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martes, 12 de octubre de 2021

Los frutos de la atención - Mónica Cavallé

Compare usted la conciencia y su contenido con una nube.

Usted está dentro de la nube, mientras que yo la miro

Está usted perdido en ella, casi incapaz de ver la punta de sus dedos,

mientras que yo veo la nube y otras muchas nubes

y también el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas.

La realidad es una para nosotros dos, pero para usted es una prisión y para mí un hogar”.

―Nisargadatta

 

Describiremos algunos frutos de esta atestiguación:

1- La impersonalidad. Para nosotros, occidenales, la palabra “impersonalidad” suele tener evocaciones negativas. Puesto que hemos concedido un valor absoluto a nuestra personalidad, asociamos la palabra “impersonal” a la anulación de lo que más estimamos: nuestra persona, nuestra individualidad. Efectivamente, la palabra “impersonalidad” tiene una acepción negativa: denominamos así a aquello que diluye la persona, que “despersonaliza”. Pero esta palabra puede tener otra aceptación, la que ha tenido para la sabiduría; en este segundo sentido no es sinónimo de “infra-personal” sino todo lo contrario, de “trans-personal”; no alude a aquello que niega o diluye la persona, sino a lo que la supera ―sin negarla― porque es más originario que ella. La sabiduría nos dice que lo impersonal es el sustrato y la realidad íntima de lo personal; que no lo excluye, sino que lo sostiene; que, por eso, para ser plenamente personales tenemos que ser plenamente impersonales.

[...] Es dejar de otorgar un valor absoluto a lo que llamamos “mi cuerpo, mis pensamientos, mis emociones, mis acciones, mi vida, mi persona...”; comprender lo ridícula y miope que es nuestra tendencia a hacer que el mundo orbite en torno a nuestro limitado argumento vital ―el definido por nuestro yo superficial―. Equivale a cesar de dramatizar nuestras experiencias, de ver el mundo como el mero telón de fondo de dicho drama, y a las demás personas como los actores secundarios del mismo. Es sentir que las alegrías y los dolores de los demás son tan nuestros como nuestros dolores y alegrías, que el cuerpo cósmico es tan nuestro como nuestro propio cuerpo; desistir de ser los protagonistas de nuestra particular “novela” vital, para convertirnos en los espectadores maravillados, apasionados y desapegados a la vez, del drama de la vida cósmica, del único drama, de la única Vida.

El Testigo nos sitúa directamente en el foco central de nuestra identidad. Ahí somos presencia lúcida, atenta, consciente, que es una con todo lo que es. Esta Presencia lúcida que constituye nuestra Identidad central es la misma en todo ser humano. Es nuestra Identidad real, pues es lo permanente y auto-idéntico, mientras que nuestro cuerpo-mente no hace más que cambiar. Esa Identidad central nada tiene que ver con la pseudoidentidad que depende de algo tan frágil y fraudulento como la memoria.

2- El amor incondicional. Saber que la aceptación incondicional es nuestra verdadera naturaleza es sabernos un abrazo dado a todo lo que es. La naturaleza del Testigo es el Amor. El yo superficial, intrínsecamente divisor y separativo, no puede amar, aunque así lo crea.

3- La libertad interior. Si soy mi sufrimiento, éste me poseerá y me abrumará. Si soy mi ansiedad me sentiré totalmente perdido cuando me sienta ansioso. Al confundirme con mis sentimientos, positivos o negativos, me moveré con ellos y viviré en una montaña rusa emocional, me será imposible alcanzar la paz y la estabilidad. Por el contrario, si no me identifico con lo que experimento, ni tampoco lo resisto, advertiré que el sufrimiento no es la naturaleza interna de ninguna experiencia, sino el resultado de mi deseo de retenerla o de negarla. Descubriré que, en mi más íntima verdad, soy libre.

4- La transformación. El Testigo no busca ni pretende nada, ni siquiera busca directamente el cambio y la mejora; por eso puede descansar totalmente en el presente. El yo superficial, por el contrario, experimenta constantemente el contraste entre “lo que cree ser” y “lo que cree que debería llegar a ser”; se considera básicamente incompleto, y por eso sólo se siente ser a través de la tensión, la lucha y la búsqueda constante de logros y resultados futuros.

No hay nada que pueda parecer más contrario a nuestro sentido común y a nuestras creencias más arraigadas que la idea de que, en ocasiones, el empeño de ser mejores puede ser contraproducente. Pero la experiencia del Testigo nos proporciona una profunda revelación: cuando aceptamos “lo que hay”, “lo que es”, es decir, cuando otorgamos a todo una atención incondicional, también a lo que solemos calificar de negativo, experimentamos las más revolucionarias transformaciones. [...]

La aceptación ―entendida no como resignación, sino como la acción del Testigo― es la fuente por excelencia de la transformación, del crecimiento y del cambio profundos. Paradógicamente, cambiamos de forma más radical cuando no nos centramos obsesivamente en el cambio, ni determinamos de antemano cuál será su curso. [...]

5-La comprensión. La aceptación es la fuente de la transformación, y también de la comprensión. Como ya explicamos [...] esta comprensión no ha de confundirse con la seudocomprensión meramente intelectual. A diferencia de esta última, la comprensión de la que hablamos acontece cuando nos relajamos con relación a algo (y ni siquiera pretendemos entenderlo); es una consecuencia directa de la aceptación y de la transformación que ésta conlleva.

Para aceptar no es preciso entender. El Testigo acepta lo que hay, la experiencia presente. Esta experiencia presente puede ser de ignorancia o de confusión. Ahora bien, paradógicamente, esta aceptación de todo ―también de la propia ignorancia y confusión― propicia una actitud de lucidez desimplicada y objetiva, favorecedora de la comprensión. La aceptación nos hace más penetrantes; permite que aflore la visión.

 

Fuente: CETR, La sabiduría recobrada - Filosofía como terapia (Kairós, 2012)

 

domingo, 24 de mayo de 2020

La nube del desconocimiento - Kevin Anderson

 Traducido con Amor desde… https://www.thewingedlife.com

 

Mi oficina está llena de cientos de libros sobre la condición humana, pero solo hay uno que siempre mantengo en la mesa de café: La Nube del Desconocimiento. Lo mantengo allí para recordarme que cuando nada en el mundo parece tener sentido, el amor y la compasión siempre tienen sentido.

 Volveré a ese libro, pero primero algunas reflexiones después de una boda a la que asistí recientemente. Las palabras familiares pueden perder su poder, pero nunca me he cansado de la descripción del amor del apóstol Pablo en su carta a los ciudadanos de Corinto (1 Corintios 13: 4-7). Probablemente lo hayas escuchado en innumerables ceremonias de matrimonio. 

 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.  El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad.  Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Un giro que el sacerdote que precedía esta boda puso en esas palabras en su homilía les dio un nuevo significado  para mí. Hablando con la pareja con la que se acababa de casar, dijo: “Si quieres hacer una declaración visionaria de cómo quieres ser en tu matrimonio, simplemente reemplaza la palabra amor en la cita de Paul por tu propio nombre. Luego, pon esa declaración en el espejo de tu baño”. Así es como su sugerencia se lee con mi nombre sustituido en el famoso pasaje:

“Kevin es paciente, Kevin es bondadoso. Kevin no envidia, Kevin no se jacta, Kevin no es orgulloso. Kevin no se comporta con rudeza, Kevin no es egoísta, Kevin no se enoja fácilmente, Kevin no guarda ningún rencor. Kevin no se deleita en el mal sino que se regocija con la verdad. Kevin todo lo disculpa o perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

¡Guauu!¿ Kevin es paciente?, Kevin es bondadoso? ¿Kevin no guarda ningún rencor? ¿Kevin todo lo soporta? ¡Qué simple fue la sugerencia del sacerdote, y qué desafiante estar a la altura! Pero, ¿Cómo el amor bondadoso y paciente entra al mundo si no es a través de mí y de ti?

En la sección de la carta justo antes de "el amor es paciente, el amor es bondadoso", Pablo afirma con valentía: "Si tengo el don de profecía y puedo comprender todos los misterios y poseo todo el conocimiento, y si tengo una fe que puede mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada”. Algunos ven la fe como alinear todas sus Verdades, y luego demonizar a aquellos que no creen como ellos. Cualquier verdad, nos dice Pablo, que nos aleja del amor vale cero, zip, nada. Si los seres humanos de todo el mundo pudieran tener la gran visión de Pablo, sería el mayor avance moral en la historia humana. Podríamos comenzar a encontrar nuestra salida de los conflictos Mi Dios contra Tu Dios y Mi Verdad contra Tu Verdad que llenan las noticias diarias con informes terribles.

 De vuelta a La nube de lo desconocido. Este libro anónimo de un escritor cristiano en el siglo XIV dice que realmente no hay forma de conocer a un Dios Infinito con una mente finita. Si queremos conocer a Dios, debemos dejar de lado lo que creemos que sabemos acerca de Dios y pasar a la "nube de desconocimiento". Solo cuando dejamos de enfocarnos en lo que creemos que sabemos con certeza absoluta acerca de Dios y nos enfocamos en vivir aplicando las energías amorosas y compasivas divinas podemos realmente comenzar a conocer a Dios.

 Entonces, cada vez que estoy tan lleno de mis propios entendimientos que no puedo comenzar a entender a otra persona cuya vida e ideas me parecen extrañas, necesito volver a "Kevin es paciente, Kevin es bondadoso..." Cualquier idea de verdad que me aleja de esa simple visión es una ilusión conveniente.

 Me gusta cómo la sugerencia del sacerdote de sustituir el nombre de uno en las palabras de  Pablo lleva a declaraciones simples en tiempo presente. No es "Algún día Kevin será paciente" o "En el futuro tal vez trabajaré para ser bondadoso". Es "Kevin es paciente, Kevin es bondadoso". Esa palabra "es" me dice: "¿cómo te va con esto?

Kevin Anderson, Ph.D. es psicólogo, autor y orador y vive en el área de Toledo, Ohio. Su último libro es… “Ahora es donde vive Dios: meditaciones para deleitar la mente y despertar el alma”

En sus tres décadas como psicólogo, Kevin ha asesorado a miles de parejas e individuos que luchan por encontrar significado en los desafíos inherentes al amor y la vida. 

Todo el trabajo de Kevin tiene la intención de alentar una transformación de lo que él llama una conciencia de oruga  a la vida alada.

https://www.thewingedlife.com/single-post/2019/06/02/The-cloud-of-unknowing