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viernes, 5 de agosto de 2022

La prisa como estilo de vida


 

Cuánta gente anda corriendo de un lado para otro sin saber a dónde va ni a qué ha ido, y sin llegar a valorar si necesitaba ir de prisa o si podría haber hecho lo mismo a otro ritmo. La prisa no es un valor añadido. Nadie es mejor profesional ni mejor persona porque vaya rápido a todos sitios o porque exprese lo estresadísimo que está.

¿Ha calculado cuánto tiempo gana cuando va a toda velocidad?

La mayoría de las veces, ir deprisa no implica caminar más rápido o pensar de forma más ágil. Significa estar y sentirse internamente acelerado.

Imagínese encontrándose con alguien conocido que le saluda mientras habla por el móvil a la vez que mira el reloj, le estrecha la mano y le sonríe para mostrar lo feliz que se encuentra. Cuando cuelga, le abraza efusivamente, le dice que anda liadísimo, que va todo el día corriendo, que todo está fatal y que no puede esperar más para coger vacaciones. A usted apenas le deja hablar, no le pregunta cómo le va, se despide diciendo que a ver cuándo quedan y sale disparado. Escenas como esta se viven todos los días en la calle de una gran ciudad.

Muchas personas viven aceleradas e instaladas en la prontomanía, en la necesidad de contestar a todo de forma inmediata como si no hubiera un mañana. Da la sensación de que la prisa da prestigio porque indica que está ocupado, muy ocupado, y eso se interpreta como que es un gran profesional. Falso. La velocidad también puede ser sinónimo de mala gestión del tiempo, de desconcentración, de olvidos y desequilibrio personal y profesional. Mucha gente no dejaría sus asuntos importantes en manos de alguien que no tiene cinco minutos para sonreír, para preguntar cómo estamos, para hablar de forma conversacional un momento y transmitir paz y sosiego.

La persona que convive con la prisa lo hace también con el estrés y la ansiedad, no disfruta del momento porque está anticipando el futuro. Deja la vida pasar porque no observa lo que ocurre en el presente y no ­escucha lo que le dice la gente porque su cabeza piensa a 200 revoluciones. También tiene más probabilidad de tener un accidente porque se salta límites con tal de ahorrar tiempo.

La prisa llega a convertirse en un estilo de vida. De hecho, mucha gente no sabe qué hacer con su tiempo libre cuando lo tiene. Estar desocupado les produce malestar, sensación de pérdida de tiempo, incluso falta de autoestima porque… “¿cómo puede ser que no esté haciendo ahora algo, qué dice eso de mí?”. Para este tipo de personas, el aburrimiento es algo desagradable, vacío y sin sentido. Por eso siguen corriendo aunque ni siquiera sepan hacia dónde.

¡Basta! Pare, reduzca, contemple, mire a su alrededor y levante el pie del acelerador. Tiene derecho a elegir el ritmo que quiere imprimir a su vida, a tener tiempo para su ocio, para pasear sin rumbo solo por el placer de hacerlo. El tiempo no es algo que deba consumir en grandes cantidades y a borbotones. El tiempo es algo para saborear, incluso cuando tiene que entregar un informe de forma urgente. ¿La calidad de ese trabajo será mayor si lo redacta estresado? ¿Encuentra mejores soluciones? ¿Es más creativo? ¿La vida le va mejor y disfruta más de ella? La respuesta a todas estas preguntas es un rotundo no.

Hacer cientos de cosas y no disfrutarlas es como no hacer nada. Las personas con calma, las que optimizan su tiempo para trabajar y disfrutar de la vida en todos los sentidos, dan buen rollo y, a más de uno, envidia. ¿Cómo lo consiguen?

Priorizan. ¿Qué es importante y qué no lo es? Es una pregunta difícil a la que cada uno contesta de forma diferente porque depende de una escala de valores personal. Para unos es la familia; para otros, el trabajo o la propia felicidad. La respuesta no importa porque ninguna de ellas es buena ni mala. Lo que sí interesa es ser coherente y actuar conforme a lo que cada uno establece como relevante. Si cree que la familia es lo más importante, pero dedica todo su tiempo al trabajo, andará corriendo para sacar un momento para su prioridad. Ordene su agenda en función de sus preferencias, con sentido común y responsabilidad.

Se ponen límites en los horarios. Establecerlos nos ordena y agiliza la mente. Saber que a una hora concreta el trabajo tiene que estar acabado centra la atención en la actividad. Si esa acotación no existe, el cerebro se dispersa porque sabe que dispone de todo el tiempo del mundo para resolver lo que tiene entre manos. Los límites permiten prestar atención a lo importante; sin distracciones que le exigirán un nuevo proceso de calentamiento para concentrarse en la actividad que es realmente prioritaria. Cada vez que rompe su proceso de concentración, enlentece la tarea, y luego llegan las prisas para acabarlo todo. Suspira pensando en que no llega, se queda en la oficina más tiempo del que desearía, se siente culpable por no regresar a casa antes y vuelve a correr para recuperar lo que perdió por no gestionar bien su tiempo.

Dicen una palabra mágica: NO. La conducta servicial no puede convertirse en actitud servil. Si antepone los deseos de los demás siempre antes que los suyos, luego no llegará a poder gestionar sus asuntos. Sus actividades y su relajación son importantes. Esta situación lleva a una vida insatisfecha, en la que predomina la idea de que no tiene espacio para usted mismo y de que sus actividades no son importantes. Muchas personas piensan que dedicarse tiempo es egoísta, porque son ratos que podría invertir en los demás. Pero no es así. Su bienestar psicológico y físico depende de su capacidad de disfrute.

Desconectan. Del móvil, del WhatsApp, del trabajo, del correo electrónico, de todo lo que les impide disfrutar de otros momentos. Uno de los usos negativos de la tecnología es convertir todo en algo inmediato. No está obligado a contestar a toda la información entrante en el instante. La mayoría de ellos no son urgentes. Si lo fueran, le llamarían. Es usted quien ha decidido que tiene que responder a todo con prisa porque ha cogido ese hábito, porque no tiene paciencia o porque cree que el que le escribe podría molestarse. Aprenda a retrasar, sobre todo si en ese momento está realizando otra actividad que requiere de su atención.

Utilizan técnicas que permiten relajarse. Yoga, pilates, deporte, un baño de agua caliente, una llamada de teléfono larga y relajada o una copa de vino al calor de la chimenea. Para estos momentos siempre hay un espacio. Se trata de repartir las horas de forma que obligaciones y ocio estén equilibrados.

No buscan la perfección, buscan estar a gusto con sus vidas. Hay personas que buscan mejorar, crecer y superarse. Y hay otras que se obsesionan con que todo sea perfecto y esté controlado. La perfección no existe, ni en la tecnología, ni con nuestro físico, ni en la destreza o habilidad para desarrollar un deporte. Perderá mucho tiempo intentando que algo sea perfecto. Basta con que esté rematadamente bien, no necesita que sea perfecto. Es más, muy poca gente será capaz de apreciar ese nivel de excelencia al que ha dedicado tantísimas horas y que le ha impedido alcanzar el punto anterior: relajarse y desconectar.

Fluyen. Están presentes, disfrutan y observan lo que acontece a su alrededor. No buscan qué hacer a continuación, sino que se dejan llevar por el momento. Dedican tiempo a la vida contemplativa. Para disfrutar del momento, usted debe estar en el presente, en el “esto, aquí y ahora”. Repetirse estas palabras de vez en cuando le permitirá recordar la importancia de los detalles, de atender su momento en lugar de anticipar el futuro.

Y recuerde: los segundos o minutos que gana corriendo no compensan todo lo que pierde en calidad de vida.

Patricia Ramírez-

https://elpais.com/

domingo, 13 de febrero de 2022

Una cosa a la vez – Donna Quesada

 



Traducido con Amor desde… https://www.lionsroar.com


Recuerdo la primera vez que me senté en un retiro. La idea de estar sentada durante otra hora, la séptima pasada en el cojín ese día, parecía absolutamente imposible. ¿Una hora más? ¡Estas personas están todas locas! Pensé dentro de mí. Una hora es mucho tiempo, pero sólo si piensas continuamente en ello, ya que, cuando estás pensando en ello, no lo estás haciendo del todo, sea lo que sea. Entonces estás separado de la actividad y del tiempo mismo. Nadie se ha sentado nunca durante una hora. Es una división arbitraria del espacio-tiempo para ayudarnos a entenderlo. Es una abstracción que se deforma con nuestras experiencias. Solo te sientas un momento intermitente e innombrable a la vez.

Cuando comencé a hacer zazen, o meditación zen, como parte de mi entrenamiento formal, mi maestro me dijo que contara mi respiración diez veces y, como todos los demás cuando comienzan, corrí para llegar al número diez, como si fuera a ganar un gran premio por llegar rápido. Mientras casi hiperventilaba un día, me di cuenta de lo tonto que era correr a las diez. ¿Adónde queremos ir? ¿Y adónde iremos después de las diez? ¡Volver a uno otra vez, por supuesto! Y solo podemos hacer una cosa a la vez.

Pasamos por la vida para siempre tratando de llegar a diez. Miramos el reloj con grandes expectativas, siempre preguntándonos, incluso de adultos, si ya llegamos. Complacemos a los niños cuando preguntan, pero también lo hacemos, a nuestra manera apresurada, en todos los días de nuestras vidas, y en todo lo que hacemos, siempre apresurándonos hasta el final. ¿El final de qué? Si esto continúa a lo largo de cada actividad, durante el resto de nuestras vidas, el único final a la vista es la muerte.

Como experimento, atrápate la próxima vez que te encuentres pensando en términos de cantidad. Pueden ser los mandados del día, o la pila de facturas, o, como yo, la pila de papeles en su escritorio. Simplemente observe la sensación de urgencia y la tendencia a apresurarse. Note, también, la inclinación a retroceder. Aunque parezcan tendencias opuestas, ambas provienen del mismo sentimiento de aversión y solo sirven para mantenernos alejados de la tarea real. Estamos sorprendidos por la enormidad de lo que hemos creado en nuestras mentes, así que decimos, simplemente voy a ponerme en ello y lograrlo, o es demasiado abrumador y no sé por dónde empezar. Véalos a ambos como nada más que hábitos que provienen de nuestra forma sesgada de visualizar el tiempo.

Ambas respuestas nos sacan de la frescura de la experiencia directa. Ambos nos atan a la fantasía de una tarea más que a la realidad de la misma, distorsionando nuestro sentido de lo que realmente se requiere. Desperdiciar energía en viajes mentales es agotador, y nos lo hacemos a nosotros mismos. Una tarea se hace por pasos, porque la realidad está hecha de pasos, destellos de tiempo infinitamente divididos que son demasiado pequeños para medir. Cobramos vida y nuestra energía se eleva cuando nos unimos a ese momento, en lugar de separarnos de él, cuando estamos a la altura de las circunstancias en lugar de hundirnos en el pozo de la resistencia. Cuando nos unimos al momento, nos unimos al tiempo. Somos tiempo.

La corredora Pam Reed lo entiende. Cuando corre distancias sobrehumanas que requieren que continúe durante tres días seguidos, sin dormir ni descansos de ningún tipo, se dice a sí misma que solo tiene que llegar al siguiente poste, al siguiente marcador, allí mismo. Evita ser aspirada por la inmensidad de la distancia y termina en la marca final empleando estos pequeños trucos, que son menos trucos que recordatorios de la realidad misma.

El tiempo es una abstracción que se detiene y nos devuelve la mirada tan pronto como nos separamos de él. Separarse del tiempo es observarlo. Es un niño tímido que no puede jugar con naturalidad y actúa con torpeza cuando la miramos, pero tan pronto como apartamos la mirada y nos reincorporamos a nuestras conversaciones, sigue jugando con naturalidad. El tiempo fluye cuando dejamos de mirarlo. Mirar el reloj es resistirse a la realidad. No me gusta esta situación. ¿Este reloj no puede moverse más rápido? Como Pam Reed, solo tenemos que poner un pie delante del otro y dar un paso, aquí y ahora.

“Pero”, puedes preguntar, “¿significa esto que el zen, con toda su charla sobre el ahora, se burla de la imaginación?” A todos nos han enseñado de niños a ser imaginativos; a los artistas se les ha enseñado a ser imaginativos. No en vano celebramos el don y el esplendor de la imaginación. Pero como todas las buenas herramientas, tiene su lugar. Después de todo, el proceso creativo en sí se desarrolla en tiempo real.

Piense en el artista de improvisación de jazz respondiendo a las bromas musicales entre sus compañeros en el escenario. Aparte de cualquier entrenamiento que hayan hecho de antemano, tan pronto como se abre el telón, se mueven juntos hacia un territorio desconocido, creando algo nuevo cada vez al permanecer en un estado de presencia indivisa. Soltaron sus ideas y preconceptos de cómo debería ser, cómo pensaban que iba a ser y cómo lo han hecho otros músicos en el pasado. Dejaron de lado sus agendas y simplemente se movieron juntos en la corriente, con la fe que proviene de la experiencia, confiando en sus propias habilidades como artistas y en los demás.

También puede ayudar a la estrella del deporte imaginar sus jugadas con anticipación, pero si no permanece en un estado de presencia absoluta cuando llegue el momento de ejecutar la jugada, perderá la pelota. Él juega el juego real en tiempo real.

La imaginación, como la intelectualización, se descarta cuando ha hecho su trabajo. La visión imaginativa proporciona una paleta de posibilidades, que luego se actualizan en un estado de presencia e, irónicamente, con la voluntad de dejar ir las expectativas de la visión. Parafraseando a mi maestro zen, la imaginación no tiene nada de malo, siempre y cuando no te atrape.

¿Cómo liberas la mente de sus visiones distorsionadas en el tiempo? Al soltarlas.

 Y cuando la mente está libre de montañas de fantasías, ¿por dónde empiezas? Solo empieza.

 

Adaptado de El Buda en el aula: Sabiduría zen para inspirar a los maestros, de Donna Quesada. 

Donna Quesada


 

Profesora, maestra zen e instructora de yoga Donna Quesada


https://www.lionsroar.com/one-thing-at-a-time/?goal=0_1988ee44b2-11a89bd0a6-22673481&mc_cid=11a89bd0a6&mc_eid=3f231f604d

viernes, 8 de octubre de 2021

Trabajo excesivo: una forma sutil de esclavitud que restringe nuestro crecimiento espiritual.  

Traducido con Amor desde… https://livingnow.com.au

 

“Nuestro verdadero camino en la vida es interior: se trata de crecimiento, de profundización y de una entrega cada vez mayor a la acción creadora del amor y la gracia en nuestros corazones”. -  Thomas Merton

 

En un mundo de actividad cada vez mayor en el que se espera que trabajemos duro, compitamos, nos esforzamos y logremos, deliberadamente me refugio en una existencia alternativa: una vida de simplicidad comprometida. Deliberadamente le doy la espalda a los valores de nuestra feroz cultura de mercado para encontrar consuelo y consuelo en una vida sin complicaciones, relajada pero comprometida. Hace mucho tiempo llegué al punto en el que pensé: 'Ya es suficiente', y nunca me he arrepentido. Sin embargo, demasiados continúan en la cinta de correr económica, buscando recompensas materiales y nunca logran cuestionar su motivación y valores que los llevan a tantas actividades innecesarias.

“La vida es un regalo precioso que todos debemos considerar sagrado, y la obligación subyacente que enfrentamos al aceptar esta ofrenda es vivirla bien. No podemos permitirnos perder el tiempo persiguiendo metas y objetivos equivocados que disminuirán nuestra existencia. Debemos priorizar nuestras vidas y llevarlas adelante en un viaje de descubrimiento para descubrir quiénes somos y el lugar que nos corresponde dentro de este mundo infinitamente inspirador. Cualquier cosa que no sea esto es desperdiciar la vida, devaluarla y perder la oportunidad de buscar una auténtica realización y plenitud personal.”

Thomas Merton: un viaje espiritual

Si alguien sabía sobre cómo llevar una vida auténtica en busca de la sencillez y la verdad, lo sabía el monje trapense Thomas Merton. En más de 50 libros, derramó su corazón y su mente para compartir con sus lectores sus pensamientos y reflexiones sobre la vida. Su trágica muerte en 1968, a la edad de 53 años, nunca disminuyó su influencia y todavía es muy leído y respetado como un individuo de una visión espiritual sobresaliente. Sus pensamientos centrales sobre la simplicidad, entretejidos en muchos de sus escritos, me han afectado profundamente y me han hecho pensar mucho más profundamente sobre cómo debería vivir mi vida.

“Hay una forma perversa de violencia contemporánea [y eso es] el activismo y el exceso de trabajo… La prisa y la presión de la vida moderna son una forma de violencia. Dejarse llevar por multitud de preocupaciones conflictivas, entregarse a demasiadas exigencias, comprometerse con demasiados proyectos, querer ayudar a todos en todo, es sucumbir a la violencia. El frenesí de nuestro activismo neutraliza nuestro trabajo por la paz. Destruye nuestra capacidad interior de paz ". Thomas Merton

Merton dejó una Nueva York frenéticamente ocupada y con ética de trabajo para encontrar la paz, la quietud y el despertar en la vida monástica. Su rechazo a la América consumista y su nueva fe cristiana lo llevaron lentamente a este compromiso. Pero poco después de establecerse en la abadía de Getsemaní, se dio cuenta de que incluso aquí había un 'ajetreo' innecesario. 

La búsqueda de Merton era encontrar el despertar, la comprensión de la naturaleza de la realidad, y para que él lo lograra, necesitaba rodearse de sencillez y silencio y permitir que la voz de Dios le hablara. Sin embargo, esta entrega de la voluntad a una fuente mayor no es exclusivamente cristiana, y Merton lo reconoció. En todas las tradiciones religiosas se hace hincapié en la necesidad de encontrar la verdad a través de una comprensión interior. Cada uno puede tomar un camino diferente en su búsqueda, pero todos buscan el mismo aspecto fundamental. El reconocimiento y el respeto de Merton por esto lo llevaron a participar en muchos diálogos interreligiosos con los principales pensadores espirituales de su época. También se aventuró más allá de este dominio hacia pensadores que no estaban sujetos a ninguna forma de religiosidad pero que, sin embargo, intentaban

Esperar a estar listo

El año pasado fue un momento particularmente difícil y desafiante para mí. Mi mamá murió, recibí mis papeles de divorcio, perdí mi trabajo, fui atacado por una pandilla callejera, enfrenté una crisis de vivienda y luego me enfermé. En esta violenta tormenta de circunstancias, una vorágine de adversidad, tomé la firme determinación de permanecer fuerte y confiar en que el universo me guiaría a través de todo. Había hecho arreglos para pasar un tiempo en Tailandia en una peregrinación para visitar algunos de los sitios budistas más destacados de ese país, pero debido a lo que me había sucedido, decidí retirarme y cancelar. Cuando un amigo me preguntó qué haría si me quedara en Londres, recuerdo claramente haber dicho, instantáneamente y sin ningún pensamiento aparente, "Esperar".

Luego me preguntó qué estaba esperando y todo lo que pude decir fue: "Si supiera lo que estoy esperando, no lo estaría esperando". Unos días después, visité la Iglesia de San Pablo en Civet Garden y, mientras caminaba por este espacio sagrado, noté una placa en la pared que decía: “¿Qué más es sabiduría? Resistir del miedo en libertad. Respirar y esperar ". (Eurípides)

Estas pocas palabras, escritas hace más de 2000 años, confirmaron mágicamente mi decisión de esperar, de esperar paciente y atentamente, de esperar en silencio, escuchando y observando hasta que recibí, desde lo más profundo de mi ser, un llamado a seguir adelante. Con demasiada frecuencia en el pasado, me he lanzado a realizar actividades fuera de lugar y desperdiciar energía en áreas de la vida que ahora parecen tan poco importantes. Con demasiada frecuencia he prestado total atención y paciencia a cosas que ahora parecen tan injustificadas. Esta vez, después de un año de pruebas, decidí sentirme cómodo con el conocimiento seguro de no saber.

Involucrar constantemente nuestras vidas en un activismo perpetuo podría considerarse una forma sutil de esclavitud que restringe nuestro crecimiento y comprensión espirituales. Quizás deberíamos abandonar todas las nociones de 'pereza' y 'ociosidad', que a menudo se usan para desacreditar una no actividad meditativa y contemplativa, y en su lugar abrazar el potencial implícito de autorrenovación y liberación dentro de la simple presencia del solo ser. Las palabras de John Milton todavía resuenan en mí después de muchos años de sentir su peso: “También sirven los que solo están de pie y esperan”.

Despertar espiritual: nuestro viaje hacia la plenitud

Todos tenemos una necesidad profunda e instintiva de encontrar paz, armonía, percepción y significado en un mundo que nos distrae constantemente con un fuerte impulso de actividad y materialismo. En tiempos pasados ​​había una forma de ser mucho más espiritual con conexiones familiares fuertemente compartidas; Trabajo sencillo, nutritivo, orgánico para satisfacer nuestras necesidades y un enfoque de vida pausado que abrazó, sin vergüenza, la tranquilidad, el descanso y la reflexión.

Evelyn Underhill dijo una vez: "Sólo el místico puede ser llamado un hombre completo, ya que en otros la mitad de los poderes del yo siempre duermen". Creo que en tiempos pasados ​​había muchos místicos, místicos cotidianos que vivían sus vidas comprometidos con la sencillez espiritual. Desafortunadamente ahora, a pesar de nuestros avances tecnológicos, muchos de nosotros nos estamos quedando dormidos, estamos permitiendo que el regalo de una vida pase desapercibido.

La búsqueda para descubrir quiénes somos y nuestro lugar dentro del esquema general de las cosas nunca se puede encontrar en el ruido que distrae del mercado. Solo se puede encontrar en las profundidades de la reflexión y la contemplación envuelta en la quietud. Vivir nuestras vidas como otra persona, convertirnos en una especie de extraño que simplemente habita nuestro cuerpo, sería una situación trágica que devaluaría y socavaría nuestro potencial innato y nuestra autenticidad. Siempre debemos asegurarnos de que haya tiempo y espacio dentro de nuestras vidas para simplemente SER y evitar la trampa del constante ajetreo que nos llevará a solo la mitad de la vida.

Thomas Merton: una vida plena vivida

“Nos gustaría estar tranquilos, pero nuestra inquietud no lo permite. Por eso creemos que para nosotros no puede haber paz excepto en una vida llena de movimiento y actividad, de habla, noticias, comunicación, recreación, distracción. Buscamos el significado de nuestra vida en actividad por sí misma”.   Thomas Merton

El viaje de Merton consistió en prestar atención a las recompensas que la sencillez y la contemplación podían traer. Constantemente perfeccionó su práctica espiritual de una manera reduccionista y se le permitió, después de repetidas solicitudes, en los últimos años de su vida, eventualmente llevar una vida solitaria en una ermita para promover este fin. La aceptación de Merton de un potencial innato e ilimitado dentro del alma de todos nunca se desvaneció. Persistentemente abrió y compartió con sus lectores este tema central de la renovación prospectiva, una renovación que necesitaba un compromiso total si quería llevarnos a una búsqueda de la verdad y la liberación.

La excelente biografía de Monica Furlong sobre Merton concluye con sus palabras que había visto, “… a través de la sombra y el disfraz”. Pero esta claridad de percepción no había sido fácil. Merton había dedicado toda su vida a seguir un camino espiritual: una vida de 'caminar por el camino' y no solo 'hablar lo que se habla'. Había encerrado su vida en una quietud solitaria para encontrar una profundidad de despertar que pocos de nosotros podemos alcanzar. Pero todavía, sin embargo, tenemos estas semillas llenas de liberación y es nuestro deber nutrirlas tanto como podamos; de lo contrario, podríamos terminar viviendo una vida reducida y eso sería un desperdicio terrible.

“Hay en nosotros un instinto de novedad, de renovación, de liberación del poder creativo. Buscamos despertar en nosotros mismos una fuerza que realmente cambie nuestras vidas desde adentro. Y, sin embargo, el mismo instinto nos dice que este cambio es una recuperación de lo que es más profundo, más original, más personal en nosotros. Nacer de nuevo no es convertirnos en otra persona, sino convertirnos en nosotros mismos ".  Thomas Merton

Que TODOS encontremos este potencial de renovación.

 

Michael Lewin

Michael se retiró temprano del trabajo y nunca se arrepintió de su decisión. El tiempo es ahora tiempo de calidad dedicado a la escritura, el arte y los viajes. Su consejo para los lectores de LivingNow es bastante simple: Carpe diem. Aprovecha el día. Para obtener más acceso a sus escritos

https://livingnow.com.au/overwork-a-subtle-form-of-slavery-that-restricts-our-spiritual-growth/

 

 

miércoles, 6 de octubre de 2021

PACIENCIA: EL CAMINO ESPIRITUAL HACIA EL CRECIMIENTO PERSONAL

Nikos Kazantzakis, autor de Zorba el griego y La última tentación de Cristo, una vez escribió sobre una crisálida que encontró en un olivo. La mariposa bebé, dentro de su capullo, estaba comenzando a abrirse paso para recibir una nueva vida cuando Kazantzakis, ansioso por acortar el proceso natural, respiró intensamente sobre ella. La mariposa finalmente emergió, pero debido a que fue inducida prematuramente, sus alas no estaban lo suficientemente formadas. Incapaz de tomar vuelo, la mariposa murió pronto. Esta intervención, en el lento desarrollo de la vida de la naturaleza, le dio a Kazantzakis una lección conmovedora sobre la que reflexionar. Si hubiera dejado que la naturaleza siguiera su propio curso, si hubiera sido más consciente y paciente, la pequeña mariposa habría sentido la expresión de la vida a través de sus alas, pero debido a que él intervino con impaciencia en un proceso que no entendía completamente, había involuntariamente negado a esta mariposa una vida.

La impaciencia parece entrar en todas nuestras vidas. A veces surge en un pequeño acto de intervención inconsciente, como el de Kazantzakis; otras veces cambia de forma a una rabia ciega y explosiva, donde la gente se lastima física y emocionalmente. Pero de cualquier forma que encuentre expresión, de cualquier forma en que se manifieste, todo es impaciencia, se trata de dejar que nuestra frustración se apodere de nosotros.

¿POR QUÉ PRISA?

La impaciencia parece ser un creciente malestar moderno con el que todos tenemos que lidiar en nuestras vidas, ya sea como perpetradores o receptores. A menudo he sentido en mí mismo, y he visto en los demás, el brote de irritación, molestia y frustración que puede cambiar la personalidad de las personas en un instante, un sentimiento de exasperación que nos aleja de estar presentes en el momento, tranquilos y atentos al desenvolvimiento de la vida como es y no como queremos que sea.

Responder a las situaciones de una manera considerada y reflexiva saca lo mejor de nosotros, y reaccionar a las situaciones con un enfoque apresurado de "acabemos con esto" invariablemente saca lo peor de nosotros. La impaciencia rara vez nos da los resultados que queremos. Simplemente se abre paso con una actitud de "yo sé más" que nos enreda en irritación y decepción.

Mi impaciencia es algo con lo que trabajo constantemente para cultivar un estado mental más relajado, un estado más relajado del ser, donde estoy atendiendo completamente, aceptando completamente el presente, comprometido completamente con el ahora. Pero no es fácil. Ya sea que esté esperando a que hierva la tetera en la hornalla de gas o que me demore en la congestión del tráfico, si estoy preocupado con la idea de que estoy demasiado ocupado para perder el tiempo, o que debería estar en otra parte, entonces mi impaciencia está ganando.

Incluso cuando estoy escribiendo, a veces puedo sentir la compañía de la impaciencia carcomiendo en el fondo, presionándome para formar oraciones y párrafos apropiados rápidamente, para hacer avanzar la escritura, para llegar a un cierre. Pero esta forma bastante contundente de operar solo ahoga el flujo creativo, que tiene su propio ritmo para entregar efectivamente lo que se necesita. Mi única obligación es escuchar atentamente este ritmo, situarme en su presencia y trabajar con paciencia junto a él. Tengo que recordarme constantemente a mí mismo que la escritura está a cargo, no yo. Todo lo que realmente tengo que hacer es asistir, con la mente concentrada pero relajada, y esperar.

La impaciencia puede ser un signo de algo mucho más profundo, no solo una mente distraída que nos mantiene alejados del presente, sino también una mente ansiosa y, a veces, neurótica. La impaciencia no puede mejorar nada; solo nos hace sentir peor. Intenta llevarnos rápidamente al momento siguiente sin tener en cuenta la experiencia del presente.

Renunciar a nuestro sentido de urgencia y frustración - "Lo quiero ahora" - es el camino hacia la conciencia relajada que puede ofrecernos tanto en términos de apreciar lo que la vida, en toda su infinita riqueza, puede ofrecer. Por el contrario, soluciones rápidas, sin un período de incubación intermedio para la reflexión, están ganando cada vez más un punto de apoyo en nuestra cultura y cerrando nuestro potencial para posibilidades más profundas y completas.

El origen griego de la palabra paciencia es pathos, sufrimiento.

 

Los tiempos de la Vida 

Recuerdo vívidamente, a la edad de nueve o diez años, mi clase llevaba bulbos de jacinto a la escuela siguiendo las instrucciones de nuestro maestro. Los bulbos se colocaron en la parte superior de frascos de vidrio de cuello estrecho, llenos de agua, y luego se colocaron en un estante. Se le dijo a la clase que esperara hasta que comenzaran a aparecer los brotes. Los días iban y venían, pero no había señales de brotes. El aburrimiento se instaló rápidamente mientras esperábamos y esperábamos. Finalmente, cuando todos comenzamos a perder realmente el interés en este proceso de "mirar y no ver", de repente comenzamos a ver.

Lentamente al principio, pero muy visibles, había pequeños zarcillos blancos que crecían desde la base de los bulbos y se extendían para llegar al agua. Con el tiempo, los zarcillos crecieron tanto que se enroscaron alrededor de la base de los frascos en bucles. También llegó el crecimiento superior, dando a luz a flores llenas y perfumadas que me embriagan incluso hoy, mientras sigo cultivando bulbos de jacinto.

A través de mi experiencia en la escuela, aprendí una valiosa lección sobre la paciencia y dejar que la naturaleza se desarrolle a su debido tiempo. Mucho después me di cuenta de que las flores de los jacintos estaban en los bulbos todo el tiempo, esperando encontrar expresión.

 



Llega la primavera y la hierba crece sola.
—El Zenrin

En nuestro mundo tecnológico y posmodernista, donde incluso nos inquieta el tiempo de respuesta de las computadoras más rápidas, corremos el riesgo de perdernos una valiosa lección sobre la espera. En el mundo natural no hay prisa. El sol nunca le dice a la luna que se apresure para completar su ciclo, porque está ocupado y necesita tiempo extra para hacer tantas cosas. Simplemente sigue su camino natural de lento despertar a la nueva mañana de acuerdo con las leyes establecidas de la naturaleza.

¿Somos diferentes? Es en la naturaleza que debemos buscar orientación, no en la tecnología. ¿No somos todos seres sintientes, carne de la naturaleza, en lugar de placas de circuito impreso?

Paciencia para con las personas

La gente puede irritarnos y agravarnos, pero ¿cómo respondemos a esos sentimientos autogenerados? Al permitir que se desarrolle una sensación de amargura y enojo, somos nosotros los que realmente sufrimos. Si pudiéramos aceptar con una actitud de ecuanimidad, donde estemos preparados para ofrecer un espacio tolerante para los demás (como parece que tenemos disponible para nosotros), podríamos evitar caer en una trampa de sentimientos corrosivos que nos causan un daño incalculable, psicológicamente hablando.

Quizás no tengamos una perspectiva tan amplia, clara e informada sobre las cosas como creemos que las tenemos.
Quizás somos propensos a malinterpretar situaciones e individuos.
Quizás, a veces, somos demasiado insensibles a los sentimientos de otras personas, demasiado críticos.
Quizás necesitemos relajarnos más en torno a ciertos temas.

Abrir y expandir un paisaje interior en el que podamos acomodar las faltas de los demás y nuestras propias faltas es importante para nuestro crecimiento espiritual. Pero debemos reconocer dónde hay problemas serios que superar. La paciencia, per se, no puede curarlos. Simplemente proporciona el espacio necesario en el que la compasión y el perdón pueden aflorar, con suerte, para que la curación pueda tener lugar.

 

Escuchando

En el camino hacia el desarrollo de la paciencia para los demás, así como para nosotros mismos, automáticamente comenzamos a despertar una escucha dentro de nosotros que puede descubrir y revelar verdades más profundas. Una escucha que presta atención no solo a lo que se dice sino también a lo que no se dice. Una escucha que absorbe tanto la comunicación verbal como la no verbal, en una comprensión más profunda. Entonces la gente comienza a sentirse cómoda y relajada con nosotros, puede que sea por primera vez, porque se ha preparado un terreno para que sean ellos mismos. Con demasiada frecuencia mantenemos a otras personas alejadas de nosotros mismos, en la periferia de nuestras vidas y, en consecuencia, nos negamos la oportunidad de conocerlas mejor. Y sin comprometernos completamente con los demás, sin escucharlos completamente, ¿cómo podemos afirmar que estamos completamente vivos?

Escuchar es la herramienta de curación más antigua y quizás la más poderosa.
A menudo es a través de la calidad de nuestra escucha y no de la sabiduría de nuestras palabras que podemos afectar los cambios más profundos en las personas que nos rodean.
Cuando escuchamos, ofrecemos un santuario para las partes sin hogar dentro de la otra persona.
Aquello que ha sido negado, no amado, devaluado por ellos mismos y por los demás.
Eso que está escondido.

Cuando escuchas generosamente a las personas, pueden escuchar la verdad en sí mismas a
menudo por primera vez.
—Rachel Naomi Remen

No hay Acción

El ritmo de la vida moderna puede empujarnos por todas partes, insistiendo en que se preparen agendas, se tomen decisiones, se tomen acciones y nos perdamos entre todo eso. Podemos confundirnos y frustrarnos con nuestras respuestas.

En estos momentos, nunca tenga miedo de retroceder y esperar un rato, permitiendo que se forme una aceptación en torno al proceso de dejar ir. Las decisiones buenas y bien entendidas nunca pueden fluir realmente de sentimientos presurizados, autoimpuestos o de otro tipo. Solo puede florecer cuando estamos relajados y reflexivos, recurriendo a nuestra sabiduría interior para llegar a los mejores juicios.

Las respuestas pavlovianas, instintivas (que todos tendemos a dar a veces) corren el riesgo de trabajar en nuestra contra, de eludir nuestro procesamiento más profundo de pensamientos y arrojarnos a la ansiedad y al arrepentimiento. Esperar no significa no hacer nada. Significa reflexionar, relajarse y ver lo que se desarrolla. ¡Quizás las cosas puedan salir bien sin nuestra interferencia, sin nuestra intervención, si tomamos la decisión de no tomar una decisión!

 

¿Tiene paciencia para esperar hasta que
el barro se asiente y el agua esté clara?

¿Puede permanecer inmóvil hasta que
surja la acción correcta por sí sola?
—Lao Tzu

Quizás deberíamos ser pacientes y dejar las cosas en paz. Aprenda de las lecciones de la naturaleza, de la que todos somos parte integral, y deje que todo se desarrolle como debería. La naturaleza tiene su propio tiempo, pero no es tiempo del tic-tac de los relojes y del parpadeo las lecturas digitales. No es el tiempo de agendas ocupadas y establecidas. Es el tiempo perfecto, donde todo tiene su propio aliento de vida interno, que no tenemos derecho a influir o cambiar por no tener la paciencia para estar presentes y esperar.

  • La paciencia está profundamente arraigada en la naturaleza y debemos honrar esto. Si Kazantzakis hubiera mostrado más paciencia y no hubiera interferido con el ciclo natural de la vida, podría haber habido 10,000 mariposas más floreciendo en este mundo nuestro. Entonces, la próxima vez que se sienta llamado a responder en una situación dada, piense profundamente en los posibles resultados y actúe con atención, actúe con paciencia, por nuestro bien.

Michael Lewin

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Sobre Michael Lewin

Michael ha sido miembro del comité del Lifestyle Movement, que se dedica a una vida sencilla y ecológica y fue miembro de la Fundación Gandhi. Hace unos años pasó dos años viviendo en un convento franciscano, dedicando su tiempo a la meditación, la caminata, el yoga y profundizando su práctica de escritura. Ha pasado los últimos 25 años enseñando y apoyando a una variedad de grupos diferentes, por ejemplo, jóvenes delincuentes, jóvenes desempleados, niños en riesgo, niños con necesidades especiales, adultos con dificultades de aprendizaje y adultos con necesidades de salud mental. Tiene una licenciatura en psicología y una calificación de profesor.También tiene una Maestría en Bellas Artes.Escribe, de forma regular, para una variedad de revistas budistas, de desarrollo personal, espirituales tanto en el

martes, 13 de abril de 2021

Desacelérate… Te mueves demasiado rápido - Sakyong Mipham Rimpoche

Traducido con Amor desde... https://www.lionsroar.com

 

Un mes o dos después de regresar de un viaje al Tíbet, me encontré con Aaron, un médico que había viajado conmigo. Le pregunté cómo se sentía estar de vuelta en Occidente. Dijo que sentía como si estuviera terminando y volviéndose rápido. Le recordé nuestra apretada agenda en el Tíbet.  Sin embargo, estábamos relajados. Siempre tuvimos mucho tiempo. ¿Era el entorno rural o la ausencia de relojes?

 Sin embargo, en el mundo moderno, nos hemos convencido de que la velocidad es la forma de hacer que nuestra vida funcione. Bajo la presión de horarios y compromisos, creemos que podemos lograr más si aceleramos nuestro día.

Con una mente rápida, nunca disfrutamos los frutos de nuestro trabajo, nuestro amor o nuestra vida. No podemos relajarnos.

La velocidad le da a la vida una calidad frenética. Es un estado mental ansioso que nos impide acomodarnos en lo que sea que estemos haciendo. Siempre hay algo más importante que lo que estamos haciendo ahora. Estacionamos en doble fila afuera de una tienda, tratando de encontrar lo que necesitamos, mientras hablamos con nuestra madre por teléfono celular. En lugar de realizar bien nuestra actividad, la estamos anulando, porque realmente no estamos allí para ello. Esa velocidad autogenerada crea su propio poder e impulso, que comienzan a gobernarnos. Es una forma de mentalidad pequeña que nos ciega a lo que la vida realmente ofrece: la oportunidad de desarrollar sabiduría y compasión.

La mente veloz es como un motor de combustión interna. Dedica mucho esfuerzo a la energía que produce, creando los subproductos dañinos y derrochadores del agotamiento y la contaminación. Incluso cuando estamos leyendo un libro o viendo una película, con la mente aparentemente inactiva, la velocidad no se apaga. Con una mente acelerada, nunca disfrutamos los frutos de nuestro trabajo, nuestro amor o nuestra vida. No podemos relajarnos.

La velocidad viene de ser demasiado ambicioso. No estamos contentos con nuestra propia mente, por lo que nos volvemos agresivos en la forma en que conducimos nuestra vida. En un esfuerzo por hacer coincidir un concepto de lo que podría ser el éxito, llenamos nuestros calendarios y pasamos todo el día aferrados a nuestra lista de "cosas por hacer". Estamos pendientes de las citas, las llamadas telefónicas y las reuniones con celo, competencia, fijación e irritación, lo que sea necesario para llevarnos a donde creemos que debemos ir. Cuando la vida no coincide con nuestros planes, nos enojamos. Nos enojamos porque otros llegan tarde, o porque llegamos temprano. Nos enojamos por envejecer, nos enojarnos por enfermarnos y  porque otros envejecen y enferman.Final del formulario

La sabiduría nos dice que podemos disfrutar nuestra vida y usarla de manera significativa. Una vida exitosa no está determinada por la velocidad con la que vivimos. Si siempre estamos agitando nuestras alas, intentando sin cesar obtener lo que necesitamos con agresión, siempre estaremos exhaustos. Nunca encontraremos lo que realmente estamos buscando, que es nuestra propia satisfacción. La velocidad solo nos acerca al próximo momento impulsado también por la velocidad.

Las partes de mi calendario a menudo se llenan con meses y años de anticipación. Podría sentirme completamente asfixiado por la presión de saber lo que haré el próximo año un jueves a las dos de la tarde. Saltando de una cita a otra, podría ser seducido por la velocidad, como si hacer las cosas más rápido hiciera que las vacaciones llegaran antes. Ahora me doy cuenta de que si me relajo con lo que estoy haciendo y lo disfruto, me siento aliviado de monitorearme a mí mismo, y verifico cada hora como si estuviera participando en un experimento científico para ver cuán eficiente puedo ser. Cuando no desperdicio energía ejerciendo presión y velocidad, en realidad hago más cosas.

Al ver campeones deportivos y golfistas en la televisión, veo este principio en acción. A menudo parecen moverse en cámara lenta, pero corren más rápido que los demás o golpean la pelota más lejos. Su disciplina se ve elegante y sin esfuerzo, porque como maestros, han eliminado movimientos innecesarios. Cuando se les pregunta qué hicieron para ganar, a menudo señalan un equilibrio interno y relajación que les permitió desempeñarse bien, y rara vez a una desesperación que los llevó a moverse más rápido para vencer a alguien más.

Hace algunos años, tuve la suerte de estudiar en India con Dilgo Khyentse Rimpoché. Khyentse Rimpoché fue un gran maestro de meditación tibetana, un maestro de maestros y reyes. Era una persona increíblemente suave que irradiaba poder de una manera amable. Era viejo y grande, y a menudo pasaba sus días sentado en una cama, con su manta favorita envuelta alrededor de su cintura, con sus estudiantes reunidos. En su presencia, a menudo parecía que no sucedía mucho. Sin embargo, al final del día, habría compuesto poemas, ensayos escritos y nos habría enseñado. Su logro era sin esfuerzo y elegante, porque fue alimentado por el amor, no por la velocidad.

Cuando aceleramos, ¿estamos dominando nuestra vida o esperando nuestra vida ansiada? Manejarnos en nuestra vida proviene de la capacidad de contentarnos con la vida a medida que se desarrolla. El primer paso es reconocer que podemos ser felices y estar en paz. Querer estar en cualquier lugar menos donde estamos, hacer cualquier cosa menos lo que estamos haciendo, son cosas innecesarias que nos desequilibran. Podemos desarrollar paciencia, lo que significa no ser tan agresivos con nuestra vida. No tenemos que comprar el plan de juego de la velocidad. Podemos parar. Comer más no necesariamente hace que la comida sea más deliciosa. Enojarse por el tráfico no hace que se mueva más rápido.

La práctica de la meditación nos ofrece la oportunidad de reducir la velocidad por un corto tiempo todos los días. Así es como podemos comenzar a salir del ciclo de la velocidad. Al sentarnos quietos y enfocar nuestra mente, estamos declarando diariamente que esta vida humana es preciosa. Tomarse el tiempo para apreciarlo proviene de nuestra propia determinación y sabiduría. A través de esta disciplina, simplificamos nuestra vida. Recuperamos el espacio para apreciarlo, habiendo perdido nada más que rapidez. Aprendemos a flotar en el aire, transportados por los vientos, apreciando lo que vemos en todas las direcciones. Aprendemos a relajarnos.

Los grandes maestros logran mucho sin velocidad, porque se manejan con los relojes de la sabiduría y la compasión. La sabiduría habita en el momento del tiempo sin fin, y la compasión aprecia ese momento eterno. Para el resto de nosotros, la ansiedad nos engaña y nos hace sentir que el tiempo se nos acaba. Retrocedamos el reloj de la ansiedad y adoptemos el reloj de la sabiduría y la compasión. Podemos simplificar nuestras vidas cancelando nuestra cita con la ira a las siete, con celos al mediodía, con orgullo a las cinco y con pesar a las diez. Vamos a despertarnos y darnos cuenta de que no tenemos que acelerar nada. Con el amor como nuestra única cita, tenemos todo el tiempo del mundo.

Sakyong Mipham es el líder de Shambhala, una comunidad global de practicantes de meditación comprometidos a realizar la bondad inherente en la humanidad. Es autor de varios libros, incluyendo El Principio Shambhala. 

 https://www.lionsroar.com/slow-down-you-move-too-fast/

 

domingo, 11 de abril de 2021

Las cosas que solo puedes ver cuando disminuyes la velocidad - Haemin Sunim

 

 

Si tuviera que resumir la totalidad de la vida de la mayoría de las personas en pocas palabras,
sería una resistencia infinita a lo que es.
A medida que nos resistimos, estamos en constante movimiento tratando de ajustarnos,
y aun así seguimos descontentos con lo que es.

Si tuviera que resumir la totalidad de la vida de una persona iluminada en pocas palabras, sería una completa aceptación de lo que es.

A medida que aceptamos lo que es, nuestras mentes se relajan y se componen mientras el mundo cambia rápidamente a nuestro alrededor.

Cuando te rebajas, el mundo te eleva. Cuando te elevas, el mundo te baja.
Cuando llegues a la cima de la iluminación, comprenderás que: Tu cima es de la misma altura que la de tu vecino.
En la cima, ves la santidad de todos.

Para los practicantes espirituales, las relaciones son la prueba final.
Incluso si ha despertado a tu naturaleza iluminada, aún hay más por recorrer en tu viaje espiritual si no está viviendo en armonía con los demás.

 

Del libro:  Las cosas que solo puedes ver cuando disminuyes la velocidad, por Haemin Sunim . . 

https://tricycle.org/magazine/things-can-see-slow/

 

domingo, 24 de enero de 2021

Saber vivir DES-PA-CITO

Pasito a pasito, suave suavecito,…

Quién le iba a decir a Luis Fonsi que con Despacito estaba declarando los principios de un enfoque filosófico para nuestra era, para un tiempo de velocidad y de prisa, para una modernidad velociferina.

 Vivimos corriendo, sumidos en la rapidez, la prisa y lo inmediato; el running es el epítome de nuestro tiempo. Corremos como pollos sin cabeza, viajando hacia ninguna parte, en una rueda sin fin como ratones de laboratorio. Deprisa, deprisa fue una polémica y premiada película de Carlos Saura que reflejaba con crudeza la vida sin destino de unos jóvenes delincuentes del extrarradio madrileño, acelerados, violentos, sin rumbo (¿como nuestro mundo?).

Ante este panorama apresurado, acelerado, necesitamos parar, sosegarnos, reflexionar, determinar fines para la vida buena, tomar perspectiva. En este sentido, la lentitud es tremendamente subversiva. Necesitamos ir más despacio para poder vivir. Mirar, contemplar, recrearse, fijarse en el detalle, caminar y no correr, y hacer camino al andar, en palabras del maestro Antonio Machado.

 La razón exige demora

Decía ya hace unos años Carl Honoré que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir, que estamos atrapados en la cultura de la prisa y de la falta de paciencia, en un estado constante de hiperestimulación e hiperactividad que nos resta capacidad de gozo, de disfrutar de la vida.

Como ha explicado brillantemente la psicología, la razón exige demora mientras la prisa nos carga de sesgos y prejuicios. Y aunque nuestro modo de pensamiento rápido pueda resultar adaptativo en muchas circunstancias, la falta de reflexión y de sosiego nos aboca a la irracionalidad y a las malas decisiones. Esto es realmente peligroso en todo en lo que atañe a la determinación de los fines y a la organización de la vida en común.

La prisa es llenarse la vida con actividades febriles, velocidad, de suerte que no queda tiempo para afrontar las verdaderas cuestiones, lo esencial. Sin embargo, la prisa en la que vivimos no responde casi nunca a que tengamos cosas importantes que hacer con urgencia, sino a los requerimientos de un modo de vida que trata de mantenernos distraídos y ocupados todo el tiempo.

La vida móvil y precaria

Por un lado, los teléfonos móviles y las redes sociales están diseñados para captar nuestra atención el mayor tiempo posible y con la mayor intensidad, a fin de mercantilizar y monetizar esta atención al máximo.

Jonathan Crary lo ha explicado con meridiana claridad: la vida sin pausa fomenta «una cultura vacía de autopromoción y autoabsorción, de una instantaneidad a demanda, de adquirir y tener manteniéndose aislado de la presencia física de otros y de cualquier sentido de la responsabilidad que esta pueda conllevar.

 Por otro lado, la falta de seguridad y vínculos asociados a la esfera laboral, los turnos y los horarios intempestivos, la incertidumbre, el desajuste entre lo que se demanda que se haga, lo que se recibe a cambio y lo que se desea hacer, provocan una profunda quiebra y angustia vital.

Equivocarse está bien

Es imposible terminarlo todo en nuestras sociedades del rendimiento, da igual si nos proponemos mucho o poco. La impresión de no poder concluir nunca algo satisfactoriamente conduce a un remolino que nos hunde incesantemente. Nos falta tiempo; para todo lo que hacemos, utilizamos menos tiempo y sin embargo tenemos menos tiempo que la generación anterior. Cuanto más nos apresuramos, menos tiempo nos queda. Y el tiempo se convierte en un instrumento de dominación porque hay una insatisfacción constante por el tiempo (supuestamente) desperdiciado.

La ciencia y la investigación necesitan tiempo para pensar, preguntar, estudiar, experimentar, probar, proponer. Hay que enlentecer los tiempos de la investigación. La ciencia necesita tiempo para indagar y tiempo también para fallar. El error posee un indudable valor : reconocer los errores, corregirlos y repararlos es el fundamento para el cambio, la innovación y la transformación individual y social.

El tiempo acelerado

Pero también es lo que pasa con las relaciones personales, que se han acelerado igualmente, primando el fast sex aunque ello lleve a un sentimiento de falta de intimidad y de conexión porque no es posible una fast-track intimacy. Los seres humanos necesitamos conexiones, deseamos intimidad pero las relaciones son complejas y precisan tiempo, trabajo, dedicación y cuidado. Apelar a la tecnología (como hacen algunos desde webs de citas y contactos) es una trampa y un engaño. Y más aún, la gente usa muchas veces sus smartphones para escapar de las demandas de intimidad. Si la primera cosa que usted toca por la mañana y la última por la noche es su teléfono móvil y no a su pareja, hay un problema sobre sus prioridades.

 Las facilidades de las que disponemos hoy para comprar, movernos, trabajar, comunicarnos, son micro-liberaciones que constituyen, por otro lado, aceleraciones de un sistema que nos aprisiona más fuertemente. Aquello que parece liberarnos del tiempo y del espacio nos aliena en la velocidad y la prisa. La ilusión de la velocidad es la creencia de que ahorra tiempo. Pero en realidad, la prisa y la velocidad aceleran el tiempo, que pasa más rápidamente, acortando los días. Estar con prisa significa hacer varias cosas a la vez y rápidamente y el tiempo se llena hasta estallar, como en un cajón mal arreglado donde metes un montón de cosas sin orden ni concierto.

Así, que ya saben, caminen, no corran, miren, observen, escuchen, reflexionen, duerman, amen (aunque no sea fácil); la vida es corta como para perderla corriendo con prisa. Nos lo jugamos todo, la vida personal y el futuro del planeta.

Des-pa-ci-to.

(*) Txetxu Ausín, Científico Titular, Instituto de Filosofía, Grupo de Ética Aplicada, Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS – CSIC).

domingo, 14 de junio de 2020

Vida lenta: por dónde empezar


Si estás leyendo este blog, lo más probable es que hagas clic en el enlace porque sientes que tu vida es agitada, caótica y abrumadora a veces. Tal vez has llegado a un punto en tu vida en el que comienzas a cuestionarte la forma en que vives en este momento, la forma en que todos nos apresuramos de un lugar a otro. La buena noticia es que no estás solo. Nosotros sentimos lo mismo.

Una solución natural a este sentimiento, estos pensamientos, es anhelar el cambio. Un cambio que implica una forma de vida más lenta, más simple y más consciente. Una forma de reconectarte contigo mismo, tu vida y tu entorno. Pero sin vender todas tus pertenencias y mudarte a una cabaña en el campo. ¿Correcto?

El punto de partida

Vivir una vida más lenta y consciente no es un proceso trasnochado. Es difícil reducir la velocidad en un mundo que parece moverse más y más rápido cada día. Con la comida rápida, los autos rápidos, las ideas rápidas y las rutinas rápidas que nos alcanzan constantemente, una vida más lenta es definitivamente un gran cambio. Pero recuerda, el cambio es un proceso, un viaje. Y cada viaje comienza con el primer paso.

La idea general es cambiar tus hábitos, tu mentalidad, tus rutinas para estar más atento y más consciente. Estar en el momento presente, siempre que puedas.

Y aunque estamos en este viaje como tú y no pretendemos ser expertos en este tema de ninguna manera, nos gustaría compartir algunas ideas prácticas y simples para que comiences tu propio viaje hacia un forma más consciente de vivir.

 

Cómo ralentizar la vida

  • Reduce la velocidad de tu caminata, no necesitas correr para ir de A a B
  • Disminuye la velocidad de tu respiración y bájala en lugar de respirar rápida y superficialmente
  • Tómate el tiempo para preparar, comer y limpiar tus alimentos.
  • Reemplaczala comida chatarra con comida de verdad.   ¡Te encantará, y también a tu cuerpo!
  • Mantén tus pensamientos en el día de hoy, no te preocupes demasiado por el mañana.
  • Despeja, crea más espacio
  • Reemplaza tu tiempo de pantalla con lectura, trabajos manuales , música, actividades al aire libre

http://thatsundayfeelingblog.com/slow-living/

 

EL DÍA EN QUE DEJÉ DE DECIR "DATE PRISA" - Rachel Macy Stafford

Traducido con Amor desde...https://www.huffpost.com

 

 

Que los niños son unos grandes maestros: no lo pongo en duda.
Que los niños llegan con una consciencia más expandida y despierta: es una evidencia.
Que porque sean pequeñitos, no pueden ser sabios: mentira.

¿Para qué está el camino si no es para disfrutar de su recorrido?
Al fin y al cabo, como decía John Lennon "La vida es eso que te está pasando mientras tu te empeñas en hacer otros planes".

Esta es la experiencia de Rachel Macy Stafford en la que, gracias a la lucidez de su pequeña hija, encontró la inspiración necesaria para hacer cambios en su vida.

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Cuando estás viviendo una vida acelerada, cada minuto cuenta.
Sientes que deberías tachar algo de la lista de cosas pendientes o salir corriendo hacia el siguiente destino.
Y no importa en cuántas partes dividas tu tiempo, no importa cuántas tareas trates de hacer a la vez, nunca hay suficiente tiempo para ponerse al día.
Así fue mi vida durante dos años frenéticos.


Mis pensamientos y acciones estaban controlados por notificaciones electrónicas, melodías para el móvil y agendas repletas.
Y aunque cada fibra de mi mente quería llegar a tiempo a todas las actividades, yo no quería.
Verás, hace seis años, fui bendecida con una niña relajada, sin preocupaciones, del tipo de quienes se paran a oler las rosas.
Cuando tenía que estar saliendo de casa, ella estaba ahí, toda dulzura, tomándose su tiempo para elegir un bolso y una corona con purpurina.
Cuando tenía que estar en algún sitio hacía cinco minutos, ella insistía en intentar sentar y ponerle el cinturón de seguridad a su peluche.
Cuando necesitaba pasar rápidamente a comprar un bocadillo, se paraba a hablar con la señora mayor que se parecía a su abuela.
Cuando tenía 30 minutos para ir a correr, quería que parase para acariciar a cada perro con el que nos cruzábamos.
Cuando tenía la agenda completa desde las seis de la mañana, me pedía que le dejase cascar y batir los huevos con todo cuidado para el desayuno.

Mi niña despreocupada fue un regalo para mi personalidad orientada al trabajo, pero yo no lo vi.
Oh no, cuando tienes una vida acelerada, tienes visión de túnel, solo ves el siguiente punto en tu agenda.
Y todo lo que no se pueda tachar de la lista es una pérdida de tiempo.
Cada vez que mi hija me desviaba de mi horario, me decía a mí misma: "No tenemos tiempo para esto".
Así que las dos palabras que más usaba con mi pequeña amante de la vida eran: "Date prisa".
Empezaba mis frases con esas dos palabras.

 

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Date prisa, vamos a llegar tarde.
Y las terminaba igual.
Nos lo vamos a perder todo si no te das prisa.
Comenzaba el día así.
Date prisa y cómete el desayuno.
Date prisa y vístete.
Terminaba el día de la misma forma.
Date prisa y lávate los dientes.
Date prisa y métete en la cama.

Y aunque las palabras "date prisa" conseguían poco o nada para aumentar la velocidad de mi hija, las pronunciaba igualmente.
Tal vez incluso más que las palabras "te quiero".
La verdad duele, pero la verdad cura... y me acerca a la madre que quiero ser.
Entonces, un día trascendental, las cosas cambiaron.
Habíamos recogido a mi hija mayor del colegio y estábamos saliendo del coche.
Como no iba lo suficientemente deprisa para su gusto, mi hija mayor le dijo a su hermana pequeña: "Eres muy lenta".
Y cuando se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro exasperado, me vi a mí misma, la visión fue desgarradora.
Yo era una matona que empujaba, presionaba y acosaba a una niña pequeña que sólo quería disfrutar de la vida.
Se me abrieron los ojos, vi con claridad el daño que mi existencia apresurada infligía a mis dos hijas.
Aunque me temblaba la voz, miré a los ojos de mi hija pequeña y le dije: "Siento mucho haberte metido prisa. Me encanta que te tomes tu tiempo, y me gustaría ser más como tú".

Mis dos hijas me miraban igualmente sorprendidas, pero la cara de mi hija menor tenía un brillo inconfundible de validación y aceptación.
"Prometo ser más paciente a partir de ahora", dije mientras abrazaba a mi pequeña, que sonreía con la promesa de su madre.
Fue bastante fácil desterrar las palabras "date prisa" de mi vocabulario.
Lo que no fue tan fácil era conseguir la paciencia necesaria para esperar a mi tranquila hija.

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Para ayudarnos a las dos, empecé a darle un poco más de tiempo para prepararse si teníamos que ir a alguna parte.
Y a veces, incluso así, todavía llegábamos tarde.
En esos momentos me tranquilizaba pensar que solo llegaría tarde a los sitios unos pocos años, mientras ella fuese pequeña.
Cuando mi hija y yo íbamos a pasear o a la tienda, le dejaba marcar el ritmo.
Y cuando se paraba para admirar algo, intentaba quitarme la agenda de la cabeza para simplemente observar lo que hacía.
Vi expresiones en su cara que no había visto nunca antes.
Estudié los hoyuelos de sus manos y la forma en que sus ojos se arrugan cuando sonríe.
Vi cómo otras personas respondían cuando se paraba para hablar con ellos.
Observé cómo descubría insectos interesantes y flores bonitas.
Era una observadora, y aprendí rápidamente que los observadores del mundo son regalos raros y hermosos.

Ahí fue cuando por fin me di cuenta de que era un regalo para mi alma frenética.

Mi promesa de frenar es de hace casi tres años, y al mismo tiempo empezó mi viaje para dejar de lado la distracción diaria y atrapar lo que de verdad importa en la vida.
Vivir en un ritmo más lento todavía requiere un esfuerzo extra.
Mi hija pequeña es el vivo recuerdo de por qué tengo que seguir intentándolo. De hecho, el otro día, me lo volvió a recordar.
Habíamos salido a dar un paseo en bicicleta durante las vacaciones.
Después de comprarle un helado, se sentó en una mesa de picnic para admirar con deleite la torre de hielo que tenía en la mano.
De repente, una mirada de preocupación cruzó su rostro. "¿Tengo que darme prisa, mamá?"
Casi lloro. Tal vez las cicatrices de una vida acelerada no desaparecen por completo, pensé con tristeza.
Mientras mi hija me miraba esperando saber si podía tomarse su tiempo, supe que tenía otra opción. Podía sentarme allí y sufrir pensando en la cantidad de veces que le había metido prisa a mi hija en la vida... o podía celebrar el hecho de que hoy hago las cosas de forma diferente.
Elegí vivir el hoy.

"No tienes que darte prisa. Tómate tu tiempo", le dije tranquilamente.
Su rostro se iluminó al instante y se le relajaron los hombros.

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Y así estuvimos hablando de las cosas de las que hablan las niñas de seis años que tocan el ukelele. Incluso hubo momentos en que nos sentamos en silencio simplemente sonriendo la una a la otra y admirando las vistas y sonidos que nos rodeaban.
Pensé que mi hija se iba a comer todo el helado, pero cuando llegó al último pedazo, me pasó la cuchara con lo que quedaba de helado. "He guardado el último bocado para ti, mamá", me dijo con orgullo.
Mientras el manjar saciaba mi sed, me dí cuenta de que había hecho lo mejor de mi vida.


Le di a mi hija un poco de tiempo ... y a cambio, ella me dio su último sorbo de helado y me recordó que las cosas son más dulces y el amor llega con más facilidad cuando dejas de correr por la vida.

Ya se trate de ...


Tomarse un helado
Coger flores
Ponerse el cinturón de seguridad
Batir huevos
Buscar conchas en la playa
Ver mariquitas y otros insectos
Pasear por la calle

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No diré: "No tenemos tiempo para esto". Porque básicamente estaría diciendo: "No tenemos tiempo para vivir".


Hacer una pausa para deleitarse con los placeres simples de la vida es la única manera de vivir de verdad.
(Confía en mí, he aprendido de la mejor experta del mundo.)

Rachel Macy Stafford

 

https://www.huffpost.com/entry/the-day-i-stopped-saying-hurry-up_b_3624798

jueves, 4 de junio de 2020

Para aquellos de nosotros que queremos reducir la velocidad

Traducido con Amor desde… https://cladwell.com

A todos nos gustan los artículos sobre la desaceleración en Facebook, como si expresar nuestro asentimiento y aprobación de alguna manera se contagiara en nuestras vidas y creara las historias de ritmo lento que deseamos. Bueno, a medida que pasan los momentos, las horas y los días de nuestras vidas, no hay tiempo como el presente para aprender realmente cómo cultivar esta práctica. La mala noticia es que no será tan fácil como darle me gusta a un artículo en Facebook. Pero la buena noticia es que es posible crear nuevos hábitos en nuestras vidas a través de nuestros corazones, palabras y acciones.

Comienza pensando en lo que realmente amas.

En su libro Simplify , Josh Becker escribe que nuestras "acciones siguen a nuestro corazón". Escribe:

“Nuestras acciones siempre seguirán el verdadero deseo de nuestro corazón. Lo que nuestro corazón cree y ama siempre determina el camino de nuestra vida. Podemos enmascarar nuestras verdaderas necesidades solo por un corto tiempo. Sin un verdadero cambio de corazón, siempre volvemos al primer amor de nuestro corazón. "

¿Es realmente el momento para la familia y amigos y el descanso lo que valoramos? ¿Qué amamos? Porque si "desacelerar" no es el "verdadero deseo de nuestros corazones", entonces nuestras palabras, acciones y vidas equilibradas nunca le seguirán.

A continuación, crea un nuevo vocabulario:

Imagina un sábado perezoso pasado en casa con amigos o familiares, simplemente afuera, juntos o lanzando una pelota. Cuando un amigo pregunta: "¿Qué has estado haciendo este fin de semana?" Respondemos: "Oh, nada". ¿Nada? ¿De Verdad? Tomarte el tiempo para recargarte, para construir relaciones importantes, para disfrutar del hogar, la vida y los amigos que te han dado, ¿no es nada?

Pero, cuando hay un millón de cosas en la lista de cosas por hacer, respondemos diciendo: “Tenemos toneladas de cosas pendientes. Estoy muy ocupado."

Necesitamos un nuevo vocabulario.

Pasar un día disfrutando de lo que es importante para ti no es simplemente "pasar el tiempo", no es "nada". De hecho, es algo grandioso. Pero con nuestras palabras, estamos glorificando el estar ocupado. Entonces, ¿cómo podemos justificar la desaceleración si con nuestras palabras lo llamamos "nada"? ¿Por qué no afirmamos con nuestras palabras que el descanso es valioso? porque es en estos momentos lentos que hacemos una pausa, priorizamos y consideramos cuidadosamente cuál debería ser la forma de vivir nuestras vidas.

Debemos comenzar con nuestro vocabulario, que debe ser moldeado por lo que amamos. Si estos momentos de descanso y "pausa" son importantes para nosotros, entonces comencemos a hablar así. Deja de justificar y glorificar estar “ocupado”. En cambio, prioriza el descanso con tus palabras.

 

Finalmente, has una lista y toma medidas.

Ahora, aquí es donde llegamos a lo esencial:

  1. Has una lista de lo que es importante.

    Estas son las cosas que amas y valoras: las cosas que hacen la vida, "viva" para ti.
  2. Has una lista de lo que es urgente.

    Lo urgente son aquellas cosas que deben hacerse pero que no son necesariamente la prioridad. Puede ser las redes sociales, puede ser estar lavando los platos a la noche, puede ser el proyecto adicional en el trabajo.
  3. Prioriza lo importante y llena el resto del espacio con lo urgente.

    ¿Alguna vez has visto esa analogía de rocas y arena? Llena el frasco con las rocas (lo importante) y luego completa con la arena (lo urgente), y así es como todo encaja. Si primero llenas el frasco con arena, entonces las rocas nunca encajan completamente. Esto asegura que las cosas fundamentales siempre se conviertan en prioritarias y diarias. Esto asegura que lo que queda para el final del día no sea lo importante sino lo "urgente".
  4. Hazlo una y otra y otra vez. Hazlo un hábito.

Ahora, ¡comienza!

Siempre habrá platos para lavar. Siempre habrá plazos. Siempre estarán estas necesidades urgentes (que no podemos ignorar). ¿Pero estamos permitiendo que nuestras vidas giren alrededor de lo urgente en lugar de moldear intencionalmente nuestras vidas alrededor de lo importante? ¿Estamos dejando pasar el tiempo, ejecutando todas nuestras tareas urgentes y nunca disfrutando de los buenos y lentos momentos?

Disminuir la velocidad es una elección, una que comienza en nuestros corazones, nuestras palabras y nuestras acciones. Y si realmente amamos la forma de la vida lenta y priorizada, hagámoslo un hábito. Hoy. Porque la vida es demasiado corta para no disminuir la velocidad.

 Erin Flynn

https://cladwell.com/blog/2017/6/for-those-of-us-who-want-to-slow-down

 

domingo, 24 de mayo de 2020

La enfermedad de estar ocupado - por Omid Safi

Hace unos días me encontré con una buena amiga. Me detuve para preguntarle qué tal le iba y saber cómo estaba su familia. Puso los ojos en blanco, miró hacia arriba y en voz baja suspiró: “Estoy muy ocupada… muy ocupada… demasiadas cosas ahora mismo.”

Poco después, le pregunté a otro amigo y le pregunté qué tal estaba. De nuevo, con el mismo tono, la misma respuesta: “Estoy muy ocupado, tengo mucho que hacer.”

Se le notaba cansado, incluso exhausto.

Y no sólo nos pasa a los adultos. Cuando nos mudamos hace diez años, estábamos emocionados por cambiarnos a una ciudad con buenos colegios. Encontramos un buen vecindario con mucha diversidad de gente y muchas familias. Todo estaba bien.

Después de instalarnos, visitamos a uno de nuestros amables vecinos y les preguntamos si nuestras hijas podrían conocerse y jugar juntas. La madre, una persona realmente encantadora, cogió su teléfono y empezó a mirar la agenda. Pasó un rato deslizando la pantalla y al final dijo: “Tiene un hueco de 45 minutos en las próximas dos semanas. El resto del tiempo tiene gimnasia, piano y clases de canto. Está muy ocupada.”

Los hábitos destructivos empiezan pronto, muy pronto.

¿Cómo hemos terminado viviendo así? ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? ¿Por qué se lo hacemos a nuestros hijos? ¿Cuándo se nos olvidó que somos “seres” humanos y no “haceres” humanos?

¿Qué pasó con el mundo en el que los niños se ensuciaban con barro, lo ponían todo perdido y a veces se aburrían? ¿Tenemos que quererlos tanto como para sobrecargarlos de tareas y hacerles sentir tan estresados como nosotros?

¿Qué pasó con el mundo en el que podíamos sentarnos con la gente que más queremos y tener largas conversaciones sobre nosotros mismos, sin prisa por terminar?

¿Cómo hemos creado un mundo en el que tenemos más y más cosas que hacer con menos tiempo libre (en general), menos tiempo para reflexionar, menos tiempo para simplemente… ser?

Sócrates dijo: “Una vida sin examen, no merece ser vivida.”

 ¿Cómo se supone que podemos vivir, reflexionar, ser o convertirnos en humanos completos si estamos constantemente ocupados?

Esta enfermedad de estar “ocupado” es intrínsecamente destructiva para nuestra salud y bienestar. Debilita la capacidad de concentrarnos completamente en quienes más queremos y nos separa de convertirnos en el tipo de sociedad que tan desesperadamente clamamos.

Desde los años 50 hemos tenido tantas innovaciones tecnológicas que nos prometimos hacer nuestras vidas más fáciles, más rápidas, más sencillas. Aun así, hoy no tenemos más tiempo disponible que hace algunas décadas.

Para algunos de nosotros, “los privilegiados”, las líneas entre el trabajo y la vida personal desaparecen. Siempre estamos con algún aparato. Todo el tiempo.

Tener un smartphone o un ordenador portátil significa que deja de existir la división entre la oficina y nuestra casa. Cuando los niños se van a la cama, nosotros nos conectamos.

Una de mis rutinas diarias es revisar una avalancha de correos. Me suelo referir a esto como “mi yihad contra el correo”. Estoy constantemente enterrado bajo cientos y cientos de correos, y no tengo ni la más remota idea de cómo detenerlo. He intentado diferentes técnicas: respondiendo sólo por las mañanas, no respondiendo los fines de semana, diciéndole a la gente que nos comuniquemos cara a cara… Pero siguen llegando, en cantidades ingentes: correos personales, correos del trabajo, incluso híbridos. Y la gente espera una respuesta a esos correos. Ahora, resulta que quien está demasiado ocupado soy yo.

La realidad es muy diferente para otros. Para algunos, tener dos trabajos en sectores mal pagados es la única forma de mantener una familia a flote. El veinte por ciento de los niños de EE.UU. viven en la pobreza y muchos de sus padres trabajan por salarios mínimos para poner un techo sobre sus cabezas y algo de comida en la mesa. También están muy ocupados.

Los viejos modelos (incluyendo el del núcleo familiar sólo con un padre trabajando, si es que tal cosa alguna vez existió) ha pasado de largo para muchos de nosotros. Sabemos que existe una mayoría de familias en las que la unidad familiar está separada o con ambos padres trabajando. Y no funciona.

No tiene que ser así.

En muchas culturas musulmanas, cuando quieres preguntarle a alguien qué tal le va, dices: en árabe, ¿Kayf haal-ik? o, en persa, ¿Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?

¿Qué es ese haal por el que preguntas? Es una palabra para preguntar por el estado transitorio del corazón de uno. En realidad preguntamos “¿Cómo está tu corazón en este momento exacto, en este mismo suspiro? Cuando nosotros preguntamos “¿Qué tal estás?”, esto es exactamente lo que queremos saber de la otra persona.

No pregunto cuántas cosas tienes por hacer, no pregunto cuántos correos tienes pendientes de leer. Quiero saber cómo estás en este preciso momento. Cuéntame. Dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre ambos.

Dime que recuerdas que sigues siendo un ser humano, no sólo un “hacer” humano. Dime que eres algo más que una máquina completando tareas. Ten esa charla, ese contacto. Ten una conversación sanadora, aquí y ahora.

Pon tu mano en mi hombro, mírame a los ojos y conecta conmigo por un segundo. Cuéntame algo sobre tu corazón y despierta al mío. Ayúdame a recordar que yo también soy un ser humano pleno que necesita contacto con otros humanos.

Enseño en una universidad en la que hay muchos estudiantes orgullosos de si mismos con el estilo de vida “estudiar mucho, desfasar mucho”. Esto probablemente podría ser un reflejo de buena parte de nuestro estilo de vida.

No tengo soluciones mágicas. Lo único que sé es que estamos perdiendo la capacidad de vivir una vida plena.

Necesitamos una relación diferente con el trabajo y la tecnología. Sabemos lo que queremos: una vida con significado, sentido de humanidad y una existencia justa. No es sólo tener cosas. Queremos ser completamente humanos.

W. B. Yeats escribió una vez:

“Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propia alma que para luchar en un campo de batalla.”

 ¿Cómo se supone que vamos a examinar los rincones oscuros de nuestra alma si no tenemos tiempo? ¿Cómo podremos vivir una vida sujeta a examen?

Siempre soy prisionero de la esperanza, pero me pregunto si estamos dispuestos a reflexionar sobre cómo hacerlo y sobre cómo vivir de otra manera. De alguna forma, necesitamos un modelo diferente de reorganización individual, social, familiar y humanitario.

Quiero que mis hijos se ensucien, que lo ensucien todo y que incluso se aburran. Quiero que tengamos un tipo de existencia en el que podamos detenernos por un momento, mirar a otras personas a los ojos, tocarnos y preguntarnos mutuamente ¿cómo está tu corazón?. Me estoy tomando tiempo para reflexionar sobre mi propia existencia; estoy lo suficientemente en contacto con mi propio corazón y alma para saber cómo me siento y para saber cómo expresarlo.

¿Cómo está tu corazón hoy?

Déjame insistir en un tipo de conexión humano-a-humano en la que cuando uno de nosotros responda “Estoy muy ocupado”, podamos responder “Lo sé. Todos lo estamos. Pero quiero saber cómo está tu corazón.”

 

Artículo original por Omid Safi

 

Omid Safi es un profesor estadounidense de Estudios de Asia y Oriente Medio en la Universidad de Duke, donde es el Director del Centro de Estudios Islámicos de Duke y columnista de On Being. El Dr. Safi se especializa en el misticismo islámico, el pensamiento islámico contemporáneo y la historia islámica medieval.

Omid Safi es un profesor iraní-estadounidense  en la Universidad de Duke , donde es el Director de Estudios Islámicos Duke Center , y un columnista de El Ser . El Dr. Safi se especializa en  mística islámica (sufismo) , el pensamiento islámico contemporáneo y la historia islámica medieval.