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miércoles, 12 de enero de 2022

Cuando nos sentimos provocados: cómo dejar de reaccionar a la defensiva - Laura Di Franco

 



Cada momento que vives, despierto y consciente dentro de tu vida, es otra pequeña (o enorme) oportunidad para sanar, incluso tus momentos en Facebook.

Recientemente abrí una discusión sobre este tema en uno de mis grupos de sanación favoritos en Facebook. En una sala virtual llena de curadores y personas que realizan trabajos de curación, seguramente obtendrá un cofre del tesoro de ideas, información, opiniones y experiencias. Resultó tan increíble como había imaginado, hasta que me desencadené, a lo grande.

La conciencia abre la puerta a la curiosidad, la perspectiva y el cambio, las mismas cosas que necesita para cambiar sus pensamientos y su vida.

Ser una guerrera dentro de mi propia vida ha significado mirar las cosas que me disparan, me enojan y me frustran, me hieren y me deprimen. No suena divertido, cada paso me acerca a mi propósito, un verdadero sentimiento de lo que nací para hacer.

“Sin conciencia no hay opción.” ~ John F Barnes

La cita de mi maestro flota en mis cuadernos y en mi cerebro, pidiéndome constantemente que profundice más. A menos que esté dispuesta a sentirlo todo, incluso las cosas realmente horribles, no tengo más remedio que quedarme atascada con mis viejos pensamientos, creencias y comportamientos.

Me senté en mi computadora, leyendo un comentario irritante de mi colega y permitiéndome sentir. Reconocí que incluso Facebook estaba poniendo a prueba mi disciplina ese día. Tuve la opción de dejar que la sensación de miedo me paralizara o usar la conciencia para hacer algo más saludable. Elegí esto último.

He dejado de identificarme con mi pasado, los pensamientos, creencias y comportamientos que me mantienen atascada, sin opciones. Estoy lista para sentirme libre, incluso si eso significa trabajar con las capas de suciedad que me hacen sentir como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago cuando alguien me critica.

En lugar de escribir frenéticamente una reacción defensiva, me senté y leí el comentario varias veces. Lo sentí. Tanto la energía con la que fue escrito como la energía que sentí al leerlo. Me di cuenta de que gran parte de esta energía no era mía. Aprendí a notar la diferencia practicando ser consciente de las sensaciones que envía mi cuerpo en el momento.

La capacidad de permanecer despierta en estos momentos, especialmente en los momentos en los que no estás particularmente feliz de estar, es crucial. Es la clave para el crecimiento, el cambio y la curación.

En medio de tu conciencia dentro de estos momentos está la elección. Cuando te sientas un momento dentro de ti, permites que el sentimiento esté ahí y le quitas toda la historia, es solo otra sensación. Cuando te observas así, te das el regalo más grande. Puedes elegir si responderás en ese mismo momento y cómo lo harás.

Elegí disculparme y hacerle saber a esta persona cómo me sentía. Pude responder desde mi verdad, mi corazón y mi alma, que es el lugar al que te conectas cada vez que te despiertas.

Imagina cómo se sentirían nuestras vidas si hiciéramos esto todo el tiempo. Lo hago. Cada día. Hago de esto mi práctica. 

Aquellos de nosotros que hemos iniciado el viaje hacia la pasión y el poder a través de la conciencia, nos enfrentamos a estos desafíos en todo momento, todos los días. No importa si estamos lidiando con nuestras propias luchas dolorosas, tratando a un cliente por las suyas o participando en una discusión en línea, todo se trata de sentir. Apesta a veces. Y es la herramienta más gratificante, satisfactoria y nutritiva para el alma que existe.

Aquí hay cinco formas más saludables de practicar la conciencia cuando te sientes provocado:

1. Cierra tu boca. No reacciones de inmediato. No hables ni escribas una respuesta hasta que hayas tenido la oportunidad de sentir y reflexionar.

2. Ponte en el lugar de la persona. Realmente todos somos uno. Utiliza la interacción o los comentarios que obtengas como herramienta de aprendizaje. Permítete entender de dónde viene la otra persona y que nadie tiene que tener razón para que las cosas funcionen.

3. Nota los sentimientos. Si practicas sentir lo que está pasando dentro de ti cuando estás activado, por lo general notarás que estás creando una historia mental para acompañar la sensación. Separa las dos y simplemente trae el sentimiento a tu corazón.

4. No te tomes nada personalmente. Nunca se trata de ti. Date cuenta de que los comentarios de alguien sobre ti provienen de sus propios lentes únicos a través de los cuales observa el mundo. Es sólo otra forma de ver las cosas. No tiene que ser personal.

5. Responde desde su corazón, no desde tu cabeza. Siempre asegúrate de que sea solo después de haber realizado los primeros cuatro pasos, y de que estás respondiendo desde un lugar centrado en el corazón. ¿Por qué? Se trata de amor. Si lo queremos debemos darlo, sin importar cómo nos juzguen.

El planeta depende de la evolución de nuestra conciencia. Despiértate, incluso cuando estás pasando el rato en Facebook. Importa.



https://www.elephantjournal.com/2015/10/when-were-triggered-how-to-stop-reacting-defensively/

 





martes, 23 de noviembre de 2021

Secuestro de la amígdala y la respuesta de lucha o huida - Olivia Guy-Evans

 


 Traducido con Amor desde… https://www.simplypsychology.org

¿Qué es un secuestro de amígdala?

  • El secuestro de la amígdala es una respuesta emocional al estrés, que a menudo se considera una pérdida de control de las emociones. Un ejemplo de esto es cuando estás hablando con un amigo y parece que no te está escuchando, ignora lo que dices, o tal vez habla por encima de ti.
  • Este tipo de interacción puede hacer que se "rompa". De repente, puedes tener un arrebato como gritarle por no escuchar. Después, puede darte cuenta de que reaccionaste exageradamente y que la forma en que actuaste fue innecesaria y puede que te digas a ti mismo '¿en qué estaba pensando?'.
  • Es posible que no hayas estado pensando en absoluto que lo que realmente sucedió es que tu amígdala te secuestró.
  • El secuestro de la amígdala se refiere a las situaciones en las que la amígdala anula el control de la capacidad de una persona para responder racionalmente a una amenaza percibida: el cerebro lógico se ve afectado debido a los estallidos emocionales causados ​​por la amígdala.

El término secuestro de amígdala fue acuñado por primera vez por Daniel Goleman en su libro de 1995 titulado Inteligencia emocional: por qué puede importar más que el coeficiente intelectual. El término de Goleman apunta a reconocer que tenemos una estructura antigua, la amígdala, que está diseñada para responder rápidamente a una amenaza, ya sea que la amenaza sea real para la supervivencia o no.

La amígdala es una estructura en forma de almendra situada en el cerebro medio, que forma parte del sistema límbico. Esta estructura se conoce como el centro emocional del cerebro humano y juega un papel en el miedo y la respuesta de lucha o huida.



La amígdala está involucrada principalmente en el procesamiento de emociones y recuerdos asociados con el miedo. Se considera que la amígdala es parte del sistema límbico dentro del cerebro y es clave para procesar emociones fuertes como el miedo o el placer.

Los antepasados ​​humanos desarrollaron esta respuesta para hacer frente a amenazas y situaciones peligrosas, para liberar hormonas del estrés que preparan al cuerpo para enfrentar la amenaza o huir de ella.

La corteza cerebral evolucionó mucho después del sistema límbico y nos proporciona un razonamiento lógico. Si bien la amígdala puede funcionar automáticamente, los lóbulos frontales de la corteza permiten que las personas procesen y piensen en sus emociones para que podamos tomar decisiones lógicas para evitar disputas desfavorables.

Hoy en día, las amenazas humanas comunes tienden a ser diferentes a las experimentadas por los antepasados ​​humanos, como los factores estresantes en el trabajo y la vida o la ansiedad por situaciones sociales.

Sin embargo, la amígdala no puede diferenciar entre amenazas físicas y emocionales, por lo que, en la situación de experimentar estrés repentino en el trabajo, esto podría provocar que la amígdala responda automáticamente antes de que sus lóbulos frontales hayan tenido la oportunidad de proporcionar un razonamiento lógico a la situación.

El secuestro de la amígdala puede ser útil en algunas situaciones que ponen en peligro la vida, como hacernos apartarnos del camino de un automóvil que viaja hacia nosotros antes de que hayamos registrado que el automóvil estaba allí. Sin embargo, en otras situaciones, el secuestro de la amígdala puede hacer que reaccionemos de una manera intensa y emocional que puede ser desproporcionada con la situación.

Por ejemplo, tolerar a un compañero de trabajo que sigue tratando de hablar contigo mientras estás tratando de concentrarte en el trabajo podría hacer que la amígdala se apodere de ti y provocar que le grites. Sin la capacidad de los lóbulos frontales, no podríamos pensar con claridad, por lo que es posible que no tengamos el control de nuestras respuestas.

Causas

En el contexto normal, cuando se detecta algo en el entorno, la información sensorial se envía al tálamo, una parte primitiva del cerebro que actúa como la estación de retransmisión del cerebro.

El tálamo transmite la información sensorial a los lóbulos frontales de la corteza, un centro de funciones cerebrales superiores como la percepción, la toma de decisiones y el lenguaje.

Luego, la corteza procesa las señales sensoriales del tálamo y aplica el razonamiento lógico. Para la participación de las emociones, esta señal de proceso se envía a la amígdala.

La amígdala producirá entonces respuestas emocionales apropiadas seguidas de una inundación de hormonas y enzimas liberadas para crear emociones y acciones adecuadas. Cuando se detecta una amenaza, la amígdala puede activar automáticamente la respuesta de lucha o huida.

Sin embargo, los lóbulos frontales procesan la información para determinar si la amenaza es real y cuál sería una respuesta lógica. Si se determina que la amenaza no es grave, los lóbulos frontales tienden a tomar el control, y esto hace que las personas respondan de manera pensada.

Este proceso es diferente durante un secuestro de amígdala. Durante un secuestro, las sensaciones del entorno aún llegan al tálamo. Sin embargo, el tálamo comprende que, en algunas condiciones amenazadoras, involucrar el razonamiento lógico sería una pérdida de tiempo.

Por lo tanto, el tálamo pasa por alto la corteza y se proyecta directamente a la amígdala, esperando una acción instantánea para prevenir la amenaza. En la amígdala, se libera una avalancha de hormonas y enzimas, creando emociones y acciones que pueden considerarse desproporcionadas con la situación.

La amígdala inicia la respuesta de lucha o huida antes de que la corteza haya tenido la oportunidad de anularla. esta cascada de eventos desencadena la liberación de hormonas del estrés, incluidas la epinefrina y el cortisol.

Para amenazas leves o moderadas, los lóbulos frontales a menudo pueden anular la amígdala, pero para aquellas que se consideran amenazas fuertes, ocurre el secuestro de la amígdala. El resultado inmediato del secuestro de la amígdala es que hay una depreciación en la memoria de trabajo.

El secuestro hace que las personas reduzcan su capacidad para ver más de una solución a una amenaza. En unos pocos segundos, cuando se completa el camino del secuestro, es cuando las personas pueden comenzar a cuestionarse "¿Qué me pasó?".

Sin contribución de los lóbulos frontales, los procesos de pensamiento cesaron en el momento, por lo que no hubo pensamiento racional. Esto explica por qué las personas pueden expresar que no pueden "pensar" cuando se sienten abrumadas o angustiadas emocionalmente.

Los secuestros son a menudo errores descritos por Goleman. Pueden ser emociones repentinas, emocionales, negativas o hacer algo que los lleve al arrepentimiento.

Las amenazas psicológicas que pueden desencadenar el secuestro de la amígdala son presiones y factores estresantes de la vida, el trabajo y las relaciones modernas. La ira, la agresión, la ansiedad y el miedo también son desencadenantes emocionales comunes.

Síntomas del secuestro de la amígdala

Los síntomas del secuestro de la amígdala se deben a la respuesta química del cuerpo al estrés.

La hormona liberada por las glándulas suprarrenales, el cortisol y la epinefrina, prepara al cuerpo para luchar o huir y tiene un efecto en el cuerpo:

  • Frecuencia cardíaca rápida
  • Piel fría y húmeda
  • Pupilas dilatadas para mejorar la visión para respuestas más rápidas
  • Transpiración
  • Piel de gallina en la piel
  • Aumento de azúcar en sangre: energía inmediata.
  • Los vasos sanguíneos contraídos permiten que el cuerpo redirija la sangre a los principales grupos musculares.
  • Las vías respiratorias se expanden para permitir la entrada y utilizar más oxígeno

El resultado del secuestro de la amígdala puede causar comportamientos que se consideran irracionales para la situación, como gritos, abuso verbal o llanto.

El individuo también puede descubrir que no puede pensar con claridad durante un secuestro. Después del secuestro, es común que las personas se sientan avergonzadas o arrepentidas.

Secuestro de amígdala y salud mental

Se encuentra comúnmente que la amígdala está asociada con afecciones de salud mental, específicamente aquellas que involucran ansiedad. El miedo y la evitación, que son comunes a los trastornos de ansiedad, podrían estar relacionados con una amígdala hiperactiva y más secuestros.

La hiperactivación en la amígdala se observó con frecuencia en personas con trastorno de ansiedad social y fobias específicas.

Esto podría tener sentido ya que las personas con fobias sociales o específicas a menudo presentan reacciones emocionales fuertes e irracionales a las cosas y situaciones que temen.

Asimismo, se ha observado una mayor activación de la amígdala y un aumento de las respuestas emocionales en personas con trastorno de pánico, trastorno de estrés postraumático y trastorno obsesivo-compulsivo.

Los estudios del desarrollo han encontrado que la amígdala es particularmente sensible al estrés en los primeros años de vida. Se cree que experimentar un trauma temprano en la vida o maltrato infantil tiene un efecto significativo en la respuesta al estrés.

Experimentar la adversidad infantil también puede producir cambios estructurales y funcionales duraderos en la amígdala, que también afectan las hormonas involucradas en el secuestro de la amígdala.

Como resultado, el umbral de reacciones emocionales en estos niños se reduce debido a la sensibilización repetida de los circuitos de la amígdala. Esto significa que pueden ser demasiado sensibles a los factores estresantes, lo que resulta en una mayor activación de los circuitos neuronales en el estrés.

También se sugiere que quienes experimentaron maltrato infantil tenían un mayor riesgo de desarrollar trastornos relacionados con la ansiedad.

Por lo tanto, podría ser que aquellos que experimentaron una infancia adversa tengan más secuestros de amígdala, reaccionen de forma exagerada al estrés y tengan dificultades para regular sus emociones. Aparte de las condiciones de salud mental, el estrés crónico también puede desempeñar un papel en el funcionamiento de los circuitos del miedo en el cerebro, lo que significa que puede haber una mayor probabilidad de secuestro de la amígdala.

Los estudios de neuroimagen han demostrado que la amígdala está alterada estructural y funcionalmente por el estrés psicosocial y la exposición al estrés.

El estrés crónico también puede reducir el funcionamiento de otras áreas del cerebro que trabajan para inhibir el miedo, como el hipocampo y la corteza prefrontal medial.

Dado que el estrés crónico puede causar más secuestros de la amígdala y puede inhibir el hipocampo, también puede provocar problemas posteriores con la memoria a corto plazo.

Cómo prevenir el secuestro de la amígdala



Goleman propuso que, para prevenir secuestros de amígdala, las personas deben aumentar su inteligencia emocional.

Propuso 5 competencias básicas que son fundamentales para incrementar la inteligencia emocional: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.

  1. Autoconciencia: Ser autoconsciente es la capacidad de reconocer un sentimiento mientras está sucediendo. Para evitar que la amígdala prevalezca sobre el pensamiento racional, una persona debe identificar una respuesta emocional y manejar su control sobre la situación. La autoconciencia les da a las personas las habilidades para distinguir entre expresiones de emociones precisas e inexactas.
  2. Autorregulación: Poder autorregularse significa que las emociones se pueden controlar. Es la capacidad de conectarse o desconectarse de una emoción dependiendo de su utilidad para una situación. Las personas que pueden autorregularse pueden responder lógicamente con pensamiento cognitivo, en contraposición a reaccionar emocionalmente sin previsión. Una persona emocionalmente inteligente puede reconocer cuándo se avecina un secuestro e intentar evitar una reacción no deseada.
  3. Motivación: una persona emocionalmente inteligente, según Goleman, es alguien que se esfuerza por satisfacer su motivación intrínseca en el trabajo y otras actividades, independientemente de los incentivos externos.
  4. Empatía: una persona empática puede reconocer emociones en los demás. A través de esto, las personas pueden ser comprensivas, conscientes y sensibles a los sentimientos de los demás y trabajar para utilizar esta capacidad para manejar sus propias emociones, promover las buenas emociones y llegar a un resultado positivo en un conflicto.
  5. Habilidades sociales: Aquellos que son emocionalmente inteligentes son buenos en la comunicación interpersonal según Goleman. Aquellos con fuertes habilidades sociales deberían poder tener buenas habilidades para la resolución de conflictos. Por lo tanto, en momentos en los que puede surgir un conflicto, aquellos con fuertes habilidades sociales pueden reaccionar y responder a los demás de una manera positiva.

Atención plena

La atención plena es otro método que se puede utilizar para prevenir el secuestro de la amígdala. La atención plena es la capacidad de estar completamente presente en el momento, consciente de uno mismo, de dónde está uno y de lo que siente, sin juicio.

En cierto modo, el mindfulness emplea técnicas similares a las competencias de inteligencia emocional propuestas por Goleman. De esta manera, la atención plena también podría mejorar la inteligencia emocional de una persona.

La atención plena suele ser una técnica que debe practicarse con regularidad para obtener mejores efectos, en lugar de simplemente implementar las técnicas cuando está a punto de experimentar un secuestro de la amígdala.

Una forma de ayudar a concentrarse durante la práctica de la atención plena es controlar activamente la respiración, centrándose en cómo responde el cuerpo a la respiración.

La práctica de la atención plena puede ayudar a las personas a controlar mejor las respuestas del cuerpo cuando experimentan una reacción y ayuda a las personas a sentirse más presentes en el momento y comprometidas con las respuestas.

Manejo del estrés

Ser capaz de manejar el estrés en general puede ayudar a prevenir que ocurran secuestros de amígdala. Puede ser útil para algunas personas tomar conciencia de cuáles son sus factores estresantes o desencadenantes.

Estos pueden ser desencadenantes pequeños o grandes. Tomar nota de cuándo los factores estresantes cotidianos se convierten en estrés crónico puede ayudar a identificar formas de controlar este estrés.

El manejo efectivo del estrés puede incluir calmantes de acción rápida, como ejercicios de respiración, que pueden brindar un alivio inmediato. Además de esto, se pueden utilizar hábitos saludables generales para reducir el estrés general, como el ejercicio regular, la meditación y el uso de un diario.

Cómo lidiar con el secuestro de la amígdala

Si bien se utilizan medidas preventivas para garantizar que no se produzcan secuestros de la amígdala, hay momentos en los que estas situaciones aún pueden ocurrir.

Cuando alguien puede sentir que se está produciendo un secuestro de la amígdala, existen algunos métodos para ayudar a sobrellevar la situación.

  • Nombra la emoción: reconocer y nombrar la emoción cuando ocurre puede cambiar las conexiones de regreso a los lóbulos frontales, ya que esto requiere el uso de lenguaje y análisis. Incluso simplemente decir 'Estoy loco' podría ser suficiente para hacer que este sentimiento sea menos intenso y traer de vuelta una mentalidad racional.
  • Regla de los 6 segundos: puede ser necesario que la sustancia química involucrada en una respuesta de la amígdala se disipe. Por lo tanto, retrasar cualquier tipo de respuesta durante unos 6 segundos podría evitar que la amígdala tome el control y provoque una reacción emocional. Si bien retrasa la respuesta, este tiempo podría usarse para tomarse el tiempo para pensar en algo positivo o para concentrarse en la respiración.
  • Respiración: La respiración puede ser una herramienta poderosa durante una situación caliente, ya que puede activar el sistema nervioso parasimpático para provocar una respuesta corporal relajante. Tomar el control de la respiración en situaciones estresantes puede permitir decisiones meditadas que no son impulsadas por emociones.
  • Cambiar el escenario: Al levantarse y moverse en situaciones estresantes, automáticamente se considera el entorno que reactiva la parte pensante del cerebro. Además, tomarse un tiempo para alejarse de la situación estresante en momentos en los que se siente fuera de control puede ayudar a las personas a suavizar sus emociones y ver las cosas desde una perspectiva racional.
  • Comparta la veta mental: cuando se sienten muchas emociones, compartir sentimientos con una persona de confianza puede dividir la veta mental y ayudar a que nuestra amígdala se sienta menos amenazada. Asimismo, el uso del lenguaje en situaciones muy emocionales fomenta el uso de la parte pensante del cerebro.
  • Aproveche la atención plena: si bien puede ser importante practicar la atención plena, recurrir a las técnicas utilizadas en la práctica puede ayudar a alguien a alejarse de los sentimientos internos negativos y volver al presente prestando atención al entorno.

Es importante recordar que es posible que el secuestro de la amígdala no se pueda prevenir en todas las situaciones y que es realista esperar contratiempos. Cuando esto suceda, puede ser útil tomarse un tiempo para reconocer las acciones de lo que sucedió y reflexionar sobre esto.

Esto puede ayudar a cambiar hacia una forma consciente de ver la experiencia y puede proporcionar información útil sobre cómo evitar esta situación la próxima vez.



Olivia Guy-Evans obtuvo su licenciatura en Psicología de la Educación en Edge Hill University en 2015. Luego recibió su maestría en Psicología de la Educación de la Universidad de Bristol en 2019. Olivia ha estado trabajando como trabajadora de apoyo para adultos con discapacidades de aprendizaje en Bristol durante los últimos cuatro años.

https://www.simplypsychology.org/what-happens-during-an-amygdala-hijack.html

 



viernes, 8 de octubre de 2021

No te dejes arrastrar por cualquier viento - Melody Beattie  

No te dejes arrastrar por cualquier viento.

 

Yo soy una reaccionaria.

 Ese pensamiento me hacía mella profundamente en la conciencia un día que estaba sentada en mi oficina.  Había escuchado a la gente hablar sobre lo que es reaccionar, pero hasta ese momento no había entendido qué tanto había reaccionado yo.   Había reaccionado a los sentimientos, conductas, problemas y pensamientos de otras personas.  Había reaccionado a mis propios sentimientos, mis propios pensamientos, mis propios problemas.  Mi punto fuerte parecía ser el de reaccionar a las crisis, pensaba que casi todo era una crisis. Reaccionaba en exceso.  Dentro de mí se cocinaba un pánico oculto (que rayaba en la histeria) la mayor parte del tiempo. A veces reaccionaba escasamente. Si el problema que enfrentaba era significativo, a menudo usaba el arma de la negación.  Reaccionaba a casi todo lo que entraba en mi conciencia y en mi medio ambiente.  Mi vida entera había sido una reacción a las vidas, deseos, problemas, fracasos, éxitos y personalidades de otras personas.  Hasta mi baja autoestima, en la cual hurgaba como en una bolsa de pestilente basura, había sido una reacción.  Era como una marioneta con las cuerdas colgando, invitando y permitiendo que las jalara cualquier persona o cosa.

La mayoría de los codependientes son reaccionarios. Reaccionamos con ira, culpa, vergüenza, odio a nosotros mismos, preocupación, sentimientos heridos, gestos controladores, acciones solícitas, depresión, desesperación y furia. Reaccionamos con miedo y ansiedad. Algunos de nosotros reaccionamos tanto que nos resulta doloroso estar cerca de la gente, y torturante encontrarnos dentro de un grupo grande de personas. Es normal reaccionar y responder a nuestro medio ambiente.  Reaccionar es parte de la vida.  Es parte de interactuar, es parte de ser humano y de estar vivo. Pero nos permitimos irritamos tanto y distraernos tanto. Pequeñeces, cosas mayores —lo que sea— tienen el poder de descarrilarnos. Y nuestra respuesta después de que reaccionamos a menudo no es la que más nos conviene.

Podemos haber empezado a reaccionar y a responder urgente y compulsivamente con patrones que nos lastiman. El solo hecho de sentir urgencia y compulsión es suficiente para herirnos. Nos mantenemos en un estado de crisis, fluyendo la adrenalina y tensos los músculos, listos para reaccionar ante emergencias que generalmente no son tales.

Alguien hace algo, de modo que nosotros debemos hacer algo a la vez. Alguien se siente de determinada manera de modo que nosotros debemos sentirnos de otra determinada manera. BRINCAMOS DENTRO DEL PRIMER SENTIMIENTO QUE NOS ATRAVIESA Y LUEGO NOS EMPANTANAMOS EN ÉL.  Pensamos en el primer pensamiento que cruza por nuestra cabeza y luego elucubramos sobre él. Decimos lo primero que nos viene a la lengua y a veces nos arrepentimos. Hacemos lo primero que nos viene a la mente, generalmente sin pensarlo. Ese es el problema: reaccionamos sin pensar, sin haber pensado honestamente lo que necesitamos hacer y cómo queremos manejar la situación. Nuestras emociones y conductas controladas   —disparadas—   por cualquier persona o cosa en nuestro entorno. Indirectamente estamos permitiendo que los demás nos digan qué hacer. Eso significa que hemos perdido el control. Estamos siendo controlados.

Cuando reaccionamos abdicamos a nuestro poder personal, dado por Dios, para pensar, sentir y actuar de acuerdo con nuestro mejor interés. Permitimos que otros determinen cuándo nos sentiremos felices; cuándo nos sentiremos en paz; cuándo nos sentiremos irritados; y qué es lo que diremos, haremos, pensaremos y sentiremos.  Abdicamos a nuestro derecho de sentirnos en paz al capricho de nuestro medio ambiente. Somos como un trozo de papel a merced de la tormenta, dejándonos arrastrar por cualquier viento.

He aquí un ejemplo de la manera en que suelo reaccionar (una entre tantas): mi oficina está en mi casa, y tengo dos hijos pequeños.  A veces, cuando estoy trabajando, comienzan a alocarse en las otras habitaciones:  pelean, corren, revuelven toda la casa, comen y beben todo lo que encuentran en la cocina. Mi primera reacción instintiva es gritarles: “¡Párenla!”; la segunda es gritarles más.  Me viene de una manera natural. Reaccionar de esa forma parece más fácil que abandonar mi oficina, ir hasta el cuarto de lavado y luego dirigirme al piso de arriba. También me parece más fácil que pensar cómo manejar la situación. Lo cierto es que bramar y gritar no sirven de nada. En realidad, no representan la salida más fácil. Me irrita la garganta y enseña a mis hijos cómo hacer para que yo me siente en mi oficina y dé alaridos.

 

Reaccionar casi nunca funciona.  Reaccionamos   demasiado aprisa, con demasiada intensidad y urgencia. Rara vez podemos hacer lo más adecuado cuando nos encontramos en ese estado mental, Resulta irónico que no se nos requiera para hacer las cosas en este estado mental. Poco hay en nuestras vidas que no podamos hacer mejor si permanecemos apacibles. Pocas situaciones —no importa qué tanto parezcan demandarlo— pueden mejorarse si perdemos los estribos.

Entonces, ¿por qué lo hacemos?

Reaccionamos porque estamos ansiosos y temerosos de lo que está sucediendo, de lo que podría suceder y de lo que ha sucedido.

Muchos reaccionamos como si todo fuera una crisis porque hemos vivido tantas crisis durante tanto tiempo que la reacción a la crisis se ha convertido en un hábito.

Reaccionamos porque pensamos que no deberían estar sucediendo las cosas como suceden. Reaccionamos porque no nos sentimos bien con nosotros mismos.

Reaccionamos porque la mayoría de la gente reacciona. Reaccionamos porque pensamos que tenemos que reaccionar. No tenemos que hacerlo.

 

No debemos tener tanto miedo de la gente. Son gente como nosotros.

No tenemos que abdicar a nuestra paz. No sirve de nada.  Disponemos de los mismos recursos y hechos cuando estamos en paz que de los que disponemos cuando estamos en un estado frenético y caótico. De hecho, disponemos de más recursos porque nuestras mentes y emociones están libres de actuar a su mayor potencial.

No debemos abdicar a nuestro poder para pensar y sentir por cuenta de los demás. Tampoco eso se requiere de nosotros.

No tenemos que tomar las cosas tan a pecho (a nosotros mismos, a los eventos y a las otras personas). Sacamos las cosas fuera de toda proporción — nuestros sentimientos, pensamientos, acciones y errores—. Hacemos lo mismo con los sentimientos, pensamientos y acciones de otras personas. Nos decimos a nosotros mismos que las cosas son temibles, terribles, una tragedia y el fin del mundo. Muchas cosas pueden ser tristes, muy malas o desagradables, pero lo único que es el fin del mundo es el fin del mundo. Los sentimientos son importantes, pero son sólo sentimientos. Los pensamientos son importantes, pero son tan sólo pensamientos y todos pensamos en muchas cosas diferentes, y nuestros pensamientos están sujetos a cambio. Lo que hacemos y decimos es importante, lo que otros dicen y hacen es importante, pero el mundo no pende de ninguna frase o acción en particular.  Y si es particularmente importante decir o hacer algo, no nos preocupemos: sucederá. Aligérate. Date a ti mismo y a los demás, espacio para moverse, para hablar, para ser lo que somos: humanos.  Dale oportunidad a la vida para que las cosas se den solas.  Date a ti mismo oportunidad para disfrutarlo.                     

No debemos tomar la conducta de otras personas como el reflejo de nuestra autoestima.   No tenemos que sentirnos avergonzados si alguien a quien amamos se comporta en forma impropia. Cada persona es responsable de su propia conducta. Si otro se comporta de manera inadecuada, deja que él o ella se avergüencen de sí mismos. Si tú no has hecho nada que te haga avergonzarte, no te sientas avergonzado. Sé que esta es una tarea difícil, pero puedes lograrlo.

No tenemos que tomar el rechazo como reflejo de nuestra autoestima. Si alguien importante para ti (o aun alguien que no lo sea) te rechaza a ti o a lo que has elegido, tú sigues siendo real, sigues teniendo el mismo valor que si no hubieras sido rechazado.  Asume cualquier sentimiento que pueda acompañar al rechazo; habla acerca de tus pensamientos no des en prenda tu autoestima sólo porque otro rechazó o desaprobó lo que tú eres o lo que has hecho. Aun si la persona más importante para ti te rechaza, tú sigues siendo real, y sigues estando bien. Si has hecho algo impropio o necesitas solucionar un problema o cambiar una conducta, sigue los pasos adecuados para ocuparte de ti mismo. Pero no te rechaces, y no le des tanto poder al rechazo de los demás. No es necesario.

No tenemos que tomar las cosas de manera tan personal.   Tomarnos a pecho cosas que no valen la pena de tomarse tan a pecho.   Por ejemplo, decirle a un alcohólico: “si me amaras no beberías", tiene tanto sentido como decirle a alguien que tiene pulmonía: ‘‘si me amaras no toserías". Las víctimas de la pulmonía toserán hasta que tengan tratamiento adecuado para su enfermedad. Los alcohólicos beberán hasta que consigan lo mismo. Cuando la gente que tiene un trastorno compulsivo hace cualquier cosa que se sienta obligada a hacer, no quieren decir que no te aman, lo que están diciendo es que no se aman a sí mismas.

Tampoco tenemos que tomarnos de una manera personal las pequeñeces. Si alguien ha tenido un mal día o está enojado, no asumas por ello que tiene algo que ver contigo. Puede tener algo que ver contigo o no. Si así es, lo descubrirás. Generalmente las cosas tienen mucho menos que ver con nosotros de lo que pensarnos.

Una interrupción, el mal humor de otro, una lengua aguda, un mal día pensamientos negativos, problemas o el alcoholismo activo no tienen por qué manejar o arruinar nuestro día, ni siquiera una hora de nuestro día. Si la gente no quiere estar con nosotros o actuar de una manera saludable, esto no es reflejo de nuestra autoestima.  Refleja, en cambio sus propias circunstancias actuales.  Al practicar el desapego podemos disminuir nuestras reacciones destructivas hacia el mundo que nos rodea. Sepárate de las cosas.  Déjalas estar, y deja que la gente sea como es. ¿Quién eres tú para decir que la interrupción, el estado de ánimo, las palabras, el mal día, el pensamiento o el problema no son una parte importante y necesaria de la vida? ¿Quién eres tú para decir si este problema no será en último término benéfico para ti o para alguien más?

No tenemos que reaccionar. Tenemos opciones. Esta es la alegría de la recuperación de la codependencia. Y cada vez que ejercitamos nuestro derecho para elegir cómo queremos actuar, pensar, sentir y comportarnos, nos sentimos mejores y más fuertes.

“Pero”, podrán ustedes protestar, “¿por qué no debo reaccionar?  ¿Por qué no debo replicar? ¿Por qué no debo irritarme?  Él o ella se merecen cargar con el peso de mi torbellino”.  Podría ser, pero tú no debes hacerlo.   Estamos hablando aquí de tu falta de paz, de serenidad, de tus momentos desperdiciados.  Como solía decir Ralph Edwards, “Esta es tu vida”.  ¿Cómo quieres usarla? 

Somos como cantores de un gran coro. Si el que está junto a nosotros desentona, ¿debemos hacerlo nosotros también? ¿No le ayudaría más a él, y a nosotros, tratar de seguir entonado?  Podemos aprender a cumplir con nuestra parte.

No necesitamos eliminar todas nuestras reacciones hacia la gente y hacia los problemas. Las reacciones pueden ser útiles. Pueden ayudarnos a identificar lo que nos gusta y lo que nos hace sentirnos bien. Nos ayudan a identificar los problemas dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Pero la mayoría de nosotros reaccionamos demasiado.  Y gran parte de las cosas a las que reaccionamos son tonterías. No son tan importantes, y no ameritan el tiempo ni la atención que les damos. Algunas de nuestras reacciones son respuestas a las reacciones que los demás tienen frente a nosotros. (Estoy furiosa porque él se puso furioso; él se puso furioso porque yo estaba enojada; yo estaba enojada porque pensé que él estaba enojado conmigo; pero no estaba enojado sino herido porque...)

Nuestras reacciones pueden ser el eslabón de una cadena de reacciones tal que a menudo los involucrados están irritados y nadie sabe por qué. Simplemente están irritados. Luego, todos están fuera de control y a la vez son controlados. A veces la gente se comporta de cierta manera para provocar que nosotros reaccionemos de otra. Si dejamos de reaccionar de esta cierta manera, la privamos de lo divertido que esto le resulta. Quedamos fuera de su control y le quitamos el poder que tiene sobre nosotros.

A veces   nuestras   reacciones   provocan   que los demás   reaccionen   de cierto   modo.   (Pero   no necesitamos seguir haciéndolo, ¿o sí?) A veces el reaccionar estrecha nuestra visión en tal forma que nos quedamos varados reaccionando a los síntomas o a los problemas. Podemos estar tan ocupados reaccionando que no tenemos tiempo ni energía para identificar el problema real, y mucho menos para descubrir cómo solucionarlo. Podemos pasar  años  reaccionando  ante  cada  incidente  provocado  por la bebida  y la crisis resultante,  ¡fallando  completamente  en reconocer  que el verdadero  problema  es el alcoholismo!  Aprende a dejar de reaccionar de maneras que no son necesarias y que no funcionan.   Elimina las reacciones que te lastiman.

Siguen algunas sugerencias para ayudarte a desapegarte de la gente y de tus reacciones negativas hacia ella. Estas son sólo sugerencias.  No existe una fórmula específica para lograr el desapego.  Necesitas encontrar tu propia manera, una que te funcione a ti.

 1-Aprende a reconocer cuando estás reaccionando, cuándo estás permitiendo que alguien o algo tire de tus cuerdas. Generalmente cuando empiezas a sentirte ansioso, temeroso, indignado, rechazado, avergonzado, preocupado, confundido o a padecer autoconmiseración, hay algo en tu medio ambiente que te respecto.)  Emplear las palabras ha hecho nudos.  (No afirmo que esté mal experimentar estos sentimientos.  Probablemente cualquiera se sentiría así.  La diferencia estriba en que estamos aprendiendo a decidir por cuánto tiempo deseamos seguir sintiéndonos así, y qué queremos hacer al “ella, o él o eso me hicieron sentir” a menudo indica que estamos reaccionando.  Perder nuestra sensación de paz y serenidad probablemente es el indicador más poderoso de que estamos atrapados en algún tipo de reacción.

 2-Ponte cómodo.  Cuando reconoces que estás en medio de una reacción caótica, di o haz lo menos posible hasta que puedas restaurar tu nivel de serenidad y de paz. Haz cualquier cosa que necesites hacer (que no sea destructivo para ti ni para nadie más) que ayude a relajarte. Inhala profundamente unas cuantas veces. Sal a caminar.  Limpia la cocina.  Siéntate en el baño. Ve a casa de un amigo. Acude a una junta de Al-Anón.  Lee un libro de meditación. Vete a la playa.  Mira un programa de televisión.  Encuentra una manera de separarte emocional, mental (y si es necesario) físicamente de aquello a lo que estás reaccionando. Busca una forma de librarte de la ansiedad. No tomes un trago ni manejes por la calle a 100 kilómetros por hora. Haz algo que no sea arriesgado y que te ayude a restaurar tu equilibrio.

3- Analiza lo que ha sucedido. Si se trata de un incidente menor, serás capaz de sobreponerte tú solo. Si el problema es serio, o si te perturba seriamente, tal vez quieras discutirlo con un buen amigo que te ayude a aclarar tus pensamientos y emociones.  Las dificultades y los sentimientos crecen cuando tratamos de apresarlos en nuestro interior. Habla acerca de tus sentimientos. Asume la responsabilidad de ellos. Siente verdaderamente lo que estés sintiendo. Nadie te hizo sentir así. Alguien pudo haberte ayudado a que te sintieras de determinada manera, pero el sentimiento lo sentiste tú. Manéjalo. Luego, esclarece tú mismo la verdad sobre lo que sucedió. 27! ¿Estabas alguien tratando de molestarte?  (Si hay duda al interpretar algo como un insulto o rechazo, prefiero creer que eso no tuvo nada que ver conmigo.  Me ahorra tiempo y me ayuda a sentirme bien conmigo misma.)  ¿Estabas tratando de controlar a alguien o algún evento?  ¿Qué tan serio es el problema o el asunto?  ¿Estás tomando la responsabilidad de otro? ¿Estás enojado porque alguien no adivinó lo que en realidad querías o lo que en verdad querías decir? ¿Estás tomando la conducta de otro de un modo demasiado personal?

¿Alguien oprimió tus botones de culpa o de inseguridad?  ¿Es en verdad el fin del mundo, o es meramente algo triste y decepcionante?

4- Toma tus decisiones basándote en la realidad y tómalas en un estado de ánimo apacible. ¿Necesitas pedir disculpas? ¿Quieres olvidarte del asunto?

¿Necesitas hablar con alguien de corazón a corazón? ¿Necesitas tomar otra decisión para cuidar de ti mismo? Cuando tomes tu decisión ten en mente cuáles son tus responsabilidades. No tienes la responsabilidad de que los otros “vean la luz” y no necesitas “enderezarlos”.  Tienes la responsabilidad de ayudarte a ti mismo a ver la luz y de enderezarte.  Si no te sientes en paz con alguna decisión, olvídala.  No es tiempo para tomarla todavía.  Espera hasta que tu mente esté consistente y tus emociones estén tranquilas.

 5-Cálmate. No necesitas sentirte tan asustado. No necesitas sentirte tan frenético. Mantén las cosas en perspectiva.  ¡Hazte la vida más fácil!

 

Actividad

 

1) ¿Gastas demasiado tiempo reaccionando ante alguien o ante algo en tu entorno? ¿Quién o qué? ¿Cómo estás reaccionando? ¿Es así como te gustaría comportarte o sentirte si tuvieras la posibilidad de elegir?

 2)  Revisa los pasos previos del desapego y aplícalos a cualquier cosa o persona que te esté molestando más. Si necesitas hablar con alguien escoge un amigo de confianza. Si es necesario busca ayuda profesional.

 3) ¿Qué actividades te ayudan a sentirte cómodo y en paz? (Una ducha de agua bien caliente, una buena película y bailar son mis opciones favoritas.)

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TOMADO DEL LIBRO YA NO SEAS CODEPENDIENTE ♥

Melody Beattie es una autora estadounidense de libros de autoayuda sobre relaciones codependientes.

Nacida como Melody Vaillancourt en Minneapolis, Beattie se graduó de la escuela secundaria con honores. Comenzó a beber a los 12 años, era una alcohólica en toda regla a los 13 y una adicta a los 18.

Beattie es autora de otros 18 libros, entre ellos Codependent No More , Beyond Codependency , The Language of Letting Go y Make Miracles in Forty Days: Turning What You Have into What You Want , publicado en 2010. Varios de sus libros se han publicado en otros idiomas.

Beattie, junto con Janet G. Woititz y Robin Norwood, fueron divulgadores de la ciencia, ayudando a digerir y explicar el trabajo del psiquiatra Timmen L. Cermak , autor de Diagnóstico y tratamiento de la codependencia .

martes, 30 de marzo de 2021

¿Estás respondiendo o reaccionando?

 

Traducido desde… https://thebestbrainpossible.com

 

¿Cuál es la diferencia en responder y reaccionar? Si bien la distinción puede parecer una de semántica, el impacto de cada uno en su vida puede ser enorme porque reaccionar es un comportamiento instintivo dirigido por el cerebro reptiliano, y responder es una elección consciente que implica el aporte del cerebro más evolucionado.

En su libro, Just One Thing: Developing a Buddha Brain Una práctica simple a la vez , Rick Hanson explica cómo los dos difieren en su cerebro. Para simplificar drásticamente, el cerebro humano evolucionó en etapas que comienzan con el cerebro reptiliano, el tronco encefálico, que se ocupa principalmente de evitar daños. Luego, se desarrolló el cerebro de los mamíferos, el sistema límbico, que se enfoca en acercarse a las recompensas. Finalmente, se formó el cerebro humano, la corteza, que tiene que ver con el apego. En cada ser humano actual, estos tres sistemas están constantemente en funcionamiento.

La diferencia en Su cerebro

Cuando sucede algo en el entorno que Le hace sentir un poco amenazado, desde alguien que te corta el tráfico hasta un compañero de trabajo que hace un comentario crítico, su cerebro reptiliano se activa en el modo reactivo de lucha o huida. Hace un millón de años, esto fue algo bueno para mantener vivos a nuestros antepasados; Sin embargo, en el mundo de hoy, sucede con demasiada frecuencia. Cada vez que está presionado, preocupado, irritado o decepcionado, este mismo mecanismo se activa y no solo se siente mal y puede provocar ansiedad y depresión, sino que es malo para su salud física, ya que el estrés crónico contribuye a un sistema inmunitario debilitado y un mayor riesgo de ataque cardíaco. y accidente cerebrovascular.

En este modo reactivo, el cerebro que evita expresa miedo y enojo. El cerebro que enfrenta vuelve a una perspectiva de escasez que se manifiesta como una avaricia que va desde el anhelo hasta la adicción. El sistema de fijación se mueve a una posición de dolor que puede incluir sentimientos de abandono, inutilidad o soledad.

Cuando se siente seguro y satisfecho, el sistema de evitación de su cerebro está tranquilo, el impulso que se acerca es contenido y la orientación del apego es cuidadosa. En este modo receptivo, su cerebro se calma, se alegra y se repone. La buena noticia es que este es el estado natural y en reposo de su cerebro y donde desea estar para la felicidad y la salud. La mala noticia es que muchos de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en modo reactivo.

Reaccionar es instintivo. Responder es una elección consciente. Cuando algo sucede, nuestro cuerpo va a reaccionar automáticamente independientemente. El truco es tomar conciencia de esta reacción inicial, resistirse a hacer cualquier cosa, involucrar su mayor inteligencia al considerar las opciones, las posibles ramificaciones, quién quiere ser y qué será lo mejor para usted, y luego, elija cómo responder.

En el artículo, Respondiendo vs. Reaccionando, J. Loeks escribe:

El acto de responder requiere que uno observe las circunstancias, identifique el problema o la situación, escuche lo que sucede y reflexione. Esa reflexión puede ser por un momento, cinco segundos, una hora, dos días o más. El marco de tiempo no importa. Lo que importa es que te detuviste y te esforzaste por pensar y suspendiste el juicio. Es un acto consciente y muestra que estás dispuesto a escuchar u observar. Esta "brecha" entre la circunstancia y tu comportamiento es lo que contribuye a ganar un sentido de control en tu vida. Una vez que una persona puede identificar que al responder realmente tiene una opción en la forma, comenzará a darse cuenta de que puede tomar mejores decisiones. La clave es esa pausa. Si la situación requiere una acción inmediata, respire profundamente primero. Esto solo puede ayudarte a obtener una apariencia de control y hacer que elijas una declaración o acción alternativa que pueda marcar una gran diferencia en el resultado de una situación "

La diferencia en tu vida

Aprender a responder en lugar de reaccionar, lo que ha llevado años, ha marcado una tremenda diferencia positiva en mi vida. Solía ​​ser increíblemente reactivo, lo que podría empeorar una situación mala o incluso una buena situación muy rápidamente y tener consecuencias perjudiciales. Por ejemplo, traté de suicidarme, lo que resultó en una lesión cerebral grave y la pérdida de la custodia de mis hijos. ¿No es tratar de matarte la última reacción?

Un artículo que leí decía que la diferencia entre responder y reaccionar era de unos diez segundos. Para mí, puede ser mucho más largo e, incluso entonces, todavía no lo hago bien a veces. Es sorprendente para mí poder centrarme en algo durante días, ser bueno y no reaccionar, meditar sobre el tema y pensar conscientemente en cómo quiero responder, solo para enviar un correo electrónico que me he convencido de que no es reactivo. Inmediatamente me doy cuenta de que es exactamente eso después de presionar "enviar".

Aprender a dejar de ser reactivo es un desafío continuo, pero se vuelve más fácil cuanto más anulas el cerebro reptiliano que involucra tu cerebro receptivo. Rick Hanson escribe en Just One Thing: Developing a Buddha Brain Una práctica simple a la vez:

Cada vez que descansas en el modo receptivo de tu cerebro, se vuelve más fácil volver a casa. Esto se debe a que "las neuronas que se disparan juntas, se unen": estimular los sustratos neurales de la calma, la satisfacción y el cuidado los fortalece. Esto también hace que sea más difícil ser sacado de las casillas; es como alargar la quilla de tu velero mental para que, sin importar cuán fuerte soplen los vientos de la vida, te mantengas erguido, sin volcar, y sigas hacia el faro de tus sueños ".

El modo receptivo de tu cerebro puede activarse, alentarse y reforzarse mediante prácticas como la atención plena, la meditación, y entrando en el momento presente.

 

https://thebestbrainpossible.com/responding-rather-than-reacting/