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viernes, 8 de octubre de 2021

PÁJAROS EN EL CIELO - Allan Watts

 

Al cruzar el cielo, una flecha o un pájaro no dejan huella. En la filosofía china e hindú esta recurrente metáfora se utiliza, aunque parezca extraño, para cosas que aparentemente no se asemejan en nada. La veloz trayectoria de una flecha que no deja huella se utiliza como imagen de la impermanencia, del paso de la vida humana a través del tiempo, de la verdad inevitable de que todas las cosas acaban por disolverse «sin dejar ninguna huella». Sin embargo, en uno de los dichos de Buda, la invisible trayectoria de los pájaros en el cielo se compara al modo de vivir de un sabio, la perfecta clase de persona que ha conseguido disolver su ego, como este poema chino lo define:

“Al penetrar en el bosque,

no perturba ni una brizna de hierba;

al penetrar en el agua,

no ocasiona ni la más leve ondulación”.

La imagen representa cierto número de cualidades que son, en realidad, diferentes aspectos de una misma cosa. Representan la libertad y el desapego de la mente del sabio, una conciencia que se asemeja al cielo, en la que la experiencia se mueve sin dejar mancha alguna. Como dice otro poema:

“Las sombras del bambú barren los peldaños,

pero no levantan polvo”.

Y sin embargo, paradójicamente, este «desapego de» es también una «armonía con», ya que el ser humano que penetra en el bosque sin perturbar ni una brizna de hierba es un ser que no está en conflicto con la naturaleza. De manera parecida a los exploradores hindúes, avanza sin que se le oiga quebrar con sus pies ni una simple ramita. Al igual que los arquitectos japoneses, construye una casa que parece formar parte del entorno natural. La imagen también representa el hecho de que no es posible trazar ni seguir el camino del sabio, ya que la auténtica sabiduría no puede ser imitada. Cada ser humano debe hallarla por sí mismo, pues no hay modo de expresarla por medio de palabras, o alcanzarla mediante unos métodos o unas directrices específicas.

 Pero en realidad existe una estrecha conexión entre esos dos usos de la metáfora en apariencia diferentes, el camino del sabio, por un lado, y la impermanencia de la vida, por otro. Y la conexión revela el principio más profundo y principal de aquellas filosofías orientales que tanto desconciertan la mente occidental al identificar la sabiduría más elevada con lo que a nosotros nos parece la doctrina de la lamentable desesperanza. De hecho, la palabra desesperanza, en un sentido particular, es la traducción adecuada del término hindú y budista de nirvana: despirate. expirar, morir.

No podemos entender cómo los orientales comparan esta desesperanza con el gozo supremo, a menos que, tal como tendemos a suponer, se trate tan sólo de gente depravada y pusilánime acostumbrada durante mucho tiempo al fatalismo y a la resignación.

No deja de sorprenderme ver el modo en que los reflexivos occidentales, en particular los cristianos, parecen estar determinados a pasar por alto el punto esencial de esta conexión. Ya que ¿no es cierto que en la imaginería cristiana prolifera el tema de la muerte como preludio esencial de la vida eterna? ¿No se ha escrito que el mismo Cristo «murió» después de haber exclamado que Dios le había abandonado? Y en las escrituras cristianas ¿no hay abundancia suficiente de paradojas sobre «no tener nada y, sin embargo, poseerlo todo», acerca de encontrar nuestra alma al perderla, y sobre el grano de trigo que fructifica mediante su propia muerte?

«En efecto, así es, —dice el cura—, pero el cristiano nunca llega realmente a perder la esperanza, nunca muere realmente. A lo largo de toda la tragedia, a lo largo de toda la muerte y desesperanza exteriores, le fortalece la fe y esperanza interior de que “lo mejor está por llegar”. Se enfrenta a lo peor que la vida puede ofrecerle con la firme convicción de que la realidad última es el Dios de amor y de justicia en el que ha puesto toda su esperanza para “la vida del mundo venidero”.»

Ahora bien, creo que decimos, sentimos y pensamos tanto sobre esta esperanza que nos perdemos la increíble elocuencia del silencio budista relacionado con esta materia. En lo que se refiere a palabras, pensamientos, ideas e imágenes, las doctrinas budistas y la mayoría de las formas del hinduismo son tan negativas y desesperanzadoras que parecen una especie de alabanza del nihilismo.

No sólo insisten en que la vida humana es impermanente, en que el ser humano no tiene un alma inmortal y en que, llegado el momento, cualquier huella de nuestra existencia está predestinada a desaparecer, sino que además vienen a indicarnos, como meta del hombre sabio, la liberación de esta vida transitoria, lo cual parece sumamente difícil, un estado llamado nirvana que puede traducirse como desesperanza, y el alcanzar una condición metafísica llamada shunyata, una vacuidad tan vacía que no es existente ni inexistente. Ya que inexistencia implica existencia, su lógica contraparte, mientras que la vacuidad de shunyata no implica nada en absoluto.

Aunque parezca imposible, aún van más lejos. El nirvana, que en sí mismo ya es negación suficiente, es descrito en uno de los textos como no mejor que un tocón muerto al que atar tu burro, e insiste en que, cuando lo alcanzas, te das cuenta de que nadie ha alcanzado nada.

Quizá pueda explicarlo de modo más inteligible. Esas doctrinas enfatizan primero el hecho triste y evidente de que el ser humano no tiene un futuro perdurable. Todo aquello que alcanzamos o creamos, sin excepción, incluso los monumentos que sobreviven a nuestra muerte, están predestinados a desaparecer sin dejar huella, y nuestro afán de permanencia es totalmente inútil. Porque, es más, la felicidad existe sólo en relación al sufrimiento, el placer en relación al dolor, por lo que el individuo perspicaz no intenta separarlos. La relación es tan estrecha que de cierto modo, la felicidad es sufrimiento, y el placer sólo existe porque implica dolor. Consciente de ello, la persona dotada de perspicacia aprende a abandonar el deseo de cualquier tipo de felicidad al margen del sufrimiento, o de placer que no acarree dolor.

Pero, naturalmente, esto es difícil de llevar a cabo. Quizá pueda entender de un modo verbal e intelectual que al desear el placer estoy tratando de saciar mi sed con agua salada, ya que cuanto más placer, más deseo. (¡Recordemos el antiguo significado de desear como «carecer»!) Desear placer es no tenerlo. Pero parece que aún soy incapaz de deshacerme del hábito emocional de desearlo. Si entonces me doy cuenta de que me consume un deseo de placer que lleva implícita su carga de dolor, empiezo a desear no desear, a desear el nirvana, a intentar abandonar toda esperanza. Sin embargo, con esta actitud, simplemente he convertido el nirvana en otro nombre que designa el placer. Ya que placer, por definición, es el objeto del deseo. Es lo que nos gusta, es decir, lo que deseamos. Si descubro que este deseo es sufrimiento, y entonces deseo no desearlo…, bien, empiezo a experimentar la sensación de que «¿no habíamos estado ya aquí antes?». Por eso el budismo sugiere el nirvana en términos que son negativos y vacíos, y no con la imagen positiva y atractiva que envuelve la noción de Dios.

Nirvana se equipara a shunyata, la Nada más allá de nada, para sugerir la imposibilidad de desearlo. Todo cuanto seamos capaces de desear lleva implícita una carga de dolor. El nirvana, la liberación del sufrimiento y el deseo, se denomina inalcanzable, no porque no pueda acaecer, sino porque no hay modo de buscarlo.

El punto de énfasis sobre la impermanencia es que cada objeto de búsqueda, de deseo, es en última instancia inalcanzable e inútil. Para librarnos de esta inutilidad, debemos cesar de buscarlo. Buscar a Dios, desearlo, es simplemente llevarlo al nivel de las metas inútiles o, en el lenguaje cristiano, confundir al Creador con sus criaturas. De igual modo, desear el nirvana es simplemente llamar con otro nombre el placer inaccesible. Mientras sigamos pensando en Dios, hablando de Dios o buscando a Dios, no podremos encontrarlo.

Ahora bien, desde el punto de vista de la cultura occidental, ya sea antigua o moderna, cristiana o laica, capitalista o comunista, esto constituye la gran herejía. Ya que la cultura occidental vive consagrada a la creencia de que hay una fórmula para la felicidad, una respuesta a la pregunta: «¿Qué debo hacer para salvarme?».

Toda la propaganda política, toda la publicidad y la mayoría de lo que llamamos educación se basan en la asunción de que «existe un camino», y que tan sólo es cuestión de «saber cómo». (Si algunos detalles no se han acabado de matizar todavía, sólo hay que dar unos meses más a los científicos y seguro que lo harán.)

Pero ¿cuándo crecemos? En una profesión que combina filosofía, religión, psicología y educación, te encuentras con tanta gente que tiene la respuesta, la gran fórmula para la felicidad humana… si tan sólo pudiéramos ponerla en práctica, aunque, por una razón u otra, no lo hacemos. Así que cualquier persona que hable mucho sobre filosofía y psicología se supone que tiene las respuestas, y más o menos automáticamente se le adjudica el papel social de salvador, predicador, consejero y guía. ¡La persona que conoce el camino!

Pero no hay ningún camino. Nadie conoce el camino. El único camino que existe es la trayectoria de un pájaro en el cielo, ahora la ves, ahora no la ves. No deja la menor huella. La vida no se dirige a ninguna parte, no hay nada que alcanzar. Toda lucha y esfuerzo por aferrarse a algo es como el humo que intenta agarrar una mano que se disuelve. Todos estamos perdidos, arrojados al vacío desde que nacemos, y el único camino es caer en el olvido. Esto suena muy mal, pero es así porque es una verdad a medias. La otra mitad no puede expresarse en palabras. Ni tampoco se puede describir, imaginar ni pensar. En palabras, podría resumirse de este modo: todo el mundo está disolviéndose en la nada, y nadie puede remediarlo.

¿Es posible, sólo por un momento, darse cuenta de ello sin lanzarse a conclusiones, sin caer en el pesimismo, la desesperación o el nihilismo? ¿Cuesta demasiado admitir que todas nuestras bien tendidas trampas para la felicidad son sólo distintas maneras de engañarnos al creer que con la meditación, el psicoanálisis, la dianética, el raja yoga, el budismo zen o la ciencia mental lograremos de algún modo salvarnos de este final caer en la nada?

Porque si no nos damos cuenta de esto, todo lo demás de la filosofía oriental, el hinduismo, el budismo y el taoísmo seguirá siendo un libro cerrado.

 Saber que no podemos hacer nada es el comienzo. La primera lección es: «Yo pierdo la esperanza».

¿Y entonces qué ocurre? Te descubres a ti mismo en un estado mental quizá más bien desconocido, en el que simplemente observas, sin pretender alcanzar, esperar, desear ni buscar nada, o intentar relajarte. Sólo observas, sin ningún propósito.

No debo decir nada sobre lo que sigue a continuación. Ya que tener expectativas, prometer un resultado lo estropea todo. Las últimas palabras deben ser: «No hay esperanza, ni camino». Pero no hay ningún mal en añadir algo más, lo que yace al otro lado de la desesperación, siempre y cuando todos entendamos que ese algo al otro lado de la desesperación no puede ser deseado, y que, en todo caso, si se tienen expectativas, se pierde.

El proverbio dice: «El que espera, desespera». Seguro que estamos familiarizados con los numerosos actos involuntarios del cuerpo humano que, cuanto más los deseemos, mientras estemos ansiosos por conseguirlos, nunca se presentarán, como conciliar el sueño, recordar un nombre o, bajo ciertas circunstancias, la excitación sexual. Bien, hay algo que, como todo esto, sólo ocurre con una condición: que no intentemos conseguirlo, que nos demos cuenta claramente de que no podemos hacer que suceda. En zen se denomina satori, el súbito despertar.

Quizás ahora podamos ver la razón del doble significado de la metáfora de la trayectoria del pájaro en el cielo. Igual que el pájaro no deja huella, ningún rastro de su vuelo en el vacío, el deseo humano no puede obtener nada de la vida. Pero ser conscientes de ello es convertirse en sabio, ya que la mayor sabiduría reside al otro lado, inmediatamente al otro lado de la mayor desesperanza.Naturalmente, es algo más que desesperanza, es una dicha, un sentido de vida creativa y poder, podría incluso decir una seguridad y certidumbre más allá de lo imaginable. Pero es un modo de sentir que ni la voluntad ni la imaginación pueden provocar, igual que somos incapaces de obligar a nuestros huesos a que crezcan, o de hacer que disminuya la velocidad del pulso. Todo esto debe ocurrir por sí mismo.

Del mismo modo, todo lo que es positivo, el total contenido creativo de esa experiencia espiritual que se denomina despertar, nirvana, debe necesariamente ocurrir por sí mismo. No sólo no puede, sino que no debe ser inducido por desearlo o intentar alcanzarlo, ya que si uno lo puede desear, no se tratará realmente de esto.

 

FUENTE: “Conviértete en lo que eres” de Alan Watts

sábado, 19 de enero de 2019

La Herramienta de Herramientas - por Neale Donald Walsch

Traducido del Inglés por Tahíta desde…http://spiritlibrary.com/neale-donald-walsch/the-tool-of-tools

 

(Publicado por el autor el 15 de mayo 2015)

 

La Herramienta de Herramientas es un proceso de dos pasos para llevar a una persona  hacia la maestría. Todo tiene que ver con la forma en que una persona  maneja sus sentimientos.

El primer nivel de maestría es decidir conscientemente cómo usted elige a sentir sobre una cosa determinada. El segundo nivel de maestría  es decidir conscientemente cómo usted elige expresar cualquier sentimiento que tiene, ya sea que usted haya elegido sentirlo deliberadamente o no ".

Los sentimientos y las emociones son dos cosas completamente diferentes - y  ambos pueden ser controlados.

Muchas personas - quizás las más - pasa  sus vidas creyendo y experimentando que los sentimientos son cosas que simplemente les sobrevienen. Ellos son, básicamente, las reacciones a  acontecimientos que nos rodean. En la mente de la mayoría de las personas, los sentimientos y las emociones son más o menos lo mismo. Sin embargo,  un sentimiento es simplemente un pensamiento que tienes acerca de algo.

Una emoción, por el contrario, es "una erupción, una aparición, un expresión de ese pensamiento de una manera particular."

Las emociones hacen reales los pensamientos, poniéndolos en acción. Las emociones son la manifestación en lo físico de una idea interna que existe sólo en lo no-físico. La emoción es energía en movimiento (e + moveré= e-moción). Es lo que se hace con los sentimientos que se tiene.

A menudo  "mostramos nuestras emociones." Es decir, el cuerpo hace cosas que las muestran (como saltar de alegría!) A mí me parece que una "emoción" es lo que nuestra mente le dice al cuerpo que haga con lo que sentimos. Nosotros "sentimos" una cosa, y luego llega la emoción.  Es decir, se pone la energía en movimiento.

Los sentimientos son siempre verdad. Las emociones a veces pueden ser engañosas. Una persona de pie en la calle, mirando a otra persona gritando, no tiene idea de lo que está pasando. No sabe lo que la otra persona está sintiendo (que podría ser  tristeza, alivio o alegría), sólo que  está siendo "muy emocional al respecto." Los sentimientos son nuestra verdad más profunda. Las emociones son las manifestaciones físicas y mentales de los sentimientos después de que la mente se pone por adelante con su interminable (y rápido)  análisis de los mismos.

La mente no sabe una maldita cosa acerca de los sentimientos. Sólo el corazón lo hace. La mente piensa que sabe, por supuesto,  por lo que se le ocurre todo tipo de respuestas. Algunas de ellas están, en realidad, de acuerdo con nuestros verdaderos sentimientos. Algunas no lo están.

En momentos de gran decisión y  elección en nuestras vidas, nos sería beneficioso, por tanto ir muy adentro y mirar nuestros sentimientos verdaderos. Ahí está nuestra verdad - no en nuestras emociones.

La maravillosa noticia es que podemos ir más allá de simplemente mirar  nuestros verdaderos sentimientos. Podemos decidir de antemano lo que queremos que sean.

Esto es difícil para muchas personas de creer, pero  es exactamente lo que los maestros hacen. Es el primer nivel de la maestría.

Hay muy pocas cosas que estamos experimentando por primera vez. Muy pocas situaciones son realmente situaciones nuevas. La mayoría de los momentos en nuestras vidas son repeticiones de momentos que hemos experimentado antes. El estudiante "despierto" de la vida ve esto  y entiende el poder que esto nos da.

Si no nos gusta la forma en que reaccionamos que la última vez se produjo una situación particular, ahora podemos decidir de antemano cómo vamos a reaccionar la próxima vez que algo similar suceda. Esto requiere de mucha disciplina mental, pero se puede hacer.

Puedo ofrecer un ejemplo? Tengo muchos  problemas con la paciencia en mi vida. Aparentemente es una lección que he traído  a esta vida para aprender. Y muchas veces en mi vida, cuando he perdido mi paciencia he dicho o hecho cosas que deseo, más tarde, no haber  dicho o hecho.

Ahora, he aprendido a notar cuando  estoy perdiendo mi paciencia. Y he tomado la decisión por adelantado de que la próxima vez que pierda mi paciencia no voy a actuar como he actuado antes. Esto se llama, en el verdadero sentido de la palabra, elegir cómo “reaccionar”. Se trata de una recreación de lo que hice la última vez que estuve en esa situación.

Decidir de antemano cómo me voy a sentir la próxima vez que empiezo a experimentar “tener paciencia”  ha hecho una gran diferencia para mí en mi vida. Tengo un largo camino por recorrer  antes de que pueda anunciar que lo tengo completamente dominado, pero  quiero darme una alta calificación por haber hecho  grandes progresos. Y eso es sólo un pequeño ejemplo de lo que quiero decir cuando hablo de la selección de un sentimiento con  anticipación.

 Ahora, cuando veo una situación  que normalmente comienza a poner prueba mi paciencia, elijo deliberadamente  sentir paz y calma. Y una cantidad sorprendente de  veces, funciona!

El segundo paso para la maestría es aprender a gestionar nuestras emociones. Es decir, la imagen externa de lo que sea que estamos sintiendo. He aprendido a expresar la ira en una forma mucho mejor de lo que solía. Hay cosas que simplemente ya no opto por descargar en lo físico, a pesar de que puedo estar enojado.

Aprender a "elegir con anticipación"  el experimentar y expresar los sentimientos y las emociones es la materia de la que la maestría está hecha.

Es hora de que todos nosotros nos movamos hacia la maestría. No podemos esperar mucho más. El mundo necesita un nuevo nivel de comprensión y expresión de lo que significa ser humano si vamos a encontrar  paz y armonía en nuestro tiempo.

Este es un momento crítico para nuestra especie, individual y colectivamente. No podemos seguir interactuando con los demás y con el mundo como lo hemos hecho hasta ahora. Nuestros comportamientos deben cambiar - y el dominio de nuestros sentimientos y emociones está en el corazón de ese desafío.

Con Amor,

Neale-

© 2015 Fundación Recreación

Neale Donald Walsch es un mensajero espiritual moderno cuyas palabras tocan al mundo de manera profunda. Su  serie de libros ha sido traducida a 27 idiomas, inspirando a millones  para hacer  cambios  importantes en su día a día.