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martes, 20 de septiembre de 2022

El enojo que no daña

 


Por Graciela Figueroa*

El enojo es, en esencia, un plus de energía. Un recurso destinado a aumentar nuestros recursos para resolver la situación que nos enojó. Sin embargo, esta emoción ha quedado asociada a su faceta más tóxica y destructiva: agraviar, reprochar y descalificar. Claro que enojarse y pelear no es lo mismo. Pelear es entrar en batalla. Enojarse es la expresión de un intenso desacuerdo. Por ello es tan importante aprender a expresarlo y a transformar el enojo que destruye en un enojo que resuelve sin dañar a los otros ni a nosotros mismos.

El enojo puede orientarse hacia el castigo al otro para hacerlo sufrir por lo que hizo, o hacia la resolución de aquello que nos enojó. Esta emoción no es esencialmente violenta o destructiva, pero nuestra expresión del enojo o nuestra reacción hacia él sí pueden serlo.

 

«Pelear es entrar en batalla. Enojarse es la expresión de un intenso desacuerdo. Por ello es tan importante aprender a expresarlo».

Voy a enfocar un aspecto: el enojo que se expresa como autoafirmación respetuosa y amorosa. Sí, el amor puede impulsar al enojo (igual que cuando una mamá pone un límite o corrige una imprudencia de su hijo). Esa condición se manifiesta en aquellos enojos respetuosos, firmes, plenos de sentido y fuerza amorosa.

¿Cómo enojarnos así?

Es un camino de aprendizaje personal y también colectivo. Y, si bien no hay recetas mágicas, algunas inefables certezas nos alientan a salir de la conducta automática y crear nuevas y fecundas respuestas a los desencuentros con el otro y con uno mismo.

Volvamos al principio: nos enojamos cuando experimentamos una intensa frustración o desacuerdo.

Las escenas pueden ser muy diversas: el vecino hizo una obra en su casa y la pared de mi living muestra una rajadura… Mi marido nuevamente olvidó traer el vino que le pedí para la comida de esta noche y recibimos invitados… Podemos reflexionar acerca de por qué nos enojamos, las creencias que nos impulsan, las diferentes reacciones que el otro tiene, o las ocasiones en que nos enojamos con nosotros mismos… Estos temas, tal vez los compartamos, en otra ocasión.

Aprender a transformar el enojo

Hoy quiero sugerirles observar lo siguiente: si evocan alguna situación en la que se enojaron y centran la atención en ustedes, ¿están de acuerdo con haber actuado así? Tal vez me respondan que les habría gustado ser más directos, no gritar ni agraviar, expresarse con firmeza y claridad sin desbordarse.

Más allá del motivo o de la relación que tienen con quien se enojaron, incluso de lo que esperan que el otro haga, observen qué hacen y qué dicen cuando están enojados. Es muy común, incluso, que algunas personas no expresen su enojo en absoluto, con el consecuente malestar interno que ello causa.

No expresar el enojo también nos daña e indirectamente afecta a nuestros vínculos.


     


Expresarlo con juicios y agravios también. Un ejemplo: “¡Vos siempre igual! Te pedí que compraras el vino y otra vez te olvidaste… ¡No se te puede pedir nada, parece que lo hicieras a propósito! «. Frente a eso, siempre hay otra respuesta posible: “¡Qué frustración! Estoy enojada porque no trajiste el vino y acordamos que ibas a comprarlo vos. Te pido que por favor lo compres. Ahora necesito calmarme y me va a ayudar que lo resuelvas. ¿Podrías hacerlo?”.

Hay infinitas posibilidades para transitar la expresión del enojo. ¿Cuál es la tuya? ¿Cuál sería su manifestación amorosa?

En el libro La Sabiduría de las Emociones, del doctor Norberto Levy (maravilloso libro que les recomiendo), describe cuatro componentes de esta emoción. Repaso brevemente uno de ellos: comunicarle al otro el impacto que produjo en mí su acción. Es decir, poner en palabras qué actitud me enojó y cómo me sentí al respecto. Muchas personas creen que manifestarlo es señal de debilidad. “No voy a darle el gusto de hacerle saber cuánto me afectó lo que hizo…”. Sin embargo, cuando lo expresamos nos autoafirmamos, fortalecemos y nos integramos. Hablar de eso no significa que no estemos enojados, o que la situación se haya resuelto, sino que ya nos encontramos en mejores condiciones para proporcionar lo que ocurrió y comunicarlo.

 

«Expresar los sentimientos o la causa de del enojo no requiere ni agraviar ni reprochar ni descalificar al otro. Aprenderlo es el arte del respeto».

Es importante destacar también que expresar los sentimientos o la causa de del enojo no requiere ni agraviar ni reprochar ni descalificar al otro. Aprenderlo es el arte del respeto.

Otro componente, y tal vez el más relevante para facilitar el enojo amoroso, es hacernos la siguiente pregunta: «¿Realicé alguna propuesta que permita reparar lo reparable (si esto es posible) o evitar que vuelva a ocurrir en el futuro?«. No olvidemos que existe un desacuerdo y que es necesario que nos enfoquemos en resolverlo. Los enojos destructivos se orientan a hacer sufrir al otro: dar un portazo, bloquear, insultar, descalificar o reprochar… y esto solo agrava más la situación y deteriora los vínculos.

Vincularnos amorosamente no depende tanto de no enojarnos como de permanecer en contacto con la trama de afecto y respeto hacia nosotros y hacia los demás. En el interior de todo enojo se acurruca el dolor por el amor que creemos perdido y el anhelo de recuperarlo. Las propuestas para resolver cualquier desencuentro son expresiones de ese amor, semillas de fertilidad en los vínculos, caminos que aspiran a llegar a buen puerto, manos tendidas hacia el encuentro.

 

Graciela Figueroa es Counselor. Especialista en Emociones y Diálogos Interiores. Formadora en Auto asistencia Psicológica. 


https://www.sophiaonline.com.ar/el-enojo-que-no-dana/

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