DONACIÓN AMOROSA

 

DONACIÓN AMOROSA

 

INFINITAS GRACIAS!!

GRACIASSSS...Por todo vuestro amoroso apoyo tanto presencial como financiero, los que han podido, a través de tantos años. Porque ayuda el que dona dinero...pero ayuda inconmensurablemente quien expande su amor y su Presencia en el Infinito Campo de Conciencia en el que estamos entrelazados♥

Buscar en este blog

Mostrando las entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de abril de 2021

Cómo su lenguaje y pensamientos afectan su ADN - Steven "Mana" Trink

 Traducido con Amor desde...http://www.epigenetic-therapy.com

 

El mundo es el escenario que nos permite reproducir el guion que habíamos escrito para nosotros antes de nacer en este planeta de dualidad. Nuestra parte en esta obra es simplemente recordar nuestra verdadera naturaleza desde la perspectiva más amplia. 

Vivimos en un universo de cambio constante. El viento es una referencia maravillosa, como lo es toda la naturaleza. Junto con el cambio viene la intervención de la mente humana que quiere saber qué traerá el viento, ya que busca consuelo en el saber lo que sucederá después, para controlar nuestro resultado, para que podamos estar seguros y protegidos. Hemos sido condicionados y programados para creer que tenemos el control de los resultados de nuestras experiencias, por lo que nos juzgamos a nosotros mismos en base a esta ilusión percibida. 

El estrés, la ansiedad, la duda, el conflicto están subrayados por el miedo a perder el control y se convierten en una parte de la obra que nos mantiene al límite. La percepción de incertidumbre crea un desequilibrio y giramos fuera de control. ' ¿Por qué me pasa esto a mí? ' Es una pregunta que surge a menudo. Buscamos la culpa, encontramos una razón lógica o cualquier otra cosa que no sea aceptar la responsabilidad. Nos enfrentamos al " desafío " de arreglar, cambiar o superar la situación.

La respuesta es simple. Proviene de un lugar diferente a aquel desde donde actuamos. Se trata de perspectiva o percepción, de cómo lo estás viendo. La palabra "desafío" es la clave de la solución. Mientras veas lo que está ocurriendo como un "desafío", lo verás desde un punto de ataque e irás a la guerra.

Ahora, vamos a considerarlo desde un punto de vista diferente. En lugar de interpretar la experiencia como un "desafío", ahora cambie su perspectiva y considérelo como una "Iniciación".

Una "iniciación" no es ser admitido en un club o parte de un ritual. Es un evento que te da la bienvenida a una nueva conciencia. Es una experiencia que te permite verte desde la perspectiva de Liberación y observar la experiencia como algo que está sucediendo en ti, en lugar de sucederte a ti . Marca la muerte de tu antiguo yo y el regocijo en el nacimiento de un Nuevo Tú, un tú cambiado, otra evolución en tu viaje. Otra parte de lo que eres, reflejado en ti mismo.

La iniciación se lleva a cabo el día en que se te informó o experimentaste un evento trágico, una gran decepción o se te informó de una enfermedad devastadora. La forma en que se recibe la experiencia desde la perspectiva de un "desafío" o una "iniciación" es la diferencia entre sufrir u obtener una visión de una conciencia superior que abrirá las puertas a una vida llena de armonía, equilibrio y salud vibrante.

La ciencia ha demostrado nuestros pensamientos, creencias, percepciones y lenguaje se traducen en frecuencias vibratorias. La expresión de tu ADN y tu comunicación con las células de tu cuerpo están determinadas principalmente por estas frecuencias.

La palabra "desafío" y su asociación correspondiente con resistencia, obstáculo o energía para avanzar, tiene una frecuencia de vibración más baja que la palabra "iniciación", que en este caso se refiere a Conciencia, Crecimiento personal y Liberación. 

Cuánto tiempo e intensidad continúas en ciertos patrones de pensamiento o emociones (ira, vergüenza, pena, apatía, culpa, celos, tristeza, duda o miedo) consciente o inconscientemente, es lo que actualiza y expande la energía acumulada de conciencia que se convierte en tu frecuencia vibratoria

El Dr.David R. Hawkins, es un psiquiatra, investigador de conciencia, conferencista espiritual y místico de renombre internacional. En su libro, El poder vs La fuerza, describe niveles de frecuencia vibratoria que son determinantes del comportamiento humano. Nuestras experiencias son reflejos de nuestra frecuencia.

Es evidente que niveles que energía de baja densidad asociados con sus programas subconscientes, pensamientos, creencias y palabras pueden comprometer su sistema inmunológico y específicamente la vitalidad de tu vida. Cuando estás enfocado desde un punto de vista de Confianza, Compasión, Alegría, Paz, Creatividad, Pasión o Amor, que son niveles más altos de frecuencia, experimentas la Celebración de la Vida y en realidad te estás comunicando a tus genes y datos de ADN que son curativos y nutriéndote de  información que contribuye a tu estado general de bienestar.

Albert Einstein creía que somos "Seres vibratorios que viven en un universo vibratorio". Nikola Tesla, físico y futurista mundialmente reconocido, ha declarado: "Si desea comprender el Universo, piense en Energía, Frecuencia y Vibración".

Responsabilizarte de ser consciente de tus pensamientos y lenguaje es la manera de separarte energéticamente de tus historias, para poder vivir en el Momento Presente de Armonía, Equilibrio y Alegría.   

Simplemente cambiando tu percepción de las ilusiones emocionales de la mente del ego que crea frecuencias vibratorias de menor densidad, a las vibraciones más altas que emanan de la sabiduría y la verdad que vive dentro de tu corazón, generas un poder increíble para el cuerpo mismo y, en particular, la conexión mente-cuerpo-espíritu. 

Asumir la responsabilidad de integrar palabras edificantes y de mayor frecuencia en tu vida diaria te ayudará a liberarte de sus conflictos emocionales y te pondrá en Equilibrio con la Conciencia Divina.

Steven "Mana" Trink

Steven "Mana" Trink combinó sus 20 años de experiencia en medicina de campo vibracional / energética con su entrenamiento como maestro hipnoterapeuta certificado bajo el Dr. John Kappas, quien literalmente definió la profesión de hipnoterapia. Desde entonces, Mana ha surgido como una fuerza líder y un visionario de la Transformación Personal en la Nueva Ciencia de la Epigenética.

http://www.epigenetic-therapy.com/how-your-language---thoughts-effect-dna.html

viernes, 1 de enero de 2021

El poder sanador que tienen las palabras - Virginia Bonard

Es notable. Cada palabra que pronunciamos indica, sugiere, traslada, es siempre un escalón más hacia arriba o hacia abajo. Y a la vez, cada silencio que producimos indica, sugiere, traslada, es siempre un escalón hacia arriba o hacia abajo. Las palabras modifican, dan sentido, aclaran (u oscurecen), nos definen o nos desdibujan.

¿Cómo llegan las palabras que emitimos y qué efecto tienen en nuestras propias vidas?

Les voy a contar lo que me pasó a mí. En una etapa de mi vida en la que me encontraba atravesando una enfermedad, mi médica me recomendó que escribiera lo que sentía, aprovechando esta “tendencia” a la escritura que me acompaña desde que tengo memoria. Lo hice. Los retazos de textos que recuperé de aquellos tiempos son dolor puro y duro, sintácticamente organizados y plenos de metáforas que transformaron lágrimas en palabras que hicieron mucho bien. Casi buscando un conjuro revitalizante, recuerdo haber escrito con la firme intención de espantar fantasmas que solo existían para mí. Y así brotaron tanto poemas como cuentos cortos, inspiraciones imprevistas, o simplemente casuales microrrelatos.

Comprobé claramente que de los abismos vitales más profundos surgen los mejores textos. Estaba involucrada desde las vísceras y conté con la ausencia de filtro en mis dedos sobre el teclado: había que sanar y el reloj de arena había girado.

También ante la muerte siempre inesperada, la escritura aparece en muchos como una alternativa de escape, un pedacito de horizonte: “El hecho concreto de escribir sería apenas un intento de exorcizar un dolor real, absoluto —indica en diálogo con Sophia el escritor argentino Abel Posse, quien se atrevió a narrar la muerte de su hijo—. Lo indispensable es comprender que ese hecho que nos arranca un ser vivo, querido, entrañable, como el caso de la muerte de un hijo, no debe comprenderse como una agresión de las divinidades o del destino. Es algo que pasa, que es y que está allí. Entonces sí que es útil para esto una visión de la realidad. Es un simple hecho de la realidad y es absolutamente comprensible culturalmente decirnos: siempre le pasa al otro, esta vez el golpazo insoportable ‘me tocó a mí’”.

Ante las dificultades y los dolores de la vida, ¿las palabras sanan?

“El martillo puede ser una herramienta muy útil. O un arma letal. Depende del modo en que lo usemos. Con la palabra sucede algo similar. La palabra tiene la capacidad de curar, aliviar, restablecer. El psicoanálisis, por ejemplo, propone, a través de la palabra, un camino de mejora, superación, alivio. El asunto es que la palabra también puede herir, ofender, lisiar. La palabra puede ser una caricia. O un puñal. También, el silencio”, reflexiona la escritora argentina Paula Margules.

En este desgranar ideas, dice Posse, vamos buscando respuestas e indagando en la intelectualidad: “Yo, siendo escritor no creí que escribir o psicoanalizarse podría abreviar o calmar el dolor. Mi libro lo escribí veinte años después de la muerte de mi hijo. Sentí que mi experiencia podría ayudar para responder al impacto desde la comprensión filosófica y del destino cósmico de todo. Estamos mal preparados ante el rigor de la existencia”.

Las palabras difíciles

Desde que conocí Cuando muere el hijo, la obra de Posse que trajo hasta esta conversación con él, hubo siempre para mí un gran interrogante: si el autor se basó en la muerte de su propio hijo, ¿por qué tomó distancia desde las palabras cuando lo tituló? Él mismo me develó la incógnita: “Yo escribí recordando el infierno para que los otros tengan que soportarlo. El ‘cuando muere el hijo’ implica la posibilidad de algo real. La muerte de mi hijo sería una exclusividad ajena a la sinrazón del misterio del mundo y de sus habitantes (nuestro contrato de vida no tiene cláusula de duración). El ‘cuando muere’ invita a aceptar un poco lo que en general es inaceptable y origina el dolor. Ayuda la teología, porque solo lo religioso acepta el misterio. ‘Soportar es todo’, escribió Rilke. Y para soportar hay que comprender que no hay culpa de los dioses ni de nosotros, los padres”, respondió Posse.

Frente al binomio literatura-salud (esa ventanita ante la oscuridad), Margules se para ante la primera palabra, la que nos define, la que nos va identificar durante toda la vida: “Lo primero que recibimos al nacer es el nombre. Con el nombre llegan nuestras tradiciones, nuestra cultura. Y el idioma. En el nombre anida el prestigio. O el menoscabo. Habitamos nuestro nombre; vivimos en nuestro nombre; crecemos en nuestro nombre. Y morimos en él. Después, el nombre es recuerdo. La palabra —el idioma— es nuestro cimiento más básico. Podemos beber el lenguaje a cuentagotas. O a borbotones. Decidimos limitar nuestra expresión a un puñadito de términos. O gozamos la riqueza de nuestro idioma, patrimonio que nos pertenece. Y estamos en condición de celebrar, precisamente, porque al nacer fuimos arrojados a un nombre”.

Margules continúa, va más allá e introduce lo simbólico: “Palabras y hechos son parte del mismo cuerpo. Si la palabra no representa el acto que menciona, queda vacía de sentido, se reduce a hojarasca, a estopa para rellenar almohadones. Expresamos nuestros sentimientos con palabras. Razonamos con palabras. Donde no hay palabra, no hay pensamiento: la acción reemplaza al verbo y surge la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones. La palabra nos adueña de los conflictos. En esa conquista, evitamos que el caos se apodere de nosotros. Y restauramos el (des)orden –sed de orden–, en un nuevo orden”.

Un ejercicio sanador

El silencio ocupa espacio, divide personas, multiplica interrogantes. Al escribir usamos algunos recursos para que le quede claro al futuro lector que allí hay un silencio: tres puntos, tres puntitos entre paréntesis o, simplemente, si se trata de una obra teatral, la palabra “silencio”.

Posse emergió de su dolor-silencio con esta convicción: “Sentí inmediatamente que tenía la posibilidad a ayudar porque en mi infierno había encontrado un camino de alivio. Recibí muchas cartas y mantuve muchos diálogos y sentí que lo mío podía ayudar. Tuve algunas experiencias muy intensas de esto, al punto que estoy avanzando en una reflexión tendiente a ‘no darle tanto espacio’ a esa muerte prepotente que nos quitó y encima trata de anonadarnos…”. La sutileza fue llevando a este autor a compartir con formato de libro su propia experiencia de dolor y su camino de luz.

Me quedo para el final con una letanía preciosa de Margules que me confirma que no erré al ir por ella y plantearle “cuestiones de palabras”, estas dicotomías que si no escarbamos un poquito, no afloran, pero están, ¿eh?  

“La palabra crea puentes. O los derriba. Y forja abismos.
La palabra es un espejo que refleja ideas, convicciones, sentimientos. O los deforma.
La palabra compone la existencia diaria: consolida un presente más templado, más avenido, más vital.
O tritura cualquier posibilidad de entendimiento. La palabra concibe armonía. O ruina.
La palabra fortalece la conciencia que tenemos de nosotros mismos. O la debilita.
La palabra hace visibles nuestros deseos. Ante nosotros. Y frente a los demás.
La palabra ratifica nuestra conciencia del mundo.
La palabra aclara, reafirma, nuestra percepción del dolor, del placer, del caos. Y de la serenidad.
La palabra conjura miedos. O los provoca.
La palabra ensancha caudales. O los mezquina.
La palabra ayuda a que el tiempo madure los sueños. O deja que se pudran.
La palabra consagra nuestra intención más sincera. O la oculta. A veces, hasta la negación.
La palabra puede ser blindaje. O amparo.
La palabra nos define. O nos relega a la ambigüedad.
La palabra puede ser universo. O jaula.
La palabra puede sanar. O herir.
La palabra puede encender. O sofocar.
La palabra puede ser sutil como el vapor. O un cascote en la cabeza.
La palabra puede confinarnos a la intemperie. O puede crearnos un nuevo Paraíso.
Las palabras. Y el silencio. Recurso valioso que nos fue dado.
Palabras y silencios. Materiales con los que andamos por la vida, en busca de felicidad, y ojalá, sin renunciar a la alegría”.

https://www.sophiaonline.com.ar/el-poder-sanador-que-tienen-las-palabras/

domingo, 24 de mayo de 2020

Automaltrato: ¿cómo impacta lo que nos decimos?

A través de nuestros diálogos interiores establecemos una relación con nosotros mismos. Esa voz repite, una y otra vez, aquello que ya escuchamos a lo largo de nuestra historia y nos dejó huellas muy profundas. Y es tal el impacto que esa conversación produce, que puede fortalecernos o debilitarnos.

Nuestro diálogo interior reproduce muchos de los contenidos de nuestro pasado y los actualiza. Algunos nos han sido propicios, han consolidado nuestros talentos. Pero otros no.

¿Qué consecuencias tiene aquello que nos decimos en nuestro ánimo, en nuestra vida? 

Si cuando nos equivocamos o no cumplimos con nuestras propias expectativas, por ejemplo, lo que más escuchamos son frases del tipo: “¡Cómo podés ser tan tonta!», “¿Por qué te presentaste a concurso si sabías que no podías ganarlo?, «¡Mejor quedate en casa y no hagas nada más!», «¡Qué #*@…!», el efecto que se produce es un aumento del dolor, de la inseguridad  y un progresivo deterioro de nuestra identidad.   

«Si una persona atraviesa una situación de pérdida, una separación o enfermedad y además se automaltrata a través de lo que se dice, añade sin desearlo ni saberlo dolor al dolor. Y su clima interno, que ya alberga un alto nivel de malestar, se suma al padecimiento de la situación que está viviendo…».

Cuando lo que nos decimos nos descalifica, acusa, reprende o reprocha, ese diálogo interno crea dificultades y tristezas.

Si una persona atraviesa una situación de pérdida, una separación o una enfermedad y además se automaltrata a través de lo que se dice, añade sin desearlo ni saberlo dolor al dolor. Y su clima interno, que ya alberga un alto nivel de malestar, se suma al padecimiento de la situación que está viviendo.   

Supongamos que me equivoqué en algo y eso me apena, y además escucho mi voz interior que dice: “¡Pero siempre hacés todo mal!”. ¿Me ayuda en algo eso que digo? ¿Me predispone a aprender? ¿Qué necesitaría escuchar cada vez que me equivoco o que algo me resulta difícil de concretar?

El efecto de lo que nos decimos es máximo. Tanto para herirnos como para sanarnos. Y no sólo es importante lo que nos decimos sino también cómo lo hacemos: ¿de qué manera nos sentimos al ser tratados así?

Les sugiero destinar tiempo a responderse esa pregunta, porque en la respuesta habita la información que necesitamos para construir bases sólidas a la hora de hablarnos de un modo que nos ayude, en lugar de complicarnos o herirnos más.

Aprender a respetarnos

En esa continua comunicación entre yo y yo se manifiesta con nitidez “lo que opino de mí”… Y, como ya sabemos, ¡se trata de una opinión que nos afecta muchísimo! Para decirlo con sencillez extrema: en cada uno de nosotros hay un aspecto interior que realiza (por ejemplo, el que ahora me hace escribir este artículo) y otro que evalúa (el que dice qué y cómo lo escribo).  Estos dos aspectos están en interacción continua, como los movimientos de sístole y diástole del corazón. 

Entonces, ¿cómo se siente la que escribe al escuchar a la que evalúa u opina?

Opinar o evaluar interiormente es imprescindible para aprender, para reparar errores y para sanar. Pero esta función se puede ejercer de diferentes maneras, por lo que es necesario observar cómo nos evaluamos. Hay modos de opinar y de evaluar que derrumban, que dañan, pero también hay otros que fortalecen, acompañan y ayudan a reparar. 

“Qué pena que esta vez no nos salió como esperábamos… Tomemos ahora un descanso y luego enfoquemos nuestra energía en ver qué podemos aprender para que la próxima tengamos mejores recursos”, es una buena frase para demostrar de qué manera opera el autorespeto.

Si persistimos en el interés y el respeto por descubrir, encontraremos un tesoro de profunda sabiduría.   

«Enfocar esa conversación interior es el primer y definitivo paso para iniciar una experiencia que nos asombra una y otra vez: nuestra capacidad de crear vínculos interiores y exteriores que no aprendimos, que vamos creando y que pueden superar en amor, cooperación y respeto a lo recibido».

Suelo preguntar a quienes me consultan: “¿Le dirías a un amiga querida que reconoce haberse equivocado en algo significativo de su vida, lo que vos te decís cuando te equivocás?«. Y siempre me responden que por supuesto que no, porque eso la haría sentir peor. Inmediatamente, se sorprenden con su respuesta.

Nuestra conversación interior no es elegida: se parece más a un programa que está activo y del que muchas veces no somos conscientes. Enfocar esa conversación interior es el primer y definitivo paso para iniciar una experiencia que nos asombra una y otra vez: nuestra capacidad de crear vínculos interiores y exteriores que no aprendimos, que vamos creando y que pueden superar en amor, cooperación y respeto a lo recibido.

La generosidad  y maravilla de la vida que nos creó está allí manifestada.

La Sabiduría andina nos regala el Ayni: vínculos con todo lo que existe de reciprocidad, cooperación, ayuda al otro… ¿Y si realizamos esa práctica en nuestro interior también? Ofrecer–nos a todos un “cuidado mutuo” basado en el amor y sus acciones: compasión, respeto, protección, reciprocidad, ternura, atención. ¿Qué les parece la propuesta? 

 

Graciela Figueroa es Counselor, Formadora en Autoasistencia Psicológica® y Especialista en Emociones y Diálogos interiores.

 

http://www.sophiaonline.com.ar/automaltrato-como-impacta-lo-que-nos-decimos/

 

 

martes, 8 de octubre de 2019

Elevando tus palabras, no tu voz - Sara Fabián

Traducido con Amor desde… https://upliftconnect.com

Construyendo un puente de entendimiento mutuo

 

Elevar tus palabras, no tu voz es lluvia que hace crecer flores, no truenos. - Rumi

 

Una de las fuentes más comunes de conflicto entre las personas es la forma en que nos comunicamos. A menudo, los conflictos no surgen debido a la diversidad de opiniones y creencias. La diversidad es necesaria para el intercambio de pensamientos y el crecimiento final.

La verdadera fuente de conflicto, más bien, está en la forma en que expresamos nuestras opiniones y comunicamos el desacuerdo. Un tono de voz culpable, a veces incluso agresivo, puede filtrarse en nuestro lenguaje, lo que invita a la confrontación en lugar de a la colaboración, y transmite un tipo de enfoque cerrado "se hace a mi manera o no".

Mirando hacia atrás en mi pasado, puedo recordarme a mí misma durante los años de mi infancia, cuando cualquier cosa me parecía posible. En mi mundo, lleno de alegría, creatividad y diversión, las cosas eran claras y directas. Cuando tenía hambre, me aseguraba de que mi madre lo supiera. Cuando tuve miedo, me sentía triste o molesta, lo decía. Cuando quería algo, lo pedía.

Una de las fuentes más comunes de conflicto es la forma en que nos comunicamos.

En este espacio abierto de comunicación, no había espacio para leer la mente o hacer suposiciones. No pretendía saber lo que otras personas sentían o pensaban. Si algo no estaba claro, preguntaba. No dejé que mi mente jugara conmigo y creara escenarios sobre lo que otras personas tenían en sus mentes o corazones porque sabía que no eran reales. La vida era bastante simple, y cuanto más envejecía, más fuerte fue mi necesidad de complicarla.

El bello arte de la comunicación no violenta

Tomando una mirada honesta de mi vida como mujer adulta, me di cuenta de que a menudo era agresiva con la gente, sin siquiera darme cuenta. Nunca gritaba a la gente, pero expresaba mis pensamientos y emociones de manera agresiva, especialmente cuando intentaba transmitir opiniones en las que creía firmemente y hacía que mi voz se escuchara.

Esa es un área en la que todavía estoy trabajando. Sin embargo, he pasado un rato leyendo sobre el campo de la comunicación no violenta, aprendiendo cómo comunicarme con claridad y confianza en cualquier situación y, de ese modo, evitar dramas o confrontaciones innecesarias. Hace unos años, comencé a aplicar este aprendizaje en mi vida cotidiana. Sorprendentemente, pude ver cómo pequeños ajustes en mi comunicación me ayudaron a mejorar mis relaciones con las personas en mi vida personal y profesional.

Juzgamos a los demás según sus acciones, sin conocer sus intenciones.

Aquí hay tres sugerencias útiles que me ayudaron a perfeccionar mis habilidades de comunicación y construir puentes de entendimiento mutuo con los demás:

  1. Ser curioso acerca de los demás

Una fuente importante de conflicto proviene del hecho de que tendemos a evaluar nuestras propias acciones en función de nuestras intenciones, y al mismo tiempo juzgar a los demás en función de sus acciones, sin conocer sus intenciones.

Por ejemplo, cuando temía haber ofendido a alguien con mis palabras, mi reacción inmediata era explicarme y aclarar que mi verdadera intención no era lastimar a nadie: "Lo siento, no quise sonar así”. Mi punto es que ... "Sin embargo, cuando no me gustaba lo que escuchaba en una conversación sensible, solía saltar inmediatamente a una postura defensiva o incluso agresiva, sin siquiera intentar comprender más sobre lo que otros querían decirme.

Culpar a otras personas por la forma en que me siento, actúo o pienso es des empoderamiento. No puedo controlar lo que alguien dice, pero estoy completamente a cargo de mis emociones. Nadie puede hacerme sentir nada. Nadie puede alterarme, estresarme o deprimirme a menos que lo permita. Cada vez que me siento frustrada o enojada durante las conversaciones difíciles, me he educado para tomar una respiración larga y profunda. Eso me ayuda a estar conectada a tierra y manejar lo que siento.

En segundo lugar, aprendí a hacer preguntas con la curiosidad genuina de un niño. Quiero saber más sobre la historia detrás de las palabras: las circunstancias, el impacto en las personas involucradas, sus intenciones, etc.

Culpar a otras personas por la forma en que te sientes, actúas o piensas es desempoderamiento.

Aquí están algunas de mis preguntas favoritas que me ayudan a hacer eso:

  • ¿Cómo pasó esto?
  • ¿Me puede decir más acerca de eso?
  • ¿Qué podemos hacer para solucionar esto?
  1. El poder del 'qué'

Déjame hacerte la misma pregunta, de dos maneras diferentes. Di que te molestan mis palabras. Podría elegir responder con "¿Por qué dices eso?" O podría preguntar: "¿Qué te hace decir eso?"

¿Puedes sentir la diferencia entre las dos preguntas? ¿No te parece que la pregunta del 'por qué' parece más acusadora que la otra?

En realidad, solo juzgamos lo que no entendemos, así que me aseguro de evitar la confusión. Las personas solo pueden ser responsables de lo que dicen, no de lo que yo entiendo. Y nadie es un lector de la mente.

Cuando se les pregunta "por qué", las personas tienden a sentirse culpadas. Como consecuencia, se callan por completo o entran en un modo defensivo, tratando de justificarse. Mientras tanto, las preguntas con 'qué' invitan a una discusión abierta y una comunicación transparente. Ayudan a traer más equilibrio, armonía y paz durante las conversaciones sensibles.

Ser capaz de escuchar a otra persona es una forma de amor.

  1. La importancia de escuchar

Seré brutalmente honesta con esto: en el pasado, solía ser muy egoísta y ansiosa por tomar espacio en las conversaciones. Solía ​​escuchar para saber qué decir a continuación en lugar de estar totalmente presente para los demás con mente, cuerpo y alma, de modo que pudiera entender sus perspectivas y puntos de vista. Solía ​​interrumpir a otros en el intento de explicarme o defenderme. En otras palabras, las conversaciones eran generalmente mucho sobre mí, no tanto sobre otros.

A veces, lo único que tenemos que hacer en una situación que puede parecer un conflicto o desacuerdo es escuchar lo que otras personas tienen que decir con genuino cuidado, curiosidad, compasión y atención.

En mi caso, tuve que aprender a escuchar activamente. Durante las conversaciones, me imaginaba con una cremallera en la boca, cerrando la cremallera mientras la gente hablaba y permitiéndome abrir la cremallera solo una vez que terminaban. Este simple ejercicio me ayudó a estar presente y enfocada en la otra persona, tanto en mi vida personal como en mi carrera.

En un mundo donde la mayoría de las personas les encanta hablar de sí mismas, poder escuchar a otra persona es una forma de amor.

 

https://upliftconnect.com/raising-your-words-not-your-voice/