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domingo, 3 de enero de 2021

EL SISTEMA DE PENSAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO – El significado de los milagros-Parte 3 de 3 y Final

El significado de los milagros

 Debo decir algo acerca de los milagros, puesto que ese es el nombre del libro. Esa es otra de las palabras que se utilizan de manera diferente. El Curso utiliza la palabra "milagro" simplemente para significar corrección, el suprimir una percepción falsa. Es un cambio de percepción, es perdón, es el medio para la sanación. Todas esas palabras son básicamente lo mismo. No tiene que ver con nada externo. Un llamado milagro en términos de algo externo, como caminar sobre el agua o una sanación externa, es sólo un reflejo del milagro interno. Un milagro es un cambio interno. Una de las líneas más hermosas en el Curso que te dice exactamente lo que es un milagro, como lo define el Curso, es: "El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente" (T-26.1X.6: 1). Eso es un milagro. Cuando repentinamente cambias de una percepción de odio hacia alguien a mirarlo con amor, eso es un milagro. Es un cambio en la percepción; es una corrección de la forma cómo el ego mira a cómo mira el Espíritu Santo.

 Es por esto que éste es un Curso de Milagros; nos dice cómo hacer esto. Habla acerca de cómo cambiar nuestro pensamiento: no cambiamos al mundo, cambiamos nuestro pensamiento acerca del mundo. No buscamos cambiar a otra persona; cambiamos la forma cómo miramos a esa persona. Entonces, el Espíritu Santo trabajará a través de nosotros para hacer lo que Él piense que es mejor. Es un cambio en la mente con el cambio de la percepción. Eso es lo que es un milagro, y esa es la meta del Curso.

Permítanme ahora hablar un poquito acerca del papel de Dios y del Espíritu Santo en esto. Una de las cualidades importantes de Un curso en milagros es que es un libro religioso. No es simplemente un libro de auto-ayuda, o un sólido sistema psicológico, que desde luego también lo es. Además es un libro profundamente religioso. Sus aspectos religiosos están centrados en dos puntos de vista. El primero es que sin Dios no nos queda más que el ego. A menos que sepamos que hay un Dios que nos creó, cuyos Hijos somos nosotros, no podremos deshacemos de cualquier imagen o percepción que tengamos sobre nosotros mismos, la cual siempre será algún vástago del ego. El verdadero perdón es imposible a menos que primero se nutra con la creencia de que somos invulnerables. En otras palabras, no podemos ser heridos por nadie o nada en el mundo; tal creencia es imposible a menos que sepamos que hay un Dios que nos creó y que nos ama. Así que ésta es la base de todo el sistema de pensamiento que nos está ofreciendo el Espíritu Santo, tal como lo expresa el Curso.

La segunda parte de la importancia de Dios en todo esto es un poco más práctica. El verdadero perdón es imposible sin el Espíritu Santo. Esto es cierto desde dos puntos de vista. Primero es que no somos nosotros quienes perdonamos; no somos quienes deshacemos la culpa. Estrictamente hablando, cuando Un curso en milagros habla de perdón está realmente hablando de la decisión que tomamos de permitir que el perdón del Espíritu Santo ocurra a través de nosotros. En y por nosotros mismos nunca podemos perdonar porque en y por nosotros mismos, al menos en este  mundo, somos el ego. No podemos cambiar un sistema de pensamiento desde el mismo sistema  de pensamiento. Necesitamos ayuda de fuera de ese sistema de pensamiento; ayuda que entre en el sistema de pensamiento y luego lo transforme. Esa ayuda de fuera del sistema de pensamiento del ego es el Espíritu Santo. Así que Él es Quien perdona a través de nosotros.

 Lo segundo es aún más importante y contestará un número de preguntas que se ha hecho la gente. Este proceso del perdón es la cosa más difícil en el mundo por lo que casi nadie lo hace y por lo que todo el concepto de perdón que dio Jesús fue tan amargamente mal comprendido. La razón es que cuando verdaderamente perdonamos, tal como lo expone el Curso, estamos realmente soltando nuestra propia culpa. Nadie que se identifique con el ego quiere hacer esto. Sin la ayuda de Dios no hay forma cómo podamos superar algunos de los problemas de culpa más profundos que enfrentamos.

 Si piensas en el tiempo como un continuo, una alfombra sería una imagen muy útil para describir este proceso. Cuando ocurrió la separación, esta alfombra del tiempo se desenrolló y desde entonces hemos estado caminando sobre ella alejándonos de Dios. Mientras más nos alejamos de Dios, más profundamente nos envolvemos con el mundo y los problemas de culpa y pecado. En algún punto, cuando le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude empezamos a invertir este proceso y empezamos a caminar hacia Dios. Varias de las secciones más interesantes del Curso hablan acerca del tiempo. Estas son bastante difíciles de comprender porque todavía estamos atascados en él. En un punto dice que el tiempo parece que va hacia adelante pero realmente está yendo hacia atrás al punto donde comenzó el tiempo (T-2.II.6; M-2.3; 4:1-2). Aquí es cuando ocurrió la separación. Todo el propósito de la Expiación es el plan del Espíritu Santo de deshacer el ego. Este plan está enrollado en esa alfombra del tiempo. El ego quiere que la desenrollemos más y más, mientras que el Espíritu Santo quiere que la enrollemos hacia el principio.

A medida que la enrollamos, que es lo que hacen el perdón y el milagro, nos acercamos a la base misma del sistema del ego. El puro comienzo de la alfombra es el nacimiento del ego, que es el hogar del pecado y la culpa. Esta es la parte más profunda del sistema del ego. Si piensan en la imagen del témpano de hielo que mencioné antes, el puro fondo del témpano es el núcleo de la culpa que todos sentimos.

 A medida que nos acercamos a la culpa y al miedo, de los cuales hemos estado escapando toda una vida nos vamos aterrorizando. Esta culpa es la cosa más devastadora y aterradora en el mundo. Es por esto que el proceso es lento y por qué debemos ser pacientes mientras lo practicamos. Si vamos demasiado rápido no estaremos preparados para la avalancha de culpa que nos caerá encima. Si miramos los dos últimos párrafos del primer capítulo del texto (T 1.Vll.4-5), leemos sobre la necesidad de ir muy lenta y cuidadosamente a través del material, incluyendo los primeros cuatro capítulos. Si no lo hacemos, no estaremos preparados para lo que vendrá más tarde, y le cogeremos miedo. Aquí es donde la gente tira el libro.

 Tenemos que trabajar lentamente con este material en nosotros mismos, por no mencionar el Curso mismo, porque de lo contrario nuestro miedo aumentará a un grado mayor del que podemos manejar. Así que cuando nos acercamos a la base del sistema del ego nos irá dando más miedo de la culpa que está enterrada allí.

Un curso en milagros enseña que la meta de este proceso de deshacer nuestra culpa no es despertar totalmente del sueño sino vivir en el "mundo real" Así, a medida que nuevamente se enrolla la alfombra, alcanzamos eventualmente un estado mental donde no hay culpa alguna que proyectar, y por lo tanto nos mantenemos en paz todo el tiempo, no importa lo que esté sucediendo en el mundo externo. El "mundo real" es este estado mental, y es un concepto que refleja la gentileza del camino del Curso. El texto lo dice, "Dios quiso que él despertara suave y felizmente, y le dio los medios para despertar sin temor" (T-27.V11. 113:5).

 Una de las cosas que me preguntan frecuentemente es cómo yo hablo sobre el perdón a personas que no creen en Dios. Tuve ocasión justo en esta semana de dirigirme a personas mayores en un hogar para ancianos donde mi madre presta trabajo voluntario. Esta es una organización judía, pero la mayoría de la gente allí no es realmente religiosa como diríamos nosotros. Hablé sobre el perdón, que es de lo que siempre hablo. Fue un reto interesante. Traté de no mencionar demasiado a Dios, puesto que hubiera alejado aún más a la gente. Pero es muy difícil hablar sobre el perdón sin traer a Dios al tema, porque sin Dios no se puede lograr el verdadero perdón.

 Las etapas tempranas del proceso del perdón pueden ser logradas por todos, porque siempre se nos puede enseñar a ver la gente en forma distinta. Pero a medida que penetramos en algunos  los problemas realmente difíciles en nuestra vida, que en esencia son problemas de perdón, tenemos que saber que hay Alguien con nosotros que nos ama. Pero esa Persona no es nosotros mismos. Esa Persona es el Espíritu Santo, o Jesús, o cual fuere el nombre que escojamos darle. Sin Su ayuda tendríamos demasiado miedo para seguir adelante el resto del camino; estaríamos dispuestos a ir hasta cierto punto solamente. Así que el Espíritu Santo no es sólo nuestro Guía y nuestro Maestro, sino también nuestro Consolador.

 El ego nos atacará y se pondrá vicioso justo cuando seguimos al Espíritu Santo. Recuerden que para el ego los no culpables son culpables. Cuando traicionamos al ego y empezamos a escoger la no culpabilidad en vez de la culpa, el ego nos lo dejará saber con espadas. Es por esto que el Curso dice que las emociones del ego varían desde la suspicacia hasta la perversidad (T-9.VII.4:7).Cuando realmente empezamos a tomar al Espíritu Santo en serio el ego se torna absolutamente vicioso. Aquí es cuando las cosas parece que se ponen difíciles.

 Estoy hablando sobre esto como un principio abstracto pero a medida que lo experimentamos  no se hace abstracto. Puede ser la cosa más devastadora, poderosa y dolorosa que jamás  experimentemos. Repito, no podremos superarlo a menos que sepamos que hay Alguien con  nosotros que nos habla de la verdad y el amor y que nos ve en forma distinta. Simplemente botaremos el libro, nos esconderemos bajo la cama y no saldremos de allí. O correremos en dirección contraria. Es por esto que el proceso tiene que hacerse despacio y por qué somos guiados cuidadosamente. El plan de la Expiación ha sido esmeradamente elaborado para cada uno de nosotros, lo que explica los tiempos variables que nos toma completarlo. Un curso de milagros explica que el currículo de la Expiación es individualizado (M-29.2:6), lo que quiere decir que el Espíritu Santo corrige todas las formas específicas en las que nosotros como individuos hemos manifestado nuestro error compartido de la separación. No somos nosotros quienes hacemos este plan de estudios. Ni siquiera comprendemos lo que es el plan en verdad. Definitivamente no lo ejecutamos por nosotros mismos. Por lo tanto, es importante que no nos confundamos con Dios, porque si lo hacemos no habrá a quien recurrir cuando el trayecto se ponga duro.

 Aunque es verdad que el Curso dice que el Espíritu Santo siempre "enviará" gente para ayudarnos, el propósito último de estas personas es guiamos para que sepamos que la Persona que más nos puede ayudar está dentro. Gracias a Dios que hay personas que pueden tomar nuestra mano y darnos sostén; sin embargo, la Fuente fundamental de consuelo siempre emanará de adentro, pues es allí donde Dios ha puesto la Respuesta. Debo hacer énfasis nuevamente en que este es un proceso lento. Si vamos demasiado rápido el miedo se tomará abrumador antes de que hayamos desarrollado suficiente confianza en nosotros o en Dios. La confianza en nosotros está realmente en saber que el Espíritu Santo está allí para prestarnos su apoyo. A medida que progresamos y practicamos todas nuestras lecciones diarias empezamos a reconocer que todos los milagros y cambios que están ocurriendo no los hacemos nosotros. Ocurren a través de nosotros, pero no los hacemos nosotros. Hay Alguien que nos está ayudando a lograrlo.

 Una de las cosas que Un curso en milagros hace bien clara es la importancia de  desarrollar una relación personal con Jesús o con el Espíritu Santo. Desde el punto de vista funcional no importa a quien escojas. Ambos operan como nuestros Maestros internos, y el Curso Los usa a ambos alternadamente. Cuando el Curso hace énfasis en la necesidad de esta relación personal con nuestro Maestro interno no habla del Espíritu Santo como un Ser abstracto. Habla de El como una Persona y utiliza el pronombre "Él". También con frecuencia habla de Él como una expresión del

Amor de Dios por nosotros. Esto también es verdad cuando Jesús habla sobre su propio papel. Por

lo tanto, el Curso quiere que desarrollemos el sentido de que hay Alguien dentro de nosotros, no una  fuerza abstracta, sino una persona real que nos ama y que nos ayudará. Si no tenemos este sentimiento de seguridad nos detendremos de pronto en la búsqueda de nuestra meta porque el miedo será demasiado abrumador. Si no tienes aún esta experiencia personal del Espíritu Santo no  te aterrorices. Sólo ten paciencia y aparecerá de por Sí. Es suficiente saber que hay Alguien ayudándote, ya sea que lo sientas o que simplemente lo sepas intelectualmente Él se te presentará  en la forma que mejor puedas aceptarlo. La forma no es importante. Lo que importa, sin embargo, es el conocimiento de que hay Alguien contigo que no eres tú. Él está en ti pero no es Tú, viene de una parte tuya que no es tu ser egoico.

Así que repito, si vamos bien y algo empieza a martillamos en la cabeza, probablemente sea una buena señal. Indica que el ego se ha asustado. Entonces el ego tratará de hacemos dudar de la Voz que hemos estado escuchando. Tratará de hacemos dudar del Curso y tratará de hacemos dudar de todo lo que hemos estado aprendiendo y que ha estado funcionando. Por lo tanto, debemos esperarlo pero no tratar de forzarlo. Pero cuando ocurra el ataque del ego sabremos lo que es y resulta muy útil poder reconocer al ego por lo que es. Repito, el ataque del ego viene justo cuando pensamos que nos estamos librando de él, así que recuerden esto cuando las cosas se pongan duras. Esto no quiere decir, en modo alguno, que todo sea una farsa. Significa que nos hemos asustado, lo que quiere decir que nuestro ego se ha asustado. En ese momento debemos hacernos a un lado y pedir ayuda al Espíritu Santo para mirar nuestro miedo. Entonces podemos mirar el ataque del ego y darnos cuenta de que esto no es lo que parece.

 Hay una sección importante llamada "Por encima del campo de batalla" (T -23.1V) en la que se nos pide que nos elevemos por encima de nosotros mismos, por encima del campo de batalla, y miremos lo que está sucediendo. Desde esa perspectiva veremos las cosas en forma distinta. Pero si permanecemos en el medio, todo lo que veremos será una gran cantidad de dolor, muerte y culpa. Si podemos elevar nuestro punto de vista para mirar el campo de batalla del ego entonces lo veremos en forma distinta. Veremos que es sólo nuestro ego saltando para arriba y para abajo, y veremos que esto realmente no tiene importancia. Este proceso toma tiempo. No debemos esperar que suceda de la noche a la mañana. Pero cuando suceda al menos reconoceremos que se trata sólo de nuestro ego causándonos dificultades. Esta no es la realidad. La realidad es que hay un Dios que nos ama.

No luches contra ello. Cuando luchas contra ello estás haciendo el problema real. Así que lo que tienes que hacer es hacerte a un lado, mirarlo y reírte. Hay varios lugares en el Curso donde nos dice que debemos reímos del ego. En un lugar dice que este sueño que creemos que es el mundo es un sueño que empezó cuando el Hijo de Dios se olvidó de reír (T 27.VIII.6:2-3).

Si podemos reírnos del mundo y del ego éste desaparecerá como problema. Lo peor que podemos hacer es luchar contra el problema puesto que lo hace real. Sin embargo, ciertamente esta risa no es burlona, ni tampoco debe pensarse que la misma fomenta la indiferencia hacia el problema básico de la separación.

 Kenneth Wapnick

 

Del libro Una Introducción Básica a Un Curso de Milagros de Kenneth Wapnick

EL SISTEMA DE PENSAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO – Parte2 de 3

 

Un curso en milagros habla mucho acerca de economizar tiempo. En realidad, muchas veces habla de economizar mil años si sigues lo que te dice. En la ilusión de tiempo del mundo, aún estamos hablando de una gran cantidad de tiempo. La razón por la cual hago énfasis sobre esto es porque no quiero que se sientan culpables si tienen problemas mientras trabajan con el Curso. En el nivel práctico del Curso la verdadera meta no es que lleguemos a estar libres de problemas, sino que lleguemos a reconocer lo que son, y que luego reconozcamos dentro de nosotros mismos los medios para deshacerlos.

 Repito, el propósito de Un curso en milagros es plantear muy claramente el sistema de  pensamiento del ego, el sistema de pensamiento del Espíritu Santo-nuestra mente errada y  nuestra mente correcta--y capacitamos para que elijamos contra la mente errada a favor del perdón y del Espíritu Santo. Repito, este es un proceso lento y tenemos que ser pacientes. Nadie se libera de la culpa de la noche a la mañana. La gente que dice que trascendió el ego probablemente no lo ha hecho. Si realmente lo hubiera hecho no te lo contaría porque estaría por encima de ello.

 Permítanme ahora hablar específicamente de cómo es que funciona esto. Digamos que estoy aquí sentado tal como estoy, tratando de atender los asuntos de mi Padre (Lc 2:49), y alguien entra y me insulta o me lanza algo. Asumamos por ahora que mientras estoy aquí sentado, no estoy en mi mente correcta. En otras palabras, creo que soy un ego. Me siento temeroso y culpable y no creo que Dios esté conmigo; realmente no me estoy sintiendo muy bien conmigo mismo. Ahora tú entras y empiezas a gritarme, a enfurecerte conmigo, acusándome de todo tipo de cosas. En cierto nivel, puesto que soy culpable, creeré que tu ataque contra mí está justificado. Esto no tiene nada que ver con lo que digas o no digas, o si lo que estás diciendo es verdad. El hecho de que ya soy culpable demanda que yo crea que debo ser castigado y atacado. Tú entras y haces justamente lo que creo que me merezco. Esto hará dos cosas.

 Primero, tu ataque contra mí reforzará toda la culpa que ya siento. Segundo, reforzará la culpa que tú ya sientes porque no me estarías atacando si no fueras culpable. Y el mismo hecho de que me atacas reforzará tu culpa.

 En esta situación no voy a quedarme aquí sentado a recibir tu ataque sin ofrecer resistencia. Haré una de dos cosas, las cuales son lo mismo. Una es que me iré a un rincón y lloraré y te diré que mires lo mal que me has tratado, que mires todo el sufrimiento que me has ocasionado, que mires lo miserable que me siento; y que deberías sentirte responsable de esto. El mensaje que estaría dando es: debido al daño que me has hecho ahora estoy sufriendo. Es mi forma de decirte que deberías sentirte bien culpable por lo que has hecho. La otra forma es contra-atacándote. Simplemente te insultaré llamándote todos los nombres del libro y te diré: "Y tú de donde sales insultándome en esa forma; tú eres realmente el malvado, etc."

 Estas dos defensas de mi parte son realmente formas de hacer que te sientas culpable por lo que me hiciste. El hecho mismo de hacerte eso constituye un ataque del cual me siento culpable; el hecho mismo de imponerte culpa  a ti que ya estás sintiéndote culpable, va a reforzar tu culpa. Así que lo que sucede en el momento en que tu culpa se encuentra con la mía es que ambos la reforzamos el uno en el otro, y entonces ambos estamos aún más condenados a esta prisión de culpa en la cual vivimos.

 Esta vez asumamos que tú entras aquí y me insultas, pero ahora estoy en mi mente correcta y me siento bien conmigo mismo. Sé que Dios está conmigo, que Dios me ama y debido a eso nada puede hacerme daño. No importa lo que tú me hagas, sé que Dios está conmigo, sé que estoy a salvo y seguro. Sé que no importa lo que digas, aun cuando pueda ser verdad en un nivel, en un nivel más profundo no puede ser verdad porque sé que soy un Hijo de Dios y, por lo tanto, soy perfectamente amado por mi Padre. No hay nada que puedas hacer o decir que me pueda quitar eso.

 Si asumimos que esta es la posición en la que estoy aquí sentado y tú entras y me insultas, entonces estoy libre para mirar en forma distinta lo que has hecho. Hay una línea maravillosa en la primera epístola de Juan en el Nuevo Testamento que dice, "El amor perfecto expulsa el temor" Lo que significa no sólo que el amor perfecto deshace el miedo,  sino que también deshace el pecado, la culpa y cualquier forma de sufrimiento e ira. No hay  manera de que alguien que esté lleno del Amor de Dios (e identificado con él) pueda tener miedo,  ira, culpa o querer hacerle daño a alguien. Es absolutamente imposible sentir el Amor de Dios y tratar de hacerle daño a otra persona. Simplemente no lo puedes hacer.

Esto significa que si estás tratando de hacerme daño, en ese momento específico no crees que estás lleno del Amor de Dios. En ese momento específico no te identificas a ti mismo como un Hijo de Dios. No crees que Dios sea tu Padre y, debido a que estás en tu estado de ego, te sentirás amenazado y culpable. Crees que Dios te va a atrapar. Y la única forma cómo puedes manejar toda esta culpa es atacando a un hermano tuyo. Esto es lo que hará la culpa siempre. Por lo tanto, tus insultos o ataques están diciendo realmente: "Por favor enséñame que estoy equivocado; por favor enséñame que hay un Dios Que me ama, y que soy Su Hijo. Por favor demuéstrame que el amor que considero imposible para mí está realmente ahí." En consecuencia, cada ataque es un pedido de ayuda o un llamado al amor.

 La primera sección del capítulo 12 del texto, "El juicio del Espíritu Santo" (T-12.1), es una aseveración muy clara de esto. Ante los ojos del Espíritu Santo cada ataque es un pedido de ayuda o un pedido de amor, porque si la persona sintiera amor nunca podría atacar. El ataque es una expresión de que la persona no se siente amada y, por lo tanto, es un pedido de amor. Está diciendo: "Por favor demuéstrame que estoy equivocado, que realmente hay un Dios que me ama, que soy Su Hijo y no un hijo del ego." Si estoy aquí sentado en mi mente correcta, esto es lo que escucharé. Escucharé en el ataque un pedido de amor. Y puesto que en ese momento estoy identificado con el Amor de Dios, ¿cómo podría responder en otra forma que no fuera tratar de extender ese Amor?

 La forma específica cómo yo responda al ataque depende del Espíritu Santo. Si estoy en mi mente correcta, pediré su ayuda. El me mostrará cómo debo responder. La forma cómo yo actúe no importa. Este no es un curso en acción o conducta, sino en cambio de nuestro pensamiento. Tal como lo dice Un curso en milagros, "No trates de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar tu parecer acerca de él" (T-2 1.in.1:7). Si pensamos de acuerdo con el Espíritu Santo entonces todo lo que hagamos será correcto. San Agustín dijo, "Ama y haz lo que quieras." Si el amor está en nuestro corazón todo lo que hagamos será correcto; si no está en nuestro corazón todo lo que hagamos estará equivocado, no importa lo que sea. Por lo tanto, mi preocupación o interés no está en lo que haga cuando me ataques; mi interés está en cómo puedo permanecer en mi mente correcta de modo que pueda consultar al Espíritu Santo sobre lo que debo hacer. Repito, si estoy en mi mente correcta veré tu ataque como un pedido de ayuda y nunca como un ataque.

 Esta idea sobre el juicio es extremadamente importante. De acuerdo con el Espíritu Santo,  sólo existen dos juicios que podemos hacer acerca de alguien o de algo en este mundo. Es, o una  expresión del amor, o un pedido de amor. No existe otra alternativa posible, lo que hace el vivir en este  mundo muy sencillo, tan pronto se piense en esta forma. ¿Si alguien me expresa amor, cómo puedo  responder en cualquier otra forma excepto devolviendo amor? ¿Si un hermano o hermana está  pidiendo amor, cómo puedo reaccionar en cualquier otra forma que no sea dar amor? Repito, esto hace el vivir en este mundo algo muy sencillo. Esto quiere decir que no importa lo que hagamos, no importa lo que el mundo aparente que nos hace, nuestra respuesta será siempre una de amor, lo que verdaderamente hace que todo sea muy, muy sencillo.

Como dice el Curso, "la complejidad es cosa del ego" (T 15.IV 6:2), mientras que la simplicidad es de Dios. Mientras sigamos los principios de Dios todo lo que hagamos siempre será lo mismo. Si ves que todo es, o una expresión del amor o un pedido de amor, entonces siempre reaccionarás en la misma forma: con amor.

 El perdón es mirar más allá de la oscuridad de tu ataque y verlo como un pedido de luz. Esta es la visión de Cristo. La meta de Un curso en milagros es ayudarnos a tener esa visión para enfrentarnos a toda situación y a cada persona en nuestra vida, sin excepción.

 Lo que esto significa en términos de cómo vivimos nuestras vidas es que podemos ver cada cosa que sucede-desde el momento en que nacemos hasta el momento en que morimos, desde el momento en que despertamos cada día hasta el momento en que nos vamos a dormir cada noche-como una oportunidad que puede utilizar el Espíritu Santo para ayudarnos a vernos sin culpa. La forma cómo miramos a las personas en nuestras vidas es la forma cómo nos miramos a nosotros mismos. Por lo tanto, aquellas personas que son las más difíciles y problemáticas son los mejores regalos para nosotros porque si podemos sanar nuestra relación con ellos, lo que verdaderamente estamos haciendo es sanando nuestra relación con Dios.

Cada problema que vemos en otro, que queremos excluir de nuestras vidas, es verdaderamente el deseo secreto de excluir de nosotros mismos alguna parte de nuestra culpa y así no tener que soltarla. Esa es la atracción de la culpa del ego. La mejor forma para retener nuestra culpa es darle duro en la cabeza a alguien. Cada vez que estamos tentados a hacerlo, el Curso nos dice que hay Alguien con nosotros que nos tocará el hombro y dirá: "Hermano mío, elige de nuevo."

Y la elección siempre es si perdonamos o no perdonamos. Lo que escogemos en términos de perdonar a alguien es lo mismo que escogemos en términos de perdonarnos a nosotros mismos. No hay diferencia entre lo interno y lo externo; todo es una proyección de lo que sentimos internamente. Si sentimos culpa internamente entonces eso es lo que proyectaremos hacia fuera. Si sentimos el Amor de Dios dentro, entonces eso es lo que extenderemos hacia fuera. Cada persona y circunstancia en nuestras vidas nos ofrece la oportunidad de ver lo que está dentro del proyector de nuestras propias mentes; nos ofrece la oportunidad de escoger otra vez.

Cuando parece que estás en una situación en la cual lo que haces está equivocado, la fe te dice que esto no sucede accidentalmente. Esto forma parte de alguna lección importante para ti y para la otra persona.  Lo que tienes que hacer es ir dentro de ti, orar en la forma que acostumbras y decir: "Mira, no quiero ver a esta persona como un estorbo, sino como mi hermano o hermana. ¡Ayuda!" Si esa es tu verdadera meta, no hacer daño mientras haces lo que crees que tienes que hacer, en alguna forma todo funcionará.

 Eso es lo que es un milagro: un milagro no es nada mágico que sucede en lo externo; es algo que sucede en tu interior que permite que esta situación se elabore en su totalidad. Ese es el principio que debes seguir toda y cada una de las veces que tengas una situación que parezca no tener solución; es cuando sinceramente no quieres herir a nadie, pero quieres hacer lo que tienes que hacer, y no sabes cómo hacerlo. Es el planteamiento más honrado que podemos hacer, porque de por sí no sabemos qué hacer, aun cuando nos sintamos absolutamente seguros. Pero hay Alguien dentro de nosotros que sabe, y Él es a Quien podemos recurrir. Esa es verdaderamente la respuesta a nuestro problema. Y esa será la respuesta a todos nuestros problemas.

 Ahora quiero hablarles sobre "Jesús en el Templo". Esta es una pregunta que surge cada vez que hablo sobre la ira, especialmente si me estoy dirigiendo a un grupo cristiano. Todos ustedes conocen la escena de Jesús en el templo. Probablemente sucedió; de lo contrario no aparecería en los cuatro evangelios . Quizá no siempre sucedió como está escrito, pero las posibilidades son que sucedió.

 La escena aparece en Mateo, Marcos y Lucas al final de la vida de Jesús, justo antes de que lo arrestaran. En Juan ocurre justo al inicio de su ministerio. Jesús está en el templo en Jerusalén, el lugar más sagrado del judaísmo. La gente está cobrando dinero por toda clase de cosas; realmente están utilizando el templo para sus propios fines. Y Jesús dice: "Estáis tratando la casa de mi Padre como cueva de ladrones." Luego voltea las mesas de los mercaderes a quienes lanza fuera del templo. Ese es el incidente que utiliza la gente para justificar lo que llaman ira justificada. Después de todo, dicen, Jesús se puso furioso, ¿por qué no puedo hacerlo yo? Es interesante ver que se olvidan de todo lo que está en los evangelios donde Jesús expone su punto de vista respecto a la ira. Sólo tienes que leer el Sermón de la Montaña donde dijo: "Habéis leído en la Ley, no matarás. Os digo que ni siquiera te enojarás con tu hermano" (Mt 5:21-22). Esa es una aseveración muy clara que describe exactamente lo que hizo al final de su vida, cuando aparentemente nadie hubiera estado más justificadamente furioso que él. Pero él no se puso furioso.

 Es muy interesante ver cómo la gente toma un incidente y olvida todo lo demás. Sin embargo,  creo que hay tres formas básicas de interpretar esta escena. Una es que no sucedió en la forma  como la escribieron. Eso podría interpretarse como una evasiva, pero existe suficiente evidencia de eruditos contemporáneos de las escrituras que indican que gran cantidad de palabras airadas que le atribuyeron a Jesús no eran suyas, sino que la iglesia primitiva cristiana se las atribuyó para tratar de justificar su propia posición. Hay una línea donde se cita a Jesús: "No he venido a traer paz sino espada" (Mt 10:34), que incidentalmente el reinterpreta en el Curso (T-6.I. 15:2). El Comentario Bíblico de San Jerónimo, versado y autorizado libro católico, pregunta cómo el Príncipe de la Paz pudo haber dicho  eso. Concluye que esto vino de la iglesia primitiva y no de Jesús. Así que una clara posibilidad es que  él no hizo tal cosa en la forma cómo la describen.

 Pero dejando eso a un lado por un momento, asumiendo que lo hizo, la forma cómo yo escogería entenderlo es ésta. Como cualquier buen maestro Jesús sabía cómo hacerse entender en la forma más eficaz posible. Esta es una escena muy dramática, a plena vista de toda la gente en Jerusalén que está allí para la Pascua cuando todos debían estar en el templo en Jerusalén. Esto sucedía justo antes de la Pascua así que el lugar estaba lleno de gente. Este era el lugar más sagrado en la tierra para un judío, y es aquí donde Jesús escoge demostrar claramente cómo el templo de su Padre debía ser tratado. Por lo tanto, una forma de ver esto es que él no estaba personalmente colérico sino más bien estaba tratando de demostrar su enseñanza en la forma más dramática y convincente posible.

 Cuando hablamos de ira existen tres cualidades principales. Una es que la persona que está furiosa no está en paz. La gente no trataría de aseverar que en el momento que están furiosos también están en paz. Los dos estados se excluyen mutuamente. La segunda es que en el momento cuando estás furioso Dios está bien apartado de tu mente. Tú no estás pensando en Dios; estás pensando en lo que te ha hecho esa persona terrible. La tercera cualidad de ira incluye a la persona con quién estás bravo; no la estás viendo como tu hermano o hermana en ese momento. Obviamente estás viendo a esa persona como tu enemigo, de lo contrario no la estarías atacando.

 Personalmente encuentro difícil creer que en ese momento en la vida de Jesús nada de este mundo le hubiera podido robar su paz, hubiera podido hacerle olvidar a su Padre, o le hubiera permitido ver a alguien en el mundo no como su hermano o hermana. Por consiguiente, creo que lo que Jesús estaba haciendo en el templo no era ponerse furioso como nos ponemos nosotros sino que estaba haciendo una presentación impactante y enseñando una lección para que la gente captara su mensaje. Hay muchos ejemplos en los evangelios donde se ve claramente cómo Jesús enseña en una forma cuando enseña a las multitudes, y en otra forma muy distinta cuando enseña a sus apóstoles, y aun una tercera forma con los apóstoles con quienes tenía mayor intimidad- Juan, Santiago o Pedro. Existen distintos niveles de enseñanza, como lo sabe cualquier maestro. El templo era un lugar público donde él trataba de captar la atención de la gente para lograr su mensaje. Por lo tanto, no estaba personalmente furioso con las personas que estaba lanzando fuera.

Existe aún una tercera forma de explicar todo esto y esta sería decir que Jesús tenía un ataque de ego. Simplemente se hartó, se impacientó y se puso furioso; gritó y bramó. Personalmente no puedo creer que esto pudiera sucederle en ese momento en su vida. Pero si tú dices que eso fue lo que hizo, la pregunta sería, por qué tú quieres identificarte con su ego en vez del Cristo en él y todas las otras cosas que él enseño, dijo y ejemplarizó.

 Así que las tres explicaciones son: (1) No sucedió así, (2) sencillamente estaba tratando de enseñar en un nivel distinto y no estaba airado, o (3) simplemente tenía un ataque de ego, y ¿por qué quieres identificarte con eso cuando hay formas mucho mejores de manejar ese problema?

Entonces… ¿Por qué es que la ira se utiliza tanto en la psicoterapia como terapéutica, trabajándola y ese tipo de cosas?

 Gran parte de la psicoterapia es del ego. Es desafortunado que la psicología de los últimos veinte o treinta años haya descubierto la ira y la haya convertido en ídolo. Déjenme hablarles un poco acerca de la ira, que es uno de los problemas más grandes en el mundo. El folleto Psicoterapia: su propósito, proceso y práctica habla del problema de la psicoterapia realmente como un problema de ira. La razón de esto es que la ira es la defensa prominente contra la culpa. La ira nos mantiene afianzados fuera  de nosotros mismos.

 Es interesante considerar la ira en términos de su historia a través de este siglo, especialmente en términos de cómo los psicólogos la han visto. Eso nos ofrece el trasfondo para ver cómo la gente la considera ahora. Durante los primeros cincuenta años de este siglo la psicología estuvo dominada por Freud y el psicoanálisis. Cuando leemos a Freud y vemos la influencia que ejerció, es útil recordar que hizo todo su trabajo en una atmósfera muy victoriana. A principios de siglo Viena estaba bajo la influencia de los valores victorianos y Freud era sólo un hijo de su tiempo. Esto significa que tenía prejuicios y temores muy marcados acerca de los sentimientos y por consiguiente, de la expresión de los mismos. Lo interesante es que toda su teoría está encaminada a liberarnos de la represión, pero la actitud que tenía personalmente y la cual proyectaba en sus teorías era que no debíamos expresar nuestros sentimientos. Podemos analizarlos, sublimarlos o desplazarlos, pero no debemos expresarlos.

Ciertamente ésta era, igualmente, una virtud predominantemente cristiana. Un cristiano "verdadero" pone la otra mejilla, lo que quiere decir que se nos abofetea dos veces, según nos enseñaron y según lo comprendimos. Incidentalmente, esta no fue la forma cómo Jesús lo enseñó-que somos víctimas que sufrimos en su nombre. Todo esto se reforzó con la idea de que la ira era algo a lo cual había que temerle. Se consideraba algo malo que debía taparse y reprimirse. Después de la segunda guerra mundial hubo una revolución en la psicología. Repentinamente la gente descubrió que tenía sentimientos. Surgieron los movimientos de "grupos-T", grupos de sensibilidad, entrenamientos de sensibilidad, grupos de encuentro, grupos maratónicos, etc. Entonces la gente se hizo experta en romper las defensas contra la ira y en vivir todos sus sentimientos y emociones, especialmente la ira.

 El péndulo se columpió de un extremo al otro. En vez de enseñarle a la gente a reprimir la ira y a analizarla, el criterio para la salud mental se convirtió en sacar todos los sentimientos. La gente se tomó experta en expresar sus sentimientos. Así que, se establecieron dos alternativas básicas, una era reprimir la ira y la otra era expresarla. Si reprimimos la ira continuamente nos van a dar úlceras y problemas gastrointestinales. Por el contrario, si expresamos nuestra ira siempre, estaremos haciendo exactamente lo que mencionaba antes: sólo estaremos reforzando la culpa misma que sustenta la ira. Así que parece que no hay salida.

La clave para comprender el problema es ver la premisa que sirve de apoyo a estas dos alternativas, y lo interesante es observar que la premisa es la misma. Las soluciones parecen ser totalmente diferentes-la una es represión y la otra expresión-pero la premisa es la misma. Es realmente cara y cruz de la misma moneda. La premisa es que la ira es una emoción humana básica que es inherente a la especie humana. Por lo tanto, cuando se discute la ira se describe casi como si fuera una masa de energía cuantificable. Hay algo inherente en nosotros que nos hace humanos lo cual incluye la ira, y tenemos que hacer algo con ella. Si la tapamos y la reprimimos entonces explota dentro de nosotros y nos dan úlceras. Alternativamente, podemos sacar esta masa de energía de nosotros y fuera de nuestro sistema, y parece que nos sentimos muy bien al quitamos esta carga terrible de ira. La verdadera razón por la cual una expresión de ira hace que nos sintamos tan bien no tiene nada que ver con sacar la ira. En vez de esto, lo que parece que sucede es que por primera vez creemos que finalmente nos hemos librado de esta carga de culpa.

 Entonces la emoción humana básica no es la ira; es la culpa. Esta es la falacia que sirve de base a todo el enfoque que le ha dado el mundo a la ira. Un curso en milagros tiene una sección muy hermosa  llamada "Las dos emociones" (T 13.V) en la que dice que tenemos sólo dos emociones. Una  nos fue dada y la otra la hicimos nosotros. La que nos fue dada es el amor, dada por Dios. Y la  que hicimos como substituto del amor es el miedo. Repito, siempre podemos substituir la culpa por el miedo.

 La emoción humana básica, que es la emoción básica del ego, es el miedo o la culpa. No es la ira. La ira es una proyección de la culpa y jamás es el problema. El problema real siempre es la culpa subyacente. La razón por la cual nos sentimos tan bien cuando lanzamos nuestra ira hacia alguien es que en ese instante creemos que finalmente nos hemos librado de nuestra culpa. El problema surge a la mañana siguiente o varias mañanas más tarde cuando nos despertamos y nos sentimos miserables. Entonces experimentamos el malestar psicológico conocido como depresión.

No sabemos de dónde viene la depresión. Le echamos la culpa a cualquier cosa. No nos damos cuenta de que la verdadera razón de nuestra depresión es que nos sentimos culpables por lo que le hicimos a esa otra persona. Cada vez que nos enfurecemos o atacamos nos sentimos culpables más tarde. La gente habla de la depresión como ira no expresada. A un nivel esto es verdad, pero por debajo de la ira, hay culpabilidad. El verdadero significado de la depresión es la culpa o el odio a sí mismo.

 Ya que les he hablado de todas estas cosas terribles sobre la ira déjenme decirles que existe una circunstancia en la cual una expresión de ira puede ser positiva, y de esto se trata la pregunta. Se trata de mirar la ira desde un punto de vista terapéutico. Si se nos ha enseñado a través de nuestra vida que la ira es mala, como posiblemente nos ha pasado a todos en esta sala, entonces lo que se nos ha enseñado realmente es que a la ira hay que tenerle miedo. Creemos que si expresamos nuestra ira algo terrible le sucederá a la otra persona, o aun peor, que algo terrible nos sucederá a nosotros. Puede ser, pues, muy útil terapéuticamente como parte del proceso de liberarse totalmente de la ira y la culpa, pasar por un período en que expresemos la ira y experimentemos que no es gran cosa. Podemos ponernos furiosos con la gente y nadie caerá muerto a nuestros pies. Podemos ponernos furiosos con alguien y Dios no nos castigará matándonos por la cosa terrible que hemos hecho. En realidad nada terrible sucederá. No es gran cosa. En ese punto podemos mirar la ira más objetivamente y reconocer que el problema no es la ira como tal. El problema real es la ira que estamos dirigiendo hacia nosotros mismos por nuestra culpa.

 El peligro está en que no veamos esto como un paso temporal. Gracias a las recientes enseñanzas de la psicología, vamos a ver esto como un fin. Lo que sucede entonces es que se le va a rendir culto a la ira como a un ídolo, porque nos hace sentir bien regañar y ponerse furioso con otra persona. La psicología nunca nos enseñará (puesto que la psicología es realmente un sistema muy secular) que el problema verdadero es la culpa, y que la culpa es una defensa contra Dios.

Entonces lo que pasa es que la expresión de la ira se convierte en la meta y nos sentimos tan bien que no queremos soltarla. Sin embargo, nuestra meta debe ser ponernos en contacto con nuestra culpa subyacente y manejarla. Necesitamos expresar nuestra ira sólo como una fase que nos lleve a trascenderla plenamente. Así que si pasamos por un período en que sentimos la necesidad de ponemos violentos, debemos verlo como una etapa temporal y tratar de no ver la ira como la gran cosa. Entonces podemos llegar al problema verdadero que es la culpa. Cuando realmente manejemos la culpa y la soltemos no necesitaremos volver a ponemos furiosos.

 Según el Curso, todo esto puede terminar en un instante. Pero luego hay otros lugares donde dice que esto tomará mucho tiempo y que debes ser paciente. Al principio del texto hay una línea que estoy seguro ha molestado a mucha, mucha gente. La misma habla sobre el Juicio Final, el cual es realmente el deshacer el ego colectivo o el completar la Expiación. Dice que "Del mismo modo que la separación abarcó un período de millones de años, así el Juicio Final se extenderá por un período igualmente largo, o tal vez aún más largo" (T 2.VIl1.2:5).

 Sin embargo, dice justo después de eso que el tiempo puede acortarse considerablemente con los milagros. Pero muy posiblemente no va a suceder de la noche a la mañana. Si piensas sobre cómo está constituido nuestro mundo, existe una tremenda cantidad de miedo que sustenta y motiva cada sencillo aspecto del mismo. Cada institución, cada sistema de pensamiento dentro de este mundo está motivado por el miedo y la culpa. Simplemente no puedes cambiar eso justo ahora. Creo que el plan de la Expiación, y la parte del Curso en él, es cambiar los pensamientos individuales más rápidamente de lo que sucedería de otro modo. Esto es el "apuro celestial", pero el mismo está ocurriendo dentro del marco de un período de tiempo considerable.

 

Continúa...

 

Del libro Una Introducción Básica a Un Curso de Milagros de Kenneth Wapnick

LA MENTE CORRECTA- EL SISTEMA DE PENSAMIENTO DEL ESPÍRITU SANTO - Parte 1 de 3- Kenneth Wapnick

 

Ahora hablaré de cómo el Espíritu Santo nos da un camino perfecto para soltar toda nuestra culpa.

La ira - El perdón

 El Espíritu Santo es muy astuto. Con todo lo astuto que el ego cree que es, el Espíritu Santo le lleva ventaja. Utiliza la misma dinámica de proyección que ha utilizado el ego para crucificarnos y mantenernos en la prisión de la culpa, y le voltea las cartas. Si imaginas la proyección como un proyector de cine, imagina que voy a ser el proyector y que tengo mi propia película de culpa que siempre estoy pasando. Lo que esto significa es que yo proyecto sobre toda la gente de mi mundo mi propia culpa. Proyecto la culpa de mi película hacia las pantallas de estas personas y veo mi propio pecado y culpa en todos los demás.

 La razón por la cual hago eso, repito, es porque estoy siguiendo la lógica del ego que asevera que ésta es la forma para zafarme de mi culpa. Ahora, no hay forma como yo pueda manejar mi propia culpa solo. No hay forma de mirar la culpa a la cara y vivir; sería un pensamiento demasiado  devastador. Pero la misma cosa que el ego ha utilizado para atacarme reforzando mi culpa con  la apariencia de que la suelta-este mismo mecanismo de ubicar mi culpa fuera de mí-me da la oportunidad de soltarla. Ver en ti la culpa a la cual no puedo enfrentarme me da la oportunidad de soltarla. Y eso es el perdón, simple y llanamente. Perdón es deshacer la proyección de la culpa.

 Repito, proyectar la culpa que no puedo manejar y soltarla hacia la pantalla que eres tú, me da la oportunidad de mirarla y decir, ahora la puedo ver en forma diferente. Los pecados y culpa que paso por alto y perdono en ti son realmente los mismos pecados y culpa de los cuales me considero responsable. Esto, entre paréntesis, tiene que ver con el contenido del pecado, no la forma, lo que puede ser bastante diferente. Al perdonarlo en ti lo que estoy haciendo, en efecto, es perdonándolo en mí. Esta es la idea clave de todo el Curso. De esto es realmente de lo que tratan todas estas palabras: proyectamos nuestra culpa hacia otras personas, así que cuando escogemos mirar a esa persona como el Espíritu Santo nos indica que la miremos-a través de la visión de Cristo-eso nos permite cambiar nuestro pensamiento sobre nosotros mismos.

 Lo que he hecho es proyectar mi propia obscuridad en ti para que la luz de Cristo en ti se obscurezca. Al tomar la decisión de decir que no estás en la obscuridad-verdaderamente estás en la luz, que es la decisión de soltar la obscuridad que he colocado en ti-estoy realmente tomando la misma decisión acerca de mí. Estoy diciendo que la luz de Cristo brilla no sólo en ti sino también en mí, y en realidad, es la misma luz. Esto es el perdón.

 Entonces, lo que esto quiere decir es que debemos estar agradecidos por cada persona en nuestras vidas, especialmente aquellas con quienes tenemos más problemas. Las que más odiamos, las que encontramos más desagradables, con quienes nos sentimos más incómodos, son aquellas que el Espíritu Santo nos ha "enviado" y que puede usar para demostramos que podemos escoger otra cosa respecto a aquellos a quienes estábamos tentados de proyectarles muestra culpa. Si esas personas no hubieran estado en la película y en la pantalla de nuestras vidas, no sabríamos que esta culpa está verdaderamente en nosotros. Por lo tanto, no tendríamos la oportunidad de soltarla. La única oportunidad que tenemos de perdonar nuestra culpa y de liberamos de ella es viéndola en alguien más y perdonándola allí. Al perdonarla en esa otra persona la estamos perdonando en nosotros mismos.  Lo que  esto significa es que yo proyecto sobre toda la gente de mi mundo mi propia culpa. Proyecto la culpa de mi película hacia las pantallas de estas personas y veo mi propio pecado y culpa en todos los demás. Repito, en esas  pocas líneas está la suma y substancia de Un curso en milagros.

 Entonces, el perdón puede ser resumido brevemente en tres pasos básicos. El primer paso está en reconocer que el problema no está allá fuera en mi pantalla. El problema está dentro, en mi película. El primer paso dice que mi furia no está justificada, aun cuando siempre me dice que el problema está fuera de mí en ti, y que tú debes cambiar para que yo no tenga que cambiar. Así, el primer paso dice que el problema no está fuera, que más bien está dentro de mí. La razón por la cual este paso es tan importante se debe a que Dios colocó la Respuesta al problema de la separación dentro de nosotros; el Espíritu Santo no está fuera de nosotros, el Espíritu Santo está dentro de nosotros, en nuestra mente. Al sostener que el problema está fuera de nosotros, lo que hace la proyección, estamos manteniendo el problema alejado de la respuesta; esto es exactamente lo que quiere el ego, porque si el problema del ego lo resuelve el Espíritu Santo entonces no hay más ego.

 El ego es muy engañoso y sutil al hacernos creer que el problema está fuera de nosotros, bien sea en otra persona-nuestros padres, maestros, amigos, esposos, hijos, el presidente-o en la bolsa de valores, el clima, hasta en Dios Mismo. Somos muy buenos para ver el problema donde no está, de manera que su solución se mantenga alejada. Pero el primer paso hacia el perdón, repito, es admitir que el problema no está en ti, el problema está en mí. La culpa no está en ti, está en mí mismo. El problema no está en esa pantalla donde lo proyecté; más bien está en la película que está dentro de mí, la cual es una película de culpa.

Ahora el segundo paso, que es el más difícil, el paso que todos en el mundo quisiéramos evitar, consiste en manejar esta película, nuestra propia culpa. Eso, repito, es por qué tenemos una inversión tan fuerte en justificar y nutrir esta ira y ataque, y en ver al mundo dividido en buenos y malos. Mientras hagamos eso no tendremos que manejar este segundo paso, que es mirar nuestra propia culpa y todos los sentimientos de odio que tenemos hacia nosotros mismos.

 En el primer paso digo que mi furia es una decisión que tomé para proyectar mi culpa. Ahora en el segundo paso digo que esta misma culpa también representa una decisión. Representa la decisión de verme culpable en vez de libre de culpa. Más bien, debo reconocer que soy un Hijo de Dios en vez de un hijo del ego, que mi verdadero hogar no está en este mundo sino en Dios. No podemos hacer esto en tanto no miremos nuestra culpa y admitamos que esto no es lo que realmente somos. No podemos decir esto mientras no miremos a alguien más y digamos, "Tú no eres lo que hice de ti; tú eres realmente lo que Dios creó."

 El Curso tiene pasajes muy poderosos que tratan justamente sobre lo aterrador que es este paso. Un falso concepto que tiene la gente, especialmente cuando ve Un curso en milagros por primera vez, es que piensa que todo esto es lindo y fácil. El Curso te confunde si no tienes cuidado. En un nivel habla acerca de lo sencillo que es; cómo realmente todos estamos en casa con Dios "soñando con el exilio" (T-10.1.2:1); cómo todo esto terminará en un instante si simplemente cambiamos nuestras pensamientos, etc. Entonces lo que sucede es que vemos estos pasajes y  olvidamos los otros que hablan sobre el terror que acarrea este proceso; la incomodidad, resistencia y conflicto que surgirán cuando empecemos a dar estos pasos para manejar nuestra culpa.

 Nadie puede soltar al ego sin manejar su culpa y su miedo, porque eso es el ego. Jesús dijo en el evangelio: "El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío" (Lc 14:27) A esto es a lo que él se refiere. Tomar la cruz es manejar nuestra propia culpa y miedo para trascender el ego. No hay forma de que uno pueda pasar por este proceso sin la dificultad y el dolor que esto implica. Ahora, esta no es la Voluntad de Dios para nosotros; es nuestra propia voluntad puesto que nosotros la forjamos. Fuimos nosotros quienes hicimos la culpa, por consiguiente, antes que podamos soltarla primero tenemos que verla, y esto puede ser muy doloroso.

 Así que el segundo paso es estar dispuesto a mirar nuestra culpa y admitir que nosotros la hicimos, que la culpa no representa el regalo de Dios para nosotros sino nuestra decisión de vernos como Dios no nos creó. Esto es vemos como hijos de la culpa en vez de hijos del Amor. Un curso en  milagros es bien claro al hacer énfasis en que debido a que hicimos la culpa no somos nosotros quienes  la podemos deshacer. Necesitamos ayuda externa al ego para poder deshacerla. Esta ayuda es el  Espíritu Santo. Y lo único que podemos escoger es invitar al Espíritu Santo para que corrija el sistema de pensamiento del ego y que nos quite la culpa. Este es el tercer paso. El segundo p;paso, en realidad, le dice al Espíritu Santo: "Ya no quiero verme culpable; por favor quítame la culpa."

 El tercer paso le pertenece al Espíritu Santo y El sencillamente quita la culpa porque, en realidad, ya la ha quitado. El único problema es que nosotros lo aceptemos.

 Así, replanteando los tres pasos: El primer paso deshace la ira proyectada al admitir que el problema no está fuera de mí; el problema está dentro de mí. El segundo paso dice que el problema que está dentro de mí es uno que yo forjé y que ya no quiero. El tercer paso se toma cuando se lo entregamos al Espíritu Santo y Él se hace cargo del mismo. Estos pasos suenan muy lindos y sencillos, pero si tienes suerte los darás en una vida. No debes creer que esto se hará de la noche a la mañana. Algunas personas tienen una esperanza mágica de que una vez terminan el libro de ejercicios para estudiantes en un año estarán en el Reino.

 Bueno, eso está bien hasta que llegas al final del libro de ejercicios para estudiantes y lees: “Este curso es un comienzo y no un final" (L-pl.ep.1:1). El propósito del libro de ejercicios para  estudiantes es encaminarnos por el camino correcto, ponernos en contacto con el Espíritu Santo, y de ahí en adelante operar con El. Es trabajo de toda una vida deshacer nuestra culpa, y la razón de ellos es  que la culpa en nosotros es tan enorme que si nos enfrentáramos a ella de una vez sería tan abrumador que creeríamos que vamos a caer muertos, o a enloquecer. Por lo tanto, tenemos que  manejarla por partes. Las distintas experiencias y situaciones que comprenden nuestras vidas se pueden utilizar como parte del plan del Espíritu Santo para llevarnos de la culpa a ser libres de culpa.

 

Continúa...

 

Del libro Una Introducción Básica a Un Curso de Milagros de Kenneth Wapnick