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viernes, 8 de octubre de 2021

El problema con los problemas - Judy Lief

 Traducido con Amor desde...https://www.lionsroar.com

 

A medida que avanzamos en la vida, enfrentamos muchas alegrías y descubrimientos y muchos problemas y dificultades. Tenemos continuos altibajos. Con el tiempo, la mayoría de nosotros atravesamos altibajos económicos, altibajos en la salud, altibajos en las relaciones, todo tipo de altibajos. A medida que nos golpean, nos endurecemos y refinamos gradualmente, como rocas caídas en un arroyo. Cuantos más obstáculos encontremos y logremos sobrevivir y superar, más fuertes nos volveremos. Podemos aprender a ver las dificultades como oportunidades para despertar, no simplemente como obstáculos. La combinación de estudio y entrenamiento meditativo nos brinda herramientas para trabajar con lo que surge a medida que surge, ya sea bueno o malo, feliz o triste. Pero cuanto más aumentamos nuestra capacidad para lidiar con nuestros propios obstáculos,

En este mundo de dualidad, cada experiencia tiene su sombra. El deseo de que los demás sean felices y no sufran está marcado por el hecho de que a veces podemos ayudar, pero muchas veces no. Cuando nos enfrentamos al sufrimiento y no podemos solucionarlo, ¿qué hacemos con ese reconocimiento? ¿Cómo cultivamos la aceptación en lugar de la desesperación, la ira y la frustración? Aunque los tiempos son difíciles, es posible que tengamos una forma de trabajar con las dificultades, pero no siempre podemos decir lo mismo de aquellos que nos importan. Puede que tengamos dificultades y que no sea fácil, pero tenemos cierto grado de poder de gestionarlas y cuando cometemos errores podemos aprender de ellos. Después de haber pasado por dificultades antes, y de alguna manera haberlas superado, podemos sentirnos bastante seguros de que una vez más podemos ver nuestro camino. Lo que tenemos que trabajar está al alcance de la mano: nuestra propia mente, nuestras propias emociones, nuestro propio cuerpo, nuestros propios bloqueos y vacilaciones. Sabemos con qué nos enfrentamos y podemos aprovechar lo que hemos aprendido al enfrentar problemas similares en el pasado. Pero no tenemos control sobre otras personas. Aunque queremos lo mejor para nuestra familia, para las personas que amamos, no podemos simplemente hacer que suceda. Estamos indefensos. Podemos ser fuertes por los demás, pero no podemos hacer que otros sean fuertes.

Las luchas de las personas que nos importan pueden ser más difíciles de afrontar que nuestras propias dificultades. No es raro, por ejemplo, que una persona moribunda que ha llegado a un acuerdo con su propia mortalidad todavía esté muy angustiada porque le preocupa que su familia o seres queridos no tengan los recursos internos para hacer frente a lo que está sucediendo. Reconoce que su familia está atrapada en el miedo y la angustia, el dolor y la confusión, y no hay nada que pueda hacer al respecto. El hecho de que sea consciente de su propia situación y la esté afrontando lo mejor que pueda no ayuda. De alguna manera, eso incluso empeora las cosas, porque ve el contraste. Puede trabajar con su propia situación, pero no puede proteger a las personas que lo rodean ni eliminar su confusión. Y por mucho que le guste hacerlo, no puede simplemente transferir su comprensión a los demás. Entonces, además de enfrentar el dolor de morir, sufre la frustración de no poder ayudar a sus seres queridos, sin importar lo que usted mismo haya aprendido. Es tan solitario saber lo que está pasando y no poder arreglarlo. Pero no puede caminar por el camino de otro, y otro no puede caminar por el camino por usted. La realidad es que cada uno de nosotros es un viajero y viajamos completamente solos.

Este patrón se repite en muchos contextos. En el clima económico actual, muchas personas han perdido sus trabajos o temen que puedan hacerlo. El dinero es escaso y las perspectivas son escasas. Los ahorros están desapareciendo y las inversiones se estancan. Es un momento de apretarse el cinturón, de constricción, de prescindir, en el que muchas personas están recortando sus gastos, aquellos que tienen la suerte de tener gastos que van más allá de las necesidades básicas. Si ha vivido antes en momentos de auge y caída económicos, puede estar bastante seguro de que podrá sobrellevar otra ronda de circunstancias difíciles e incertidumbre. En mi propia vida he experimentado muchas condiciones económicas diferentes, y estoy agradecida por eso, muchas veces he vivido de cupones de alimentos y desempleo y también como propietaria de una casa de clase media. 

Es empoderador enfrentar la pobreza y la pérdida y no encontrarse destruido sino fortalecido por la experiencia. Pero incluso si puede resistir los cambios en su propia salud o su situación económica, eso no es suficiente. ¿Y sus hijos? ¿Y sus amigos? ¿Cómo lidia con el dolor de los demás? Ve a tanta gente luchando sólo para cubrir sus necesidades básicas y mantener a sus familias, trabajando hasta el punto de agotamiento, sin poder ahorrar ni un centavo y sin ver un final a la vista. Ve a la gente abatida por la presión de esforzarse tanto para tener éxito, pero que no consiguen nada más que una deuda más profunda. ¿Cómo no sentirse desesperado?

Es posible que esté preocupado por sus propios hijos, preguntándose si alguna vez escaparán de vivir de sueldo en sueldo, apenas sobreviviendo. Le preocupa que nunca alcancen el mismo nivel de vida que usted, por muy diligentes y trabajadores que sean. El deseo de ver florecer a sus hijos se enfrenta a la dura realidad de que no puede hacer que suceda. Quiere ayudar, pero sus propios recursos pueden ser limitados. E incluso si tiene recursos, puede ser muy difícil saber qué es realmente útil. Es como la historia de un niño que se encuentra con una crisálida y, conmovido por el forcejeo de la polilla en su interior, decide ayudarla a salir. Pero cuando el niño abre la cubierta, la polilla muere. Debido a que la polilla no tuvo que luchar para liberarse, sus alas no pudieron fortalecerse y madurar, por lo que no pudo sobrevivir.

Cuando mira más allá de su propia familia y amigos y de su propia situación inmediata, ve que hay un sinfín de problemas, un sinfín de cuestiones, un sinfín de crisis. Siempre habrá algo por lo que obsesionarse, siempre habrá alguien de quien preocuparse, siempre una razón para rendirse ante la inutilidad de hacer las cosas bien. El bucle de pensamientos de problemas y posibles problemas, problemas futuros y problemas recordados, puede apoderarse de su mente sin interrupción ni alivio. Y cuanto más le atrapa ese pensamiento, más congelado se siente.

Tal preocupación se alimenta de sí misma. Es una trampa que se perpetúa a sí misma. Podemos estar tan absortos en escenarios futuros aterradores que perdemos el contacto con lo que estamos experimentando aquí y ahora. La preocupación puede tener la cualidad perversa de hacernos sentir justos por lo que nos preocupamos tan profundamente, y no nos hacemos responsables de nuestras preocupaciones, pero convenientemente culpamos a los demás. Preocuparse por una persona puede mostrarle que nos importa, pero también le transmite nuestro sentido de superioridad y nuestra falta de confianza en su capacidad para manejar su vida. Con preocupación, en lugar de reconocer nuestra frustración en los límites de nuestro poder para ayudar, la convertimos en un incesante zumbido mental interno de pensamiento y ansiedad. Estamos obsesionados con todo lo que no podemos hacer, con pensamientos de impotencia. Se vuelve abrumador y no sabemos cómo cavar para salir.

En lugar de acumular todos los problemas que no podemos resolver uno tras otro hasta que tengamos una montaña gigante de imposibilidad,
podríamos adoptar otro enfoque. Al trabajar con las personas y sus problemas, podríamos aceptar que es posible que esos problemas nunca se resuelvan. La otra persona puede o no ser capaz de lidiar con su situación y es posible que nosotros podamos ayudarla o no. Esa es la realidad y debemos aceptarla. Ninguna preocupación va a cambiar eso.

Es difícil estar con un ser querido infeliz y que sufre, y es tentador querer salvar el día y hacer que todo sea mejor. Queremos que su dolor desaparezca, y también nos sentimos incómodos con nuestro propio dolor. Esa base de dolor mutuo y crudeza es un territorio intensamente claustrofóbico y prohibitivo para explorar. En lugar de investigarlo, nos gustaría salir de él, arreglarlo. Pero necesitamos examinar esa noción de "arreglar", particularmente la idea de arreglar a otros. Necesitamos cuestionar nuestros conceptos sobre cómo queremos que sean las cosas y en qué queremos que se conviertan las personas.

Si podemos dejar de lado algo de eso, veremos más claramente lo que podemos y no podemos hacer. Podemos aprender a no obsesionarnos con todos los problemas que no podemos resolver, sino a clasificarlos para encontrar una o dos cosas que realmente podemos hacer que podrían ser útiles. Es mejor hacer una pequeña cosa útil que castigarse por las muchas cosas que están más allá de su poder y capacidad para cambiar o afectar. Algunos problemas se pueden resolver, otros no, y es mejor dejar algunos sin resolver.

Shantideva, el gran maestro indio de la tradición budista Mahayana, dijo que, si podemos hacer algo positivo, simplemente debemos hacerlo. Entonces, ¿por qué preocuparse? Dijo que, si no podemos hacer algo sobre un problema, debemos aceptarlo. Entonces, ¿por qué preocuparse? El truco consiste en mantenerlo simple: haga algo o no lo haga.

A medida que crecemos, nos desarrollamos y aprendemos de nuestra experiencia, es más probable que podamos ayudar a las personas que están luchando más que nosotros. Podemos aprender cuándo ayudar y cuándo dar un paso atrás, y podemos ver crecer a otras personas, como nosotros, a través de las dificultades. Sin embargo, aunque podemos prepararnos para enfrentar tiempos difíciles, no tenemos un control real sobre los demás. Podemos apoyar a las personas que amamos y por las que nos preocupamos, pero no podemos resolver sus problemas por ellos, ni nadie puede resolver nuestros problemas por nosotros. Pero podemos estar junto a los que amamos, aun con problemas sin resolver. Aunque cada uno de nosotros debe afrontar su propio viaje individual por la vida solo, podemos viajar juntos, unidos por el amor.

Judy Lief es maestra budista y editora de muchos libros de enseñanzas del difunto Chögyam Trungpa Rinpoche. Es la autora de Making Friends with Death .

https://www.lionsroar.com/the-problem-with-problems/

jueves, 15 de abril de 2021

No hay problemas - Robert Adams

 

El silencio es otro nombre para Dios. Quietud es un nombre para la consciencia, la paz. Todo se encuentra en el silencio, no tanto en las palabras, en la quietud. Deberían tratar de estar en silencio durante todo el tiempo que puedan, especialmente cuando están en casa. Traten de sentarse en el silencio y la tranquilidad durante todo el tiempo que puedan. Es en el silencio donde recibirán el mensaje. Es en el silencio donde la conciencia pura se revela. Nunca tengan miedo de sentarse en el silencio. Es su mayor baza.

Tuve una esta mañana, una llamada telefónica. Y esta persona tenía tantos problemas, a pesar de que había estado meditando desde hace veinticinco años todavía tiene problemas. Sólo hay una forma de eliminar todos los problemas. No importa lo grande que pueda ser el problema. No importa qué tan grave creas que es. Hay una manera de eliminar todo. Y esa manera es darse cuenta de que "yo no soy el hacedor". En otras palabras, el problema no tiene absolutamente nada que ver contigo, aunque lo parezca, es sólo una apariencia.

¿Qué es un problema realmente? Un problema es algo que no va como tú quieres. El mundo no gira de la manera que tú quieres, eso es un problema. Las cosas no están yendo en la dirección que te gustaría o que las cosas están ocurriendo sin que tengas el control, por lo tanto, crees que tienes un problema. Pero si te fijas en cualquier individuo de esta tierra, el problema de unas personas normalmente no es el problema de otras personas.

¿De dónde vienen estos problemas? Se nos ha dicho lo que es bueno y lo que es malo, así que si no tenemos lo bueno que pensamos que deberíamos tener, tenemos un problema. Pero en realidad, nada es bueno y nada es malo, sino que el pensamiento lo hace así. Por lo tanto, si te deshaces de tu mente, no tendrás ningún problema. Cuando la mente y el ego son trascendidos un poder misterioso se hace cargo y cuida mejor de ti de lo que podrías hacer tú mismo. Pero antes, la mente y el ego tienen que callarse.

Es difícil para la mayoría de las personas hacer este tipo de cosas porque se nos ha enseñado a utilizar la mente. La mente lo es todo y la mayoría de ustedes creen que si no usan la mente serán como vegetales.

Por el contrario, ¿qué es la mente? Es sólo un conglomerado de pensamientos del pasado y del futuro. Por lo general, te preocupas por el pasado y tienes miedo del futuro. Porque la mente nos presenta todo tipo de cosas, no sólo de esta vida, sino de experiencias de vidas pasadas, samskaras, tendencias que tienes.

Si comienzas a darte cuenta de que "yo no soy el hacedor" ¿dónde está el problema? Para empezar, el universo es tu amigo y no puede hacerte daño. El sustrato de toda existencia es el amor. Por consiguiente, si desarrollas una consciencia de amor, no habrá problemas, porque el amor cuidará de todo. El amor es lo mismo que la conciencia absoluta, inteligencia pura. El amor es lo mismo que Parabrahman. Una vez más, es el sustrato de toda existencia. Así que si tienes suficiente amor no hay problema.

El único problema surge cuando crees que eres humano y piensas que eres el hacedor, en otras palabras, cuando crees que si no hago esto o aquello algo terrible va a suceder. Pero de nuevo, el algo terrible es sólo una idea preconcebida, no es la verdad. Algo terrible es algo que te han lavado el cerebro para creer. Crees que tienes que vivir de cierta manera y si no puedes vivir de esta manera, es terrible. Crees que tienes que tener ciertas posesiones, ciertas cosas en tu vida. Si no las tienes es terrible. Cuando empiezas a comprender lo que significa "yo no soy el hacedor", te liberas de todos los problemas.

¿Qué quieres decir cuando dices: "Yo no soy el hacedor?" (Y esto es lo que deberías hacer cada vez que piensas que tienes un problema.) Para empezar, primero te das cuenta de que todo, y me refiero a todo, estaba determinado antes de venir a esta tierra. Todo ha sido planeado para ti. Hasta el día en que vas a dejar el cuerpo. Todo está predestinado. Si aceptas esto y sientes esto, ¿dónde está el problema? ¿Qué es lo peor que te puede pasar en la vida? Si realmente lo analizas, no es tan malo. Parece algo malo, pero no lo es. Y recuerda cómo funciona la apariencia. Es como la serpiente y la cuerda. Un hombre sale de la bañera en la oscuridad y pisa una cuerda y él piensa que es una serpiente y tiene un miedo tremendo. Cuando se entera de que es sólo una cuerda el miedo se disipa, así como el problema de tener miedo otra vez.

Así que, en la misma instancia, cuando crees, y crees, y piensas, y piensas que tienes un problema, es como la serpiente y la cuerda. En realidad, no es un problema, es sólo una idea preconcebida de lo que va a pasar si no consigues lo que quieres. Porque de nuevo has sido educado para creer que tu vida tiene que ser de cierta manera, cuando en realidad no tiene por qué ser de ninguna manera.

Por ejemplo, si voy a casa esta noche y me entero de que un ladrón ha robado en mi casa, y se ha llevado todo de mi casa, ¿es eso un problema? Todo ha sido predestinado. Esto fue determinado antes de venir a esta tierra en mi cuerpo. No voy a reaccionar negativamente. No reaccionaré en absoluto. Porque siento que yo soy el universo y todo está bien. No hay errores. Por lo tanto, bendeciré al ladrón, no hay problema alguno. Si voy caminando por la calle y un coche se salta un semáforo en rojo y me golpea, no es culpa del conductor. Todo ha sido predestinado. Entonces, ¿por qué me voy a enfadar? La cuestión es que todo, todo lo que te ocurra, ha sido determinado de antemano. No hay nada malo ni equivocado.

Entonces, ¿cómo debo manejar las cosas? El primer concepto es darte cuenta de que "yo no soy el hacedor". Cuando te das cuenta de que no eres el hacedor significa que tu cuerpo está pasando por la experiencia, pero tú no. Lo siguiente que haces es que te preguntas: "¿Quién está teniendo esta experiencia? ¿A quién viene? Viene a mí. Siento la depresión. Me siento herido. Me siento mal. Siento que me han robado o golpeado con un coche. Estoy enfadado. Estoy furioso. ¿Quién es este yo? ¿Cómo puede ser que el yo sea tantas cosas, enfadado, deprimido, herido, furioso?" Por tanto, te aferras a la sensación del yo. Te aferras a ese sentimiento y lo sigues hasta su fuente. Cuando lo sigues hasta su fuente, la fuente del yo es siempre la consciencia o conciencia absoluta. Pero ahora, la única manera de seguirlo hasta su fuente es olvidarte de tu problema, ya que no puedes hacer dos cosas a la vez.

Por lo tanto, tienes que apartarte resueltamente de tu problema, totalmente lejos del problema, como si no existiera, y aferrarte al yo. Aférrate al yo que piensa que tiene un problema. Tan pronto como empiezas a aferrarte al yo, el problema comenzará a disiparse por sí mismo, y tú comenzarás a reír, lo harás. Porque es prácticamente imposible que tu Ser real tenga un problema. Porque tu Ser real es omnipresente, absoluto. Tu verdadero ser es vacuidad, inteligencia pura. Tu verdadero Ser es omnipresente, está presente en todas partes al mismo tiempo. Cuando comprendes quién eres, nunca nada te molestará de nuevo.

Ahora la gente me pregunta: "Si desarrollo un sentido del yo y lo sigo hasta su culminación, ¿significa que nunca tendré un problema de nuevo?" Y tengo que reír cuando la gente me pregunta eso, porque tan pronto como te identificas con el yo, es el yo el que tiene el problema. Así que cuando dices: "¿Nunca tendré un problema de nuevo?" estás rechazando tu propio propósito. Porque el yo está lleno de problemas, no sólo de esta vida, sino de existencias anteriores. El truco está en seguir al yo hasta su fuente, y entonces el yo desaparecerá totalmente, completamente, absolutamente. Y cuando el yo desaparece, también lo hace el problema. En otras palabras, el mundo no cambia, pero tú sí. Tus reacciones cambian. Al igual que la pantalla y sus imágenes. Cuando llega el momento en que has trascendido el yo, te conviertes en la pantalla y en las imágenes mostradas en la pantalla. Lo que significa que el mundo no cambia. Todo en el mundo se presentará ante ti como siempre lo hace, pero será como el agua en la espalda de un pato. No estará apegado a ti nunca más. Ahora estarás identificado con la pantalla, o con el Ser.

¿Estoy siendo claro en esto? En otras palabras, la pantalla y las imágenes son lo mismo, pero la pantalla es consciente de sí misma y también de sus imágenes, y no se ve alterada por el tipo de imágenes que muestras. Puedes mostrar un atraco a un banco que está teniendo lugar en la pantalla, un asesinato que está siendo cometido, personas haciendo el amor, casas quemándose, guerras estallando. ¿Cómo afecta todo eso a la pantalla? Nada. La pantalla no se ve afectada, sin embargo, las imágenes cambian, una tras otra.

De la misma manera, tu Ser es como la pantalla. Nunca se ve afectado por problemas de ninguna clase ni de ningún tipo. Los problemas se encuentran sobre la pantalla, vienen y van, pero tú sigues siendo el Ser para siempre. Tú nunca cambias.

¿Cómo comienzas a ser de esta manera? Cada vez que piensas que tienes un problema debes preguntarte: "¿A quién viene el problema? Después de todo, yo no soy el hacedor. Yo no soy el cuerpo. Yo no soy la mente. Así que ¿A quién viene el problema?" Y, por supuesto, la respuesta será: "A mí. Yo siento este problema. El problema viene a mí". Te aferras al yo, permaneces en el yo, y vas profundizando, y profundizando, y profundizando dentro de ti mismo, permaneciendo en el yo-consciencia. Mientras haces esto todos los días, cada vez que aparece un problema, pronto llegará finalmente el día en que trasciendes tu sentido del yo. Lo trasciendes totalmente. El sentido del yo desaparece y te convertirás en la consciencia pura. Eso es todo.}

Robert Adams, 11 octubre 1990 (Transcripción 14)