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viernes, 8 de octubre de 2021

La biología del amor – Charla con el Dr. Bruce Lipton

Traducido con Amor desde...https://upliftconnect.com

 

¿Qué tienen que ver tus células con el amor? La biología molecular y el romance parecen compañeros de cama improbables, pero de acuerdo con el Dr. Bruce Lipton, un biólogo celular, autor del bestseller «La Biología de la Creencia» y ganador del Premio Goi a la Paz 2009, es toda una aventura. Él lo llama el «Efecto de Luna de Miel.»

Casi todos pueden recordar un momento en el que estuvieron «locamente enamorados.» Durante este jugoso momento de la vida, Lipton recalca, nuestra percepción del mundo se expande y nuestros ojos brillan de placer. Nuestro afecto no se ve limitado solamente a nuestra pareja; sino que nos enamoramos de la vida misma y eso se nota.

Nos arriesgamos a experimentar con nuevos platos, actividades y ropa. Somos mejores al escuchar, compartimos más y disfrutamos las cosas por más tiempo. Lipton sugiere jocosamente que, lo que el día anterior se veía hostil, se convierte en un cielo sobre la tierra cuando estamos enamorados. Ni siquiera nos damos cuenta de los conductores agresivos que ayer nos irritaban hasta más no poder; hoy, nos perdemos entre canciones de amor y fantasías.

La Vibración del Amor

Tan sorprendente como suena, todas y cada una de nuestras células se comportan como humanos en miniatura, dice Lipton. Dentro de ti hay cincuenta trillones de diminutas células parecidas a los humanos que trabajan juntas. Las células se ayudan unas a otras para bombear sangre a tu corazón, respirar con tus pulmones y las millones de tareas que se deben cumplir. Cuando nos sentimos «enamorados», ¡nuestras células vibran de amor también! ¡Suena bastante bien!

Todo comienza con la vida, que se define a través del movimiento según Lipton. Las proteínas, los elementos primario de la vida, se envuelven en esculturas de alambre orgánico y se mueven en respuesta a señales ambientales. En la superficie de cada célula, los receptores celulares reciben las señales ambientales mientras que los efectores las convierten en vibraciones y las transmiten al cerebro, donde serán interpretadas. No se necesita de mucha imaginación para ver la diferencia entre cómo estas esculturas de proteínas se mueven cuando están «locamente enamoradas» y cuando están irritadas. ¡Lo hemos vivido!

En la década de los ochenta, cuando Lipton descubrió que la membrana celular es el cerebro de la célula, su avance de investigación sugirió que las señales ambientales, ya sea de amor u otra emoción, son primordiales en la creación de enfermedades. Él presagió uno de los campos de estudio más importantes de la actualidad, la ciencia de la epigenética, que explora cómo las reacciones químicas celulares activan y desactivan los genes.

Él dice que las nuevas investigaciones sobre el cáncer sugieren que los factores genéticos influyen en la aparición de esta enfermedad apenas un 10% del tiempo. En otras palabras, la percepción de nuestro medio ambiente es responsable de la salud de nuestro cuerpo el 90% del tiempo.

El poder de la percepción

Aún más interesante que eso, Lipton informa que la investigación actual demuestra cómo nuestras estructuras de proteínas se activan más por señales no físicas que por señales químicas. En otras palabras, nuestras percepciones ambientales tienen una influencia más poderosa en nuestra salud que las drogas mismas. Por lo tanto, la ciencia nos dice que tenemos más capacidad innata para sanar nuestros males que la farmacia.

Con un tono de emoción, Lipton señala: «¡Guau! Esto significa que las personas no son víctimas de sus genes como solíamos pensar. Ellas pueden cambiar sus percepciones y así cambiar su estado de salud. ¡Eso es emocionante! La antigua biología solía quitarnos esa elección y controlar el resultado. Cuando les dices a las personas que son sólo víctimas, su poder se ve disminuido. El trabajo ahora es ayudar a las personas a cambiar sus percepciones para que puedan cambiar sus resultados».

¿Preguntas cómo funciona? Pues, la célula es un «chip» de datos según su definición, comparte Lipton. Nuestras memorias y creencias perceptuales se almacenan en la membrana celular y se transmiten constantemente al cerebro para su interpretación. La mente responde a estos mensajes vibratorios al crear coherencia entre creencia y realidad.

En otras palabras, cuando tus células transmiten a tu mente, la mente trabaja diligentemente para crear la misma realidad química en tu cuerpo. Por lo tanto, si crees que te enfermarás, tu mente coordinará a tus células para que así sea. Y si tus células transmiten señales que sugieren que eres vibrante y saludable, tu mente nuevamente hará que eso suceda.

Este poder de percepción se demuestra, dice Lipton, en estudios que encontraron que los niños adoptados contraen cáncer con la misma propensión que sus hermanos criados en la misma familia, pero de genética diferente.

Descargas subconscientes

De hecho, informa Lipton, «la medicina ha reconocido que la enfermedad se siembra en los primeros seis años de vida cuando las creencias son descargadas al subconsciente del niño por la familia.» Durante estos años, las mentes de los niños están principalmente en un patrón de ondas cerebrales theta, lo que crea un estado mental hipnagógico. Este estado de trance explica por qué los niños difuminan fácilmente el límite entre la fantasía y la forma. Al caminar en un trance, los niños pequeños absorben las creencias de sus padres en la memoria subconsciente sin cuestionarlas ni discernirlas.

Lipton explica cómo funcionan estas descargas subconscientes al compararlas con un iPod. Cuando obtienes un iPod nuevo, no hay nada guardado, así que no puedes reproducir nada. Una vez que descargas canciones en la memoria, puedes reproducir las canciones descargadas. De hecho, son las únicas canciones que puedes reproducir. Hay muchas otras canciones, pero no puedes reproducirlas en tu iPod hasta que las descargues. Del mismo modo, todo lo que se ha descargado a nuestra memoria subconsciente y almacenado en nuestras células es la única opción disponible para escucharse y verse en el cuerpo.

No son posibles otras opciones hasta que se descargan como creencias y percepción en el subconsciente. Por lo tanto, automáticamente respondemos a las creencias de nuestros padres, a menos que estemos expuestos a otras creencias o generemos nuevas creencias intencionalmente.

Un cambio hacia el amor y la vitalidad

 

Lipton señala que el mayor problema es que las personas no creen ser capaces de cambiar sus pensamientos y creencias con facilidad. Él sugiere que si les enseñamos a nuestros niños en sus primeros 6 años que pueden cambiar sus pensamientos y, por lo tanto, sus cuerpos, un cambio de empoderamiento hacia el amor y la vitalidad puede ser fácil.

La biología celular no solo tiene algo que decirnos sobre el amor en nuestros cuerpos, sino que también revela mucho de la naturaleza de la conexión humana, dice Lipton. Se llama biomímesis y es una nueva disciplina en biología que utiliza las mejores ideas de la naturaleza para resolver problemas. Los animales, las plantas y los microbios han descubierto que funciona, y podemos aprender de ellos. Demuestran formas de funcionamiento que han perdurado durante más de 3.800 millones de años de existencia.

En el último libro de Lipton, «La Biología de la Transformación», su co-autor Bhaerman y él sugieren que las células son más inteligentes que nosotros cuando se trata de crear comunidades exitosas. Ellos dilucidan cómo las células se organizan para tener un sistema monetario que paga a otras células de acuerdo a la importancia del trabajo que hacen y almacena el exceso de ganancias en los bancos comunitarios. Tienen un sistema de investigación y desarrollo que crea tecnología y equivalentes bioquímicos de redes informáticas expansivas. Los sistemas ambientales sofisticados proporcionan un tratamiento de purificación de aire y agua que es más avanzado tecnológicamente de lo que los humanos alguna vez hayan imaginado.

«Ninguna célula se queda atrás»

Lo mismo es cierto para los sistemas de calefacción y refrigeración. El sistema de comunicación dentro y entre las células es una Internet que envía mensajes codificados en formato zip directamente a las células individuales. Incluso tienen un sistema de justicia penal que detiene, encarcela, rehabilita y, de forma kevorkiana, colabora con el suicidio de células destructivas. A diferencia de nosotros, las células han organizado una cobertura médica completa que garantiza que cada célula reciba lo que necesita para mantenerse saludable y un sistema inmunitario que proteja las células y el cuerpo como una Guardia Nacional dedicada.

Lipton hace una intrigante analogía entre cómo 50 billones de células en el cuerpo humano trabajando juntas para el éxito del individuo es similar a cómo 7 mil millones de seres humanos podrían trabajar juntos para el éxito del planeta. Él señala que no hemos estado haciendo un trabajo tan bueno como el de las células.

Lipton enfatiza que nuestra mente individual, como una célula individual, tiene mucha menos conciencia que la conciencia de todo el grupo. Cuando una célula cumple su evolución, se ensambla en colonias con otras células evolucionadas para compartir y expandir la capacidad de la conciencia. Hay una actitud de «ninguna célula se queda atrás» y la apropiación económica de recursos para apoyar al todo. Lipton dice que sería bueno para nosotros como colectivo el evolucionar a un nivel tan alto de conciencia como nuestras células. Él escribe: «La ciencia sugiere que la próxima etapa de la evolución humana estará marcada por la conciencia de que todos somos células interdependientes dentro del superorganismo llamado humanidad.»

Reescribiendo nuestras percepciones

En primer lugar, sin embargo, debemos trabajar en nuestro propio patio trasero, insta Lipton, «Debemos cambiar la evolución de nuestro yo individual para que la conciencia colectiva pueda progresar.» Él nos urge a recuperar nuestras vidas reescribiendo nuestras percepciones para poder crear ese estado de ánimo amoroso una y otra y otra vez. Nos alienta a descargar nuevas creencias de empoderamiento y amor en la memoria celular, para que nuestras células tengan nuevas melodías encantadoras para reproducir con letras que afirmen nuestra capacidad de atracción.

Lipton llama a la búsqueda de sentirse continuamente «enamorado», «La ciencia de crear el cielo en la tierra.» Y la ciencia ha hablado de tales cosas, escribe Lipton. Por ejemplo, los investigadores de HeartMath descubrieron que el impacto del amor en sí es real y bioquímicamente medible: «Cuando los sujetos centran su atención en el corazón y activan un sentimiento cardíaco central, como el amor, el aprecio o el cuidado, estas emociones cambian inmediatamente los ritmos de sus latidos cardíacos a un patrón más coherente. El aumento de la coherencia de los latidos del corazón activa una cascada de eventos neuronales y bioquímicos que afectan prácticamente a todos los órganos del cuerpo.

Los estudios demuestran que la coherencia del corazón lleva a una mayor inteligencia al reducir la actividad del sistema nervioso simpático, nuestro mecanismo de lucha o huida, al mismo tiempo que aumenta la actividad promotora del crecimiento del sistema nervioso parasimpático.» Como resultado, se reducen las hormonas del estrés y se produce la hormona antienvejecimiento DHEA. El amor realmente nos hace más saludables, más felices y más longevos.

Resulta que la biología molecular y el amor en realidad son una combinación hecha en el cielo. El Dr. Bruce Lipton nos desafía a estudiar y comprender cómo experimentar ese cielo en la tierra de forma continua, con proteínas danzantes en nuestras células que se mecen y mueven con amor.

El Dr. Bruce Lipton es un biólogo celular estadounidense autor del best seller La biología de la Creencia y sus dos libros sucesores, La Biología de la Transformación y El Efecto Luna de Miel. Los tres libros se encuentran disponibles en español.

https://upliftconnect.com/the-biology-of-love/

 

Ensayando el sufrimiento - Sister Dang Nghiem

Traducido con Amor desde… https://tricycle.org

 

Un obstáculo importante para la meditación es la tendencia de nuestra mente a atascarse en pensamientos negativos. La mente "ensaya" los escenarios que nos molestan, en última instancia, porque quiere resolver el problema y encontrar una salida. Desafortunadamente, puede atascarse en su pista como la aguja del gramófono atascada en un surco, repitiendo la misma pista sin cesar.

Las personas que han sobrevivido a un trauma o sufren de angustia psicológica frecuente a menudo se sienten preocupadas por pensamientos intrusivos repetitivos. La mente ha sido comparada con un motor de búsqueda: inicias un pensamiento y te da otros pensamientos relacionados con él. Pero si seguimos albergando pensamientos de odio, incluso si no actuamos en consecuencia, pueden generar más odio y violencia. Arno Michaelis, un ex supremacista blanco, ha escrito sobre cómo sus pensamientos de ira llevaron a charlas que apoyaban la violencia contra las personas de color. Después de su conversión al budismo, cuando se le preguntó cómo la gente podía infligir dolor a los demás e incluso asesinarlos, respondió: “Practica. Cuando practicas el odio y la violencia, tu vida es tan miserable que nada más que el homicidio seguido del suicidio parece tener sentido. Cosas como el amor, la compasión, el perdón, la bondad y todos los aspectos más hermosos de nuestra experiencia humana no solo te resultan desconocidos, sino que te repugnan ".

Todo lo que hacemos habitualmente puede entenderse como práctica y ensayo. Con esta conciencia, aprendemos a utilizar nuestro motor de búsqueda (mente) de forma consciente y poner selectivamente en nuestra barra de búsqueda solo los elementos positivos. En neurociencia, se sabe que las neuronas que "disparan juntas se conectan entre sí". Cuando ciertas neuronas se activan juntas continuamente, con el tiempo la conexión se vuelve más fuerte entre esas neuronas. El factor desencadenante puede ser un pensamiento, una palabra u oración, o una acción, y luego una vía neuronal particular se activa inmediatamente, a través de impulsos eléctricos y después de la liberación de neurotransmisores una reacción en cadena completa tiene lugar instantáneamente. La reacción más usada se convierte en un camino habitual.

Las vías neuronales que se activan con frecuencia pueden comenzar a funcionar automáticamente, manifestándose como un hábito o un patrón habitual, y esto se convierte en su personalidad con el tiempo. De manera similar, para las personas con traumas solo necesitan escuchar un sonido repentino, ver algo que se desencadena o incluso simplemente pensar en una experiencia desagradable, e inmediatamente se produce una cascada completa de reacciones, pensamientos, habla y comportamientos. Alguien que ha sido abusado puede sentir repulsión por el toque de su amante, o un soldado de combate puede comenzar a gritar exactamente como si estuviera en una zona de guerra. De esta manera, el trauma no ocurre solo una vez; ocurre fisiológicamente cada vez que lo revivimos traumáticamente con nuestros pensamientos. Incluso cuando tienes una pesadilla, todo tu cuerpo la atraviesa: se liberan neurotransmisores.

Cuando hace o dice algo negativamente la primera vez, puede sentirse mal por ello, pero la segunda vez puede sentirse menos inquietante. Puede que se diga a sí mismo "No eres digno", o puedes gritarle a tu cónyuge o golpear la pared; la primera vez que lo haces, es un shock. Pero la segunda vez puede sentirse menos mal. Y entonces el comportamiento puede convertirse en un hábito. Cada vez que te enojas, golpeas la pared. Puede volverse incontrolable. Un hábito se convierte en personalidad, que luego determina el curso de tu vida y tu destino.

Tenemos que ensayar de manera positiva, para que sea más fácil ver el lado positivo de una situación. Esto se relaciona con cómo percibimos nuestra realidad. El signo o apariencia del objeto o situación puede ser exactamente el mismo, pero el estado mental determina cómo percibimos la situación. A través de la práctica, podemos entrenar nuestra mente para que esté en un estado de amplitud: tranquila, positiva y capaz de percibir la situación con más claridad, ecuanimidad y sentido de posibilidad.

Para aquellos de nosotros que tendemos a ser sombríos y desesperados fácilmente, agravados con el sufrimiento del pasado, nuestro estado de ánimo habitual hace que sea aún más difícil manejar y transformar la situación. Entonces realmente necesitamos tener la visión correcta y el pensamiento correcto. Nos entrenamos para ser conscientes de lo que estamos pensando y respirar con ello, relajarlo y cambiarlo a una visión más equilibrada, reconociendo las buenas condiciones que aún están disponibles para nosotros. Podemos recordarnos a nosotros mismos, “Sonríe. Elije pensar en ello de una manera positiva ". Es completamente posible crear hábitos nuevos, conscientes y positivos. Sin duda, esto es posible con la práctica del habla amorosa y la escucha profunda de nosotros mismos. La positividad y la gratitud se convierten lentamente en un nuevo hábito consciente.

 

Práctica: ¿Crees que sí?

A petición mía, Thay [el maestro zen Thich Nhat Hanh] me escribió una vez una caligrafía que decía: "¿Tú lo crees?" Hacer esta pregunta es una buena práctica para verificar nuestras percepciones. Nos ayuda a reexaminar nuestros puntos de vista y percepciones profundamente arraigados, de modo que podamos descubrirnos desde diferentes ángulos y en niveles más profundos.

En mi vida espiritual, me he encontrado teniendo que ceder y liberar capa tras capa de puntos de vista, percepciones y actitudes que alguna vez pensé que eran sólidas e inamovibles. Dejar ir las opiniones fijas me ha permitido aceptarme a mí misma y ser aceptada por los demás; experimentar alegría, estar bien con ello y no aferrarme a mi sufrimiento.

Practicar la auto-indagación con la pregunta: "¿Tú lo crees?" me ha enseñado mucho sobre cómo pienso sobre el sufrimiento. Cosas erróneas como: "¡Es mío! No lo entiendes. Mi dolor es mayor que el tuyo ". Se necesita mucho coraje para liberar y dejar ir nuestra negatividad.

Probemos esta práctica. Por ejemplo, digamos que tienes un pensamiento negativo hacia ti mismo, como "¡Eso es horrible!" o "Fue realmente tonto lo que dije". Respira, sonríe y pregúntate: "¿Eso crees?"

Continúa respirando, sonriendo y escuchando por un rato.

¿Ha cambiado algo?

¿Eso crees?

 

Adaptado de Flowers in the Dark: Reclaiming Your Power to Heal Trauma through Mindfulness por la hermana Dang Nghiem © 2021

La hermana Dang Nghiem  nació en 1968 en Vietnam, hija de una madre vietnamita y un soldado estadounidense. Perdió a su madre a los doce años y emigró a los Estados Unidos a los diecisiete años. Al vivir en varios hogares de acogida, obtuvo un título médico de la Universidad de California en San Francisco. Eventualmente dejó su práctica como doctora para vivir en Plum Village de Thich Nhat Hanh, donde fue ordenada monja en 2000. Es autora de un libro de memorias, Healing: A Woman's Journey from Doctor to Nun (2010), y Mindfulness as Medicina: una historia de sanación y espíritu (2015). Su último libro es Flowers in the Dark , una guía para curar el trauma con la práctica de la atención plena.

https://tricycle.org/trikedaily/sister-dang-nghiem-suffering/

domingo, 3 de octubre de 2021

Mirar el mundo con ojos silenciosos – Gonzalo Brito

 

“El no prestar atención nos mantiene en un ciclo interminable de caprichos, nos movemos de una cosa a la otra porque no llegamos a absorber lo que ya tenemos; la inatención crea la necesidad de una escalada de estímulos” – Sharon Salzberg.

“La facultad de traer de vuelta deliberadamente la atención errante, una y otra vez, constituye el fundamento mismo del discernimiento, del carácter y la voluntad. Nadie es maestro de sí mismo si no la tiene. La educación que mejorara esta facultad sería la educación por excelencia” – William James (1890).

 

Hace un par de años un equipo de investigadores de Harvard publicó en la revista Science un artículo titulado “Una mente distraída es una mente infeliz” * (“A Wandering Mind in an Unhappy Mind”), donde reportaban un estudio en el cual 2.250 voluntarios tenían que responder, en momentos aleatorios de su día, qué estaban haciendo, en qué estaban pensando y cuál era su nivel de felicidad (en una escala de 1 a 100). Los resultados mostraron varias cosas interesantes. Primero, un 47% del tiempo los participantes estaban pensando en algo distinto a lo que estaban haciendo, es decir, la mitad del tiempo no estaban mentalmente presentes. Segundo, el mejor predictor de felicidad no era qué estuviera haciendo la persona, sino si su mente estaba sincronizada con su acción. Por supuesto, si la persona estaba divagando mentalmente, el nivel de felicidad era mayor si los contenidos mentales de la divagación eran positivos en vez de negativos, pero tener la mente puesta en lo que se estaba haciendo era superior que la divagación positiva en cuanto al nivel reportado de felicidad. Es decir, si una persona estaba lavando platos, su nivel de felicidad era mayor si estaba plenamente presente con los platos, que si estaba imaginándose echado en la playa viendo una puesta de sol. De hecho, la manera en que las personas pasan el día tenía poca incidencia en lo felices que se sentían; su presencia era lo que realmente importaba.

Este estudio ofrece un comentario interesante acerca de dónde es más sabio poner nuestras esperanzas de felicidad. Usualmente ponemos esta esperanza en un set de condiciones externas, las cuales no sólo son inevitablemente transitorias, sino que muchas veces están fuera de nuestro control. En la cultura del consumo, la cual por su insustentabilidad estructural comienza a llegar a su fin, hemos puesto gran énfasis en los objetos que adquirimos y en las experiencias placenteras que perseguimos. Hemos multiplicado el acceso a bienes de consumo a través de una economía globalizada y el acceso al crédito, sin embargo, la felicidad no parece haberse multiplicado en la misma proporción con estos cambios. De hecho, parece que mientras más objetos y experiencias disponibles hay en nuestro horizonte, mayor es la miseria, ya que más frecuentemente sentimos que debiésemos tener y ser más de lo que tenemos y somos. Sin embargo, aun habiendo confundido conveniencia por felicidad, hay algo testarudo en la condición humana que, pese a los intentos de la publicidad, no llega a convencerse de que conveniencia y confort sean lo mismo que felicidad. Intuitiva o experiencialmente sabemos que se puede vivir una vida muy conveniente y cómoda, y aun ser bastante miserables.

En general, estamos condicionados a mirar el mundo con ojos ávidos. Mientras vivamos con poca conciencia, con la mente puesta en otra parte la mitad del tiempo, nos insensibilizamos hacia las pequeñas delicias de la vida, que sólo están disponibles en el presente para una mirada silenciosa. Nuestro umbral de asombro es demasiado alto, vivimos relativamente anestesiados y necesitamos de mucho estímulo externo (placentero o doloroso) para sentirnos vivos. En la medida en que lo que ayer nos satisfacía ya no nos satisface hoy, necesitamos de crecientes cantidades de estímulo, cayendo en comportamientos adictivos, lo que Sharon Salzberg llama “una interminable cadena de anhelos”.

La buena noticia es que estos condicionamientos no son irreversibles, es decir que no estamos condenados a estar vivos a medias el 53% de nuestra vida. Nuestro cerebro es neuro-plástico, es decir, es capaz de cambiar funcional y estructuralmente a través de la experiencia, y en particular, a través del entrenamiento de nuestra capacidad de atención y concentración. La concentración, ese gesto interno cultivable donde mente y cuerpo son “no-dos” −como diría un maestro Zen−, silencia gradualmente el comentarista interno, y paulatinamente disuelve la maquinita de realidad virtual que imponemos a menudo sobre la experiencia directa. La mente capaz de concentrarse produce una mirada silenciosa que no mira al mundo exigiéndole nada, sino que honra amorosamente la belleza que anónimamente nos es regalada momento a momento.

Una Práctica

Cuando las personas comienzan a practicar la meditación, a menudo se quejan de que la meditación no es para ellos, porque se distraen con facilidad. Esto es porque hay un mal entendido generalizado de que la meditación consiste en dejar la mente en blanco. De hecho, las distracciones no son un obstáculo para la práctica; las distracciones (que surgen en el 100% de los practicantes, principiantes o “expertos”) son las que permiten la práctica, ya que practicar consiste precisamente en notar que estamos distraídos y traer la mente de vuelta a lo que estamos poniendo atención.

Una práctica tradicional para cultivar la mirada silenciosa consiste en concentrarse en la respiración. Es una práctica realmente efectiva que ancla la mente al presente a través de traer una y otra vez nuestra atención a las sensaciones corporales de nuestra respiración (usualmente en el abdomen o en la nariz). Se puede comenzar por pocos minutos, e ir ampliando la duración de las meditaciones a medida que nuestra energía aumenta con la práctica. Si tienes un momento, respira profundo un par de veces y siente tu respiración. Si tienes tres minutos, puedes hacer la práctica de la Pausa Mindfulness de Tres Minutos, y si tienes más tiempo puedes realizar la Práctica de Atención Plena en la Respiración o la Práctica de la Meditación Sentada.

En lo cotidiano, es muy útil hacernos las preguntas ¿Qué estoy haciendo? ¿Dónde está mi mente ahora mismo? Y sin juzgarnos, recoger nuestra mente y volver la atención a lo que estamos haciendo. Pon atención al hábito de la multi-tarea (hacer más de una cosa a la vez), no sólo porque este hábito alimenta nuestra tendencia a estar ausentes, sino también porque simplemente en términos de productividad, cuando hacemos varias cosas a la vez no hacemos ninguna bien y perdemos hasta un 40% de nuestra eficiencia**
Por último, si te es posible, pasa algún tiempo en contacto con la naturaleza, observa y toca un árbol, escucha a los pájaros, siente el pasto, o mira el mar si vives en la costa, o mira el cielo y sus nubes, donde sea que vivas. Cultivando una mirada silenciosa, disminuye tu umbral de asombro y aprecia la magnificencia de lo simple.
¡Buena práctica!

Gonzalo Brito

 

*Killingsworth, M. A., & Gilbert, D. T. (2010). A Wandering Mind Is an Unhappy Mind. Science, 330(6006), 932.


**Rubinstein, J. S.; Meyer, David E.; Evans, J. E. (2001). Executive Control of Cognitive Processes in Task Switching. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 27(4), 763-797

Gonzalo Brito es Psicólogo Clínico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctor en Psicología del Institute of Transpersonal Psychology, Estados Unidos. Estudió en el Centro para la Investigación y la Educación en la Compasión y el Altruismo de la Universidad de Stanford (CCARE), siendo actualmente director de la Formación Internacional de Instructores del programa Compassion Cultivation Training (CCT) para países de habla hispana en colaboración con Nirakara y el Compassion Institute. Gonzalo ha realizado un Post-Graduate Certificate en la Universidad de Derby, UK, en Compassion Focused Therapy (CFT), bajo la supervisión de Paul Gilbert. Es co-autor de los libros «Presencia Plena» y «Mindfulness

https://cultivarlamente.com/mirar-el-mundo-con-ojos-silenciosos/

 

jueves, 30 de septiembre de 2021

Soltando nuestros juicios: La humanidad compartida y la percepción compasiva- Margaret Cullen y Gonzalo Brito

 

En el marco del cultivo de la compasión, mindfulness sale del cojín de meditación y la práctica se vuelve relacional. Las personas y sus ne­cesidades no nos distraen de la práctica; los otros, con sus virtudes y sus defectos, son la campana de atención plena que nos despierta de estar distraídos y ensimismados en nuestras propias preocupaciones. En última instancia, es en la relación con los demás donde nuestra prác­tica se hace real.

Al reconocer nuestras imperfecciones y nuestra fragilidad a tra­vés del cristal de la autocompasión, podemos experimentar con ma­yor empatía y compasión las limitaciones de otras personas. Esto no es solo beneficioso para nosotros –porque la compasión por los demás reduce nuestro malestar y nuestra reactividad hacia sus imperfeccio­nes– sino que también ofrece a los demás el espacio para reconsiderar sus actitudes en vez de ponerse inmediatamente a la defensiva. La con­ciencia de nuestra propia falibilidad nos puede ayudar a detenernos un momento antes de juzgar automáticamente a los demás y a intentar comprender mejor su situación y sus motivaciones, desde la perspec­tiva de la humanidad compartida. Si los juzgamos demasiado rápido desde una supuesta superioridad moral, corremos el riesgo de caer en la arrogancia y la cerrazón mental –una postura aparentemente sólida, pero en realidad muy frágil–. En cambio, al reconocer nuestras pro­pias imperfecciones y aprender a relacionarnos con ellas con amabili­dad y una buena dosis de humor, podemos ser más humildes y cálidos en nuestras relaciones con aquellos que nos rodean.

Del mismo modo que podemos ser más conscientes de cómo nos juzgamos a nosotros mismos, también podemos serlo de cómo juz­gamos, clasificamos y evaluamos de forma automática a los demás. Si tenemos en cuenta lo poco que realmente sabemos de los otros y de sus circunstancias, parece que lo más sabio es cultivar una saludable dosis de escepticismo hacia los juicios que nos hacemos sobre ellos. Estos juicios no solo son una suerte de ruido mental tóxico, sino que, además, suelen estar equivocados.

Los psicólogos sociales hablan incluso del «error de atribución fundamental», un sesgo profundamente arraigado que nos lleva a atri­buir el comportamiento de los demás a sus disposiciones persona­les en vez de pensar en sus circunstancias. En cambio, empleamos el argumento opuesto para dar cuenta de nuestra conducta: si tengo el despacho hecho un desastre es porque no he tenido tiempo para ordenarlo, pero si tu despacho está desordenado es porque tú eres un desastre. Pero la verdad es que las personas (incluyéndonos a nosotros mismos) tienen la incómoda costumbre de ser mucho más complejas que nuestros prejuicios sobre ellas.

La idea de suspender los juicios apresurados y ofrecer el benefi­cio de la duda en vez de precipitarnos a sacar conclusiones no significa que debamos ser ciegos ni ingenuos ante las acciones ofensivas de los demás. Volviendo al lenguaje de la Comunicación No Violenta (Ro­senberg, 2003), podemos aprender a percibir las acciones inhábiles (aquellas que provocan sufrimiento) como «expresiones trágicas de necesidades insatisfechas». ¿Qué significa esto?

Considera lo siguiente: toda acción se puede entender como el intento de satisfacer alguna necesidad. La estrategia para satisfacer esa necesidad puede ser acertada o no, pero la necesidad en sí misma merece reconocimiento y respeto. Esta perspectiva evita confundir a la persona con sus actos, lo cual significa que nos podemos oponer con fuerza a una acción sin por ello abandonar nuestra capacidad de empatizar con esa persona.

Por ejemplo, imagina a una adolescente que le está gritando algo así a su madre: « ¡Deja de meterte en mis cosas, deja de manipularme la vida! ¡Quiero tomar mis propias decisiones! ¡Te odio!», y a continuación le da un portazo en las narices. Desde una posición reactiva podemos sentirnos tentados a etiquetar a la adolescente como «mala», «agresiva» o «insoportable», pero con ello no solo sabotearíamos la re­lación, sino que lo más probable es que la madre se culpase a sí misma de haber criado a una hija tan difícil. Y esta idea se le comunicaría a la hija, directa o indirectamente, alimentando su baja autoestima. En cambio, uno podría preguntarse: « ¿Cuál es la necesidad humana legí­tima que se oculta detrás de ese berrinche emocional?». Varias son las posibilidades: autonomía, independencia, autovaloración, seguridad, respeto… No hay duda de que la conducta del adolescente es poco há­bil, pero en realidad se trata de una expresión trágica de necesidades insatisfechas. La «tragedia» está en el hecho de que su propia forma de expresar la necesidad hace menos probable que esta sea satisfecha. ¿Qué ocurriría si empezáramos a ver nuestras propias acciones poco hábiles y las de los demás no como prueba de lo malos que so­mos, sino como «trágicas expresiones de necesidades insatisfechas»?

Al reflexionar sobre aquello que más necesitamos cuando su­frimos, podemos ser conscientes de lo que otros puedan necesitar cuando son ellos quienes sufren. Por ejemplo, sabemos por experien­cia propia que cuando sufrimos de nada nos sirve que nos juzguen o ridiculicen; en cambio, apreciamos cuando alguien nos ofrece com­prensión, apoyo, amabilidad, paciencia y confianza en nuestra capa­cidad de sobrellevar ese sufrimiento. Es evidente que la simple proyec­ción de nuestras necesidades en los demás no necesariamente les va a ayudar, por lo que se debe complementar la perspectiva de la huma­nidad compartida con la intuición empática, es decir, la capacidad de percibir exactamente los sentimientos y las necesidades de la otra persona. Thich Nhat Hanh habla sobre la relación entre el amor y la comprensión de esta forma:

“Sin comprensión, el amor es imposible. ¿Qué debemos hacer para comprender a una persona? Debemos tener tiempo; debemos apren­der a mirar en lo más profundo de esa persona. Debemos estar ahí, atentos; debemos observar, mirar profundamente. Y el fruto de esa mirada profunda se llama comprensión. El amor es auténtico si está hecho de una sustancia llamada comprensión”.

Para comprender a los demás necesitamos tiempo para mirar en profundidad, y esto es exactamente lo que hacemos cuando practica­mos mindfulness. En el marco del cultivo de la compasión, mindfulness sale del cojín de meditación y la práctica se vuelve relacional. Las personas y sus ne­cesidades no nos distraen de la práctica; los otros, con sus virtudes y sus defectos, son la campana de mindfulness que nos despierta de estar distraídos y ensimismados en nuestras propias preocupaciones. En última instancia, es en la relación con los demás donde nuestra prác­tica se hace real.

 

Este post es un fragmento del capítulo 11 (“Despertar la Compasión”) del libro Mindfulness y Equilibrio Emocional: Un programa de ocho semanas para mejorar la salud emocional y aumentar la resiliencia, de Margaret Cullen y Gonzalo Brito.

https://cultivarlamente.com/soltando-nuestros-juicios-la-humanidad-compartida-y-la-percepcion-compasiva/

 

domingo, 26 de septiembre de 2021

El Cambio está en la Decisión, en la Percepción, en la Vibración

Hay momentos donde las dudas absorben la mente repitiendo preguntas en bucle. Instantes donde, aún siendo consciente de la función del universo, de tu conexión con la fuente, del poder creador de tus palabras... se le llama a esto "la teoría fácil" para poder seguir sufriendo con los problemas "reales", adjuntando que esa teoría se dice muy fácil, pero es muy difícil.

 El universo no va a tratar de convencerte de qué es la verdad, ya que cada uno tiene la suya. Tampoco de qué es lo fácil y qué lo difícil, ya que él tan solo te entregará aquello en lo tú estés vibrando, aquello que resuena en tu interior. "Nada Brahma".Todo vibra. Cada pensamiento, emoción, acción... es una constante expresión de energía en estado vibracional. ¿Piensas que es difícil? La matriz asentirá con amor y vivirás tu dificultad.

 

"Te conviertes en lo que piensas" Buda

Es comprensible que para algunas creencias decir que un problema se puede transformar fácilmente, es prácticamente un insulto. Después de todas las conductas y patrones que ha tenido que crear la mente para gestionar un problema, que de repente le digan que, si tú cambias, todo cambia, puede ser catastrófico para la mente. ¡Mentira! Sonará rápido intentando defenderse de un ataque ilusorio. Pero es normal. La mente se sostiene en las experiencias de supervivencia y desaprender esos programas puede peligrar la vida, pero desde su perspectiva defensiva, claro está.

Lo curioso de esta mente miedosa, como un niño que se siente abandonado, es que intenta saber cómo se hacen los cambios sin querer cambiar. Es como querer enseñar a alguien a ir en bicicleta y este te pregunta que antes de subirse, quiere saber cómo se hace. En lo que se le insiste: "tienes que subirte y experimentarlo para que pueda enseñarte", pero la mente sigue recalculando...: "No puedo subirme, no sé hacerlo, no tengo la información suficiente, necesito saber cómo se hace". Una de las diferencias fundamentales entre una persona que avanza rápidamente y otra que va más lenta, está en la capacidad de escuchar sin juzgar.

Cuando una persona escucha libre de juicio, asimilando aquellas palabras que resuenen consigo, no solo no tiene necesidad de preguntar "cómo se hace", sino que sabe exactamente lo que tiene que hacer. Su mente no busca "peros", sino motivos para experimentarlo. Esta persona es consciente de las mismas dificultades que el que pregunta "como se hace", pero uno quiere saberlo todo sin experimentar nada. Mientras que el otro sabe que sobre la experiencia sabrá qué hacer en las dificultades y sino, es tan sencillo como preguntar.

 

"La Transformación significa literalmente: ir más allá de tu forma" Wayne Dyer

 

 Más irónico que todo este juego de la mente, es que casi todas las personas del planeta son conscientes de que un 80% de las preocupaciones, el estrés, la ansiedad, etcétera, están causados por presuposiciones futuras. Y seguramente todos hemos dado "like" a alguna foto donde ponía algo así, asintiendo: "¡Qué razón tiene!". Pero luego no pasaban ni 5 minutos y comenzábamos a preocuparnos por alguna posibilidad futura. Parece que la mente, en la era de la sobre información, ha aprendido a evadir ciertos aspectos que le permitan seguir actuando de forma automática, robótica y repetitiva, sin un ápice de cuestionamiento sobre lo que hacemos, pensamos y sentimos.

 ¿Qué me lleva a enfadarme con silencio cuando en realidad me gustaría decirle que le echo de menos?

¿Para qué intento culparlo del miedo y la inseguridad que yo siento?

¿Qué me lleva a intentar defenderme cuando alguien intenta ayudarme?

¿Es porque no lo hace como a mí me gustaría?

¿Para qué juzgo y critico a las personas en mi mente?

¿Qué ocurre dentro de mí para que me cueste tanto seguir mi vida sin estar comparándome, acaso necesito una aprobación?

¿Qué me lleva a sentirme culpable cuando hago exactamente lo que siento que quiero hacer?

 

Vivimos en un mundo dividido, vemos víctimas y victimarios, malos y buenos, correctos e incorrectos... Los buenos juzgan a los malos y los malos a los buenos. Las víctimas culpan a los victimarios y los victimarios a las víctimas. Intentamos sostener creencias que nos hacen daño obligándonos a seguir actuando y siendo de la misma forma sufriendo una y otra vez. ¿Es más valioso el sufrimiento que cambiar? ¿Realmente elegimos lo "malo conocido que lo bueno por conocer"?

 Si tan solo nos parásemos un instante a observar nuestra pantalla de la vida, nuestras experiencias, nuestros pensamos y acciones, cambiaría tantísimo nuestra percepción de nosotros mismos y del mundo que vivimos... Y la física cuántica ya nos ha mostrado que si transformamos la percepción, cambiamos la vibración, por lo tanto, nuestra realidad. Pero esto ya lo decía Einstein: "Si no les gusta el mundo que ven, que sepan que no pueden cambiarlo, pero si cambian ustedes cambiará su universo".

Vive como si ya tuvieses todo lo que siempre has deseado. Siéntelo en cada célula de tu cuerpo. Sé la persona con quien te gustaría caminar la vida y trata a los demás como te gustaría que te tratasen. Ocúpate de tu propio camino y permite que los demás recorran el suyo, muchas veces no podemos entrar donde no nos han invitado. Deja de actuar como si la vida fuera un ensayo, vive como si fuera el último día y Sigue tu corazón. Cuestiona aquello que te produzca un profundo sentimiento de plenitud, pero no busques fuera al culpable, encuentra dentro de ti la barrera que has colocado en contra del amor.

 "La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y se olvida del regalo - Albert Einstein

Hector Ibáñez , Psicoterapeuta Transpersonal

viernes, 23 de abril de 2021

El Cambio está en la Decisión, en la Percepción, en la Vibración

Hay momentos donde las dudas absorben la mente repitiendo preguntas en bucle. Instantes donde, aún siendo consciente de la función del universo, de tu conexión con la fuente, del poder creador de tus palabras... se le llama a esto "la teoría fácil" para poder seguir sufriendo con los problemas "reales", adjuntando que esa teoría se dice muy fácil, pero es muy difícil.

 El universo no va a tratar de convencerte de qué es la verdad, ya que cada uno tiene la suya. Tampoco de qué es lo fácil y qué lo difícil, ya que él tan solo te entregará aquello en lo tú estés vibrando, aquello que resuena en tu interior. "Nada Brahma".Todo vibra. Cada pensamiento, emoción, acción... es una constante expresión de energía en estado vibracional. ¿Piensas que es difícil? La matriz asentirá con amor y vivirás tu dificultad.

 

"Te conviertes en lo que piensas" Buda

Es comprensible que para algunas creencias decir que un problema se puede transformar fácilmente, es prácticamente un insulto. Después de todas las conductas y patrones que ha tenido que crear la mente para gestionar un problema, que de repente le digan que, si tú cambias, todo cambia, puede ser catastrófico para la mente. ¡Mentira! Sonará rápido intentando defenderse de un ataque ilusorio. Pero es normal. La mente se sostiene en las experiencias de supervivencia y desaprender esos programas puede peligrar la vida, pero desde su perspectiva defensiva, claro está.

Lo curioso de esta mente miedosa, como un niño que se siente abandonado, es que intenta saber cómo se hacen los cambios sin querer cambiar. Es como querer enseñar a alguien a ir en bicicleta y este te pregunta que antes de subirse, quiere saber cómo se hace. En lo que se le insiste: "tienes que subirte y experimentarlo para que pueda enseñarte", pero la mente sigue recalculando...: "No puedo subirme, no sé hacerlo, no tengo la información suficiente, necesito saber cómo se hace". Una de las diferencias fundamentales entre una persona que avanza rápidamente y otra que va más lenta, está en la capacidad de escuchar sin juzgar.

Cuando una persona escucha libre de juicio, asimilando aquellas palabras que resuenen consigo, no solo no tiene necesidad de preguntar "cómo se hace", sino que sabe exactamente lo que tiene que hacer. Su mente no busca "peros", sino motivos para experimentarlo. Esta persona es consciente de las mismas dificultades que el que pregunta "como se hace", pero uno quiere saberlo todo sin experimentar nada. Mientras que el otro sabe que sobre la experiencia sabrá qué hacer en las dificultades y sino, es tan sencillo como preguntar.

 

"La Transformación significa literalmente: ir más allá de tu forma" Wayne Dyer

 

 Más irónico que todo este juego de la mente, es que casi todas las personas del planeta son conscientes de que un 80% de las preocupaciones, el estrés, la ansiedad, etcétera, están causados por presuposiciones futuras. Y seguramente todos hemos dado "like" a alguna foto donde ponía algo así, asintiendo: "¡Qué razón tiene!". Pero luego no pasaban ni 5 minutos y comenzábamos a preocuparnos por alguna posibilidad futura. Parece que la mente, en la era de la sobre información, ha aprendido a evadir ciertos aspectos que le permitan seguir actuando de forma automática, robótica y repetitiva, sin un ápice de cuestionamiento sobre lo que hacemos, pensamos y sentimos.

 ¿Qué me lleva a enfadarme con silencio cuando en realidad me gustaría decirle que le echo de menos?

¿Para qué intento culparlo del miedo y la inseguridad que yo siento?

¿Qué me lleva a intentar defenderme cuando alguien intenta ayudarme?

¿Es porque no lo hace como a mí me gustaría?

¿Para qué juzgo y critico a las personas en mi mente?

¿Qué ocurre dentro de mí para que me cueste tanto seguir mi vida sin estar comparándome, acaso necesito una aprobación?

¿Qué me lleva a sentirme culpable cuando hago exactamente lo que siento que quiero hacer?

 

Vivimos en un mundo dividido, vemos víctimas y victimarios, malos y buenos, correctos e incorrectos... Los buenos juzgan a los malos y los malos a los buenos. Las víctimas culpan a los victimarios y los victimarios a las víctimas. Intentamos sostener creencias que nos hacen daño obligándonos a seguir actuando y siendo de la misma forma sufriendo una y otra vez. ¿Es más valioso el sufrimiento que cambiar? ¿Realmente elegimos lo "malo conocido que lo bueno por conocer"?

 Si tan solo nos parásemos un instante a observar nuestra pantalla de la vida, nuestras experiencias, nuestros pensamos y acciones, cambiaría tantísimo nuestra percepción de nosotros mismos y del mundo que vivimos... Y la física cuántica ya nos ha mostrado que si transformamos la percepción, cambiamos la vibración, por lo tanto, nuestra realidad. Pero esto ya lo decía Einstein: "Si no les gusta el mundo que ven, que sepan que no pueden cambiarlo, pero si cambian ustedes cambiará su universo".

Vive como si ya tuvieses todo lo que siempre has deseado. Siéntelo en cada célula de tu cuerpo. Sé la persona con quien te gustaría caminar la vida y trata a los demás como te gustaría que te tratasen. Ocúpate de tu propio camino y permite que los demás recorran el suyo, muchas veces no podemos entrar donde no nos han invitado. Deja de actuar como si la vida fuera un ensayo, vive como si fuera el último día y Sigue tu corazón. Cuestiona aquello que te produzca un profundo sentimiento de plenitud, pero no busques fuera al culpable, encuentra dentro de ti la barrera que has colocado en contra del amor.

 "La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y se olvida del regalo - Albert Einstein

Hector Ibáñez , Psicoterapeuta Transpersonal

sábado, 2 de enero de 2021

Visión clara - Alan Cohen


Traducido con Amor desde… https://www.alancohen.com

A medida que avanzamos en el nuevo año, todo tipo de cosas extrañas parecen estar sucediendo a nuestro alrededor. Nuestro sistema político está en grave disfunción. El medio ambiente está amenazado. Las relaciones son inestables. La revolución digital está sacudiendo todo tipo de cosas que solían parecer estables y confiables. ¿Cómo lidia una persona consciente con eventos y cambios tan extraños?

Un Curso de Milagros nos dice: "La confianza resolvería todos los problemas ahora". Esto se aplica personal y globalmente. El curso también nos dice que no juzguemos por las apariencias. Detrás del aparente caos hay un plan mayor que incluye la presencia de una sabiduría superior. Esta es la visión clara que estamos llamados a usar en 2020.

En un brillante episodio televisivo de Star Trek, "La ciudad al borde de la eternidad", el Capitán Kirk y el Sr. Spock se ven envueltos en una distorsión del tiempo que los lleva a Nueva York en 1930. Allí Kirk se enamora de una atractiva activista pacifista, Edith Keeler. Mientras tanto, Spock inventa una máquina que le permite mirar hacia el futuro, donde ve el titular de que Edith Keeler muere en un accidente automovilístico durante el año siguiente. También ve una realidad alternativa en la que Keeler sobrevive e influye en los Estados Unidos para retrasar su entrada a la Segunda Guerra Mundial, lo que le da a Alemania el tiempo para conquistar el mundo. En pocas palabras, la muerte de Edith Keeler le costó la vida, pero esencialmente salvaba al mundo. Llega un momento crucial cuando Kirk puede salvar su vida pero, conociendo la Imagen más grande por el bien mayor, decide no hacerlo.

 La visión clara está en contacto con una imagen más amplia de lo que ve el yo pequeño. El ego juzga desde una visión tridimensional, mientras que el Espíritu evalúa desde una visión de mayor dimensión.

 Este año veremos las cosas como elegimos verlas, no como nos han enseñado que son. Hemos sido entrenados para usar la mente temerosa para evaluar lo que es real. Sin embargo, todos los grandes maestros espirituales han aconsejado que no se puede juzgar.

Una vez le pregunté a Ram Dass si alguna vez es una buena idea orar por un evento en particular. Él respondió: "Si pudieras ver todos los posibles resultados y ramificaciones de ese evento, y cómo afectaría a cada persona involucrada, podrías orar por ello. Pero desde el punto de vista de la mente humana, no puedes conocer todos los factores y resultados. Así que solo tienes que seguir tu guía interior y confiar en que Dios te cuidará a ti y a todos los involucrados. Y organizará todo".

 El otro día estaba parado en el mostrador de un snack bar en el zoológico de niños cuando un cliente se volvió bastante desagradable con quien servía. Una parte de su pedido no se había entregado correctamente y armó un escándalo. Retrocedí, pensando: "¡Qué persona cruel!"

Minutos después pasaba por el recinto de los ciervos y vi a un hombre arrodillado para acariciar a un cervatillo, alimentando tiernamente a la criatura. "Ese hombre me recuerda a San Francisco", pensé. Cuando el hombre volvió la cabeza, me sorprendió ver que era el mismo tipo que había creado la escena desagradable en el bar.

¿Quién era ese hombre realmente? ¿Era el enojado, abusivo o el gentil y santo? Podríamos decir que él era ambos. Tenía la propensión tanto a la amabilidad como a la mezquindad, cada aspecto surgía en diferentes situaciones.

Cuando vemos lo más alto y mejor en nosotros mismos, en otros y en situaciones, eso es lo que hacemos real. Dale Carnegie aconsejó: "¡Dale a esa persona una buena reputación para estar a la altura!"

 Lo más elevado en nosotros es la verdad acerca de nosotros, y la visión más brillante para el mundo que te rodea está más cerca de la verdad de lo que nos mostraría el miedo.

 Sí, continúe trabajando por un mundo mejor, mientras, tenga en cuenta que, en una mente más amplia, ese mundo ya existe y estamos entrando en él confiando en que un plan mayor está en progreso.

 

Alan Cohen es autor de veintitrés títulos anteriores, incluidos los clásicos “¿Eres tan feliz como tu perro?” o “El dragón ya no vive aquí”. Sus obras, traducidas a veinticuatro lenguas, han sido reseñadas en Oprah.com, USA Today y Washington Post. Seguidor incondicional de “Un Curso de Milagros”, Alan lleva varias décadas profundizando en sus principios y divulgándolos con un tono ameno y accesible.

https://www.alancohen.com/clear-vision-in-2020/