qué hacer en una situación determinada, sirve de ayuda preguntarse: « ¿Qué haría Jesús, o Buda, o Gandhi ante esta misma situación?». Está claro que todavía no somos ellos, y no hay que sentirse culpables por no poder actuar como tales, pero siempre es posible hacerse esa pregunta. La respuesta mostrará el trabajo que todavía queda por hacer, y traerá claridad a la propia mente.

 En el Gita, cuando comenzó la batalla de Kurukshetra, Krishna le dijo a Arjuna: «No dejes que los frutos de la acción sean tu objetivo, y no te apegues a la inacción». Cuando se vaya a actuar es necesario recordar que existen dos lugares energéticos internos desde los que se pueden hacer las cosas: el lugar del “elijo hacerlas” y el del “tengo que hacerlas”. Es posible verificar rápidamente, en la propia vida, que el “tengo” causa un gran gasto de energía vital. Además, produce un bloqueo energético en algún nivel, y como consecuencia de ello será más difícil obtener buenos resultados. Sin embargo, cuando se actúa desde el “elijo hacerlo” no habrá gasto de energía y los resultados serán satisfactorios, porque se está actuando desde el lugar energético que fluye con la Ley.

Al intentar romper hábitos o patrones negativos, el “elijo” también ayuda mucho más que el “tengo que”. Hace falta mucha energía para romper con esas situaciones; si no, la fuerza de gravedad ganará. La costumbre de poner la intención continuamente detrás de algo hará que aumenten las posibilidades de manifestación de ese algo, y según se vaya verificando dará más confianza seguir haciéndolo.

 

Del libro “¿UN NUEVO PARADIGMA DE LA REALIDAD? De Gonzalo Rodríguez Fraile

sábado, 9 de noviembre de 2019

Cultivando la gracia - Marc Winn

Traducido con Amor desde… http://theviewinside.me

¿Cómo transformo mi propio sufrimiento en gracia? Esta es lo que más me pregunto, en este momento.

Cuando crecía, recuerdo que mi mamá solía decir: "Dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para saber la diferencia".

A medida que envejezco me doy cuenta de que cada vez más puedo cambiar mi relación con el mundo a través de una transformación en mi percepción de lo que sucede en la vida.

Hay una diferencia entre el dolor que sentimos y el sufrimiento que puede acompañarlo. El dolor es una parte muy real de la vida, y es inevitable, pero he aprendido que el sufrimiento mental que a menudo lo acompaña es muy opcional. He aprendido a hacerme amigo de mi propio sufrimiento y a ver lo que tiene que enseñarme. Esto implica un elemento de aceptación y concesión.

Cada vez que percibo mis luchas en la vida, trato de mantener la perspectiva y ver cómo puedo cultivar la gracia a su alrededor. Siempre hay otras personas en el mundo que pasan por muchas más dificultades, con mucha mayor facilidad. Y cuando me doy cuenta de que estoy sufriendo, observo a aquellas personas que, en situaciones sumamente difíciles, aún logran encontrar la gracia que yo no puedo. Ese marco de visión usualmente me abre el camino para que lo encuentre, en mí mismo.

Reconozco que, en momentos de confusión interna y caos, mis habilidades disminuyen para juzgar bien y crear mejores resultados. También soy consciente de que la energía detrás de cómo hago las cosas se vuelve más importante para mí y, como es de esperar, influye fuertemente en mi capacidad para progresar.

He desarrollado una práctica diaria de rendirme a lo que surja y aprender a encontrar la paz interior, sin importar lo que suceda. El cultivo de ese proceso de simplemente aceptar y permitir  lo es me ayuda a permanecer centrado. Me equilibra y me apoya, permitiéndome decir lo correcto en el momento correcto, más a menudo.

Requiere esfuerzo y práctica conscientes, y no siempre logro serenidad instantánea en todo momento. Este es un trabajo en progreso, ¡como lo testificará mi familia en particular! Sin embargo, es algo que estoy totalmente comprometido a mejorar. Los beneficios son muy claros para mí.

Pruébalo por ti mismo, y verás.

 

http://theviewinside.me/cultivating-grace/