DONACIÓN AMOROSA

 

DONACIÓN AMOROSA

 

INFINITAS GRACIAS!!

GRACIASSSS...Por todo vuestro amoroso apoyo tanto presencial como financiero, los que han podido, a través de tantos años. Porque ayuda el que dona dinero...pero ayuda inconmensurablemente quien expande su amor y su Presencia en el Infinito Campo de Conciencia en el que estamos entrelazados♥

Buscar en este blog

Mostrando las entradas con la etiqueta sanación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta sanación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de octubre de 2021

Sanación del dolor: cuatro formas de encontrar la paz- Jasmin Jenkins



Traducido con Amor desde...https://www.naturalawakenings.com

Cuando tenía 13 años, a mi mamá le diagnosticaron cáncer de ovario. A los 15, estaba junto a su tumba, navegando por mi primera experiencia con el otro lado del amor: la pérdida. Diez años después, mi amado y único hermano murió trágicamente como resultado de un trastorno de estrés postraumático y una adicción no tratada. En una palabra: suicidio. Donde la muerte de mi madre me silenció, la muerte de mi hermano me empujó a una profunda búsqueda de curación.

En los nueve años transcurridos desde entonces, me he comprometido a descubrir el lado ligero del dolor, a identificar y abrazar las invitaciones que se encuentran dentro de sus capas profundas. Lo que he aprendido es que el duelo es en realidad un estado de renovación, un ciclo de liberación y reconexión. Las lágrimas y la tristeza son, literalmente, una conexión más fluida con el amor. Estas son las cuatro invitaciones que encontré dentro del duelo:

1.  La invitación a hacer una pausa

Cuando muere alguien a quien amamos, todo nuestro mundo cambia en un instante y para siempre. Y con esta interrupción, hay una oportunidad para la investigación sagrada que llega cuando hacemos una pausa y honramos la ausencia de nuestro ser querido: las impresiones que dejaron en nuestras vidas, lo que extrañaremos de ellos, cómo continuaremos celebrando sus vidas y lo que nos enseñó su historia.

2.  La invitación a conectar con la respiración

Con la intensidad de las emociones que rodean la pérdida, la respiración puede servir como ancla. El simple hecho de recordar cerrar los ojos y respirar nos permite mantenernos enraizados en nuestro cuerpo, mente y espíritu. En la charla " Respirar para Sanar”, Max Strom explica cómo ciertos patrones de respiración pueden cambiar realmente cómo nos sentimos.

3.  La invitación a sentir

Elizabeth Kübler – Ross nos enseñó acerca de las  cinco etapas del duelo , pero dado que la historia y el proceso de todos son tan únicos, en última instancia, no existe un orden lineal de las etapas. Si surge una emoción, permítala. Los sentimientos, después de todo, son solo información sobre el estado de nuestro corazón. Cuanto más podamos darnos permiso para estar donde estamos en nuestro dolor, más en paz estaremos en nuestro proceso.

4.  La invitación a sanar

Sanar es un verbo que requiere acción y compromiso. Tenemos que permitir que el dolor se cure, recordando también que, al hacerlo, debemos mantener nuestro corazón abierto. Tenemos que pedir ayuda cuando nos curamos, porque la mayoría de nosotros no podemos curarnos aislados. Los terapeutas que se especializan en duelo, cursos de duelo en línea, trabajo corporal y grupos de apoyo pueden ayudarnos a avanzar.

El budismo zen nos recuerda que el obstáculo es el camino. Al explorar estas invitaciones, llegamos a la verdad de que el dolor es en realidad un camino sagrado hacia una conexión más profunda dentro de nuestros corazones.

 


Jasmin Jenkins es una guía integradora de duelo con sede en Los Ángeles y la fundadora de  Fall Up , que ayuda a las personas a navegar por el espectro del duelo.

https://www.naturalawakenings.com/2021/02/26/348043/healing-from-grief-four-ways-to-find-peace


viernes, 1 de enero de 2021

El poder sanador que tienen las palabras - Virginia Bonard

Es notable. Cada palabra que pronunciamos indica, sugiere, traslada, es siempre un escalón más hacia arriba o hacia abajo. Y a la vez, cada silencio que producimos indica, sugiere, traslada, es siempre un escalón hacia arriba o hacia abajo. Las palabras modifican, dan sentido, aclaran (u oscurecen), nos definen o nos desdibujan.

¿Cómo llegan las palabras que emitimos y qué efecto tienen en nuestras propias vidas?

Les voy a contar lo que me pasó a mí. En una etapa de mi vida en la que me encontraba atravesando una enfermedad, mi médica me recomendó que escribiera lo que sentía, aprovechando esta “tendencia” a la escritura que me acompaña desde que tengo memoria. Lo hice. Los retazos de textos que recuperé de aquellos tiempos son dolor puro y duro, sintácticamente organizados y plenos de metáforas que transformaron lágrimas en palabras que hicieron mucho bien. Casi buscando un conjuro revitalizante, recuerdo haber escrito con la firme intención de espantar fantasmas que solo existían para mí. Y así brotaron tanto poemas como cuentos cortos, inspiraciones imprevistas, o simplemente casuales microrrelatos.

Comprobé claramente que de los abismos vitales más profundos surgen los mejores textos. Estaba involucrada desde las vísceras y conté con la ausencia de filtro en mis dedos sobre el teclado: había que sanar y el reloj de arena había girado.

También ante la muerte siempre inesperada, la escritura aparece en muchos como una alternativa de escape, un pedacito de horizonte: “El hecho concreto de escribir sería apenas un intento de exorcizar un dolor real, absoluto —indica en diálogo con Sophia el escritor argentino Abel Posse, quien se atrevió a narrar la muerte de su hijo—. Lo indispensable es comprender que ese hecho que nos arranca un ser vivo, querido, entrañable, como el caso de la muerte de un hijo, no debe comprenderse como una agresión de las divinidades o del destino. Es algo que pasa, que es y que está allí. Entonces sí que es útil para esto una visión de la realidad. Es un simple hecho de la realidad y es absolutamente comprensible culturalmente decirnos: siempre le pasa al otro, esta vez el golpazo insoportable ‘me tocó a mí’”.

Ante las dificultades y los dolores de la vida, ¿las palabras sanan?

“El martillo puede ser una herramienta muy útil. O un arma letal. Depende del modo en que lo usemos. Con la palabra sucede algo similar. La palabra tiene la capacidad de curar, aliviar, restablecer. El psicoanálisis, por ejemplo, propone, a través de la palabra, un camino de mejora, superación, alivio. El asunto es que la palabra también puede herir, ofender, lisiar. La palabra puede ser una caricia. O un puñal. También, el silencio”, reflexiona la escritora argentina Paula Margules.

En este desgranar ideas, dice Posse, vamos buscando respuestas e indagando en la intelectualidad: “Yo, siendo escritor no creí que escribir o psicoanalizarse podría abreviar o calmar el dolor. Mi libro lo escribí veinte años después de la muerte de mi hijo. Sentí que mi experiencia podría ayudar para responder al impacto desde la comprensión filosófica y del destino cósmico de todo. Estamos mal preparados ante el rigor de la existencia”.

Las palabras difíciles

Desde que conocí Cuando muere el hijo, la obra de Posse que trajo hasta esta conversación con él, hubo siempre para mí un gran interrogante: si el autor se basó en la muerte de su propio hijo, ¿por qué tomó distancia desde las palabras cuando lo tituló? Él mismo me develó la incógnita: “Yo escribí recordando el infierno para que los otros tengan que soportarlo. El ‘cuando muere el hijo’ implica la posibilidad de algo real. La muerte de mi hijo sería una exclusividad ajena a la sinrazón del misterio del mundo y de sus habitantes (nuestro contrato de vida no tiene cláusula de duración). El ‘cuando muere’ invita a aceptar un poco lo que en general es inaceptable y origina el dolor. Ayuda la teología, porque solo lo religioso acepta el misterio. ‘Soportar es todo’, escribió Rilke. Y para soportar hay que comprender que no hay culpa de los dioses ni de nosotros, los padres”, respondió Posse.

Frente al binomio literatura-salud (esa ventanita ante la oscuridad), Margules se para ante la primera palabra, la que nos define, la que nos va identificar durante toda la vida: “Lo primero que recibimos al nacer es el nombre. Con el nombre llegan nuestras tradiciones, nuestra cultura. Y el idioma. En el nombre anida el prestigio. O el menoscabo. Habitamos nuestro nombre; vivimos en nuestro nombre; crecemos en nuestro nombre. Y morimos en él. Después, el nombre es recuerdo. La palabra —el idioma— es nuestro cimiento más básico. Podemos beber el lenguaje a cuentagotas. O a borbotones. Decidimos limitar nuestra expresión a un puñadito de términos. O gozamos la riqueza de nuestro idioma, patrimonio que nos pertenece. Y estamos en condición de celebrar, precisamente, porque al nacer fuimos arrojados a un nombre”.

Margules continúa, va más allá e introduce lo simbólico: “Palabras y hechos son parte del mismo cuerpo. Si la palabra no representa el acto que menciona, queda vacía de sentido, se reduce a hojarasca, a estopa para rellenar almohadones. Expresamos nuestros sentimientos con palabras. Razonamos con palabras. Donde no hay palabra, no hay pensamiento: la acción reemplaza al verbo y surge la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones. La palabra nos adueña de los conflictos. En esa conquista, evitamos que el caos se apodere de nosotros. Y restauramos el (des)orden –sed de orden–, en un nuevo orden”.

Un ejercicio sanador

El silencio ocupa espacio, divide personas, multiplica interrogantes. Al escribir usamos algunos recursos para que le quede claro al futuro lector que allí hay un silencio: tres puntos, tres puntitos entre paréntesis o, simplemente, si se trata de una obra teatral, la palabra “silencio”.

Posse emergió de su dolor-silencio con esta convicción: “Sentí inmediatamente que tenía la posibilidad a ayudar porque en mi infierno había encontrado un camino de alivio. Recibí muchas cartas y mantuve muchos diálogos y sentí que lo mío podía ayudar. Tuve algunas experiencias muy intensas de esto, al punto que estoy avanzando en una reflexión tendiente a ‘no darle tanto espacio’ a esa muerte prepotente que nos quitó y encima trata de anonadarnos…”. La sutileza fue llevando a este autor a compartir con formato de libro su propia experiencia de dolor y su camino de luz.

Me quedo para el final con una letanía preciosa de Margules que me confirma que no erré al ir por ella y plantearle “cuestiones de palabras”, estas dicotomías que si no escarbamos un poquito, no afloran, pero están, ¿eh?  

“La palabra crea puentes. O los derriba. Y forja abismos.
La palabra es un espejo que refleja ideas, convicciones, sentimientos. O los deforma.
La palabra compone la existencia diaria: consolida un presente más templado, más avenido, más vital.
O tritura cualquier posibilidad de entendimiento. La palabra concibe armonía. O ruina.
La palabra fortalece la conciencia que tenemos de nosotros mismos. O la debilita.
La palabra hace visibles nuestros deseos. Ante nosotros. Y frente a los demás.
La palabra ratifica nuestra conciencia del mundo.
La palabra aclara, reafirma, nuestra percepción del dolor, del placer, del caos. Y de la serenidad.
La palabra conjura miedos. O los provoca.
La palabra ensancha caudales. O los mezquina.
La palabra ayuda a que el tiempo madure los sueños. O deja que se pudran.
La palabra consagra nuestra intención más sincera. O la oculta. A veces, hasta la negación.
La palabra puede ser blindaje. O amparo.
La palabra nos define. O nos relega a la ambigüedad.
La palabra puede ser universo. O jaula.
La palabra puede sanar. O herir.
La palabra puede encender. O sofocar.
La palabra puede ser sutil como el vapor. O un cascote en la cabeza.
La palabra puede confinarnos a la intemperie. O puede crearnos un nuevo Paraíso.
Las palabras. Y el silencio. Recurso valioso que nos fue dado.
Palabras y silencios. Materiales con los que andamos por la vida, en busca de felicidad, y ojalá, sin renunciar a la alegría”.

https://www.sophiaonline.com.ar/el-poder-sanador-que-tienen-las-palabras/

martes, 12 de noviembre de 2019

6 historias que te harán creer en el poder de tu mente para sanarte - Lissa Rankin MD

 Traducido con Amor desde...https://wakeup-world.com

 

Mi libro Mind Over Medicine está lleno de datos que demuestran científicamente que la mente puede curar o dañar el cuerpo. Pero los datos pueden ser estériles, y algunas veces lo que resuena más profundamente dentro de nuestra alma son las historias. Así que siéntate, toma una taza de té y vamos a leer estas historias reales. Te voy a contar algunas que te demostrarán cuán poderosamente la mente afecta tu fisiología.

El Sr. Wright

Según lo informado por Bruno Klopfer en el Journal of Projective Techniques en 1957, el Dr. West estaba tratando al Sr. Wright, que tenía un cáncer avanzado llamado linfosarcoma. Todos los tratamientos habían fallado, y el tiempo se estaba acabando. El cuello, el pecho, el abdomen, las axilas y la ingle del Sr. Wright estaban llenos de tumores del tamaño de naranjas, su bazo e hígado estaban agrandados, y su cáncer hacía que su pecho se llenara con dos litros de líquido lechoso todos los días, el que debía ser drenado para que respire. El Dr. West no esperaba que durara una semana.

Pero el señor Wright deseaba desesperadamente vivir, y puso su esperanza en una nueva droga prometedora llamada Krebiozen. Le rogó a su médico que lo tratara con el nuevo medicamento, pero el medicamento solo le ofrecía  ensayos clínicos a personas que se creía que tenían al menos tres meses de vida. El señor Wright estaba demasiado enfermo para calificar.Pero el señor Wright no se rindió. Sabiendo que la droga existía y creyendo que la droga sería su cura milagrosa, acosó a su médico hasta que el Dr. West se rindió de mala gana y le inyectó Krebiozen un viernes.

Para su sorpresa, el lunes siguiente, el Dr. West encontró a su paciente caminando fuera de la cama. Las "masas tumorales del Sr. Wright se habían derretido como bolas de nieve en una estufa caliente" y eran la mitad de su tamaño original. Diez días después de la primera dosis de Krebiozen, el Sr. Wright salió del hospital, aparentemente libre de cáncer.

El señor Wright estuvo elogiando a Krebiozen como un medicamento milagroso durante dos meses hasta que la literatura científica comenzó a informar que Krebiozen no parecía ser efectivo. El Sr. Wright, quien confiaba en lo que leía, cayó en una profunda depresión y su cáncer regresó.

Esta vez, el Dr. West, quien realmente quería ayudar a salvar a su paciente, decidióayudarle. Le dijo al Sr. Wright, que algunos de los suministros iniciales de la droga se habían deteriorado durante el envío, haciéndolos menos efectivos, pero que obtuvo un nuevo lote de Krebiozen altamente concentrado y ultra puro, que podía darle. (Por supuesto, esto era una mentira audaz.)

El Dr. West luego inyectó al Sr. Wright con nada más que agua destilada. Y una cosa aparentemente milagrosa sucedió, otra vez. Los tumores se desvanecieron, el líquido en su pecho desapareció y el Sr. Wright se sintió bien nuevamente por otros dos meses.

Luego, la Asociación Médica de los Estados Unidos lo mató al anunciar que un estudio a nivel nacional de Krebiozen demostró que el medicamento no tenía ningún valor. Esta vez, el Sr. Wright perdió toda fe en su tratamiento. Su cáncer volvió enseguida, y murió dos días después.

Las chicas maldecidas

Como lo describió George Engel en Annals of Internal Medicine, era una mujer afroamericana nacida hacía veintidós años el viernes 13 en el pantano de Okefenokee, cerca de la frontera de Georgia y Florida. Ella fue la tercera de las tres niñas paridas ese día por una partera que proclamó que las tres niñas, nacidas en un día tan fatídico, fueron hechizadas. La primera, anunció, moriría antes de cumplir 16 años. La  segunda no sobreviviría a su cumpleaños 21º. Y a la paciente en cuestión se le dijo que moriría antes de cumplir 23 años.

Las dos primeras niñas murieron en el día de su cumpleaños 16 y 21, respectivamente. La tercera mujer, aterrorizada de morir en su cumpleaños número 23, se presentó en el hospital el día anterior a su cumpleaños, hiperventilando. Poco después, antes de que cumpliera 23 años, murió, demostrando que las predicciones de la partera eran correctas.

Las mujeres ciegas de Khmer Rouge

Como se describe en The Cure Within , de Anne Harrington, se reportaron doscientos casos de ceguera en un grupo de mujeres camboyanas obligadas por el Khmer Rouge a presenciar la tortura y matanza de las personas cercanas, en particular los hombres en sus vidas. El examen de estas mujeres no encontró nada físicamente malo en sus ojos. La conclusión a la que llegaron aquellos que intentaron ayudarlos fue que al verse obligadas a ver lo insoportable, "todas habían llorado hasta dejar de ver".

Múltiples personalidades con diferentes problemas de salud

En El poder ilimitado  Anthony Robbin describe un caso de un paciente psiquiátrico con una personalidad dividida. Una de sus personalidades era diabética, mientras que otra no lo era. Su nivel de azúcar en la sangre era normal cuando se encontraba en su personalidad no diabética, pero luego, cuando cambiaba a su alter ego diabético, aumentaba su nivel de azúcar en la sangre, y todas las pruebas médicas demostraban que era diabético. Cuando su personalidad cambió a la contraparte no diabética, sus niveles de azúcar en la sangre se normalizaron.

El psiquiatra Bennett Braun, autor de El tratamiento del trastorno de personalidad múltiple, describe el caso de Timmy, que también tenía múltiples personalidades. Una personalidad era alérgica al jugo de naranja, y cuando esta personalidad bebía jugo de naranja, Timmy se cubría de urticaria. Sin embargo, la otra personalidad bebía jugo de naranja sin problemas. Si la personalidad alérgica se encontraba en medio de un ataque de alergia y regresaba a la personalidad no alérgica, la urticaria desaparecería instantáneamente.

Stamatis Moraitis

Stamatis Moraitis era un veterano de guerra griego que vivía en los Estados Unidos cuando le diagnosticaron cáncer terminal de pulmón y le dijeron que solo tenía 9 meses de vida. Se le ofreció un tratamiento agresivo, pero después de que 9 médicos aparentemente le aseguraron que no le salvaría la vida, decidió ahorrar su dinero, rechazar el tratamiento y regresar con su esposa a su Ikaria nativa, una isla griega donde podría ser enterrado con sus antepasados ​​en un cementerio que domina el mar Egeo.

Él y su esposa se mudaron a una pequeña casa en un viñedo con sus padres ancianos, donde se reconectó con su fe y comenzó a ir a su antigua iglesia. Cuando sus amigos se enteraron del hecho de que Stamatis estaba en casa, aparecieron con botellas de vino, libros y juegos de mesa para entretenerlo y hacerle compañía. Plantó verduras en un jardín, tomó el sol, saboreó el aire salado y disfrutó de su amor por su esposa.

Pasaron seis meses, y no solo no murió, sino que se sentía mejor que nunca. Comenzó a trabajar en el viñedo no atendido durante el día, haciéndose útil, y por las noches, jugaba dominó con amigos. Tomó muchas siestas, rara vez miró un reloj y pasó mucho tiempo al aire libre. En un momento dado, 25 años después de su diagnóstico, Stamatis regresó a los Estados Unidos para preguntar a sus médicos qué había sucedido. Al parecer, los médicos estaban todos muertos. Stamatis finalmente murió este año en Ikaria. Tenía 102 años.

Anita moorjani

En su libro Dying To Be Me, Anita Moorjani cuenta la historia de cómo se estaba muriendo de un linfoma en etapa final de etapa 4 cuando experimentó la clásica "luz blanca" en una  experiencia cercana a la muerte que muchos han descrito. Mientras viajaba al otro lado, pudo mirar hacia abajo a sus seres queridos, aunque algunos de ellos no estaban en la misma habitación con ella. Su corazón estaba lleno de un sentimiento de profundo amor incondicional, y estaba feliz de estar libre de su cuerpo moribundo, lleno de tumores.

Entonces le dijeron que tenía una opción. Podría quedarse en la luz blanca y morir, o podría regresar y compartir su historia con otros. Ella no quería volver. Su cuerpo había sufrido tanto dolor, y su alma había estado sufriendo. Pero le dijeron que si regresaba, su cáncer se curaría. Ella creyó lo que le dijeron y se sintió llamada a regresar para poder compartir su experiencia.

El cáncer de Anita desapareció en varias semanas. Todo esto sucedió bajo el cuidado de sus desconcertados médicos, quienes documentaron su remisión espontánea. Anita está ahora en el instituto Hay House conmigo, difundiendo el mensaje de que la muerte no es nada que temer.

¿Has escuchado tus historias?

Cuando dudamos del poder de la mente para ayudar (o dañar) al cuerpo, es útil compartir historias.  Asegúrate de revisar mi próximo artículo…6 Historias más para hacerte creer en el poder de la mente para curarte .

Con Amor

Sobre el Autor

Lissa Rankin, MD, es médico especialista en medicina mental y corporal, fundador del programa de capacitación del Instituto de Medicina de Salud Integral para médicos y proveedores de atención médica, y el autor más vendido del New York Times de Mind Over Medicine: Prueba científica de que usted puede curarse .  Lissa vive en el área de la Bahía de San Francisco con su esposo e hija.

 

https://wakeup-world.com/2013/12/19/6-stories-that-will-make-you-believe-in-the-power-of-your-mind-to-heal-you/