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jueves, 27 de enero de 2022

Las enseñanzas profundas de la naturaleza

 



Abrirse a la sabiduría de la naturaleza, como hacían antes los pueblos más conectados con ella, permite aprender de grandes maestros como son los árboles y las plantas. Pero además permite sentir que se forma parte de algo más grande que uno mismo.

Hubo un tiempo en que el ser humano poseía la capacidad de leer los versos más prodigiosos que se han escrito nunca, versos existenciales diseminados por todo el universo, donde suceden las obras de la naturaleza. Signos, ecos visuales, sonoros, símbolos escritos en el horizonte y en el corazón de quien se abría a recibirlos.

El asombro, esa cualidad de la inteligencia que sucumbe ante la belleza de un mensaje de la naturaleza y se convierte en una pregunta sobre la maravilla, permitía a los pueblos originarios, naturalmente contemplativos, alcanzar la visión real de un cosmos conforme a una ley basada en la armonía entre las partes y el todo.

Contemplar la naturaleza es devolver la dimensión sagrada a la sabiduría de la tierra y aprender a escucharla. Una sabiduría que se expande como un libro abierto en la infinitud de un mar todo horizonte y despeja en el corazón de quien la contempla la incógnita de la infinitud que somos, que explica sin palabras el anhelo del alma de ser plena, inabarcable, eterna.

Vivir conscientes en una naturaleza que se expresa

La naturaleza es benéfica cuando su lluvia fertiliza y es terrible cuando lo anega todo en cenizas tras un incendio provocado por un rayo. Su enseñanza suprema es revelarnos que en esa naturaleza dual de creación y destrucción hay un eje que armoniza los opuestos, que une el cielo y la tierra, el espíritu y la materia.

Es posible vivir conscientes en medio de esta paradoja divina, porque la naturaleza no está muda. Tiene significado y sentido, es un lenguaje vivo y espejo del espíritu que podemos recuperar si cambiamos nuestra mirada.

Me gustaría dejar aquí unas pinceladas de esa sabiduría que permite a algunos pueblos llevar una vida buena, aprendiendo a cada instante a leer y ejecutar sus enseñanzas. Transmitir que para poder ver hay que apaciguar el estrépito de nuestra mente acelerada e hiperestimulada.

En la naturaleza todo repercute en mi fuero interno si voy abierto y despierto.

Hay que adentrarse en la naturaleza con el silencio del que peregrina hacia su centro y soltar los relatos agitados que se vuelcan hacia el pasado o hacia el futuro, abrir ese tiempo eterno del presente en el que un tumultuoso arroyo de montaña puede dejarnos ver la fuerza del cielo cuando se derrama para fecundar la tierra entera.

Toda la creación es un lenguaje secreto a voces, una escritura preñada de símbolos. Todo en la naturaleza puede ser un maestro circunstancial, todo me habla y repercute en mi fuero interno si voy abierto y despierto.

Entre esos maestros destacan nuestros «hermanos de pie», los árboles, y por eso muchos pueblos obtenían su saber del bosque, y sabían, como ahora sabe la ciencia, que acumulan experiencia de lo vivido.

Su memoria les permite ser resi­lientes y resistentes y sus troncos son un poema legible de vientos huracanados, sequías imposibles, rayos que hienden su corteza para revivir por otro costado.

Todo es enseñanza en un bosque. La inteligencia vegetal es una escuela diaria a la que podemos acudir para obtener inspiración.

La semilla, que como nosotros brota y crece sin que se sepa cómo, es una potencia latente que se realiza cuando muere en la oscuridad de la tierra; por eso, desde el origen de los tiempos el hombre ha visto en ella un símbolo de su propio renacimiento espiritual; solo en la oscuridad de la negación de lo que no se es, llegamos a ser quienes realmente somos y este llegar a ser es circular, semilla, fruto y semilla, como los ciclos cósmicos, como la vida misma.

Sus raíces son miles de cerebros coordinados en sus ápices. Buscan la dirección más adecuada en lo profundo de la tierra para alcanzar los nutrientes necesarios y redistribuirlos en la red del bosque, en esa unidad mayor que trasciende a cada uno de los individuos.

Son la enseñanza primordial del arraigo fundamental necesario para estar bien plantados en la tierra y alcanzar el cielo con sus ramas, tal como enseña el chikung, pues un árbol sin raíces, en su doble acepción energética y de los ancestros, cae ante cualquier viento huracanado.

La inteligencia vegetal es una escuela diaria a la que acudir para obtener inspiración.

Aprender, también, de su maestría en el bien común. Los ejemplares sanos llevan alimento a los más envejecidos y a los jóvenes, pues no se conciben como entes separados sino como un interser. Aprender la caridad que en la sociedad actual hemos perdido de nutrir a los más viejos, pues su memoria es única. Son las raíces con nuestro pasado y la oportunidad de ejercer el sagrado agradecimiento a los dones recibidos.

Recuperar la relación sagrada con la naturaleza

Recuperar la relación sagrada con la naturaleza requiere una segunda inocencia que haga brotar el asombro y el amor. Solo si miramos con amor el puente aparece, porque entonces esta Tierra se abre como un libro abierto, como el cuerpo de un amante al acercarte con anhelo de unión. Afinar la percepción para que el infinito se dé luz a sí mismo.

La desaparición paulatina de los hermanos del bosque, los árboles, de especies enteras de anfibios, de aves, precipita una cascada de consecuencias que nos afecta. Con cada especie que se pierde, desaparece un modo de conciencia, y el oído del corazón se duele.

Desaparece el gorrión, con sus saltitos infantiles y esa ligereza de pluma que alegraba la vista a quien la alzaba a los cielos. Y desaparece la golondrina, cuya llegada anunciaba esa verdad que la primavera imprime, en nuestros corazones, de que todo resucita.

Solo si amamos protegeremos y realizaremos el sacrificio que la tierra nos demanda, una simplicidad radical que confía, erradicando el ansia que corrompe la tierra.

Todo fenómeno, por diminuto que sea, nace de una noche, de un vacío o una matriz, madre de todo. Un grillo que estridula será, para un campesino, el aviso del tiempo de mañana y organizará las faenas de la tierra gracias a su sabio oráculo. Para un biólogo será el canto alegre que atrae a su pareja. Y para un místico será el recuerdo del misterio insondable que todo lo penetra.

Viendo más allá de lo invisible

Tras la apabullante belleza de las flores de loto, se esconde el lodo. Lo secreto, lo oscuro, la noche es también necesaria para que se exprese la belleza que nos conmueve. El lado en sombra de la montaña nos fortalece, hay un secreto en el frío y no debe ser rechazado por el desagrado primero que nos produce.

Un incendio en un bosque libera un nuevo ciclo de vida por atroces que nos parezcan las llamas. El sufrimiento por la pérdida de un amigo abre una herida en el alma por la que la luz de la comprensión pasa, produciendo cambios en la forma de entender y vivir la vida que hubieran sido imposibles sin ese dolor de la pérdida.

El destino se va desenvolviendo ante nosotros, como se desenvuelven las estaciones, emergiendo circunstancias sucesivas como olas poderosas llenas de invierno u olas mansas como pétalos de rosa. Olas que aparecen y desaparecen, muertes y nacimientos continuos, pero desde nuestra atalaya, desde el ojo de nuestro corazón podemos entrever que es el océano el que orquesta sus idas y venidas.

Al posar, entonces, nuestra atención en el océano, en el silencio, en la matriz de la vida, una cascada de dicha y lucidez extrema nos libera de las consecuencias que siguen a las causas y nos volvemos espectadores privilegiados de su danza, tan ecuánimes como dichosos. Ante el milagro del equilibrio entre los opuestos, entre las dos orillas de nuestra doble naturaleza.

 

 https://www.cuerpomente.com/nos-inspiran/ensenanzas-naturaleza_9476?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=trafico&utm_term=enlace_modulos

 

domingo, 10 de enero de 2021

La simplicidad es el remedio para nuestras enfermedades personales, sociales y ecológicas

Traducido desde… https://theunboundedspirit.com

 

El economista alemán-británico EF Schumacher dijo que cualquier tonto puede complicar las cosas, pero se requiere un genio para simplificar las cosas.

¿Es la humanidad, entonces, totalmente tonta?

Piensa en lo complicadas que hemos sido nuestras vidas. Por ejemplo, la mayoría de nosotros pasamos la mitad de nuestro tiempo de vigilia trabajando duro haciendo cosas que no disfrutamos, solo para poder ganar suficiente dinero, y cuando tenemos algo de tiempo libre en nuestras manos, gastamos nuestro dinero y tiempo comprando, comprar productos que realmente no necesitamos, muchos de los cuales requieren más tiempo y dinero para permanecer en buenas condiciones.

Nuestras casas están llenas de cosas: muebles, ropa, artilugios, etc. Usamos algunos de ellos de manera regular, pero la mayoría de ellos no tienen absolutamente ningún propósito en nuestras vidas. Simplemente yacen allí, llenando el espacio en el que vivimos. Nuestras cocinas, por ejemplo, tienden a estar llenas de alimentos esperando ser consumidos. Pero nunca los usamos, por lo que finalmente caducan, y luego los tiramos a la basura, solo para llenar pronto nuestros armarios con otros nuevos.

Todo esto no solo está abarrotando nuestro espacio físico, sino también nuestro espacio mental, lo que nos quita gran parte de nuestra energía y enfoque.

Pero la publicidad nos ha convencido de lo contrario: que nos trae alegría y satisfacción. Así que seguimos adquiriendo más y más productos, pero nunca estamos satisfechos. De hecho, nos sentimos tristes, confundidos y exhaustos.

Incluso los más ricos de los ricos con sus mansiones y aviones privados son tristes y miserables. Eso es porque la felicidad no está en las cosas; más bien, radica en la satisfacción del corazón.

La felicidad radica en el sentimiento de que soy suficiente y que tengo suficiente. ¿Y qué puede contribuir a ese sentimiento? Experiencias simples (en lugar de objetos materiales) como volver a conectarnos con nosotros mismos, construir relaciones amorosas, pasar tiempo en la naturaleza o participar en un trabajo creativo. Estas son las "cosas" que realmente pueden ayudar a llenar nuestras vidas de felicidad. Todo lo demás solo absorbe la alegría de nuestras vidas.

Además del daño que estamos causando a nuestra psique al acumular cosas innecesariamente, también estamos infligiendo daño a nuestros compañeros humanos. El mundo está compuesto de recursos finitos, y los compartimos con casi 8 mil millones de personas en este punto de nuestra evolución. Eso significa que, cuando tenemos más para nosotros, inevitablemente otros tienen menos para ellos. Por lo tanto, la riqueza excesiva de una sola persona significa el empobrecimiento de miles de otras.

Actualmente, la desigualdad económica en todo el mundo es tan extrema y generalizada que, según un informe reciente, el 1% más rico del mundo tiene casi el doble de la riqueza del resto de la humanidad combinada. ¿Puedes entender lo loco que es eso? Y a medida que la población humana crece y los recursos naturales se agotan a un ritmo acelerado, la desigualdad probablemente aumentará aún más. Para evitar que esto suceda, debemos comenzar a vivir de manera simple, ya que solo una forma simple de vida puede restaurar la justicia social. Como dijo el filósofo y activista indio Satish Kumar: "Necesitamos vivir simplemente para que otros simplemente puedan vivir".

Por último, pero lo más importante, nuestro consumo excesivo está matando toda la vida en la Tierra. La forma en que estamos viviendo está arruinando nuestro planeta. El suelo está envenenado, el aire está envenenado, los océanos están envenenados. De hecho, se estima que para 2050 habrá más plástico que peces en el mar. Entonces me pregunto, ¿es este el mundo en el que queremos vivir? ¿Un mundo lleno de fealdad, sufrimiento y muerte?

En algún lugar leí que si todas las personas siguieran consumiendo como lo hacen los estadounidenses y los europeos, necesitaríamos tres planetas para mantenernos. Pero adivina qué, solo tenemos un planeta, ¡no tres! Y a menos que aprendamos a alinearnos con la naturaleza, todo el planeta perecerá.

Gandhi dijo que la Tierra tiene suficiente para las necesidades de todos, pero no suficiente para la codicia de todos.

Podemos vivir felices juntos y tener suficiente para satisfacer nuestras necesidades físicas, emocionales y espirituales.

Pero cuando nos volvemos codiciosos, nunca podemos tener suficiente, incluso si tenemos todo. Y en nuestro camino para calmar nuestra sed de más, arruinamos nuestra salud pública y personal, así como la salud de la maravillosa biosfera que nos sostiene a nosotros y a todos los demás con vida.

La simplicidad es el remedio para nuestras enfermedades personales, sociales y ecológicas.

La pregunta es, ¿cuándo vamos a superar nuestra necedad y recuperar la sabiduría perdida de saber que ya es suficiente?

 

 

https://theunboundedspirit.com/simplicity/

 

domingo, 24 de mayo de 2020

Meditando sobre la belleza y la devastación de nuestro mundo natural

Traducido con Amor desde...https://www.mindful.org

 

Mientras me siento junto al océano, puedo deleitarme con la superficie sedosa del agua, la luz que atrapa la cresta de las olas, y quedar hipnotizado por su inquieta belleza y su vasto poder. Sin embargo, tampoco puedo evitar pensar en las criaturas que se encuentran en su interior: los bancos de atún en disminución y las poblaciones de marsopas en disminución.

Cada vez que mi corazón se siente desgarrado de esta manera, recuerdo que donde habitualmente ponemos nuestro corazón y nuestra mente se convierte en nuestra inclinación natural. En lo que nos enfocamos determina hasta cierto punto nuestra sensación de bienestar. No podemos ignorar la crisis ecológica. Estamos aquí porque la sociedad se ha negado a mirar directamente a este complejo problema. Sin embargo, ¿sirve al bien mayor detenerse solo en el catálogo de datos sobre el cambio climático? Tal enfoque en un solo punto puede conducir a la desesperación, la desesperanza y cosas peores.

En mi caminata puedo detenerme en el humo, el olor acre, la visibilidad disminuida y la destrucción que traen esos incendios. O puedo cambiar mi atención a lo que no se está quemando. A las flores de pincel indias a mis pies en mi camino, o a la ola de pelícanos que vuelan en una formación exquisita a lo largo de la costa. Puedo ver los elegantes árboles que alcanzan sus ramas hacia el cielo y la hermosa corteza del eucalipto que se renueva como la piel, mientras que sus hojas proyectan una luz de ensueño y sombra sobre la exuberante maleza.

Las enseñanzas de la atención plena nos indican que debemos encontrarnos con el momento presente tal como es: contemplamos tanto la belleza de la naturaleza como la devastación que está ocurriendo. Vemos la locura de romantizar demasiado el pasado o ahogarnos en los escenarios del fin del mundo de lo que está por venir. Sostenemos a la ligera las predicciones sobre el futuro, por cierto que aparecerán, ya que nunca podemos saber con certeza lo que puede desarrollarse.

Al aprender el poder de inclinar nuestra mente, también podemos centrar nuestra atención en la enorme cantidad de soluciones constructivas en las que millones de personas en todo el planeta están trabajando. Organizaciones de todo el mundo están descubriendo cómo eliminar los plásticos del océano , extraer carbono del aire, restaurar el hábitat para los tigres en Nepal y limpiar el río Ganges. La lista de empresas, municipios y organizaciones sin fines de lucro que elaboran soluciones creativas para la crisis climática es amplia y aumenta cada día.

Estos tiempos requieren nuestra práctica de atención plena para mantener una visión amplia. Pide que mantengamos la dura realidad de la crisis ecológica, la belleza de lo que todavía está aquí y prosperando, y al mismo tiempo el levantamiento de la gente común que trabaja en todo el planeta para administrar, proteger y preservar la tierra de manera sostenible. He caminado por bosques chamuscados. Puedo mirar los troncos ennegrecidos y sentir un tierno dolor. Y también puedo concentrarme en los brotes de color verde esmeralda que se levantan de las cenizas. Ambas son cosas ciertas. Ambas exigen nuestra atención.

Estar despierto hoy es aprender a mantener la paradoja en tu mente y vivir en la ambigüedad. De hecho, la pregunta que escucho de muchas personas es: ¿Cómo sostenemos el dolor de la tierra en este momento? Mi respuesta es simplemente llorar. Para permitirse sentir la profundidad del dolor y dejar que las lágrimas fluyan. Dejar que el dolor se mueva permite que el movimiento y la capacidad de respuesta surjan de esas cenizas con lágrimas. Ayuda a derretir el entumecimiento que frustra la acción efectiva.

Este es un extracto de Duelo y amor a nuestro planeta en la edición de abril de Mindful Magazine.

 

Mark Coleman

Mark Coleman es el autor de Make Peace with Your Mind y Awake in the Wild . Es el fundador del Mindfulness Institute y tiene una maestría en psicología clínica.Vive en California.

 

https://www.mindful.org/meditating-on-the-beauty-and-the-devastation-of-our-natural-world/

 

miércoles, 24 de abril de 2019

22 de Abril...Día de la Tierra...La Tierra es mi maestra

La Tierra me enseña  quietud, de la hierba ante cada rayo de Luz. Así puedo escuchar el susurro de mi corazón.

La Tierra me enseña el sufrimiento de la memoria  en antiguas piedras .Así aprendo que elegimos el dolor, para perdonar y ser libres.

La Tierra me enseña la humildad de un  capullo en su comienzo. Así aprendo a ser paciente con todas las cosas, especialmente, conmigo mismo.

La Tierra me enseña a cuidar, como la madre natura a sus hijos. Así puedo desarrollar compasión por todos los seres.

A Tierra me enseña el valor, como el del árbol que permanece solo. Así puedo conocer lo que es la fortaleza interior.

La Tierra me enseña los límites de una hormiga  solitaria. Eso me lleva a descubrir el gran poder de Unificarnos.

La Tierra me enseña la libertad  del águila que sobrevuela el cielo. Así puedo saber lo que se siente  seguir a mi corazón.

La Tierra me enseña la aceptación de las hojas que mueren cada otoño. Entonces aprendo a permitir y aceptar  agradecidamente el flujo natural de las cosas.

La Terra me ensaña la renovación, a través de cada semilla que brota en la primavera. Así puedo experimentar nuevos comienzos, cuando emerjo con nuevas ideas y creaciones.

La Tierra me enseña a olvidarme de mí mismo, como los copos de nieve se olvidan de su vida disolviéndose. Así, puedo recordar el propósito mayor de mi existencia.

La Tierra me enseña a recordar la bondad…a través de los secos campos  regados por la lluvia. Así, puedo practicar la bondad cada día.

A medida que nosotros comenzamos a reconocer a la Tierra y sus reinos…nos damos cuenta de que ellos están aquí para sustentarnos en la senda hacia en Gran Misterio.