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domingo, 3 de octubre de 2021

Mirar el mundo con ojos silenciosos – Gonzalo Brito

 

“El no prestar atención nos mantiene en un ciclo interminable de caprichos, nos movemos de una cosa a la otra porque no llegamos a absorber lo que ya tenemos; la inatención crea la necesidad de una escalada de estímulos” – Sharon Salzberg.

“La facultad de traer de vuelta deliberadamente la atención errante, una y otra vez, constituye el fundamento mismo del discernimiento, del carácter y la voluntad. Nadie es maestro de sí mismo si no la tiene. La educación que mejorara esta facultad sería la educación por excelencia” – William James (1890).

 

Hace un par de años un equipo de investigadores de Harvard publicó en la revista Science un artículo titulado “Una mente distraída es una mente infeliz” * (“A Wandering Mind in an Unhappy Mind”), donde reportaban un estudio en el cual 2.250 voluntarios tenían que responder, en momentos aleatorios de su día, qué estaban haciendo, en qué estaban pensando y cuál era su nivel de felicidad (en una escala de 1 a 100). Los resultados mostraron varias cosas interesantes. Primero, un 47% del tiempo los participantes estaban pensando en algo distinto a lo que estaban haciendo, es decir, la mitad del tiempo no estaban mentalmente presentes. Segundo, el mejor predictor de felicidad no era qué estuviera haciendo la persona, sino si su mente estaba sincronizada con su acción. Por supuesto, si la persona estaba divagando mentalmente, el nivel de felicidad era mayor si los contenidos mentales de la divagación eran positivos en vez de negativos, pero tener la mente puesta en lo que se estaba haciendo era superior que la divagación positiva en cuanto al nivel reportado de felicidad. Es decir, si una persona estaba lavando platos, su nivel de felicidad era mayor si estaba plenamente presente con los platos, que si estaba imaginándose echado en la playa viendo una puesta de sol. De hecho, la manera en que las personas pasan el día tenía poca incidencia en lo felices que se sentían; su presencia era lo que realmente importaba.

Este estudio ofrece un comentario interesante acerca de dónde es más sabio poner nuestras esperanzas de felicidad. Usualmente ponemos esta esperanza en un set de condiciones externas, las cuales no sólo son inevitablemente transitorias, sino que muchas veces están fuera de nuestro control. En la cultura del consumo, la cual por su insustentabilidad estructural comienza a llegar a su fin, hemos puesto gran énfasis en los objetos que adquirimos y en las experiencias placenteras que perseguimos. Hemos multiplicado el acceso a bienes de consumo a través de una economía globalizada y el acceso al crédito, sin embargo, la felicidad no parece haberse multiplicado en la misma proporción con estos cambios. De hecho, parece que mientras más objetos y experiencias disponibles hay en nuestro horizonte, mayor es la miseria, ya que más frecuentemente sentimos que debiésemos tener y ser más de lo que tenemos y somos. Sin embargo, aun habiendo confundido conveniencia por felicidad, hay algo testarudo en la condición humana que, pese a los intentos de la publicidad, no llega a convencerse de que conveniencia y confort sean lo mismo que felicidad. Intuitiva o experiencialmente sabemos que se puede vivir una vida muy conveniente y cómoda, y aun ser bastante miserables.

En general, estamos condicionados a mirar el mundo con ojos ávidos. Mientras vivamos con poca conciencia, con la mente puesta en otra parte la mitad del tiempo, nos insensibilizamos hacia las pequeñas delicias de la vida, que sólo están disponibles en el presente para una mirada silenciosa. Nuestro umbral de asombro es demasiado alto, vivimos relativamente anestesiados y necesitamos de mucho estímulo externo (placentero o doloroso) para sentirnos vivos. En la medida en que lo que ayer nos satisfacía ya no nos satisface hoy, necesitamos de crecientes cantidades de estímulo, cayendo en comportamientos adictivos, lo que Sharon Salzberg llama “una interminable cadena de anhelos”.

La buena noticia es que estos condicionamientos no son irreversibles, es decir que no estamos condenados a estar vivos a medias el 53% de nuestra vida. Nuestro cerebro es neuro-plástico, es decir, es capaz de cambiar funcional y estructuralmente a través de la experiencia, y en particular, a través del entrenamiento de nuestra capacidad de atención y concentración. La concentración, ese gesto interno cultivable donde mente y cuerpo son “no-dos” −como diría un maestro Zen−, silencia gradualmente el comentarista interno, y paulatinamente disuelve la maquinita de realidad virtual que imponemos a menudo sobre la experiencia directa. La mente capaz de concentrarse produce una mirada silenciosa que no mira al mundo exigiéndole nada, sino que honra amorosamente la belleza que anónimamente nos es regalada momento a momento.

Una Práctica

Cuando las personas comienzan a practicar la meditación, a menudo se quejan de que la meditación no es para ellos, porque se distraen con facilidad. Esto es porque hay un mal entendido generalizado de que la meditación consiste en dejar la mente en blanco. De hecho, las distracciones no son un obstáculo para la práctica; las distracciones (que surgen en el 100% de los practicantes, principiantes o “expertos”) son las que permiten la práctica, ya que practicar consiste precisamente en notar que estamos distraídos y traer la mente de vuelta a lo que estamos poniendo atención.

Una práctica tradicional para cultivar la mirada silenciosa consiste en concentrarse en la respiración. Es una práctica realmente efectiva que ancla la mente al presente a través de traer una y otra vez nuestra atención a las sensaciones corporales de nuestra respiración (usualmente en el abdomen o en la nariz). Se puede comenzar por pocos minutos, e ir ampliando la duración de las meditaciones a medida que nuestra energía aumenta con la práctica. Si tienes un momento, respira profundo un par de veces y siente tu respiración. Si tienes tres minutos, puedes hacer la práctica de la Pausa Mindfulness de Tres Minutos, y si tienes más tiempo puedes realizar la Práctica de Atención Plena en la Respiración o la Práctica de la Meditación Sentada.

En lo cotidiano, es muy útil hacernos las preguntas ¿Qué estoy haciendo? ¿Dónde está mi mente ahora mismo? Y sin juzgarnos, recoger nuestra mente y volver la atención a lo que estamos haciendo. Pon atención al hábito de la multi-tarea (hacer más de una cosa a la vez), no sólo porque este hábito alimenta nuestra tendencia a estar ausentes, sino también porque simplemente en términos de productividad, cuando hacemos varias cosas a la vez no hacemos ninguna bien y perdemos hasta un 40% de nuestra eficiencia**
Por último, si te es posible, pasa algún tiempo en contacto con la naturaleza, observa y toca un árbol, escucha a los pájaros, siente el pasto, o mira el mar si vives en la costa, o mira el cielo y sus nubes, donde sea que vivas. Cultivando una mirada silenciosa, disminuye tu umbral de asombro y aprecia la magnificencia de lo simple.
¡Buena práctica!

Gonzalo Brito

 

*Killingsworth, M. A., & Gilbert, D. T. (2010). A Wandering Mind Is an Unhappy Mind. Science, 330(6006), 932.


**Rubinstein, J. S.; Meyer, David E.; Evans, J. E. (2001). Executive Control of Cognitive Processes in Task Switching. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 27(4), 763-797

Gonzalo Brito es Psicólogo Clínico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctor en Psicología del Institute of Transpersonal Psychology, Estados Unidos. Estudió en el Centro para la Investigación y la Educación en la Compasión y el Altruismo de la Universidad de Stanford (CCARE), siendo actualmente director de la Formación Internacional de Instructores del programa Compassion Cultivation Training (CCT) para países de habla hispana en colaboración con Nirakara y el Compassion Institute. Gonzalo ha realizado un Post-Graduate Certificate en la Universidad de Derby, UK, en Compassion Focused Therapy (CFT), bajo la supervisión de Paul Gilbert. Es co-autor de los libros «Presencia Plena» y «Mindfulness

https://cultivarlamente.com/mirar-el-mundo-con-ojos-silenciosos/

 

Lo que nunca cambia - Annette Nibley


 

Las ideas y enseñanzas referidas aquí derivan de una tradición espiritual denominada Advaita. La belleza del Advaita (a-duaita, literalmente "no dos") y lo que lo hace virtualmente diferente de cualquier otra filosofía en su género, es que no sustenta la idea de que la persona "no iluminada" debe hacer algo ahora para quedar "iluminada" en el "futuro". El Advaita descarta cualquier idea de algún tiempo "futuro" en el cual un aspirante trascenderá, eventualmente, la ilusión del ego y podrá declararse a sí mismo oficialmente "iluminado".

En principio, esto podría tomarse como "una mala noticia", porque ¿no es acaso lo que hemos estado intentando? ¿Acaso no aspiramos a liberarnos de la ilusión del "yo", de manera que podamos "despertar"?... Sí, a eso es a lo que aspiramos, pero desafortunadamente no es posible. Es aquí donde aparece "la buena noticia" del Advaita. El Advaita resuelve el dilema de la imposibilidad de llegar a la "iluminación" de la manera en que estábamos intentando (y fracasando) y señala las falsas suposiciones que eran la causa de que, durante todo este tiempo, miráramos hacia el lugar equivocado. Volveremos a ello más adelante.

Otra cosa única respecto al Advaita es que es experimental. No te pide que aprendas ni recuerdes nada: en lugar de ello te pide que deseches todo lo que habías aprendido y mires simplemente por ti mismo. No es la lectura ni el estudio sino el experimentar por ti mismo lo que te permitirá apartar el velo de la ignorancia, de manera tal que la verdad sea vista.

El Advaita tampoco te pide que practiques nada ni que "mejores" de alguna manera. No es un gradual aproximarse hacia algún objetivo. Tú ya lo has intentado, y puede que te sientas "más cerca" que cinco o diez años atrás, pero "más cerca" no significa la consecución del objetivo. En el Advaita no hay ningún objetivo, ni lugar a donde ir, ni nadie que pueda lograrlo.

A través de la popularización del Advaita en Occidente, a través de maestros como "Sailor" Bob Adamson, Jean Klein y otros ―todos ellos estudiantes de los grandes maestros de la tradición Advaita en la India durante las décadas 60 y 70 del último siglo―, estamos asistiendo literalmente a una explosión de la comprensión entre nuestros pares que nunca hubiéramos podido imaginar posible. Permítanme afirmar enfáticamente que el Advaita funciona, y al parecer es un asunto contagioso. Lo estoy viendo por mí misma: está ocurriendo por todas partes. Y aquellos para quienes ha funcionado están ahora compartiendo lo que ven, y la cosa continúa.

Tú ya no tienes que ir a la India, ni tienes que renunciar ni sentarte a los pies de algún gurú, y lo más importante, tampoco tienes que esperar hasta la "siguiente vida". Esto es tuyo ahora mismo. Está ocurriendo a tu alrededor.

Refiriéndome a la liberación de la ilusión del ego, había afirmado anteriormente que "no puede hacerse". Esta declaración podría haber sonado a "toque de difuntos" en lo que concierne a la esperanza del conocimiento de la verdad, pero realmente es liberación. Veamos cómo funciona.

En primer término: ¿Por qué no puede hacerse? ¿Por qué una persona no puede liberarse de la dolorosa ilusión de ser incompleta? ¿Y por qué esto es bueno?

No puede hacerse porque no hay ninguna "persona". El "yo" que desea trascender la ilusión del ego no existe. Esto es lo que los maestros Advaita, tanto antiguos como contemporáneos, nos señalan de muchas maneras diferentes, mostrándonos las distintas facetas del asunto, de manera tal que la verdad pueda ser vista.

Ninguna otra indagación espiritual o religiosa ―a menos que yo sepa― vuelve literalmente la mirada 180 grados hacia aquel que indaga o que busca, hacia el "buscador". ¿Quién es este indagador? ¿Cuál es la naturaleza de esta cosa que llamo "yo mismo"? ¿Es este "yo" real? Esta indagación es la base para que toda la estructura del "yo", del "buscador" y del maestro "iluminado" se venga abajo. ¡Y esto es iluminación! Pero es muy fácil emplear décadas enteras siguiendo meticulosamente una enseñanza, tan sólo para darse cuenta de que la pregunta "¿quién está preguntado?" nunca se había formulado.

Así que mira por ti mismo. ¿Quién está preguntando? ¿Cuál es la naturaleza de esta entidad que pregunta? La belleza de ello es que no toma demasiado tiempo indagar por ti mismo para descubrir que el "yo" ―que habíamos asumido como real― está parado sobre un terreno muy movedizo... Dejaré esta discusión para otra ocasión, pero abundan directivas para conducir esta indagación (aun cuando podría ser del todo autodirigida). Todo lo que necesitas realmente es preguntar: ¿Qué es esta cosa que llamo "yo"?... y luego aguardar una respuesta.

Y entonces, después de un breve período de indagación sobre la naturaleza de este "yo" (o sobre aquello de lo que está "hecho"), la pregunta puede responderse por completo. La entidad controladora, separada, llamada "yo", no resiste el escrutinio... Intenta convencerte a ti mismo de que existe una entidad controladora, separada, llamada "yo"... ¡y ve hasta dónde puedes llegar! Tú no eres ni nunca has sido este cuerpo ni esta personalidad. Míralo por ti mismo. Nadie puede proporcionarte esta información. Es algo que debes descubrir por ti mismo. Y una vez que un espejismo es visto como tal, nunca más podrá confundirse con agua nuevamente.

Esta indagación es la primera parte de la ecuación: lo que tú no eres.

De manera que, si yo no soy este cuerpo ni esta personalidad que llamo "yo", entonces ¿qué soy yo? Ello conduce a la segunda parte de la ecuación, la parte "¿qué eres tú?" Después de haber investigado como se sugiere más arriba, subsiste aún, en el mejor de los casos, una vacilante creencia en el "yo". Pronto, sin embargo, el castillo de naipes se viene abajo y te quedas únicamente con la Realidad de lo que tú eres, la luz de la conciencia, en la cual son vistos el "yo" individual y todos los demás objetos.

Como vimos en nuestra propia experiencia en tiempo presente, la única "cosa" que no cambia jamás, esto es, aquella "cosa" no afectada por ningún pensamiento, sentimiento, experiencia o circunstancia, es la clara y no-oscilante luz de la conciencia, en la cual todas las "cosas" aparecen. Esto es quien tú eres. Ninguna otra cosa. Y aunque es de lo más obvio, se pasa fácilmente por alto, del mismo modo que el espacio en una habitación que, de tan conspicuo, no es siquiera notado. La luz de la conciencia que tú eres es el trasfondo de todas las cosas, siempre-aquí, y la razón de que tan a menudo pase desapercibido, y por tanto tiempo, no es porque sea complicado ni algo "oculto", sino porque ¡es demasiado simple y evidente! Lo damos por hecho y lo vemos sin darnos cuenta.

Dije anteriormente "en tiempo presente", y quiero asegurarme que este punto quede claro. Nada de ello está en el "futuro". Nada de ello es gradual o adquirido a través de años de práctica. Esto es simplemente la realidad de lo que está presente, ahora mismo y siempre: tú no eres otra cosa que esta inmutable y estable Luz de la conciencia que ve todas las cosas y no es tocada por ninguna, y ESTO es todo lo que siempre has sido. Este siempre-fresco momento de existencia es espontáneo y nace por primera vez ahora, y vuelve a nacer ahora, y ahora, y ahora otra vez. ¿Cómo podrías hallar ESTO en el "futuro", o conocerlo después de años de estudio? Es únicamente AHORA.

Todo el tiempo has estado luchando, buscando y enfrentando los "problemas" de la vida. Y todo el tiempo fuiste sólo ESTO, y ninguna otra cosa. Esta Luz, este Espacio Consciente en el cual todas las cosas aparecen, es quien tú eres, sin la fantasía de un "yo" ficticio al cual aferrarte. Tú puedes entender esto ahora mismo, sin esperar algún otro momento y menos aún "otra" existencia (¿y de QUIÉN sería esa "otra" existencia?).

Y esto es aquello de lo que yoguis, santos y sabios han estado hablando siempre. No hay ningún otro "estado" o "experiencia" que esté por encima o más allá de este simple reconocimiento de tu verdadera naturaleza. No se requiere nada más. Conociéndote a ti mismo como ESTO, nada necesitas. No hay ningún problema. Como dice Nisargadatta: "No hay error posible nunca más".

Cualquier "estado" o "experiencia" deseado es para la persona, y esta persona "existe" tan sólo en una especie de "sueño de ignorancia". Así que cualquier estado o experiencia ―digamos de éxtasis, o de "iluminación"― es una ficción, un evento imaginario para una persona imaginaria en un tiempo imaginario. Nada de lo que ocurre en este sueño de ignorancia "toca" lo que es Real. Y lo que tú eres ya es ESO. ¿Y cuándo ves eso? Lo ves ahora mismo, mediante el simple reconocimiento de la luz de tu propia conciencia presente, observable ahora mismo.

Este espacio claro, consciente e iluminante nada tiene que ver con cualquier pensamiento o sentimiento que puedas albergar sobre él: es simplemente la "cosa" más resaltante en tu atención, y no es modificada por ningún sentimiento o pensamiento en torno a ella. Este es el espejo que refleja al mundo, inmodificado por aquello reflejado. Y ESTO es lo que tú eres... Tómate tu tiempo, date una oportunidad de conocer esta Luz y descubrir su naturaleza. Esto no puede hacerse con la mente. La mente queda atrás, y la Luz Se Ilumina a Sí Misma: ESTO es "Iluminación". ¡Y no hay ningún "alguien" que quede "iluminado"!

Cuando dejas de lado este "yo" personal y separado, y ves que todo lo que he estado señalando siempre es esta luz de la clara conciencia presente, todas las religiones, de pronto, comienzan a cobrar sentido. Incluso la ciencia y la moderna física comienzan a cobrar sentido cuando se ven desde este punto de vista. Pero interpretar una u otra, sin dejar al mismo tiempo de asumir que el "yo" es real, te llevará a inconsistencias y verdaderos callejones sin salida.

Así que no, jamás podrás ser una "persona iluminada". Porque la verdad (de la iluminación) que se ve, es ésta: aquello que está realizando el ver no es una persona: es la conciencia. No es una conciencia personal, no es "tu" conciencia, sino la conciencia universal, la conciencia dentro de la cual todas las cosas aparecen, la conciencia que nunca es alterada o nublada por nada de lo que aparece. Esta conciencia también puede ser llamada Luz, Realidad, Unidad, Ser, Dios, Brahman, pero da igual: es la Realidad-Una, sin-forma, sin-atributos, más allá del tiempo y del espacio, más allá de toda descripción.

Esto no es algo místico, ni espiritual. Es sencillamente Real. Únicamente hay Una Realidad. Esta Luz es quien tú eres, y es AHORA. Vuelve a ella una y otra vez, ahora y ahora y ahora otra vez, y se convertirá en la "opción por defecto". La Luz se vive a Sí Misma a través de ti, y no hay ninguna otra cosa aparte de esta vida espontánea, sucediendo ahora y siempre. Iluminación, eternamente presente, para nadie.

Así que esto es lo que la "persona" desea pero no puede obtener. La persona no puede ser "iluminada". Y la persona no puede liberarse de su propia ilusión, porque el "yo" surge de su propia creencia en sí mismo. El "yo" es ilusión... Así que descubre realmente quién eres. La liberación es aquí y ahora, pero no para esta "persona". Indaga en esta persona y ve a dónde conduce tu indagación. Ella conduce al tesoro que todos los sabios y profetas de todos los tiempos han querido que encontraras. Has hallado ya el lugar marcado con una "X": no vayas a cavar ahora en algún otro lugar.

Annette Nibley

https://www.nodualidad.info/articulos/lo-que-nunca-cambia.html

¿Qué es el desorden? -  Joshua Fields Millburn 

 

Traducido con Amor desde...https://www.theminimalists.com

 

Nuestro desorden no está relegado solo a cosas materiales.
Abarrotamos nuestras vidas con relaciones destructivas,
carreras, obligaciones, rituales, ajetreos, minucias,
noticias, medios de comunicación, política, chismes, dramas, rumores.

Abarrotamos nuestra atención con pantallas brillantes.
Abarrotamos nuestra creatividad con distracciones.
Abarrotamos nuestro tiempo libre con trivialidades.
Abarrotamos nuestros deseos con apegos.

Nuestras vidas están llenas de desorden existencial,
desorden emocional, desorden mental, desorden espiritual.
Tanto es así que es difícil distinguir
qué es desorden y qué no.

Estamos estresados, abrumados y ansiosos
porque hemos llenado nuestras vidas de desorden, caos.

Aunque hay otra forma.

Mira un objeto, un compromiso, un hábito.
¿Aporta tranquilidad o aumenta tu bienestar?
¡Si no, déjalo ir!

No es un camino fácil,
pero sí sencillo.

 

https://www.theminimalists.com/whatisclutter/

 

7 hábitos esenciales para la paz - Deepak Chopra

Traducido desde… https://chopra.com

 

12 de noviembre de 2020

Todos queremos contribuir a la paz global, pero puede resultar descorazonador ver discordia en las noticias, en la política e incluso en nuestras propias relaciones. Pero puede adoptar una perspectiva diferente estableciendo el objetivo más accesible de crear paz dentro de sí mismo, que luego se expande como una onda en sus relaciones, su comunidad y, en última instancia, el mundo. Las tradiciones de sabiduría enseñan que la fuente de la violencia, la guerra, el descontento, la rebelión y el malestar se encuentra dentro de cada uno de nosotros. Cuando se convierte en una unidad de conciencia de paz, aporta una forma única de llevar al mundo a un estado de paz.

Desarrolle su conciencia de paz con estos siete hábitos esenciales para la paz.

Hábito n. ° 1: estar tranquilo y centrado

La paz es el estado natural de la mente en su nivel más profundo. La no paz comienza en pequeñas formas cuando está preocupado, inquieto, distraído, intranquilo o insatisfecho. Empiece a ser consciente de esas señales de su mundo interior. Cuando los sienta, tómese un momento para regresar a su espacio tranquilo. Meditar o simplemente sentarse en un espacio tranquilo con los ojos cerrados y respirar profundamente y con tranquilidad funciona muy bien. Se trata de aprender a actuar ante las primeras señales de que la paz no está ahí dentro.

Hábito No. 2: No participación

Para ser una unidad de conciencia de paz, no participe en la actitud opuesta, que magnifica las razones para no estar en paz. Haga todo lo posible por evitar conversaciones que incluyan chismes, culpas, murmuraciones y discusiones sobre lo terrible que es el mundo. No tiene que ser un Pollyanna (persona que ingenuamente se enfoca solo en lo positivo) actuando como si todo ya fuera perfecto. Simplemente no participe cuando sienta que una situación se está convirtiendo en ira, resentimiento, envidia y hostilidad en cualquier forma.

Hábito n. ° 3: no tomar partido

La conciencia de la paz requiere que la paz sea compartida por todos por igual. Esto no es posible si toma partido, juzga a los demás o se entrega al pensamiento de “nosotros contra ellos”. Sea consciente del derecho de todos a tener paz. Cuando se dé cuenta de que está reaccionando con una respuesta instintiva contra una determinada persona, grupo, fe, etnia o sistema de creencias, recuerde que puede tener un punto de vista diferente sin dejar de desear la paz para todos los interesados.

Hábito No. 4: La intención de paz

La conciencia de paz se vuelve más poderosa a medida que se profundiza. Una forma de profundizar su conciencia es mostrar una intención al universo, lo que realmente significa conectarse con su yo superior. Siempre que sea testigo o se enfrente a una situación que necesita una solución pacífica, pida en su interior que se abra el camino a la paz para todos. Siéntese en silencio con esta intención por unos momentos, dejando que su corazón se dirija hacia aquellos que no están en paz.

Hábito No. 5: Comulgar en paz

Cuando las personas de paz se reúnen, magnifican su conciencia. Empiece a encontrar formas de comunicarse con otras personas que aspiran a la paz. Esto puede ser sentándose con un niño y absorbiendo su inocencia, o reflexionando sobre el tema de la paz con una persona comprensiva. Podría considerar unirse a un grupo que esté trabajando en cualquier nivel por la paz, como prevenir la violencia o ayudar a los adolescentes con problemas. Sienta la calidez de compartir su paz con los demás.

Hábito 6: Servicio desinteresado

La conciencia de paz quiere estar al servicio. De poco sirve estar en paz pasivamente y aislado. Permita que otra persona sienta la paz que ha encontrado al servir. Permítase experimentar la bondad, la buena voluntad y la compasión que puede aportar a una situación problemática. Su servicio puede ser tan modesto como visitar ancianos o tan activo como unirse a un proyecto de alcance comunitario. Su objetivo es dar y recibir paz a un nivel que beneficie a ambas personas al mismo tiempo.

Hábito n. ° 7: la paz del alma

En el nivel más profundo, hay una paz infinita, no perturbada por el juego de los opuestos y el choque de la oscuridad contra la luz. Desde la perspectiva del alma, solo existe el Ser puro. Cada día, tómese un tiempo para meditar en su verdadera naturaleza como amor ilimitado, compasión, reverencia por la vida y unidad con la presencia divina. Vea la luz expandiéndose desde su corazón en todas direcciones. Que el simple hecho de estar aquí sea suficiente.

 

 Deepak Chopra

 

https://chopra.com/articles/7-essential-habits-for-peace

 

Seguir a Jesús en un curso de milagros- Sean Reagan

Traducido con Amor desde...https://seanreagan.com

 

Adoptar Un Curso de Milagros como camino espiritual es emprender un viaje interior serio y desafiante desde el sombrío olvido hasta el recuerdo de Dios. Es mirar de cerca un paisaje interior y un sistema de pensamiento que se resiste a ser mirado y literalmente no se detiene ante nada para evitar ser visto por lo que es.

¿Por qué se defiende tan cruel y tenazmente de ser conocido? Porque percibe correctamente que verlo es ver simultáneamente lo que no es y, porque nuestro anhelo de Dios, aunque oculto, es mayor que nuestro anhelo de estar separado de Dios, cambiarlo por la Verdad. El ego sabe que está condenado cuando vemos que no nos ofrece nada más que dolor.

La grandeza es de Dios y solo de Él. Por eso está en ti. Siempre que te das cuenta de ello, aunque sea débilmente, abandonas el ego automáticamente, porque en presencia de la grandeza de Dios, el sinsentido del ego se vuelve perfectamente evidente (T-9. VIII.1: 1-3).

Un Curso de Milagros, a través del texto, el cuaderno de ejercicios y el Manual para maestros, devuelve a nuestra memoria la grandeza de Dios y el ego se disuelve en consecuencia.

¡Pero no va tranquila ni voluntariamente! Y, para la mayoría de nosotros, no pasa sin la ayuda de un guía dedicado. Por lo tanto, el curso, además de proporcionar un medio por el cual recordar a Dios, proporciona un amigo con quien poner ese medio en práctica.

Hermano, eres parte de Dios y parte de mí. Cuando por fin hayas mirado el fundamento del ego sin encogerte, también habrás mirado el nuestro. . . Te doy la lámpara y te acompaño. No emprende este viaje solo (T-11.In.4: 1-2, 5-6).

En cierto sentido, esas palabras son metafóricas: Jesús en realidad no se presentará con una linterna de aceite y nos acompañará a través de nuestro drama personal boscoso, de la misma forma en que un amigo podría caminar con nosotros por las calles de Boston o Baton Rouge con una linterna y mapa.

Por otro lado, si no podemos tomar esas palabras literalmente, si las reducimos simplemente a una buena idea, es muy probable que estemos despojados. Entonces surge una pregunta que nos presiona: ¿Cómo nos ponemos en contacto con Jesús de una manera real y práctica?

Estar con Jesús no es adquisitivo sino receptivo. ¿Por qué? Porque él ya está aquí: nuestra indagación lo hace así.

La respuesta tiene que ver con la reverencia que fluye naturalmente al prestar una atención cuidadosa y sostenida a esa pregunta, que en parte tiene que ver con no apresurarse a responderla. Es fácil sustituir la experiencia espiritual por la verbosidad intelectual. Una forma de evitar esa trampa es permanecer voluntariamente en la inseguridad del no saber, que en cierto sentido es confiar en el no saber, o confiar en que no estamos solos en el estado del no saber.

En su Comentario sobre Jesús y el ciego, Tara Singh observó que “una pregunta sincera tiene la capacidad de relacionarte con la vida al instante y te lleva a la percepción directa de la realidad”.

Por tanto, no es necesario conocer, sino preguntar a Jesús de forma seria y atenta, y poner todo el deseo de despertar en la indagación. En cierto modo, recuerda la Lección 27 del libro de ejercicios de UCDM: "Por encima de todo, quiero ver". No piense en nada más que en su anhelo de ver, dice Jesús, y se le dará la visión porque ya se le ha dado. Pero sé honesto: ¿en qué más pensarás? ¿Qué más quieres?

La verdadera pregunta es, ¿con qué frecuencia lo recordará? ¿Cuánto quieres que la idea de hoy sea cierta? (L-pI.27.4: 1-2).

Entonces, es una cuestión de nuestro compromiso, de la energía que estamos listos y dispuestos a aportar a nuestra práctica. Parte de estudiar Un Curso de Milagros significa enfrentar nuestra falta de voluntad para practicar Un Curso de Milagros. Se nos pide que demos prioridad a la visión entre nuestros muchos deseos en competencia (L-pI.27.1: 2). Tara Singh dijo que cuando hacemos eso, cuando le prestamos atención sinceramente a Jesús, entonces nos encontramos con Jesús en el momento presente, y no hay nada metafórico en ello.

Si estás presente, entonces el Maestro está aquí, porque lo que dijo es eterno y siempre accesible. En el presente, el pasado y el futuro se encuentran. Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (79).

Dar nuestra atención a Jesús sin expectación -lo percibiré así, él responderá así, etcétera- es abrirnos radicalmente y Jesús responde a esa apertura de una manera real y tangible. Nuestra reverencia, que es una forma de gratitud que simplifica y purifica la atención, lo hace posible.

Nadie puede prestar atención por nosotros, y el drama egoico interno que debe deshacerse se sentirá completamente personal durante mucho tiempo. Sin embargo, llega un estado cuando comenzamos a percibir, más allá de la especificidad de las imágenes y los ídolos, el miedo y la culpa que son comunes a todos y compartidos por todos. Pero antes de eso, tenemos que compartir la aparente especificidad de nuestro viaje espiritual con Jesús. Miramos lo que tenemos miedo de mirar y le pedimos que mire con nosotros y, cuando estemos listos para no estar solos, él estará con nosotros y su presencia será transformadora en todos los niveles. Su presencia es una forma de ver transformada; Él es visión.

De los deseos locos surge un mundo loco. Del juicio surge un mundo condenado. Y de los pensamientos de perdón surge un mundo amable, con misericordia para el santo Hijo de Dios, para ofrecerle un hogar amable donde pueda descansar un rato antes de continuar su viaje, y ayudar a sus hermanos a caminar con él y encontrar el camino Cielo y hacia Dios (W-pII.325.1: 4-6).

Por lo tanto, no quiero evitar el trabajo de mirar la base del ego, por intimidante e incluso aterrador que parezca. Es esencial para nuestra libertad compartida, porque solo mirando a los cimientos se puede derribar el resto del edificio egoico.

También quiero dejar claro que este trabajo, este mirar, no es un concierto en solitario: Un Curso de Milagros repite una y otra vez que Jesús comparte el camino, que el Espíritu Santo está dentro de nosotros, y que tú y yo estamos recorriendo el camino al cielo juntos. Esas son palabras que apuntan a una verdad importante: no estamos solos de ninguna manera y nuestros compañeros son nuestra salvación.

No es necesario saber de antemano lo que significa acogerse a la ayuda de Jesús y ser ayudado. 

De hecho, es más útil simplemente descansar en el no saber.

 Estar con Jesús no es adquisitivo sino receptivo. ¿Por qué?

 Porque él ya está aquí: nuestra indagación lo hace así.

 

https://seanreagan.com/following-jesus-in-a-course-in-miracles/

 

Cocinar y ser cocinado - Annie Obermeyer  

Traducido con Amor desde...https://www.lionsroar.com


Una compañera de estudios de dharma inclinó la cabeza mientras buscaba el pimentón. "¿Qué pasa ?" Yo le pregunte a ella. "Nada" dijo, sollozando sutilmente, pero luego se dio la vuelta. “Simplemente me emocioné con algunas fresas”, confesó. No se necesitan más explicaciones. Emocionarse es algo común en una cocina zen.

Durante los últimos cincuenta años, Tassajara Zen Mountain Center en Carmel Valley, California, ha sido un destino de peregrinaje para los estudiantes Zen. En el verano de 2018, me encontré allí, cocinando. En Tassajara, aspiramos a cocinar Zen, a cocinar con conciencia. Fallamos. Tenemos éxito. Quemamos cosas. Nuestros egos se ponen a prueba. Las atracciones aumentan y disminuyen. Se desarrollan los fiascos. Nos enamoramos. No estamos a la altura. Triunfamos de las formas más inesperadas. Somos torpes y prístinos. Momentos efímeros de percepción estallan a través de tomates maduros y seguimos adelante. Descubrimos el dharma chocando unos contra otros, lavando platos.

¿Qué significa "cocinar con atención"? ¿Qué se siente al llevar una práctica de meditación desde un zafu solitario a una cocina, con otros? Después de años cocinando en las cocinas del San Francisco Zen Center, ya no me queda tan claro dónde termina el zendo y comienza la cocina. En el primero, el corazón y la mente se revelan sobre el telón de fondo de paredes blancas, al ritmo de la respiración. En este último, se manifiestan mediante agua hirviendo. Veo mi verdadero yo reflejado en ollas y sartenes.

La mejor cura que he descubierto para el dolor de corazón es lavar una cantidad extraordinaria de platos.

Estamos cocinando y, de alguna manera, siendo cocinados. Estamos siendo degradados a nuestra esencia, listos o no, sin saber nunca qué pensamientos, sentimientos, recuerdos, suposiciones, miedos y fantasías se mostrarán en las profundidades bentónicas. Cualquier buscador que sea honesto consigo mismo debe soportar el péndulo oscilante del miedo y la euforia a medida que se acerca a su centro. El espejo es a menudo el lugar más difícil de mirar.

Justo antes de que comience un período de meditación zazen, a menudo me encuentro inclinándome ante el zafu, resuelta a que mi mente no volverá a ser consumida por las mismas cosas de siempre. No esta mańana. Lo mismo sucede más tarde en la noche cuando me pongo un delantal y reviso el menú de la comida de esta noche: No volveré a quedar atrapada en mis habituales trampas mentales, lo prometo. No esta vez.

Una nota especial aquí sobre el dolor de corazón. Para bien y para mal, he cocinado con un par de corazones rotos en las cocinas Zen a lo largo de los años, y puedo decir con seguridad que la mejor cura que he descubierto para esta enfermedad en particular es lavar una cantidad extraordinaria de platos. La próxima vez que ella te deje o tú la dejes, o ambos lo rompan, o la distancia se interponga, o haya alguien más, te recomiendo organizar una gran cena. Sirve algo que se pegue a la cacerola para que te veas obligado a usar la lana de acero. Hacer un lío. No dejes que nadie te ayude. Lava todos los platos.

Nosotros, los estudiantes Zen, formamos un grupo de personas que ponen comida en una mesa, cada uno con su propio universo privado girando silenciosamente. No sé si mi asistente acaba de recibir una carta devastadora de su madre. Resulta que ella no vendrá a visitarlo este verano después de todo. Pero hay algo en cortar una cebolla que lo ayuda a anclar el dolor de la decepción.

Luego está la mujer del equipo que está radiante esta mañana, metiendo y sacando bandejas de galletas del horno. ¿Por qué? Alguien hizo algo que la hizo sentir cuidada, y por un breve y fugaz minuto su mundo está en perfecta armonía. Ella no sabe que, de pie junto a ella, transfiriendo la sopa a un recipiente más grande, hay un hombre cuya confusión y arrepentimiento aumentan como la bilis mientras desea poder recuperar la estupidez que dijo anoche, que resultó ser la última gota.

Estos universos privados suelen ser solo eso: privados. Sin embargo, de vez en cuando, momentos humanos sinceros (y, en la mayoría de las otras circunstancias, desconocidos) se hacen públicos en una cocina zen, y los estudiantes, a veces por elección, pero en su mayoría no, nos exponemos. En estos momentos extraordinarios de presenciar mientras se arranca lechuga, hay una resonancia sinfónica de curación y un coro silencioso: Sí, todos entendemos.

Mi maestra recuerda uno de esos momentos particulares que ocurrió hace décadas cuando ella misma practicaba en Tassajara, trabajando en la cocina. Uno de los cocineros jefe estaba cocinando zanahorias estofadas en jerez para servir a los ochenta invitados anticipados. La tripulación había preparado para ella seis galones de "zanahorias cerillas". Si no sabe lo que esto significa, imagínese cortando zanahorias en trozos del tamaño y forma de… palitos de fósforo. Baste decir que esta es una tarea heroica.

El turno avanzaba como de costumbre, con el tiempo de servicio acercándose rápidamente, cuando la nariz de alguien se volvió en un ángulo hacia un olor. Era el olor dulzón y enfermizo del carbón y la distracción. Nariz a nariz, todos en la cocina anotaron lo que estaban haciendo, detenidos por el dolor y la incredulidad. Lentamente, el cocinero caminó por la tabla hacia la olla grande donde las zanahorias cuidadosamente preparadas yacían en su lecho de muerte. Abrió la olla, la cerró, inclinó la cabeza y exclamó: "No estofadas, sino quemadas". Últimamente lo estaba pasando mal. Los ojos comprensivos y las sonrisas cómplices parpadearon en respuesta a ella, y sin dudarlo, todo el grupo se reunió alrededor de la mesa una vez más, con una nueva caja de zanahorias, con los cuchillos listos.

Llamamos a nuestro trabajo alquímico "cocinar juntos, conscientemente", pero a veces creo que sería mejor que nos sirvieran llamándolo "cocinar con todo el corazón". En la cocina, con suerte y coraje, aceptamos todo aquello que hemos estado evitando durante años. Entonces comienza la verdadera cocción. Nuestro karma antiguo y retorcido se transmuta cuando, uno al lado del otro, cortamos los hongos tan fina y elegantemente como podemos.

Annie Obermeyer  

Annie Obermeyer creció en una familia a la que le encantaba comer y cocinar en esta vibrante meca de la comida de una ciudad. Desde la infancia, la narración, la comida, y el budismo zen eran las tres patas del taburete de Annie y lo siguen siendo hasta el día de hoy., Annie vivió, estudió y cocinó en el Centro Zen de San Francisco durante tres años. Allí, aprendió lo que realmente significa cocinar conscientemente, administrar la cocina y apoyar a los estudiantes e invitados en su práctica de meditación, así como en su formación culinaria. Annie pasó el verano de 2018 como cocinera invitada en Tassajara Zen Mountain Center. Annie cree que la comida tiene el poder de transformar, curar, unir y deleitar.

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