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sábado, 15 de abril de 2023

Los 4 pasos para la expresión de la ira


 



Culpar, gritar o golpear a alguien, son maneras de expresar nuestra ira. Sin embargo, es un modo muy superficial de manifestar lo que nos ocurre por dentro. ¿Habría una manera más plena de expresar nuestra ira? La CNV (Comunicación No Violenta), al contrario de lo que pudiera parecer, no nos propone reprimirla sino todo lo contrario, nos incita a expresarla de una manera plena. ¿ Os apetece saber cómo?

Lo primero que es útil conocer es la diferencia entre estímulo y causa. Las circunstancias, las personas y sus comportamientos pueden ser estímulos para que nosotros sintamos ira pero en ningún caso podemos decir que son la causa. Es decir, que el primer paso para poder expresar de un modo pleno la ira es reconocer nuestra responsabilidad sobre ella. Este planteamiento puede sonar un poco provocativo, pero en realidad no lo es. Mirémoslo a través de un ejemplo.

Supongamos que circulo por la carretera y en mi camino me encuentro un vehículo que circula bastante por debajo de la velocidad que yo acostumbro a circular. Trato de adelantarlo, pero en ese momento pasan vehículos en dirección contraria, lo cual impide la maniobra. ¿Qué es lo que me pasa? Pues que me enfado porque no puedo adelantar y el de delante va muy lento. ¿Acaso podría reaccionar de otro modo?

En este ejemplo está claro que el estímulo es el vehículo que circula lentamente, sin embargo, no puedo decir que sea la causa de mi enfado. ¿Porqué? La razón es que ha habido ocasiones en que, ante este mismo estímulo, he respondido de otra forma. Si ello fuera la causa, la respuesta SIEMPRE sería la misma, ¿no? El factor diferencial, lo que convierte el factor externo en un estímulo y no en una causa está en NOSOTROS. La pregunta que se nos plantea ahora es: ¿Qué es lo que hace que, ante una misma respuesta, respondamos de forma distinta?

Pues, aunque no seamos conscientes de ello, la causa de la ira radica en la manera en cómo nosotros pensamos. En palabras de M. Rosemberg “La ira surge cuando nos enfadamos y buscamos culpables; es decir, cuando optamos por hacer el papel de Dios y juzgar o culpar a otra persona por haberse equivocado o haber hecho algo que merece castigo.” Para ilustrarlo seguiremos con el mismo ejemplo anterior.

¿Qué es lo que pienso cuando me encuentro un vehículo circulando lentamente? El diálogo interno podría ser el siguiente: “Vaya, ya me ha tocado un lento. Qué mala suerte que tengo. Mira que podría ir un poco más rápido.! ¡Pero si va pisando huevos! !!¡¡Qué patata de conductor, Arjjjjjj!!”

Como pueden apreciar, este diálogo está lleno de juicios sobre el comportamiento de la otra persona. Observen que hay juicios sobre “cómo se debería” comportar esa persona. Como no lo hace, me enfado, no se comporta conforme “lo correcto”. Y esa vara de medir sobre lo correcto soy yo. Sin embargo, si hubiera pensado, por ejemplo, “Quizás haya una persona que está perdida o está buscando alguna cosa, si la presiono aún se sentirá más agobiada, y a mí no me gustaría que me lo hicieran…” entonces seguro que no sentiría enfado. Como ven, depende de lo que piense en ese momento, sentiré una cosa u otra. Por eso el comportamiento de los otros no es la causa de lo que sentimos, aunque pueda ser un estímulo.

Intención positiva de la ira.

Sin embargo, la ira busca algo bueno para nosotros. Lo que persigue es que nos demos cuenta que hay una necesidad que es muy importante y valiosa para nosotros y que no se está viendo satisfecha. Por lo tanto, hay que aprovechar ese mensaje que nos está queriendo enviar. Es algo parecido al comportamiento de un niño pequeño cuando hace una rabieta. Puede ser muy molesto, pero es muy probable que lo que en realidad busque es llamar la atención y no sepa hacerlo de otra forma. Mi reacción será muy diferente si pienso “Otra vez otra rabieta, lo hace para fastidiarme” que si pienso “quiere llamarme la atención y no sabe otra manera de hacerlo “. No queremos entrar si un juicio está más fundamentado que otro. Simplemente quiero haceros notar que, ante un mismo hecho, pensar una u otra cosa nos hace actuar de formas muy diferentes.

Por lo tanto, no se trata pues, de hacer desaparecer la ira, porque con ella nos perderíamos ese mensaje tan importante que nos quiere enviar. Sin embargo, eso no significa que nos debamos dejar llevar por ella. Escuchemos qué nos está tratando de decir la ira: ¿Qué necesidad importante y valiosa para nosotros no se está cumpliendo?

Los 4 pasos para expresar la ira.

Con todo lo que ya sabemos os paso a describir los pasos a seguir en el proceso que lleva a manifestar plenamente la ira.

1.- Detenerse y respirar profundamente. Esta es quizás la parte que a mí me resulta más difícil porque no hay que hacer nada. Sólo parar y respirar.

2.- Tomar conciencia de los pensamientos que nos asaltan en estos momentos. Una vez que hemos conseguido parar y respirar lo que toca es reconocer lo que estamos pensando. Como ya hemos visto antes, es muy probable que haya pensamientos de culpa y de castigo hacia alguien. Y también hemos visto que todos los juicios son en realidad formas de expresar necesidades no satisfechas

3. Transformar los juicios en necesidades y sentimientos. En esta fase se trata de pasar el foco que está mirando a los demás (ellos son culpables o causantes de lo que nos pasa) y centrarnos en nosotros: ¿qué es lo que estoy sintiendo y cuáles son las necesidades insatisfechas? En definitiva, qué es lo que me pasa a mí respecto a lo que está pasando. Tal y como nos recomienda M. Rosemberg en su libro “Comunicación no violenta, un lenguaje de vida” resulta muy útil transformar la frase “Estoy enfadado porque ellos…” por la frase” Estoy enfadado porque necesito …”.

4. Conectar con las necesidades y sentimientos de la otra persona. Si queremos que los demás empaticen con nosotros es necesario que antes seamos empáticos con ellos. Esta fase puede llegar a ser difícil porque lo que queremos seguramente es que nos den empatía. Sin embargo, en este tipo de cosas, si queremos algo y queremos ser efectivos lo que hay que hacer es precisamente lo contrario de lo que parece normal. Cuanto más empaticemos con la persona que ha actuado de una manera que no ha satisfecho nuestras necesidades, más probable es que entonces el empatice con las nuestras.

5.- Expresar nuestros sentimientos y necesidades no satisfechas. Ahora ya hemos conectado con la otra persona y sabemos lo que necesitamos por lo que podemos hacer una petición encaminada a satisfacer la necesidad que sea lo más concreta posible y que se pueda realizar en el momento presente. Si hemos escuchado antes a la otra parte entonces la otra parte será receptiva en tratar de encontrar una estrategia que sea adecuada para los dos.

Seamos pacientes con nosotros mismos.

Para finalizar deciros que este proceso no es sencillo, pero no por ello debemos renunciar a él. Lo que es importante es no hacerlo perfecto sino hacerlo un poco mejor cada vez. Sólo con eso ya avanzamos hacia una manera diferente de expresar de una manera plena nuestra ira.

Ánimo, desde luego es algo que vale la pena por nosotros mismos y para hacer nuestro mundo un poquito mejor.

Francesc Bonada

http://rumbointerior.com/los-4-pasos-para-la-expresion-de-la-ira/

domingo, 2 de octubre de 2022

20 cosas que hacer cuando te sientes enojado con alguien - Lori Deschene

 




“Si eres paciente en un momento de ira, escaparás de cien días de tristeza”. ~proverbio chino

 

 

Recientemente, alguien me contactó con una solicitud que no pude cumplir. Después de que le comuniqué eso, hizo un juicio general sobre mis intenciones y mi carácter, y terminó su correo electrónico con "Buda estaría horrorizado".

Por irónico que parezca, me sentí enojado.

Me sentí enojado porque siempre me ha costado decir que no, y este era exactamente el tipo de encuentro incómodo que generalmente trato de evitar.

Me enojé porque me sentí incomprendida y juzgada, y quería que él se diera cuenta de que se había equivocado conmigo.

Me enojé porque asumí que tenía la intención de lastimarme, y no sentí que me lo mereciera.

Terminé respondiendo a su correo electrónico con bastante rapidez y un poco a la defensiva, aunque con moderación. Después de presionar enviar, me sentí un poco enojada conmigo misma por dejar que esto me molestara. Entonces me di cuenta de que este era un ejercicio maravilloso para aprender a lidiar con la ira.

Es inevitable que vuelva a sentirme así, y muchas veces, con personas que conozco bien y quiero. Todos lo haremos. Todos tendremos muchos malentendidos y molestias, y muchas oportunidades para practicar cómo responder al enojo con calma y de manera productiva.

Si somos conscientes, podemos usar estas situaciones para mejorarnos a nosotros mismos y a nuestras relaciones.

Con esto en mente, preparé esta guía para lidiar con la ira:

SIÉNTATE CON TU IRA

1. Permítete sentirte enojado.

Puedes pensar que necesitas cubrir los “sentimientos negativos” con sentimientos positivos, que no tienes derecho a sentir lo que necesites sentir. Todos lo tenemos.

2. Haz una elección consciente de sentarte con el sentimiento.

A menudo, cuando estoy enojada, siento la necesidad de actuar en consecuencia, pero luego, por lo general, desearía haber esperado. Decide que no vas a hacer nada hasta que la sensación ya no te controle.

3. Siente la ira en tu cuerpo.

¿Tu cuello está tenso? ¿Te arde el pecho? ¿Se te aprieta la garganta? ¿Te tiemblan las piernas? Reconoce las sensaciones en tu cuerpo y respira en esas áreas para despejar los bloqueos que te mantienen atascado.

4. Ve esto como un ejercicio para calmarte a ti mismo.

Puedes acelerarte todo, guisarte en la rectitud y repasar mentalmente todas las formas en que fuiste agraviado. O puedes conducirte a ti mismo de una rabia amarga a un lugar de calma interior. Al final, somos los únicos responsables de nuestros estados mentales, por lo que esta es una gran oportunidad para practicar la regulación emocional.

5. Comprométete a actuar sin buscar retribución.

Decide que no estás buscando desquitarte o recuperar una sensación de poder. Estás buscando abordar la situación y comunicar tus pensamientos al respecto con claridad.

EXPLORA TU IRA

6. Controla tu estado de ánimo antes del incidente.

¿Ya estabas teniendo un mal día ? ¿Ya te sentías molesto o irritado? Podría ser que las acciones de alguien fueran la gota que colmó el vaso, pero no totalmente responsables de crear estos sentimientos.

7. Pregúntate: ¿Por qué me molesta tanto esto?

¿Es realmente lo que hizo otra persona o te sientes enojado por lo que interpretas que significan sus acciones? (Por ejemplo, puedes pensar que si tu novio no aparece significa que no te respeta, cuando puede tener una explicación válida).

8. Realiza un inventario de proyección.

Si estás enojado con alguien por hacer algo que ha hecho muchas veces antes, tus sentimientos pueden magnificarse al ver un comportamiento propio del que no estás orgulloso. Busca todas las áreas en las que puedas estar proyectando tus propios rasgos en otra persona para acercarte a la raíz de tus sentimientos.

9. Escribe un diario al respecto.

Coge tu bolígrafo y revísalo paso a paso. ¿Qué hizo la otra persona? ¿Está asumiendo intenciones negativas de su parte? ¿Han hecho esto antes? ¿Cómo te sientes además de enojado? ¿Te sientes inseguro, frustrado o confundido? Sácalo todo.

10. Ponlo en una carta.

Ahora que sabes más claramente qué papel jugó la otra persona en tu ira y qué parte tiene más que ver contigo, escríbele una carta. Puedes enviar esta carta, o puedes terminar quemándola. Esto es para ayudarte a aclarar qué es exactamente lo que te gustaría que esa persona supiera, entendiera o cambiara.

RESPONDE SIN IRA

11. Ahora que tienes claro el papel que jugó en tu ira, inicia una conversación verbal sobre lo que te molestaba.

También puedes enviar la carta que escribiste, pero será más fácil aclarar las partes que la otra persona no entiende si tienes un intercambio directo de ida y vuelta.

12. Usa un lenguaje de “me siento”.

Entonces, en lugar de decir: "No apareciste, así que obviamente no te importo", di: "Cuando te olvidas de las cosas que son importantes para mí, me siento herido". De esta manera, no estás asumiendo que la otra persona tenía la intención de hacerte sentir mal, solo estás explicando cómo te hace sentir para que puedan entender cómo te afectan sus acciones.

13. Resiste la tentación de descargar todas tus quejas no expresadas.

A veces, una molestia puede abrir las compuertas a una larga lista de quejas, pero nadie responde bien a un aluvión de críticas. Cíñete al tema en cuestión y aborda las otras cosas en otro momento.

14. Mantente abierto a la perspectiva de la otra persona.

Es posible que ellos también se sientan enojados y piensen que tú eres el que está equivocado. También es posible que no haya un bien o un mal, sino dos personas que ven las cosas de manera diferente y necesitan ver el punto de vista del otro.

15. Concéntrate en crear una solución.

Si tu objetivo es hacer que la otra persona admita que está equivocada, probablemente termines en una lucha de poder. Concéntrese en cambio en lo que te gustaría cambiar en el futuro; por ejemplo, apreciarías que tu amigo fuera directo a ti la próxima vez en lugar de quejarse a tus espaldas. Puede ayudar a facilitar esto asumiendo cierta responsabilidad: escuchará si te acercas en lugar de emocionarte.

APRENDE DE TU IRA

16. Aprende lo que valoras.

Esta situación te enseñó algo útil sobre lo que valoras en las personas con las que eliges ser amigo, tal vez la franqueza, la humildad o la lealtad. Esto te ayudará a decidir con qué personas podrías querer pasar más o menos tiempo en el futuro.

17. Aprende lo que necesitas.

Puede ser algo que necesites para mejorar tu relación, o puede ser que necesites terminar una relación porque sabes que no te sirve. Aprende...

18. Aprende a comunicarte con claridad.

Esta experiencia fue un ejercicio para expresarse de la mejor manera para ser escuchado y comprendido. Definitivamente habrá más situaciones como esta en el futuro, por lo que esta es una buena práctica para los malentendidos y las luchas por venir.

19. Aprende cómo puede mejorar su respuesta al enojo en el futuro.

Tal vez reaccionaste demasiado rápido, así que ahora has aprendido a poner más espacio entre tus sentimientos y tu respuesta. Tal vez te pusiste a la defensiva y la otra persona se calló, así que has aprendido a ser menos acusador en el futuro.

20. Aprende qué harás diferente en el futuro.

Probablemente te diste cuenta en algún lugar a lo largo de este viaje que desempeñaste algún papel en la situación. Muy rara vez es en blanco y negro. Una vez que seas dueño de tu parte, ahora puedes usar ese conocimiento para crear relaciones más pacíficas en el futuro.

Y, por último, perdona. Muy pocos de nosotros llegamos al final de nuestras vidas y decimos: "Ojalá me quedara enojado por más tiempo". Generalmente decimos algo de los siguiente:

Te amo. Te perdono. Lo siento.

Si es probable que eso sea lo que sentirás cuando te des cuenta de que se te acaba el tiempo, ¿por qué no expresarlo ahora, mientras aún puedes disfrutar de la paz que te dará?

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Lori Deschene es la fundadora de Tiny Buddha. También es autora de Tiny Buddha's Gratitude Journal , Tiny Buddha's Worry Journal y  Tiny Buddha's Inner Strength Journal. 

https://tinybuddha.com/blog/20-things-to-do-when-youre-feeling-angry-with-someone/

 

 

martes, 20 de septiembre de 2022

El enojo que no daña

 


Por Graciela Figueroa*

El enojo es, en esencia, un plus de energía. Un recurso destinado a aumentar nuestros recursos para resolver la situación que nos enojó. Sin embargo, esta emoción ha quedado asociada a su faceta más tóxica y destructiva: agraviar, reprochar y descalificar. Claro que enojarse y pelear no es lo mismo. Pelear es entrar en batalla. Enojarse es la expresión de un intenso desacuerdo. Por ello es tan importante aprender a expresarlo y a transformar el enojo que destruye en un enojo que resuelve sin dañar a los otros ni a nosotros mismos.

El enojo puede orientarse hacia el castigo al otro para hacerlo sufrir por lo que hizo, o hacia la resolución de aquello que nos enojó. Esta emoción no es esencialmente violenta o destructiva, pero nuestra expresión del enojo o nuestra reacción hacia él sí pueden serlo.

 

«Pelear es entrar en batalla. Enojarse es la expresión de un intenso desacuerdo. Por ello es tan importante aprender a expresarlo».

Voy a enfocar un aspecto: el enojo que se expresa como autoafirmación respetuosa y amorosa. Sí, el amor puede impulsar al enojo (igual que cuando una mamá pone un límite o corrige una imprudencia de su hijo). Esa condición se manifiesta en aquellos enojos respetuosos, firmes, plenos de sentido y fuerza amorosa.

¿Cómo enojarnos así?

Es un camino de aprendizaje personal y también colectivo. Y, si bien no hay recetas mágicas, algunas inefables certezas nos alientan a salir de la conducta automática y crear nuevas y fecundas respuestas a los desencuentros con el otro y con uno mismo.

Volvamos al principio: nos enojamos cuando experimentamos una intensa frustración o desacuerdo.

Las escenas pueden ser muy diversas: el vecino hizo una obra en su casa y la pared de mi living muestra una rajadura… Mi marido nuevamente olvidó traer el vino que le pedí para la comida de esta noche y recibimos invitados… Podemos reflexionar acerca de por qué nos enojamos, las creencias que nos impulsan, las diferentes reacciones que el otro tiene, o las ocasiones en que nos enojamos con nosotros mismos… Estos temas, tal vez los compartamos, en otra ocasión.

Aprender a transformar el enojo

Hoy quiero sugerirles observar lo siguiente: si evocan alguna situación en la que se enojaron y centran la atención en ustedes, ¿están de acuerdo con haber actuado así? Tal vez me respondan que les habría gustado ser más directos, no gritar ni agraviar, expresarse con firmeza y claridad sin desbordarse.

Más allá del motivo o de la relación que tienen con quien se enojaron, incluso de lo que esperan que el otro haga, observen qué hacen y qué dicen cuando están enojados. Es muy común, incluso, que algunas personas no expresen su enojo en absoluto, con el consecuente malestar interno que ello causa.

No expresar el enojo también nos daña e indirectamente afecta a nuestros vínculos.


     


Expresarlo con juicios y agravios también. Un ejemplo: “¡Vos siempre igual! Te pedí que compraras el vino y otra vez te olvidaste… ¡No se te puede pedir nada, parece que lo hicieras a propósito! «. Frente a eso, siempre hay otra respuesta posible: “¡Qué frustración! Estoy enojada porque no trajiste el vino y acordamos que ibas a comprarlo vos. Te pido que por favor lo compres. Ahora necesito calmarme y me va a ayudar que lo resuelvas. ¿Podrías hacerlo?”.

Hay infinitas posibilidades para transitar la expresión del enojo. ¿Cuál es la tuya? ¿Cuál sería su manifestación amorosa?

En el libro La Sabiduría de las Emociones, del doctor Norberto Levy (maravilloso libro que les recomiendo), describe cuatro componentes de esta emoción. Repaso brevemente uno de ellos: comunicarle al otro el impacto que produjo en mí su acción. Es decir, poner en palabras qué actitud me enojó y cómo me sentí al respecto. Muchas personas creen que manifestarlo es señal de debilidad. “No voy a darle el gusto de hacerle saber cuánto me afectó lo que hizo…”. Sin embargo, cuando lo expresamos nos autoafirmamos, fortalecemos y nos integramos. Hablar de eso no significa que no estemos enojados, o que la situación se haya resuelto, sino que ya nos encontramos en mejores condiciones para proporcionar lo que ocurrió y comunicarlo.

 

«Expresar los sentimientos o la causa de del enojo no requiere ni agraviar ni reprochar ni descalificar al otro. Aprenderlo es el arte del respeto».

Es importante destacar también que expresar los sentimientos o la causa de del enojo no requiere ni agraviar ni reprochar ni descalificar al otro. Aprenderlo es el arte del respeto.

Otro componente, y tal vez el más relevante para facilitar el enojo amoroso, es hacernos la siguiente pregunta: «¿Realicé alguna propuesta que permita reparar lo reparable (si esto es posible) o evitar que vuelva a ocurrir en el futuro?«. No olvidemos que existe un desacuerdo y que es necesario que nos enfoquemos en resolverlo. Los enojos destructivos se orientan a hacer sufrir al otro: dar un portazo, bloquear, insultar, descalificar o reprochar… y esto solo agrava más la situación y deteriora los vínculos.

Vincularnos amorosamente no depende tanto de no enojarnos como de permanecer en contacto con la trama de afecto y respeto hacia nosotros y hacia los demás. En el interior de todo enojo se acurruca el dolor por el amor que creemos perdido y el anhelo de recuperarlo. Las propuestas para resolver cualquier desencuentro son expresiones de ese amor, semillas de fertilidad en los vínculos, caminos que aspiran a llegar a buen puerto, manos tendidas hacia el encuentro.

 

Graciela Figueroa es Counselor. Especialista en Emociones y Diálogos Interiores. Formadora en Auto asistencia Psicológica. 


https://www.sophiaonline.com.ar/el-enojo-que-no-dana/

martes, 12 de octubre de 2021

La eliminación de la ira y El demonio devorador de Ira - Ven. K. Piyatissa Thera

Traducido con Amor desde… https://www.accesstoinsight.org

No es de extrañar que, a veces, en nuestra vida cotidiana, nos sintamos enojados con alguien por algo. Pero no debemos permitir que este sentimiento resida en nuestra mente. Deberíamos intentar frenarlo en el mismo momento en que ha surgido. Generalmente hay formas de frenar o controlar nuestro enojo.

El primer método consiste en recordar las enseñanzas del Buda. En muchas ocasiones, el Buda explicó las desventajas de un temperamento enojado. Aquí está una de sus advertencias:

Como un tronco de una pira, quemado por ambos extremos y sucio no sirve ni para leña en el pueblo ni para madera en el bosque, así es un hombre iracundo.

No hable con dureza a nadie. Aquellos a quienes se les habla con dureza pueden tomar represalias contra usted. Las palabras de enojo hieren los sentimientos de los demás, incluso los golpes pueden alcanzarlo a cambio.

La tolerancia es la máxima observancia. La paciencia es la virtud suprema. Eso dicen los Budas.

Deja que un hombre elimine su ira. Deja que saque su orgullo. Que supere todos los grilletes de las pasiones. Ningún sufrimiento se apodera de aquel que no se aferra a la mente y al cuerpo ni reclama nada del mundo.

Conquista el enojo sin enojo. Conquista el mal con el bien. Conquista la avaricia con la liberalidad. Conquista al mentiroso con la veracidad.

Proteja su mente contra un estallido de sentimientos erróneos. Mantenga su mente controlada. Renunciando a los malos pensamientos, desarrolle la pureza de la mente.

 

Cuando nos sentimos enojados con cualquier persona, debemos tratar de encontrar algo bueno en él, ya sea en su forma de pensar, o en su forma de hablar o en su forma de actuar. Si encontramos alguna cualidad redentora en él, debemos ponderar su valor e ignorar sus malas cualidades como debilidades naturales que se encuentran en todos. Mientras pensamos así, nuestra mente se ablandará e incluso podemos sentirnos amables con esa persona. Si desarrollamos esta forma de pensar seremos capaces de frenar o eliminar nuestra ira hacia él.

A veces, este método puede no tener éxito y entonces tendremos que probar el tercer método. Básicamente, esto implica reflexionar así:

"Él me ha hecho algo malo y al hacerlo ha echado a perder su mente. Entonces, ¿por qué debería estropear o dañar mi propia mente debido a su tontería? "Él ha hecho eso mal, al estar sujeto a la ira, ¿debería yo también seguirlo, haciendo que mi mente esté sujeta a la ira?

Todas las cosas son momentáneas. Tanto su mente como su cuerpo también lo son. Los pensamientos y el cuerpo con los que se me hizo mal ya no existen. ¿Con quién me estoy enojando? ¿Con pensamientos y partes físicas desaparecidos?

El llamado 'yo' no es el mismo durante dos momentos consecutivos. En el momento en que se cometió el error, había otro pensamiento y otra masa de moléculas que se consideraron como 'yo', mientras que las que se consideran 'yo' en el momento presente son un pensamiento diferente y una colección de moléculas, aunque pertenecientes al mismo proceso. Así, algún otro ser hizo mal a otro y otro se enoja con otro. ¿No es esta una situación ridícula?

Si escudriñamos la naturaleza exacta de nuestra vida y sus sucesos de esta manera, nuestra ira podría disminuir o desaparecer en ese momento.

También hay otra forma de eliminar el aumento de la ira. Supongamos que pensamos en alguien que nos ha hecho mal. En tales ocasiones, debemos recordar que sufrimos daños o pérdidas como resultado de nuestra carga pasada. Incluso si otros estuvieran enojados con nosotros, no podrían dañarnos si no hubiera una fuerza latente del pasado, algo cometido por nosotros que aprovechó esta oportunidad para despertar a nuestro adversario. Así que soy yo el responsable de este daño o pérdida y nadie más. 

Por lo tanto, de todas las formas posibles y similares debemos esforzarnos por apagar nuestra ira y, por fin, poder extender nuestra bondad amorosa hacia todos y cada uno de los seres del mundo.

Cuando seamos capaces de frenar nuestro enojo y controlar nuestra mente, debemos extender desde nosotros mismos el amor ilimitado hasta donde podamos imaginar en todas las direcciones impregnando y tocando a todos los seres vivientes con bondad amorosa. Debemos practicar esta meditación todos los días. Como resultado de esta práctica, seremos capaces, un día, de atraer serenidad. y tranquilidad.

La Historia del demonio devorador de ira

Una vez vivía un demonio que tenía una dieta peculiar: se alimentaba de la ira de los demás. Y como su lugar de alimentación era el mundo humano, no le faltaba comida. Le resultó bastante fácil provocar una disputa familiar o el odio nacional y racial. Incluso provocar una guerra no le resultó muy difícil. Y cada vez que lograba provocar una guerra, podía atiborrarse adecuadamente sin mucho esfuerzo adicional; porque una vez que comienza una guerra, el odio se multiplica por su propio impulso y afecta incluso a personas normalmente amistosas. Así que el suministro de alimentos del demonio se volvió tan rico que a veces tuvo que contenerse de comer en exceso, contento con mordisquear solo un pequeño trozo de resentimiento que se encontraba cerca.

Pero, como suele suceder con las personas de éxito, se volvió bastante autoritario y un día, al sentirse aburrido, pensó: "¿No debería intentarlo con los dioses?" Reflexionando, eligió el Cielo de las Treinta y tres Deidades, gobernado por Sakka, Señor de los Dioses. Sabía que solo unos pocos de estos dioses habían eliminado por completo las cadenas de la mala voluntad y la aversión, aunque estaban muy por encima de las peleas mezquinas y egoístas. Entonces, por poder mágico, se transfirió a ese reino celestial y tuvo la suerte de llegar en un momento en que Sakka, el Rey Divino, estaba ausente. 

No había ninguno en la gran sala de audiencias y, sin mucho preámbulo, el demonio se sentó en el trono vacío de Sakka, esperando en silencio a que sucedieran las cosas, que esperaba que le dieran un buen alimento. Pronto algunos de los dioses llegaron al salón y primero apenas podían creer lo que veían sus propios ojos divinos cuando vieron a ese feo demonio sentado en el trono, en cuclillas y sonriendo. Habiéndose recuperado de su conmoción, comenzaron a gritar y a lamentarse: "Oh, demonio feo, ¿cómo puedes atreverte a sentarte en el trono de nuestro Señor? ¡Qué descaro total! ¡Qué crimen! ¡En un caldero hirviendo! ¡Deberías ser descuartizado vivo! ¡Vete! ¡Vete!

Pero mientras los dioses se enojaban cada vez más, el demonio estaba bastante complacido porque de momento a momento crecía en tamaño, en fuerza y ​​en poder. La ira que absorbió en su sistema comenzó a rezumar de su cuerpo como una neblina humeante de color rojo brillante. Esta aura maligna mantuvo a los dioses a distancia y su resplandor se atenuó.

De repente, un resplandor brillante apareció en el otro extremo del pasillo y se convirtió en una luz deslumbrante de la que emergió Sakka, el Rey de los Dioses. Aquel que había entrado con firmeza en la corriente indefible que conduce a las salas de Nibbana, no se inmutó por lo que vio. La cortina de humo creada por la ira de los dioses se abrió cuando se acercó lenta y cortésmente al usurpador de su trono. "¡Bienvenido, amigo! Por favor, quédate sentado. Puedo tomar otra silla. ¿Puedo ofrecerte el trago de la hospitalidad? Nuestro Amrita no está mal este año. ¿O prefiere un brebaje más fuerte?"

Mientras Sakka decía estas amistosas palabras, el demonio rápidamente se redujo a un tamaño diminuto y finalmente desapareció, dejando un rastro de humo maloliente que también pronto se disolvió.

- Basado en Samyutta Nikaya, Sakka Samyutta, No. 22

 

La esencia de esta historia se remonta a los discursos de Buda. Pero incluso ahora, más de 2500 años después, nuestro mundo parece como si grandes hordas de Demonios devoradores de ira lo acecharan y se mantuvieran bien alimentados por millones de esclavos para ellos en toda la tierra. Los fuegos del odio y las olas de violencia que se propagan por todo el mundo amenazan con hundir a la humanidad. También las bases de la sociedad están envenenadas por el conflicto y la discordia, que se manifiesta en pensamientos y palabras airados y en hechos violentos. ¿No es hora de poner fin a esta esclavitud autodestructiva del hombre a sus impulsos de odio y agresión que sólo sirven a sus propios demonios? Nuestra historia cuenta cómo estos demonios del odio pueden ser exorcizados por el poder de la dulzura y el amor. Si este poder del amor puede ser probado en la red ampliamente extendida de relaciones personales, la sociedad en general, el mundo en general depondría la ira y la violencia.

 

 Ven. K. Piyatissa Thera

 

https://www.accesstoinsight.org/lib/authors/piyatissa/bl068.html

 

6 señales de que la ira reprimida está retrasando tu curación (y una solución de 4 pasos) - Sharin Shaik

Traducido con Amor desde...https://www.elephantjournal.com

 

¿Cuándo fue la última vez que te enojaste mucho?

¿Qué es lo que te enoja ?

¿Cosas pequeñas como golpearte el dedo del pie? ¿O cosas más profundas, ciertas personas o momentos de tu pasado?

¿Cómo te sientes con la ira?

Probablemente, tienes un recuerdo vinculado a la ira que te hace sentir que no está bien expresarlo. He descubierto que muchas mujeres sienten que necesitan "poner una cara feliz" y decir que todo está bien, incluso cuando las cosas realmente están burbujeando dentro de ellas.

El otro día, por ejemplo, dejé caer un recipiente de comida para llevar y de repente toda la comida que había planeado comer cayó al suelo. Por supuesto, estaba enojada (y hambrienta), pero buscando aceptación o para evitar el rechazo de mi esposo, dije: “Está bien. Solo compartiré ".

Son pequeños momentos como ese, que se suman a la burbujeante ira reprimida dentro de nosotros, sin importar cuán trivial parezca en el momento.

La ira reprimida puede estar impidiendo que te recuperes si:

>> Sientes que necesitas estar ocupado todo el tiempo (la quietud es demasiado difícil)
>> Rara vez pasas tiempo sin aparatos electrónicos
>> Crees que siempre tienes que parecer positivo
>> Has puesto una "barrera de cara feliz"
>> Sientes que necesitas complacer a todos
>> Tienes miedo de expresar emociones (especialmente ira)

Así es como cambiamos nuestros viejos hábitos y patrones en torno a la ira:

El primer paso es reconocer en ti mismo los síntomas anteriores.

Necesitamos tomar conciencia de nuestra forma particular de evitación.

Estar ocupado es una señal de evitación porque sabes que vas a tener que enfrentar tus propios pensamientos y ver realmente por lo que estás pasando. Pero no te estoy pidiendo que dejes de hacer todo lo que estás haciendo. Solo para reducir la velocidad lo suficiente como para sentir tus sentimientos. Incluso ayudan d30 a 90 segundos de respiración concentrada.

La ira reprimida también puede parecer aceptable a las personas o que te esfuerzas por mantener felices a todos los que te rodean, incluso cuando tú no lo estás. Es evitativo en la forma en que muchos de nosotros buscamos enfocarnos en los demás para poder mirar hacia cualquier lugar menos nuestras propias emociones. Pero sabes qué, si te permitieras sentir todo, terminarías de intentar hacer felices a todos los demás.

Puede que te sorprenda ver que algunas de las actividades con las que te ocupas no son necesariamente importantes, o que has estado tratando desesperadamente de mantener felices a todos los que te rodean.

Debes permitirte enojarte.

Especialmente si siempre dices cosas como “Oh, está bien. Todo está bien” cada vez que algo te enoja mucho.

De hecho, es posible que debas dedicar un tiempo a ti mismo a solas para sentirte seguro y dejar salir la ira. Pregúntate cómo te sientes realmente en este momento. Nadie puede escucharte. Entonces, ¿qué está pasando realmente? Siéntate con todos los sentimientos.

Es posible que empieces a sentir una variedad de otras emociones que también has estado evitando, pero simplemente están comenzando a pasar. Intenta nombrar la sensación con un color y concéntrate en el presente, durante el mayor tiempo posible con el sentimiento, separado de la historia.

Luego, averigua de dónde proviene esta evasión.

A menudo, de nuestra educación viene una gran parte de ella.

>> ¿Qué mensajes sobre las emociones escuchaste cuando eras niño?
>> ¿Tus padres te dijeron que “te aguantaras” o que no lloraras?
>> ¿Llevaste alguna de estas ideas a la edad adulta?

A menudo, podemos evitar inconscientemente ser como nuestros padres si los hemos visto enojarse, especialmente si su enojo nos asustó cuando éramos niños. Como resultado, ahora creamos un tira y afloja dentro de nosotros y nos negamos a ver esa parte de nosotros mismos. Se convierte en una sombra. Siempre está en la periferia, y ahora nos hemos vuelto hábiles para evitarlo.

La educación de todos ha dado forma a quiénes son. Pero está bien cambiar de opinión y girar en una dirección diferente. Está bien darse cuenta de que algo debe cambiar. Es el proceso de la vida.

Cuando estés listo para comenzar a sanar y hacerte amigo de tu ira, comienza con tu propio mundo interior.

Luego, a medida que te sientas más cómodo, trabaja hacia atrás con tu ascendencia. Mira las creencias e historias obsoletas que te transmitieron, luego cúrate cambiándolas.

Cuando puedas examinar estas creencias sin juzgar, verás de dónde vienen y luego podrás decidir si quieres que sigan siendo parte de tu vida.

Observa tus pensamientos, luego mira las viejas creencias con compasión y amor. Elimina el juicio. No necesitas traer viejas creencias o historias a tu vida futura (y a la vida de tus hijos) si no lo deseas.

El máximo beneficio de todo este trabajo es sentir la verdadera y plena expresión de alegría pura. No puedes experimentar la verdadera alegría sin permitirte sentir todos los demás sentimientos, incluido el polo opuesto de la alegría, la ira.

Reclama con valentía y honestidad tu nueva verdad experimentando y abrazando tu amplia gama de emociones. Todas son parte de la experiencia humana y, al permitirles fluir, experimentamos la alegría de vivir de verdad.

Sharin Shaik, una entrenadora intuitiva y de empoderamiento, ayuda a las personas a pasar de estar abrumadas y desconectadas de su poder a crear una vida alineada con su verdad para poder experimentar abundancia y libertad

 

https://www.elephantjournal.com/2020/06/is-repressed-anger-delaying-your-healing/

miércoles, 6 de octubre de 2021

Buda enfurecido…Cómo mi ira me llevó a la comprensión-Sarah Kanowski

Traducido con Amor desde...https://tricycle.org

 

Mi hijo tiene 9 años y está acurrucado junto al inodoro. Me inclino sobre él, agarrándolo del brazo. Ambos estamos gritando, chillando, maldiciéndonos el uno al otro. Toda la energía en la casa, en todo el universo al parecer, se ha convertido en una luz blanca concentrada que arde en este pequeño baño. Estoy tan salvaje de furia que no puedo ver, ni siquiera puedo oír las palabras que salen de mi boca.

Esta soy yo,  practicante budista zen de casi veinte años.

La ira me puso en práctica cuando tenía veinte años. Me estaba enamorando del hombre con el que más tarde me casaría y tendría hijos, y estaba dolorosamente claro que incluso su amabilidad no era suficiente para calmar mi rabia. De hecho, mi ira pareció expandirse junto con nuestra creciente intimidad, en una especie de tango terrible.

Entonces comencé a sentarme. Con un grupo Zen y sola. Leí libros y escuché charlas sobre el dharma.  Empecé a mirar mi ira con ojos más suaves, para prestar atención a los sentimientos de terror que había debajo. Recuerdo que, en una discusión sobre el precepto de la ira, una amiga relató su aprecio por su energía liberadora. Pero para mí, a pesar del Zen, y a pesar de tener un excelente terapeuta, la ira todavía me golpeaba como una trampa de metal. Lo que realmente quería era mantenerme fuera de su camino.

Con el tiempo nació nuestra hija, seguida de cerca por nuestro hijo, y unos años más tarde, otro hijo. Tres hijos hermosos, sanos y deseados. Fue exigente, por supuesto, y un poco vertiginoso reorientarse de la carrera y los viajes a la vida doméstica. Estaba muy agradecida de haber encontrado una tradición que honraba la sabiduría de las tareas repetitivas realizadas con una mente fresca. ¡Corta leña, lleva agua! ¡Cambia el pañal, has puré de calabaza! Jugamos, leímos historias, nos abrazamos, reímos, horneamos pasteles. Todos los asombrosos actos ordinarios de una familia amorosa.

Pero a medida que se convirtieron en niños pequeños y más allá, la rabia que podía estallar en mi relación con mi esposo comenzó a acecharme mientras cuidaba a mis hijos. Así es exactamente como la sentí: una bestia acechante respirando en mi cuello, usándome para invadir nuestra casa. Lo que estaba en juego era mucho mayor ahora. Sabía que mi ira corría el riesgo de marcar a mis hijos, en cuerpo y espíritu, e incluso desfigurar horriblemente nuestra relación. El filósofo indio Shantideva , que nunca se anda con rodeos de palabras, reflexiona en El camino del Bodhisattva: “Buenas obras reunidas en mil edades…un solo destello de ira las hace añicos ". 

Shantideva habría tenido algunas cosas que decir sobre lo que había sucedido en ese baño.

Una noche, en medio de otro conflicto acalorado y rápidamente creciente con mi hijo, me escapé al baño y cerré la puerta. Cada uno de mis músculos estaba enroscado y tenso, impulsándose a la acción. Mis oídos zumbaban con las furiosas acusaciones corriendo dentro de mi cráneo. Me encontré temblando y jadeando por respirar. No fue diferente a la etapa final del trabajo de parto, en la que el cuerpo se siente como si se estuviera partiendo por completo en dos. Pero me quedé donde estaba. Me senté con eso. La furia ardió por completo y finalmente disminuyó. Una flecha me atravesó y dejó una flor de intuición.

Estar realmente enojado es experimentar una contracción radical del yo. Reduce la vasta infinidad de la conciencia al apretón más fuerte de lo que quiero y no quiero. Y para mí fue en ese mismo momento de la contracción más extrema que la puerta al vacío y la impermanencia se abrió. Las enseñanzas del no-yo de repente se volvieron íntimas. No en un lugar de calma en el cojín como había imaginado, sino con lágrimas calientes y furiosas sentada en el borde de la bañera. La ira apuntó con su letrero de neón rojo gigante hacia donde dividí más fuertemente el mundo en uno mismo y en otros, lo correcto y lo incorrecto, él y yo.

Este destello de comprensión fue poderoso. Pero no fue suficiente para disolver los hábitos de toda una vida, y no tenía vidas con las que jugar: todavía había un niño enojado al otro lado de la puerta del baño. Tenía que salir del baño, levantarme del zafu cada mañana y seguir siendo madre. Para ayudarme a llevar sabiduría y compasión a la intensidad de la vida familiar, llegué a comprender que mi práctica necesitaba algo más que "simplemente sentarse".

 El libro de Pema Chödrön Practicar la paz estaba en el estante de la biblioteca como una pequeña bandera azul que marcaba un gran tesoro: excava aquí. El libro me introdujo en la práctica tibetana del tonglen, que ofrece una forma de trabajar directamente con las dolorosas sensaciones de agresión. Esta práctica de “enviar y recibir” gentil pero poderosamente fortaleció la percepción que tuve en el baño esa noche: que no existe una separación fundamental entre el yo y el otro. El paso final en tonglen es practicar para todos los seres sintientes que han conocido este dolor, subrayando que la experiencia de la rabia, por vergonzosa que pueda parecer, no nos convierte en monstruos, sino que es parte de nuestra rica y desordenada herencia humana. 

Pema también escribió sobre practicar la paciencia como antídoto contra la ira. Así que desde mi salón australiano me inscribí en un curso en línea sobre las paramitas, ofrecido por Pema Chödrön y dado a sus estudiantes en Gampo Abbey en Nueva Escocia. Paramita es una palabra sánscrita que significa "perfección" y tradicionalmente hay seis cualidades que fomentan la perfección del carácter: generosidad, disciplina, Paciencia, entusiasmo, meditación y sabiduría.

De manera tranquilizadora (ya que la "perfección" puede sentirse fuera del ámbito de la posibilidad), Pema enfatizó que es el esfuerzo, que se extiende más allá de nuestras formas habituales de actuar, lo que permite que estas cualidades florezcan.

Nunca le había prestado mucha atención a la paciencia, confundiéndola con mansedumbre o represión. Pero descubrí que la paciencia es una disciplina y un compromiso como ningún otro. Shantideva de nuevo: “No hay defecto como la ira. No hay virtud comparable a la paciencia”. Si bien la ira tiene que ver con el impulso equivocado de control, la paciencia es la voluntad de estar con lo que sea como es. La paciencia puede exigir el esfuerzo más decidido, especialmente cuando los hábitos de irritación y enojo se han ido acumulando a lo largo de una vida o más, pero está animada por las cualidades más dulces, como el humor, la ligereza y la perspectiva.

Al tratar de cultivar la paciencia, estoy aprendiendo constantemente a prestar atención a mi cuerpo fuera del cojín. La sensación de rabia es tan física que ocuparse de la rabia a menudo significa dirigirse directamente al cuerpo: enfriar mi cara con hielo, exhalar hasta los dedos de los pies o poner la mano en mi corazón. También me pide que preste atención al contexto físico más amplio: ¿estoy durmiendo lo suficiente, con suficiente comida, con suficiente tranquilidad? Trabajar con el cuerpo de esta manera tiene el gran beneficio adicional de pasar por alto las historias que alimentan la furia: ¡Él nunca escucha! ¡No puedo manejar esto!

Han pasado casi tres años desde esa noche con mi hijo en el baño. Al expandir mis formas de practicar, la vida en casa se ha vuelto más tranquila para todos nosotros. A los 11 años mi hijo es curioso, inteligente y amable. También se enoja rápidamente. Podría culparme a mí misma por eso, por la sangre caliente que le transmití a través del ejemplo o el funcionamiento oculto de la genética. Pero mi intimidad con la ira también significa que puedo ayudar. Caminé por ese camino, me colgué de ese acantilado. No necesita sentirse abandonado a la intensidad de esos sentimientos o perdido en la vergüenza por sus consecuencias. Podemos quemar ese karma juntos. Todos los seres despiertan como uno. Aquí mismo en el baño y en todas partes.

 

Sarah Kanowski vive en Brisbane, Australia. Conduce el programa de entrevistas en profundidad, Conversations, en ABC Radio y podcast.

https://tricycle.org/trikedaily/paramita-patience-anger/