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martes, 12 de octubre de 2021

Juicio vs Empatía

Traducido con Amor desde… https://kindovermatter.com

 

 El juicio comienza con una suposición.

Supongo que la persona frente a mí en la fila del supermercado debería moverse más rápido. Empiezo a juzgarla por su lentitud. El flujo constante de charla en mi cerebro se altera cada vez más. Estoy frunciendo el ceño. Soy cruel, tanto con la persona frente a mí (con quien probablemente no interactuaré) como con la cajera, quien extenderá aún más el descontento, el mal día que está teniendo y la volverá cruel con todos los demás clientes por venir.

Entonces, retrocedo. Regreso a esa suposición original: la persona frente a mí debería ir más rápido.

Pero ¿es así?

¿Qué pasa si tienen una enfermedad crónica indiscernible?
¿Y si la despidieron recientemente?
¿Y si su madre se está muriendo?
¿Qué pasa si cuando regresa a casa, hay un aluvión de necesidades sin cubrir?

(La lista de cosas que pueden retrasar a una persona en el supermercado es bastante interminable).

Si esta persona que no conozco tuviera cáncer de mama y estuviera en tratamiento, ¿seguiría asumiendo que debería moverse más rápido para poder salir de la tienda unos segundos antes?

Todo comienza con una suposición.

A veces suponemos que nuestra vida es más importante que la de los demás. O que siempre tenemos la razón.

Asumir inicia la cadena de eventos que conduce al juicio, que conduce a la negación de la empatía.

Entonces, retrocedamos.

Hay una persona frente a mí en la tienda que va despacio. Tengo prisa. Me siento muy impaciente. Empiezo a asumir todo tipo de cosas sobre esta persona lenta frente a mí. Empiezo a fruncir el ceño.

Y luego recuerdo. Recuerdo que realmente no sé nada sobre esta persona frente a mí o su camino en este mundo. Recuerdo que no soy más importante que nadie, que todos somos polvo de estrellas. Dejo de asumir. Dejo de juzgar. Respiro hondo.

(Tal vez cambie de caja. Tal vez no pueda. Pero, de cualquier manera, empiezo a practicar la paciencia).

Sonrío en lugar de fruncir el ceño.

Y ahora mi empatía tiene la oportunidad de extenderse, en lugar de mi resentimiento.

La cajera se siente considerada cuando la miro a los ojos y sonrío. Su día se ilumina. Ella es más amable con los que están detrás de mí. He ayudado en lugar de obstaculizar.

Y todo porque no asumí lo peor. Porque no asumí nada, simplemente me quedé en el momento presente, con lo que era.

Todo porque elijo ser empática en lugar de crítica.

 

https://kindovermatter.com/2013/01/judgement-vs-empathy.html

 

LIGEROS DE EQUIPAJE- Enrique Martínez Lozano

Cuando alguien se vive en profundidad, comprende que todo es gracia; esa comprensión se transforma en gratitud y se manifiesta en gratuidad.

Quien sabe que todo lo ha recibido gratis, deja que todo fluya a través de él.

 Esto no significa demonizar el dinero ni renunciar a una remuneración adecuada, aunque impide hacer “negocio”, particularmente con todo lo que tenga que ver con la espiritualidad.

 La vivencia espiritual hace posible vivir la experiencia de estar siendo recibido y regalado en permanencia. De ahí brotan una actitud y un comportamiento caracterizados por la desapropiación -en la que insiste el texto que estoy comentando y que han recalcado todos los maestros y maestras espirituales-, un rasgo diametralmente opuesto a la pulsión acaparadora que rige en nuestra cultura.

 La espiritualidad permite pasar del tener al compartir, del poder al servir, del tener al ser. Y todo ello, no en virtud de un imperativo ético, sino como fruto de la comprensión.

 La comprensión profunda -otro sinónimo de la espiritualidad- se despliega en una triple dirección, que puede resumirse en tres palabras: plenitud, fluir y fraternidad.

 Regala una vivencia de plenitud, porque permite comprender y saborear lo que realmente somos, más allá del yo en el que temporalmente nos experimentamos.

Somos pura presencia consciente -plenitud de presencia-, y lo saboreamos en el silencio de la mente.

Espiritualidad es experiencia de plenitud.

  A partir de ahí, comprendemos que la vida fluye a través de nuestra “forma” o persona concreta.

No tenemos la vida ni nos la apropiamos, sino que permitimos que fluya en nosotros, a la vez que aprendemos y agradecemos el hecho de vivirnos como cauce, que busca ser cada vez más limpio y desapropiado.

Espiritualidad es vivir diciendo sí a lo que la vida nos trae.

 En paralelo, la misma comprensión que nos ancla en el centro donde experimentamos la plenitud nos hace ver que ese centro es compartido con todos los seres, que la identidad es común.

La consecuencia es clara: todo otro soy yo; más allá de nuestras diferencias, somos lo mismo.

Por tanto, si todo otro es no-otro de mí, la fraternidad constituye una dimensión constitutiva de lo que somos.

Espiritualidad es fraternidad.

 Plenitud, fluir, fraternidad: brotan de la comprensión y vivencia de lo que somos, implican un proceso de desidentificación del ego y dejan en la persona un sabor de gratuidad.

 

¿Qué produce en mí la vivencia espiritual?

 

 Enrique Martínez Lozano

Enrique Martínez Lozano (Guadalaviar, Teruel, 1950) es psicoterapeuta, sociólogo y teólogo. Es autor de varios libros y se halla comprometido en la tarea de articular psicología y espiritualidad, abriendo nuevas perspectivas que favorezcan el crecimiento integral de la persona. Su trabajo asume y desarrolla la teoría transpersonal y el modelo no-dual de cognición. 

Los frutos de la atención - Mónica Cavallé

Compare usted la conciencia y su contenido con una nube.

Usted está dentro de la nube, mientras que yo la miro

Está usted perdido en ella, casi incapaz de ver la punta de sus dedos,

mientras que yo veo la nube y otras muchas nubes

y también el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas.

La realidad es una para nosotros dos, pero para usted es una prisión y para mí un hogar”.

―Nisargadatta

 

Describiremos algunos frutos de esta atestiguación:

1- La impersonalidad. Para nosotros, occidenales, la palabra “impersonalidad” suele tener evocaciones negativas. Puesto que hemos concedido un valor absoluto a nuestra personalidad, asociamos la palabra “impersonal” a la anulación de lo que más estimamos: nuestra persona, nuestra individualidad. Efectivamente, la palabra “impersonalidad” tiene una acepción negativa: denominamos así a aquello que diluye la persona, que “despersonaliza”. Pero esta palabra puede tener otra aceptación, la que ha tenido para la sabiduría; en este segundo sentido no es sinónimo de “infra-personal” sino todo lo contrario, de “trans-personal”; no alude a aquello que niega o diluye la persona, sino a lo que la supera ―sin negarla― porque es más originario que ella. La sabiduría nos dice que lo impersonal es el sustrato y la realidad íntima de lo personal; que no lo excluye, sino que lo sostiene; que, por eso, para ser plenamente personales tenemos que ser plenamente impersonales.

[...] Es dejar de otorgar un valor absoluto a lo que llamamos “mi cuerpo, mis pensamientos, mis emociones, mis acciones, mi vida, mi persona...”; comprender lo ridícula y miope que es nuestra tendencia a hacer que el mundo orbite en torno a nuestro limitado argumento vital ―el definido por nuestro yo superficial―. Equivale a cesar de dramatizar nuestras experiencias, de ver el mundo como el mero telón de fondo de dicho drama, y a las demás personas como los actores secundarios del mismo. Es sentir que las alegrías y los dolores de los demás son tan nuestros como nuestros dolores y alegrías, que el cuerpo cósmico es tan nuestro como nuestro propio cuerpo; desistir de ser los protagonistas de nuestra particular “novela” vital, para convertirnos en los espectadores maravillados, apasionados y desapegados a la vez, del drama de la vida cósmica, del único drama, de la única Vida.

El Testigo nos sitúa directamente en el foco central de nuestra identidad. Ahí somos presencia lúcida, atenta, consciente, que es una con todo lo que es. Esta Presencia lúcida que constituye nuestra Identidad central es la misma en todo ser humano. Es nuestra Identidad real, pues es lo permanente y auto-idéntico, mientras que nuestro cuerpo-mente no hace más que cambiar. Esa Identidad central nada tiene que ver con la pseudoidentidad que depende de algo tan frágil y fraudulento como la memoria.

2- El amor incondicional. Saber que la aceptación incondicional es nuestra verdadera naturaleza es sabernos un abrazo dado a todo lo que es. La naturaleza del Testigo es el Amor. El yo superficial, intrínsecamente divisor y separativo, no puede amar, aunque así lo crea.

3- La libertad interior. Si soy mi sufrimiento, éste me poseerá y me abrumará. Si soy mi ansiedad me sentiré totalmente perdido cuando me sienta ansioso. Al confundirme con mis sentimientos, positivos o negativos, me moveré con ellos y viviré en una montaña rusa emocional, me será imposible alcanzar la paz y la estabilidad. Por el contrario, si no me identifico con lo que experimento, ni tampoco lo resisto, advertiré que el sufrimiento no es la naturaleza interna de ninguna experiencia, sino el resultado de mi deseo de retenerla o de negarla. Descubriré que, en mi más íntima verdad, soy libre.

4- La transformación. El Testigo no busca ni pretende nada, ni siquiera busca directamente el cambio y la mejora; por eso puede descansar totalmente en el presente. El yo superficial, por el contrario, experimenta constantemente el contraste entre “lo que cree ser” y “lo que cree que debería llegar a ser”; se considera básicamente incompleto, y por eso sólo se siente ser a través de la tensión, la lucha y la búsqueda constante de logros y resultados futuros.

No hay nada que pueda parecer más contrario a nuestro sentido común y a nuestras creencias más arraigadas que la idea de que, en ocasiones, el empeño de ser mejores puede ser contraproducente. Pero la experiencia del Testigo nos proporciona una profunda revelación: cuando aceptamos “lo que hay”, “lo que es”, es decir, cuando otorgamos a todo una atención incondicional, también a lo que solemos calificar de negativo, experimentamos las más revolucionarias transformaciones. [...]

La aceptación ―entendida no como resignación, sino como la acción del Testigo― es la fuente por excelencia de la transformación, del crecimiento y del cambio profundos. Paradógicamente, cambiamos de forma más radical cuando no nos centramos obsesivamente en el cambio, ni determinamos de antemano cuál será su curso. [...]

5-La comprensión. La aceptación es la fuente de la transformación, y también de la comprensión. Como ya explicamos [...] esta comprensión no ha de confundirse con la seudocomprensión meramente intelectual. A diferencia de esta última, la comprensión de la que hablamos acontece cuando nos relajamos con relación a algo (y ni siquiera pretendemos entenderlo); es una consecuencia directa de la aceptación y de la transformación que ésta conlleva.

Para aceptar no es preciso entender. El Testigo acepta lo que hay, la experiencia presente. Esta experiencia presente puede ser de ignorancia o de confusión. Ahora bien, paradógicamente, esta aceptación de todo ―también de la propia ignorancia y confusión― propicia una actitud de lucidez desimplicada y objetiva, favorecedora de la comprensión. La aceptación nos hace más penetrantes; permite que aflore la visión.

 

Fuente: CETR, La sabiduría recobrada - Filosofía como terapia (Kairós, 2012)

 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Buda enfurecido…Cómo mi ira me llevó a la comprensión-Sarah Kanowski

Traducido con Amor desde...https://tricycle.org

 

Mi hijo tiene 9 años y está acurrucado junto al inodoro. Me inclino sobre él, agarrándolo del brazo. Ambos estamos gritando, chillando, maldiciéndonos el uno al otro. Toda la energía en la casa, en todo el universo al parecer, se ha convertido en una luz blanca concentrada que arde en este pequeño baño. Estoy tan salvaje de furia que no puedo ver, ni siquiera puedo oír las palabras que salen de mi boca.

Esta soy yo,  practicante budista zen de casi veinte años.

La ira me puso en práctica cuando tenía veinte años. Me estaba enamorando del hombre con el que más tarde me casaría y tendría hijos, y estaba dolorosamente claro que incluso su amabilidad no era suficiente para calmar mi rabia. De hecho, mi ira pareció expandirse junto con nuestra creciente intimidad, en una especie de tango terrible.

Entonces comencé a sentarme. Con un grupo Zen y sola. Leí libros y escuché charlas sobre el dharma.  Empecé a mirar mi ira con ojos más suaves, para prestar atención a los sentimientos de terror que había debajo. Recuerdo que, en una discusión sobre el precepto de la ira, una amiga relató su aprecio por su energía liberadora. Pero para mí, a pesar del Zen, y a pesar de tener un excelente terapeuta, la ira todavía me golpeaba como una trampa de metal. Lo que realmente quería era mantenerme fuera de su camino.

Con el tiempo nació nuestra hija, seguida de cerca por nuestro hijo, y unos años más tarde, otro hijo. Tres hijos hermosos, sanos y deseados. Fue exigente, por supuesto, y un poco vertiginoso reorientarse de la carrera y los viajes a la vida doméstica. Estaba muy agradecida de haber encontrado una tradición que honraba la sabiduría de las tareas repetitivas realizadas con una mente fresca. ¡Corta leña, lleva agua! ¡Cambia el pañal, has puré de calabaza! Jugamos, leímos historias, nos abrazamos, reímos, horneamos pasteles. Todos los asombrosos actos ordinarios de una familia amorosa.

Pero a medida que se convirtieron en niños pequeños y más allá, la rabia que podía estallar en mi relación con mi esposo comenzó a acecharme mientras cuidaba a mis hijos. Así es exactamente como la sentí: una bestia acechante respirando en mi cuello, usándome para invadir nuestra casa. Lo que estaba en juego era mucho mayor ahora. Sabía que mi ira corría el riesgo de marcar a mis hijos, en cuerpo y espíritu, e incluso desfigurar horriblemente nuestra relación. El filósofo indio Shantideva , que nunca se anda con rodeos de palabras, reflexiona en El camino del Bodhisattva: “Buenas obras reunidas en mil edades…un solo destello de ira las hace añicos ". 

Shantideva habría tenido algunas cosas que decir sobre lo que había sucedido en ese baño.

Una noche, en medio de otro conflicto acalorado y rápidamente creciente con mi hijo, me escapé al baño y cerré la puerta. Cada uno de mis músculos estaba enroscado y tenso, impulsándose a la acción. Mis oídos zumbaban con las furiosas acusaciones corriendo dentro de mi cráneo. Me encontré temblando y jadeando por respirar. No fue diferente a la etapa final del trabajo de parto, en la que el cuerpo se siente como si se estuviera partiendo por completo en dos. Pero me quedé donde estaba. Me senté con eso. La furia ardió por completo y finalmente disminuyó. Una flecha me atravesó y dejó una flor de intuición.

Estar realmente enojado es experimentar una contracción radical del yo. Reduce la vasta infinidad de la conciencia al apretón más fuerte de lo que quiero y no quiero. Y para mí fue en ese mismo momento de la contracción más extrema que la puerta al vacío y la impermanencia se abrió. Las enseñanzas del no-yo de repente se volvieron íntimas. No en un lugar de calma en el cojín como había imaginado, sino con lágrimas calientes y furiosas sentada en el borde de la bañera. La ira apuntó con su letrero de neón rojo gigante hacia donde dividí más fuertemente el mundo en uno mismo y en otros, lo correcto y lo incorrecto, él y yo.

Este destello de comprensión fue poderoso. Pero no fue suficiente para disolver los hábitos de toda una vida, y no tenía vidas con las que jugar: todavía había un niño enojado al otro lado de la puerta del baño. Tenía que salir del baño, levantarme del zafu cada mañana y seguir siendo madre. Para ayudarme a llevar sabiduría y compasión a la intensidad de la vida familiar, llegué a comprender que mi práctica necesitaba algo más que "simplemente sentarse".

 El libro de Pema Chödrön Practicar la paz estaba en el estante de la biblioteca como una pequeña bandera azul que marcaba un gran tesoro: excava aquí. El libro me introdujo en la práctica tibetana del tonglen, que ofrece una forma de trabajar directamente con las dolorosas sensaciones de agresión. Esta práctica de “enviar y recibir” gentil pero poderosamente fortaleció la percepción que tuve en el baño esa noche: que no existe una separación fundamental entre el yo y el otro. El paso final en tonglen es practicar para todos los seres sintientes que han conocido este dolor, subrayando que la experiencia de la rabia, por vergonzosa que pueda parecer, no nos convierte en monstruos, sino que es parte de nuestra rica y desordenada herencia humana. 

Pema también escribió sobre practicar la paciencia como antídoto contra la ira. Así que desde mi salón australiano me inscribí en un curso en línea sobre las paramitas, ofrecido por Pema Chödrön y dado a sus estudiantes en Gampo Abbey en Nueva Escocia. Paramita es una palabra sánscrita que significa "perfección" y tradicionalmente hay seis cualidades que fomentan la perfección del carácter: generosidad, disciplina, Paciencia, entusiasmo, meditación y sabiduría.

De manera tranquilizadora (ya que la "perfección" puede sentirse fuera del ámbito de la posibilidad), Pema enfatizó que es el esfuerzo, que se extiende más allá de nuestras formas habituales de actuar, lo que permite que estas cualidades florezcan.

Nunca le había prestado mucha atención a la paciencia, confundiéndola con mansedumbre o represión. Pero descubrí que la paciencia es una disciplina y un compromiso como ningún otro. Shantideva de nuevo: “No hay defecto como la ira. No hay virtud comparable a la paciencia”. Si bien la ira tiene que ver con el impulso equivocado de control, la paciencia es la voluntad de estar con lo que sea como es. La paciencia puede exigir el esfuerzo más decidido, especialmente cuando los hábitos de irritación y enojo se han ido acumulando a lo largo de una vida o más, pero está animada por las cualidades más dulces, como el humor, la ligereza y la perspectiva.

Al tratar de cultivar la paciencia, estoy aprendiendo constantemente a prestar atención a mi cuerpo fuera del cojín. La sensación de rabia es tan física que ocuparse de la rabia a menudo significa dirigirse directamente al cuerpo: enfriar mi cara con hielo, exhalar hasta los dedos de los pies o poner la mano en mi corazón. También me pide que preste atención al contexto físico más amplio: ¿estoy durmiendo lo suficiente, con suficiente comida, con suficiente tranquilidad? Trabajar con el cuerpo de esta manera tiene el gran beneficio adicional de pasar por alto las historias que alimentan la furia: ¡Él nunca escucha! ¡No puedo manejar esto!

Han pasado casi tres años desde esa noche con mi hijo en el baño. Al expandir mis formas de practicar, la vida en casa se ha vuelto más tranquila para todos nosotros. A los 11 años mi hijo es curioso, inteligente y amable. También se enoja rápidamente. Podría culparme a mí misma por eso, por la sangre caliente que le transmití a través del ejemplo o el funcionamiento oculto de la genética. Pero mi intimidad con la ira también significa que puedo ayudar. Caminé por ese camino, me colgué de ese acantilado. No necesita sentirse abandonado a la intensidad de esos sentimientos o perdido en la vergüenza por sus consecuencias. Podemos quemar ese karma juntos. Todos los seres despiertan como uno. Aquí mismo en el baño y en todas partes.

 

Sarah Kanowski vive en Brisbane, Australia. Conduce el programa de entrevistas en profundidad, Conversations, en ABC Radio y podcast.

https://tricycle.org/trikedaily/paramita-patience-anger/

Ocupado es opcional - Séan Levahn

Traducido desde...https://upliftconnect.com

 

Ocupado, ocupado, ocupado es un negocio poco saludable

Durante décadas he sido 'ese tipo' que responde "OCUPADO" cuando alguien pregunta cómo estoy. "¡OCUPADO OCUPADO OCUPADO!" ¡Qué desviación total de la verdad! Alicia en el país de las maravillas.

Cuanto más me apresuro, más tarde se me hace- El conejo blanco, Lewis Carrol

Los bloqueos de 2020 y el cierre virtual de mi negocio tres veces en menos de un año me han demostrado que estar OCUPADO como era mi modo predeterminado, me estaba matando lentamente. Estaba erosionando mi sentido de la realidad y mi paz interior. Destruyendo mis conexiones con la comunidad, la naturaleza y el lugar. Torciendo mi comprensión de los deseos frente a las necesidades.

¿Hubiera preferido que una pandemia global no me enseñara estas lecciones? Absolutamente. Desafortunadamente, ¡no me dieron la opción de qué tipo particular de chillido preferiría! La muerte del ego por parte de un grupo de amigos creando una intervención habría sido mejor que esta autoindagación crítica y autoinducida actual.

¿Intenté cambiar antes de 2020 para cambiar estos patrones de adicción al trabajo, la producción e incluso el dinero? ¡Sí! Incluso hice algunos progresos, pero mi modo predeterminado de estar agobiado, comprometido en exceso y estresado parecía ser mi zona de "comodidad" retorcida. Era como un programa predeterminado al que seguía reiniciando una y otra vez: un plan fijo en el tiempo. Necesitaba un cambio radical para crear un cambio permanente.

Si flotamos mil millas por encima del dolor desgarrador de este momento global, veremos con claridad que sabíamos que esto o algo así estaba por llegar. ¿Un virus? Definitivamente no podría haber señalado eso, pero algo tenía que suceder. Tú lo sabes y yo lo sé. A nivel mundial y personalmente, todos hemos estado preparando este momento durante bastante tiempo. Todos somos cómplices de una forma u otra. Y todos podemos participar en la transformación positiva. Todos podemos sacarnos del punto de inflexión.

La culpa, querido Brutus, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos. - William Shakespeare, Julio César

Creando mi turno

Necesité del año completo de todo este caos para ponerme de rodillas y sumergir mi rostro en agua fría y sobria. Necesitaba, y estoy, una revolución interior y exterior con respecto a cómo, en primer lugar, me respeto a mí mismo. Hablo del amor propio y del cuidado personal todo el tiempo y, sin embargo, recuerdo que soy un estudiante perpetuo de la vida. Por lo tanto, siempre estoy aprendiendo en espiral. Volver al mismo sabor para saborearlo una y otra vez. Solo para asegurarme de sacar todo el oro de esa lección.

Para ser claros, lo que estoy diciendo es que he sido completamente humillado por mis propios obstáculos en este último año. Se han vuelto flagrantemente obvios en el contexto de este peligro global. Además, ¡he tenido siete meses sin trabajo y mucho tiempo para sentarme en mi propia presencia y contemplar mis elecciones de vida!

¿Me avergüenzo de encontrarme "de vuelta al punto de partida"? Un poco. Pero no mucho. Sobre todo, me siento aliviado. ¡El tren 'ocupado' finalmente disminuyó la velocidad lo suficiente como para que pudiera saltar sin quedar completamente destrozado! Sin embargo, podría decir que conseguí una buena paliza. Pero eso es solo desde una perspectiva, solo un ángulo de visión.

La otra y más dulce visión es la profunda gratitud de que nuestro Creador me ama lo suficiente como para crear las condiciones exactas que necesitaba para enfrentar a este Goliat interior. ¡Tus vidas, tal como aparecen, son el caldero perfecto para presenciar tu propia postura hacia todos los eventos de la vida a medida que te suceden con el pretexto de que te suceden!

Creo que los humanos están hechos para ser creadores ellos mismos y están llenos de energía creativa para una mayor evolución interna y externa. ¿Al servicio de qué? Ahí es donde podemos meternos en la maleza. Sé que lo hice.

Olvidé que el Servicio Divino no siempre se trata de producción y de poder señalar creaciones tangibles en el mundo exterior. Ciertamente es un aspecto, pero no el todo. La creación es un proceso alquímico que comienza en el interior. Una chispa, una idea, un sentimiento, un empujón: una voz.

Si la búsqueda de resultados tangibles y visibles se vuelve más fuerte que esa chispa original dentro tuyo, eso es una buena indicación de que has sido engañado por un impostor que te susurra nada seductor al oído. ¡Dejen de escuchar la voz de su alma y cuando eso suceda, amigos míos, se darán cuenta de que ha sido una voz criminal!

Siempre a la vista de 'Dios'

Mantén viva tu fe y tu esperanza. En realidad, nunca estamos realmente perdidos. Simplemente no es posible estar eternamente perdido, cayendo y alejándose del amor del Espíritu. Incluso cuando estamos tropezando con nuestros propios deseos de convertirnos en alguien o en algo, siempre estamos a la vista de Dios.

Somos poderosos cuando nos damos cuenta de que hemos caminado hacia el bosque oscuro y podemos invocar el poder del Amor a través de la Gratitud para guiarnos de regreso de la ilusión y de regreso a casa. Tenemos que ser nosotros los que pidamos ayuda, nos acerquemos a la Vida y le digamos: "¡Te necesito!" Pedir que se nos muestre cómo encontrar de nuevo nuestro auténtico camino. Para levantar ese velo y darnos cuenta de que está justo debajo de nuestros pies y todo lo que se necesitas es un cambio de perspectiva.

Sí, se necesita energía para hacer este cambio. Requiere vigilancia y compromiso. Si no tienes la energía para resistir la atracción seductora de tus heridas, son todo lo que sentirás, todo lo que verás. Créame, he pasado años acariciando mis heridas como si fueran mis aliados. En cierto modo, lo son por un tiempo. Ciertamente son familiares y conocidas. Incluso contienen gemas oscuras que te revelan sus dones. Pero tienes que atravesar las heridas y salir por el otro lado recordando que hay un lugar dentro de ti que está perpetuamente íntegro, sin heridas.

Las seductoras voces de "no eres lo suficientemente bueno" y "mantente ocupado" pueden ser muy fuertes. A través de las prácticas de contemplación, meditación, sanación con sonido, gratitud, respiración, sol, acciones de simplicidad y las ideas en torno al minimalismo, me estoy recuperando, hacia la 'paz'.

Mi paz y calma son ahora mi prioridad número uno y soy muy consciente de la conexión cuerpo / mente con respecto al estrés y la ansiedad. Me amo a mí mismo y a mi vida incluso más de lo que creía posible. Al hacer tiempo para lo que es importante, parece haber una gran cantidad de tiempo y el negocio del ajetreo ha sido reemplazado por el flujo de la acción correcta, la atención a las tareas y un "hacer" de una manera consciente.

Tú también puedes.

Vale la pena no hacer nada y descansar. A pesar de todas las dificultades que pueda ocasionar, debes descansar; de lo contrario, ¡te volverás INQUIETO! - Sr. Curly, Michael Leunig

https://upliftconnect.com/busy-is-optional/

 

jueves, 30 de septiembre de 2021

¿Por qué somos tan duros con nosotros mismos? - Mark Coleman

Traducido con Amor desde… https://tricycle.org

 

Cuando le pregunto a un salón lleno de estudiantes, "¿Quién no ha causado daño a alguien con sus palabras y acciones?" no se levanta ni una sola mano. Todos hemos hecho cosas de las que nos arrepentimos. De manera similar pregunto si hay alguien que no haya causado daño de alguna manera a través de su sexualidad. Una vez más, rara vez se levanta una mano. Es lo mismo cuando pregunto si hay alguien que no se arrepienta de actuar o de decir alguna tontería en un momento de pasión y reactividad.

Cometer errores, tener poco juicio y hacer cosas que sabemos que no deberíamos en el calor del momento son una parte natural de la condición humana. Entonces, ¿por qué somos tan duros con nosotros mismos? ¿Cómo explicamos toda la culpa que cargamos? Podemos rastrear esta patología de la auto recriminación al crítico y a un estándar idealizado e imposible de comportamiento humano.

Una de las cosas que más he apreciado de mis años de práctica de meditación es haber hecho las paces con mi humanidad. No es que no aspire a crecer, desarrollarme y trabajar en mí mismo. Pero ya no me aferro a un ideal imposible. Cuanto menos espero ser perfecto y nunca cometer errores, más probabilidades tengo de avanzar hacia el perdón. Soy más capaz de liberarme de la pesada carga de culpa que he estado cargando por las cosas dolorosas que hice en el pasado, por las cosas de las que me arrepiento.

A veces miro hacia atrás y me avergüenzo de lo que solía decir, las opiniones que defendía y la arrogancia egocéntrica de la juventud. Pero eso también es parte de vivir, de crecer, los inevitables dolores de crecimiento de ser humano. Cuando descubrí la meditación por primera vez, era como un “meditador nacido de nuevo” y trataba de convencer con entusiasmo a todos mis amigos y familiares de que debían meditar. En mi arrogancia juvenil, estaba ansioso por señalar todas las formas en que no estaban iluminados y lo que debían hacer al respecto. Ahora mi familia se burla de mí por eso.

Una comprensión particular que debo a mi entrenamiento en meditación es la comprensión de que no hay más tiempo que el ahora. El futuro es una ilusión, el pasado es ahora un sueño y la única realidad a la que tenemos acceso es el presente. En ese sentido, el perdón a uno mismo es la voluntad de dejar de intentar arreglar nuestro pasado o mejorarlo. Es perder toda esperanza de mejorar lo que ya ha sucedido. Lo hecho, hecho está.

Si esto es cierto, ¿por qué nos esforzamos tanto en arreglar el pasado? Es porque no podemos soportar vivir con el doloroso hecho de que hicimos y dijimos todas esas cosas que lamentamos y desearíamos poder retirar. Lo hacemos como una forma de intentar detener el dolor que aún persiste en el presente debido a eventos pasados. La mente tiene una resistencia profundamente arraigada a sentir dolor, incluso si sucedió hace mucho tiempo. Es por eso que pasamos tanto tiempo en nuestra cabeza, pensando, repitiendo, repitiendo, discutiendo, en lugar de reconocer la parte tierna y vulnerable de nosotros mismos y dejar entrar la tristeza y la pérdida que acompañaron al dolor cuando ocurrió.

Fui a la escuela en una zona peligrosa de la ciudad. Había peleas físicas constantes y abundaba el hostigamiento severo. Como tanto dolor humano, se transmitió a lo largo de la cadena, de los niños mayores a los más pequeños. Estaba en el extremo receptor de un montón de dolorosos acosos y burlas psicológicas. Sin embargo, también aprendí a repartirlo. Transmitía el ridículo psicológico recibido a otros, cuando no había riesgo de ser amenazado físicamente al hacerlo.

Solía ​​mirar atrás con horror y vergüenza a la forma en que me burlaba de un compañero de clase. ¿Cómo podía yo, quién sabía lo doloroso que era ser ridiculizado en público, hacer lo mismo? Dado el espacio de tiempo y una reflexión sabia, ahora puedo ver que era solo un engranaje en la rueda, simplemente transmitiendo lo que había aprendido, tratando de sobrevivir a mi manera y de mantener el acoso lejos de mí. Encuentra un chivo expiatorio y mantente a salvo era el lema. Por supuesto, eso no lo justifica de ninguna manera ni lo corrige. Todavía me pregunto hasta el día de hoy sobre el impacto que mis palabras y acciones tuvieron en mi pobre compañero de clase, y todavía me siento triste por haber elegido actuar de esa manera.

Y es el perdón a mí mismo lo que me permite comprender las condiciones de ese período de mi vida y sentir el dolor de todos los involucrados; al mismo tiempo me permite liberar el juicio y la vergüenza. A pesar de que yo era el que estaba siendo cruel, en el fondo de mi corazón también sabía que era cruel y que estaba alimentado por mi propio dolor y miedo. Era lo que era. Sucedió debido a un conjunto doloroso de causas y condiciones, y puedo sentir ternura hacia mí mismo, el compañero de clase y todas las formas en que tales acciones continúan hoy en día debido a la ceguera, el miedo y el odio.

¿De qué manera te juzgas a ti mismo por tus errores pasados? ¿En qué áreas de la vida estás tratando de mejorar tu pasado? ¿De qué manera eres incapaz de aceptar quién y qué eras? No se trata de negar lo sucedido o de mejorarlo todo. Se trata de encender la luz directamente sobre las áreas de doloroso arrepentimiento y extenderles una mano amorosa.

Siempre que tengamos una cantidad inusualmente grande de espacio y tiempo en nuestras manos, nuestra mente rumiará los caminos de antaño. Esto es en parte el cerebro que repite experiencias pasadas en un intento de aprender para el futuro. En esos momentos, las cosas del pasado oscuro y distante que aún no están resueltas aflorarán en nuestros corazones. Esto es especialmente cierto para aquellos que han tenido roces con la muerte, están muy enfermos o enfrentan una enfermedad terminal. Dado que somos criaturas sociales, en estos momentos nuestro corazón puede hacer una revisión de vida, con un enfoque particular en cómo hemos actuado en relación con los demás. Sin duda, esto puede ser sobre nuestra historia romántica, pero también incluye nuestras relaciones con la familia, los amigos, los colegas y los vecinos.

Noté esta tendencia en mi padre a medida que crecía. De vez en cuando me preguntaba cómo era él como padre cuando yo era joven. En particular, preguntaba si estaba lo suficientemente cerca o si se había ausentado demasiado. Sirvió en la Marina Real Británica, por lo que estuvo ausente durante largos períodos de tiempo cuando yo era un bebé. Me di cuenta de que pesaba mucho en su corazón. No había nada que pudiera hacer al respecto ahora, sin embargo, algo en su corazón necesitaba consolarlo y tranquilizarlo. Y por mucho que pueda ofrecer seguridad, como siempre, en última instancia, tiene que venir de perdonarnos a nosotros mismos.

Cualquier consideración de nuestras relaciones revelará inevitablemente tanto alegrías como desafíos. Y, por supuesto, es comida fácil para el crítico, que se meterá en todas las formas en que hemos defraudado a la gente, hablado falsamente, herido a nuestros seres queridos o simplemente no mostramos como amigos de la manera que hubiéramos deseado. A menudo se trata de recuerdos tiernos y dolorosos de albergar. Es importante que guardemos estos recuerdos con compasión y amabilidad, no con recriminaciones. Es demasiado fácil para el juez con una visión retrospectiva de 20/20 ver todas las formas en que podríamos haberlo hecho mejor. Es importante recordar que siempre hacemos lo mejor que podemos con la información, las habilidades y los recursos que tenemos disponibles en ese momento.

Entonces, como parte de la curación del corazón y el pasado que sigue cayendo en cascada hacia el presente, practicamos el perdonarnos a nosotros mismos por nuestras decisiones y acciones pasadas. Nuestro objetivo es aceptar plenamente lo que sucedió, asumir la responsabilidad de ello y formar una fuerte intención de aprender de nuestro pasado y vivir de manera más inteligente, con más cuidado y compasión. También nos perdonamos a nosotros mismos en el presente y para el futuro, sabiendo que, siendo humanos, tomaremos otras decisiones de las que podemos vivir para lamentarnos. Aspiramos a mantenernos fieles a nuestra intención de actuar con la mayor integridad y amabilidad que podamos, pero nos perdonamos a nosotros mismos cuando inevitablemente nos equivocamos.

De esta manera, su práctica del perdón se convierte en un hábito mental positivo que le permite liberar el juicio, el arrepentimiento y el tormento de la vergüenza del pasado y el presente. Y eso abre la capacidad para que el corazón amoroso crezca en todas direcciones.

PRÁCTICA: FOMENTAR EL PERDÓN A UNO MISMO

Volcarnos hacia nuestros errores con perdón en lugar de juzgar o culpar contribuye significativamente a sentir paz en nuestro corazón. Es como llevar un bálsamo calmante a partes dolorosas de nosotros mismos que hemos rechazado durante mucho tiempo. Cuando podemos acceder a esta actitud de perdón en momentos de angustia por algo que hemos dicho o hecho, puede permitirnos liberarnos de esa experiencia y estar más tranquilos.

Esta meditación te ayudará a desarrollar un sentido de perdón a ti mismo.     

1-Encuentra un lugar donde no te molesten durante al menos 10 minutos. Sentado en una silla en la que puedas estar erguido pero relajado, adopta una postura cómoda.

2-Cierra suavemente los ojos y siente la respiración en el centro de tu corazón (el centro de tu pecho).

3-Recuerda una forma particular en que has dañado a otros a través de tus palabras o acciones. Puede ser un dolor mental, emocional o relacional que fue causado.

4-Tómate unos momentos para sentir la experiencia y el sufrimiento de quienes están involucrados en estos recuerdos. ¿Puedes estar con su dolor y angustia con una amable atención?

5-Sostén ese dolor con atención cariñosa y ofrécete estas palabras lenta y significativamente a ti mismo:   No importa lo que haya hecho, consciente o inconscientemente, que haya causado dolor y sufrimiento a otros, por mis pensamientos, palabras o acciones, por lo que he hecho, dicho o no dicho, por lo que he hecho o no hecho, o por lo que he pensado, me ofrezco perdón tanto como sea posible en este momento. Repite estas frases varias veces mientras recuerdas lo que sucedió. Trata de mantenerte conectado con tu corazón y permite que todos tus sentimientos estén presentes. Si el crítico surge y te recuerda lo malo que eres y por qué deberías sentir vergüenza, desvía tu atención del juicio. Agradécele su opinión, luego vuelve a centrar tu atención en la meditación y las frases de perdón.

6-Ahora recuerda una forma particular en la que te has lastimado. Puede ser un daño físico o emocional, causado por el descuido o por la forma en que te castigas, maltratas tu cuerpo o te menosprecias en público.

7-Sostén el dolor de ese incidente con atención cariñosa y ofrécete estas frases lenta y significativamente a ti mismo:  No importa lo que haya hecho, consciente o inconscientemente, que me haya causado dolor y sufrimiento, por mis pensamientos, palabras o acciones, por lo que he dicho o no he dicho, por lo que he hecho o no he hecho, o por lo que he pensado, me ofrezco perdón tanto como sea posible en este momento. Estate presente ante cualquier sentimiento, reacción o dolor que surja. Trata de traer tanta presencia amorosa a ti mismo, a los sentimientos y al dolor como sea posible. Di estas frases varias veces, lenta y genuinamente, para que puedas dejar entrar cualquier sentimiento que pueda estar presente.

8-Cuando te sientas listo para terminar esta meditación, abre lentamente los ojos y muévete y estírate suavemente.

 

Sabe que cuando se trata de perdonarte a ti mismo, es posible que, al principio, no sientas mucha piedad en absoluto. La frase clave en esta práctica es "tanto como sea posible en este momento". Hacemos lo mejor que podemos para comenzar el lento y paciente camino del perdón. Aprender a perdonar lleva tiempo, a veces años. Así que ten paciencia mientras incorporas un poco de perdón en tu rutina diaria como una forma de fortalecer tu capacidad de perdonar.

También es importante recordar que no hacemos este ejercicio de perdón para pasar por alto cualquier maldad dañina, pasada o presente. Practicamos el perdón al mismo tiempo que asumimos toda la responsabilidad por lo que hicimos. Y luego aspiramos a no repetir tal comportamiento en el futuro.

Una vez que aprendas a hacer esto en la meditación formal, puedes recordar las frases de perdón donde quiera que estés.

Extraído del libro Make Peace with Your Mind de  Mark Coleman

Mark Coleman es un profesor de meditación, autor y fundador del Mindfulness Institute. Desde que comenzó a enseñar hace casi dos décadas, ha dirigido retiros de meditación en los cinco continentes. Lo anterior es un extracto de su libro más reciente, Make Peace With Your Mind, que enseña cómo usar la práctica de la meditación para calmar nuestras voces internas negativas.

https://tricycle.org/trikedaily/why-are-we-so-hard-on-ourselves/