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sábado, 9 de octubre de 2021

Detente y respira - Gary Gach

 

 Hải Nghiem toca la campana en el Centro de práctica de meditación Magnolia Grove en Mississippi

 

Traducido con Amor desde...https://tricycle.org

 

Las campanas irrumpen en nuestras preocupaciones para recordarnos que todas las cosas pasan y que nuestras preocupaciones no son importantes. Nos hablan de nuestra libertad.

—Thomas Merton

 

Si visita un centro de práctica en la tradición de Plum Village del maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh, probablemente notará señales especiales a lo largo de la carretera, en el estacionamiento, en el comienzo del sendero o en una curva.

Un tope de velocidad puede estar marcado con las palabras "tope consciente" o "detente y respira".

Una tabla de un árbol puede estar grabada con caligrafía que diga: "respira, estás vivo".

Y los visitantes se acostumbran a las campanas que anuncian el canto del amanecer, las charlas y otros eventos. Cuando escuchamos una campana de atención plena, nos detenemos y regresamos a nuestra respiración consciente. Consideramos que el sonido de una campana es la voz del momento presente que nos recuerda que regresemos a nuestro verdadero hogar en el aquí y ahora.

Aprender a hacer una pausa se ha convertido en un hábito diario. Cuando escucho una campana, dejo de hacer lo que digo, pienso o hago. Dejo que mis músculos y nervios se relajen por completo, y presto toda mi atención a mi inhalación y exhalación. Sonrío y simplemente soy . Nada más. Solo tres respiraciones conscientes pueden devolverme a un estado de ser fresco y claro. Lo que sea o quien sea que esté frente a mí es más real. Mi trabajo es placentero. Mi relajación es más satisfactoria. Mi atención plena florece.

Hay muchas aplicaciones que pueden tocar campanas de meditación para nosotros a intervalos designados. Pero no necesitamos una campana de meditación literal para recordarnos que debemos ser conscientes. Nuestro mensaje podría ser el sonido de un pájaro, un camión o el viento entre los árboles. Una campana de atención plena ni siquiera necesita ser acústica; podría ser la vista de una nube a la deriva o un bebé sonriendo, la fragancia de las flores o la sensación de la cálida luz del sol en nuestra piel desnuda.

Cuando escuche la llamada, sea la que sea: deténgase, respire y sonría.

La práctica de la campana de atención plena puede deparar deliciosas sorpresas. Una vez, estaba enseñando qi gong en la playa del Aquatic Park en San Francisco y… ¡Ding! Escuché el timbre de una bicicleta. Bueno, no podía parar. Era responsable de una clase que seguía de cerca mis movimientos. Pero dejé todos los conceptos que tenía sobre la enseñanza, o qi gong, y me fundí por completo con el momento con mi movimiento. Recuerdo lo fresca que se sintió la brisa del océano en ese instante.

Una vez, cuando estaba a la mitad de un retiro de cinco días, entré al gran salón, encontré mi cojín entre mis amigos y, al sonido de la campana, me incliné y esperé el inevitable anuncio de los eventos de ese día. Fui flexible para un posible cambio de planes. Tal vez nuestro orador llegó tarde, eso a veces sucede. Pasaron unos momentos y todavía nadie decía nada. Miré al otro lado del pasillo y vi a mi amigo Chinh, sin mirar nada en particular, con una mirada que me decía: "Hum, qué sigue, veamos". Así que pensé que me uniría a todos los que esperaban y seguí sentada, disfrutando de mi respiración.

No fue sino hasta 10 o 20 respiraciones más tarde que me di cuenta de que no había nada que esperar. Eso es todo. Estamos todos sentados aquí. Y aquí estoy, sin “practicar” nada en absoluto, simplemente sentado y continué haciéndolo durante 30 o 40 minutos sin nada que ganar ni nada que lograr. No hay Zen para encontrar en el centro Zen excepto lo que traje allí. Solo dejándolo ser. Me sentí tranquilo, alerta y agradecido de estar quietao y muy feliz de estarlo.

Cuando estoy sentado meditando en casa, es posible que escuche la campana de una iglesia cercana. Ya no estoy haciendo nada, entonces, ¿qué paro? Podría dejar de lado cualquier concepto de meditación y lo que estoy experimentando, tomando conciencia de la conciencia misma y habitando más plenamente el momento presente.

Y cuando llegue a mi porche delantero —¡Ding ding! - podría escuchar la campana de un teleférico que pasa. Entonces podría encontrarme volviendo a casa para volver a casa. Como dijo el poeta jamaicano Derek Walcott, "salúdate al llegar a tu propia puerta".

Cuando comencé a practicar la campana de atención plena, recuerdo que me enamoré del sonido. Quería abrazar el timbre y abrazarlo contra mi corazón. Más tarde, llegué a apreciarlo como un reflejo de mi propia condición humana. Ahora, a veces sonrío cuando me doy cuenta de lo bien que el sonido de la campana de un cuenco puede durar tres respiraciones completas y es una forma eficiente de vaciar y comenzar de nuevo.

A lo largo de los años, he llegado a disfrutar de las campanas de la atención plena tanto para entrenar mi disciplina como para liberarme. Como tal, personifica cómo la práctica es para mí tanto compromiso como entrega. O, en una palabra, ¡Ding!

 

Gary Gach es autor de The Complete Idiot's Guide to Buddhism , y editor de What Book!?: Buddha Poems from Beat to Hiphop . Actualmente está escribiendo una guía práctica y panorámica sobre la atención plena. Es anfitrión de Mindfulness Fellowship en San Francisco.

https://tricycle.org/trikedaily/mindfulness-bell-practice/

 

viernes, 8 de octubre de 2021

No te dejes arrastrar por cualquier viento - Melody Beattie  

No te dejes arrastrar por cualquier viento.

 

Yo soy una reaccionaria.

 Ese pensamiento me hacía mella profundamente en la conciencia un día que estaba sentada en mi oficina.  Había escuchado a la gente hablar sobre lo que es reaccionar, pero hasta ese momento no había entendido qué tanto había reaccionado yo.   Había reaccionado a los sentimientos, conductas, problemas y pensamientos de otras personas.  Había reaccionado a mis propios sentimientos, mis propios pensamientos, mis propios problemas.  Mi punto fuerte parecía ser el de reaccionar a las crisis, pensaba que casi todo era una crisis. Reaccionaba en exceso.  Dentro de mí se cocinaba un pánico oculto (que rayaba en la histeria) la mayor parte del tiempo. A veces reaccionaba escasamente. Si el problema que enfrentaba era significativo, a menudo usaba el arma de la negación.  Reaccionaba a casi todo lo que entraba en mi conciencia y en mi medio ambiente.  Mi vida entera había sido una reacción a las vidas, deseos, problemas, fracasos, éxitos y personalidades de otras personas.  Hasta mi baja autoestima, en la cual hurgaba como en una bolsa de pestilente basura, había sido una reacción.  Era como una marioneta con las cuerdas colgando, invitando y permitiendo que las jalara cualquier persona o cosa.

La mayoría de los codependientes son reaccionarios. Reaccionamos con ira, culpa, vergüenza, odio a nosotros mismos, preocupación, sentimientos heridos, gestos controladores, acciones solícitas, depresión, desesperación y furia. Reaccionamos con miedo y ansiedad. Algunos de nosotros reaccionamos tanto que nos resulta doloroso estar cerca de la gente, y torturante encontrarnos dentro de un grupo grande de personas. Es normal reaccionar y responder a nuestro medio ambiente.  Reaccionar es parte de la vida.  Es parte de interactuar, es parte de ser humano y de estar vivo. Pero nos permitimos irritamos tanto y distraernos tanto. Pequeñeces, cosas mayores —lo que sea— tienen el poder de descarrilarnos. Y nuestra respuesta después de que reaccionamos a menudo no es la que más nos conviene.

Podemos haber empezado a reaccionar y a responder urgente y compulsivamente con patrones que nos lastiman. El solo hecho de sentir urgencia y compulsión es suficiente para herirnos. Nos mantenemos en un estado de crisis, fluyendo la adrenalina y tensos los músculos, listos para reaccionar ante emergencias que generalmente no son tales.

Alguien hace algo, de modo que nosotros debemos hacer algo a la vez. Alguien se siente de determinada manera de modo que nosotros debemos sentirnos de otra determinada manera. BRINCAMOS DENTRO DEL PRIMER SENTIMIENTO QUE NOS ATRAVIESA Y LUEGO NOS EMPANTANAMOS EN ÉL.  Pensamos en el primer pensamiento que cruza por nuestra cabeza y luego elucubramos sobre él. Decimos lo primero que nos viene a la lengua y a veces nos arrepentimos. Hacemos lo primero que nos viene a la mente, generalmente sin pensarlo. Ese es el problema: reaccionamos sin pensar, sin haber pensado honestamente lo que necesitamos hacer y cómo queremos manejar la situación. Nuestras emociones y conductas controladas   —disparadas—   por cualquier persona o cosa en nuestro entorno. Indirectamente estamos permitiendo que los demás nos digan qué hacer. Eso significa que hemos perdido el control. Estamos siendo controlados.

Cuando reaccionamos abdicamos a nuestro poder personal, dado por Dios, para pensar, sentir y actuar de acuerdo con nuestro mejor interés. Permitimos que otros determinen cuándo nos sentiremos felices; cuándo nos sentiremos en paz; cuándo nos sentiremos irritados; y qué es lo que diremos, haremos, pensaremos y sentiremos.  Abdicamos a nuestro derecho de sentirnos en paz al capricho de nuestro medio ambiente. Somos como un trozo de papel a merced de la tormenta, dejándonos arrastrar por cualquier viento.

He aquí un ejemplo de la manera en que suelo reaccionar (una entre tantas): mi oficina está en mi casa, y tengo dos hijos pequeños.  A veces, cuando estoy trabajando, comienzan a alocarse en las otras habitaciones:  pelean, corren, revuelven toda la casa, comen y beben todo lo que encuentran en la cocina. Mi primera reacción instintiva es gritarles: “¡Párenla!”; la segunda es gritarles más.  Me viene de una manera natural. Reaccionar de esa forma parece más fácil que abandonar mi oficina, ir hasta el cuarto de lavado y luego dirigirme al piso de arriba. También me parece más fácil que pensar cómo manejar la situación. Lo cierto es que bramar y gritar no sirven de nada. En realidad, no representan la salida más fácil. Me irrita la garganta y enseña a mis hijos cómo hacer para que yo me siente en mi oficina y dé alaridos.

 

Reaccionar casi nunca funciona.  Reaccionamos   demasiado aprisa, con demasiada intensidad y urgencia. Rara vez podemos hacer lo más adecuado cuando nos encontramos en ese estado mental, Resulta irónico que no se nos requiera para hacer las cosas en este estado mental. Poco hay en nuestras vidas que no podamos hacer mejor si permanecemos apacibles. Pocas situaciones —no importa qué tanto parezcan demandarlo— pueden mejorarse si perdemos los estribos.

Entonces, ¿por qué lo hacemos?

Reaccionamos porque estamos ansiosos y temerosos de lo que está sucediendo, de lo que podría suceder y de lo que ha sucedido.

Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito.

Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo las cosas como suceden. Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos.

Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona. Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar. No tenemos que hacerlo.

 

No debemos tener tanto miedo de la gente. Son gente como nosotros.

No tenemos que abdicar a nuestra paz. No sirve de nada.  Disponemos de los mismos recursos y hechos cuando estamos en paz que de los que disponemos cuando estamos en un estado frenético y caótico. De hecho, disponemos de más recursos porque nuestras mentes y emociones están libres de actuar a su mayor potencial.

No debemos abdicar a nuestro poder para pensar y sentir por cuenta de los demás. Tampoco eso se requiere de nosotros.

No tenemos que tomar las cosas tan a pecho (a nosotros mismos, a los eventos y a las otras personas). Sacamos las cosas fuera de toda proporción — nuestros sentimientos, pensamientos, acciones y errores—. Hacemos lo mismo con los sentimientos, pensamientos y acciones de otras personas. Nos decimos a nosotros mismos que las cosas son temibles, terribles, una tragedia y el fin del mundo. Muchas cosas pueden ser tristes, muy malas o desagradables, pero lo único que es el fin del mundo es el fin del mundo. Los sentimientos son importantes, pero son sólo sentimientos. Los pensamientos son importantes, pero son tan sólo pensamientos y todos pensamos en muchas cosas diferentes, y nuestros pensamientos están sujetos a cambio. Lo que hacemos y decimos es importante, lo que otros dicen y hacen es importante, pero el mundo no pende de ninguna frase o acción en particular.  Y si es particularmente importante decir o hacer algo, no nos preocupemos: sucederá. Aligérate. Date a ti mismo y a los demás, espacio para moverse, para hablar, para ser lo que somos: humanos.  Dale oportunidad a la vida para que las cosas se den solas.  Date a ti mismo oportunidad para disfrutarlo.                     

No debemos tomar la conducta de otras personas como el reflejo de nuestra autoestima.   No tenemos que sentirnos avergonzados si alguien a quien amamos se comporta en forma impropia. Cada persona es responsable de su propia conducta. Si otro se comporta de manera inadecuada, deja que él o ella se avergüencen de sí mismos. Si tú no has hecho nada que te haga avergonzarte, no te sientas avergonzado. Sé que esta es una tarea difícil, pero puedes lograrlo.

No tenemos que tomar el rechazo como reflejo de nuestra autoestima. Si alguien importante para ti (o aun alguien que no lo sea) te rechaza a ti o a lo que has elegido, tú sigues siendo real, sigues teniendo el mismo valor que si no hubieras sido rechazado.  Asume cualquier sentimiento que pueda acompañar al rechazo; habla acerca de tus pensamientos no des en prenda tu autoestima sólo porque otro rechazó o desaprobó lo que tú eres o lo que has hecho. Aun si la persona más importante para ti te rechaza, tú sigues siendo real, y sigues estando bien. Si has hecho algo impropio o necesitas solucionar un problema o cambiar una conducta, sigue los pasos adecuados para ocuparte de ti mismo. Pero no te rechaces, y no le des tanto poder al rechazo de los demás. No es necesario.

No tenemos que tomar las cosas de manera tan personal.   Tomarnos a pecho cosas que no valen la pena de tomarse tan a pecho.   Por ejemplo, decirle a un alcohólico: “si me amaras no beberías", tiene tanto sentido como decirle a alguien que tiene pulmonía: ‘‘si me amaras no toserías". Las víctimas de la pulmonía toserán hasta que tengan tratamiento adecuado para su enfermedad. Los alcohólicos beberán hasta que consigan lo mismo. Cuando la gente que tiene un trastorno compulsivo hace cualquier cosa que se sienta obligada a hacer, no quieren decir que no te aman, lo que están diciendo es que no se aman a sí mismas.

Tampoco tenemos que tomarnos de una manera personal las pequeñeces. Si alguien ha tenido un mal día o está enojado, no asumas por ello que tiene algo que ver contigo. Puede tener algo que ver contigo o no. Si así es, lo descubrirás. Generalmente las cosas tienen mucho menos que ver con nosotros de lo que pensarnos.

Una interrupción, el mal humor de otro, una lengua aguda, un mal día pensamientos negativos, problemas o el alcoholismo activo no tienen por qué manejar o arruinar nuestro día, ni siquiera una hora de nuestro día. Si la gente no quiere estar con nosotros o actuar de una manera saludable, esto no es reflejo de nuestra autoestima.  Refleja, en cambio sus propias circunstancias actuales.  Al practicar el desapego podemos disminuir nuestras reacciones destructivas hacia el mundo que nos rodea. Sepárate de las cosas.  Déjalas estar, y deja que la gente sea como es. ¿Quién eres tú para decir que la interrupción, el estado de ánimo, las palabras, el mal día, el pensamiento o el problema no son una parte importante y necesaria de la vida? ¿Quién eres tú para decir si este problema no será en último término benéfico para ti o para alguien más?

No tenemos que reaccionar. Tenemos opciones. Esta es la alegría de la recuperación de la codependencia. Y cada vez que ejercitamos nuestro derecho para elegir cómo queremos actuar, pensar, sentir y comportarnos, nos sentimos mejores y más fuertes.

“Pero”, podrán ustedes protestar, “¿por qué no debo reaccionar?  ¿Por qué no debo replicar? ¿Por qué no debo irritarme?  Él o ella se merecen cargar con el peso de mi torbellino”.  Podría ser, pero tú no debes hacerlo.   Estamos hablando aquí de tu falta de paz, de serenidad, de tus momentos desperdiciados.  Como solía decir Ralph Edwards, “Esta es tu vida”.  ¿Cómo quieres usarla? 

Somos como cantores de un gran coro. Si el que está junto a nosotros desentona, ¿debemos hacerlo nosotros también? ¿No le ayudaría más a él, y a nosotros, tratar de seguir entonado?  Podemos aprender a cumplir con nuestra parte.

No necesitamos eliminar todas nuestras reacciones hacia la gente y hacia los problemas. Las reacciones pueden ser útiles. Pueden ayudarnos a identificar lo que nos gusta y lo que nos hace sentirnos bien. Nos ayudan a identificar los problemas dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Pero la mayoría de nosotros reaccionamos demasiado.  Y gran parte de las cosas a las que reaccionamos son tonterías. No son tan importantes, y no ameritan el tiempo ni la atención que les damos. Algunas de nuestras reacciones son respuestas a las reacciones que los demás tienen frente a nosotros. (Estoy furiosa porque él se puso furioso; él se puso furioso porque yo estaba enojada; yo estaba enojada porque pensé que él estaba enojado conmigo; pero no estaba enojado sino herido porque...)

Nuestras reacciones pueden ser el eslabón de una cadena de reacciones tal que a menudo los involucrados están irritados y nadie sabe por qué. Simplemente están irritados. Luego, todos están fuera de control y a la vez son controlados. A veces la gente se comporta de cierta manera para provocar que nosotros reaccionemos de otra. Si dejamos de reaccionar de esta cierta manera, la privamos de lo divertido que esto le resulta. Quedamos fuera de su control y le quitamos el poder que tiene sobre nosotros.

A veces   nuestras   reacciones   provocan   que los demás   reaccionen   de cierto   modo.   (Pero   no necesitamos seguir haciéndolo, ¿o sí?) A veces el reaccionar estrecha nuestra visión en tal forma que nos quedamos varados reaccionando a los síntomas o a los problemas. Podemos estar tan ocupados reaccionando que no tenemos tiempo ni energía para identificar el problema real, y mucho menos para descubrir cómo solucionarlo. Podemos pasar  años  reaccionando  ante  cada  incidente  provocado  por la bebida  y la crisis resultante,  ¡fallando  completamente  en reconocer  que el verdadero  problema  es el alcoholismo!  Aprende a dejar de reaccionar de maneras que no son necesarias y que no funcionan.   Elimina las reacciones que te lastiman.

Siguen algunas sugerencias para ayudarte a desapegarte de la gente y de tus reacciones negativas hacia ella. Estas son sólo sugerencias.  No existe una fórmula específica para lograr el desapego.  Necesitas encontrar tu propia manera, una que te funcione a ti.

 1-Aprende a reconocer cuando estás reaccionando, cuándo estás permitiendo que alguien o algo tire de tus cuerdas. Generalmente cuando empiezas a sentirte ansioso, temeroso, indignado, rechazado, avergonzado, preocupado, confundido o a padecer autoconmiseración, hay algo en tu medio ambiente que te respecto.)  Emplear las palabras ha hecho nudos.  (No afirmo que esté mal experimentar estos sentimientos.  Probablemente cualquiera se sentiría así.  La diferencia estriba en que estamos aprendiendo a decidir por cuánto tiempo deseamos seguir sintiéndonos así, y qué queremos hacer al “ella, o él o eso me hicieron sentir” a menudo indica que estamos reaccionando.  Perder nuestra sensación de paz y serenidad probablemente es el indicador más poderoso de que estamos atrapados en algún tipo de reacción.

 2-Ponte cómodo.  Cuando reconoces que estás en medio de una reacción caótica, di o haz lo menos posible hasta que puedas restaurar tu nivel de serenidad y de paz. Haz cualquier cosa que necesites hacer (que no sea destructivo para ti ni para nadie más) que ayude a relajarte. Inhala profundamente unas cuantas veces. Sal a caminar.  Limpia la cocina.  Siéntate en el baño. Ve a casa de un amigo. Acude a una junta de Al-Anón.  Lee un libro de meditación. Vete a la playa.  Mira un programa de televisión.  Encuentra una manera de separarte emocional, mental (y si es necesario) físicamente de aquello a lo que estás reaccionando. Busca una forma de librarte de la ansiedad. No tomes un trago ni manejes por la calle a 100 kilómetros por hora. Haz algo que no sea arriesgado y que te ayude a restaurar tu equilibrio.

3- Analiza lo que ha sucedido. Si se trata de un incidente menor, serás capaz de sobreponerte tú solo. Si el problema es serio, o si te perturba seriamente, tal vez quieras discutirlo con un buen amigo que te ayude a aclarar tus pensamientos y emociones.  Las dificultades y los sentimientos crecen cuando tratamos de apresarlos en nuestro interior. Habla acerca de tus sentimientos. Asume la responsabilidad de ellos. Siente verdaderamente lo que estés sintiendo. Nadie te hizo sentir así. Alguien pudo haberte ayudado a que te sintieras de determinada manera, pero el sentimiento lo sentiste tú. Manéjalo. Luego, esclarece tú mismo la verdad sobre lo que sucedió. 27! ¿Estabas alguien tratando de molestarte?  (Si hay duda al interpretar algo como un insulto o rechazo, prefiero creer que eso no tuvo nada que ver conmigo.  Me ahorra tiempo y me ayuda a sentirme bien conmigo misma.)  ¿Estabas tratando de controlar a alguien o algún evento?  ¿Qué tan serio es el problema o el asunto?  ¿Estás tomando la responsabilidad de otro? ¿Estás enojado porque alguien no adivinó lo que en realidad querías o lo que en verdad querías decir? ¿Estás tomando la conducta de otro de un modo demasiado personal?

¿Alguien oprimió tus botones de culpa o de inseguridad?  ¿Es en verdad el fin del mundo, o es meramente algo triste y decepcionante?

4- Toma tus decisiones basándote en la realidad y tómalas en un estado de ánimo apacible. ¿Necesitas pedir disculpas? ¿Quieres olvidarte del asunto?

¿Necesitas hablar con alguien de corazón a corazón? ¿Necesitas tomar otra decisión para cuidar de ti mismo? Cuando tomes tu decisión ten en mente cuáles son tus responsabilidades. No tienes la responsabilidad de que los otros “vean la luz” y no necesitas “enderezarlos”.  Tienes la responsabilidad de ayudarte a ti mismo a ver la luz y de enderezarte.  Si no te sientes en paz con alguna decisión, olvídala.  No es tiempo para tomarla todavía.  Espera hasta que tu mente esté consistente y tus emociones estén tranquilas.

 5-Cálmate. No necesitas sentirte tan asustado. No necesitas sentirte tan frenético. Mantén las cosas en perspectiva.  ¡Hazte la vida más fácil!

 

Actividad

 

1) ¿Gastas demasiado tiempo reaccionando ante alguien o ante algo en tu entorno? ¿Quién o qué? ¿Cómo estás reaccionando? ¿Es así como te gustaría comportarte o sentirte si tuvieras la posibilidad de elegir?

 2)  Revisa los pasos previos del desapego y aplícalos a cualquier cosa o persona que te esté molestando más. Si necesitas hablar con alguien escoge un amigo de confianza. Si es necesario busca ayuda profesional.

 3) ¿Qué actividades te ayudan a sentirte cómodo y en paz? (Una ducha de agua bien caliente, una buena película y bailar son mis opciones favoritas.)

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TOMADO DEL LIBRO YA NO SEAS CODEPENDIENTE ♥

Melody Beattie es una autora estadounidense de libros de autoayuda sobre relaciones codependientes.

Nacida como Melody Vaillancourt en Minneapolis, Beattie se graduó de la escuela secundaria con honores. Comenzó a beber a los 12 años, era una alcohólica en toda regla a los 13 y una adicta a los 18.

Beattie es autora de otros 18 libros, entre ellos Codependent No More , Beyond Codependency , The Language of Letting Go y Make Miracles in Forty Days: Turning What You Have into What You Want , publicado en 2010. Varios de sus libros se han publicado en otros idiomas.

Beattie, junto con Janet G. Woititz y Robin Norwood, fueron divulgadores de la ciencia, ayudando a digerir y explicar el trabajo del psiquiatra Timmen L. Cermak , autor de Diagnóstico y tratamiento de la codependencia .

domingo, 26 de septiembre de 2021

¿Donde Descansar? - Geoffrey Molloy

A veces la vida puede parecer como si hubiéramos subido a un tiovivo que va cada vez más rápido. A veces sólo queremos que pare un momento; nos gustaría simplemente bajar, incluso si fuese durante poquito tiempo. Sin embargo, el mundo en que vivimos y trabajamos es mucho más acelerado y desconectado que el mundo de mi niñez y juventud. Pensé que esta idea se debiese tal vez a mi edad pero en los cursos que imparto, he descubierto que muchas personas, incluso las que tienen la mitad de mi edad, se sienten de la misma manera. Justo cuando pensamos que las cosas no pueden ir más rápido o volverse más desconectadas, otra tecnología más  ─ nueva o perturbadora se explota en nuestro mundo, lanzándonos en un futuro aún más impredecible. Sentimos que no podemos seguir el paso pero tampoco podemos aflojar el ritmo. Perdemos el norte y dejamos de sentirnos centrados. Ojalá tuviésemos una especie de refugio, un lugar de descanso dónde poder pausar, respirar un par de veces y refrescar nuestra perspectiva.

Las maravillosas noticias son que todos tenemos justo esto dentro de nosotros mismos. Sólo tenemos que elegir entrar dentro. Así que… ¿Por qué no hacemos esto? Nos encontramos seducidos y atrapados por nuestros pensamientos. Nos olvidamos de que somos mucho más que nuestros pensamientos. Nos olvidamos de que los pensamientos no son más que esto: sólo pensamientos – eventos mentales que surgen, existen un rato y luego desaparecen. En vez de esto, creemos la película compulsiva y morbosa que estos pensamientos crean en nuestra pantalla mental. La película es muy absorbente, irresistible; se llama “Yo, mi vida, mi sufrimiento, mis deseos, mi futuro, mi pasado”. El argumento cambia según cómo nos sentimos en el momento. Cuando nos sentimos bien, tenemos confianza en que habrá un final feliz. Cuando nos sentimos mal, nos aseguramos un final desastroso.

Intentar sentirnos centrados en esta película, en este flujo de pensamientos siempre en cambio, es parecido a intentar encontrar el sentido en las olas pequeñas encima del agua de un lago. Existe una alternativa si tan sólo eligiésemos verlo. Es nuestro verdadero centro: la mente observadora. Se trata de aquel espacio alrededor de nuestros pensamientos; es lo que hace posible observar nuestros pensamientos; es el cielo azul infinito de la mente observadora que contiene la totalidad de nuestra experiencia de la que las “nubes” ─ nuestros pensamientos ─ forman sólo una parte. Este campo espacioso infinito de consciencia siempre está ahí ─  tan grande, tan amplio que abarca toda tu experiencia. Siempre nos ha acompañado ─ siempre tranquilo; no critica, simplemente observa. Es un lugar de descanso natural.

Por mucho que nuestros pensamientos cambien, por mucho que nuestro ego se haya desarrollado, el observador ha permanecido tan constante como el cielo azul infinito. Es el mismísimo observador que observaba cuando teníamos tan sólo tres años. Es el mismo observador que nos acompañaba cuando éramos adolescentes. Nos acompaña ahora y siempre nos acompañará ─ profundamente tranquilo, sin dejarse perturbar, observando.

Elige entrar en este lugar de descanso natural. Pon el despertador para recordarte varias veces al día de elegir entrar en este lugar de descanso natural – el lugar del observador, tu verdadero centro. Coge entre 3 y 5 minutos y simplemente observa, sin juzgar, con curiosidad abierta, bondad y humor. Fíjate en tus sentidos: en lo que escuchas, lo que ves, lo que hueles, lo que tocas, cómo te sientes ─ las sensaciones en tu cuerpo. Los pensamientos surgirán inevitablemente; simplemente observa cómo llegan, existen un rato y luego desaparecen, sin dejar rastro.

Si haces esto abres la puerta a la experiencia de la sensación milagrosa de simplemente estar vivo. Cuánto más observes, tanto más ves; verás lo asombroso que es la vida, el maravilloso regalo de estar aquí ahora mismo. El ego, la ilusión de estar separado de todo, se esfuma. En su lugar te encuentras con un profundo sentido de conexión, de plenitud, de sentir cómo formas parte de todo. Te dejo con las palabras de William Blake:

“To see a World in a Grain of Sand,

And a Heaven in a Wild Flower,

Hold Infinity in the Palm of your Hand

And Eternity in an Hour.”

Traducción:

“Ver un Mundo en un Grano de Arena,

Y un Cielo en una Flor Silvestre,

Sujetar el Infinito en la Palma de tu Mano

Y la Eternidad en una Hora.”

 

Autor: Geoffrey Molloy

domingo, 11 de abril de 2021

"Practicando en la vida diaria" por Joseph Goldstein

Traducido desde...https://www.pbs.org/thebuddha/blog

 

En nuestras vidas ocupadas en este mundo complejo y a menudo confuso, ¿qué pasos prácticos podemos tomar para entrenar nuestras mentes? 

El primer paso es establecer una práctica de meditación diaria y regular. Esto requiere disciplina. No siempre es fácil reservar tiempo cada día para la meditación; tantas otras cosas nos llaman. Pero como con cualquier entrenamiento, si practicamos regularmente comenzamos a disfrutar los frutos. Por supuesto, no todas las sesiones se concentrarán. A veces nos sentiremos aburridos o inquietos. Estos son los altibajos inevitables de la práctica. Lo importante es el compromiso y la regularidad de la práctica, no cómo se siente alguien sentado.

Esta capacitación solo se realizará a través de tu propio esfuerzo. Nadie puede hacerlo por ti. Hay muchas técnicas y tradiciones de meditación, y puedes encontrar la más adecuada para ti. Pero la regularidad de la práctica es lo que produce una transformación. Si lo hacemos, comienza a suceder. Si no lo hacemos, continuamos representando los diversos patrones de nuestro condicionamiento.

El segundo paso es entrenarnos para mantenernos atentos y conscientes del cuerpo durante todo el día. A medida que avanzamos en nuestras actividades diarias, con frecuencia nos perdemos en pensamientos del pasado y el futuro, sin quedarnos anclados en la conciencia de nuestros cuerpos.

Para una retroalimentación simple y útil cuando estamos perdidos en nuestros pensamientos, podemos usar la sensación muy común de apresurarnos. Correr es una sensación de caerse hacia adelante. Nuestras mentes corren delante de nosotros, enfocándose en dónde queremos ir, en lugar de instalarnos en nuestros cuerpos donde estamos.

Aprende a prestar atención a esta sensación de apuro, que no tiene que ver particularmente con lo rápido que vamos. Podemos sentirnos apurados mientras nos movemos lentamente, y podemos movernos rápidamente y aun así estar asentados en nuestros cuerpos.

La sensación de apresurarse simplemente nos recuerda que no estamos presentes. Si puedes, observa qué pensamiento o emoción ha captado tu atención. Luego, solo por un momento, detente y vuelve a acomodarte en el cuerpo: siente el pie en el suelo, siente el siguiente paso.

Esta no es una práctica superficial. La atención del cuerpo nos mantiene presentes y, por lo tanto, sabemos lo que está sucediendo. La práctica es difícil de recordar, pero no difícil de hacer. Todo está en el entrenamiento: sentarse regularmente y ser consciente del cuerpo durante el día.

Para desarrollar una mayor concentración y atención plena, estar más presentes en nuestros cuerpos y tener una relación hábil con los pensamientos y las emociones, no solo necesitamos entrenamiento diario, sino también tiempo para el retiro. Es muy útil, a veces, desconectarse del ajetreo de nuestras vidas, para una práctica espiritual intensiva.

El tiempo de retiro no es un lujo. Si estamos genuina y profundamente comprometidos con el despertar, con la libertad, con cualquier palabra que exprese el valor más alto que tengas, un retiro es una parte esencial del camino.

Necesitamos crear un ritmo en nuestras vidas, estableciendo un equilibrio entre los momentos en que estamos comprometidos, activos y relacionándonos en el mundo y los momentos en que nos volvemos hacia adentro. Pascal, el filósofo y matemático francés, señaló muy acertadamente: "La mayoría de los problemas del mundo se resolverían si la gente pasara un tiempo sentada en silencio en su habitación".

Al principio, este "entrar" podría ser por un día, un fin de semana o por diez días.  En la tradición tibetana, hay retiros de tres años. Podemos hacer lo que sea apropiado y posible para encontrar un ritmo equilibrado entre nuestras vidas en el mundo y el silencio interno de un retiro. De esta manera, desarrollamos concentración y atención plena en niveles cada vez más profundos, lo que hace posible estar en el mundo de una manera más amorosa y compasiva.

Extraído de " Un corazón lleno de paz" por Joseph Goldstein (Wisdom Publication)

 Joseph Goldstein es cofundador de Insight Meditation Society en Barre, Massachusetts, donde es uno de los maestros guías residentes. Es autor de varios libros, incluido One Dharma: The Emerging Western Buddhism.

https://www.pbs.org/thebuddha/blog/2010/Mar/10/practicing-daily-life-joseph-goldstein/

martes, 30 de marzo de 2021

Finalmente tengo tiempo para parar y observar mi vida

Traducida del italiano,con Amor desde...https://www.eticamente.net/

 

Tengo tiempo para parar y escudriñar mi vida.  Percibirla, sentirla, observarla con otros ojos. Los ojos de lentitud, del descanso, de la presencia.

Tengo tiempo para escuchar a mi cuerpo , sus dolencias y sus problemas, y escuchar sus sabios consejos susurrando a través de mis síntomas para hablar con nosotros, confiar en sus consejos, respetarlo y honrarlo.

Tengo tiempo para hacerme nuevas preguntas , no las habituales, las que he conocido desde hace tiempo y que hasta ahora nunca me han aportado riqueza. Ahora es el momento de preguntas valientes, importantes y verdaderas.

Tengo tiempo para experimentar la ausencia . De lugares, personas, cosas. Y escuchar lo que me mueve, lo que me trae, cuánto me pesa o aligera. Y comprender que es precisamente la ausencia lo que da valor a la presencia.

Tengo tiempo para escuchar mis pensamientos , no para sentirme abrumada por ellos, para dirigirlos, bloquearlos y crear otros nuevos más constructivos, más enriquecedores, más intuitivos.

Tengo tiempo para descansar ... un descanso que no es solo dormir sino una pausa global, de cuerpo, mente y alma. Una interrupción del todo que se regenera, recarga, alimenta.

Tengo tiempo para vivir el vacío , no para llenarlo a toda costa de distracciones, compromisos, personas, sino quedarme allí sin buscar nada más. Y aprender a escuchar lo que quiere decirme. Y para regenerarme a través de él.

Tengo tiempo para cerrar los ojos y ver con los ojos de la mente, la imaginación y el sueño. Son ojos que ven mucho más profundo, mucho más lejos, mucho más amplios que los ojos del cuerpo. Con estos ojos puedes viajar a cualquier parte, en el tiempo y en el espacio, puedes usar ropa antigua, puedes convertirte en un animal, una flor, la canción de un ruiseñor. De esta manera, mi alma se nutre, se riega, se celebra.

Tengo tiempo para experimentar la no acción. Que es relajación, pausa regeneradora, rendición, abandono, confianza. Tan acostumbrada a hacer, a llegar, a terminar ... este tiempo de suspensión me está enseñando a no hacer y a considerar este estado de ánimo como una meditación, un momento necesario de descanso.

Tengo tiempo para dejar que las cosas sucedan , no para controlarlas, para no resistir, para no programarlas. Entrar en el flujo de la vida sin expectativas. Y a ver qué pasa viviendo así.

Tengo tiempo para agradecer las lágrimas de mis hijos sin contenerlas, sin juzgarlas, sin remediarlas. Tengo tiempo para dejarlas fluir hasta que se agoten. Hasta la profunda limpieza del alma.

Tengo tiempo para no dejarme guiar por la hora del reloj, sino para seguir ritmos más saludables, más sinceros y menos establecidos.

Tengo tiempo para observar. Solo para observar. Acontecimientos, personas, naturaleza, estados de ánimo. Y para dar la bienvenida a lo que viene de esta cuidadosa observación. Sin juicios, sin críticas, sin expectativas. La mayoría de las veces llegan intuiciones, ideas, pensamientos regeneradores.

Tengo tiempo para cerrar los ojos y perderme en el aroma del pan recién horneado, en el sabor de la comida cocinada con cuidado y lentitud, en escuchar atentamente una historia, en la caricia de un niño, en el calor del sol al mediodía.

Tengo tiempo para percibir a mi familia, mi trabajo, mis relaciones, mi vida diaria y preguntarme  si ha llegado el momento de que algo mejore, algo se reajuste, algo termine, cambie o nazca.

Tengo el tiempo, todo el tiempo necesario, para poder transformar mi vida ordinaria en una vida extraordinaria.

 

Elena Bernabè

 

https://www.eticamente.net/67250/ho-finalmente-il-tempo-di-fermarmi-e-di-osservare-la-mia-vita.html/67250/ho-finalmente-il-tempo-di-fermarmi-e-di-osservare-la-mia-vita.html

 

domingo, 28 de marzo de 2021

La pausa sagrada - Vicki Goodman

Traducido desde… https://imcw.org/Blog

 

En medio de la vida diaria hay otras formas simples de hacer una "mini pausa sagrada", dar a conocer lo que está vivo aquí y ahora, y relajarse en presencia. Es muy fácil, en medio del estrés, el ajetreo y las exigencias de la vida moderna, vivir gran parte de nuestro tiempo en piloto automático, inclinarnos hacia el futuro o reflexionar sobre el pasado, dislocado de nuestras vidas en este momento.

Una práctica de meditación formal diaria o regular nos ayuda a recordar que la verdadera paz y libertad se encuentran en estar plenamente presentes, aquí y ahora. También podemos cultivar la conciencia en las actividades de nuestras vidas utilizando una "pausa sagrada".

Para hacer una pausa sagrada, elija un momento en el que esté involucrado en una actividad orientada a objetivos: leer, trabajar en la computadora, limpiar, comer y experimente con pausas. Comience descontinuando lo que está haciendo, sentándose cómodamente y permitiendo que sus ojos se cierren. Tome algunas respiraciones profundas, y con cada exhalación deje de lado cualquier preocupación o pensamiento sobre lo que va a hacer a continuación. Suelta cualquier opresión en el cuerpo.

Ahora observe lo que está experimentando mientras habita la pausa. ¿De qué sensaciones eres consciente en tu cuerpo? ¿Te sientes ansioso o inquieto mientras intentas salir de tus historias mentales? ¿Te sientes atraído para reanudar tu actividad? ¿Puede permitir, por este momento, lo que sea que esté sucediendo dentro? En medio de la vida diaria hay otras formas simples de tomar una "mini pausa sagrada", concienciar a lo que está vivo aquí y ahora, y relajarse en presencia:

1-El teléfono como una campana de meditación: cuando suene el teléfono, tómese unos segundos para usar el sonido para estar completamente en su cuerpo. Relaja los músculos que puedan contraerse, especialmente en la cara, la boca y la mandíbula. Inhale y exhale más profundamente por una o dos respiraciones, y luego conteste la llamada.

2-Descargue una "campana de atención plena" en su computadora que suena a intervalos regulares o aleatorios. Cuando suena la campana, retire las manos del teclado, preste atención a las sensaciones corporales y tome tres o cuatro respiraciones completas para regresar a casa. 

3-Descanso de tres respiraciones: cuando se da cuenta de que se ha centrado en una actividad durante un período prolongado o está haciendo la transición entre actividades, tome un descanso de tres respiraciones. Haga una pausa y tome tres respiraciones profundas, respirando intencionalmente en el vientre. Permita que el abdomen se expanda. Relájese y libere cualquier lugar de tensión o tensión en el cuerpo con cada exhalación y sepa que está aquí.

4-Semáforo rojo como pausa: al conducir (o caminar en un área con señales peatonales), aproveche la ocasión de cada semáforo rojo como una oportunidad para detenerse. Dependiendo de la situación, puede usar el momento para respirar más profundamente y liberar lugares de tensión o contracción en el cuerpo.

5-Escucha atenta: mientras escucha y mantiene la conciencia en la conversación, preste atención al 'sentido sentido' en su cuerpo que acompaña y responde a la conversación. Suelta cualquier opresión en el cuerpo y brinda una apertura receptiva a lo que el otro está diciendo.

6-Caminata consciente: cuando camine de un lugar a otro, deje que la caminata sea una pausa sagrada en la jornada laboral. Use los momentos de caminar como una oportunidad para estar completamente presente al dar a conocer las sensaciones en el cuerpo y dejar de lado conscientemente la lista de tareas del día.

 

Según un estudio reciente, la integración de principios conscientes en la vida diaria durante solo 5 minutos al día durante 3 semanas dio como resultado reducciones significativas en el estrés y aumentos en la satisfacción con la vida, las relaciones positivas con los demás y el dominio ambiental.

Siempre que se sienta atrapado o desconectado, puede comenzar su vida fresca en el momento haciendo una pausa, relajándose y prestando atención a su experiencia inmediata utilizando la pausa sagrada.

 

Campanada de atención plena para descargar, abajo...

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 https://imcw.org/Blog/the-sacred-pause

sábado, 2 de enero de 2021

“La glorificación de estar ocupados" - Josh Korda

Traducido desde… https://www.lionsroar.com

 

Una de las experiencias más incómodas de la vida contemporánea parece ser…esperar: haremos prácticamente cualquier cosa para evitarlo. Desde las pantallas pequeñas de nuestros teléfonos inteligentes y navegadores de Internet, esperamos una conexión inmediata con lo que está sucediendo con nuestro trabajo, amigos, blogs, páginas de redes sociales, mensajes de citas por Internet, etc. un mundo de personas enganchado por la promesa de estar al día, siempre disponible, sintonizado, atado. ¿Quién tiene tiempo para reducir la velocidad?

Estamos constantemente ajustando y mejorando la vida hacia una eficiencia cada vez mayor en una sociedad en la que el tiempo de inactividad significa que algo salió mal y el tiempo libre es un signo de autoindulgencia pura e irresponsable. El comportamiento que para una generación anterior era sintomático de manía (un flujo constante de deseos cambiantes, planes demasiado ambiciosos, saltos improbables de un tema de conversación a otro, períodos de atención inadecuados, la necesidad compulsiva de estar constantemente en movimiento) es ahora el sello distintivo de un niño prodigio creativo y "listo para usar". Hemos fetichizado la inquietud, hemos convertido el desorden en ideales.

Tenemos miedo a presionar el botón de pausa de la vida, un período abierto que se prolongue o nos ponga en espera, cayendo en el abismo entre una tarea y otra. 

 Observe a las personas que esperan un metro retrasado hoy: la indignación por las molestias es palpable, especialmente si no hay señal de WiFi. ¿Qué podría ser peor que simplemente quedarse allí, sin hacer nada, existiendo? Cuando tememos el aburrimiento y la ociosidad, en esencia, nos tememos a nosotros mismos, porque esas son las condiciones básicas de nuestra existencia.

Y así llenamos los retrasos y los tiempos de inactividad con cualquier cosa que nos haga sentir comprometidos y productivos, actualizando nuestro estado, impulsados ​​por los reposts de "selfies" de Facebook. O, finalmente, como último recurso, podemos encontrarnos al día con las noticias del mundo. Pero incluso eso parece ser mejor que, bueno, la simple vitalidad, la experiencia de respirar, pararse, esperar, ser.

Y lo que es realmente aterrador es que en este mismo momento probablemente haya cientos de miles de nuevas empresas que producen un millón de aplicaciones para teléfonos inteligentes para los relojes WiFi del próximo año que nos programarán hasta el último minuto y reducirán cada uno de esos segundos hasta el punto de no retorno, para que cada momento de la vida esté monitoreando todo lo que hemos logrado y aún más.

Trabajamos más horas, con mucho menos vacaciones que nuestras contrapartes europeas. ¡Realmente trabajamos más horas al año más que los campesinos medievales! (Tenían mucho tiempo de inactividad). Y sin embargo, los anuncios de artilugios nos dicen que deberíamos ser más eficientes, que es hora de realmente poner manos a la obra, que ahora es el momento de comenzar a producir más y dejar nuestro sello. Si el amor, la seguridad y la aceptación se encuentran en cualquier lugar, el mensaje subyacente es que se nos llena de artilugios innecesarios en lugar de propiciar los primeros.

 

De alguna manera, en el apuro de todo, pocos de nosotros parecemos notar que nuestros sitios de Internet tienen la vida útil del yogur, y que no importa cuánto despejemos de nuestro escritorio, para mañana estará lleno  nuevamente. La gente viene a escucharme hablar sobre la meditación y lo que el Buda enseñó, pero lo que realmente quieren escuchar es cómo mantenerse en su agitada vida sin experimentar ansiedad debilitante, lo que es similar a posponer las lecciones de natación hasta que uno se esté ahogando. Otra forma de decirlo: no podemos experimentar la libertad si estamos encadenados a algo, incluso si es tan brillante como un teléfono inteligente. Si no estamos listos para dejar nuestros dispositivos ni siquiera por unos minutos entre una reunión y la siguiente, permitiendo que nuestros cerebros permanezcan inactivos por un respiro, estamos poniendo nuestra energía en el suelo. En una tierra donde mantenerse ocupado se considera beneficioso y el aburrimiento, también conocido como sentir la condición básica de la existencia humana, se considera un fracaso y merecedor de tratamiento farmacéutico, la productividad ya no es el medio para un fin, sino el punto de vida en sí mismo. El objetivo es mantenerse ocupado y no sentir nada.

Entonces, una de las cosas más radicales y contraculturales que podemos hacer es simplemente sentarnos y relajarnos sin sentir que nos estamos perdiendo de algo o que somos flojos. En lugar de evitar la quietud con un tweet más, podemos relajarnos en la inmensidad del tiempo no programado; en lugar de evitar el silencio a través de conversaciones interminables, podemos relajarnos en su extensión. En el espacio de un minuto, podemos experimentar un estado de descanso y tranquilidad que una vida de esfuerzo no puede producir, ya que el esfuerzo y la productividad son estresantes y agitados. Tomar un descanso puede ser desconcertante, incluso extraño y autocomplaciente; creando espacio en la vida sin llenarlo de inmediato. Pero en ese espacio hay algo mucho más precioso y raro que cualquier cosa que podamos encontrar en una pantalla, y no viene con una boleta a pagar.

Josh Korda ha sido profesor en el Dharma Punx de Nueva York desde 2005. También ha enseñado en el Centro Zen de Atención Contemplativa de Nueva York y en el Centro de Meditación Insight de Nueva York.

https://www.lionsroar.com/josh-korda-on-the-glorification-of-busyness/

martes, 16 de junio de 2020

La práctica de detenerse - Thich Nhat Hanh

 

El primer paso para aprender a vivir profundamente en el aquí y el ahora es hacer la práctica de detenerse. Hay una historia zen muy conocida acerca de un hombre que iba sobre un caballo galopando. Alguien, al verlo, le grita: “¿A dónde vas?”. Y el jinete le contesta dándose la vuelta: “¡No lo sé, pregúntaselo al caballo!”.

La historia resulta divertida, pero al mismo tiempo es cierta. Nosotros no sabemos exactamente  dónde vamos o por qué nos apresuramos tanto. Un caballo galopando nos está arrastrando y decidiéndolo todo por nosotros. Y nosotros le seguimos. Este caballo se llama “la energía del hábito”. Posiblemente hayas recibido esta energía de tus padres o de tus antepasados.

 Esta energía es la que te está dictando tus palabras y acciones, tú no eres tu verdadero soberano, es el caballo y no tú el que te está haciendo avanzar. Es la energía del hábito la que te empuja a decir y hacer cosas a pesar de no ser ésa tu intención, algo que te perjudica tanto a ti como a los demás.

 Por ejemplo, aun sabiendo que si decimos algo desagradable haremos sufrir tanto a quienes nos rodean como a nosotros mismos”, lo decimos igualmente. Más tarde lo lamentamos y exclamamos: “¡No pude evitarlo! el deseo fue más fuerte que yo”. Nos prometemos de todo corazón que la próxima vez no actuaremos así, pero cuando la situación vuelve a repetirse nos comportamos exactamente del mismo modo, haciendo y diciendo cosas que no sólo perjudican a los demás sino también a nosotros mismos.

 Esta clase de energía es la energía del hábito. Nuestra tarea consiste en tomar consciencia de ella y en no dejar que nos arrastre nunca más. Le sonreímos y decimos: “Hola, energía del hábito, sé que estás aquí”. El primer paso para cuidar de ti es aprender a detenerte y mirar en tuinterior. Es una práctica maravillosa.

Cuando estamos nerviosos, cuando alguien está enfadado o grita, cuando nos sentimos muy tristes o deprimidos, ¿qué podemos hacer para volver a sonreír y estar vivos? Si aprendernos el arte de detenernos, nos tranquilizaremos en nuestro interior y podremos calmar a quienes nos rodean.

La práctica de detenerse sirve para recuperar la calma y tener una mente clara y estable. Sin serenidad, sin una mente clara y estable, no podremos afrontar nuestros problemas.

La práctica de detenerte no significa que hayas de sentarte inmóvil en un lugar, ya que aunque lo hicieras tu mente seguiría viajando al pasado o al futuro o pensando en los proyectos que tienes, y eso no es detenerse. En nuestro interior hay una especie de vídeo que está funcionando todo el tiempo, sin cesar; piensas en tal o cual cosa, ves una imagen y luego otra. Nunca se detiene. Aunque no digas nada en voz alta, dentro de ti no hay silencio. El silencio interior nos ayuda a disfrutar de lo que tenemos en el momento presente. Nos permite contemplar una puesta de sol y disfrutar de veras con ella.

Detenerte es volver al aquí y al ahora y sentir las maravillas que la vida nos está ofreciendo en ese preciso momento. Si tu mente no se detiene, no estará unida con tu cuerpo, quizá éste permanezca sentado en un lugar, pero tu mente estará en otra parte. Al detenerte, el cuerpo y la mente se unen, regresan al aquí y al ahora.

Thay